Notas de la autora: Hola a todos y todas. Mañana no tendré mucho tiempo, así que actualizamos un día antes. Como siempre les doy las gracias por su apoyo y por pasarse a leer esta historia. Hoy nos toca el punto de vista de Sakura y las siete plagas. Jajajaja. A ver si les agrada. Piensen que la historia se sitúa en Japón… y para las que hemos leído mucho manga shojo… sabrán que el fanatismo allí es algo radical. Jajajaja (pobre Sak…) En fin, les dejo el capítulo. Un abrazo de oso.

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Mi Fan número 246

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Capitulo tercero

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La chica que el gusta a Shaoran Li

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Vi la cara totalmente pálida de Tomoyo y supe que mi mundo se había ido a la mierda. Todos mis compañeros de clase me miraban con la boca abierta y pude ver como algunas de las chicas empezaban a murmurar airadas. El muy hijo de puta me había besado, frente a todo el mundo y había tenido el gran descaro de adornarlo aún más llamándome "preciosa". Dejé ir una sonrisa boba en dirección a la clase para hacerme la que no sabe, y caminé a toda prisa hasta estar de nuevo en mi mesa. Tomy se agachó a mi lado y me miró alarmada.

- ¿Qué demonios ha sido eso Sakura? – A pesar de que lo había susurrado, temí por lo cotillas que podían ser todas y la cogí del brazo para luego llevármela a la carrera hasta la escalera de incendios. Era donde los de tercero iban a fumar, pero gracias a dios ahora no había nadie. - ¡Sakura!

- ¡Una jodida venganza! Eso es lo que ha sido.

- ¿No me dijiste en casa que lo tenías controlado?

- No creí que se atreviera a hacer nada, mucho menos besarme frente a todo el mundo. ¿A qué ha venido eso de todos modos? ¿Un beso? ¿Conmigo?

- ¿No es obvio? ¡Acaba de condenarte! ¿Tú sabes lo locas que pueden llegar a ser las tías del club? ¡Te van a crucificar Sak! Una de las normas es que nadie puede sobresalir sobre las demás. Puedes admirarle desde lejos, enviarle cartas de amor y hacerle fotos en la distancia, pero nada más. – rodé los ojos molesta, Tomoyo era la reina del drama.

- Oh, vamos. ¿qué van a hacerme? ¿me van a amenazar en una esquina? Sabes que puedo defenderme.

Vi como Tomy negaba con la cabeza asustada y la miré sin entender su pánico. La puerta se abrió entonces y mis tres amigas de la preparatoria aparecieron respirando agitadamente. Ese era un lugar habitual de reunión entre clases, así que no me sorprendió que nos hubieran encontrado. Lo que si me dejó anonada fue que Chiharu se lanzara a mis brazos y me cogiera por los hombros con fuerza juntando su nariz hasta que casi rozó la mía.

- ¡Dime que no es cierto! – me aparté azorada y la miré como si estuviera loca. Que, por cierto, un poco sí lo estaba.

- Joder, ¿cómo os habéis enterado tan rápido?

- ¿Entonces es verdad? ¡No puede ser! ¿Estas de novia con Shaoran Li? ¿Es en serio? ¡Ni siquiera sabía que le conocías! – abrí los ojos víctima de la sorpresa y me reí a carcajada batiente en cuanto procesé sus palabras.

- ¿Qué? Claro que no… sólo me ha besado para reírse de mí… - vi como mis amigas se miraban preocupadas y levanté una ceja. - ¿Qué?

- Sakura… todo el instituto habla de ese beso, y de que Shaoran Li te llamó "preciosa" y de que quedaron en verse luego…

- Oh, vamos. ¡Es una broma que me ha gastado el muy rufián! ¿Se imaginan? Yo saliendo con ese pomposo. ¡Claro que no! – vi como Rika se adelantaba y me miraba con esos ojos maternales tan suyos. Se la veía muy asustada, y no era para tomárselo a broma si Rika tenía miedo.

- Sakura… cierto o falso… el rumor correrá como la pólvora, y en unas horas todas las chicas de esta institución pensarán que eres la novia de Li, incluido su club de fans.

- ¡Qué piensen lo que quieran, no me importa!

La campana sonó y tuvimos que volver a nuestras clases. Pero no me pasó desapercibido el temor en esas cuatro. Estaban realmente preocupadas por mí. Yo no creía que fuera tan malo. Sólo tenía que negarlo todo y seguir ignorando a ese maldito bastardo besucón. ¿Cómo se le ocurrió al muy idiota semejante venganza? ¿Es que se creía el maldito rey del instituto? Maldito playboy descerebrado. Tan creído y guapo… ¡bah! Ni siquiera había sentido nada por ese… ese… ¡Bah! No quería ni llamarlo beso. No, me negaba a pensar que mi primer beso había sido con semejante tipejo. ¡Vamos, ni de coña!

A pesar de tener matemáticas y ser una de las clases que más me costaban, no pude ni siquiera prestar atención a la pizarra. Notaba a todos y a todas murmurando a mi alrededor, y como poco a poco el ambiente se volvía pesado. Para última hora, hasta las chicas de otros cursos se asomaban a nuestra puerta y me señalaban como si fuera un animal exótico en un zoológico. Así que cuando sonó el timbre que anunciaba el fin de las clases, salí corriendo sin dar tiempo a nadie para que me parara en los pasillos. No quería responder ninguna pregunta hoy. Mañana ya afrontaría las putas consecuencias.

Con suerte, al día siguiente se habrían calmado, o Li habría negado el rumor. Porqué lo negaría… ¿verdad? Es decir… él era el menos interesado. Su club de fans caería en picado si se corría el rumor de que tenía novia. O al menos eso pensé. Idiota de mí… porque no. No lo negó. Y por eso el jueves por la mañana no fue mejor que el miércoles. Sino más bien todo lo contrario.

Saludé a mis compañeras de clase como cualquier mañana de mi día a día y el silencio fue mi única respuesta. No era una chica "popular" con todas sus letras, pero siempre había tenido facilidad para socializar. Así que el silencio que se había formado cuando entré en clase, me incomodó hasta casi llevarme al borde del llanto. Pero no me iba a dejar empequeñecer. ¡Antes muerta!

Así que me puse derecha intentando parecer un poco más alta y digna (cosa muy difícil ya que era de las más bajitas de la clase) y caminé hasta mi pupitre. Y vi con asombro que estaba recién fregado. Levanté la vista para ver si los demás también lo estaban, pero no. Y fue entonces que reparé en que Tomoyo no había llegado. Era muy raro, siempre se iba antes de casa para poder practicar con el coro o para realizar tareas del taller de costura. Salí en su búsqueda ignorando las miradas de odio que me lanzaban las que antes eran mis alegres compañeras y la vi al final de pasillo. Se estaba arremangando y lucía muy enfadada.

- ¡Tomoyo! – corrí hasta ella y me miró alarmada.

- Hola Sak ¿estás bien? – asentí con la cabeza mientras me cruzaba de brazos.

- Creo que va a llevar un poco más de tiempo del que pensaba que esas tontas se calmen… pero nada dura una vida. ¿verdad? – vi su sonrisa forzada y entonces noté que tenía las manos húmedas. - ¿Has limpiado tú mi mesa? – Tomy se revolvió la melena de forma nerviosa y me miró indecisa. - ¿Tomy?

- Yo… bueno. Es que estaba muy sucia y…

- ¿Qué han escrito? – Tomoyo se mordió el labio, incómoda, pero la obligué a mirarme - ¡Tomoyo Daidouji!

- Desaparece…

- ¿Eh?

- Eso es lo que habían escrito…

Eso era el colmo. ¿Es que nunca dejarían atrás la primaria? Niñas estúpidas de papá… Caminé de vuelta a la clase sin ni siquiera esperarla y azoté la puerta, furiosa, llamando aún más la atención de todos. Así que les fulminé con la mirada y me senté pesadamente conteniendo a duras penas mi rabia. ¡Yo no había hecho nada para merecer este trato!

Noté indignada como todos murmuraban a mi alrededor y me levanté para gritarles que se metieran en sus malditos asuntos cuando vi que mi nombre adornaba el centro de la pizarra. Alguien había escrito con una caligrafía muy pobre las siguientes palabras; "La perra de Sakura se acuesta con todo el equipo de fútbol".

Dios… cuando ese cabrón dijo que me amargaría la vida, lo decía en serio. Tomoyo entró justo en ese momento y sus ojos violeta vieron casi al instante el gran pizarrón. Dos gruesas lágrimas bajaron por sus mejillas y corrió a borrarlo con ímpetu y rabia. Restregó el borrador con tanta fuerza que se le dobló cayendo al suelo ruidosamente. Pero no le importó y se giró soltando llamas por los ojos.

- ¡Son unos idiotas! Sakura ni siquiera sale con ese imbécil. ¡Déjenla en paz! – me acerqué a toda prisa antes de que dijera algo más y la abracé. Podía soportar que me humillaran, pero no soportaba ver llorar a Tomoyo. Miré a toda la clase con profundo odio, pero nadie se atrevió a sujetarme la mirada.

- Son unos putos críos.

Llevé a mi mejor amiga hasta su mesa bajo un absoluto silencio y la consolé con palabras tranquilizadoras. Le dije que no se preocupara, que estaba bien y que nada de lo que pudieran hacerme debía afectarle. Se calmó poco a poco y finalmente llegó el profesor, por lo que empezó la clase. Dos horas eternas en las que no dejé de comerme la cabeza con todas las bromas y crueldades que podían hacerme. Las mismas chicas con las que había ido al Karaoke y salido a tomar un helado, ahora se burlaban de mí y se reían a mis espaldas. Y los chicos que me pedían que jugara con ellos en los partidos de fútbol con una sonrisa amable, ahora silbaban al verme pasar y me decían obscenidades. ¡Alguno hasta intentó tocarme el culo! Por suerte tenía reflejos de gata.

- Genial, un día perfecto.

Al menos en unos minutos tendríamos educación física, mi asignatura favorita del mundo mundial. Entré a los vestuarios del instituto antes que nadie y me vestí con el uniforme deportivo. Lo que menos quería ahora era una broma tonta como que me quitaran la ropa, así que metí mi mochila en la taquilla de Tomy por si acaso. Sabía su combinación, así que no había problema. Y sin pensar mucho más en todo lo jodido de mi día, me fui a las pistas de atletismo a correr un poco.

El ejercicio despejaría mi mente y el profesor me dejaba empezar unos minutos antes siempre que yo quería. No es que perteneciera al club de atletismo ni nada, pero durante años fui la estrella de la preparatoria Tomoeda, así que gozaba de ciertos privilegios con el profe. Había intentado reclutarme muchas veces para el equipo... pero por varios motivos, me resultaba imposible… Pero esta vez el profesor Terada no había llegado ni parecía estar por la zona. Así que cuando un grupo de chicas de tercero se acercó hasta mí, no había nadie para que me defendiera.

- ¿Eres Kinomoto? – Dejé de correr entre jadeos y las miré desconfiada.

- Sí. – vi como la más alta reía de lado y me miraba con altanería.

- No puede ser… pero si ni siquiera eres guapa. - vale, lo que me faltaba. Insultos y ahora desplantes. ¿Y quien eran esas tipejas si se podía saber? – Ahora sí que estoy segura de que no eres la novia de Li. No le llegas ni a la suela del zapato. Otra mocosa más detrás de sus faldas. Pobrecito mío… lo que tiene que aguantar.

- Perdona… ¿y tú eres? – la misma chica que había insinuado que era fea se acercó con aires de reina y me miró desde arriba. Quise en verdad patearle el culo, pero recordé la primera lección de mi hermano. Un buen experto en artes marciales no usa la fuerza a menos que sea necesario. Es uno de los principios del Aikido, siempre hay que buscar otra vía. Además, que no quería que me expulsaran.

- La que te va a dar un consejo. Aléjate de Shaoran Li desde ya o lo que menos te preocupará será mi nombre. – bufé para no reír y comprobé que no le había gustado para nada mi reacción despreocupada. - ¿Te estás burlando de mí?

- ¿Acaso he dicho algo? – la muy estúpida se me acercó demasiado para mi gusto y me escupió en la cara. Me tiré para atrás de puro asco y la fulminé con la mirada. – Pero qué demonios…

- Oh perdona… ¿te he ensuciado? Deja que te lavemos un poco. – una de sus "marionetas" se acercó riendo y me tiró agua a la cabeza con una botella. Sentí como el líquido empapaba mi ropa y un escalofrío me recorrió entera. Debería haberme apartado, y en realidad hubiera sido fácil hacerlo. Pero estaba tan sorprendida que ni pude moverme. – Listo… limpita. – Iba a cogerla por el cuello y a estamparla contra el suelo cuando vi al profesor llegar a la pista de atletismo. Nos miró de lejos, pero no pareció notar el mal ambiente desde esa distancia. – Adiós Kinomoto. No hagas que tengamos que volver a bañarte. El granizado es más refrescante, pero muy pegajoso. Aunque si me dices de que sabor te gusta, me ocupare de que mis chicas lo recuerden.

Las vi marchar demasiado asombrada como para decir o hacer algo y sentí el frío viento en mi rostro y torso. Me habían dejado calada hasta los huesos. Estaba a punto de ir en busca de una toalla y a por la paciencia necesaria para contar hasta cien, cuando oí su voz.

- ¿Te presto una camiseta Kinomoto? – miré a un lado pensando que nadie en el mundo podía ser más gafe que yo y allí estaba. El causante de todos mis males. Shaoran Li. – hace algo de frío para tomar una ducha en medio de la pista de atletismo. ¿No crees? – mis dientes rechinaron con fuerza y casi corrí a patearle el culo. Cuando llegué a su lado le tomé por la camisa y lo empujé con fuerza. Pero no se movió ni un centímetro. El cabrito era fuerte y supo compensar el peso demasiado bien.

- ¡No quiero nada tuyo! ¿Te das cuenta de la que has liado? ¡Todos creen que voy detrás de ti como una loca! ¡Fuiste tú el que me besó a mí y no al revés! – Li sonrió triunfalmente y se acercó aún más.

- ¿Vas a dejar el gimnasio? – vi esos ojos ámbar que tan hermosos me habían parecido y supe que era un gilipollas engreído y cruel. Le importaba una mierda mi situación. Es más, venía a burlarse en mi puta cara.

- No, Li. No voy a dejar el gimnasio. Te lo creas o no, el trabajo me gusta y no tiene nada que ver contigo. Así que soluciona esto antes del viernes o te arrepentirás. – sus ojos llamearon con el desafío y me dije a mí misma que era una idiota por avivar las llamas.

- Hazte un favor Kinomoto, deja el gimnasio y prometo que nadie más va a molestarte. Ahora ya sabes lo que se siente cuando tienes a más de doscientas tías locas detrás de ti.

- No voy a dejarlo, Li. Puedes enviar a la caballería y seguiré sin ceder.

Me giré tan dignamente como pude y me fui de nuevo a los vestuarios rechinando los dientes. Quería que toda esa locura parara, de verdad que sí. Pero era demasiado orgullosa. Y era cierto, el trabajo en la piscina me gustaba, y joder, el dinero extra me iba de perlas. Además, podía impartir clases gratuitas y hacer zumba. No iba a renunciar a eso por un idiota pomposo y arrogante. Ni mil tías de tercero me harían cambiar de opinión.

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Los días fueron pasando, y mi situación no mejoraba. Todo lo contrario. Todo el instituto dio por supuesto que yo era la "zorra" que había engañado con sus artimañas al pobre indefenso Li y cada vez eran más y más descaradas conmigo. Chiharu, Naoko y Rika venían en los descansos para animarme y apoyarme porque sabían que si íbamos en grupo las agresiones bajaban de nivel, pero me sentía muy decaída por meterlas en algo tan turbio como esto. Nos refugiábamos en la azotea y al menos así comíamos en paz, pero sin duda todas se habían visto demasiado afectadas por mi culpa. Intentaban no tocar el tema, y yo se lo agradecía. Pero lo cierto es que me sentía terriblemente mal por ellas. Y cada vez iba a peor.

Pillé a Tomoyo intentando colarse en la clase de ese imbécil un par de veces, pero gracias a dios pude pararla siempre a tiempo. Ir a por Li sería peor, estaba convencida de ello. Pero las bromas fueron en aumento, aunque gracias a dios eran sólo eso, bromas. De mal gusto, pero sin daño físico al menos. Y eso podía soportarlo.

En el gimnasio me limité a ignorar a Li. El muy idiota no paraba de seguirme con la mirada. A veces hasta me parecía arrepentido. Pero luego recordaba que no había hecho nada para parar todo aquello y me decía a mí misma que el muy capullo no lo sentía en absoluto.

Pasé un fin de semana de mucho trabajo en la cafetería y pocos ánimos. A pesar de que luchaba para que no me afectara en mi día a día, se sentía todo muy solitario. Tenía a las chicas y a mi siempre fiel Tomoyo que me defendía a pico y espada, pero sentir que todos te miran con odio sin haber hecho absolutamente nada para merecerlo, es algo que no le deseo a nadie.

Y el lunes llegó tan rápido que me causó vértigo. Las tipejas de tercero no habían vuelto a aparecer, pero en realidad deseaba que lo hicieran. Si le rompía la cara a alguna de esas estiradas a lo mejor me cogían miedo y dejaban de tocarme las narices. Mejor tener fama de matona que de zorra desvergonzada.

Así que no me esperé la emboscada del martes. De verdad que no. Estaba en el baño en uno de los descansos. Tomoyo se había ofrecido a venir, pero un profesor la llamó y tuvo que ir a ayudar con unas tareas del consejo escolar. Miré mi rostro agotado en el espejo y cuando quise darme cuenta ya era demasiado tarde. Al menos eran diez, y al tomarme por la espalda no pude reaccionar a tiempo. Me cogieron manos y brazos y me lanzaron al suelo. Las muy condenadas me ataron las manos y los pies con bridas y me miraron con sonrisas macabras. ¿Bridas? ¿En serio? ¿De dónde demonios las habían sacado? Putas niñatas de tercero.

- Pero mira quién esta sola al fin… vaya amiguitas más pesadas tienes. Las muy idiotas... Sabes que solo te soportan para acercarse a él ¿verdad?

- ¡¿Se puede saber que puñetas haces?! - Vi con miedo como me tapaban la boca para que no gritara y por primera vez en mi vida sentí pánico. La rubia que me había amenazado en la pista de atletismo sacó unas tijeras de su bolso y se me cortó la respiración, porqué me venía venir su siguiente paso.

- Sabes… creo que a Li le gustan más las mujeres con el pelo corto… ¿te parece si te hago unos retoques? Sólo las puntas…

Me revolví una y otra vez, pero eran demasiadas. Así que vi con lagrimas en los ojos como poco a poco mi melena iba cayendo al suelo, dejando mi cabello convertido en un auténtico desastre. Lo había cuidado durante años, dejándolo crecer hasta casi mi cintura. ¡Estaba tan orgullosa de mi larga melena! Y ahora…

- Mmm… quizá deba dedicarme a otra cosa… no se me da muy bien la peluquería…. Pero tampoco es que se note mucho la diferencia… pelo largo… pelo corto… esto… - su risa me hizo temblar de pura rabia. – Pero mira el lado bueno… en verano estarás más fresca. Y eso es fantástico ¿no? Va con tu personalidad… porqué eso eres. – su mano me cogió el poco cabello que me quedaba y tiró de él con fuerza. – Eres una puta muy fresca. ¿A que sí Kino-tonta? ¿Qué le has ofrecido a Li para que esté contigo? Debes ser una lagarta muy dispuesta.

Alguien intentó abrir la puerta que previamente habían cerrado y todas se pusieron nerviosas. Esperaron a que dejaran de aporrear y en cuanto se calmó la cosa salieron corriendo como las cobardes que en verdad eran, dejándome allí, atada y sin fuerzas para gritar. Mis lagrimas caían sin parar y me sentía profundamente humillada. Ni siquiera había podido esquivarlas. Tantas clases de artes marciales y de defensa con Touya y no había hecho nada. ¿Había sido la sorpresa? ¿El miedo?

La puerta se volvió a abrir y los ojos amatistas de mi mejor amiga se abrieron por la impresión. Corrió a toda prisa y empezó a desatarme entre lágrimas y sollozos y en cuanto tuve las manos libres la abracé con fuerza para llorar en su pecho a moco tendido. La imagen de ambas me trajo recuerdos de cuando éramos dos mocosas que habían perdido a sus padres. Y me dije a mí misma que comparado con ese día, esto no era más que una pataleta de niña mimada y que lo superaría. No importaba lo injusto que fuera, o los rumores disparatados que se habían inventado sobre mí. Podría con ello y llevaría la cabeza bien alta.

- Oh, Sak… todo esto es culpa mía… si no te hubiera metido en ese estúpido club de fans… nunca imaginé…

- No Tomy… ha sido ese imbécil… tú no sabías que pasaría esto.

- Hay que contárselo a Touya…. Él sabrá qué hacer. – miré a Tomoyo alarmada. ¡Eso es lo último que quería hacer! Touya era el hermano más posesivo y celoso del mundo. Mataría a esas tontas con sus manos desnudas. No… ya estaba demasiado preocupado estos días por verme tan decaída, si le contaba la verdad, incendiaría el instituto.

- No por favor… encontraré la manera de solucionar esto… ya lo verás…

- Pero… - la callé con otro abrazo y ambas nos fuimos calmando poco a poco. Las clases habían empezado, pero no nos importó. Tomy se levantó en silencio pasados unos minutos y cogió las tijeras que descuidadamente habían dejado tiradas. Me sentó en una de las bancas impidiendo que me mirara al espejo y se puso a trabajar.

Sonreí mucho más tranquila. Porque a pesar de que amaba mi larga melena y que era un recuerdo en honor a mi madre, sabía que Tomoyo haría de mi cabello una obra de arte. Y para cuando terminó y vi el resultado, pensé que aún me habían hecho un favor. Hasta me veía más madura. Lo que me iba bien, dada mi baja estatura.

- Sigues siendo la ninfa más bella del bosque, Sak. – ambas nos miramos con una sonrisa cómplice y asentí mucho más feliz. Esas zorras tendrían su merecido. La guerra era cosa de dos bandos, y ellas ya habían movido a su infantería dos veces. Que se prepararán para mi caballería y los arqueros. No quedaría títere con cabeza.

Claro que no conté con que esa no sería la última mala jugada del día. No sé quién fue, ni cuando lo hizo, pero al salir con la cabeza bien alta, ignorando a todos y a todas, y ver mi preciosa bici totalmente desmontada y rota, sentí mi alma quebrarse de nuevo. Gracias a los dioses, Tomoyo no había podido acompañarme a la salida, o todo mi esfuerzo por parecer fuerte frente a ella se habría ido a la puta basura. Porqué la perdida de mi cabello me hizo llorar, sí, pero ver mi más preciado tesoro inservible me hizo caer al suelo en agonizante llanto.

Todos me miraron asombrados y nadie se atrevió a burlarse de mí esta vez. Porqué había ahorrado como una loca para comprarme esa preciosidad de dos ruedas y la quería más que a mi vida. Y ahora estaba literalmente destrozada. Tomé las piezas en mis manos, aun sollozando como una niña y me dije que no soportaría más desplantes. Y puede que fuera mi fuerza de voluntad, o el llanto desesperado al ver mi más preciado tesoro hecho trizas que les desmotivó, pero el resto de la semana, gracias a dios, me dejaron en paz.

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No pude evitar darme cuenta en el trabajo de que ese malnacido volvía a no quitarme el ojo de encima. ¿Se había obsesionado conmigo o algo? A saber. Pero me mantuve estoica y firme. No iba a llorar ni a gritarle lo que pensaba en verdad de él. Estábamos en el trabajo, y yo sí era una profesional. Las clases con los niños me iban de maravilla, y los otros monitores eran la mar de simpáticos conmigo. La profesora de zumba era encantadora y siempre que tenía un rato libre me iba a una de sus clases nocturnas, aunque llegara aún más tarde a casa.

El idiota de Li intentó acercarse un par de veces, vete tú a saber por qué, pero lo evité a toda costa y simplemente seguí con mis alumnos. Y al terminar, abandoné la zona de piscinas tan rápido, que apenas si me despedí de la pobre Yuko.

Pero cuando llegué a la entrada y fui a buscar el autobús (que por cierto tardaba una eternidad en llegar el muy condenado) vi una Kawasaki naked esperándome fuera.

- ¿Touya? – los ojos castaños de mi hermano mayor me miraron seriamente. Estaba sentado en su moto, con las piernas cruzadas y el pelo ligeramente despeinado- ¿Qué haces aquí?

- He notado que tu adorada bicicleta no estaba aparcada en el garaje estos días, así que pensé que a lo mejor la habías llevado al taller y decidí venir por ti.

- No hace falta… puedo coger el autobús. ¿Has salido antes del trabajo?

- Sí, Yukito me cubre.

- Oh, vale. – empecé a caminar para subirme con él cuando su mano me paró cogiéndome del hombro.

- ¿Vas a contarme qué está pasando? – y lo que más me temía se había hecho realidad. Touya se olía algo, y no era nada buena mintiendo.

- No te entiendo…

- ¿Qué no me entiendes? Sakura… te has cortado el pelo, cuando juraste que nunca lo harías por el recuerdo de mamá. Tu preciada bicicleta desaparece del garaje durante días y no dices ni una sola palabra al respecto. Y no me hagas hablar de la tristeza que se ha apoderado de tu monstruosa cara.

- ¡Eh! – quise golpearle, pero su mirada llena de preocupación no me dejó hacerlo.

- Sak… ¿qué ocurre? Sabes que puedes confiar en mí… - miré a mi hermano conteniendo las lagrimas y agaché la cabeza.

- No es nada, Touya… podré con ello. Sólo dame unos días más para que lo resuelva y sino puedo yo sola, te pediré ayuda. Lo prometo. – noté como me analizaba con la mirada, pero sabía que no pondría pega alguna. Touya era tan terco como yo, y también muy orgulloso. Me comprendería.

- Esta bien. – me extendió el casco de Hellow Kitty que me había comprado años atrás con una brillante sonrisa y le miré azorada.

- ¿Va en serio?

- ¿Qué? Estas super tierna con él. – Rodé los ojos muerta de risa y le abracé con fuerza, pillándole totalmente desprevenido. Pero pronto noté su mano en mi cabeza, alentándome a luchar. – Te doy unos días Sak… nada más. Sino logras solucionarlo, intervendré. ¿Queda claro?

- Sí… gracias.

- Anda, nos vamos a por unas hamburguesas. Que papá y Tomoyo cenen solos esta noche.

- ¡La mía con mucho bacón!

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Era otro lunes gris de mi odiosa nueva vida y al parecer el pequeño paréntesis que se me había concedido había llegado a su fin. Nada más llegar, me encontré la taquilla abierta y mis zapatos llenos de pintadas insultantes. Así que fui a pedir otros de mi talla mientras me lamentaba por el dinero que me iban a costar. Me juré que más tarde se lo cobraría a ese malnacido a golpes.

La maldita gestión me llevó más de lo previsto y acabé llegando tarde a la dichosa clase de historia. Lo que me costó una reprimenda del profesor y un montón de insultos y burlas de los que habían sido mis alegres compañeros de clase. Tomoyo me defendió de nuevo, pero solo se ganó que la añadieran a los insultos. Vi sus ojos amatistas al borde del llanto y juro por dios que quise levantarme y patearles uno por uno.

Así que cuando salí del aula para llevar unas fotocopias al profesor de matemáticas y vi a mi mejor amiga siendo acorralada por varios tipos de segundo, no pude contenerme. Vi a cámara lenta como el más alto levantaba su falda con burla y supe que ya no había marcha atrás. Las fotocopias que llevaba cayeron al suelo y salieron disparadas en todas direcciones y contemplé la cara de miedo de Tomy al ver que me acercaba furiosa. Me conocía y sabía que había llegado a mi limite. Casi disfruté la sonrisa de pura burla que se formó en esa boca pretenciosa y estúpida. El muy idiota ni siquiera se lo veía venir. Uno de sus peones se interpuso y lo miré asqueada.

- Hablando del rey de roma… aquí tenemos a la florecita… ¿qué tal lo llevas Kinomoto? ¿Te hace una escapada esta noche? Puedes traer a tu amiguita… su culo no tiene desperdicio alguno.

Lo último que vio ese capullo antes de llorar como toda una nenaza frente a todos sus compañeros, fueron mis nudillos rompiendo su nariz. Puede que mis enseñanzas dijeran que evitar el conflicto era un arte, pero ahora mismo sólo podía pensar en partirle la puta boca a ese capullo engreído que se había atrevido a insultar a mi casi hermana.

Tomoyo dejó ir un grito y pronto todos los alumnos se habían asomado a las puertas y gritaban emocionados por la pelea que se avecinaba. Pero ya no iba a seguir impasible ante la situación, no me importaba una puta semana de suspensión, ¡qué demonios! Como si se convertía en un mes. Era el momento de dejar las cosas claras.

Dejé a un lado al gilipollas bocazas y cogí el cuello de la camisa del malnacido que se había atrevido a levantarle la falda a Tomy. Fui tan rápida que ni siquiera reaccionó, así que usé la fuerza de mis piernas para doblar sus rodillas hasta que lo tuve tumbado boca abajo en el suelo. Cogí su brazo derecho y lo doblé hasta que sentí la tensión del punto de rotura y finalmente apoyé mi rodilla en su cuello apretando su garganta y asfixiándole levemente. Puede que fuera más fuerte que yo, y mucho más alto, pero si intentaba moverse le dejaría sin aire hasta llevarlo al borde del desmayo.

- Como vuelvas a poner tus sucias manos en mi amiga Tomoyo, te las corto. ¿Me has entendido, imbécil?

- ¡Sakura!

El grito de Tomy me alertó demasiado tarde. Uno de esos malnacidos se atrevió a tirar de mi corto cabello haciendo que gritara de dolor y me empujó con saña. Mi cabeza golpeó fuertemente la pared y sentí la sangre bajar por mi frente. El mareo me asaltó por un momento, pero no pensaba quedarme quieta. Se habían reído de mi mejor amiga, y eso no tenía perdón posible. Iba a levantarme y a darle una patada en su entrepierna al malnacido que me había atacado por detrás como un jodido cobarde, cuando lo vi. Fue muy rápido y a penas pude entender que ocurría. Pero el mismísimo Shaoran Li había cogido por el cuello al hijo de perra que me había lanzado y lo tenía acorralado contra la pared con sus pies a un palmo del suelo. Esos ojos ámbar brillaban más que nunca y casi sentí un escalofrío recorrer mi columna vertebral.

Vi de reojo como sus dos acompañantes se ponían en guardia, el primero sangrando por la nariz y el segundo tosiendo por el daño que le había causado en la garganta. Pero una sola mirada del castaño los dejó congelados en su sitio. Y lo comprendí. Le tenían miedo. ¿Pero por qué? Eran tres contra uno.

- Vuelvan a poner una de sus sucias manos en Sakura, y juro que se pasaran el resto del trimestre en el hospital. ¿Me han comprendido? – mi corazón dio un respingo al oír mi nombre de pila en sus labios y me sentí una idiota por dejar que eso me afectara.

- ¡Ella nos ha atacado a nosotros! ¡Me ha roto la puta nariz!

- Me importa una mierda. – Shaoran lanzó al tipo que tenía cogido del cuello contra sus amigos haciendo que los tres se tambalearan. – Quedan avisados, y lo mismo para las estúpidas que van por ahí haciendo bromas típicas de primaria. – los murmullos a nuestro alrededor cesaron por completo, y tragué pesado. Un silencio sepulcral inundó el pasillo y en su centro se erguía Shaoran Li. Alto, orgulloso y firme. – Que quede claro. Sakura es mi novia y al que la toque, lo mato.

Puede que llegara el profesor y nos dispersara a todos. Puede que mi amiga Tomoyo gritara mi nombre e intentara llegar a mi lado. Puede que alguien tomara mi mano y me hiciera salir de allí a toda prisa. Y puede que corriera hasta llegar a la parte de atrás de la biblioteca antigua. No lo recuerdo, pues mi cabeza quedó bloqueada por una sola palabra. Y es que Shaoran Li había gritado a pleno pulmón que yo era su novia, y eso, a parte de ser mentira, era otra sentencia de muerte directa a mi cabeza. ¿verdad?

Me senté en una de las bancas de los jardines traseros de la biblioteca y dediqué los siguientes minutos a calmar los latidos de mi corazón. Pero había alguien conmigo, y no era precisamente mi mejor amiga. ¿Por qué me había cogido de la mano? ¿Por qué me había arrastrado con él hasta aquí? Sentí su mano en mi hombro y me aparté bruscamente, conteniendo una lágrima de rabia que luchaba por salir.

- Kinomoto…

- Lárgate… - mi voz sonó demasiado débil para mi gusto y quise que la tierra me tragara allí mismo.

- No. Te acompañaré a la enfermería… tienes un buen golpe en la frente y sangre en los nudillos.

- Sé dónde está la jodida enfermería y mis piernas están perfectamente.

- Kinomoto… - sentí otra vez esa mano en mi hombro y no lo aguanté más. Me giré a la velocidad del rayo y le abofeteé. Con fuerza y sin compasión. Vi el asombro en esos ojos castaños, pero no me importó. Cualquier otro día hubiera disfrutado con esa cara de estúpido, pero después de lo que había pasado, no me sentía con ánimos de nada. Ni siquiera para disfrutar de esa pequeña venganza.

- Sí alguien vuelve a tocar a Tomy por tu culpa, serás tú el que acabará en la enfermería. ¿Queda claro? – me miró seriamente, dejando atrás la sorpresa por el golpe y casi vi arrepentimiento en sus ojos ámbar.

- ¿Por eso te has enfrentado a medio equipo de baloncesto? ¿Para proteger a tu amiga? - ¿medio equipo de baloncesto? ¿esos tipos eran del club? Ni lo sabía, ni me importaba.

- ¿Y a ti qué? ¿Qué te importa ella, yo o nadie? Sólo eres un niño de papá que siempre se sale con la suya. ¿Quieres que deje el gimnasio? Tú ganas. Pero arregla toda esta mierda y saca a mis amigas de tus movidas. – me giré con toda la intención de irme, pero una vez más esa jodida mano me detuvo. Esta vez el muy gallito se atrevió a entrelazar sus dedos con los míos. Paré mis pasos y empecé a temblar de pura rabia.

- Deja que te acompañe a la enfermería… no me quedaré tranquilo hasta que lo haga… - Quise decirle de nuevo que me daba igual lo que él quisiera, pero algo en el brillo de esos ojos me lo impidió. Por primera vez me pareció ver verdadera culpa en ellos, y puede que algo de arrepentimiento.

- Haz lo que te de la gana. ¡Siempre lo haces! – solté su mano y caminé furiosa, sintiendo sus pasos pausados detrás de mí. ¿Qué había sido esa mirada? ¡Joder! No podía sentir pena por ese idiota… de verdad que no podía ser tan estúpida.

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Continuará…

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Notas de la autora: ¡Bien! Ya tenemos las siete plagas en marcha, jajaja. ¿Les ha parecido muy radical? El grupito de tercero da miedo ¿verdad? Ya se irán explicando los verdaderos motivos tras esas locas y el porqué atacan tan brutalmente a Sak. Pero de momento nuestro Shaoran ha tenido que intervenir. A ver qué ocurre ahora… yo me huelo… que Shao lo tiene muy difícil para redimirse… y con su carácter altivo… aún más. Jajajaja. Pero les dejo un pequeño adelanto… ?Un beso chicas y por favor, dejen sus comentarios para que sepa como voy. ¡Las/les quiero!

Comprendía los motivos por los que era tan arisca conmigo y estaba más que justificado. Aun así, me enojaba que fuera tan seca. Pero no podía quejarme. A fin de cuentas, era yo el que le había hecho daño a ella y no al revés. Y lo había hecho consciente de mis actos. Aunque nunca imaginé que la situación se saldría tanto de mi control.

Terminé de limpiar la herida, esta vez con mucho más cuidado que antes y me permití contemplar su rostro al detalle. Su piel era suave como la de un niño y tenía la nariz respingona y llena de pecas. Y sus labios eran algo pequeños, pero muy carnosos. Ideales para besar. Negué con mi cabeza por dejar que mis pensamientos llegaran tan lejos. Era un idiota. ¡Esa chica era el ser más infantil de la tierra! ¡Y para nada femenina! Si se había peleado a puñetazo limpio contra tres gigantes ¿En que estaba pensando mi loca cabeza? O puede que ese fuera el verdadero problema, que mi cerebro había dejado de funcionar y había dado el control a mi estúpida entrepierna. ¡Y que mal gusto tenía mi amigo de la zona baja! ¿Por qué, de entre todo el maldito género femenino, había elegido a esta estúpida niña testaruda, mal hablada y… y… lo que fuera? Me tendría que tatuar la palabra "acosadora" en la frente para recordar porqué estábamos dónde estábamos.

¡Bueno amores, nos leemos la semana que viene! Aquí dejo respuesta a los reviews que no tienen login, recuerden dejar un nombre, no solo el guest, ¡así contesto mejor!

Guadalupe: ¡Hola nena! Sí, aquí estamos de nuevo con mis locuras, jajajajaja, espero que este capítulo te haya gustado también aunque no sea redactado por Shaoran, jajajaja. Yo también te mando un gran beso y espero noticias tuyas para ver si te va gustando. Abrazos de oso amiga y te leo muy pronto.

Guest: Me alegro muchísimo de que te guste y espero que sigas leyendo y comentando. Si quieres deja tu nombre o un sobrenombre y así te contesto mejor. Un besote.

Ksakura Rostran: ¡Hola! Me hace mucha ilusión que te gustara el segundo capítulo, y espero que este también sea de tu agrado. Ya ves que se ha liado la de cristo… jajajajaja. Un beso muy grande y muchas gracias de nuevo por leer y comentar.

Kariramos: jajajaja, sí, Sakurita sin duda le va a cambiar la vida, y él a ella. Ya has visto que de momento le han caído las locas de tercero, jajajaja. No le ha pegado en sus partes bajas, pero dale tiempo… jajajaja. De momento bofetada clásica. Siempre funciona. Un beso amiga y muchas gracias por estar aquí conmigo leyendo y comentando. Nos leemos muy pronto.

James bridsong: Thanks, please, ¡keep reading! See you soon.