Día 3: Gato adoptado*(Adopted cat).
*Mis padres dijeron que adoptaron a un gato, así que me sorprendí al ver a Chat Noir sentado en mi sala tomando chocolate caliente.
Era un día muy frío y la nieve caía lentamente desde el cielo de la noche. Marinette se dirigió a su casa después de pasar la tarde con sus amigas. Grande fue su sorpresa cuando al ver a Chat Noir cubierto por una manta y con una taza de chocolate caliente en las manos. También noto que su cabello estaba cubierto de copos de nieve que se estaban empezando a derretir.
- Marinette, me alegra que por fin hayas llegado cariño.
- ¿Que hace el aquí? – dijo mientras lo señalaba.
- Oh ¿no lo sabías? Me dijo que estuvo esperándote un buen rato y como no llegaste, decidió esperarte, incluso cuando había empezado a nevar. Tuvo suerte de que decidí salir al balcón.
- "Le había dicho a ese gato tonto que no me esperara"- pensaba ella, tratando de imaginarse el por qué no le hacía caso cuando le decía que no iba a estar en casa.
Además que tenía que afrontar el hecho de que sus padres ya se habían dado cuenta de que él había estado visitándola en varias ocasiones sin que ellos se dieran cuenta. Iba a tener una larga charla con el después de esto.
- ¿Y porque no le dijiste que no estarías, hija?- pregunto su madre sacándola de sus pensamientos.
- ¡Claro que lo hice!, no es mi culpa que sea tan distraído.
Las orejas de Chat Noir descendieron considerablemente.
- Lo siento, pero no podía dejar de observarte mientras hablabas, así que perdí el hilo de lo que estaba diciendo.
La chica se quedó callada. El ambiente se había convertido en uno muy incómodo. Pero su madre los observaba divertida.
- Sabes hija, creo que él es un buen muchacho, y estábamos viendo la posibilidad de adoptarlo. Sería un buen gato también.
- ¡Mamá!- exclamo.
- Es broma cariño, aunque podrías habernos dicho de sus visitas. Solo nos preocupamos por ti, eso es todo.
Después de discutirlo un rato junto con sus padres permitieron a Chat Noir visitar a su hija, aunque claro con ciertas restricciones. Sin embargo, el siempre sería bienvenido en su casa.
Cuando el muchacho anuncio su retirada, Sabine lo detuvo.
- Aún está nevando, te puedes resfriar. Cuando pase un poco la nevada te podrás ir, mientras tanto quédate.
El Dudoso pregunto.
- ¿Seguros?
- Para nosotros no es ninguna molestia.
