Acá está el tercer capítulo. Comentarios, no tengo ninguno en particular. Todos los reviews que me dejaron fueron muy lindos. Anthony, es una personita especial, es un buen chico. Al parecer a la mayoría no les cayó del todo bien. Pero no es malo, yo lo considero muy dulce.

Igualmente, conozco una personita por ahí que no tiene drama que le mande uno en encomienda para su casa. Ya te dije (¡y mira que no doy nombres!), te lo voy a mandar todo en un súper paquete, así me ahorro unos mangos, el correo argentino no está muy barato que digamos, además, vos viste que los envíos se pierden por el camino. Por supuesto, siempre y cuando hayan sido enviados. Creo que vos me entendes mi vida, sabes de lo que hablo. Pero ahí, va a ir todo junto.

Bueno, no sé quién me había vuelto a preguntar, pero más o menos veinticinco capítulos va a tener la historia. Sobre el principio, sigue en el misterio. Más adelante sabrán la verdad del asunto. ¡Ojo! ¡Atentos con esto!

Un saludo muy especial a Jessi-k. Todavía no puedo creer lo que hiciste, no te imaginas el orgullo que siento al saber que gustó mi historia en tu clase ¡Miles de gracias por tu voto de confianza!

También besitos a Diana, una lectora fiel. Se que te gusta el drama, y en este prometo mucho. Y también mucho Remus, especialmente para ti.

Bueno no tengo nada más que decir, gracias por todo, en especial a mi súper archi confidente CatWoman, la cual se encarga de "semi" betearme la historia. Joanne, ¡¡sabes que te quiero!! Aunque ahora descubrimos su identidad secreta, un unicornio blanco, que para mi es platinado, pero no viene al caso. La cosa es que ella es Cissy y yo soy Bella, la hipogrifo negra en Antes de Morir del Susto!! jaja, vos me entendes mi vida! te quiero guacha!! Próximamente la parodia!! solo para entendidos!! No apto para conservadores ni aburridos... ahh, jaja y también la parodia, Sálvame los ojos de ese monstruo. Ambas en semi proceso de producción, en las noches de alpedismo en el msn... Lo que es no tener ganas de estudiar...

tengo que preparar mis materias para los finales!! Y yo estoy acá escribiendo fics... jaja eso no está bien, pero bueno, esto es más fuerte. Igualemente voy a estudira, tengo que meter esas dos materias sí o sí!

No molesto más, lean…

Ah! Y más vale que dejen un bendito review, no puede ser, ponen la historia en alerta, y no son capaces de dejar un review, me dan hits, y no son capaces de darle al Go en submit review... Eso habla muy mal de ustedes...

Celos y reproches

- Gin- susurró Anthony a la espalda de la chica.

- Me asustaste tonto- reprochó - ¿Qué era lo que me tenías que contar?

- ¿Qué hace él aquí?

- No hace falta que digas nada- se dio vuelta mientras enjuagaba un vaso. El chico se apoyó en el borde de la mesa – Él es el padre de los chicos. Y sabes bien que no le voy a negar el derecho a verlos.

- Ya lo sé Gin. Pero a mi no me engañas- le acarició un mechón de cabello – Sé bien que te encanta que esté aquí contigo.

- No empieces tú también. Hermione me tuvo toda la mañana dale y que dale con lo mismo. No es necesario. Ya soy una persona adulta.

- Nadie te lo niega. Pero solo te digo que no juegues con fuego. Sabes bien que estoy de tu lado. Pero como amigo. No quiero volver a verte llorar- Ginny se dio vuelta y lo miró dulcemente.

- Perdóname- le acarició la mejilla con la palma de la mano – Eres un gran hombre- sonrió – Pero yo no quiero darte falsas ilusiones.

- Pero yo no te exijo nada Gin. Yo te quiero a pesar de todo- la miró a los ojos - No me importa lo que decidas. Yo lo único que quiero es que seas feliz. Pero no soportaría volver a verte llorar- acarició los labios de la chica.

Harry estaba parado junto a la puerta de la cocina. Desde allí sabía que no sería visto. Y a la vez, podía oír todo lo que conversaban dentro.

- Te prometo, que nunca más volveré a llorar. No voy a dejar que me pase lo mismo- bajó la vista – Pero por favor, no quiero que te hagas falsas ilusiones- lo miró – Yo amo a Harry. Es la única persona que voy a amar. A pesar de todo el daño que me hizo.

- Ya lo sé Gin. Sé bien que nunca voy a ocupar el gran espacio que él ocupaba allí- señaló el corazón de la chica- Pero yo te quiero- le tomó la barbilla- Y estoy dispuesto a todo por ti pequeña- la comenzó a acercar a sus labios.

- Anthony- murmuró totalmente confundida – No quiero hacerte sufrir.

- No lo harás Gin- se acercó más – Yo mismo estoy produciendo esto. Sé que tú no tienes ninguna intención de lastimarme. Pero si las cosas no se dan. Lo entenderé.

Ginny cerró los ojos y dejó que el chico la besara. No era la primera vez que lo hacían. Pero siempre que pasaba, sentía como el corazón se le encogía. E inmediatamente un recuerdo de Harry inundaba su mente. Y se veía en la imperiosa necesidad de alejarse. Era como si lo estuviera engañando, a pesar de estar separados. El leve roce de labios, hizo que todo el vello de la nuca de Ginny se erizase. La situación la ponía en aprietos. Ella quería mucho a Anthony. Fue su gran apoyo moral ese medio año. Lo adoraba como amigo. Pero no era Harry. Nadie nunca lo sería. Y lo peor de todo, es que su marido, estaba a una pared de por medio. Podría entrar en cualquier momento. No podía estar haciendo eso allí. Inmediatamente se separó del chico. El leve roce de labios apenas duró segundos. Pero la sonrisa de él, le demostraba que habían sido los segundos más maravillosos de su vida. En cambio para ella, habían sido los peores.

- Te quiero Ginny- la abrazó.

Cuando Harry notó en el silencio en que se habían quedado, se aventuró a asomarse por la puerta. Y lo que vio no le gustó para nada. Aquel monstruo en su interior resurgió bramando justicia. Era inconcebible que su mujer se esté besando con ese tipo, a metros de donde estaba él. Y que ni siquiera se inmuten por eso. Contuvo con las mayores fuerzas del mundo las ganas de matarlo que tenía. La ira lo había enceguecido. Era imposible que aquello esté pasando. Entendía que Ginny tenía todo el derecho del mundo en rehacer su vida. Pero no enfrente de él.

Harry en esos seis meses de soltería se había besado con otras mujeres. Había tenido citas, todo por tratar de darle celos. Pero nada dio resultado aparente. Nunca se enteró que Ginny moría de celos de imaginarlo con otra. Se había intentado acostar con unas cuantas desconocidas, para lograr sanar su corazón herido, pero fue peor, se sentía horrible cuando aquellas lo acariciaban y terminaba poniendo una excusa tonta para volver a su casa, con las manos vacias, sin ningún falso consuelo. Era como que había engañado nuevamente a su mujer. Y eso era algo que lo torturaba totalmente. Por eso decidió que no se acercaría a más mujeres. Por lo menos hasta hacer oficial la separación y que el tiempo pasase.

Pero de solo imaginarse a su Ginny, acostada con otro hombre que no sea él. Eso lo desbarató por completo. Nunca se lo habría imaginado, ni en sus peores pesadillas. Esa idea lo dejó pasmado. Y tratando de hacer el menor ruido posible volvió al sillón, y se sentó.

- Eres mi amigo. Pero no te voy a poder dar más Anthony- susurró mientras era abrazada.

- Ya lo sé Gin. Yo no te estoy pidiendo nada a cambio- la miró – Lo hago porque te quiero. Nada más que eso.

- Mejor vuelve con Harry. No quiero tener problemas con él.

- Claro Gin- le sonrió y caminó hacia el living.

Ginny continuó preparando el té. Mientras acomodaba en un plato unas galletas que su madre le había dado en la madriguera.

Cuando Anthony se sentó frente a Harry, este miraba hacia la chimenea impasible. En ningún momento dio vuelta la cara para verlo. La tensión en el aire la sentía en cada poro de la piel. Carraspeó intentando llamar la atención del ojiverde. Pero no sirvió. Simplemente era ignorado. Luego de unos minutos en el mas completo silencio, este se quebró.

- ¿Seguís trabajando en El Profeta?- le preguntó Harry al chico.

- Si. Ahora soy redactor. Digamos que estoy cubriendo el puesto que Ginny dejó libre.

- ¿Pero a ti sólo te interesa el área de deportes?

- En realidad me interesa el periodismo en general. Pero cuando entré, solo había espacio en deportes. Y la verdad es que estoy cómodo.

Harry asintió mientras miraba a su hijo dormir con el robot.

- Es increíble como crecen- murmuró Anthony. Harry lo miró.

- Si. Salí de misión hace una semana. Y Sirius pego un estirón enorme- rió – Es increíble como crecen los chicos.

- Sí. La última vez que los vine a visitar fue hace un mes. Sirius por lo menos cinco centímetros ha crecido. Y James tiene el cabello larguísimo.

Otra vez silencio. Harry maquinaba en su cabeza alguna forma de sonsacarle algo que le de la pauta. De que él y Ginny eran algo más que amigos.

- ¿Y estás de novio Anthony?- preguntó inocentemente.

- Estoy en eso- sonrió, los ojos le brillaron cálidamente – Estoy esperando a que me de una respuesta- golpe bajo para Harry. Ginny le tenía que dar una respuesta. El tiempo se agotaba. Tenía que averiguar más.

- ¿Y quién es la afortunada?- insistió tratando de saber más.

- Eso es confidencial todavía. Pero muy pronto la conocerás.

- Estás muy seguro de que ella te va a dar el sí- comentó ácidamente.

- Es pan comido- asintió sonriendo aún más al ver a Ginny entrar al living con una enorme sonrisa en la cara.

Ginny acomodó las galletas en la mesita de café, y sirvió tres tazas de humeante té. Anthony les contó el apasionante viaje que había hecho a las montañas francesas. Harry aún recordaba ese duro reportaje que tuvo que hacer su mujer para lograr el ascenso. Estuvo todo un mes de mal humor. Y no por el hecho de que haya sido peligroso, sino más bien, por el hecho de estar separado tanto tiempo de ella, y más aún, estando ella embarazada de James. Pero luego, cuando por fin regresó a la casa. La recibió con las mejores de las bienvenidas para festejar su ascenso. Todos los Weasley estuvieron presentes. Enorme fue la sorpresa para todos verla tan cambiada en su regreso. Cuando se había ido, apenas estaba de tres meses, y la pancita, no se le notaba nada. Pero en cambio, al verla después de tanto tiempo. Era impresionante el cambio que había dado. La panza se veía enorme. Y no era que fuese así. Siempre estuvieron acostumbrados a una Ginny muy delgada. Y de repente, verla con una pancita tan redonda. Fue impactante. Ese día fue uno de los más felices en la vida de ambos. Con apenas dos meses dentro del diario, ya había logrado un inmediato logró en su carrera periodística.

- Es impresionante Anthony- dijo Ginny mientras leía el reportaje de su amigo.

- No es para tanto Gin. Estoy seguro de que lo hubieses hecho mejor.

- En serio, no es por menospreciar mi trabajo- lo miró – Pero esto es un ascenso asegurado.

- ¿Tu crees?- le preguntó mientras masticaba una de las galletas.

- Si, es increíble. Pero lo que te habrá costado entrar en la manada sin ser aplastado.

- No seas tontita- dijo cariñosamente – Por supuesto que sabía donde ubicarme para observarlos. Tampoco me iba a poner debajo de los pies de los gigantes- rió – No fue fácil, pero lo disfruté bastante.

- Yo me hubiese muerto de miedo.

- Sabes bien que no Gin- la miró – Si realmente quieres el ascenso, harías lo que fuera.

- Claro que lo haría. Pero eso no evita que esté muerta de miedo- rió – Lo mío no fue tan peligroso. Tuvieron en cuenta que estaba embarazada de James. Además había hecho muy buena carrera en las Hollyheads. Así que no me iban a poner en riesgo- miró a Harry - ¿recuerdas cómo estaba antes de viajar?

- Insoportable. No paraste de hablar en ningún momento.

- Si- se recostó en el respaldo del sillón – Fue fantástico. A mi me tocó investigar los deportes antiguos de América latina. Fue una experiencia maravillosa. Los magos de allí son muy amistosos.

- Estuviste todo el embarazo con antojos latinoamericanos- dijo Harry sonriendo al recordarlo.

- Ni me lo recuerdes- frunció la cara – Parecía una vaca.

- En ese momento no te importaba parecerlo. Además tampoco habías engordado tanto.

- No me entraba la ropa Harry- murmuró como si eso fuera imposible en ella.

- No te olvides que estabas embarazada Gin- dijo Anthony.

- Igualmente. Eso no evita que me haya parecido a un digerible muggle.

- Dirigible Ginny. Se llama dirigible- corrigió Harry.

- Lo que sea. Parecía eso- miró el reloj que había sobre la chimenea – ¡Ya son las siete!- se levantó – Tengo que preparar urgente la comida- miró a Anthony - ¿Te quedas a comer?

- No Ginny- agachó la cabeza- Tengo que ir a la redacción a dejar el reporte. Pero te prometo que en estos días vengo a hacerte compañía. Mañana me doy una vuelta- caminó hacia la chimenea – Adiós Harry, fue un gusto volver a verte- tomó los polvos – Nos vemos preciosa- le guiñó un ojo. Cuando gritó el Caldero Chorreante, su cuerpo envuelto en llamas verdes, desapareció.

Harry y Ginny se quedaron solos nuevamente. James seguía dormido sobre el sillón. Y el pequeño Sirius estaba despierto jugando con un sonajero que le había regalado esa tarde Hermione.

- Parecía muy animado- comentó Harry.

- Y sí. Como para no estarlo. Por fin va a cambiar de cargo. Es algo importante en su carrera- respondió mientras juntaba las tazas en la bandeja.

- Y no solo por eso. También me comentó que anda atrás de una chica- a Ginny se le resbaló la taza de la mano y cayó haciendo un fuerte ruido sobre la bandeja - ¿Te pasó algo?- preguntó Harry fingiendo preocupación.

- No, no es nada- dijo nerviosamente – Me había comentado de una chica.

- ¿No te contó todo?- fingió sorpresa levantando sugerentemente las cejas – Me dijo que todo iba viento en popa con ella.

- ¿Te dijo eso?- frunció las cejas – Que raro, a mi no me contó nada- se levantó y caminó a la cocina.

- Mamiii- murmuró James acostado sobre el sillón.

- ¿Qué pasa mi vida?- preguntó acercándose.

- Tengo hambre mami.

- Ahora voy a preparar la comida corazón- le dio un beso en la cabeza.

- ¿Papi se queda?

Ginny miró a Harry y luego a su hijo, y así sucesivamente. No tenía nada de malo que se quedara a comer con ellos. Al fin y al cabo, era el padre de los chicos.

- ¿Quieres que se quede mi vida?

- Siii- contestó feliz el niño.

- ¿Te puedes quedar Harry?- lo miró.

- No tenía nada mejor que hacer- se encogió de hombros – Siempre es bueno comer comida casera.

Ginny caminó a la cocina y comenzó a preparar la comida. Harry se quedó en el living cargando a Sirius, mientras James seguía jugando con el robot que le había regalado. El bebe peleaba con el sonajero mágico. Trataba de romperlo, y pegarle a su padre. De vez en cuando se aburría, bostezaba fehacientemente. Y esto hacía sonreír mucho a su padre. Sigilosamente caminó a la cocina, y se encontró de espaldas a Ginny. Ella tenía el cabello recogido en su nuca, atravesado por unos palillos plateados. Se había puesto un delantal, y estaba de pantuflas. Toda la escena le hacía recordar los momentos en donde aún vivían juntos. Los añoraba demasiado. Se acercó por la espalda, y se irguió para ver la comida, sobre el hombro de ella. Cerró los ojos al sentir el aroma, y aspiró profundamente.

- Si Harry, estoy haciendo lasaña- se dio vuelta – No hace falta que me espíes mientras cocino- lo retó mientras metía la bandeja de vidrio al horno.

- Como no me dijiste qué es lo que ibas a cocinar, quise saberlo- se encogió de hombros – Igualmente sabes que cualquier cosa que cocines me viene bien.

- Siempre te gustó mi comida- tomó a Sirius en sus brazos.

- Cocinas muy parecido a tu madre.

- Y bueno, son los quehaceres que se aprenden a la fuerza- rió mientras olía a su hijo – Me parece que alguien necesita un cambio- miró a Harry – ya vengo, le voy a cambiar el pañal- salió de la habitación.

Harry volvió a caminar hacia el living y se apoyó junto a la pared de al lado de la escalera. Podía sentir los pasos de Ginny en el piso superior. Todo estaba saliendo perfecto. La escuchaba tararear una canción que no reconocía. Pero siempre que cantaba, era porque estaba feliz. Muy feliz. Siempre cantaba cuando pasaban cosas buenas. Lo que significaba que su presencia en la casa no era algo malo para ella.

Pero algo pasó en su cabeza.

De repente todo se volvió oscuro. Se sostuvo con las puntas de los dedos de la pared, apoyándose en su espalda para no caer. La cabeza parecía que le iba a explotar del vacío, y todo sonido alrededor se escuchaba muy lejano. Seguía negro. Y lo poco que sentía, era como si le diera vueltas alrededor. Estaba mareado. En cualquier momento se podría desmayar. Intentó focalizar la vista, pero fue un intento en vano. Se agarró la cabeza con las dos manos. Era la primera vez que le pasaba algo así. Por lo menos en todos esos años. Las últimas veces habían sido cuando se conectaba su mente con la de Voldemort. Pero de eso, ya habían pasado ocho años. Lo que le pasaba ahora era diferente, sin embargo, cuando sintió las articulaciones de sus rodillas quebrarse. Una oleada de súbito calor lo envolvió. Abrió lo ojos.

Ginny estaba a su lado, sosteniéndolo de un brazo. Su cara, la mueca que expresaba, era de absoluta preocupación. Parpadeó varias veces para mirarla bien. Con la ayuda de ella se enderezó medianamente y fue conducido al sillón frente a él.

- ¿Qué te pasó?- le preguntó al sentarse en la mesa ratona, frente a él.

- No es nada Ginny. Sólo- vaciló – Me maree.

- No es común que te marees. Estabas pálido- le tomo al barbilla con su mano – Tienes los ojos colorados- reprochó – Estás cansado, y encima estás más delgado- se levantó – Ahora te traigo algo para que comas.

-No hace falta Ginny- le tomó la mano – En serio, no te preocupes.

- Te voy a traer igual. No sea cosa que te pase algo- entró a la cocina, y al minuto volvió con un vaso de agua y un pequeño sobre. Se lo tendió – Tienes que disolver el polvo. Yo nunca lo he tomado, siempre me lo has preparado tú. Así que- lo miró – sabrás como se hace.

- Si- tomo el vaso, y lo preparó. Se lo tomó de una sola vez. Sonrió a recordar aquel polvo. Él siempre se lo preparaba cuando se sentía mareada en los embarazos. Siempre la ayudaba mucho.

- Bueno, me voy a ver la comida.

- No quieres que me quede con Sirius. Lo andas cargando hacia todos lados.

- No- miró al niño en sus brazos – Ahora lo acuesto en el catre. Descansa un poco mientras pongo la mesa.

- ¿Te ayudo?

- No te hagas problema- sonrió – En diez minutos comemos. Lleva a James a lavarse las manos.

La cena estuvo deliciosa. Harry comió dos veces. James terminó su plato entero. Y Ginny sonreía al ver a su familia junta otra vez. Aunque fuese algo ficticio. Algo del momento, que se dio porque sí. La situación era perfecta. Ahí estaba Harry, el amor de su vida. Apuesto como siempre. La barba crecida de unos días le daba un aspecto, por demás excitante. El cabello indomable, y los brillantes ojos, solo servían para flaquear su autocontrol. Estaba mucho más delgado desde que se fue a vivir al departamento. No era nada saludable. Pero la sonrisa amable, y sensual, que siempre la volvía loca. Eso nunca se iba a ir. Estaba presente siempre que la miraba. Como si fuera solo para ella. Y eso la intimidaba. Y mucho. Era como si la desnudara con la mirada. Como si supiera algo que ella no. Y eso la descolocaba. Siempre se prometía a si misma controlar sus impulsos nerviosos. Y evitar rodear la cintura de Harry con sus piernas, dejando que le hiciese el amor cuantas veces quisiera. Pero no tenía que ser así. A pesar de todo lo que sintiese por él. No tenía que dejar que sus deseos la superen.

James ahora estaba en los brazos de su padre, se estaba quedando dormido. Susurraba cosas sin sentido, mientras reía de las cosas que le decía su padre. Le hacía cosquillas debajo del cuello, en la pancita y en las piernas. Las carcajadas eran nítidas. Hasta que al fin, el sueño comenzó a bajar nuevamente.

- Se está quedando dormido- dijo Ginny mientras le daba un beso en la frente a su hijo.

- Jugó todo el día. En la casa de Remus saltaba por todos lados con Teddy.

- Seguro que va a dormir hasta tarde- lo miró - ¿Mañana no trabajas?

- No, me reintegro el miércoles. Con todo eso de la misión me dieron unos días más de descanso.

- Antes solo tenías el fin de semana.

- Aja- contestó mientras acomodaba la cabeza de James en su hombro – Pero ahora Kinsgley nos ha dado más días de descanso luego de una misión.

Sirius comenzó a llorar en el catre. Ginny lo levantó y lo puso en su regazo.

- Ya bebé- lo meció – Tenemos hambre ¿no mi vida?- sonrió mientras se abría la blusa y le daba el pecho – ¡Auch! Hijito mío, me vas a matar.

- ¿Cuándo los llevaste al pediatra mágico?

- La semana pasada los llevé a San Mungo- lo miró - Ya mañana comienzo con la fruta y las verduras con Sirius. James está creciendo bien. No tiene ningún desorden. Así que no hay nada de que preocuparse.

- Esperemos que no haga como James ¿Recuerdas?

- Como olvidarlo- rió – nos manchó toda la ropa y las paredes. Tuvimos que pintar nuevamente.

- Nunca le preguntaste a los sanadores por que no sirve la magia con eso.

- Siempre me olvido- se golpeó la frente con la mano – Algún día sabremos por que no podemos limpiar con magia esas cosas.

Harry observaba a Ginny alimentar al pequeño. Le hacía caritas y muecas para hacerlo sonreír mientras lo amamantaba. Siempre que la veía con los niños, sabía que no se había equivocado al elegirla como su mujer. Era simplemente única. Todo el amor que tenía era para su familia. No tenía el mejor carácter del mundo. Eso todos lo sabían. Pero cuando quería era extremadamente dulce. Siempre le encantó esa faceta de ella. Era como las dos caras de una misma moneda. A veces era un ángel que irradiaba paz. Otras veces, era un vivo demonio que arrasaba con todo a su paso.

- Se quedó dormido- murmuró Ginny mirando a Sirius.

- James también se durmió.

- Será mejor que los acostemos- cerró su blusa mientras paraba a su hijo en su regazo, apoyándolo en su cuerpo. Le daba palmadas en la espalda mientras se levantaba. Miró a Harry – Trae a James.

Ginny subió adelante. Volvía a tener el cabello suelto, y este se mecía a ambos lados al subir los escalones. El tajo que llevaba su falda en un costado, permitía que se moviese con fluidez. Harry fue detrás de ella. Cuidando de no despertar a su pequeño en el trayecto. Despacio, se encontró en la planta superior. Llegando a ver entrar, a su mujer, en el cuarto de los chicos.

Las estrellas en el techo mantenían iluminada la habitación en penumbra. La suave luz, se filtraba por el pasillo, dejando a entrever las suaves formas de los pocos muebles que había en él. Sirius ya estaba en su cunita. Tapado con su gruesa manta de polar celeste, ajustada a ambos lados del bebé. Ginny estaba acomodando la cama de James. Ya estaba abierta, dejando ver el gracioso motivo de las sábanas. Muchos hipógrifos saltando en el lugar, mientras algunos dragones volaban alrededor de ellos. Ella usó su varita, y mediante un no verbal, calentó las mantas del pequeño. Harry lo recostó cuidadosamente, mientras Ginny buscaba en el armario el pequeño pijama de lechuza, que su madre le había regalado para el cumpleaños.

Con premura, desvistió al niño. Y lo más rápido posible, tratando de que no tomara frío. Le puso el pijama de algodón. Subió el cierre del frente. Acomodó al niño en la almohada, y lo cubrió con las sábanas y las colchas.

Harry observaba a Ginny cambiar a su hijo. Mientras estaba inclinada en la cama, su ardiente cabello, caía como cortinas a ambos lados de la cara. Ella siempre refunfuñaba de su largo. Muchas veces había sugerido cortárselo bien corto. Pero él, siempre insistía en que no lo haga. Así como lo tenía le encantaba. Le quedaba hermoso. Sonreía al verla acomodarse un mechón detrás de la oreja, así tratando de que no se le vaya todo para adelante. Pero siempre le pasaba lo mismo, terminaba cayendo en su cara.

Cuando Ginny terminó levantó la vista hacía Harry, la estaba mirando, con la mente perdida. Eso la descolocó. Cuando pasaba eso, era porque estaba pensando en otras cosas. La mirada a la nada, lo hacía ver tremendamente sexy. Tenía los labios semiabiertos, y los brazos caídos a ambos lados de su cuerpo. Se acercó a él y le pasó la mano abierta frente a su cara.

- ¿Estás bien?- preguntó.

- ¿Eh?- la miró por fin – Eh….- se rascó la cabeza – Si, me había quedado pensando en unas cosas.

- Mmm- miró hacia el piso – Voy a lavar los platos. Si quieres quédate un rato con los chicos.

- Los voy a saludar y bajo.

- Bueno- lo miró nerviosamente – Yo estoy abajo… Ya sabes- salió hacia el pasillo.

- Esta mujer me va a volver loco- murmuró mientras se revolvía el cabello.

Ginny ya estaba en la cocina, había hechizado las esponjas para que la vajilla se limpiara sola. Ya había acomodado normalmente la mesa. Y cada cosa estaba en su lugar. Harry bajó a los diez minutos de la habitación de los chicos. Ella ya estaba sentada en una de las sillas, escribiendo en una gran carpeta.

- ¿Qué estás haciendo?- le preguntó al pasar por la puerta.

Ginny se sobresaltó de tal manera que la pluma que estaba usando manchó la blusa que llevaba puesta.

- Me asustaste- dijo mientras se llevaba una mano al pecho – Estaba anotando unas cosas que necesito comprar.

- ¿Necesitas dinero?- se sentó en una silla junto a ella.

- No Harry ¿Cómo crees?- lo miró – Con mi sueldo básico, y la cuanta que abriste para nosotros, el dinero nos alcanza, y nos sobra.

- Bueno, que se yo. Tal vez necesitabas más dinero.

- No, no hay problemas con eso- miró la lista – Mañana tengo que ir al callejón Diagon a comprar unas cuantas cosas- se reclinó en el asiento – Iremos después de comer, así de paso saco a pasear a los chicos.

- ¿Quieres que los acompañe?

- No hace falta. Yo sola puedo con los dos. No quiero que pierdas tu tiempo libre con nosotros- recalcó.

- Sabes que no es perder el tiempo estar con ustedes. Son mi familia.

- Ya sé que son tu familia. Pero no hace falta.

- Los chicos solos no son mi familia- la miró – Tú también lo eres- le tomó la mano.

- Harry no empieces de nuevo- se soltó – Creo que esto ya lo habíamos hablado lo suficiente.

- No Ginny- la tomó por los hombros – Esto no lo hablamos suficiente. Nunca quisiste escuchar lo que te tenía para decir.

- ¿Qué me ibas a decir?- su voz era irónica – No hacía falta aclarar nada. Yo te vi a ti con la chica esa.

- Pero nunca dejaste que te dijera lo que en verdad pasó.

- ¿Y qué me ibas a decir? Ella vino y me besó, y como eres un hombre. No le ibas a decir que no.

- No Ginny. Yo nunca la quise besar.

- No parecía- se levantó – Perdóname que te diga, pero yo vi claramente como le respondías el beso- caminó hacia el living.

- No te vayas- la agarró del antebrazo – No terminamos de hablar todavía.

- ¿Y qué más me vas a decir? Yo no la quise besar, ella me obligó- lo miró a los ojos – Ella misma vino y se paró en la maldita puerta de esta maldita casa y me dijo que eran amantes no sé hace cuanto tiempo.

- ¡Pero era mentira!

- Te creí más inteligente- le dio vuelta la cara – Suéltame- exigió.

- No te voy a soltar hasta que aclaremos las cosas Ginny.

- ¡No hay nada más que hablar!- se soltó – Yo no quiero escuchar las mentiras que tienes para decirme- caminó hacia la puerta del living – No quiero saber nada más contigo.

- Si no quieres saber nada más conmigo ¿Por qué me dejas estar en la casa?

- Estás en todo tu derecho. La casa es tuya también. Y los niños que están durmiendo arriba- señaló el techo – Son tus hijos. Y yo no te voy a negar ese derecho.

- Son excusas. Yo sé que me amas todavía. Y no voy a parar hasta que me escuches.

- ¡Pero no te quiero escuchar!- gritó – ¿No lo entiendes? No quiero saber más nada de ti.

- Entonces afirmas que todavía me amas.

- ¡Yo no afirmo nada! No metas palabras en mi boca, que yo no dije.

- Nunca negaste que me sigues amando- se acercó a ella.

- No me toques- se alejó – No quiero saber nada contigo.

- Ah, ya entiendo- bajó la cabeza – Seguro que el tipo ese te está llenando la cabeza en mi contra.

- ¿De que tipo hablas?- se tomó la cabeza – No sé que estás diciendo. Por favor, vete- señaló la puerta.

- No te hagas la tonta. Hablo del tipejo ese de Anthony- espetó.

- No sé por qué lo metes a él. ¡No tiene nada que ver en nuestra relación!

- Si tiene que ver Ginny- la tomó fuertemente por los hombros.

- ¡No me toques!- gritó histérica – No soporto que me toques.

- Te mueres porque te toque.

- No es cierto. Yo solo te tengo asco- se soltó – Me das asco. ¿Por qué no te vas a revolcar con alguna de tus amantes?

- No sabes lo que dices- murmuró amenazante.

- Sí se lo que digo. Has lo que quieras con tu vida. Pero no te metas en la mía.

- Yo me voy a meter lo que quiera- se volvió a acercar – Todavía eres mi mujer.

- No por mucho tiempo. Yo ya te pedí el divorcio.

- ¿Y piensas que te lo voy a dar?- rió – Estás muy equivocada pequeña. Nunca te vas a separar de mi.

- Me lo tendrás que dar a la fuerza. Los abogados te obligarán- siseó.

- ¿Y para qué quieres separarte de mi?

- No quiero tener nada que ver contigo.

- ¿Cuál es el apuro? ¿Hay alguien que te esté esperando?

- Si hay alguien- sonrió - no es de tu incumbencia.

- Por supuesto que lo es- volvió a tomarla de los hombros – Yo no voy a dejar que ningún otro hombre te toque- la zarandeó – Eres mía- afirmó.

- Yo no soy propiedad de nadie- soltó unos de sus brazos, y con toda la ira contenida, le pegó una bofetada. Harry se detuvo, la miró profundamente a los ojos. Los de ella estaban colorados, llenos de lágrimas a punto de salir – No quiero que me toques- susurró.

- ¿Tanto me odias?- le preguntó mientras se tocaba el rostro, en donde Ginny le había pegado - ¿Tantas ganas tienes de librarte de mi? ¿Tanto asco te doy?- ella rompió a llorar, intentando cubrir los sollozos con sus manos.

- ¿Y ahora por qué lloras?- rió mientras la soltaba - ¿No querías que me fuera?

- Harry… yo- intentó decir algo, pero sus propias lágrimas no la dejaban continuar.

- Si me quieres lejos de tu vida- la miró – Yo te prometo que te dejo en paz.

- ¿Por qué me haces esto?- se acercó - ¿Por qué me torturas de esta manera?- le preguntó, mientras secaba su rostro.

- Ginny…- intentó abrazarla, pero ella se apartó.

- Tú fuiste y me engañaste. Y yo ahora soy la mala de la historia- murmuró sonriendo – Siempre yo- levantó la mirada – Y ahora vienes y te la das del gran señor ¡Hipócrita!- gritó.

- Así que yo soy el hipócrita- caminó alrededor de la sala – La señorita habla de hipocresía- se burló – No me vengas a dar clases de comportamiento. Terminarás perdiendo.

- ¿Qué tienes que decir de mi?- lo apuntó con el índice – Yo fui una mujer ejemplar para ti.

- Claro- aplaudió fuertemente – Felicitemos a Ginevra. La mujer ejemplar. La que se revuelca en la cama de su propio marido con un reportero de cuarta.

- ¿Qué estas diciendo?- interrogó furiosa - ¿Insinúas que yo te engañé?

- No lo insinúo- la miró sobrándola – Lo afirmo.

- No tienes ningún derecho…

- Si que lo tengo- la cortó – Sé bien que andas enredada con ese tal Anthony- ella lo negó con la cabeza - ¿Y yo soy el hipócrita? Te vi besándote hace un rato en la cocina con él- apuntó con su mano a esa habitación.

- Sí- afirmó – me estaba besando. Pero te recuerdo que estamos separados- caminó hacia la puerta – Así como tú- lo señaló – Tienes a tus mujeres. Yo estoy en todo mi derecho de estar con quien quiera.

- Por supuesto que sí. Pero no con nuestros hijos presentes- bramó.

- No metas a los chicos en esto Potter.

- Yo los meto todo lo que quiero. Son mis hijos, y no voy a permitir que vivan con alguien como…- se calló.

- ¿Alguien como quién?- se acercó – Dímelo. ¿Alguien como yo?

- Si. No quiero que tengan tu mala influencia.

- Lo que me faltaba- se mofó – El señor Harry Potter me viene a dar clases de decencia a mi. Creo que nos repartieron mal los papeles.

- No creo. Los papeles están bien dados. Lo que pasa, es que a ti te molesta que te digan la verdad.

- ¿De que verdad hablas?- gritó.

- ¡De que te revuelcas con el idiota ese!

- Ah claro- rió - ¿Cómo me lo voy a olvidar? Yo soy de su propiedad todavía.

- Por supuesto que sí. Y mientras sigas con esas actitudes- se acercó a ella – Te juro que te vas a arrepentir.

- ¿Y qué vas a hacer?- lo miró - ¿Me vas a pegar?

- Ganas no me faltan- sonrió – Pero ten por seguro de que va a ser mucho peor.

- Ilumíname. A ver… Dime que es lo que puede ser peor- se cruzó de brazos esperando.

- Si quieres el divorcio te lo daré- suspiró – Pero los chicos se van a vivir conmigo.

Ginny tardó en reaccionar. Al principio las palabras fueron un suave murmullo que pasaron por sus oídos. Pero luego, todo comenzó a tomar forma. Las palabras que había dicho él. Tocaron fondo en su mente.

- ¡Estás loco!- le volvió a pegar una bofetada en el mismo lugar – Nunca Harry. Escúchame bien- le tomó la cara – Nunca me vas a sacar a mis hijos.

- Si sigues con esa actitud, tenlo por seguro- le susurró muy cerca de los labios. Ginny se separó, como si el contacto la quemara.

- Claro. Entiendo. Tú si te puedes revolcar con medio mundo mágico. Pero yo no puedo. No puedo vivir mi vida tranquila.

- No voy a dejar que te andes acostando con el idiota ese.

- Si yo lo quiero meter en mi cama es mi problema- aclaró – Y ni tú ni nadie, me va a venir a decir lo que tengo que hacer.

- ¡No te puedes acostar con otro hombre que no sea yo!- gruñó, a la vez que golpeaba la pared en donde Ginny estaba apoyada.

- Por supuesto que puedo. Y para que te quede claro. Yo nunca me acosté con otra persona que no fueras tú idiota- sonrió maliciosa – Pero estaré encantada de acostarme con Anthony mañana cuando venga.

Harry la miró. No podía estar pasando eso. Sin tener control de su cuerpo, la arrinconó contra la pared, poniendo ambas manos, en cada lado de la cabeza de ella. La aprisionó con su cuerpo. La tenía acorralada a su merced. Podía sentir, con sumo regocijo, como ella temblaba ante el contacto. Como su piel ardía, y en sus ojos, el deseo de besarlo, de amarlo como tantas noches lo había hecho. El deseo de estar con él.

- Suéltame- susurró Ginny embriagada completamente por el aroma de Harry.

- Tú no quieres que te suelte- le dijo al oído, provocando un cruel estremecimiento en su cuerpo.

- Suéltame- repitió.

- No…- con sus dientes se apoderó del lóbulo de ella, y comenzó a oler el delicioso aroma de su cuello. Mientras besaba su tersa piel.

Ginny podía sentir como cientos de electrolitos inundaban sus extremidades, con el mero contacto de los labios de Harry. En un momento en donde alguna neurona de su cerebro, logró hacer sinapsis. Intentó apartarse del chico.

Harry la tomó por la nuca. Enredando sus largos dedos en el encendido cabello. Con el otro brazo, envolvió su cintura, y la acercó a él. Y sin esperar ningún reproche, ni un segundo más. La besó.


O sea, llegaron hasta acá, si no me dejan un review, no tienen derecho de haber disfrutado la lectura. Muchos alertas pero ningún review, no es así la cosa. ¡Quiero reviews!

El próximo capítulo, la continuación del beso... Lemmon, no sé si de buena calidad, pero que lo hay, eso es cierto...

Besos!

Jor