Capítulo 3
La noticia de que habría una fiesta movilizó todo el ambiente. Sirius estaba decidido a invitar a Emily, aunque sabía que habría muchos chicos que lo harían, y que ella jamás aceptaría salir con él. Pero el problema era que cada vez que se le acercaba, salía corriendo. Alma había decidido no preocuparse mucho por el tema, aunque se la veía que cada tanto miraba a uno que otro chico, esperando que la invitaran a salir. Cada vez que alguien le preguntaba, ella contestaba: "No tengo tiempo para andar pensando en esas cosas". Lily, por su lado, había declarado a la mitad de la población masculina de Hogwarts que esperaba que James Potter la invitara al baile, algo que James había declarado que nunca pasaría. Este estaba tan emocionado con la fiesta como Emily con ir con Sirius a ella. Peter estaba tan concentrado con sus entrenamientos de Quidditch, que ni había notado que varias chicas lo perseguían por los pasillos. Remus había decidido dejar que las chicas se le acercaran, y había asumido que como tenía muchas posibilidades, tenía mucho tiempo para decidirse, ya que cualquiera caería rendida a sus pies. El miércoles, Sirius entraba en la Sala Común de Gryffindor, junto a James, cuando vio a Emily corriendo hacia ellos. Se puso rojo, pero ella ni lo miró. Pudo notar que sus ojos estaban rojos e hinchados, y sus mejillas pegajosas. Ella le pasó por al lado y le golpeó el hombro, pero no dijo nada, y Sirius pudo oír un débil sollozo. Se dio la vuelta, y vio como ella salía de la Sala Común.
- ¿Qué le pasó? – le preguntó a James. Él se encogió de hombros. Sirius se dio la vuelta, y salió detrás de ella. James giró su mirada, y vio a Remus sentado en el sillón, con aire altanero, y mirando fijo hacia la puerta.
- ¿Qué le hiciste? – le preguntó de mal modo.
- ¿Y a ti qué te importa, Potter? – le espetó Remus, mientras se levantaba y se dirigía a los dormitorios de los chicos. En ese momento, Alma bajó las escaleras que daban a los cuartos de las chicas. Al verlo allí parado, le sonrió a James.
- Hola, Alma – saludó James con una sonrisa - ¿Cómo estás?
- Algo cansada, anoche me quedé estudiando hasta tarde – admitió Alma – Oye, James, ¿puedo hablar contigo?
James asintió, y ambos se sentaron en el sillón. Alma suspiró, y fue directo al punto:
- Quiero que vayas al baile con Lily.
James arqueó las cejas. Luego, lanzó un resoplido.
- No iré con Evans – dijo. Alma lo miró decepcionada - ¿Por qué quieres incitarme a hacer algo así?
- Porque sé que a Lily le hará bien – se explicó Alma – Mira, James…Lily no es una mala persona. Sí, es algo rebelde, y sale con muchos chicos… pero es una buena persona. Y ella de verdad quiere salir contigo. Sólo que…tratando de que te fijes en ella… su carácter no es fuerte en realidad…ella sólo…
- No balbucees – le pidió James. Alma sonrió tímidamente. – Vale, iré al baile con Evans si te hace feliz… - Alma sonrió con sinceridad – Pero no se lo pediré yo. Se lo dirás tú. Y no respondo a mis actos.
- Lo prometo – dijo Alma, levantándose de un salto, y corriendo hacia el exterior. James suspiró resignado.
Sirius tragó con fuerza. Oía los sollozos de Emily, cinco escalones más abajo. No se animaba a acercarse. Pero debía hacer algo. Cerró con firmeza el puño, bajó los cinco escalones, y se sentó a su lado.
- Vete, Black – le espetó Emily – No estoy de humor para tus estupideces.
Sirius sintió como si su corazón se le encogiera. La voz se le había cortado. Ella lo odiaba, lo odiaba…
- No llores – pidió, con voz ronca. Increíblemente, sí le había salido la voz. Su corazón latía ferozmente dentro de su pecho.
- ¿Cómo quieres que no llore? – exclamó ella, con los ojos bañados en lágrimas.
- ¿Qué ocurrió? – preguntó Sirius.
- ¡No te importa qué me ocurrió! – exclamó Emily. Sirius se acercó aún más a ella. No sabía cómo estaba haciendo para soportarlo. - ¡A nadie le importa lo que me ocurra a mi! Nadie se fija en mi, todas son hipocresías… la gente sólo me mira por conveniencia…
- Yo no lo hago – murmuró Sirius, en un tono de voz apenas audible. Emily bufó.
- Sí, todos lo hacen. A nadie le importa cómo me sienta. A nadie le interesa lo que a mi me pase. Remus Lupin me acaba de abandonar y a nadie le interesa…
- ¿Cómo que te abandonó? – preguntó Sirius, dudando si ponerle una mano en la espalda o no hacerlo. Ella lanzó otro sollozo.
- Sí, el muy imbécil me dijo que no quería ir conmigo al baile porque quería ver todas las candidatas… ¡Ni que fuéramos un concurso! ¡Nosotras también tenemos sentimientos, y de hecho, muchos más que los de los hombres!
Sirius lanzó un bufido. Emily, un sollozo.
- No te preocupes, Em…Lewis – dijo Sirius – No te merece. Eres…demasiado… - comenzó a sonrojarse, y bajó la mirada - …bonita…y dulce…para…él…
Emily levantó su mirada llena de lágrimas.
- ¿E…enserio? – preguntó. Él asintió, y tomó un pañuelo de su bolsillo, que dio a Emily para que secara sus ojos. - ¿Crees que soy bonita?
- Por…por supuesto – balbuceó Sirius – Creo que eres la…más bonita…eres preciosa…
Se sentía orgulloso por haber dicho aquello. Emily sonrió débilmente, y corrió la mirada.
- Supongo que…podría considerar ir contigo al baile.
Sirius levantó la mirada.
- ¿De…de verdad? – ella asintió. Sirius sonrió sinceramente - ¿Irías conmigo al baile?
- Ve presentable – le reprochó ella – No quiero quedar en ridículo.
Sirius asintió débilmente, mientras Emily se levantaba y se acomodaba la falda.
- ¿Se me corrió el maquillaje? – le preguntó a Sirius, acercándose a su rostro para que el la mirara bien, y haciendo que él se sonrojara aún más. Él negó con la cabeza. – Vale… ¿se nota mucho que lloré? No quiero que ese idiota se de cuenta que sufro por él.
Sirius volvió a negar con la cabeza, y ella sonrió.
- Mira a tu club de Fans, Peter – se mofó Remus, mientras Peter salía de su entrenamiento, y había un grupo de chicas esperándolos. Peter bufó, y se acercó a ellas.
- Chicas, chicas – dijo, mientras todas gritaban emocionadas. – Una sola de ustedes va a venir conmigo al baile, y seré yo quién la escoja. Así que… ¡deberán conquistarme! Con su permiso…
Dicho esto, se metió entre todas las chicas, y salió con aire altanero. Remus rió a mandíbula batiente, y fue detrás de él, guiñándoles el ojo a algunas chicas.
El sábado, a la hora de volver a casa, ya todos sabían con quién irían. La noticia que Emily Lewis iría con Sirius Black se expandió por todo el colegio, y todos se miraban con expresiones de sorpresa.
- Yo creo que esa Lewis trama algo – le había dicho Lily a Alma, cuando se habían enterado. Sin embargo, Emily parecía muy satisfecha.
Que Lily Evans, la rebelde de la clase, la que salía con todos los chicos, iba a ir con James Potter, el prefecto y el responsable, también era gran noticia. Lily parecía muy satisfecha, aunque James estaba de mal humor todos los días, y a cualquiera que zanjara el tema, le quitaba diez puntos de su casa.
Remus se había decidido por una rubia de Ravenclaw, llamada Laura Watson, de su mismo año. Sirius sabía que eso a Emily le afectaba, aunque no lo demostrara. Peter se había decidido por la presidenta de su club de fans, Mailey Lyndon, una joven de sexto de Hufflepuff. Alma, por su lado, había sido invitada por Jason Roses, un muchacho dos años mayor de la casa Gryffindor, y se la notaba muy contenta.
La semana de vacaciones pasó muy rápidamente. Cuando todos estuvieron de vuelta, no había otro tema de conversación que la fiesta del sábado por la noche. Todos estaban muy emocionados, hasta James, aunque no lo demostrara. Y finalmente, llegó el día esperado.
