N/A: Gracias bebé. *Se arrima a súper Cyndie*
Disclaimer: Nada de Harry Potter me pertenece, ni los personajes de los libros o de las películas. No gano dinero por escribir esta historia. Todo pertenece a J.K. Rowlling, Bloomsbury books, Scholastic Inc., Warner Brothers y demás implicados.
N/T: Me entusiasmé y por eso actualicé tan aprisa xD
Cari, una vez más gracias por el beteo. Eres adorable.
Wiki, insisto, te escribiré perversiones por montones.
Harry no creía nunca haber sentido tanta ternura por otro ser vivo como la que sentía por Draco en ese momento. El hombre de cabellos rubios parecía haberse roto por completo. Se mostró totalmente aterrado ante Dobby, de todas las cosas, y Harry no podía evitar preguntarse qué debió haber experimentado para quedar tan asustado. Aunque, en realidad, no estaba seguro de querer saberlo, porque había visto el más puro horror en los ojos de Draco y eso había enviado escalofríos a su espina dorsal.
Necesitaba saber más sobre los Concubinos porque, a raíz de eso, el Draco que sostenía en sus brazos era muy diferente al muchacho que él recordaba.
Harry los guió a ambos hasta llegar al centro de la cama y depositó a Draco, acurrucándolo a su lado. Le acarició el rubio cabello mientras le susurraba con dulzura. En cosa de minutos el joven herido estaba nuevamente durmiendo.
Finalmente, Hermione calmó a Dobby lo suficiente como para que éste dejara de golpearse la cabeza contra el pilar de la cama, por lo que Harry estuvo infinitamente agradecido. Había convencido al elfo de que fuera a buscar un poco de té y luego se sentó en la cama al lado de Harry y Draco.
—Está demasiado pálido, ¿no crees? —Se levantó para tocar al joven rubio, pero se detuvo y retiró la mano, poniéndola nuevamente sobre su regazo. —No me quiero imaginar lo que ha tenido que pasar.
Se mordió el labio. Era desconcertante para Harry ver a Hermione tan insegura.
—Yo… eh, le prometí a Molly que regresaría. Necesita ayuda con la fiesta que está planeando para mañana… ya sabes, para celebrar. Le preguntaré acerca de los Concubinos. Y a Arthur, ellos sabrán más y no se reirán. —Su rostro se ensombreció mientras agregaba. —Y tendré unas cuantas palabras con Ron. Volveré más tarde, Harry. Tú también deberías descansar un poco.
Se inclinó sobre Harry y le dio un afectuoso beso en la mejilla.
—Eres un buen hombre, Harry Potter, me alegra mucho que seas mi amigo.
Con eso, se levantó y salió de la habitación.
Draco soltó un suspiro en sueños y gimoteó, y el corazón de Harry se apretó por la tristeza. Él mismo suspiró, extendió las piernas hasta quedar estirado al lado de Draco, así estaba más cómodo mientras apoyaba la cabeza en la almohada. Después de lo que pareció una eternidad, simplemente permaneciendo ahí tirado mirando el techo, Harry se quedó dormido.
Cuando Draco despertó, no estaba seguro de dónde se encontraba, pero definitivamente tuvo un Dèjá Vu. Mantuvo los ojos cerrados porque si se trataba de un sueño, era uno realmente bonito y agradable, donde se sentía seguro, cálido y cómodo. Sí, debía ser un sueño, ya que no había nada en la vida de Draco que hubiese sido seguro, caliente y cómodo durante mucho tiempo. Pero no se iban, el sentimiento de seguridad o el brazo que sentía que lo estaba envolviendo. Suspiró para sí mismo con satisfacción.
Entonces, quien estaba abrazándolo dejó escapar un suave ronquido y Draco abrió los ojos rápidamente. ¡No era un sueño! De verdad estaba siendo abrazado… Por Harry Potter, de todas las personas. Lo que debía significar que Voldemort de hecho estaba muerto y, por lo tanto, Draco ya no le pertenecía.
Miró hacia abajo, a su muñeca, en donde la marca de Voldemort había estado y, tal cómo lo recordó la noche anterior, había sido reemplazada por el rojo, dorado y verde de la cresta Potter.
Se estremeció.
No tenía frío, pero sabía que había sido transferido como propiedad y se preguntaba qué le deparaba el futuro ahora. Los últimos dieciséis meses, más o menos, le habían enseñado a Draco que era inútil desear algo. No podía hacerlo y, sin embargo, en el fondo tenía la esperanza de que Harry tal vez, sólo tal vez, fuera ocasionalmente como la noche anterior.
Miró el rostro de Harry, sólo para descubrir que le sonreía. Descansó su cabeza en el hombro del hombre de ojos verdes y éste lo abrazó más fuerte.
—Hola, —dijo Harry— ¿cómo te sientes hoy?
Draco se sorprendió. Era la primera vez que le preguntaban algo así y realmente querían escuchar una respuesta. Había ocurrido hacía tanto tiempo que, en realidad, no podía recordar la última vez que sucedió. A menudo, cuando alguien le hablaba era para maldecidlo o para llamarlo con nombres groseros. Abrió la boca para responder e inmediatamente se dio cuenta que no podía. Cerró la boca con pesar.
Harry observó todo lo que estaba aconteciendo en ese momento.
—Draco, —habló suavemente, tanto que el rubio hizo una mueca de dolor por lo inesperado de la situación— ¿no puedes hablar?
El aludido sólo sacudió la cabeza.
Harry miró tristemente a Draco y éste se dio cuenta que nunca había notado lo expresivo que podía ser el Gryffindor con su rostro. Quizás era por la ausencia de las gafas o tal vez era el hecho que nunca había estado tan cerca del héroe del Mundo Mágico; no desde que eran niños, de todos modos, y en ese entonces estaban más concentrados en hechizarse el uno al otro hasta la inconsciencia.
—Oh… eh… uhm… Bueno… No sé muy bien qué hacer ahora. —Dijo y luego se mordió el labio nervioso, mirando en todas direcciones. Draco no podía ayudarse a sí mismo, sólo sonrió.
Y luego, Harry sonrió también. Le preguntó a Draco si tenía hambre o sed y cuando éste asintió, se sentó y sirvió un poco de té que estaba en una maltratada tetera de plata que apareció de la nada sobre la mesita, junto con un plato lleno de panecillos. Se sentaron uno al lado del otro en la grande y vieja cama de madera y bebieron y comieron en un cómodo silencio.
Más tarde, Harry preparó la tina con agua caliente y burbujas y dejó que Draco disfrutara del aislamiento del baño. Le facilitó una toalla y una raída bata de baño y le dijo que lo encontrara en la cocina cuando terminara.
Era maravilloso.
Draco se hundió en la bañera y dejó que el agua caliente se filtrara por sus huesos. Harry no había ni siquiera permanecido cuando Draco se sacó el pijama. Le había dado privacidad, respeto. Lo llamó por su nombre y no utilizó ningún adjetivo anglosajón. Le había dejado dormir en una cama y beber una taza sopa y el rubio no podía creer lo normal, lo humano, que eso lo hizo sentir. Pero después, él mismo se reprendió porque no era humano, ¿verdad? Y no debía pensar como uno –porque se volvería loco.
En cambio, se dedicó a lavarse y relajarse en el calor, gracias a la soledad de la que disfrutaba y al placer de estar limpio y tranquilo. Luego, se envolvió a sí mismo en esa gloriosa bata y bajó las escaleras para saludar a su nuevo amo, como éste le había dicho.
Cuando Draco bajó las frágiles escaleras en esa acolchada bata, los olores más deliciosos llegaron hasta él. Tocino, huevos, salchichas y café. Café fresco. Se sintió triste nuevamente; se preguntaba qué comería él. Si tenía suerte, quizás Harry le dejaría comer un trocito de salchicha. Draco amaba las salchichas; se encontraban dentro de sus comidas favoritas. Su padre había despreciado sus gustos y trató de hacer su paladar más refinado, pero las salchichas seguían siendo su vicio secreto. Se recordó a sí mismo que su nuevo amo no sabía esto, así que no lo trataría de torturar con ese delicioso aroma.
Había estado parado en la puerta por unos minutos cuando Harry se dio cuenta de que estaba ahí. El hombre de cabello oscuro había estado ocupado quebrando huevos, friendo tocino y silbando para sí mismo mientras cocinaba. Sonrió cuando vio a Draco.
—Pensé que podrías sentarte en el sofá a comer. —Dijo con otra sonrisa. —Las duras sillas del comedor no son cómodas y, en el mejor de los casos, con el tiempo lastiman… —Se quedó callado, luciendo algo triste. —Como sea, he preparado una bandeja para ti.
Las rodillas de Draco colapsaron debido a la sorpresa que le dio la declaración y cayó pesadamente al suelo.
Harry tiró la espátula, que estaba blandiendo, rápidamente. Tomó a Draco y lo sentó de manera suave en el maltratado Chesterfield, un sofá que estaba en una de las esquinas de la extensa cocina.
—¡Oh Merlín, Draco! ¡Me asustaste! ¿Estás bien?
Draco estaba sorprendido, tanto que ni siquiera pudo hacer asentir o negar. ¿Harry le había preparado una bandeja? ¿Quería que se sentara en el sofá?
Finalmente, se recompuso a sí mismo lo suficiente como para asentir y Harry, todavía mirándolo con cautela, regresó a la cocina y al desayuno que estaba preparando.
Draco estaba tratando de no llorar. Harry iba a alimentarlo e iba a hacerlo con comida adecuada, del tipo que comía antes de pertenecer al Señor Oscuro. Había suficiente desayuno para más de dos personas y Harry la servía en dos platos y vertía café en dos tazas. El joven Concubino miraba de manera incrédula como su nuevo amo ponía una porción a un lado y llevó la otra, sonriendo, hasta ponerla frente a él.
Draco casi no podía comer. Había estado semi-consciente la noche anterior, por eso apenas pudo notar que Harry le dio sopa. Pero, ¿esto? Esto era la alimentación adecuada, tal como solía comer en Hogwarts… hacía mucho tiempo atrás. Había un plato con golosinas apiladas a un lado, un vaso de jugo y una humeante taza de café negro, todos en una bandeja algo maltratada la cual tenía la imagen de una mujer usando un tubo de estufa como sombrero y unas floridas palabras que decían "Un regalo de Gales."
Harry volvió a la mesa.
—¿Quieres leche para tu café? —Preguntó y cuando Draco asintió regresó con más leche en una jarra que tenía forma de vaca. La leche salió de la boca de la vaca.
Draco agrandó nuevamente los ojos.
Harry rió.
—Es horrible, ¿verdad? —Volvió a reír. —Hubo una batalla aquí, en Grimmauld place, hace unos meses atrás. Pettigrew fue asesinado. —Harry escupió el nombre como si éste le dejara una sensación desagradable en la boca. —Muchas cosas se rompieron y se arruinaron; entonces Molly Weasley y yo fuimos a una liquidación muggle y compramos cosas para reemplazar lo destruido. Tuve que vivir de muebles prestados. El sofá Chesterfield era del hermano de Dumbledore; se comía a la gente cuando llegué y tuvieron que golpearlo con un bate de cricket hasta que los escupió. Bill Weasley finalmente lo reparó. Es un excelente rompedor de maldiciones.
Draco estaba tan sorprendido por el balbuceo y la peculiar historia de Harry que dejó salir una risa. Fue una pequeña risa, muy pequeña en la escala de las risas, pero la cara del hombre de cabello oscuro se iluminó e hizo una profunda reverencia.
—¡Me alegra que te haya divertido, pequeñuelo! —Dijo imperiosamente.
Draco río de nuevo, sólo que ahora fue un poco más fuerte y duró un poco más que la risa anterior. No sabía que podía reír. Esa fue otra cosa que los hombres del Señor Oscuro, aparentemente, no le habían quitado. Tal vez pensaron que no tenía sentido quitársela, de todos modos no la usaría… y por mucho tiempo así había sido.
Harry estaba masticando y hablando muy aprisa. Tenía la boca llena la mitad del tiempo y gesticulaba salvajemente con su tenedor, señalando varios objetos peculiares que había alrededor de la sala y entusiasmó a Draco con su historia mientras se sentaban y disfrutaban sus desayunos juntos.
Draco permaneció apoyado en el sofá, con la bandeja balanceándose en sus rodillas, ¿pero Harry? Él estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, con la bandeja en su regazo. Draco estaba sorprendido.
¿Harry fue siempre así? ¿Tan relajado? Draco había pensado que estaba atrapado en Hogwarts, lleno de arrogancia, por su estatus de celebridad. Pero éste Harry era tan diferente a la manera en la que Draco lo imaginó. Ni siquiera había mencionado el hecho de que hubiese matado a Voldemort la noche anterior. No hizo que se sentara a sus pies, no lo había tratado como un animal, o como una posesión. Lo dejó sentarse en el sofá, le dio una bandeja con comida y lo estaba tratando como una especie de igual. Draco no entendía nada en absoluto.
Todos aparecieron al mismo tiempo por la red flú, Hermione, seguida de cerca por Ron Weasley, uno de sus hermanos, Arthur Weasley, Poppy Pomfrey y Severus Snape.
La aparición de tantas personas a la vez le provocó a Draco tal conmoción que se le cayó la bandeja, tirando el tibio café y los restos de desayuno por todo el suelo. Atónito por el desorden que había causado, y tan rápido como le fue posible, bajó las rodillas entre los escombros, puso su frente en el piso y esperó el castigo por su crimen.
Harry estaba empezando a relajarse por el hecho de estar sentados comiendo juntos. El ver intensamente revivida la sonrisa del muchacho, le dio la esperanza de que el viejo Draco pudiera estar acechando en algún lugar de esa aterrorizada criatura. Pero la frágil normalidad que habían establecido fue destruida en cuestión de segundo ante la llegada de los demás. Draco estaba en el suelo en esa sumisa posición, evidentemente esperando un castigo. Por un segundo Harry gruñó de desesperación. Le dirigió una mirada a Hermione, pero ella no necesitaba que le dijera nada, estaba ocupada guiando a un sorprendido grupo de visitantes al cuarto.
Harry se acercó y puso la mano sobre el hombro tembloroso y delgado del hombre frente a él y se desesperó cuando Draco se estremeció ante el contacto.
—Está bien, Draco —dijo amistosamente. Lo acarició de manera suave, paseando de manera cuidadosa su mano en movimientos circulares a lo largo de la parte superior de su espalda. —No te haré daño, nadie lo hará. No aquí, estás a salvo.
Poco a poco el temblor cesó, Draco levantó la cabeza y le echó un vistazo a través de su cabello rubio, casi blanco. Pero luego, Hermione y Poppy Pomfrey volvieron a la habitación y la cabeza de Draco bajó directamente al suelo y los temblores se incrementaron nuevamente.
Hermione estaba blanca y sus labios se estrecharon en ira. Madam Pomfrey estaba temblando de, con lo que Harry interpretó, furia. Ambas se acercaron a los jóvenes. Hermione se sentó cautelosamente en el borde del sofá, pero el hechizo de la medibruja mandó lejos todas las cosas rotas que rodeaban a Draco y luego se arrodilló a su lado. Hablaba en tonos suaves, como si estuviera tratando de calmar a un animal herido. Reemplazó la mano de Harry en la espalda del muchacho rubio y continuó susurrándole que sólo quería examinarlo, que estaba todo bien y le prometió que no le haría daño. Harry se levantó y apartó cuidadosamente y se sentó con Hermione en el sofá; la cual se arrimó a él y apretó su mano.
Harry tenía ganas de llorar y podía sentir cómo las lágrimas se formaban en sus ojos –de nuevo. ¿Qué le estaba pasando? No había llorado en años y Draco lo hacía lagrimear dos veces en el espacio de un día. Lo que había sucedido con el muchacho estaba tan alejado de sus experiencias que no sabía qué hacer para mejorarlo. Oh claro, había conocido la crueldad y el abandono siendo niño, ¿pero esto? Cualquier cosa que le hubieran hecho a Draco era tan monstruosa que Harry no podía creer que fuese cierta.
—Señor Potter —Miró a Madam Pomfrey, quien estaba expectante. —Draco está petrificado. Tiene que ordenarle que me deje examinarlo.
Harry se horrorizó.
—¿Qué quiere decir con ordenarle? ¡No puedo hacer eso! No puedo decirle qué hacer.
—Puedes y debes, Harry —Respondió la medibruja gentilmente—, si es un Concubino, como dice la señorita Granger, y a raíz de que mataste a Voldemort, me temo que Draco está ciertamente atado a ti. Está obligado a hacer lo que le digan y necesito examinarlo. Puedes ver por ti mismo que está muy delgado. También tiene graves heridas que necesitan atención inmediata.
Harry tragó con fuerza. La sugerencia era monstruosa –que Draco haría cualquier cosa que él le ordenara hacer. ¿Qué pasaba si le ordenaba meter la mano al fuego o algo así? ¿Entonces qué? ¿Qué tenía que hacer Draco? ¿Tendría que hacerlo?
Pero sabía que la medibruja tenía razón, Draco necesitaba tratamiento. Fijando sus ojos en el asustado joven, Harry recordó las heridas que había visto la noche anterior y el hecho de que lucía casi demacrado y muy pálido, que su cabello ya no brillaba saludablemente, que tenía círculos muy oscuros bajos sus ojos, y los cuales, probablemente, permanecerían allí.
Cuando habló su voz sonó seca y rasposa.
—Eh… Draco… Uhm… Madam Pomfrey necesita examinarte. Eh… ¿Podrías pararte y dejarla hacerlo, por favor?
Aun cuando Harry había formulado la orden como una pregunta, Draco obedeció. Se puso de pie. Había sangre en su frente. Debió haberse cortado con fragmentos de algún vidrio roto o porcelana, pero no se había dado cuenta. Se sentó sobre sus talones y dejó que la sangre goteara hasta sus ojos… Ojos que habían muerto de repente, indiferentes.
Harry no creía poder soportar eso. Se puso de pie para marcharse, pero los ojos muertos de Draco siguieron sus movimientos y sólo por un momento hubo una chispa de algo que le pareció a Harry una petición. Así que él y Hermione se quedaron mientras Draco era examinado.
Vieron a Poppy Pomfrey pasar a Draco al lado de la mesa del gato y deslizar la bata de baño por los delgados hombros hasta exponer su desnudez –piel pálida cubierta con numerosas contusiones y hematomas. Cuidadosamente, comenzó a curarlo. Frotaba una poción en crema en las contusiones y murmuró un hechizo mientras recorría con su varita mágica las heridas abiertas. Cuando estuvo satisfecha con los resultados, hizo que el muchacho rubio se agachara y comenzó a trabajar en la parte inferior y en sus muslos. Todo esto mientras Draco era complaciente, aparentemente despreocupado por estar desnudo frente a ellos. Fijó su mirada en el suelo y dejó que la medibruja siguiera el camino que quisiese seguir.
Cuando la examinación y la curación terminaron, Draco se acurrucó en el sofá ante la petición de Harry. Había una gran manta azul doblaba en el respaldo del mueble y Harry la utilizó para cubrir a Draco. A pesar de que el muchacho se había puesto la bata de baño, todavía temblaba por el largo y espacioso tiempo que pasó desnudo en la fría y húmeda cocina.
—Todo está bien ahora, Draco, de verdad lo está. —Le dijo Harry de manera suave. —Nadie te hará daño aquí, nunca más. No los dejaré. No entiendo esta cosa de los Concubinos; no lo entiendo para nada. Sin embargo, si estás vinculado a mí, te prometo que no te dañaré o te haré hacer algo que no quieras o que sea doloroso.
No sé qué te pasó Draco, pero puedo ver por mí mismo que debe haber sido terrible para dejarte en estas condiciones. Sin embargo te mejorarás; te haremos mejorar y entonces podrás ser más parecido a tu antiguo yo, tener una vida normal y todo.
Draco lo miró, su rostro pareció envejecer por el dolor. Había escuchado atentamente y cuando Harry dijo que sería normal de nuevo sacudió su cabeza lentamente, como si toda la miseria del mundo se hubiese asentado en su corazón.
—¡Oh, Harry! —Dijo Hermione, quien parecía infinitamente triste. —No puedes prometerle eso. No puedes decirle que volverá a ser normal, porque no lo hará. Pregunté acerca de los Concubinos; le pregunté a Arthur y Molly y al profesor Snape. Ellos no se rieron como Ron. Están aquí para verlo y darte su apoyo; pero las cosas han cambiado para Draco ahora y no serán las mismas de nuevo. Iré por ellos. Tienen que explicarte; así lo sabrás, de esa manera lo entenderás. ¿Estarás bien si los traigo, Draco? No están aquí para hacerte daño, te lo prometo.
Draco la miró afectado. De su rostro desapareció el color y comenzó a temblar de nuevo.
—No. —Dijo Harry —No creo que esté listo, ¿lo estás, Draco? Hermione, tú y Madam Pomfrey, llévenlo arriba. —Miró al frágil hombre, nuevamente con cuidado y ternura. —Confías en Hermione, ¿verdad? Sabes que no te hará daño.
Draco se había congelado de nuevo, pero cuando Harry apretó su hombro buscando una respuesta, asintió. Hermione tomó con cuidado la mano del muchacho rubio y éste se levantó lentamente. Harry notó que Draco no llevaba zapatos. Frunció el ceño y llegó a la conclusión de que Draco no sólo necesitaba dormir, sino todo un guardarropa nuevo, incluyendo zapatos apropiados. Asintió imperceptiblemente a sí mismo y reconoció que tendría que organizar algo, y pronto.
Cuando Hermione iba a llevar al muchacho rubio, Harry los detuvo. Se sentía abrumado por la ternura del otro hombre y lo envolvió en un gentil abrazo. Estaba tratando de tranquilizar a Draco, de hacerle saber que lo cuidaría y protegería. Fue entonces cuando se dio cuenta de que el muchacho había crecido durante la noche. Incluso sin zapatos superaba la altura de Harry – cuando sólo ayer le llegaba a la barbilla. ¿Cómo podía suceder eso? Sintió que ése era otro misterio que tendría que examinar detalladamente más adelante.
Draco se sentía tan frágil presionándose contra él de ese modo y Harry confortarlo, ¿quizá devolverle la confianza en sí mismo? Besó la frente del muchacho, sonriéndole ampliamente a esos ojos de plata una vez más.
—Cualquier cosa que digan, Draco, tú estás a salvo conmigo. Jamás te lastimaré y tampoco Hermione o Madam Pomfrey. ¿Confías en mí en esto?
Draco sostuvo su mirada fijamente y esta vez no se estremeció. Después de lo que pareció una eternidad asintió y un pequeño amago de sonrisa jugueteó en sus labios.
Una vez que ambos se marcharon, Harry se sintió exhausto. Habían sido sólo unas horas las que pasaron desde que derrotó a Voldemort y apenas había dormido. Agradeció la reunión que convocó Hermione y le dio una mirada de aprobación cuando ella abandonó la habitación, se dio cuenta al mismo tiempo que probablemente ella tampoco había dormido mucho. ¿Alguno de ellos lo había hecho? Respiró profundo y se dirigieron hacia la sala para reunirse con el profesor Snape y los Weasley.
Y eso es todo por hoy.
Ojalá les haya gustado. En el próximo capítulo verán a Harry sacar a relucir ese "lindo y apacible" carácter que tiene.
Trataré de actualizar seguido, lo prometo.
