Claim: Christopher Arclight/Tenjo Kaito.
Notas: Pre-series.
Rating: T.
Género: Romance/Angst.
Tabla de retos: Te...
Tema: 03. Te amo.


Haruto observa el rostro de su hermano mientras éste le acomoda la bufanda, dando vueltas y más vueltas a su superficie plateada como la luna. Aunque se siente un tanto incómodo por la gran cantidad de prendas que lleva encima, al menor de los Tenjo no le pasan desapercibidos ciertos cambios en el rostro de su hermano mayor, que no puede atribuir a la edad totalmente aunque ésta tenga que ver, pues no es su reciente cumpleaños número 15 el que trae temblorosas sonrisas a sus labios, aunque haya afilado su rostro solo un poco; ni mucho menos la montaña de regalos que le dio su padre la que lo hace feliz todos los días. Tiene que haber otra razón, aunque por el momento no sepa dónde buscarla.

—¿Estás listo, Haruto? —inquiere Kaito cuando se separa de él, dirigiéndole una mirada apreciativa. Le ha ayudado con los guantes, la bufanda y la chamarra, más listo no podría estar, pero Kaito no puede evitar cierto dejo protectivo, pues además de ser su hermano menor, Haruto también es bastante frágil.

—Sí, hermano —como para demostrarle que no le pasará nada, el niño sonríe, agitando los brazos, burlándose del hecho de que parece forrado de ropa—. Pero, ¿a dónde vamos a ir? —no es normal que Kaito decida salir en pleno invierno, en donde las tardes de los dos hermanos se resumen a estar frente a una chimenea, leyendo cuentos o viendo televisión. Haruto sabe que su hermano lo hace por él, eso de quedarse en casa y aburrirse, por eso el súbito cambio lo confunde sólo un poco, pues la emoción es más fuerte que ningún otro sentimiento en él.

—A las afueras de la ciudad, ¿recuerdas el bosque donde solíamos cazar mariposas? —cuando sus ojos dorados se iluminan, gracias a los recuerdos que se agolpan en su cerebro, Kaito no puede evitar sonreír. Puede que su salud se haya deteriorado y que muchas cosas sean diferentes ahora, pero en esencia Haruto sigue siendo su hermanito y él sigue queriendo hacerlo feliz—. ¡Ah! —dice el rubio, quien anuda su bufanda con rapidez, dándole poca importancia. Acaba de recordar algo importante—. Chris va a venir con nosotros, no te molesta, ¿verdad?

—¿Chris? —Haruto ladea la cabeza, recordando al muchacho que siempre anda con su hermano, que se ha convertido en su compañero inseparable desde hace casi un año y que siempre que puede, le cuenta historias extranjeras cuando lo encuentra solo—. No, claro que no, ¡qué bueno que venga, hermano!

—Muy bien, entonces espérame en la sala de estar, en un momento te alcanzo —una nueva sonrisa tiembla en sus labios y desaparece tan misteriosamente como inició y aunque Haruto la ve, no comenta nada al respecto. Es apenas un niño y tiene vagas ideas con respecto a lo que sucede a su alrededor, pero si su hermano está feliz, eso debería de ser suficiente para él.

—¡Apresúrate, hermano! —es lo último que dice antes de salir de la habitación, lleno de emoción por su próximo paseo bajo la blanca nieve.

.

—¡Apresúrate, hermano! —la voz de Haruto hace eco entre los árboles, creando la ilusión de la proximidad, sin embargo, el niño está a varios metros de distancia, corriendo entre árboles cuyas ramas parecen arañar el cielo, tan frío y blanco como el invierno que los rodea.

—¡Ten cuidado, Haruto! —responde Kaito, ahuecando las manos alrededor de sus labios para hacerse oír sobre el murmullo del viento, cuya frialdad logra que sus mejillas se tiñan de rojo junto con su nariz.

—Estará bien —asegura Chris, al que no le pasa desapercibida la preocupación en los ojos de su interlocutor—. No hay nada aquí salvo árboles y nieve Kaito. Y si pasa algo, lo escucharemos. A veces traía a Thomas y Mihael aquí, así que conozco el área a la perfección. ¿Me crees?

—Lo hago, Chris —Kaito lo mira de reojo, sintiéndose súbitamente avergonzado. No quiere parecer un niño asustado ante él, pero Haruto lo es todo en su vida, él, su felicidad y... Chris se ha puesto más alto, ahora que lo nota. Mientras siguen su recorrido en silencio, admirando los copos de nieve que caen del cielo y las huellas del menor de los Tenjo en el suelo, por fin cae en cuenta de la altura del otro, apenas unos escasos 5 centímetros que prometen ser más. Quizá después de todo, Haruto ya no lo es todo para él y el pensamiento lo asusta.

—¡Hermano! —el grito le paraliza el corazón, dejándolo tan helado como el entorno que lo rodea. De pronto, el lugar pierde su belleza, ni el suave brillo de la nieve ni el ulular de los pájaros tiene ya ningún sentido para él nada más escucha gritar a su hermano con tono alarmado.

—¡Haruto! —Kaito no duda ni un instante en echar a correr en dirección hacia Haruto, guiándose sólo por el sonido de su voz, apenas un mero eco en el gélido espacio. Chris no trata de detenerlo, sino que se une a su búsqueda y tras lo que parecen largas ahoras, aunque apenas son minutos, ambos alcanzan al pequeño, que ha llegado a la superficie congelada de un lago y se ha detenido a observarla, maravillado. No hay ningún peligro a la vista, sólo un paisaje detenido en el tiempo y un malentendido que hace suspirar a Kaito con gran alivio.

—Mira, hermano, ¿no es bonito? —las sombras de los árboles se reflejan en su superficie congelada, casi blanquecina, al igual que el cielo, creando un espejo perfecto. Kaito asiente inmediatamente.

—Sí, lo es —luego se deja caer, más exhausto por la preocupación que por su carrera por el bosque, surcando bancos de nieve, ramas caídas y raíces por igual. Poco le importa el que su larga chamarra se llene de nieve, de vez en cuando, no le hace mal un descanso. De su preocupación por su hermano, rayana en lo obsesivo, de sus propios miedos y obligaciones. De todo y todos por igual.

Cuando Haruto se cansa de mirar el paisaje, similar al de diversos cuentos de hadas que ha escuchado en el transcurso de su vida, sus ojos dorados buscan a su hermano, sólo para encontrarlo semi-oculto entre los árboles, sentado junto a Chris y con el rostro cubierto, escondido por el ángulo en el que se encuentra. Está a punto de llamarlo de nuevo cuando ve que Chris se le acerca y sus rostros se vuelven uno durante unos instantes, congelados en el tiempo como ese paisaje de fueras de la ciudad.

—¡Hermano! —grita cuando se separan y sus sospechas se vuelven realidad al ver a Kaito sonreír. Es Chris quien le hace feliz.