BNHA le pertenece a Horikoshi-sensei
Espero y sea de su agrado
MY BROKEN HERO
The side story of Ground Zero
[Capítulo 1]
Días rotos
…
Los días de Bakugou Katsuki comenzaban a partir de las 5 am., era levantarse sin necesidad de una alarma, lavarse los dientes rápidamente –eliminando todo rastro de bacterias–, cambiarse el pijama mientras ve detenidamente su reflejo en el espejo de la habitación, observando las cicatrices en su brazo derecho ocasionada aquel día; sus mañanas siempre eran ir a sacar a Murderface a correr por media hora y después de que Murderface se cansara, Katsuki regresaba a su domicilio y tomaba una breve ducha para después vestirse con la ropa requerida para su trabajo, un pantalón de mezclilla y una playera blanca, nada más. Con tiempo de sobra, bajaba las escaleras y se dirigía a la cocina donde su padre y madre lo esperaban para tomar el desayuno. Su madre hablaba eufórica por teléfono mientras que su padre tomaba diligentemente de la taza de café con crema irlandesa y a su vez, leía el periódico. Su padre levantaba la mirada para verlo y sonreírle como siempre lo hacía todas las mañanas y lo invitaba a tomar asiento.
Katsuki gruñía fastidiado en respuesta, pero esperaba paciente el plato de comida que su madre le depositaba en la mesa y sin decir gracias a cambio, comía del plato tan rápido como podía. Mitsuki, su madre, lo golpeaba en la cabeza, diciéndole que comiera con más calma, que un día de estos se iba ahogar con la ensalada de huevo y el arroz. El rubio cenizo haciendo muecas comía con más calma, viendo en el cartón de la leche los anuncios de niños y adolescentes desaparecidos, así como otro tipo de anuncios de la captura de villanos o algo relacionado con el mundo heroico.
Zumbido en sus oídos, ruidos internos provocando un fugaz vértigo. Hace mucho tiempo que no puede concentrarse y dormir tranquilamente.
Su otorrinolaringólogo le advertía que esos molestos ruidos se debían a su barotrauma en el oído derecho de hace dos años, aunado a su hipoacusia que sufría desde adolescente.
Siempre había podido lidiar con esos ruidos cuando adolescente, pero ahora era más difícil de soportar. En medio de los incesantes zumbidos, Katsuki se preguntaba por qué.
Todas las mañanas como ésta, antes de dejar el plato en el lavadero y lavar los trastes en silencio, Bakugou inspeccionaba la llave del lavabo por largos segundos, con los pensamientos perdidos en su primer día después de salir del reclusorio. Aquel día en la que a pesar había salido de una injusta condena, los medios seguían buscando cual perros en su basura, ladrando preguntas que comprometían la honorabilidad de sus propios padres, preguntas que involucraban con su temperamento y es absurda posibilidad de convertirse en villano. Tan deseada por los críticos y expertos en el tema.
Era más divertido imaginar que un héroe marginado e infame como él terminara como un villano. ¡Qué espectaculares títulos en los periódicos habría! ¡Qué historias para los mass media de todo el mundo se escucharían! Sin duda, un negocio muy rentable, aun a costa de Bakugou que al llegar por primera vez a su casa pudo comprender lo que aquel bastardo recluso le había dicho.
Las constantes aseveraciones de que si nadie lo vigilaba pronto terminaría en las filas de los villanos, pero, ¡oh!, su nombre ya figuraba con ellos.
El mundo se le venía encima, su sentido de orientación en un desajuste hacia que las paredes y techos se moviesen alrededor de él incesantemente, mareo profundo y unos zumbidos atronadores dejándole sordo por escasos segundos, su brazo derecho temblaba, rastros de sus pasadas heridas habían provocado en él un tic involuntario desde su codo a su muñeca. Litros de sudor caían de sus patillas y sus manos mojadas retraían una y otra vez sus mechones rubios hacia atrás. Un episodio de ansiedad tal vez.
Contenía su rabia o sólo sus primitivos instintos de arrojarse salvaje contra la horda de reporteros y volarles sus cabezas y arrancar con sus manos aquellas lenguas que no dejan de despotricar contra él y su familia.
¿Cuánta distancia hay entre un infractor de la ley y un villano? ¿O son casi lo mismo?
Katsuki se hacía preguntas inútiles, preguntas que sólo un ocioso analista haría, ¿en dónde estaba la radical diferencia entre estar en la cárcel por un crimen si los proclamados 'villanos' fueron encerrados por lo mismo, por cometer un crimen o romper la ley? Cerró las cortinas, su padre se había quedado a hablar con los reporteros, su madre escuchaba tras la puerta las inútiles preguntas que le hacían a su esposo y furiosa, rasgaba la puerta.
Los reporteros preguntaban:
–Sr. Bakugou, ¿qué futuro le puede deparar a su hijo, exhéroe Ground Zero?
–¿Qué ha dicho la agencia que contrató a su hijo? ¿Sabe por qué motivo no han remitido ningún comunicado?
–¿Es el fin de su carrera? ¡Muchos no lo quieren en la calle!
–Hace unos días el aclamado héroe DEKU ha dado una entrevista para hablar del tema de la acción heroica y sus medidas, ¿usted qué piensa? ¿Cree conveniente que el fin justifique los medios brutales usados por su hijo para derrotar y matar al villano en cuestión?
Masaru miró en silencio con sobria faz al reportero, y escuchó atento las siguientes preguntas aun cuando lo único que quería hacer era darse la media vuelta, entrar a su casa y cerrarles la puerta en las narices e ir junto con su esposa e hijo.
–Las agencias de Ikebukuro y de Kanegawa han emitido una resolución, y exigen 740 horas de trabajo comunitario, además de la multa de 106.000.000* de yenes impuesta en el veredicto, pero ¿él está en condiciones de salir a las calles?
–¿Qué hay de la terapia psiquiátrica? Se dice que el psiquiatra encargado renunció a pocos meses de tratarlo.
–¿Es mentalmente estable? ¿Qué hay de la pelea que tuvo con un recluso, pelea que le costó otros meses en el reclusorio?
Masaru tragó la saliva lentamente y sin desviar la mirada de las cámaras, respiró hondo. Los camarógrafos enfocaron el bigote de la cabeza de la familia, los reporteros acercaron con prontitud los micrófonos, expectantes, pero Masaru optó por un largo silencio e inclinando su columna velozmente en 90 grados, pidiendo perdón por los errores cometidos de su hijo.
Quedó suspendido en aquella incomoda postura por varios minutos, con los ojos cerrados y mordiéndose los labios.
La ráfaga de clics-clics de las cámaras automáticas no se hizo esperar, los flashes iluminaban el cuerpo del señor Bakugou y las voces increpantes no dejaban este momento de total sinceridad mostrarse como era. Un padre tomando las responsabilidades de su amado y problemático hijo, y si fuera necesario se arrodillaría frente de esos palurdos, no obstante, antes de que pudiera flexionar sus rodillas para tal misión, Katsuki salió de la casa azotando la puerta, capturando con mayor interés la atención de los reporteros, y con una faz tiesa de coraje tomó a su padre del hombro y lo obligó a enderezarse y empujándolo levemente para quitarlo del centro de las miradas de las cámaras que captaban en directo.
Mitsuki salió de la casa intentando detenerlo, pero como siempre, Katsuki era inalcanzable.
Ya en el centro de la mira, los reporteros decidieron callarse por primera vez, dispuestos a escuchar todo lo que el joven adulto tenía que decir, pero Bakugou simplemente frunció con más recelo el entrecejo y torció la boca en una mueca de desdén, y alzando más la frente –altanero como siempre– dijo con fuerte tono:
–¡Aun estoy en pie! – haciendo una gestadura con las manos que no dejaban de sudar. – Sépanlo imbéciles.
Los reporteros sonrieron satisfechos. Como siempre, sólo podía pensar en él y eso era suficiente para los espectaculares de los noticieros, y durante 12 horas consecutivas, el hashtag de #GroundZero sería trendy topic en Twitter, tanto en Japón como en Corea del sur, Taiwán y parte de China.
Ese día hubo de qué hablar.
Bakugou abrió la llave del fregadero y comenzó a fregar los trastes con la esponja que tenía a su lado, sin dejar una mancha o mal olor. Fregó rápido los platos y las tazas, acarició con el pie izquierdo a Murderface que fue a su lado en compañía. Después de lavar y secarse las manos con la toalla, se dirigió al plato de Murderface y lo llenó de croquetas para gatos, puesto que una ocasión su madre se había equivocado en el mall, pero a Murderface le gustaron mucho más que las croquetas para perros así que Katsuki optó por seguir comprando de esas marcas gatunas.
Subió las escaleras y entró a su habitación nuevamente para coger su mochila y pasando una fugaz mirada por el espejo, bajó las escaleras y acariciando a Murderface de camino mientras éste se atragantaba con las croquetas, siguió su camino hacia la salida.
–¡Regreso! – gritó desde umbral de la puerta, advirtiéndole a sus padres su partida al trabajo. Masaru devolvió una cálido 'Ve con cuidado' desde la cocina mientras que su madre lo alcanzó y colgando el teléfono, cogió las llaves del automóvil de la entrada, apresurada.
–¡Cariño, me voy! – gritó por igual la apresurada Mitsuki, Masaru se limitó a reír entre dientes y le devolvió otro cariñoso 've con cuidado' y para ambos, agregó: 'No se metan en líos'. Ambos fruncieron el entrecejo y partieron fuera de la casa. Bakugou cerró la puerta y observó a su madre subirse en la camioneta negra. Tal vez una junta en la empresa de marcas textiles en la que ella se desempeñaba como ejecutiva de producción. Su padre, por otra parte, era un diseñador que trabajaba en casa creando nuevos modelos y pocas veces iba a la empresa a concertar junto su esposa nuevos contratos para las temporadas.
–¡Hey, nenaza lloricona! – llamó Mitsuki desde la ventana del automóvil. –¿Quieres que te deje en la estación? Voy de paso.
–No bruja, iré en la bicicleta. – respondió colocándose de brazos cruzados aun en el jardín de la casa.
–Sólo no llegues tarde, Katsuki. – advirtió con una filosa mirada.
–¡Mierda, ya lo sé! – respondió molesto, tomando la bicicleta de color negro y subiéndose sobre ella, emprendió su huida, dándole la espalda a su madre que iba en reversa para poder adentrarse en la calle. Mitsuki lo vio tras el retrovisor y su siempre tozuda faz cayó en una súbita melancolía, seguía siendo su hijo, pero desde hace dos años algo andaba mal con él.
Katsuki iba al trabajo todas las mañanas, de 9:00 am a 17:00 pm, un trabajo que pudo conseguir por los contactos de uno de los amigos de su padre; después del trabajo iba a las citas con el psiquiatra quien no paraba de recetarle antidepresivos como Luvox, Paxil y Zoloft (**). Recetas que Bakugou no seguía estrictamente, pues más de una vez Mitsuki lo había visto tirar aquellas pastillas en el lavabo. No hablaba de nada con ellos, ni se quejaba ni lloraba enfrente, ello no era de sorprender, su hijo tan terco como ella era de aquellas personas que callan lo que sienten, prefiriendo sufrir en silencio, avergonzados de su propia fragilidad, lleno de rabia por sus errores que consideraba no errores.
Cuando llegaba la noche, cenaban a veces tranquilos, usualmente discutían con alguien tirando la mesa y gritándose groserías en medio, Mitsuki activaba inconscientemente su quirk derritiendo alguna que otra carpeta de mesa, Bakugou sacaba pequeñas explosiones que hacían a Murderface esconderse debajo del sillón. Masaru miraba en silencio las constantes escenas para ponerse de pie y apagar las alarmas contra incendios, comentando que instalar tal programa había sido la peor inversión en su vida.
Bakugou terminaba tomando del perchero de la entrada su sudadera oscura y llamando a Murderface a que le siguiera, se iba de la casa a altas horas de la noche.
Mitsuki, tras pasar el arranque de ira, lentamente se sentaba sobre el suelo y comenzaba a llorar, sin poder llamar a Katsuki a que volviera. Cubriéndose las lagrimas del rostro con el dorso de ambas manos. Masaru corría para alcanzar a Katsuki pero cuando llegaba a fuera del patio, Katsuki apresuraba el paso para perderse en la esquina de una cuadra.
–¡No llegues tarde! ¡Katsuki, no preocupes más a tu madre!
Katsuki no lo escuchaba, no porque así lo quisiese sino porque a una determinada distancia, los sonidos lejanos eran imperceptibles para él.
Con la capucha puesta y a paso veloz, se diluyó junto con las luces de los automóviles al pasar. Murdeface fielmente seguía a su dueño, considerando que estas abruptas salidas en la noche eran parte del paseo que su amo le preparaba para despejarse y rondar por el parque del barrio, olfatear alguno que otro trasero canino que también paseaba a estas horas y correr como tropezar por la torpeza de su andar por sus largar orejas, en tanto, sentando en la banca del parque, encorvado y con la capucha cubriéndole los ojos, Katsuki desbordaba tenuemente gotas de agua salada que Murderface, ignorando a los otros perros o ardillas, subía a la banca y acercando la larga trompa lamía apresuradamente las mejillas rojas de su amo.
¿Su dueño se estaba rompiendo? Lamía haciendo ligeros lloriqueos perrunos, asustado y con un incesante movimiento de cadera.
Katsuki gruñía molesto y empujaba hacia atrás al perro salchicha, pero Murderface era igual de obstinado que su amo y con más fuerza se empujaba contra él y lamía todo el rostro, sacudiendo la cola y rasgando con sus cortas patas la sudadera. Bakugou a la larga dejaba de poner resistencia y dejaba de desbordar aquella sustancia liquida que tanto odiaba el can.
Murderface, sobre sus patas traseras y con las patitas en el pecho de Bakugou lo veía inquieto, cómo si le preguntara si estaba bien o qué hacía. Bakugou le sonreía a su vez temerario, su perro tenía completamente la razón: llorar era para maricas; y Murderface, viendo el momento oportuno, acercó el hocico y atrapó entre sus dientes la nariz rojiza de éste quien rápido dejó escapar un alarido, muy encabronado.
Al regresar a casa, su madre y padre le esperaban en la puerta y con una pequeña, casi imperceptible, sonrisa les pedía perdón. Mitsuki lo golpeaba como acostumbraba hacerlo y Masaru los abrazaba en conjunto. La vida de la familia Bakugou no era fácil ni mucho menos tranquila.
Por ello, Mitsuki cada vez que lo veía partir al trabajo su rostro se volvía más melancólico, ya han pasado dos años desde que Bakugou salió del reclusorio y la agencia que lo había contratado como héroe titular había cancelado el contrato y todas relaciones, inició una demanda contra él por usar el nombre de la agencia en aquel altercado que le costó la licencia. Todos los fanclubs se habían evaporado y si metías en el nombre del Ground Zero en el buscador sólo hallarías artículos, notas periodísticas y el famoso 'hate' del público en general, tanto en foros específicos como en grandes redes sociales. Ground Zero, un orgulloso nombre de héroe se había reducido a un infame nombre que como recomendados salían otros nombres de villanos que habían tenido un impacto en la sociedad esos años.
Mitsuki había entrado a merodear curiosa de saber qué opinaba la gente, pero lo único que encontraba eran comentarios que herirían hasta el más fuerte orgullo.
Mitsuki lo sabía, Katsuki nunca obtendría su licencia nuevamente. La carrera a la que dedicó años de trabajo y esfuerzo, su vida; el único sueño que lo hacía sonreír con esperanzas en aquellos ojos carmesí. Lo único que su hijo se aferraba a conseguir y pelear. Ese sueño estaba ya lejos de sus manos. Un sueño truncado.
Todo esto Katsuki también lo sabía, lo sabía mejor que nadie.
En su habitación con Murderface durmiendo en su regazo, Bakugou estudiaba el teléfono móvil, pasando con rapidez las notas de hace 2 años, los vídeos de sus más cercanos –y tal vez únicos– amigos defendiéndolo de las acusaciones de la que todavía era preso. Kirishima Eijirou había sido el más entusiasta, tanto que en una conferencia había llamado a los héroes a mostrar su rostro, aceptando que todos, como héroes y servidores de la seguridad pública, habían usado una fuerza contra otro individuo para detener la fechorías, que los héroes no eran dioses para salvar a todas las personas, que las pérdidas humanas son inevitables pero que aceptarlo era de verdaderos hombres, pero toda esa inútil defensa sólo había provocado que Red Riot comprometiera su nombre con la sociedad que no tardó en llamarlo apologista que lo defendía sólo porque era un amigo cercano; lo mismo había ocurrido con Kaminari Denki en una entrevista donde le hicieron una impertinente pregunta sobre el caso de su excompañero de generación y amigo, Kaminari al distinguirse por ser un sinvergüenza bufón dejó la cara de tonto y con una furiosa mirada respondió llanamente: 'los que no están en la tarea de héroes deberían mantener la lengua dentro de la boca, ustedes no saben nada'.
Uraraka no era la excepción, ella había ido al juicio de Bakugou y cuando un reportero le hizo una pregunta acerca del comportamiento del joven rubio en aquellos días escolares, la heroína de anti-gravedad dejó de mostrar aquella dócil y amable sonrisa y rectificó al reportero con mucha severidad, ella dijo: 'Héroe Ground Zero, refiérete a él con su nombre de héroe.' Y abandonó las cámaras con una Tsuyu que prefirió, por primera vez, guardar sus comentarios porque consideraba que en nada ayudarían, a ninguna de las partes. La heroína Tsuyu no dejaba de ser recta y sagaz. Otros habían hecho lo mismo que Tsuyu, sólo guardaron silencio. Sin tomar parte del asunto, siguieron su camino de héroes. Katsuki miró indiferente la pantalla y no agradeció nada. Estaba de más.
Bakugou miraba los videos de aquel día, una y otra vez. Guardaba los enlaces en su cuenta personal y recuperaba las imágenes de la zona destruida de Kento, lugar en dónde tuvo su enfrentamiento con el villano que perdió la vida bajo sus puños.
Nadie, hasta ahora, le ha preguntado por el cómo se dieron las condiciones que lo llevaron a tal punto de locura y violencia desmedida. Bakugou miraba una y otra vez el mismo vídeo. Obviamente había algo que no le gustaba, pero no era el hecho de que nadie investigara al susodicho villano, sino que ese día, esa tarde en Kento –un día libre de la labor heroica para un contrato publicitario–, en las limítrofes de la prefectura, Bakugou, sin nadie a su lado, vería cómo un villano eclipsaba en medio de la calle una posible catástrofe que tomaría más de 11 vidas.
Todo fue tan rápido, sus instintos de proteger a mayor número de personas se resolvieron en segundos, aquel villano lo miraba expectante casi burlesco.
Bakugou gritó en una garrafal cólera, estremecido por lo que pudiera pasar y no pensó mucho en lo que debía de hacer, si hacía lo correcto o no, ya dependería de sus acciones.
Sin embargo, había algo que no dejaba de molestarlo: ¿Realmente había derrotado al villano? ¿Solo era un villano actuando por sí solo? Sólo él sabía lo que había pasado esa tarde, pero, de todos modos, si lo volviese a ver con vida, no dudaría, tal como la primera vez, de tomar su vida otra vez o tomar las vidas de los infelices involucrados. Con licencia o sin licencia, Bakugou se había prometido a sí mismo de derrotar a todos los malhechores y siempre ganar.
Sino fuese así, no sería él mismo.
Pero aún no tenía pruebas ni pistas suficientes. Tal vez, sólo se trata de una excusa para liberarse de todo este maldito circo o probablemente se trata de los antidepresivos que ante los efectos secundarios el no poder dormir lo hacia tener tantas ideas y el ruido en su oído derecho le impedía ordenarlas.
Depositando a Murderface en la cama, Bakugou volvió por instinto a pararse frente al espejo. Viéndose detalladamente, Bakugou se percató que su espejo estaba estrellado y las grietas pasaban justo cerca de su pecho.
Sin alguna duda, Bakugou decidió en ese instante no volver a tomar aquellos antidepresivos.
Sólo ocasionaban que terminase estrellando su puño contra el espejo a eso de las 03:32 am., despertando abruptamente a su madre y padre de sus profundos sueños, obligándolos a levantarse con el pecho saltando de sorpresa para ver la deplorable escena de su hijo hincado sobre los pedazos rotos del espejo con un Murderface en su regazo, lamiéndole las heridas.
Limpiándole la sangre y, de paso, las prófugas lagrimas que caían de sus ojos color sangre, ojos que miraban con indescriptible resentimiento sus múltiples reflejos. Murderface, el adorable e inquieto perro salchicha, se apresuró en lamerle la mejilla lacerada.
Cada uno de esos días, su humano y mejor amigo, se caía en pedazos, pero sólo su lengüita haría que esos pedazos rotos se mantuvieran juntos.
HOY, cuando Mitsuki continuaba su camino al trabajo y dejaba de recordar aquellos días, Bakugou tomaba con fuerza el manubrio de la bicicleta y pedaleaba con fuerza por las concurridas avenidas, estudiantes y trabajadores se dirigían a sus destinos y a 30 km/h Bakugou evadía los pesados autobuses y particulares, pateando los costados de los automóviles que violaban el carril de ciclistas. Su cabello rubio cenizo y alborotado se movía con el viento, sus ojos veían hacia al frente con la misma expresión de fastidio que mostraba todas las mañanas y la boca torcida estaba dispuesto a gritar a todos los que estorbaban.
Esos días estaban por terminar.
Fin del cap.1
(*) 945,520 USD aprox. (bueno, creo que es demasiado xD)
(**) Los mismos antidepresivos recetados a uno de los perpetradores de masacre de Columbine, Eric Harris.
Este cap. vaya que es como un constante retroceso a los primeros días de su salida del reclusorio a modo de recuerdos. No era mi intención, pero no me pude detener xD
Como les había mencionado, voy a medio jugar con los medios de comunicación (que son realmente cancerígenos en unos casos), pero sólo los primeros capítulos. Considero que si BNHA es interesante y muy divertido de leer es porque Horikoshi no creó un nuevo mundo para insertar su historia, sino que usó de este mundo para hacer su historia funcionar tan bien y de una forma muy compleja por de fondo; lo adaptó al público de hoy, algo que ONE también supo aprovechar de una forma alucinante.
¡Gracias a Layla Eucliffe! Aprecio mucho tus palabras. Haré mi mejor esfuerzo~
Me avientan unos tomatazos si sienten que es muy ooc. Cualquier duda, crítica, opinión sincera y observaciones u correcciones son bienvenidas.
Nos vemos~
