Hiiiiii! Cómo están hoy? Qué tal sus días? El mío algo agitado... pero aquí estoy para dejarles el 3er capítulo de "I Really Care About You"
Capítulo 3: "Mean"
BLAINE.
- Lo siento, tendré que dejarte – musitó Kurt repentinamente, luego de mirar hacia su puerta. Apareció desconectado antes de que pudiera emitir sonido.
- Te quiero… - susurré a la pantalla que ya no me mostraba su hermoso rostro, ni sus profundos ojos azules.
Me lancé hacia atrás tapándome el rostro con una almohada.
Desperté luego de un rato. No solía dormir por las tardes, pero por alguna razón lo había hecho hoy. Chequeé la hora en mi móvil y no me aguanté las ganas de textearle algo a Kurt. Sentí mi estómago rugir, y me decidí a bajar las escaleras, suponiendo que la cena ya estuviese lista.
Al llegar a la primera planta, no vi a nadie. Caminé a la cocina, pero nada, luego pasé por la sala de estar, en donde mi padre se encontraba perdido leyendo un periódico, con un vaso de en la mano.
- Papá. ¿Por qué estás bebiendo? ¿No se supone que ya nunca lo harías? – mi padre llevaba diez años de que había salido de rehabilitación por culpa del alcohol. Esta era la primera vez, después de eso, que lo veía beber.
- Lo siento, Blaine – dijo alzando la vista – Creí que… no estabas.
- No es lo que te pregunté – fruncí el ceño, cruzándome de brazos.
- Blaine, tú… ya eres un adulto… pronto harás tu vida, te graduarás, iras a la universidad, te casarás y ya nunca volverás por aquí… ¿Qué importa si tu viejo padre ahoga un poco su tristeza en whiskey?
- ¿Por qué evades el tema? – Negué con la cabeza, contrariado - ¿Hace cuánto que has vuelto a beber?
- Esta es la primera vez – sus ojos se removieron incómodos y supe que mentía.
- ¿Mamá lo sabe? – dije, ignorando su respuesta.
- Ella ni siquiera está aquí. Ha salido esta mañana y aun no regresa – se quejó, dejando el periódico a un lado.
- Supongo que tendré que hacer la cena – di media vuelta y me introduje en la cocina.
Se me daban muy bien las labores domésticas, aunque rara vez mamá me permitía que le ayudara. Pero cuando salían de viaje, por lo general, mis niñeros no sabían cocinar muy bien o nada.
Comimos ambos en silencio; yo, porque estaba molesto de su irresponsabilidad, y él porque estaba ensimismado. Lo conocía bien y sabía que algo estaba pasando por su cabeza, algo que lo inquietaba y no lo dejaba tranquilo. Algo que tenía que ver con mamá.
Antes de dormir me di una ducha, luego me metí a la cama. Mañana debía madrugar para la escuela y para ver a Kurt. Con su recuerdo me dormí, hasta que el ruido de voces me despertó. Miré la hora en mi celular. 2 am. Y mis padres estaban discutiendo a gritos. Oía claramente las exclamaciones de mi madre y las maldiciones de papá.
Me puse en pie, algo dormido aún, acercándome a la puerta para saber de qué iba todo esto.
- ¡Ni siquiera serás capaz de decir en donde estuviste todo el maldito día! – gritó mi papá.
- ¿Y es que ahora te importa, no? ¡Vete al demonio! – respondió ella con el mismo tono de voz.
- De seguro te pasaste la tarde en algún hotel de mala muerte con uno de tus amantes – mis ojos se abrieron y el sueño se evaporó al oír eso.
- ¿De qué diablos estás hablando? ¡Yo no tengo ningún amante! – se defendió.
- Entonces ¿por qué llegas a esta hora sin dar ninguna explicación?
- Ya te dije que me la pase con mis amigas en el centro comercial.
- ¡Woah! No sabía que los centros comerciales tuvieran horarios extendidos hasta la madrugada – ironizó mi padre – Reconoce que estuviste con otro.
- ¡Eso es mentira! – Le gritó ella – Mejor será que tú me expliques el por qué había una botella de whiskey en la sala de estar.
- Y eso a ti qué te importa.
Tomé valor y salí de mi cuarto, encontrándome con una escena horrible. Mi madre abofeteó a mi padre por la respuesta que este le dio, pero al parecer eso fue como un detonador de su ira. No dudó un segundo el propinarle un golpe tan o más fuerte en la cara a mi madre.
- ¡Papá! ¡Detente! – me interpuse en el medio para que no volviese a golpearla. Sus ojos se volvieron a centrar y su ira se evaporó al verme allí. Noté como se le llenaban de lágrimas y estas caían al instante.
- Lo… lo siento… yo… lo siento… - se arrodillo en el piso y largó el llanto, desconcertándome por completo.
- Mamá, ¿estás bien? – me volteé a verla, aun con la mano en la mejilla. Ella asintió, y me envolvió en sus brazos brevemente.
Mi padre continuó sollozando en el suelo, tal vez, sintiéndose miserable. Mi madre me rogó que regresara a mi cuarto, porque este era un asunto que ambos debían resolver y al parecer, con mi presencia, mi padre había reaccionado.
- Sólo ha sido porque estuvo bebiendo – susurró llegando a mi puerta – No lo juzgues.
- No lo justifiques – musité serio, entrando a mi cuarto, mientras ella permaneció en el umbral – Mamá, ¿es cierto lo que dijo mi padre? ¿Has estado con otro?
- Blainey, ve a dormir ¿sí? – Rehuyó mi pregunta – Mañana será un día mejor y todo se arreglará – besó mi frente y cerró la puerta tras de sí.
Pateé la almohada que había tirado al salir, y me lancé sobre la cama sin siquiera molestarme en cubrirme con el edredón. Estaba abrumado.
Al llegar esta mañana al instituto, me percaté de que Kurt había traído puesta mi chaqueta desde que se la pasé hace días. No hay día en que no la lleve encima y eso me da a pensar muchas cosas.
Si bien llevamos casi tres semanas de conocernos, siento que Kurt es aquel chico con el que quiero estar, y no como se está en compañía con un amigo, sino que ser algo más, ser quien se preocupe de él, que lo defienda, lo cuide, le haga sentir querido y le demuestre que no hay nadie que lo hará más feliz. Quiero ser alguien especial para él, por quien pierda el sueño, y sin quien no podría vivir.
Y, aunque, nunca me ha dicho si es hetero o gay, creo que no sería difícil de conquistar. No soy del tipo acosador, pero me gustaría intentarlo.
Le tomé por los hombros, cuando lo alcancé en su taquilla. Como siempre, el dio un brinco asustado y se refugió apartándome.
- ¡Dios! Kurt, ¿hasta cuándo harás eso? – dije, dejando caer mis manos sobre los muslos.
- Yo… lo siento, ya te dije que es un reflejo – se encogió de hombro y regresó a mi lado.
Como Kurt era un poco más alto que yo, no podía pasar mi brazo sobre sus hombros para caminar juntos, por lo que apoyaba mi mano en su espalda, casi rodeándolo y andábamos así.
- Te tengo una invitación – comenté.
- ¿Ah, sí? ¿De qué tipo? – cuestionó mirándome de soslayo.
- Ven a cenar conmigo este viernes – lo detuve y me puse frente a él para ver su reacción – Breadstix.
- ¿Cenar? – Abrió los ojos y alzó las cejas enfáticamente – Eso suena a una cita.
- Pues, somos amigos, ¿no? Los amigos hacen esas cosas, salen a comer, se juntan luego de clases en sus casas, cantan karaoke, ven películas en el cine… Cosas así – me encogí de hombros, intentando parecer normal.
- Entonces… - fingió que se lo pensaba, poniendo una mano en su barbilla – Creo que tendré que ir, ya que eres mi amigo.
- Perfecto… amigo – repetí conteniendo una sonrisa.
La semana pasada, había ido a hablar con la encargada de asuntos académicos para cambiar mis clases, de tal forma, que coincidiera en casi todas con Kurt. Y repito, no soy un gay en plan acosador… Es sólo que trato de ayudarlo, estar con él cuando tenga problemas, lograr entender su forma de ver las cosas, y por sobre todo, evitar que se haga daño. He notado que ya no lleva la muñequera y sus heridas han cicatrizado considerablemente, lo que significa que no lo ha vuelto a hacer.
- Aun no entiendo cómo es que ya empezado el semestre, decidieran hacer ese ajuste a los alumnos que su apellido comienza con A – cuestionó, tomando asiento al lado del ventanal.
- Créeme que yo tampoco – fingí inocencia y comencé a sacar mis materiales de estudio.
No pretendía asustarlo con mi conducta sobreprotectora. Pensaría que soy un psicópata por seguirle a todos lados.
- ¿Aún sigue en pie lo del karaoke? – consultó en un susurro, luego de que el maestro abordó la clase.
- Claro que sí, lo hemos reprogramado por más de una semana y estoy seguro de que mi teoría sobre que cantas es cierta – alcé las cejas, haciendo que Kurt sonriera de forma dulce.
- Entonces, luego de clases… ¿Qué opinas? – sugirió.
- Excelente – reí junto con él. Detuvimos nuestra charla en cuanto la vista del profesor, acompañada por un siseo, nos silenció.
KURT.
Al salir del salón, en compañía de Blaine, me sentí seguro. Sabía que de todos modos, aquellos cavernícolas, encontrarían el lugar y la forma de aterrorizarme o lanzarme al bote de la basura, pero esta vez se les haría mucho más difícil.
- ¡Hey, perra! – Oímos una voz ya familiar para mí, a nuestras espaldas - ¿Dónde te has metido esta mañana? Se suponía que me ayudarías con el examen de álgebra y no apareciste.
- ¡Oh, por Dios, Santana! – exclamó Blaine acercándose a ella, con expresión culpable – Lo olvidé por completo, de veras, lo siento mucho.
Se apartó de mí, tomando a su amiga de un brazo y llevándosela hacia el interior de un salón, mientras ella profería un sinfín de maledicencias por el examen.
Me quedé en mitad del pasillo, sin saber si esperar por él o unirme a la plática. Pero, si Blaine la había llevado aparte, era porque quería hablar a solas con ella.
Miré a mi alrededor, sintiéndome nuevamente solo y desprotegido, pero no iba a permitir que eso me cohibiera. Caminé hacia la cafetería, pues moría de hambre. Desde que Blaine había aparecido en mi vida, el apetito vino junto con él por arte de magia.
No alcancé a llegar a las puertas, cuando Azimio se atravesó en mi camino. Intenté darme la vuelta para evitarme el mal rato, pero al voltear, Karofsky me interceptó.
- Por fin está sola la muñeca – se burló este último.
- No te sirve de nada llenarte de guardaespaldas Hummel Homo – afirmó Azimio – En cuanto toda la escuela se entere de que eres gay, no tendrás más amigos que los desechos en los basureros.
Sus palabras, aunque absurdas, me hicieron sentir miserable. No pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas, pero traté de que no cayeran.
- Tus compañeros del otro instituto dicen que vestías como una chica, y que tan sólo te faltaba tener el cabello largo – rió Dave.
- Porque la cara de nena ya la tiene – añadió el moreno.
Pasé saliva y erguí los hombros. A pesar de que estuvieran humillándome, no me vería derrotado.
- ¿Pero qué tenemos aquí? – Murmuró Karofsky, tomando la chaqueta de Blaine que traía puesta - Esto no es lo que usas siempre, ¿dónde está la ropa de caridad?
- Cierto, esto parece ropa de chico, y tú no eres un chico – apoyó Azimio – No es justo que la lleves puesta.
- ¡No! ¡No van a quitármela! – exclamé furioso. Defendería la chaqueta de mi amigo como fuera.
- Vamos afuera, a ver si eres tan "hombre" – dijo Dave haciendo comillas al aire.
Me tomaron por la fuerza y me empujaron al patio. Extrañamente no había prácticamente nadie, y los pocos alumnos que se paseaban lo hacían demasiado alejados como para venir a ayudar o algo. Me aferré a la cazadora, sin la más mínima intención de soltarla. No quería estropearla, o peor, que ellos lo hicieran, y luego tener que decirle a Blaine lo sucedido, lo cual se prestaría para un sinfín de preguntas de parte de él que no estoy dispuesto a responder.
- Vamos, señorita – instó Azimio, mirando de reojo un basurero – Haz los honores.
- No – murmuré con voz baja, pero muy firme.
- ¿Qué ha dicho? – dudó Karofsky, sorprendido tal vez de que me negara.
- He dicho que no lo haré – volví a afirmar, esta vez más alto.
- Oh, bien – Azimio miró a su amigo – Entonces lo haremos por ti. Creo que será mucho más satisfactorio.
Se acercaron a mí y yo retrocedí al instante. Esta vez no se los pondría fácil.
- Hey, la nena quiere jugar a las atrapadas – se burló el moreno, con una expresión endemoniada en el rostro que me hizo estremecer – De acuerdo, hagámoslo.
Retrocedí nuevamente en cuanto tuvieron intención de agarrarme. No sabía si echarme a correr o lanzarme al contenedor para ahorrarme todo esto. Sinceramente estaba aterrado, pero tenía la vaga esperanza de que Blaine apareciera en cualquier momento para ayudarme en cuanto no me encontrara.
Corrí alrededor del basurero y me refugié tras él. Lógicamente estaba en una gran desventaja al ser ellos dos y yo sólo uno. Pero ellos eran idiotas sin inteligencia. Ni siquiera se les ocurría ir uno por cada lado y acorralarme.
Decidí huir hasta algún lugar con más personas, por lo que eché a correr por el patio a todo lo que dieron mis piernas. Pero yo no era un deportista, y ellos eran tacleadores en el equipo de futbol de la escuela. No alcancé ni cinco metros, cuando fui derribado por uno de ellos. Sentí el asfalto en mi cara, quemándome y rasgando mi piel. Mis manos frenaron el impacto, incrustándose pequeñas piedrecillas en las palmas. Mis rodillas derraparon por el piso, encendiéndose de ardor en cuanto me detuve. Fui levantado sin más preámbulos y arrojado al bote de la basura. En el deplorable estado que me encontraba, preferí aguardar un momento antes de mover medio músculo. El cuerpo me dolía y estaba furioso conmigo mismo. Todos aquellos sentimientos de odio afloraban en su máxima potencia y no había nada que los detuviera.
Sentí como me arrebataban la chaqueta de Blaine y por más que forcejeé para mantenerla en mí, no lo logré. Mi frustración zumbó en mis oídos. Oí claramente el sonido de rasgaduras y luego, spray. Al parecer intentaban redecorar la prenda.
Cerré mis ojos, apretando mis párpados con fuerza, dejando que las lágrimas acumuladas por el miedo, la rabia y la pena, cayeran libres, haciendo arder la piel lastimada de mi rostro. Sentí que lanzaron la prenda sobre mí, o lo que dejaron de ella.
- Esto es basura – escuché la voz de Dave.
- Al igual que todo lo que hay en el interior – añadió su amigo, chocando las manos como solían hacerlo, siempre que lograban lo que se proponían.
Se alejaron y yo no fui capaz de moverme, hasta luego de unos interminables minutos.
Estaba envuelto en una ola de sentimientos malditamente coléricos, que no me dejaban más salida que la habitual, aunque consideraba que esta vez no sería suficiente. Estos mismos sentimientos, me habían hecho salir del contenedor con una fuerza renovada, caminar hasta mi taquilla bajo las miradas de todo el instituto y sus comentarios estúpidos refiriéndose a mi aspecto, sacar mi pequeña navaja que guardaba allí para estos casos, y volver una vez más al cubículo del baño de chicos para desahogarme.
La afilada hoja se adentró en mi piel, haciéndome ahogar un grito de dolor, mientras más lágrimas caían de mis enrojecidos ojos. Dos, tres, cuatro… cinco cortes se encontraban sangrando en mi muñeca derecha. El dolor que sentía por las heridas aun no era suficiente para acallar sus risas y sus palabras humillantes, ni menos lo que le habían hecho a la chaqueta de Blaine que ahora estaba sobre mis piernas.
Descubrí mi otro brazo, viendo las cicatrices imborrables de las veces anteriores. Evitándolas, deslicé la navaja por los lugares sin marcas, haciendo sangrar mi muñeca con aquel caliente y oscuro líquido color carmín.
Me sentía una verdadera escoria humana, mi vida no tenía valor alguno ni nadie que la valorara. Era lo que ellos decían… basura, un simple desecho.
Una vez realizado mi trabajo, oculté la navaja en el bolsillo de mi pantalón, para luego sentarme en el frío piso de cerámicas, abrazando mis rodillas y dejándome ir en llanto. Tal vez era la única forma que hallaba para luego quizá sentirme mejor.
- Le he buscado por todas partes – oí la voz de Blaine, ingresando a los servicios. ¡Maldición! Si me encontraba aquí, estaría muy decepcionado y nuestra amistad sería sólo un recuerdo para mí.
Me puse en pie, aun amoratado y con el cuerpo ardiendo por las raspaduras y los golpes. Mordí mi labio inferior para contener los sollozos y con mi pie oculté la sangre que había caído al piso.
- Bueno, quizá sólo quería estar solo – le respondió otra voz, tal vez la del chico rubio de la boca enorme – No es que necesariamente algo haya pasado.
- No – bufó Blaine – Estoy seguro de que pasó algo, lo presiento.
- Creo que estas exagerando – negó en chico.
- Dios, Sam… Es que… no lo entiendes… ¡tú no entiendes nada! – exclamó.
- Hey, hombre. Cálmate, no la tomes conmigo – se quejó el mencionado Sam.
- Lo siento, pero no puedo… Estoy enloqueciendo con todo esto – sonaba realmente preocupado – He registrado el instituto de arriba abajo y nada que aparece. Me salté todas las clases para buscarlo y no doy con él.
- Puede que no esté en el colegio – sugirió el rubio.
- ¿Qué?
- Claro, tal vez su padre vino por él o algo.
- No lo creo – la voz de Blaine se oía alarmada, casi al borde de la histeria.
- Ok, he hecho lo que podía… Yo me voy – oí los pasos del chico saliendo de los servicios.
- ¡Demonios! – al parecer Blaine también había abandonado el baño, por lo que me atreví a soltar el llanto que había estado reprimiendo todo ese tiempo.
Estaba aún peor ahora, porque sentía que tan sólo era un problema para quienes se preocupaban por mí. Yo y mi vida éramos un caso perdido, por eso jamás dejaba que las personas se me acercaran, odiaba hacerles daño.
- ¡¿Kurt?! – oí del otro lado. Oh, rayos… Blaine no se había ido - ¡Diablos, Kurt! ¿Eres tú?
No alcancé a decir ni media palabra, cuando la puerta del cubículo desapareció de un solo golpe y el rostro compungido y luego aterrado de Blaine, se dejó ver en su lugar.
- Pero… ¿Qué? ¡Dios! Kurt… tú… ¡Rayos! ¡Sabía que algo iba mal! – Farfulló conteniendo sus emociones - ¿Por qué estás aquí y… así? ¿Quién te hizo esto? ¡Por favor no me digas que has sido tú!
Bajé mi rostro, sin tener valor para mirarle, ocultando mis manos lastimadas, bajo su chaqueta multicolor. Largué un sinfín de sollozos que no era capaz de retener. Estaba agobiado con todo esto, por lo que sólo lloré con todo lo que podía.
Sentí unos cálidos brazos rodearme, presionándome contra él, entregándome todo el consuelo que necesitaba en este momento.
- Nunca me dirás el por qué – afirmó, o preguntó… no sabría decirlo realmente.
- Lo… siento… - balbuceé, alzando levemente la mirada para verle – Tu… caza… dora… - las lágrimas y el nudo en mi garganta, no me permitieron seguir hablando, pero él logró entender lo que le había mencionado.
La arrebató de mis manos con delicadeza, dejando al descubierto mis muñecas más que enrojecidas con la sangre que aun salía de ellas.
- Oh mi Dios… - susurró mirándome con atención y lanzando la chaqueta a un lado, sin que le importara nada.
Cerré mis ojos, porque no quería ver su expresión de decepción, ni la tristeza en aquellos ojos color avellana. Pero, al contrario de eso, sentí que me alzaba en brazos con mucha facilidad. Separé mis párpados y observé cómo me sacaba de los servicios de chicos y me llevaba a través del pasillo con una enorme preocupación en el rostro. Gracias a Dios, todos estaban ya en clases, y nadie nos veía.
Caminó conmigo a cuestas hasta que llegó al aparcamiento. Se aproximó a un carro de color verde esmeralda, algo pequeño, pero bastante mono. Le quitó el seguro y me sentó en el asiento de copiloto, ajustándome el cinturón y todo, como si se tratara de un niño pequeño.
Corrió alrededor y se montó frente al volante, acelerando a fondo, sacándome de allí hacia algún lugar que desconocía aún.
Mis lágrimas habían sido estancadas por la sorpresa de su actuar, por lo que tan sólo me limité a sorber mi nariz de vez en cuando, mirando al frente, en un vago intento de adivinar hacia donde me llevaba. Si se trataba de un hospital, era capaz de lanzarme hacia afuera del coche aunque estuviese en movimiento. No estaba dispuesto a que le llamaran a mi padre y darle semejante problema. No lo permitiría.
Aparcó frente a una bella casa de una sola planta, bastante sencilla, pero con aspecto acogedor. No tardó en dar la vuelta y abrir mi puerta, repitiendo el proceso, pero a la inversa, desatándome y alzándome en brazos nuevamente. Me sentía una doncella en apuros, lo cual era patético incluso en esta situación.
No supe cómo logró abrir la puerta de la casa, pero lo hizo, y luego de cerrarla, caminó a través de un pasillo que estaba en alto, por lo que subió algunos escalones e ingresó en la primera puerta. Era su cuarto, el que había visto por video llamadas cada tarde. Me recostó sobre la cama y acomodó las almohadas por mí.
No sabía si decir algo para acabar con el estúpido silencio que me estaba matando o esperar a que lo hiciera él. Era bastante mortificante que no dijese nada.
Salió por un breve momento de la habitación, regresando con un pequeño botiquín de primeros auxilios. Lo abrió y pude ver que contenía una gran dotación de cosas curativas.
- La raspadura en tu mejilla es…
- Me caí – interrumpí, mintiendo, aunque no del todo.
- De acuerdo, te pondré algo de alcohol entonces.
Tomando un pedacito de algodón, lo humedeció con el líquido de un botellín blanco y luego lo acercó a mi rostro. Yo retrocedí, anticipándome a lo que eso me haría.
- Uh, uh, eso va a doler – me quejé, mas él se limitó a mirarme con dulzura, como si pidiera mi permiso para curarme, luego de que prácticamente me había secuestrado.
Suspiré y me mantuve quieto para que él hiciese lo suyo. Arrugué la cara cuando sentí el escozor en mi piel, pero lentamente se fue pasando. Lo mismo en mis manos y rodillas. Blaine tuvo cuidado con cada zona en la que aplicaba alcohol, haciéndolo lentamente y soplando a ratos para que no ardiese.
Luego rebuscó en el botiquín, sacando algunas gasas y vendas. Tomó ambas muñecas en sus manos y las observó detenidamente por un rato, como si mentalmente les estuviese hablando. Posteriormente repitió el proceso del alcohol, siendo muchísimo más considerado, si es que eso era posible, para que no me doliera nada.
Me vendó y puso un pequeño parche en mi mejilla, protegiendo así todas las áreas lastimadas. Luego me pidió que me recostara un rato, mientras que él preparaba algo para comer. Paseé mi vista por todo el cuarto, encontrándolo bastante falto de detalles personales; sin fotografías, ni posters, ni pegatinas decorativas… nada. Era como una habitación de invitados.
Pasó un rato, hasta que Blaine apareció por el umbral de la puerta sosteniendo una bandeja. La colocó frente a mí, sobre mis piernas y me miró sonriente, como si esperara mi aprobación del banquete.
- Wow, no sabía que cocinaras – mi voz fue sólo un murmullo suave.
- Sí, es una de mis habilidades – su sonrisa se evaporó de pronto y sus ojos avellanos se clavaron en los míos - ¿Estás bien?
- Lo estoy, gracias a ti – respondí con una media sonrisa, sin ánimos de dejar a mi mente vagar en los recuerdos de este día.
- ¿Me dirás que ha pasado? – instó tomando mi mano entre la suya.
Solté un suspiro realmente frustrado. Hablar era lo que menos quería hacer en este momento.
- ¿Y lo de la chaqueta? – insistió él.
- Lo siento, Blaine… De verdad… - mordí mi labio inferior nervioso – Te quedaba increíble y la he desecho.
- No te preocupes, está bien – declaró sonriendo nuevamente – Tengo otras chaquetas… aunque creo que quedaba mucho mejor en ti – ladeó la cabeza y acarició el dorso de mi mano que aun sostenía – Y… hablando de ropa… - se puso en pie y caminó hacia su armario – Puedes escoger algo de aquí luego. No querrás asustar a tu padre llegando así a casa ¿o sí?
- Cierto – murmuré, percatándome de la suciedad, la sangre y las rasgaduras en mi ropa – Aunque no sé si seremos de la misma talla.
Él se encogió de hombros y rió.
- Sinceramente espero que encuentres algo – se acercó nuevamente – Tal vez los pantalones te queden algo cortos, pero no tengo otros.
- Dentro del carro nadie lo notará – reí junto con él.
Lo quedé mirando por un rato, y él a mí, manteniendo nuestros ojos en los del otro atentamente. Sentía como intentaba decir algo que no podía con palabras, tal como lo intentó cuando cantó aquella canción.
Aparté la mirada al sentir que comenzaba a sonrojarme, desviándola hacia la merienda que Blaine me había preparado. No tenía mucha hambre, pero por el simple hecho de que él la había hecho, comí hasta que no hubo nada en el plato.
Mientras yo comía, él tomó su guitarra y comenzó a tocar acordes, sin cantar nada en particular. Sólo hizo melodías y partes de algunas canciones que logré reconocer. En su mayoría, de Katy Perry.
"Come up to meet you, tell you I'm sorry. I don't know how lovely you are.
I had to find you, Tell you I need you, Tell you I set you apart…"
Cantó suavemente aquella canción de "Coldplay". Su voz era profunda y realmente expresiva. Tal vez me convertiría en su fan número 1, si él se convirtiera en cantante pop.
Hizo bailar las cuerdas entre la yema de sus dedos, dándole a la canción un toque personal, haciéndome sentir que nuevamente intentaba decir algo más de lo que aparentaba.
"Tell me your secrets, and ask me your questions. Oh let's go back to the start.
Running in circles. Coming up tails, Heads on a science apart…"
Sabía exactamente el por qué estaba cantando esa canción, la letra era bastante clara… pero no estaba seguro de qué quería lograr con eso.
La vibración de un celular, acompañada de una melodía familiar, me hizo salir del encantamiento en el que estaba con su voz.
"Roar" sonaba fuertemente por todo el cuarto y Blaine, palmeando sus bolsillos, intentaba hallar su móvil para callar el ruido.
BLAINE.
¡Maldita sea! ¿A quién se le ocurre llamar cuando le estaba dando una serenata a Kurt? ¡Que imprudencia! Miré la pantalla y el rostro de Santana me hizo torcer el gesto.
- Disculpa un segundo – murmuré mirando al castaño y saliendo de la habitación.
Cogí la llamada.
- ¿Qué pasa? – contesté, caminando hacia la cocina.
- Oye Anderson, ¿Dónde cojones estás? – Chilló del otro lado – Se suponía que hoy pondríamos en marcha el plan "Hummel"
- ¡Diablos! Lo he olvidado por completo – bufé palmeando mi frente.
- ¿Qué es lo que te pasa Blaine? Desde que conociste a ese chico que has cambiado… Andas en las nubes, olvidas todo lo que debes hacer, sacas sólo "suficientes" en los exámenes y eras un excelente alumno… Incluso los maestros me han preguntado si es que te ha pasado algo, porque están acostumbrados a tus sobresalientes en cada examen. Y ¿sabes qué? Yo no sé qué decir, porque ni siquiera yo lo sé. Si tan sólo me contaras de qué va todo este rollo, podría ayudarte.
- Lo siento Santana, pero como te dije hace un rato… Kurt me gusta muchísimo y me preocupo por él… A veces siento que si yo no lo hago, nadie más lo hará…
- Mira, Anderson… Que te gusta, puedo entenderlo… Y es genial que por fin encontraras a alguien a quien no le importe la diferencia entre senos y pectorales. Eso está bien, pero tu vida no puede girar en torno a esa persona; digo, tienes amigos, familia y esta el glee club, en donde ya casi ni cantas, si no que te la pasas hablando con ese chico raro. Además, ni siquiera sabes si es gay o no, o si siquiera le gustas… Esto se está volviendo algo enfermizo.
- Es que no puedo evitarlo, Santana… sólo lo hago… y, cuando lo veo, tan indefenso y… lastimado…
- ¿Lastimado? ¿De qué demonios hablas? – Exclamó asustada – El chico otra vez está…
- Sí, lo he hallado esta tarde en el baño y estaba herido. Dijo que se cayó, pero sus muñecas estaban llenas de cortes… hechos por él. No entiendo qué es lo que quiere lograr con eso, pero siento que debo ayudarlo, necesito hacerlo… por eso hoy lo he traído a mi casa para curarle y que se sintiera mejor.
- ¿Él está en tu casa ahora? – Alzó la voz – Pero que rápido me has salido… Creí que lo invitarías a cenar primero.
- Oye, no lo traje para eso… Te he dicho que está muy lastimado.
- De acuerdo, lo siento… Me pasaré por tu casa hoy en la noche… A menos que le invites a dormir contigo – noté la burla en su tono de voz.
- Eres imposible – reí – Te quiero.
- Besos, perra – la llamada se cortó y yo solté un suspiro desde el fondo de mi ser.
Regresé al cuarto, pero no alcancé a entrar, cuando me percaté de que Kurt estaba en pie frente al armario. Le vi rebuscar entre mi ropa, y seleccionar un par de jeans oscuros y una chaqueta blanca con líneas rojas en el cuello. Me lo imaginé con mi ropa puesta y supe que le quedaría genial.
Con mucho cuidado se quitó los pantalones que traía puestos, evitando tocar sus rodillas, a pesar de que yo ya las había vendado. No pude apartar mi vista de él. Era un chico hermoso, incluso con su delgadez, y se estaba desvistiendo frente a mis ojos. Demasiado perfecto como para no verlo.
Posterior a eso, se metió en mis pantalones, los cuales, como eran ajustados, le quedaron perfectos. Se cubrió con la chaqueta y se volteó de improviso, sorprendiéndome en la puerta.
- ¡Blaine! – chilló al verme, haciendo que me sonrojara considerablemente - ¿Estabas espiándome?
- He… yo… no… - di la vuelta y salí de allí, sintiéndome estúpido.
Tras de mí, oí los pasos lentos de Kurt, por lo que me volteé.
- Oye, no quiero que pienses mal, yo no he visto nada – me excusé, alzando las manos en señal de inocencia.
- Te creo – murmuró con una media sonrisa.
- Es en serio… - insistí.
- Tranquilo, sólo quería darte las gracias por todo lo que hiciste, y… pues, pedirte que me dejaras en mi casa – bajó la mirada hacia la chaqueta, en la cual introdujo ambas manos, desapareciéndolas tras los bolsillos.
- Oh, eso… No es nada – me rasqué la nuca y lo miré sin saber qué más decir.
- Te devolveré todo mañana en el instituto, para evitar que algo le pase – torció el gesto y se acercó a mí.
Sorpresivamente, me envolvió en un abrazo cálido y fraternal. Era tan asombroso sentir su cuerpo rodeando el mío, casi un éxtasis. Con delicadeza, le correspondí, tratando de no causarle ningún daño con mi efusividad.
- Un momento – me separé de él y lo miré directamente a sus ojos azules como el océano - ¿Qué hay del karaoke? ¿Lo pospondremos otra vez?
- Pues… dudo que pueda cantar algo así… - se examinó a sí mismo con la mirada y luego regresó la vista a mí.
- Vamos, tú sólo sígueme y verás cómo estarás cantando sin ninguna complicación – le insté. Recibí una sonrisa de su parte, lo que me confirmó que eso era un sí.
Le tomé la mano con delicadeza y lo llevé hasta la sala. Conecté el reproductor de video, volteándome a ver a Kurt.
- Creo que sólo tengo los karaokes de navidad – me rasqué la nuca.
- ¿No mencionaste que tenías el 90% de tus karaokes dedicados a Katy Perry? – quiso saber.
- Lo sé… es que creo que los olvidé en casa de Santana el pasado fin de semana – me encogí de hombros.
- Pues, no me complica cantar villancicos – sonrió y yo pulsé el botón de play, haciendo que las primeras tonadas llenaran el lugar.
http(:)(/)(/) watch?v=ejKstuS9uuo [Quiten los paréntesis antes de buscar]
"Bodum, bodum, bom, bom, bom, bodum…
Bodum, bodum, bom, bom, bom, bodum…"
Tarareé el principio de la canción, acercándome a Kurt sugerentemente, viendo como sonreía por las caras que yo ponía.
"I'm dreaming of a white Christmas
Just like the ones I used to know…"
Tomé su mano he hice que se pusiera en pie, para bailar alrededor de él.
"Where the treetops glisten,
and children listen,
To hear sleigh bells in the snow, the snow…
Said I'm dreaming of a white Christmas,
With every Christmas card I write,
May your days, May your days,
May your days be merry and bright,
And may all your Christmases be White…
Oh, uh, oh…"
Me puse frente a él haciendo un gesto con mi mano, como una reverencia, para cederle el turno de cantar a él. Sus mejillas se encendieron y sus ojos se clavaron en la pantalla.
"I'm dreaming of a white Christmas
Just like the ones I used to know…"
Abrí los ojos con asombro al oír el delicado tono de su voz, entonando aquella canción.
"Where the treetops glisten
and children listen,
To hear sleigh bells in the snow…"
Sonreí con amplitud y me uní a él.
"Bom, bodum, bodum, bodum…
I'm dreaming of a white Christmas,
With every Christmas card I write,
May your days, May your days,
May your days be merry and bright,
And may all your Christmases be White…"
Nuestras voces en dúo, se oían increíbles, y yo no podía dejar de sonreír al ver a Kurt cantando junto a mí. Se veía radiante y angelical, a pesar de llevar un pequeño parche en su mejilla.
"Oh, C'mon…
White Christmas…"
Giré a su alrededor y tomando sus dos manos, lo mecí como si bailáramos, luego lo volteé con mi mano haciendo una pirueta, para quedar frente a frente.
"Uh, yeah!...
I'm dreaming of a white Christmas
With every Christmas card I write,
Yeah, yeah, yeah…
May your days be merry and bright
And may all your Christmases be White…"
Kurt cantó tan cerca de mi rostro, como nuestros cuerpos lo permitieron, provocando estragos en mi pensamiento lógico.
"I'm dreaming of a white Christmas."
Acabamos la canción, quedando a la distancia de un beso. Paseé mi mirada de sus ojos azules como el cielo, a sus labios rosados y apetecibles, y luego de regreso a sus ojos… esperando alguna señal que me permitiera hacer lo que tanto deseaba.
De la nada, el rostro de Kurt se separó del mío, dejándome como un idiota, allí de pie, con mil emociones aflorando por mis poros. Le vi caminar alrededor de la sala, con las mejillas sonrosadas, buscando algo que decir.
- Creí que no sabía cantar… pero… eso ha sido genial – murmuró, con una sonrisa tímida en los labios.
- Es cierto… ha… ha sido espectacular… tu voz es… - negué con la cabeza y me rasqué la nuca, aun sintiéndome como un idiota – Es hermosa.
- Gracias… - nuevamente su rostro se encendió en rojo y desvió la vista – Am… creo que ya… debo irme – juntó sus manos en un gesto de nerviosismo - ¿Podrías…?
- Claro… Voy por las llaves – gesticulé con las manos, señalando mi cuarto y caminé hacia los escalones. Miré el lugar que había ocupado Kurt sobre mi cama, ahora vacío… Que ganas de que no lo estuviera… nunca.
Le ayudé a subir al carro y anduvimos de regreso al instituto. Desde allí sería más fácil seguir las indicaciones de Kurt hacia su casa.
Fue muy sencillo encontrar la casa de Kurt, y de esta forma me aseguraba de saber dónde vivía. Sonreí para mis adentros.
- No es necesario que me lleves en tu espalda hasta el pórtico – murmuró Kurt, quitándose el cinturón de seguridad, y volteándose a verme.
- Oh, bueno… Sólo ten cuidado – me sonrojé, rascándome la nuca.
- Hoy has sido… como mi héroe… o como un ángel de la guarda – el brillo en sus ojos me tenía tildado.
- Ya lo habías mencionado… - sonreí abiertamente – Pero, me gusta oírlo.
- Creo que nunca podré agradecerte todo lo que has hecho – volvió a mencionar.
- No, no necesito agradecimientos… Lo hice porque eso es lo que haces cuando… alguien te importa – respondí, tratando de que captara el mensaje entre líneas.
- Lo sé, por eso eres mi mejor amigo – sus palabras me golpearon en el estómago quitándome el aire. ¿"Mejor amigo"? ¿Era enserio? – Bueno, creo que ya voy a bajar.
Se giró y abrió la puerta, pero antes de que pudiera bajar, lo sostuve por la muñeca.
- Kurt… yo… - abrí la boca para decir algo, pero nada salió.
- ¿Qué pasa Blaine? – preguntó curioso al ver que no decía palabra.
- Quiero que entiendas que… eres muy importante para mí y que… lo de hoy lo he hecho porque yo…
- Ya lo sé – me interrumpió – Porque eso hacen los amigos. Tranquilo, lo entiendo – sonrió ampliamente, haciéndome sentir frustrado. Él no lo entendía en realidad – Y digo en serio lo de que eres mi mejor amigo. Nunca pensé decir eso de alguien, pero tú te lo has ganado.
Solté su brazo y el desapareció tras la puerta de su casa segundos después. Le di un puñetazo al volante y me revolví el pelo, realmente molesto. Al parecer, esto me iba a costar mucho más de lo que pensé. Pero me descolocaba un poco el hecho de que cuando cantamos juntos… fue él quien se acercó a mí en todo momento, como si estuviese intentando algo… ¡Es todo tan complicado con Kurt!
Aunque todavía me queda una oportunidad… nuestra cena en Breadstix este viernes. Prepárate Kurt Hummel.
Al llegar a casa, mi madre me interceptó antes de que entrara a mi cuarto. Hoy había regresado temprano.
- Blaine ¿dónde estabas? – preguntó.
- Estaba dejando a un… amigo – contesté, volteándome para verla.
- ¿Supongo que no era esa chica desvergonzada con la que siempre te juntas? – alzó las cejas con gesto de molestia.
- Mamá, Santana no es ninguna desvergonzada – le reproché – Sólo es algo… liberal, es su forma de ser.
- Una cualquiera, eso es lo que es – me regañó – Cada vez que viene aquí, anda con esa otra chica a la cual besuquea sin ninguna consideración de quienes estén a su alrededor. Es asqueroso – frunció el ceño ante el recuerdo.
- Ser lesbiana no la convierte en una mala persona – alegué – Y Brittany es su novia, es normal que la bese. Yo no veo lo malo.
- Es que tu no ves lo malo en nada, Blainey – me acarició el rostro - ¿No ves que es una mala influencia para ti? No quisiera que cometieras las mismas atrocidades que ella, sólo porque te ha dado malos consejos…
- ¿Y qué si lo hiciera? – Musité molesto, entrecerrando los ojos – El amor es amor, mamá… No te enamoras de un género, sino de una persona – recordé las palabras de Kurt al repetirlas.
- ¿De qué estás hablando, Blaine? – su expresión me daba a demostrar que había dicho demasiado.
- Nada, sólo… no hables así de Santana… Ella es mi mejor amiga – di media vuelta – Y te aviso que vendrá en un rato más - me encerré en mi cuarto.
Detestaba los comentarios homofóbicos de mi madre, de hecho, ese era uno de los principales motivos por los cuales no me atrevía a contarles mi secreto, ni aunque me amenazaran de muerte. Ella simplemente no toleraba a los homosexuales, de ningún tipo. Para ella, era algo así como estar enfermo de la mente. No dudo que si le contase, me internaría en el psiquiatra. Pero… es mi madre y no comprende la complejidad del asunto porque no lo ha vivido… al menos, por ahora.
En cuanto a mi padre… pues, ni idea. Jamás he tocado el tema con él, porque sinceramente no creo que piense muy diferente a mi madre. Ambos son demasiado cuadrados y estructurados. Su crianza tradicionalista, los hace ser muy cerrados de mente. Tal vez por eso les tocó un hijo gay, para romper sus esquemas idealistas y arcaicos.
Me senté sobre el acolchado y encendí mi laptop. Para mi suerte, Kurt estaba online, por lo que inmediatamente cliqueé la cámara para verle. De acuerdo, acababa de dejarlo frente a su puerta, pero… él era mi obsesión personal.
- ¿Qué pasa Anderson? – saludó, vestido con una pijama muy mona - ¿Ya me extrañabas? – dijo con burla.
- Uf, no te imaginas cuanto – fingí que bromeaba - ¿Te ha dicho algo tu padre por el parche en la mejilla?
- No, gracias a Dios, no estaba cuando llegué – me sonrió de lado, haciendo que mi corazón se comprimiera. Como adoraba verlo sonreír, aunque fuera un poco.
- Bien, al menos así no se preocupará hasta mañana.
- Cierto…. – bajó la mirada algo contrariado – Blaine, con respecto a lo que viste hoy… o sea, a cómo me encontraste, yo…
- No, no, no… - le interrumpí de inmediato – No intentes explicarlo, por favor… No lo necesito – negué con la cabeza enérgicamente – Ahora entiendo por qué no lo prometiste, aunque no lo justifico. Sólo quiero pedirte que… me ayudes a ayudarte…
- Blaine, tu sabes que…
- Y… - volví a intervenir – que mañana vallas con mi chaqueta, porque se te ve increíble – sonreí, a pesar de que no tenía alegría.
- ¿Incluso con la falta de centímetros en las mangas? – se burló.
- Incluso con eso – reí, ahora con ganas – Podrías usar un costal de papas atado con una cuerda… y lucirías hermoso – confesé en un suspiro melancólico.
- Oye Anderson, si no te conociera, pensaría que intentas coquetearme – bromeó.
- Ya quisieras…
- Am… creo que llegó papá, será mejor que finja que estoy dormido para evitar lo de, ya sabes – se señaló la mejilla con un gesto divertido en los labios.
- Nos vemos mañana – declaré sin ganas de despedirme aun.
- Por supuesto. Adiós – la llamada finalizó y yo, dejando mi computadora de lado, me recosté para esperar a que llegara mi amiga
Muy bien! Hasta aquí el capítulo... Realmente les agradezco por sus reviews... muy lindos todos... Nos leemos pronto.
Atte.
JC.
