Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Kōhei Horikoshi.
Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OCC. Una historia ramdon con sus debidos momentos serios. (?)
Summary: Para alguien con un quirk de súper inteligencia, el director Nedzu debió pensárselo mejor antes de convertir la UA en un Internado. ¿Es que nunca había visto las películas norteamericanas? ¡En vez de dormitorios, parecían más fraternidades! {Serie de Drabbles y One-shots de una vida alocada en los Dormitorios}
Mineta didn't sign up for this
La vida en un dormitorio mixto sonaba fantástica en la cabeza de Mineta. Se le hacía agua la boca al imaginar no solamente la privilegiada vista de sus compañeras de clase en sus pijamas, sino además la inevitable tensión sexual que impregnaría el aire como resultado de la convivencia diaria entre ambos sexos. ¡De eso se trataba la juventud! Sus compañeros podrían dar rienda suelta a sus más bajas pasiones, con el atractivo plus de la adrenalina corriendo por sus venas otorgado por la posibilidad de ser atrapados haciendo cosas indecentes en los terrenos de la Escuela.
Pero una vez más, Mineta fue vilmente timado por sus expectativas.
La honestidad por delante, sus compañeros de la Clase 1-A estaban más buenos que los supermodelos en las revistas. Sí, incluso los chicos. Después de todo, Mineta sentía gran envidia por la altura, bíceps y rostro varonil que la mayoría poseía, siendo solamente Kouda, Tokoyami y Shouji quienes se salvaban de su odio jarocho y eso porque cualquier atractivo que pudieran tener quedaba arruinado ya fuese por una extraña combinación de genes en su familia (Kouda) o los respectivos quirks de estos estropeando deliberadamente su apariencia hasta cierto punto (Tokoyami, Shouji).
Infortunadamente, así como era un hecho conocido universalmente que todos estaban más calientes que el lado izquierdo de Todoroki, también era verdad que el atractivo de sus compañeros de clase era proporcionalmente inverso a sus deseos sexuales. ¿Cómo diablos lo hacían? Mineta no tenía idea y la verdad, tampoco se moría porque le compartieran el secreto; convertirse en Héroe no implicaba un voto de castidad, por mucho que así lo hiciera ver el resto de la Clase 1-A.
En cualquier caso, a pesar de lo frustrante que era, la mayoría del tiempo esto le daba increíbles historias para presumir en internet– Obviamente, todo manteniendo el anonimato de sus compañeros de clase y la escuela donde los hechos tenían lugar. Pues si cualquiera, y por cualquiera él quería decir Bakugou Katsuki, se llegaba a enterar de que publicaba anécdotas de su vida diaria en un foro lleno de pervertidos… bueno, dejémoslo en que Mineta quería llegar vivo a los veinte y cumplir su fantasía de tener su propio harem, ¿de acuerdo?
Dada la anormal falta de lujuria entre sus compañeros de clase, esto daba pie a extrañas y ridículas situaciones que ningún mortal de mente sana podría concebir. Justo como sucedió aquella mañana.
Si para la mayoría de las religiones el Día Santo era el sábado, para la Clase 1-A era el domingo. Domingo significaba que no tendrían que ver clase o verles la cara a sus profesores —aunque en los Dormitorios no es como si vieran a Aizawa fuera de su Baticueva antes de la medianoche—, significaba descanso y relajo. Significaba dormir tarde. Significaba pasar el día entero en pijamas, rascándose la panza frente al televisor
Por eso cuando Bakugou llegó a la cocina a mediados del desayuno entre pisotones, topless y con nada salvo sus bóxer y pantuflas puestos, algunos ni levantaron la vista de su cereal. A éste punto incluso a Iida le valía un bledo los harapos de sus compañeros mientras él pudiera quedarse en sus pijamas de rayas todo el día, prueba clara de que había triunfado el mal.
—Oh, hola Bakubro —para variar Kirishima, ataviado en lo que parecía ser más ropa de diario que de dormir, fue el único que tuvo la decencia de saludarlo—. ¿Por qué la mala cara?
En vez de responderle únicamente a su pana del alma, Katsuki hizo las cosas a su manera: lo anunció alto y claro para que todo el mundo y su abuela lo escucharan hasta el continente australiano.
—¡¿Quién carajo dejó un sostén en MI sesta de ropa sucia?!
Nada más entonces varios repararon en que traía un sostén deportivo negro en la diestra, agitándolo como si fuera la bandera de una feminazi terrorista que amenazaba con prenderle fuego en las sedes centrales del patriarcado.
—Tal vez alguien pensó que necesitabas calmar tus tetas —hasta cierto punto era sorprendente como Todoroki, en su estado de muerto viviente, pasara de casi ahogarse en su tazón de cereal a meterse con Bakugou. Por otro lado, era culpa del rubio por despertarlo cuando estaba en el limbo.
—¡Todoroki-kun! —amonestó Iida de inmediato—. ¡Los problemas hormonales de Bakugou-kun no son motivo de burla!
Pero Shouto ya estaba dormido en el hombro de Midoriya, quien en toda su gloria nerd reafirmada por toda la mercancía de All Might que llevaba encima, había perfeccionado el arte de ser un reposacabezas, actualizarse en Twitter y comer al mismo tiempo.
—A mí no me veas —dijo Jirou en su tono de Daria y sus pijamas estilo grunge obligatorias—. Esto no lo llena —se señaló todo el frente para entonces girarse hacia su amiga—. ¿Yaomomo?
—Si no tiene la etiqueta VSX en él, no es mío —respondió Yaoyorozu, como siempre desbordando sofisticación en su bata de niña rica.
—¡No me importa de quién mierda sea esta maldita cosa! —gruñó Bakugou—. ¡Si nadie responde por él, lo voy a quemar!
Uraraka soltó unas risitas.
—Ahora sabes cómo me siento de lunes a sábado.
—¡Oh, creo que es mío! ¿Tiene una flor en la copa izquierda? —preguntó la nada al lado de Katsuki. Hagakure, sin duda.
—¡¿Cómo se supone que lo sepa?!
—Viejo, sólo revisa el sostén, tu cereal se ablanda —Sero puso los ojos en blanco al tiempo que de un manotazo evitaba que Kaminari le robara el tazón a Bakugou. ¡Nadie haría un funeral en domingo, y mucho menos a las dos de la tarde! ¡Era demasiado temprano!
Resoplando, el rubio realizó la estúpida solicitud para confirmar la identidad de la dueña de la aún más estúpida pieza de lencería.
—Bien, sí tiene una estúpida flor en él —resopló—. Supongo que la porquería es tuya después de todo.
—El Misterio del Sostén Maldito fue develado —clásico de Tokoyami salir con un comentario extrañamente acertado.
—¡Ay, lo siento Baku-chan! —Tooru se disculpó por el error. A pesar de no poder vérsele en la cara (¡Ja!), se escuchaba claramente avergonzada—. ¡Creo que me confundí de cesta y lo puse en la tuya por accidente!
Katsuki le hubiera empujado el sostén en el estómago e ido a sentarse a paso de diva arrecha de no ser porque, duh, Hagakure era invisible. Así que esperó que la chica en cuestión se lo quitara por las buenas antes de dejar caer su advertencia.
—Que no vuelva a pasar.
—¡Okay!
Y Mineta no sabía si reír, llorar o retorcerse porque, ¡¿Cómo diablos nadie reaccionaba al hecho de que Hagakure estuvo en modo comando todo el tiempo?!
