Aquí tenéis el segundo capítulo. Intentaré ir subiendo los capítulos cada dos semanas aproximadamente.
Muchas gracias a todos aquellos que seguís este fic, a los que lo habéis puesto en vuestros favoritos y/o que habéis escrito un comentario. Y nuevamente gracias a Alfax por su ayuda.
La saga The Legend of Zelda y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Nintendo.
Capítulo 2:
Preparativos
Zelda y Link se encontraban una tarde en la habitación de éste, sentados en un cómodo sofá, frente a una mesa de té cubierta de papeles. No era muy adecuado que una mujer de alta alcurnia, y mucho menos una princesa, estuviera encerrada en una habitación a solas con un hombre si éste no era su marido, pero, pese a que todavía no lo habían hecho público, hacía ya dos semanas que se habían prometido, así que lo que dijeran sobre ellos le traía a Zelda sin cuidado.
— ¿Entonces la ceremonia se celebrará dentro de siete meses? ¿Tanto la boda como la coronación? —preguntó Link mientras revisaba los papeles de la mesa.
— Así es, se celebrará el noveno día del décimo mes del año. Puede que no sea una época tan bonita como la primavera, pero el consejo ha insistido mucho en celebrar ambas cosas lo antes posible.
— El otoño también puede estar bien. Me gusta mucho el color de las hojas en esa época.
Si lo pensaba detenidamente, tenía razón. En el castillo y en la ciudadela había unos arces cuyas hojas en otoño se volvían de un rojo precioso. Zelda podía imaginarse caminando sobre las crujientes hojas caídas en su camino al altar.
— ¿Y cuándo se hará público? —la pregunta de Link la sacó de su ensoñación.
— He pensado en organizar un pequeño baile para anunciarlo —Zelda buscó unos papeles en concreto y se los pasó al joven héroe—. Se celebrará en dos semanas. Invitaremos a los representantes de las diferentes casas nobles y a los alcaldes de los pueblos del reino. A la mañana del día siguiente se procederá a repartir comunicados sobre el compromiso al resto del pueblo.
— Veo que en las invitaciones también incluyen a un acompañante.
— Por su puesto, es la costumbre. No podemos impedir que las esposas de los nobles luzcan sus flamantes vestidos y sus lenguas viperinas en tal acontecimiento.
Link no pudo evitar sonreír ante el comentario sarcástico de la princesa. Zelda había comentado muchas veces cuán reprobables eran las conversaciones de la mayoría de las mujeres de la nobleza. No hacían más que criticarse las unas a las otras y alguna vez Zelda había escuchado alguna de esas críticas sobre su persona: sobre lo tan poco refinada que era para ser una princesa, sobre que ya debería haber encontrado marido y haberle dado a éste la corona, sobre cómo debería haber dado ya al menos un heredero, cosas por el estilo. La ley de Hyrule contemplaba que una mujer fuera la gobernante del reino, ¿por qué los nobles no podían aceptarlo? Aquellos comentarios y cotilleos entre supuestas damas no hacían más que enervarla.
— Cierto Alteza. Debemos hacer lo posible para que las damas puedan escandalizarse y chismorrear ante tal acontecimiento —el tono dramático de Link y sus exagerados gestos hacían que a la princesa se le escapara alguna risita—. '¡Qué escándalo! ¡Una mujer en el trono! Y no solo eso, además decide casarse con un plebeyo, ¡con un pastor de cabras! ¡Por todas las Diosas! ¿En qué estará pensando la princesa?' Algo así dirían, ¿no creéis?
Las carcajadas de Zelda resonaron por toda la habitación y Link no pudo evitar imitarla. Cuando consiguió tranquilizarse, la princesa se giró hacia él y apoyó sus enguantadas manos en el rostro de él.
— No os preocupéis, Link. Estoy segura de que todas y cada una de ellas quedará prendada de vuestro hermoso rostro y les hervirá la sangre de envidia por no poder haber conseguido a un hombre tan atractivo —Zelda pudo ver como las mejillas de Link se encendían—. ¿O ahora me vais a decir que no vais rompiendo corazones femeninos allá por donde pasáis?
Link apartó la mirada de ella y se puso como un tomate desde el cuello hasta la punta de las orejas. A Zelda le pareció muy adorable aquella reacción.
— Tampoco hay que exagerar —la voz de Link denotaba su vergüenza—. Es posible que alguna que otra chica de la ciudadela se me haya declarado pero tanto como ir rompiendo corazones…
Zelda no pudo evitar reír ante tal comentario, a veces Link era tan adorablemente inocente. Apartó una de las manos de la cara y con la otra le pellizcó ligeramente la mejilla.
— Sois tan ingenuo.
— ¿Qué queréis decir con eso?
Pero no contestó. Zelda se limitó a sonreír y a continuar con el trabajo que tenía ante ella. Cogió uno de los papeles, lo examinó y frunció un poco el ceño.
— Creo que deberíamos pensar en el atuendo que llevaréis, Link.
— Estáis cambiando de tema —dijo Link apoyando su cabeza en su mano izquierda mientras apoyaba el codo en el brazo del sofá. La única respuesta que obtuvo por parte de ella fue una pequeña risa. Suspiró— ¿Qué necesidad hay de decidir que llevaré? Siempre uso mi ropa de héroe para estas cosas.
Las ropas verdes de héroe se habían convertido en su uniforme como guardia de la princesa. Zelda había mandado confeccionar prendas exactamente iguales a éstas para que así Link pudiera guardar las originales y maltrechas y poder tener varios cambios de ropa.
— Normalmente a los bailes vais en calidad de mi guardián, pero ahora vais como mi prometido, debéis llevar ropa adecuada para la ocasión, aunque quiero que siga mostrando vuestro estatus como guardián. Nadie puede saber que sois mi prometido hasta el anuncio.
— Vaya manera de complicar las cosas.
Zelda rió ante ese comentario y permaneció pensativa unos instantes, considerando las opciones que tenían.
— Es una pena que ya no tengamos aquella armadura… —murmuró para sí misma.
— ¿Qué armadura?
— Una armadura que mandaron hacer mis antepasados para el héroe de la antigüedad —contestó aún pensativa—. Hasta hace años, cuando yo era pequeña, la teníamos aquí en el castillo, pero unos criados la vendieron por error. Es una lástima, era magnífica, os hubiese quedado muy bien, además al parecer tenía algunas propiedades mágicas.
Link permaneció unos instantes pensativo, con la barbilla apoyada en su mano.
— Una armadura con propiedades mágicas… Esperad un momento, Alteza.
Se levantó y se dirigió hasta un arcón, donde guardaba todos los objetos que había conseguido durante su aventura. Lo abrió y empezó a sacar cosas de él; su arco, sus botas de hierro, el aerodisco,… hasta que por fin encontró lo que buscaba. Con una gran sonrisa sacó de dentro del arcón el peto de una armadura y se la mostró a Zelda. Era dorado, con varios motivos grabados y una esmeralda incrustada.
— ¿Es ésta?
Zelda se levantó del sillón y se acercó al joven héroe, cogió el peto y lo observó mientras él sacaba el resto de partes. Esa era la armadura, no cabía ninguna duda.
— ¿Dónde la habéis conseguido, Link? Os debe haber costado una fortuna.
— La vendían en una tienda de la Ciudadela. La tienda tenía unos precios exageradamente caros, pero por suerte Lalo se hizo con ella y los bajó. Gracias a eso pude conseguirla a un módico precio.
Zelda examinó atentamente todas y cada una de las piezas que componían la armadura: el peto, la malla, las hombreras, los brazales, las grebas, etc. Brillaba como si fuera nueva, no tenía ni un solo arañazo, y era sorprendentemente ligera. Volvió a coger el peto y pasó sus dedos delicadamente por él, trazando los dibujos que tenía grabados. Observó a Link, que estaba a su lado, examinado la malla, y no pudo evitar imaginárselo con la armadura puesta. Seguramente estaría muy atractivo con ella.
— Link, ¿por qué no os la probáis? Quiero ver cómo os queda.
— ¿Ahora? —Zelda afirmó con la cabeza— Pero me es difícil ponérmela sólo.
— Pues le pediremos a uno de los guardias que os ayude a ponérosla.
Link suspiró y comenzó a colocar las piezas de la armadura encima de la mesa. Zelda se acercó al arcón para curiosear y vio que, junto al Traje Zora, había varias piezas de ropa negra y roja, incluyendo un gorro rojo con motivos en dorado.
— ¿Y esto? —preguntó la princesa sacando el gorro del baúl.
— Venían con la armadura.
— Ponéoslas también —la única respuesta de Link fue una mirada llena de súplica—. No me miréis así, Link. Necesito ver cómo os queda todo el conjunto para saber si es adecuada para la ocasión.
Link volvió a suspirar y se acercó al arcón para sacar las prendas. Una a una las fue sacando, con cuidado de no desordenar el resto del contenido del baúl. Acto seguido miró a la princesa y le tendió la mano con la intención de que le diera el gorro. Zelda se lo devolvió pero él siguió mirándola.
— ¿Qué ocurre? —preguntó ella.
— Bueno… veréis… tengo que cambiarme y…
— Oh, entiendo —respondió Zelda con una pequeña risita. El titubeo y la vergüenza de Link le parecían adorables—. Pero es muy rudo por vuestra parte pretender que espere en el pasillo, ¿no creéis?
— Ya… pero… —contestó con sus mejillas encendidas— no creo que sea muy adecuado cambiarme delante de vos…
— Pero tenéis un biombo para estas situaciones —dijo ella señalando con la mirada el biombo que había en un extremo de la habitación—. Si no os es suficiente, también tenéis un bonito y amplio cuarto de baño ahí mismo.
Las mejillas de Link habían adquirido un color aún más intenso, al parecer se había olvidado por completo de aquello. Colocó todas las prendas en su brazo derecho de modo que no se le cayera ninguna y se dirigió al baño.
— Voy a avisar a un guardia mientras os cambiáis —dijo Zelda antes de que Link entrara en el baño y él le contestó con una pequeña afirmación de cabeza justo antes de cerrar la puerta tras él.
Zelda observaba como Link, con ayuda de un guardia, se colocaba las diferentes piezas de la armadura. Realmente la única ayuda que el joven héroe necesitaba era para apretar algunas de las correas que eran de difícil acceso para él. Pensándolo bien, ella misma podría haberlo hecho, no había necesidad de molestar a uno de los guardias que había apostados en el pasillo.
Tras acabar su tarea, el guardia se inclinó ante ambos y salió de la habitación. Link terminó de ajustarse alguna de las correas de sus brazales y se colocó el gorro rojo.
Zelda tuvo que reconocer que el resultado era mejor de lo que ella había imaginado. Link estaba absolutamente espléndido, con esa armadura nadie podría decir que provenía de familia humilde. Era extraño, esa armadura parecía más bien hecha para un miembro de la realeza que para un guerrero.
Tras acabar de colocárselo todo bien, Link sacó otro objeto más del arcón.
— Esto también es parte de la armadura —dijo Link mostrándoselo, era una diadema de oro—. Hace poco me di cuenta de que es parecida a la que lleváis.
Era cierto que eran parecidas. Zelda cogió la diadema y se la colocó a Link en la frente. Ese adorno hacía que la armadura pareciera aún más hecha para la realeza. Pero no le quiso dar importancia, simplemente contempló a su héroe ataviado con la armadura y la diadema dignas de un príncipe. Entonces recordó con una sonrisa que el título oficial que él recibiría después de la boda sería el de príncipe consorte.
— Estáis espléndido, Link —comentó Zelda admirándolo de arriba abajo—. Las damas se desmayarán solo con veros.
— Sois muy exagerada —le contestó con un fuerte rubor en sus mejillas a lo que Zelda soltó una risita.
— Puede que un poco, pero realmente estáis muy atractivo así vestido.
— Vaya, ¿solo estoy atractivo con esta armadura? —Link se cruzó de brazos fingiendo indignación y Zelda volvió a reír.
— Por supuesto que no —la princesa puso sus manos a cada lado de la cara de él —. Os pongáis lo que os pongáis estáis siempre muy atractivo. Tenéis unos ojos muy hermosos, tienen un brillo intenso y salvaje que hace que cualquier mujer caiga rendida a vuestros pies.
— ¿Eso os incluye, Zelda?
Los ojos de Link se clavaron en ella, quién se quedó sin palabras ante tal pregunta. Por supuesto que la incluía, desde el momento que lo conoció había notado una atracción irresistible por el joven héroe, una atracción que con el tiempo había ido evolucionando hacia algo más. Pero eso no podía explicárselo, así que adoptó un tono casual, como si lo que dijera fuera algo obvio y lógico, mientras deslizaba sus manos hasta posarlas sobre el peto de la armadura.
— No sólo soy princesa, Link, también soy mujer, y a las mujeres nos atraen los hombres atractivos.
— ¿Entonces solo me queréis por mi aspecto? —dijo Link en tono de broma—. No esperaba esto de su Alteza, no sabía que fuerais tan superficial.
Zelda no pudo evitar reírse ante tal comentario y lo abrazó. Normalmente era él el que hacía aquellos gestos tan poco "correctos", pero esta vez no pudo evitarlo. Tampoco pudo evitar sentir cierta decepción al notar la armadura interponiéndose entre ambos.
Se apartó de él y volvió a mirarlo de arriba abajo. Sí, el resultado era más que adecuado para su propósito, excepto por un pequeño detalle. Volvió a acercarse a él y le quitó la diadema de la frente.
— De momento no llevaréis esto, no quiero que nadie sospeche nada de nuestro compromiso hasta el momento del anuncio. Debe parecer que estáis allí en calidad de mi guardián.
— ¿Por qué tanto secretismo? —preguntó él mientras comenzaba a quitarse las partes de la armadura.
— No hay ninguna razón en concreto —le contestó mientras lo ayudaba—. Simplemente quiero que sea una sorpresa.
Cuando por fin se quitó la armadura, Link parecía mucho más cómodo y relajado. Giró varias veces sus hombros y estiró su cuello hacia los lados mientras suspiraba un "mucho mejor" de manera casi inaudible. Zelda, sentada de nuevo en el sofá, observó como los músculos de los brazos del joven héroe se estiraban y relajaban a través de la ajustada camisa negra. No era la primera vez que lo observaba de aquella manera y siempre tenía que luchar contra sí misma para apartar la vista. Se decía a sí misma una y otra vez que no era correcto para una princesa observar a un hombre de aquella manera, pero al fin y al cabo era humana y, como tal, era difícil resistir la tentación. Además no era nada tan grave, no es que él estuviera desnudo ni nada parecido… Tras ese pensamiento no pudo evitar notar como el calor subía por su rostro.
Link la miró curiosamente con una ceja alzada, se sentó también en el sofá y posó su mano en la frente de ella.
— ¿Estáis bien, Alteza? Estáis roja como un tomate.
— Estoy bien, no os preocupéis —le contestó apartando la mano de él de su frente—. Prosigamos con los preparativos del baile. ¿Sabéis bailar?
— ¿Pretendéis que baile? —le preguntó horrorizado.
— ¡Por supuesto! Es un baile al fin y al cabo. Por vuestra respuesta deduzco que no.
— Bueno… conozco los bailes que solemos bailar en Ordon para las festividades, pero no son tan refinados como los que bailáis aquí en el castillo.
— ¿Y cómo se os da?
— Creo que no se me da mal, aunque tampoco soy un experto.
— Muy bien, entonces buscaré a alguien para que os enseñe —Link la miró con cara de cordero degollado— Sabéis que eso no funciona conmigo, Link.
En realidad sí que funcionaba. Cada vez que veía aquellos brillantes y puros ojos llenos de súplica, no podía evitar sentir la necesidad de concederle todo lo que le pidiera, por esa razón tenía que hacer acopio de toda su fuerza mental para no caer en sus redes.
Link suspiró apartando la mirada y reclinó su cabeza sobre el respaldo del sofá, frustrado por no haberse podido salir con la suya. Zelda rió disimuladamente ante su comportamiento. Normalmente Link actuaba de forma bastante madura, pero a veces reaccionaba como un niño, cosa que a la princesa le parecía bastante adorable.
Siguieron revisando los papeles durante un rato más. Zelda comenzaba a sentirse cansada. Había pasado varios días confeccionando aquellos documentos, pensando en todo lo que se necesitaba hacer para la boda, prácticamente sin descanso, y al parecer eso ahora le estaba pasando factura. Empezaba a tener la visión borrosa y notaba como cada vez le costaba más abrir los párpados cuando pestañeaba. Miró a Link a su izquierda, quién parecía ajeno al cansancio de su prometida. Sin poder resistirlo más, la princesa apoyó su cabeza sobre el hombro derecho de él y cerró los ojos, necesitaba dormir. A Link no pareció molestarle pues pasó su brazo alrededor de ella y le acarició el pelo suavemente, alentándola a quedarse dormida, cosa que no tardó en hacer.
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que se había quedado dormida. Cuando despertó, lo primero que notó fue un olor que le resultaba familiar, en ese momento no supo reconocerlo, pero era muy agradable, así que inspiró con fuerza, deleitándose con el aroma. Lo siguiente que notó fue que ya no estaba sentada apoyada en el hombro de Link, ahora estaba tumbada con la cabeza sobre algo. También notó algo cálido sobre su mejilla. Al abrir los ojos solo vio algo negro que parecía tejido. Alzó la mirada hacia arriba y vio a Link con la espalda apoyada en el respaldo del sofá y la cabeza inclinada hacia un lado, durmiendo. Al parecer, mientras dormía, ella había acabado tumbada en el sofá con la cabeza apoyada en el regazo de él. El olor que había sentido era el de Link, lo cálido que notaba sobre la mejilla era su mano y el tejido negro la camisa que llevaba.
Al ser plenamente consciente de la situación en la que estaban, Zelda se puso tensa, pero pronto se relajó, estaban solos en esa habitación, nadie podía verlos. Se acercó más y hundió su cabeza en el estómago de él, disfrutando de la calidez que desprendía y de su aroma. Le gustaba como olía, era un aroma natural, sin una pizca de perfume. No es que no le gustaran los perfumes, pero los nobles solían excederse con él y atontaban completamente el sentido del olfato de la princesa. Aunque estaba mezclado un poco con olor a sudor, a Zelda no le importó, en comparación era muchísimo más agradable.
