CAPÍTULO 3

"Tienen razón. Es verdad". No podía quitarse aquella frase del pensamiento. No había vuelto a ver a House aquel día, él había desaparecido de su propio despacho, dejándola a ella allí, sola con la confesión. Ella había terminado de hacer algunas pruebas y se había marchado a casa, queriendo evitar encontrarse con él de nuevo, no sabía cómo enfrentarse a la nueva situación. Los dos habían acordado no repetir lo sucedido la noche de la celebración, pero también era cierto que entre ellos se palpaba una tensión continua, eran los dos como una bomba de relojería a punto de estallar.

Cameron llegó a casa cansada, su deseo habría sido no pensar en nada de lo que había pasado aquel día, pero las frases se amontonaban en su cabeza, no podía dejar de repetir lo que House le había dicho ni tampoco podía evitar pensar en que Foreman y Chase se habían dado cuenta de que su jefe le miraba de manera diferente. Desde luego, no era vergüenza lo que sentía, no le importaba que los demás conocieran que ella tuviera una relación con House, lo que le preocupaba era que tras todos los esfuerzos que habían llevado a cabo no habían conseguido mantener la distancia que ambos se habían prometido. Que personas ajenas a ellos se hubieran percatado de que su relación sobrepasaba lo meramente profesional significaba que, en contra de su deseo, había algo entre ellos dos que los demás eran capaces de ver, algo real, y que ninguno podía controlar.

Mientras descansaba tumbada en el sillón una sonrisa se dibujó en su rostro. Le preocupaba la situación, pero también le atraía poderosamente el hecho de que House no pudiera dejar de mirarla. Si ella hubiera dejado libres sus instintos y no hubiera sido tan rígida al controlar sus propios sentimientos ella también le habría mirado una y otra vez. Recordó el día en el que Chase la empujó en la sala de diagnósticos y ella cayó en brazos de House. No habían hablado de aquel día, no sabía cómo se había sentido él, pero sabía que en ese momento ella deseó besarle más que nada en el mundo. Con él sujetándola para que no cayese había rememorado la noche que habían pasado juntos, su olor y su fuerza al agarrarla. Durante días había fantaseado con volver a tener algo con él, revivir las veces que habían hecho el amor la primera noche, pero su mente intentaba no recordar aquello. Era una relación imposible, los dos lo habían acordado, debía controlar sus instintos respecto a él o no sería capaz de concentrarse en el trabajo. Siguió pensando en aquello durante un buen rato, recostada en su sofá. Aquella noche ni siquiera cenó, se desvistió y se metió en la cama para descansar hasta el día siguiente con sólo un pensamiento en su cabeza: House.

A la mañana siguiente ella llegó tarde a trabajar. No había dormido en toda la noche, dando vueltas a lo mismo una y otra vez dentro de su cabeza. No encontraba una solución, lo lógico y lo más acertado sería mantener su acuerdo, comportarse como si nada hubiera pasado y dejar que el tiempo curase todo y que los llevara a los dos al estado en el que se encontraban antes del sucedido. Por otra parte, la atracción que sentía por él le resultaba demasiado para sobrellevar. Durante muchos meses había podido controlar sus sentimientos, él había afirmado no quererla ni querer nada con ella, pero todo se había complicado la mañana tras la celebración. Él había demostrado que había disfrutado la noche tanto como ella y había casi afirmado que ella le gustaba.Todo aquello la descolocaba. Ella le quería, a él ella le gustaba, pero no podían estar juntos. Y sin embargo, ella era lo que más quería en esos momentos, estar con él.

Con aquellos pensamientos demenciales haciéndose dueños de su mente se dirigió al ascensor, dispuesta a enfrentarse a un nuevo día junto a él. En el momento en el que entró alguien se puso tras ella y entró también, acompañándola. Sintió un nudo en el estómago cuando, con la vista en el suelo, vio la punta de su bastón y el protector de goma sobre la moqueta de la cabina. Sonrió, no pudo evitarlo, levantó la vista y le miró. Él apretó el botón y el ascensor se cerró, comenzó a subir.

- Buenos días, Cameron. -dijo él sonriendo.

- Buenos días, House.

- Hace mucho que no hablamos tú y yo. ¿Cómo estás? -le preguntó él mirándola a los ojos.

- House, no hace falta que me des conversación... yo... -tartamudeó ella. Era una situación extraña, era casi la primera vez que se encontraban solos tras su encuentro.

Él sonrió con malicia, rió entre dientes y, levantando el bastón pulsó el botón de emergencia del ascensor. Se paró en seco, Cameron se sorprendió ante la actitud de House. Ella sabía que con frecuenca el ascensor le servía como sala de reuniones, lo había detenido varias veces con el resto de miembros del equipo y con Wilson, pero no con ella. Lo miró con cara de asombro, el estómago le dio un vuelco cuando él la miró y se acercó a ella cojeando, con el bastón colgando del antebrazo para tener las dos manos libres. A escasos centímetros de ella rodeó su cintura con sus brazos y la empujo contra la pared de la cabina. Apretó hasta que sus pechos estaban completamente unidos, sintiendo la respiración del otro.

- A veces me gusta aprisionar a alguien contra algo. -le confesó él en voz baja, casi un susurro.

- House... dijimos que... -comenzó ella.

- Dijimos muchas cosas, Cameron. -acercó sus labios a los de ella y la besó lentamente, acariciando su piel- Me importa una mierda nuestro acuerdo, no aguanto más.

Ella se sentía incapaz de responderle, la tenía contra la pared, agarrada por la cintura y no dejaba de besarla una y otra vez, suavemente, con ternura. Cameron no tenía escapatoria ni deseaba tenerla, se sentía mejor que nunca, en sus brazos, con sus labios recorriendo los suyos, la piel de su cara, su cuello. No pudo evitar levantar los brazos y acariciarle la cara con las manos, recorriendo la forma de su mandíbula y sintiendo su barba.

- Me encanta que no te afeites. -dijo ella entre besos. Él rio levemente y contestó a su afirmación.

- ¿Por qué crees que no lo hago? -la apretó aún más contra sí y la besó profundamente, haciendo que ella temblara y creyera que las piernas no iban a aguantarle. No le importó, él la tenía agarrada con tanta fuerza que con seguridad no iba a caer.

Él dejó caer su bastón hasta su mano y, levantándolo, pulsó el botón para que el viaje se reanudara. El ascensor continuó subiendo, Cameron miraba los númeron encenderse en el panel uno tras otro.

- House, llegamos... -le avisó ella sin respiración; él tenía sus labios contra los de ella, cerraba su boca, casi sin dejarle articular palabra.

Él se separó de Cameron con una sonrisa en los labios. Se situó a un lado de la cabina, como si no hubiera pasado nada y se preparó para que las puertas se abrieran.

- Arréglate, Cameron. Tienes una pinta horrible. -ella se peinó con los dedos y se bajó la camiseta que llevaba puesta. Él se la había subido ligeramente al agarrarla por la cintura para poder acariciarla sin ropa.

Las puertas se abrieron al llegar al piso donde se encontraba Diagnósticos para revelar la cara de Cuddy mirándoles fijamente al verles. Cameron bajó la vista al suelo al ver a su jefa, House rió entre dientes y se preparó para el rapapolvo.

- ¿Qué narices ha pasado ahí dentro? El ascensor ha estado parado varios minutos. ¿House...? -preguntó Cuddy con enfado. Cameron continuaba con la vista en el suelo.

- Estábamos discutiendo. -le contestó House haciendo un gesto con la cabeza para señalar a Cameron- Ha llegado tarde. Ya sabes lo buen jefe que soy, me preocupo porque se cumplan las horas de trabajo. -continuó House mintiendo- Cameron, ve al departamente y empieza a trabajar, que no se repita.

Cameron abandonó a House y Cuddy en el pasillo del hospital y se dirigió a Diagnósticos. Había sentido tanta vergüenza al ver a Cuddy al salir del ascensor que no se había atrevido ni a mirarla. Al entrar en la sala y ver el despacho de House vacío, recordar dónde estaba él y dónde había estado no pudo evitar llevarse los dedos a la boca y recorrer sus labios con ellos. Aún sentía el sabor de sus besos en su boca y deseaba volver a sentir su piel contra la suya.

- ¿Por qué tengo la ligera impresión de que me estás mintiendo, House? -preguntó Cuddy incriminatoriamente.

- Bueno... -comenzó él levantando la vista al techo- también podría decirte que estábamos follando, pero eso tampoco te lo creerías. Así que decide qué opción te gusta más. -le guiñó un ojo y la dejó allí, en el pasillo, esperando otra explicación mientras veía cómo llegaba cojeando hasta su departamento.

Al final del día Cameron caminaba por el pasillo ojeando unos resultados y camino de Diagnósticos cuando oyó la voz de su jefe gritarle.

- ¡Cameron! -le vio cojear hasta ella. Su mano apretaba el mango del bastón, le miraba con cara de enfado, a los ojos, traspasándole. - ¿Por qué no das nunca la cara? Eres una cobarde. Cuddy casi nos pilla en el ascensor y la niña lo único que sabe hacer es mirar al suelo y salir con el rabo entre las piernas.

Ella sintió su mundo derrumbarse. No entendía qué pasaba con él, por qué se comportaba de aquella manera con ella. No dejaba de mirarla fijamente, su yugular sobresalía en su cuello y las venas se marcaban en su frente.

- ¿Sabes todas las mentiras que he tenido que contarle a Cuddy? -preguntó él abriendo los ojos y levantando el mentón.

- Lo siento... yo... tú me diste permiso para irme.

- Si, claro y como siempre hay que hacerme caso tú lo haces. Se ve que os tengo bien entrenados. -se dio la vuelta gruñendo, sin explicarle nada más.

Cameron se quedó mirando cómo se alejaba de ella y entraba en su despacho cerrando la puerta detrás de sí. Estaba decepcionada, humillada, ignoraba qué quería él en aquellos momentos. House era misterioso en muchos aspectos, pero ella había creido entenderle en las últimas horas. Creyó que lo sucedido en el ascensor había dejado claro hacia dónde tomarían rumbo las cosas. Se mantuvo de pie, sin responder a nada, durante unos momentos. Creyó verle aún en frente de ella, enfadado, ofendido, pareciendo que iba a matarla con la mirada. No se sentía triste ni dañada, únicamente no sabía cómo tomarse todo lo sucedido ni cómo reaccionar frente a él cuando le viera la siguiente vez.

Cuando llegó a su casa aquella noche volvió a repetir lo qe había hecho el día anterior. Se tumbó en su sofá y pensó. El día antes tenía dudas acerca de qué querría él respecto a ella, ahora sus dudas era acerca de qué habría podido hacer ella para que él se hubiera enfadado tanto. Sintió que no le comprendía, no sabía qué quería ni qué deseaba respecto a ella. Nunca le había visto tan enfadado con nadie y menos con ella. Horas antes la había mimado como nadie lo había hecho dentro del ascensor y en aquellos momentos se negaba incluso a mirarla a la cara. Todo era completamente incomprensible. Intentó entenderlo, estudiar por qué él se comportaba así, por qué quería jugar al perro y el gato con ella, pero no lo lograba. Le había parecido tan sincero la noche que se acostaron y tan cariñoso en su encuentro en el ascensor que el enfado de aquella tarde incluso le pareció irreal. Incluso llegó a imaginar que aquello nunca había pasado y que él seguiría comportándose con ella como lo había hecho hasta ese momento.

Se metió en la cama rumiando la idea en su cabeza. Estaba enfadado con ella, no lo entendía.