Leonardo Acosta... Un "pibe" argentino de 16 años, el más reconocido de su país por su habilidad para crear efectos visuales. Sus efectos visuales a veces creaban la ilusión que quitaba la realidad de la mente del público, haciendo desaparecer cosas, o hasta "hacerlas volar". Sin embargo, era un chico común detrás de aquella fama, uno responsable, serio y justiciero, un muchacho que se molestaba en defender siempre la verdad, tratando de evadir la violencia.
Vive en Buenos Aires, y ha llegado a representar a su país en eventos importantes en los que se requiere una alta calidad de efectos visuales, tanto reales como digitales, como exposiciones de DJ's, celebraciones nacionales y efectos en algunos teatros; aparte de hacer montajes cuando algo importante lo requiere, y algunos diseños publicitarios.
En ese momento estaba en un café, sentado sólo en una mesa, con su tabla en la mano. El clima estaba lluvioso, y eso le inspiraba a dibujar y editar, además de organizar sus cosas. Había pedido un té, ya que a diferencia de algunos jóvenes, él era relajado y tranquilo, y prefería mil veces quedarse a ver la lluvia a que salir con sus "amigos" a fumar y beber sin control.
Estaba organizando los efectos de un evento en un teatro, eran efectos fuertes. Se trataba de una competición de bailarines de hip-hop y breakdance, así que los efectos eran veloces, intensos y variables. No era tan fácil, ya que el lideraba todos los movimientos de luces y sonidos.
Un relámpago lo sacó de su trabajo, haciéndolo voltear hacia la derecha, viendo a través de la ventana. Contó hasta ocho en su mente, para esperar al trueno, el cuál llegó al finalizar la cuenta. Esbozó una sonrisa y volvió a beber el té, leyendo un mensaje que su madre le había mandado.
"Hijo, buscá a tu hermanita, tu padre y yo tenemos que salir a trabajar más temprano. Los queremos"
Le respondió un "OK" a su mamá y pagó lo que debía, hiéndose con la excusa de que estaba lloviendo y tenía que buscar a su hermana menor, ya que las camareras del café le insistían mucho en pedir algo más, derritiéndose al ver los zafiros de los ojos de Leonardo. En parte, él estaba acostumbrado, ya que iba a ese lugar a relajarse un poco algunos días a la semana, pero se sentía acosado, sabiendo que las chicas le veían mucho.
Salió del lugar y entró en su auto (N/A: oh, sí... El nene conduce 7u7r), conduciendo vía al preescolar de su hermana menor. En el camino se concentró en el sonido que causaba el impacto de las gotas con La Tierra, era relajante, rítmico y pasivo. En realidad le gustaba más escuchar eso que música, en ese momento.
Llegó al lugar y fue a buscar a la menor, viéndola sentada en la entrada, quién salió corriendo hacia él al verlo. Era una pequeña de aparentes 6 años, pelo negro y ojos marrones claros, quién corrió hasta abrazar las piernas de su hermano.
— ¡Hermano! Pensé que me ibas a abandonar— dijo en un tono triste.
— Ja ja... Pos claro que no, Pequeña— dijo Leonardo y se agachó para besar su frente, cargar a la menor y llevarla al auto, entre los asientos de atrás. Luego se sentó él en el piloto y encendió el carro.
— Hermanote— llamó la menor.
— Dime— dijo echándole un vistazo.
— Ponte el cinturón de seguridad— dijo señalándolo.
— Je je, gracias, Hermanita— dijo y le obedeció, emprendiendo su camino a casa— Y, dime ¿qué hiciste hoy?
— Em... Pintar ¡y mira lo que hice!— dijo entusiasmada, sacando de su bolso una hoja, pasándosela a Leo— ¡mira! ¡mira!
Leonardo tomó la hoja, y en ella se veían dos muñecos agarrados de la mano, a trazos torpes e infantiles. Y lo que más le sorprendió fue que se veía claramente que él tenía puesta la camisa que usaba el Capitán Ryan, el protagonista de su programa de TV favorito: Space Heroes.
— Somos vos y yo, y tenés la camisa del Capitán Ryan— comentó sonriente, contagiando a su hermano mayor.
— Gracias, sos toda una artista, Ari— dijo y le desordenó el cabello.
— ¡oye! Déjame el pelo— se quejó y trató de peinarse el cabello, mientras el mayor reía.
El camino fue como todos los días que llevaba a su hermanita menor: suave, con conversaciones triviales y escuchando a la menor hablar con su amigo imaginario, peluche de gatito o contando las gotitas que bajan por la ventana.
— Llegamos— anunció el mayor estacionando y se bajó del auto, abriéndole la puerta a su hermanita. La llevó de la mano mientras cargaba su bolso amablemente, acompañándola hasta el tercer piso del departamento donde vivían.
— ¡hogar, dulce hogar!— gritó la menor y corrió a su cuarto.
— ¡ey! Ariel, no prendas el televisor todavía. Cámbiate que vamos a comer— dijo mientras cerraba la puerta, le dejaba el bolso a su hermana y se dirigía a su cuarto a cambiarse, saliendo en short y descalzo, dirigiéndose a la cocina. Su camino era perfecto, hasta que pisó algo que lo hizo saltar en un pie un par de veces— ¡au! ¡au! ¡au! ¿qué es esto?— miró su pie y arrancó el lego que se le había pegado, dejándole una marca en él— ¿por qué siempre tienen que haber de estas cosas por todas partes? Digo ¿acaso caminan?— bufó y dejó la pieza en el mesón de la cocina, abriendo la nevera.
— ¡quiero eso!— gritó Ariel desde abajo, señalando algo en la nevera, captando la atención de Leonardo.
— ¿qué? ¿querés carne?
— ¡NO!— protestó y buscó un banco pequeño, montándose en él y señalando con más puntería.
— ¿helado?— preguntó Leonardo, mientras su hermana asentía felizmente— No podemos. Deja eso para el postre, tenemos que almorzar primero.
— Pero Leo...— pidió la menor, juntando sus manos, poniéndolas debajo de su mentón y mirándolo a los ojos, poniendo su cara de cachorro— Por fa... Mami no se va a enterar...
Leonardo titubeó, pero al ver los llorosos ojos de su inocente hermana menor, no tuvo nada más que aceptar; de todos modos, él también quería.
— Está bien... Cómo decirle que no a esa tierna carita— dijo y se agachó a apretarle las mejillas.
— ¡te quiero, Hermano!— dijo y lo abrazó, a lo que Leo la levantaba y la sentaba en el mesón dándole helado en un tazón, mientras él agarraba su parte del envase, ya que quedaba poco.
El mutante empezó a comer mientras tomaba su teléfono y revisaba el correo. Solían hacerle pedidos por ahí actualmente.
Un mensaje captó su atención, tanto que dejó de lado la comida y decidió prestarle más atención al aparato en sus manos.
— ¿de Yoshi Hamato? ¿para mí?...— se dijo en un murmuro, recordando que su madre solía hablar mucho se una tal banda proveniente de Japón. Una llamada "H&S". Era ese momento en el que una madre se ponía a fangirlear sobre sus ídolos en su juventud.
Fue en ese momento que se emocionó internamente, bastante. Recordó que se trataba de "Hamato Records", una disquera que cerró por división de banda y decaimiento de fama y popularidad.
"¡NO PUEDE SER! ¡ES EL SEÑOR YOSHI!" fue el grito interno que expresó Leonardo, llevándose una mano a la cabeza. A él le gustaban sus canciones, sean en español, inglés e incluso japonés. Escuchó bastantes de sus temas, y le encantaron; tenían pasión, amor y realidad. Muchas hablaban de su vida, otras de romance. Pero con el tiempo dejó de escucharlo, porque dejaron la banda.
Aunque... Tenía una ídola. Ella era la chica de la banda, la hija de Splinter. La escuchaba cantar en grupos o, cómo le gustaba más a él, solista, protagonizando la instrumental, cautivándolo con su voz japonesa. Era la chica de sus sueños: piel clara, actitud atrevida y ojos que le enamoraban: ámbar.
Decidió abrir el dichoso mensaje, leyéndolo con calma.
"De: Yoshi Hamato.
Para: Leonardo Acosta.
Hola, Leonardo, mi nombre es Yoshi, un placer que esté leyendo esto. Primero que todo, soy el ex-cantante de rock y pop de HR, Hamato Records, y me presento para informarle que su gran habilidad para crear efectos visuales y dirigir otros tipos de visuales ha no sólo impactado a su país, si no también a algunos otros. Yo, por ejemplo, me encuentro en LA, Los Angeles, ubicado en Estados Unidos, y me ha puesto atónito su talento, ya que causa impresión en mi persona. Me encantaría revivir HR, pero no sólo, si no con usted. No estará solo, habrán muchos otros jóvenes de su edad o cercana, esperando por esta gran oportunidad. Mi objetivo es revivir mi disquera, pero con apoyo de la juventud, renovando las músicas y estilo. Claro, respetando la originalidad.
Ahora ¿cuento con su ayuda?
Si su respuesta es positiva, yo mismo pagaré su viaje hasta acá, Los Angeles, cuanto antes sea posible. Los temas de alojamiento, alimento, dinero y otros recursos estarán discutidos y supervisados por mi persona.
Me encantaría tenerlo en mi equipo, que sea parte de HR, que se una a la familia, dónde será recibido con todo el respeto del mundo, Leonardo.
Espero su respuesta.
Gracias por su atención,
Yoshi Hamato."
Se emocionó internamente, dejando escapar una sonrisa y risa nerviosa. Lo mejor es que incluía un viaje a Los Angeles, pago, incluyendo todo lo que necesitaba. Su ídolo lo buscaba A ÉL, por sus talentos. Al fin alguien le veía ese talentoso lado.
Un "¡claro que sí!" fue la respuesta que su conciencia le gritó, pero se empezó a entristecer sin causa, buscándola dentro de su cabeza.
El sonido de un cubierto chocando contra el suelo le hizo volver a su hermana, quién veía al objeto al piso, pasando a ver la cara de su hermano, sonriendo inocente, con la cara llena de helado; Leo sonrió de lado burlón y dejó el teléfono en el mesón, acercándose a la menor.
— Ups— dijo la niña, mirando a su hermano, quién amablemente había agarrado una servilleta y empezado a limpiarle el rostro a su hermanita.
— Ten cuidado la próxima, Ari, más nada je je— le dijo Leonardo y dejó un beso en su frente.
— Te amo, Leo— dijo Ariel con euforia y lo abrazó— No quiero que te vayas nunca, hermanito.
En eso Leonardo, correspondiendo el abrazo, entendió a qué se debía su tristeza: debía dejar a su familia y amigos. Debía dejar sus compañeros, madre, padre, y hermanita... La chica que le alentó durante toda su vida, y defendió algunas veces. Ella también le levantaba el ánimo, y compartía mucho con él, así que no sería una decisión tan fácil.
— ¿y si vemos Frozen?— preguntó la pequeña.
— No otra vez...
— ¿y...? ¡¿Barbie?!— preguntó con emoción.
— WOJOU, creo que mejor vemos Frozen— respondió nervioso.
— ¡sííí!
Leonardo bajó a la pequeña y dejó que se fuera corriendo a la sala, mientras él empezaba a ordenar la cocina. Cuando se iba a ir con su hermana, le echó un vistazo al teléfono y lo pensó de nuevo... Era familia o futuro.
Hice lo mejor en cuanto al argentino, de todas maneras en un rato hago unas cuantas correcciones :v
Espero que les haya gustado y... Les dejo con la intriga de Leo 7u7 y disculpen por tardar tanto, tengo algunos problemas. Nada de que preocuparlos.
Bueno, seguimos en el próximo. No olvides comentar, darle fav. y follow ^^
Bye, bye
