Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, y no soy Stephenie Meyer. Si lo fuera… ¿creen, de corazón, que estaría sentada frente a esta computadora lenta y destartalada? No señores… Tendría frente a mi una notebook ultimo modelo, y ya mismo estaría enviándole a mi editor Breaking Dawn, para publicarlo en un mes ¬¬
Summary: Las noches más significativa de Edward en la habitación de Bella, cuidando del sueño de ella.
Mientras dormías
III. Ángeles y demonios
Qué ridículo. Qué patético. Qué cursi.
Qué enamorado que estaba.
Y eso me hacía sentir ridículo, patético y cursi. Un ridículo, patético y cursi enamorado. Como todos los enamorados, supongo. Emmett es realmente ridículo y patético cuando se trata de Rosalie. Carlisle también, aunque él se ve menos ridículo. Y Jasper sólo es patético, porque así se ve cuando Alice lo cuida.
Pero yo era ridículo y patético... Y cursi.
Y estaba furioso.
El día había sido extremadamente largo. Todos los días, desde que tenía memoria, me habían parecido largos. Pero el día de hoy, mucho más. Sabía que Bella iba a salir, la había estado vigilando. Iría a Port Angels a acompañar a sus amigas a comprarse vestidos para el baile de primavera. Port Angels. Una ciudad grande, llena de peligros, y ella estaría indefensa.
Hacía días que no la veía en el colegio, por la simple razón que hacía días que yo no iba al colegio, porque estaba de caza, y por que el sol se había decidido aparecer en este pueblo perdido. Pero la veía dormir de noche, hermosa como en el ángel que era, cautivamente como el demonio que pretendía poner mi mundo de cabeza.
Estaba muy furioso.
Port Angels era muy peligroso. Y ella atraía el peligro. Era un imán para el peligro, un bonito imán.
Se había separado de sus amigas, buscando una librería. Al parecer, los libros le gustan mucho, a juzgar por la pequeña colección de novelas que descansaban en un estante, en su cuarto.
Se había separado de sus amigas, pero se había perdido.
En un momento me asusté. Había perdido su rastro, el cual seguía por el olor y lamente de los demás. Estaba realmente asustado, y muy pocas veces en mi existencia de vampiro me he asustado.
Pero el miedo se fue convirtiendo vertiginosamente en horror. Las mentes que había captado no eran para nada decentes. Sus pensamientos no eran nada decentes. Y esos pensamientos tenían como protagonista a una muchacha.
A Bella. A mi Bella.
Las voces todavía sonaban en mi cabeza, aún a horas de este hecho. Sonabas obscenas, indecentes, morbosas. Más morbosas que este amor peligroso y masoquista que siento.
¿Cómo podían pensar así de Bella? ¿Cómo podían pensar así de una persona tan frágil e inocente?
Estaba demasiado furioso.
Esas mentes sólo pensaban en sexo. Pensaban en poseer a Bella de la forma más violenta y ultrajante. Sólo pensaban en tener su cuerpo para satisfacer sus deseos más oscuros. Yo también la deseaba para satisfacer mis más bajos instintos. Pero, ¿qué me diferenciaba de ellos? Yo no la quería, yo la amaba. Querer es algo muy posesivo, en el sentido más literal; y en un sentido más figurado, querer era tenerle mucho aprecio a alguien. En sentido figurado, yo quería a Alice, a Rosalie, a Esme. En sentido literal, yo quería la sangre de Bella. Pero a Bella, a toda ella, la amaba.
Bella me hacía descubrir emociones nuevas. Ahora había descubierto que era capaz de sentir la ira más profunda. Una ir que recorría mis venas vacías como fuego y hacía que mi corazón latiera con los ecos de los latidos que alguna vez había producido.
Quería matarlos, hacerlos pedazos entre mis manos. Sentir sus cuellos entre mis dedos, y estrujarlos hasta quitarles el último aliento.
Pero Bella sería testigo de eso, y no quería que me viera como el monstruo que realmente soy. Porque finalmente, ya que tarde o temprano ocurriría, Bella había descubierto que era un monstruo.
Y no le importaba.
No sabría decir si el que ella descubriera mi secreto me había sorprendido. Muy en el fondo sabía que ocurriría, porque Bella era una persona muy madura y perceptiva.
Conocía mi más terrible secreto, y eso subía de nivel nuestra relación. Ya no éramos simplemente amigos. Se podía decir que "comenzábamos a salir". Hasta teníamos cita oficial, aunque el encuentro de esta noche se podría haber considerado como una.
Aún no sabía que pensar acerca de su descubrimiento. Estaba más que claro que mi condición no la asustaba, pero yo no podía permitir que ella peligrara estando a mi lado. Yo era peligroso, y sin embargo, a pesar de habérselo repetido incluso antes de que ella supiera sobre mi verdadera naturaleza, no le importaba. No le importaba. Nada, ni mis dientes filosos, ni mi piel fría y dura, antinatural, ni mi don de leer las mentes (a excepción de la suya), ni mi dieta "vegetariana", ni mi familia de vampiros, ni el hecho de haber nacido en 1901, ni siquiera lo más importante: que su sangre era la sangre humana que más me atraía y que podía ceder a la tentación en cualquier momento.
No le importaba nada. Sin embargo, ambos sabíamos –yo más que nadie– que el día de la cita, nuestra relación caería de un lado u otro del filo de la navaja sobre la que nos manteníamos.
De todos modos, aunque ella supiese mi secreto, yo estaba tan nervioso por nuestra cita como un verdadero adolescente. ¿Cómo tenía que comportarme? Yo aún mantenía costumbres y ademanes de la primera mitad el siglo XX. Sabía por descontado que mi forma de hablar y moverme era anticuada para el siglo XXI, muchos adolescentes pensaban que yo estaba pasado de moda, pero eso nunca me había importado. Hasta ahora. Había adoptado algunos modismos actuales sólo por costumbre, pero yo era un perfecto caballero, porque así me habían criado. Quizá a ella eso no les molestara; varias novelas del siglo pasado, y del anterior estaban entre sus libros. Quizá a ella le gustaran esos modismos.
Quizá no debería preocuparme por eso. Bella era única, y su mente iba por caminos muy diferentes a los demás, por lo que nunca estaría seguro de lo que ella pensara. Aunque eso también, constituía en su atractivo y misterio.
Suspiré y la observé dormir, como un auténtico ángel caído del cielo; como un auténtico demonio conjurado de mi infierno personal.
El día estaba marcado. Un lado u otro de la filosa hoja decidirían el rumbo de esta historia. Y nadie –ni siquiera Alice– sabía cuál sería ese rumbo.
o O 0 O o
Holas! Aquí de nuevo con este empalagoso fic… Debo decir que me da vergüenza de lo cursi que me salen, pero no puedo hacer más… Espero que sepan disculpar. Y se que Edward es muy repetitivo, pero ¿acaso Bella no lo es también? Creo que si, aunque menos empalagosa… En fin, gracias por leerme, a los que no dejan review, y doble gracias a los que si lo hacen… Pronto, la siguiente entrega (en verdad, no se como llamar a esto, si One shot o fic hecho y derecho ¬¬)…
Me despido! Espero reviews! Besos!
Lali Cullen
