N/A: Avisé la actualización de este mini-proyecto en otro de mis fanfic's, como ven he cumplido, aquí lo tienen. Aclaro que todavía faltan dos capítulos más y el epílogo. Subiré el siguiente episodio la semana que viene.
.
.
.
Capítulo 3
.
—Hinata-chan, ya llegué.
La aludida giró la cabeza hacia la puerta.
—Buenas tardes, Kiba-kun —saludó acercándose al muchacho—. Pensé que no vendrías.
Él la besó en los labios, segundos antes de abrazarla. —Jamás me perdería de una consulta donde pueda ver a nuestro hijo. Sabes la ilusión que me hace oír sus latidos.
La dama Hyuuga sonrió tierna apartándole unos cabellos marrones de la frente mientras sentía unas leves pataditas en su abultado vientre. Tenía cuatro meses de embarazo en los que el feto se desarrollaba de manera formidable, recibiendo las felicitaciones de su doctora por cumplir al pie de la letra sus indicaciones en relación al tiempo de trabajo y la alimentación. Desde que se enteró de la existencia del saludable niño la preocupación de perderlo, ya sea mediante esfuerzos físicos o estrés, su preocupación ascendió a niveles elevadísimos. Cuidando recelosa la inflada área de su anatomía. Desechó algunas comidas de su dieta y dedicó todo su empeño en conservar la atractiva figura, no por nada la encargada de su caso le pidió que mantuviera un peso fijo. Kiba la vio llevarse la mano a la boca y ahogar un grito de exaltación, preocupándolo.
—¿Qué sucede? ¿Estás bien? ¿Llamo a la doctora?
Debía admitir también que a partir de ese día, su marido se había convertido en un extremista cuidador de su bienestar.
—Tranquilo, solo fue un golpecito —Lo calmó, volviendo a acogerlo en sus brazos—. Supongo que se alegró al percibir tu aroma.
El castaño suspiró aliviado y se distanció un poco, tomando la blanca mano entre las suyas. —Vamos entonces, muero de ansias.
Felices y enamorados, caminaron juntos a la habitación del Hospital Central de Konoha a conocer por primera vez la evolución del que sería su primogénito. El niño heredero de la fortuna Hyuuga.
.
—Bebe, amiga.
Sakura dejó lo que hacía fijando la mirada en el vaso de té que sostenía la rubia delante suyo, curvó los labios en una pequeña sonrisa y aceptó el ofrecimiento sin dudarlo, estaba agotadísima. Ino contempló la forma en que ingirió el líquido, y la mueca que empleó después.
—¿Muy puro?
—Un poco —respondió tirando el plástico recipiente a la papelera cerca de sus pies—. Pero gracias.
—Me preocupas.
El tono alarmado que percibió en su rubia acompañante, la forzó a fingir tranquilidad. —Estoy bien, no ocurre nada.
—Ajá, y yo me chupo el dedo ¿no?
La pelirrosada se mantuvo callada.
—¡Por amor a Dios, frentona! Mírate en un espejo, ¡parece que estuvieras enferma!
Haruno apretó la mandíbula.
—Y todo por ese cabezotas de tu ex.
La mención de Naruto prendió su sangre en una tremenda furia, haciendo que le clavase sus verdes ojos al rostro de Ino.
—Ya, perdón —Se disculpó la mujer ojiazul—. Sé que no debí decir eso, pero es que tu actitud me desespera. Permaneces ausente la mayoría del tiempo, no comes sano y sufres de insomnio. La verdad no imaginé que el rompimiento de tu relación fuera a dolerte danto.
—No es cierto —mintió, bajando la cabeza a unos documentos apresados en sus palmas—. Son alucinaciones tuyas.
—¡Ja!
—¿Qué?
—Te conozco, amiga. Además tu mama ha estado comunicándose conmigo para saber cómo andas. Es inevitable que escondas las cosas, porque tarde o temprano acabamos enterándonos.
Sakura explotó. —¡Suficiente, ¿sí?! Ya no soporto esta situación, ¡siento que me ahogo!
La chica retrocedió dos pasos ante la agresiva reacción de su colega, viéndola levantarse de la silla y crear un caminito entre la pared, y la amplia mesa de madera. Parecía una loca salida del manicomio. Su pesada respiración, las manos ubicadas en la línea de su cintura y las gotitas que escapaban de sus orbes le indicaron la depresión que la dominaba. Estaba bastante alterada.
—¿A qué situación te refieres?
—¡Llevo semanas intentando visitarlo, Ino! Pero se niega a recibirme.
—Es un idiota —murmuró en voz casi inaudible.
—Lo sé.
—¿Qué piensas hacer?
—No tengo ni la menor idea —resopló abatida, retirando el rastro de lágrimas que se secaban por el aire acondicionado chocando su cara. Y bajo la atenta vista de Ino, tomó asiento justo a su lado. Dispuesta a compartir la nostalgia que cortaba su flujo de pensamientos —Aconséjame.
—Si quieres hablar con él y se resiste… existe solo una riesgosa opción.
—Dime.
Ella planeaba plantear su idea pero antes de que abriese la boca, el timbre de un celular la interrumpió. Era el móvil de Sakura, quien gruñendo malhumorada extrajo el ruidoso aparato del bolsillo del azulado chaleco, pegándolo a su oreja. La persona de la otra línea no trajo buenas noticias.
—¿Qué pasa con Naruto?
Yamanaka se asustó por la temblorosa voz femenina.
—¡Dilo de una vez, Menma! ¡¿Qué tiene?! —preguntó angustiada, llevando la mano libre a su rosado cabello. Mientras una cascada se desbordaba por sus pómulos hasta caer al suelo de la oficina, su amiga rubia temió lo peor.
—Hubo una pelea en el patio de la cárcel y él salió lastimado. Lo hospitalizaron aquí mismo, yo estoy acompañándolo —informó el pelinegro pausadamente.
—Iré en este momento.
—¡No! —exclamó veloz.
—¿Por qué? —Sus sollozos cobraban energía. El hecho de que su prometido estuviera en emergencias la golpeó de manera cruel, casi sanguinaria. El miedo de perder a el ser que más amaba en toda su vida debilitó las rodillas llegando al punto de recargar su peso en la pared ubicada a su espalda. Sosteniéndose con el mayor esfuerzo posible. Los datos que le proporcionaba el Uzumaki en relación a el enfrentamiento que se suscitó en el famoso lugar, destrozó su alma. Y deshizo sus esperanzas.
—Me suplicó que no te avisara.
—¡¿Cómo se atreve?! —reclamó furiosa y dolida—. ¡Soy su novia!
Menma tragó grueso del otro lado. —B-bueno… eso fue lo que me comentó.
Ino la tomó por los hombros, calmando su desasosiego. —Déjalo continuar.
—¿En qué área lo instalaron?
—Sakura…
—¡Habla, o juro que te mataré cuando llegue!
—Cuarto de enfermería número 10.
La pelirrosa no esperó a que el terminara de notificarle, colgó la llamada e introdujo su teléfono celular en el bolsito que Yamanaka amable le ofreció. Limpió sus lágrimas con el dorso de su mano y miró directo a las celestes esferas de su acompañante, intimidándola.
—Haremos lo que pensaste.
—De acuerdo, solo permíteme avisar a mi contacto.
Ella afirmó en un leve cabeceo entretanto la rubia agarró su cartera negra y marcó una serie de dígitos números en el táctil teclado del objeto electrónico. Lo acercó a su oído e inició la conversación con la persona que se encargaría de ayudarlas. Privilegios de poseer dones de coquetería.
—¡Listo! —Guardó el costoso accesorio en el interior de su ajustado pantalón—. Vámonos, amiga.
.
—Quédese quieto.
—Duele mucho.
—Entonces no participe en esas peleas. Parecen animales.
El chico rubio arqueó una ceja, extrañado.
—¿Disculpe?
—Sí. Como lo oyó.
Los dedos femeninos presionaron fuerte la curita de su raspón.
—¡O-oiga! ¡Sea más cuidadosa! —chilló adolorido y viéndola de soslayo—. Usted no debería atender aquí.
—¡No le permito que cuestione mis métodos de curación!
Una muchacha de aspecto serio, ojos color miel, melena castaña y portadora del uniforme blanco de enfermería, era la encargada de atenderlo. Y debía reconocer que lo hacía bien, a excepción de vendar su sangrado abdomen y amoratados brazos. Tal vez le tenía fastidio, o Naruto abusaba de su buena caridad. Cualquiera de las dos alternativas podía ser.
—¡Son unas bestias! ¡Brutos!
"Ya se le zafó un tornillo" pensó el rubio.
—Hayami, ven acá.
La aludida paró su labor volteando hacia la entrada del cubículo.
—Sí, Daiki —contestó al sujeto recostado en el marco de la puerta principal, quien la veía aproximarse a él de una forma poco decente. El contoneo de su cintura en el caminar lo revelaba todo. De alguna u otra técnica pretendía conquistarlo.
—¡Que rara, ttebayo! —exclamó el malherido postrado en la camilla, ansioso por levantar su cuerpo de esa incómoda posición y regresar a su celda. Más el síntoma de la golpiza no desaparecía. Sin embargó se sentó en la esquina inspeccionando la enorme cantidad de hematomas morados, rasguños y cortadas de primer grado. Los muy imbéciles le habían jugado sucio al ocultar una navaja en el bolsillo del short e incrustárselo cuando agredía a sus contrincantes sin cesar. Otro que no salió ileso de la masacre fue su amigo Sasuke, quien hasta donde supo terminó menos grave que él.
"Debo ver como está" dijo en su mente al segundo que una punzada lo obligó a doblarse del dolor. Tocando suavecito la gasa en su pecho.
Duró unos breves segundos en reponerse, y dispuesto a escuchar regaños innecesarios por huir del departamento de atención médica, colocó la planta de los pies en el piso de mármol. Preparado para volver.
—Aguarde, señor.
La voz detuvo su accionar, alzó la cabeza y notó una esbelta silueta escondida detrás de la cortina azul. Lleno de curiosidad adelantó sus pasos y retiró la ligera tela, descubriendo a una mujer con traje de doctora y tapabocas mirándolo a los ojos. Como si lo conociera.
—¿Y Hayami, porque…
—Su turno finalizó, joven Uzumaki. Seré yo la persona que lo atenderá.
Naruto quedó preso de aquella fémina, podía sentir que le era familiar. Pero a consecuencia de los calambres que corrieron su columna vertebral y que ella mantuviera la cabeza gacha, su empeño en verla totalmente fue inútil. Solo divisó unas esferas al borde de llanto y una amplia frente.
—Venga conmigo —Le escuchó hablar mientras envolvía su torso con un brazo—. Debe reposar.
—¿Trabaja en este sitio?
—Requerían una suplente —formuló empujándolo hacia el colchón, más él no se movía—. Por favor colabore, y camine.
El joven rubio continuó viéndola.
—¿Nos hemos visto alguna vez?
La fémina tramitó saliva. —N-no.
—Yo creo que sí.
"Dios, auxíliame" pensó la mujer.
—¿Por qué usa sombrero?
El interrogatorio del chico ponía sus nervios de punta.
—Mi cabello…
—¿De qué color es? —Una idea comenzó a rondarle la mente. Pero necesitaba pruebas de que su intuición no era equivocada. Si esa chica resultaba ser quien creía, las cosas no saldrían bien.
—Su herida está sangrando, joven.
Naruto de inmediato observó la venda teñirse de rojo producto de su movimiento, mientras ella lo imitaba palpando su torso en busca de cerrar la apertura y que no empeorase más su salud. Las suaves palmas resbalando por la longitud de su pecho erizaron los vellos de su nuca, despertando su sexto sentido. Solo una persona en todo el mundo tenía ese efecto sobre él.
—Eres…
—¿Cómo pudieron lastimarlo así? —Su firmeza acabó hecha añicos en ese instante—. Es injusto.
El detonante para que él adivinara su identidad fue el sollozo que no consiguió reprimir.
—Sakura.
La fémina captó la imprudencia de su debilidad, ahora se hallaba contra la espada y la pared encerrada en un laberinto que ella misma decidió inventar. Sus accesorios no sirvieron de nada.
—Vamos, lo guió a su camilla.
Naruto acató la orden sin chistar realizando un verdadero esfuerzo en caminar a su lugar de reposo, acomodó su trasero en un extremo y previniendo que la chica se alejaría sujetó la delgada muñeca en su mano izquierda, reteniéndola. Ésta giró en su eje para pedirle que la soltara, pero el jaloneo que recibió la acercó tanto a él, que su garganta no demoró en trabarse. La punta de sus narices chocaron entre sí y sus labios quedaron escasamente distanciados.
—Sakura —mencionó en un suspiro cargado de pasión. Semejante a un humano clamando la presencia de su Dios.
La joven desvió la vista a otro rincón del cuarto. —Se equivoca.
—No —La arrimó a su cuerpo cediéndole espacio entre sus adoloridas piernas—, y lo sabes. La voz y fragancia te delatan.
Ella maldijo en su mente olvidar ese detalle.
—El olor a flor de cerezo no lo desprende cualquiera —añadió elevando sus dedos al gorro blanco de la oculta cabellera, despojándolo de a poco. Entretanto la chica bajaba los parpados y dejaba que él hiciese lo que le plazca, al final ya había perdido batalla.
Cuando el rubio terminó su lenta actividad una rosada melena cayó como río sobre roca en la espalda de su acompañante, siguiendo después con la revelación de aquellos ojos esmeraldas que fijos contemplaban su moreno rostro, minutos antes de que el tapabocas volara en el aire al desenredarlo de las pequeñas orejas femeninas. Su premonición fue cierta; la fémina allí no resultó ser otra que su amada y prometida Sakura-chan, quien ruborizada y en el colapso del llanto miró al suelo sintiendo una vergüenza inusual. Moría de pena.
—Lo sabía —sonó decepcionado.
Haruno subió el mentón, sollozando.
—Quería verte aunque fuese suplantando a una enfermera.
—Te pedí que no volviéramos a vernos.
—Eres cruel conmigo, Naruto —confesó hundiéndole sus verdes esferas—. Tiraste todo al traste sin al menos tener en cuenta mis sentimientos. Entiendo que no deseas un mal futuro para mí, pero…
—Exacto.
El Uzumaki trató de levantarse pero ella lo acorraló, posando sus manos a cada lado del moreno torso.
—Permiso —Hizo un gigantesco intento de parecer egoísta y frío, más su azulada mirada lo descubría delante de Sakura—. Debo regresar.
—Es fundamental asear tu herida.
—¿Por qué Sakura-chan? —preguntó cogiendo las húmedas mejillas—. ¿Por qué esa necedad de permanecer junto a mí?
—Te amo con todas mis fuerzas, Naruto. ¿No es suficiente razón?
—Compréndeme —suplicó viéndola fijamente—. Tu vida es el tesoro más grande que tengo, no toleraría exponerte a peligros y riesgos. Primero escojo irme y dejar que seas feliz.
—Mi felicidad está contigo —Una lagrima descendió hasta mezclarse con las demás—. Y no quiero renunciar a ello.
—Yo…
—¿Sigues amándome?
El joven rubio deslizó sus pulgares borrando las saladas gotas de sufrimiento derramadas por su chica, desunió sus rellenos labios y pronunció en un deje de sobrado afecto y emoción: —Como el primer día.
Un mutismo se adueñó de la estancia.
Ambos observaron hechizados la transparencia del otro. El ritmo desbocado de sus corazones coordinó al grado de palpitar al unísono, compenetrados.
El muchacho ojiazul dio la iniciativa arropando en su palma el coloreado pómulo de Sakura, acercando de a milímetros su boca para revivir esa fogata ardiente que chispeaba en su interior, aturdiéndolo en una sacudida que casi le cuesta su autodominio. Ella, consciente de lo que provocaba en él recostó su cabeza en la suave caricia que le dedicaba, cerrando sus verdes ojos de puro placer. Creyó dormirse ahí mismo. La llama del deseo apareció más enérgica que nunca conduciendo a sus víctimas a la dimensión menos prudente de los sentidos. Quemándoles las entrañas sin premura. Naruto enloqueció en el breve minuto que su amada esparció largos ósculos en su piel, con un esmero único. Inocente de lo que aquello producía en su cabeza.
Adoraba verla así de entregada.
Luego de que la pelirrosada terminara de mimarlo, la necesidad de sentir el calor natural que expulsaba se volvió urgente. Sakura encontró la oportunidad perfecta cuando la masculina nariz hizo roce con la suya en una mínima distancia que le concedió hormigueos en la comisura de sus labios, besarlo era su principal objetivo. En un tardío movimiento inclinó su pecho hacia los morenos pectorales de su actual pareja, mientras enredaba en sus finos dedos los rebeldes y abundantes mechones rubios que habitaban en la nuca. Invadiéndola una taquicardia jamás padecida y unos marcados brazos acogiendo su curvilínea figura. El destellante brillo de las redondas esferas azules la motivó a no detener el acercamiento.
Sus respiraciones mezcladas.
La fusión de sus alientos en cuanto entreabrieron sus bocas en un contacto carente de ternura.
La sofocante carne ajena envolviendo como una manta lo que hallase en su camino.
La desesperación con que sus lenguas retozaban en el baile que se desencadenaba en el interior de la cavidad bucal, y arrancó gemidos rebosantes de ardiente pasión.
A la fémina el control y voluntad no le obedecieron. Su férreo agarre al cuello del rubio acompañado de su pausada inhalación de oxigeno guiaron sus instintos a algo intenso, más íntimo. Y lo mejor era que él no se detenía. Encajando sus caricias en una sincronía inhumana. Naruto apretó la atractiva cintura de la mujer contra sí entretanto flexionaba las piernas, sentándose encima de la camilla sin romper la acalorada conexión. Su sangre pedía muchísimo más de lo que ella hasta ahora le demostraba. Era una especie de sed imparable, hambrienta. Justo como Sakura lucía en sus brazos.
Las yemas incrustadas en el rubio monte que parecía su cabellera.
El sonido de emitían sus calientes pieles en el desprendimiento del apasionado beso.
El sube-baja de los senos femeninos consecuencia de la agitada exhalación de aire, rozando la roja herida.
Herida…
¡¿Herida?!
Un mar de pensamientos aterrizó en la mente de Sakura, y cortando la unión, miró los hilitos del líquido carmesí caer por cada musculo de su prometido.
—La venda.
El susurro de su cálida voz despabiló enseguida a la víctima.
—¿Qué?
—Las gasas.
El chico ojos azules entendió el comentario y apuntó una caja abandonada en la mesita auxiliar del cubículo. La pelirrosada tomó el empaque en sus manos desgarrando la tapa, sacó tres bulticos de su contenido y los extendió delante del joven.
—¿Desde cuándo mi novia sabe de estas cosas?
Ella sonrió ante el tono curioso y divertido de la masculina voz.
—Mucho antes de ingresar a la Universidad participé en una jornada de vacunación, pasado años de que hiciera un curso de primeros auxilios.
—¡Que sorpresa, ttebayo!
—Sí, bueno, fue solo un mes.
—¿Por qué? —indagó observando a su abogada despojarlo de las sucias vendas.
—Problemas económicos. Estudiar medicina salía más caro que la carrera de Derecho.
Una afirmación fue todo lo que escuchó como respuesta.
—Por cierto… ya no somos novios.
—¡¿Qué?! —Dio un salto que casi la tumba de espaldas—. ¡¿En qué te basas para decir eso?!
La estudiante en un movimiento ágil de no caer lo rodeó con sus antebrazos, manchando su bata de sangre. —Terminaste nuestra relación el otro día, tonto. ¿No lo recuerdas?
Uzumaki tuvo que hurgar en sus vivencias de semanas anteriores para memorizar esa tremenda estupidez, cuando lo logró, su mirada chocó con la verde de ella. —Ah sí, es verdad ttebayo —murmuró rascándose la nuca en un síntoma nervioso—. Pero fue con tal de protegerte, Sakura-chan.
—Lo sé —musitó deshaciendo el abrazo.
—Sakura… —La aludida lo miró—. ¿Me perdonarías?
Ella torció la boca. —Tengo una condición.
—Lo que quieras —Se mostró impaciente, muy desesperado—. Puedo cumplirte todos tus caprichos, mandados, encargos. Y cada una de tus fantasías.
El rostro de la fémina enrojeció hasta el tope. —No exageres, tontito.
—¿Entonces?
—Júrame por lo más sagrado —rogó con sus orbes aguados— que jamás te alejarás de mí. Ni que mentirás por cuidarme.
—Es que…
—Júramelo —repitió contra los morenos labios.
Naruto pudo reflejar en su expresión una súplica y amor desmedido, junto a unas sensaciones que no tuvo palabras para describir. En la atmosfera que los cubría el encendimiento se palpaba como un objeto tangible. Vaciló durante unos segundos que a juicio de Sakura fueron eternos, y resoplando derrotado, aceptó.
—De acuerdo. Es una promesa, dattebayo.
Ella le saltó encima, abrazándolo. —Te amo, te amo.
Y hubiera seguido confesando su amor sino fuese por la boca masculina apropiándose de la suya, llenándola de aquel conocido olor a hombre, a salvaje. Perfume natural que el Uzumaki transpiraba.
Una persona entró pillándolos en pleno roce pasional.
—¡Vaya, vaya! —aplaudió tres veces—. Maravillosa la emotiva reconciliación. Deben enseñarme hacer eso.
El chico rubio soltó a la pelirrosa y dirigió su penetrante mirada a la fémina de pie en la puerta. —Claro que sí, será todo un gusto.
Aunque por el tono Sakura dedujo que se trataba de una broma, los celos la poseyeron y terminó dándole un golpecito un poco brusco en las costillas. —Idiota.
—D-diablos… —Dobló su abdomen del dolor, viéndola de reojo—. Acuérdate de mí estado, señora Uzumaki.
—Contrólate, amiga.
La fémina enfocó su vista en la rubia que enderezaba la postura y caminaba hacia ellos.
—Y tú no le des malos consejos.
—Oh, vamos —bromeó estirándole la mejilla—. Es un simple juego.
Haruno formó un cómico mohín con sus labios.
—Pero ahora que lo medito bien —continuó fastidiando a su recelosa amiga, divertida—. Tu novio dispone de un cuerpo bastante sexy.
A ella una vena le palpitó en la frente. —¿Qué?
—Obvio, frentona. Solo míralo —Lo señaló con un dedo—. El tono de su piel, el contraste del vendaje, los marcados abdominales, la recia espalda, ufff y eso que no he visto el…
El nombrado negó con su cabeza para que se callara.
—¿Por qué? Estoy diciendo la verdad.
—Ino…
El bajo murmullo y tinte de advertencia viajó a la oreja alertando su seguridad, la estudiante andaba echa un toro detrás expulsando humo por los orificios auditivos y enviándole un mensaje que en tres segundos supo definir. Si insistía en lo mismo su tumba sería el suelo que la sostenía. O eso pensó.
Yamanaka carraspeó en una fallida estrategia de aliviar el tenso ambiente. —Vengo a informar que el tiempo de visita culminó.
—Cinco minutos más, por favor.
La cabello rosáceo abandonó el trance de furia en el que se hundía y vio a su novio exhausto recostar en un ángulo lateral el peso del cuerpo en la blanca pared, escondiendo una mueca de inmenso ardor. En primer lugar imaginó que se debía al codazo que le propinó, pero las gotas de sangre empapando el dorso de la mano indicaron que era algo grave.
—¡Naruto! —exclamó corriendo en dirección a él, mientras sus verdes orbes lo presenciaban desplomarse—. Aguanta, no te rindas.
La mujer rubia asomó la cabeza por la puerta y gritó en el pasillo: —¡Ayuda, un doctor! ¡Necesitamos un doctor!
—La enfermera que partió de aquí hace rato me informó que luego de curar las heridas me trasladarían a una clínica.
Sakura entró en pánico. —¿Por qué?
—E-en la pelea un sujeto usó una filosa navaja y perforó parte importante de mi pulmón.
—¡Busca alguien rápido, Ino!
La chica asintió en un cabeceo apresurando la velocidad de sus pies.
—Veme a la cara, Naruto —Lo zarandeó, angustiada—. No te desmayes, por favor.
El herido estaba cediendo a una extraña sensación de sueño.
—No olvides que te amo —balbuceó en inentendibles silabas pausadas, durmiéndose.
Haruno empezó a llorar, lo acunó en su pecho y revuelta en un mar de sufrimiento, nombró reiteradas ocasiones el nombre de sus fallecidos padres en una imploración de insoportable agonía. Pidiendo que mantuvieran al hiperactivo rubio con vida, y a salvo.
.
—Lo siento señorita, pero el acceso es restringido.
El cirujano retenía por los hombros a la necia joven que se negaba a oírlo, entretanto una rubia los veía de lejos y acudía en su ayuda.
—Tengo derecho.
—Está convaleciente, pronto será ingresado a la sala de operaciones y usted no puede entrar allí.
La paciencia de Sakura desapareció. —¡Es mi prometido, el amor de mi vida! Entienda que debo acompañarlo.
—Calma, amiga —susurró Ino, tomándola del codo—. El doctor tiene razón.
Ella volteó a ver los azulados ojos. —Él me necesita.
—Lo sabemos, pero ahora hay que esperar.
—Debo irme —sonó la voz de hombre—. Con permiso.
Las dos féminas lo vieron mezclarse entre la multitud de enfermeros.
—Si llegara a morir…
—No, no pienses negativo —aconsejó llevando la rosada cabeza a su hombro, consolándola—. Ya verás que saldrá bailando en unas cuantas horas.
La caricia que le regaló después terminó de desarmar la estabilidad que Sakura tanto se esforzaba por conservar.
—No podré seguir sin Naruto —sollozó abrazando su pañuelo de lágrimas andante.
"De ti depende el bienestar de mi amiga, idiota. Sobrevive."
.
—¿Cómo está?
—No sabemos, Kiba. Hace tres horas entró al quirófano y aun no salen con noticias.
El castaño refregó los dos dedos sobre su frente. —¿Y su novia?
—Hinata ha permanecido junto a ella un buen rato, calmándola un poco.
—¿Dónde?
Ino levantó la mano y apuntó una dirección a ocho metros de distancia, cerca de la cafetería. —Allá. Creo que intenta obligarla a comer.
—Iré a ver —Se encaminó hacia las féminas sentadas en un banco ubicado a la esquina del extenso pasillo clínico, conversando al parecer—. Gracias—despidió a la rubia en un ademán.
La susodicha arqueó la ceja y rodó los ojos. —Niños.
.
—Sakura-chan no seas terca, por favor.
—Te agradezco pero no, la verdad no tengo apetito —argumentó empujando la cuchara de sopa caliente que su amiga intentaba hacerle ingerir, su estómago rugía en busca de alimento pero el paso a su garganta estaba obstruido por un nudo que no supo arrancarse. La preocupación y angustia de no tener noticias respecto a la operación que le hacían a Naruto la colmaba de un desespero terrible, indescriptible. Un miedo que no pudo enfrentar.
—¿Pido otra cosa? ¿Un café o…
—Que mi novio salga vivo de ese cuarto.
La Hyuuga depositó el tazón de verduras y caldo de pollo en la silla desocupada a su costado, giró hacia la pelirrosa y le apartó el espeso flequillo que cubría toda el área de la vista, viéndola llorar en silencio —Debemos ser positivas, Sakura —animó agarrando las temblorosas manitas—. Él es duro de vencer, lo sabes.
Ella la miró al rostro. —¿Y si no? ¿Qué tal si la cortada fue profunda…
—Lamento interrumpirlas.
Las dos notaron enseguida la agradable compañía masculina.
—¿Qué sucede, Kiba-kun?
—Tu padre me llamó, lo oí extraño.
—Olvidé comunicarme con él al salir de la cita —murmuró presionando los labios entre sí—. Debo hablarle ahora.
Haruno limpió sus abundantes lágrimas. —Te dejo para que hagas tus cosas.
—Espera —La atajó por el codo antes de que huyera—, todavía no has comido nada. Bebe un zumo de fruta.
El chico sonrió cautivado.
—Después —contestó zafándose sutil del agarre—, lo prometo.
La ojiperla vio la silueta de su amiga mezclarse entre la masiva población que transitaba por el estrecho camino a la sala de urgencias, buscando impaciente a alguna enfermera o camillero que supiera del estado de salud del empedernido rubio mal herido hospedado una de las numerosas habitaciones. Su esposo tomó asiento en el banquito anteriormente usado y capturó sus blancas extremidades superiores con cariño, llevándolas al pecho.
—Cada vez me siento más orgulloso de ti, Hinata.
Ella se sonrojó. —G-gracias, Kiba-kun.
.
Parecía un animal en vigilia.
Cazando a su presa en busca de información.
—¡Señorita, espere! —Corrió veloz hacia la empleada de la clínica, exhausta—. Necesito… preguntarle algo.
La mujer de negros cabellos ondulados arqueó la ceja ante el inesperado arranque y sonrió amable, respondiendo a la petición. —Dígame.
—Mi novio fue intervenido hace tres horas, y no me han dado ninguna novedad. Quiero saber cómo está.
—¿Su nombre?
—Naruto Uzumaki, llegó herido y lo atendieron en la sala de emergencias —sonó esperanzada de por fin conseguir datos, su corazón latió frenético cuando vio a la enfermera coger una tabla con hojas de informes y leer una en particular—. ¿Y? ¿Qué paso?
Ella levantó el rostro, apenada. —El joven acaba de ingresar a cuidados intensivos, pero no se permiten las visitas.
—¿Por qué?
—Son órdenes superiores —Retrocedió unos pasos para irse, dejándola sola—. No me es posible ayudarte.
—¡Oiga! —llamó de nuevo. La chica vestida de enfermera la miró, y ella suavizando el tono de su voz, le preguntó —¿En qué número de habitación lo tienen?
—Veinte.
"Debo encontrar la manera de entrar allí, cueste lo que me cueste" pensó.
La estudiante curvó sus labios en un amago de sonrisa, y asintió despidiendo a la fémina parara en medio del poblado pasillo principal. Suspirando en el momento que desapareció de su campo visual. Ahora su único objetivo consistía en ver al rubio por lo menos diez minutos y verificar que de verdad estuviera bien, más la vigilancia de los policías en la puerta del cuarto le aseguró que no sería nada sencillo. Debía escabullirse como una sanguijuela entre esos tipejos. ¿Pero cómo?
—Frentona, hasta que te consigo.
Instintivamente volteó a su derecha y el rostro de Ino encendió un bombillo sobre su colorida cabeza, creando ilusiones en su roto corazón.
—Necesito un favor, cerda.
La fémina cabello rubio enarcó una ceja, confundida. —¿Qué?
La expresión de su amiga fue indicio de una locura… en la que ella tendría que colaborar.
.
—¿Quieres un café o algo?
El hombre vaciló unos instantes antes de responder. —Una botella de agua no está mal.
—De acuerdo. Hey —murmuró apuntándolo—, por nada del mundo te despegues de aquí.
—Pff. Ni que fuese idiota.
—Quedas advertido, Atsushi.
—Ya, ya —Hizo un ademán bobo—. Vete.
Su compañero giró en su posición caminando hacia la cafetería, metiendo sus extremidades superiores en el negro pantalón del uniforme de seguridad. El joven Atsushi permaneció bajo el umbral de la puerta observando a su alrededor las personas transitar muy apuradas, parecía que se desarrollaba algún tipo de enfermedad contagiosa porque los cuchicheos no mencionaban otro asunto.
—¡Auxilio! ¡Ayúdenme! —Los ensordecedores gritos femeninos resonaron como alarma a sus medianas orejas, asustándolo. Buscando de inmediato la portadora de aquellas suplicas.
Una mujer de pelo azul se acercó a él por el lateral de su cuerpo, físicamente alterada y con los celestes orbes bañados en lágrimas —¡Oficial!
Él la tomó de los antebrazos intentando calmarla. —Señorita, respire.
—Me… me robaron —jadeó, fingiendo cansancio—. ¡Mi bolso!
—¿Quién?
—Un hombre alto, de tatuajes en el cuello y usando un falso traje de empleado. Debe seguirlo.
—¿Por dónde se fue?
—Huyó en dirección a la avenida. ¡Dese prisa o escapará!
El vigilante afirmó en un leve cabeceo y acató la orden de ayudarla, sin saber que todo era un vil engaño de una de las mujeres más experimentadas en actuaciones y dramas fuera de serie. Cuando ella se convenció de que su estrategia había surgido efecto, despojó la chillona peluca de su real cabellera y resopló obstinada, realizando una señal para que su amiga pudiese ingresar al interior de la estancia.
—Que sea rápido, Sakura —amenazó seria—. Si el idiota ese regresa y descubre que le mentimos, estaré en problemas.
La fémina melena rosácea salió de escondite y la abrazó fuerte. —Gracias, Ino. Sin ti no sé qué haría.
—Morirte, obvio —Sobó la espalda de la muchacha—. Bueno, suficiente de cursilerías. Entra ya —murmuró después de separarse, algo melancólica.
—Te debo una.
.
Su mundo terminó de romperse cuando lo vio.
Naruto dormía en una relajación profunda, con una cantidad aterradora de claves pegados a sus brazos y pectorales ocultos en la ligera tela de la bata médica. Su rostro moreno en un tinte pálido que la angustió en sobremanera, su cuerpo tendido como si de un muerto se tratase, una figura inerte. El pausado ritmo de su respiración en conjunto con sus cerrados parpados, le afectaron más de lo que ella creyó imaginar. No toleraba la imagen frente a sus ojos. El amor de su vida no podía ser aquel joven, se resistía a creerlo. Seguro era el cuarto equivocado.
Pero las características de aquel aspecto desecharon su tonta idea de negar lo evidente.
Haruno llevó la palma derecha tapando su boca, tras soltar un leve sollozo de completa dolencia. En su pecho una presión estaba asfixiándola, cortando el exaltado aire que viajaba por su garganta hasta la nariz. Sacudió su cabeza varias veces sin entender las injusticias que ocurrían, su mente no procesaba todo lo que aconteció durante el poco tiempo que tuvo de estar en la cárcel visitándolo, a verlo postrado en la camilla de un Hospital.
—Naruto… —mencionó en un inútil movimiento de acercarse, pero el temblor de sus rodillas no la dejaba— despierta, por favor.
Él no empleó reacción alguna.
La fémina haciendo un esfuerzo gigante avanzó siete pasos hasta llegar a su lado. —Tu silencio… me hiere. Lo sabes.
El comentario no fue contestado.
Sakura acabó arrodillada, cogiendo las ajenas manos. —Prefiero morir contigo a vivir este sufrimiento. Habla, ¡dime algo, por amor a Dios! Necesito que me escuches.
Su determinación terminó de abandonarla en el peor momento, quebrándose la seguridad en el tono de su voz. —Ya no puedo más.
.
El hombre frunció el ceño arrugando los plásticos envases de humeante café recién preparado en sus manos, y la contempló de arriba abajo —¿Dónde está mi compañero Atsushi, joven?
A Yamanaka los nervios la traicionaron, forzándola a carraspear. —En el baño.
—¿Y tú…
—Licenciada Ino, a su servicio —Sonrió a modo de saludo, más el vigilante no le creyó.
—Usted no tiene permiso de andar en esta área, agradezco se retire.
—¡Ugh! Que descortesía.
—Permiso, debo entrar.
La rubia expandió sus celestes orbes, asustada.
—Espere —Lo detuvo antes de que ubicara la palma sobre el picaporte, él la miró—. D-digo…
—Hay alguien dentro ¿no es así?
—Puedo asegurarle que…
—Ha violado una norma, señorita —dijo tirando los llenos recipientes en la papelera próxima a sus pies—. Déjeme pasar o tendrá asuntos serios que explicar al juzgado encargado del caso.
Ino se apartó enseguida frotando el puente de su nariz, enojada.
.
Las lágrimas corrían como ríos por sus rojos pómulos empapando las sábanas blancas del colchón, y el dorso de la mano que sostenía entre las suyas al sobarla contra su mojada mejilla. Sakura lloraba sin consuelo hincada hacia él, rogando a todos los dioses del mundo que despertase y la acariciara de cualquier forma. Con tal de sanar la herida que rasgaba su sangriento corazón.
—S…sa…
El bajito sonido se filtró en sus oídos, alertando su intuición.
—¿Naruto? —nombró alzando su cabeza.
Un ligero apretón en el agarre la llenó de esperanzas.
—Sa…Sakura…
—¿Puedes oírme? —musitó, observándolo.
—Sí… —Abrió los ojos de a poco, aún soñoliento—. ¿P… porque…
—Te operaron —le informó antes de sonreír, contenta—. Pensé que no…
—¿Sobreviviría? —Completó por ella ya mirándola fijamente—, eso nunca sucederá. Juré no distanciarme de ti, ¿recuerdas?
—Siempre.
Uzumaki deshizo la unión subiendo su abierta palma al rostro femenino, mimando con ternura la piel de su novia, mientras ella dejaba consentirse. — Me lastima ser el causante de tu agonía.
—Entonces no vuelvas a desmayarte en mis brazos, ni despedirte como si fueses a morir.
—Hubo un segundo en que lo creí —Rodó la caricia a la nieva frente, retirando en un tacto suave los flequillos rosas que caían hacia delante—. La idea de formar una familia contigo fue lo que me motivó a seguir vivo, y cuidarte.
Sakura cerró sus orbes, botando más gotas saladas. —Estaba muriéndome sin ti, Naruto. No sabes lo que sentí.
—Lo malo pasó, ahora estoy aquí… a tu lado.
—Promételo.
—Lo juro, ttebayo —susurró atrayéndola a su propia cara, conectando ambas frentes—. Te amo, cerezo.
—No tanto como yo, baka.
La fémina entreabrió sus verdes esmeraldas clavando la vista en los masculinos labios que la incitaban a besar, y probar la conocida sustancia que aturdía sus sentidos. Adoraba cada facción de ese hombre. Todo de él le resultaba único, radiante. Y el hecho de que el rubio correspondiera a su deseo no mejoraba sus alocadas palpitaciones, que agredían de forma violenta su pecho hasta retumbar en sus oídos. Empeorando su inquietud cuando él la acercó todavía más, en una inevitable mezcla de amor y anhelos reprimidos, tentando a su suerte. No se percató en lo que sus temblorosas manos acudían al pecho del joven y apretaban duro la sedosa tela de la bata que usaba, ubicándola a la altura de las costillas. Su sano juicio culminó en las incontenibles sensaciones de plasmar en la morena piel el sobrehumano afecto que destilaban sus poros, sacudiendo el flujo de sangre que transitaba por sus venas hasta situarla en las ahora ruborizadas partes de sus mejillas. Percibiendo en la azulada y brillante mirada de su prometido, una razón suficiente para proceder a cumplir su ansiado impulso.
—¡Joven!
El eufórico grito del vigilante de pie bajo el marco de la puerta interrumpió el romántico momento.
—Haga el favor de irse, las visitas están prohibidas.
Sakura y Naruto cayeron en cuenta de la intromisión y observaron despabilados la fornida silueta masculina, sin crear espacio algunos entre sus sonrojados rostros. Ino se colocó de puntillas agitando los brazos hacia arriba, en un infantil modo de que supiera de su existencia.
—Es mi novia —aclaró el rubio volviendo la vista a la nerviosa fémina—, tiene todo el derecho de estar acá.
Ella le sonrió enternecida.
—Solo sigo órdenes, chico.
—Me importa un bledo lo que digan —La apretó en su cálido pecho, dispuesto a dar batalla—. Sakura se queda.
El hombre afirmó en un lento cabeceo, cogió la radio colgada en el cinturón de su cadera y la llevó a su boca, notificando a los demás policías que viniesen a ayudarlo. La pareja de enamorados intercambiaron un cómplice gesto de confidencialidad y Yamanaka bufó en el pasillo, alterada. La terquedad del Uzumaki no podía compararse al férreo agarre que Sakura sostenía con el acalorado torso de su amante, parecían adolescentes caprichosos.
Los sujetos no tardaron en llegar.
—Sepárenlos —exigió el empleado apuntándolos, mientras la estudiante melena rosada derramaba abundantes lágrimas de frustración. Tanto ella como él sabían que no debían verse hasta después del juicio, pero en el amor… ninguna ley se respeta.
—¡No, no! —repetía afianzando sus manos a las del chico rubio, no queriendo soltarlo. El forcejeo de los guardias jalándola en dirección contraria hizo que Naruto tratara de levantarse, sin éxito aparente. Todavía no habían transcurrido muchas horas desde que lo intervinieron y las heridas aún estaban sensibles, pero eso no sirvió para detenerlo.
Una punzada en su costado izquierdo lo debilitó por escasos segundos.
Los tipejos aplicaron más firmeza a la prisión creada en los femeninos codos, marcándole sus palmas en la delicada piel blanquecina.
—P-por favor, un rato con él es todo lo que pido —exclamó dirigiéndose al líder del grupo, ahorrando la molestia de observarlo—. Suéltenme ya.
—Usted conoce las reglas, señorita. Un preso acusado de asesinato carece de las oportunidades que disponen los demás criminales. Su… defendido, entra en dicha categoría.
El joven ojos azules se derrumbó en la camilla, adolorido. —Demonios, ¡libérenla!
—Saquen a la mujer de aquí.
Haruno gastó su última pizca de fuerza y aliento en entrelazar su mano derecha con la izquierda de su prometido, viendo en medio de las pesadas gotas que picaban en sus brillantes orbes el deslizamiento de ambos dedos desuniéndose producto del empujón que los mastodontes le dieron, conduciéndola a la salida de la habitación. El brazo de Naruto quedó en el aire, extendido hacia ella.
—¡Sakura!
—¡Resiste! Demostraré tu inocencia a como dé lugar —pronunció llorando, instantes previos a que fuera sacada del sitio y mirara a Atsushi introducir la llave en la dorada cerradura, cerrándola por completo.
—¡¿Qué rayos hace?!
El mayor de todos empleó un ademán a los otros dos compañeros, indicando que la dejaran en libertad y se marcharan de lo que sería un enfrentamiento de voluntades.
—Mi trabajo.
—¡Pues qué bonita forma de hacerlo! —habló sarcástica, y fulminándolo con su verde mirada—. ¡Es un desgraciado!
—Sumaré cargos a su expediente profesional por desacato a la autoridad.
—¡Adelante, no lo dude! ¡Y le aseguro que…
De pronto alguien tapó su boca, callando la sarta de barbaridades que planeaba decir.
—Lamento este comportamiento, oficial —Se disculpó la rubia abogada, alejando consigo a su exaltada y furiosa amiga—. Siempre le sucede.
El hombre asintió no muy convencido.
Cuando ella estuvo conforme con la distancia, quitó su palma de los ajenos labios. —¡Por Dios, frentona! Casi nos metes en graves problemas.
La fémina sintió sus orbes arder de pura furia. —¡No debiste interferir! ¡Él y sus infelices amigos me apartaron de Naruto!
Los enfermeros, doctores, secretarias, asistentes y demás contemplaban atónitos la extraña escena, cuchicheando en voz baja insultos agravantes. Yamanaka supo de eso.
—Estás protagonizando un espectáculo frente a todos.
—¡¿Y a mí qué?! Yo no me alimento de lo que piensen.
Ino la sujetó por los hombros —. ¡Cálmate ya!
—¡No! —De un manotazo anuló el agarre, desbordada de oscura ira—. Hallaré al culpable de todo lo que nos ocurre, ¡lo juro!
Una joven temerosa de su actitud avanzó diez pasos hasta detenerse en su espalda, llamándola con suavidad —¿Es su nombre Sakura Haruno?
La aludida volteó aflojando la arruga de su entrecejo. —Sí, soy yo. ¿Qué quieres?
—Un señor me encomendó que le diera esto —Extrajo de su negro bolso un sobre amarillo sellado en la portada, tendiéndolo a la dueña. La pelirrosada aceptó el objeto y miró a la rubia, desconcertada—. Bueno, me retiro. Adiós.
Ella desenrolló la cuerda roja atada al papel y abrió su interior, sacando una hoja blanca con letras de periódicos recortadas y cuidadosamente pegadas. Su amiga se arrimó a su lado, viendo con atención lo que decía el anónimo.
Ambas asustadas.
El "accidente" del Uzumaki solo fue una prueba de lo que ocurrirá si continúan la investigación. Renuncien al caso y asuman la derrota. O de lo contrario… no saldrá vivo de la próxima emboscada. Yo mismo me encargaré de eso, joven Haruno. Se lo puedo asegurar. Mi intención no es provocarles daño, pero su ansiedad por inmiscuirse en temas que no les corresponden me llevó a cumplir mi anterior amenaza. Por su bien los quiero lejos de mis asuntos.
Si no desean morir, por supuesto.
Ino apoyó una mano en el hombro de la chica luego de finalizar la aterradora lectura —. Es una advertencia ¿qué decides? ¿Seguimos o no?
El silencio de Sakura… respondió a todas sus incógnitas.
