DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La saga crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la historia es de mi autoría. Está prohibida su adaptación parcial o total.
Capítulo beteado por Mimi Afterhours de Betas FFAD.
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Capítulo 2: Entre realidades y recuerdos
Quizá pensé que era un momento imaginario, algo irreal, una muestra con lo que mi inconsciente había planeado divertirse, pero por más que me repetí muchas veces "esto es sólo un gran sueño", no despertaba. Me acuerdo que el reloj marcaba las 19:30 de un día viernes casi normal, lo que transformó lo habitual fue estar extremadamente alterada por los resultados que traían unas pruebas de embarazo.
Obviamente ni el bebé que podría venir en camino, ni el padre eran el problema, el inconveniente era si esas pruebas marcaban negativo o un falso positivo, sería otro intento fallido y Edward, mi marido, ya no tenía la fuerza suficiente para consolarme a mí y a él mismo por la tristeza de no poder tener hijos.
Lo más duro fue todo el proceso posterior a la pérdida de mi primer embarazo, sobre todo aquella vez que dio un falso positivo posterior a un tratamiento de última generación cinco meses antes de aquel viernes, los dos estábamos tan contentos, pero no hubo bebé.
—Mira, mira mi amor, dio positivo —le dije absolutamente emocionada y él me dio un beso, que se cargaba de esa misma emoción, felicidad, dicha y amor incondicional.
—Bella, llamemos a tu hermano, tienes que hacerte pronto esos exámenes, para que puedas tener claro que es lo que debes hacer para que esto salga bien.
—Ok. —La emoción se apoderó de mí, pero inspiré profundamente mientras marcaba los números—. ¿Se encuentra el Doctor Andrew Swan?, soy su hermana.
—Oh, señorita Isabella, enseguida la transfiero—dijo amablemente su secretaria, que increíblemente se acordaba de mi nombre.
—Aló Bella, ¿qué te sucede? ¿Estás bien?
—Sé que es muy extraño, pero te juro que en mis manos tengo una prueba de embarazo que salió positiva. —Mi alegría se transmitía hacia Andrew, botaba lágrimas de felicidad, con una mano sujetaba mi teléfono y con la otra palpaba mi vientre.
—Ven de inmediato para realizarte las pruebas; no conduzcas, tú estás demasiado nerviosa.
—No te preocupes, Edward está conmigo, él conducirá; nos vemos en media hora.
Ese fue uno de los momentos en los que he estado más nerviosa y espero que este resultado sea el esperado, ¿cuán largo pueden hacerse cinco minutos?, me preguntaba internamente.
—Andy. —Lo abracé, pero él no traía una sonrisa en esos ojos que desde pequeña me decían que es lo que pasaba en su cabeza y en su corazón—. ¿Dónde está Edward?
—Él prefiere estar afuera, le afectó mucho la noticia… —No entendí nada y quedé más aturdida con lo que dijo después—. Promete que vas a ser fuerte… que no te vas a rendir… ustedes son jóvenes, de seguro podrán intentarlo de nuevo.
— ¿Qué… qué quieres decir? —Titubeaba, toda aquella emoción se convirtió en angustia—. No hay embarazo, ¿eso es lo que intentas decirme? —Él asintió y yo me derrumbé.
No quería que me pasara de nuevo aquello del falso positivo y sobre todo porque Edward no había estado de un buen estado de ánimo hace mucho tiempo. El día que cambió nuestra vida no estaba conmigo pues él había estado dos semanas fuera, y esperaba tenerle una buena noticia a él y a todas las personas que nos vieron muy tristes después del accidente.
Ya se había cumplido el tiempo de espera por la respuesta, sin embargo, por lo nerviosa que estaba no quise ver el test, lo metí a la caja y salí al encuentro de mi hermano en la consulta. Manejé con cuidado, "la ansiedad nunca ha sido buena compañera de la conducción" fue lo que Charlie, en su cargo como jefe de policía, me había inculcado desde pequeña; estacioné como a una calle del hospital y caminé lo que me quedaba para conocer aquellos resultados.
Mi corazón latía muy rápido, pero hice caso omiso de aquello y enseguida llegué a la consulta de mi hermano.
—Pasé señorita, su hermano la espera— me sonrió la secretaria.
Aquel despacho tenía un mural entero de diplomas y títulos que mi hermano tenía, miré la silla del escritorio, estaba vacía… esta broma ya me la conocía, me di vuelta antes de que me asustara y lo abracé.
—Hola hermanito. —Frunció el entrecejo por no haber podido realizar su broma—. Te traje las pruebas y vengo lista para el examen. —Me sonrió a medias y después de un largo suspiro fue directo con la pregunta que quería hacerme, presentía cuál iba a ser.
— ¿Cómo van las cosas con Edward?
—Últimamente van mejor, pero existen veces que me dan ganas de decirle que se separe de mí, total, el problema para concebir siempre lo tendré y no creo que pueda solucionarse. —Y comenzaron a pasar las imágenes del funeral de mi primer bebé.
— ¡Shh! —Puso un dedo en mis labios—. Apurémonos, para que cuando llegue tu marido esté todo listo.
Me hizo las preguntas de rutina, me hizo pasar a la camilla mientras él veía las muestras que no había querido ver para no ilusionarme, y, posteriormente, comenzó el examen que determinaría si llegaba a mi vida la maternidad.
—Mira para acá. —Vi en sus ojos un brillo de alegría que no me pasó desapercibido—. Tienes que ser muy cuidadosa porque ya no eres solo tú, en poco más de ocho meses, si Dios quiere, tendrás a tu anhelado bebé en tus brazos.
Me emocioné con la noticia, pero como todavía no cumplía las seis semanas de embarazo, mi hermano dijo que no era posible oír los latidos del corazón de mi bebé en esa oportunidad, pese a eso, sabía que Edward se pondría feliz de nuevo, todo volverá a la normalidad.
Andrew me acompañó al centro comercial, él le regalaría el primer conjunto de ropa a su sobrino o sobrina, yo iba camino al "mundo del bebé" que tenía el supermercado, pero a Andrew se le ocurrió otra cosa, llevarme a la tienda más exclusiva para vestir desde un recién nacido hasta un infante de dos años. La ropa diminuta estaba por todos lados, él me dijo que eligiera dos juegos completos de ropa, me gustó uno blanco y uno amarillo, Andrew pagó sin dejarme ver cuánto era el total y salimos de allí.
Íbamos pasando frente al supermercado, le pedí que me acompañara porque necesitaba comprar algo, pasé a comprar todos los ingredientes para una pizza casera e íbamos camino a una caja para poder pagar. Salimos por uno de los pasillos que tenía cosas para bebé y recordé que en el fondo del ático había dejado una caja con todo lo que le había comprado acá mismo a Mathew, en ese mismo instante imágenes del accidente se abrieron paso en mi memoria.
Era un día domingo soleado, extraño para ser Forks, Edward y yo planeamos salir hasta nuestro prado, el cual habíamos encontrado de casualidad siendo novios, en el instituto. Todavía no nos habíamos mudado hasta San Francisco, Íbamos a esperar al nacimiento de nuestro primer bebé y después Edward pasaría a encargarse de la empresa familiar en San Francisco, California.
—Vamos Edward —le di un beso tierno —, se nos hace tarde.
—Ok, tranquila, pero primero ponte de lado para sacarle una foto a mi hijo. —Le saqué la lengua en un acto infantil, pero sentí una patadita y llevé la mano a mi vientre mientras lo miraba con todo el amor infinito que tiene una madre por su hijo, en eso sentí el flash.
—Edward, ¿no se te ocurrió avisarme que ibas a sacar la foto?
—Perdón Bells, pero es que te veías tan bien que no me resistí a que esta fuera la foto oficial de ti y nuestro bebé. —Lo abracé, pero unas náuseas repentinas me invadieron y tuve que correr al baño, todavía me ocurría de vez en cuando, lo único que quería era que se pasara pronto—. ¿Estás bien? ¿Necesitas algo? ¿Suspendemos el viaje? —me preguntaba después de que me había lavado los dientes para quitarme el mal sabor de boca.
—Sólo quiero salir mi amor, nada me haría más feliz que el aire fresco de nuestro claro.
En la carretera no se veía ningún vehículo; de pronto vimos un camión a distancia, nuestra velocidad no superaba los 80 km/h; cuando íbamos más cerca del camión un irresponsable quiso adelantar, y nos impactó de lleno, mi instinto reflejo fue proteger mi vientre, pero, ¿qué podían hacer unos simples brazos ante tamaña colisión?
Desperté llena de cables y agujas, con una bolsa de sangre conectada a mi brazo, pero al tocar mi vientre el dolor fue inexplicablemente grande, con mis sollozos desperté a mi madre que estaba en la misma habitación, solo me abrazó y me contuvo porque ya no había nada más que hacer, estaba completamente vacía.
Abracé a Andrew, él entendía que para mí un nuevo embarazo era revivir todos aquellos miedos, abrir heridas que aunque el tiempo había logrado que dejaran de sangrar, todavía no existía un analgésico para poder erradicar los sangrados esporádicos que venían con los recuerdos. En la caja fue todo más rápido que de costumbre, mientras caminábamos al vehículo me percaté de lo tarde que se hacía, le dije a mi hermano que se fuera por la autopista para evitarnos el atasco de las calles internas y así llegar rápido a casa.
Andrew entró conmigo, me dijo que él iría a buscar a Edward al aeropuerto mientras yo hacía la cena y que no me preocupara por él pues llegaría a comer a su departamento junto con Caroline y sus hijos para no interrumpir el gran momento en que le contara a Edward la gran noticia.
Estaba absolutamente nerviosa, el test de embarazo estaba en una cajita en la mesa y el video del ultrasonido en el DVD listo para reproducirse. Sentí un auto frenar en la calle, unos minutos después vi salir del vehículo de mi hermano a un sonriente Edward, le abrí la puerta antes de que llegara a tocar, me besó intensamente en el umbral de la puerta y yo le sonreí cuando entró.
—Mmm… ¿Pizza casera? —Estaba contento, sentía que la noticia iba a arreglar cualquier problema que hubiésemos tenido.
—Sí, comida especial, para un momento especial.
—Bella, que llegue de un viaje de dos semanas no es nada tan especial que requiera una cena así —suspiró profundamente, amaba esa sencillez que tenía—. ¿O hay algo más?
—Todavía no te puedo decir nada. —Me miró atemorizado—. No te asustes, no ocurre nada malo, todo va excelente.
Con mi corazón latiendo a mil revoluciones por segundo le serví un gran trozo de pizza, Edward me miraba como tratando de descubrir qué es lo que escondía, aunque me mostré totalmente misteriosa. En medio de la comida, me preguntó sobre el contenido de la caja; había llegado la hora.
—Eh, es… es… sólo ábrelo. —Mis ojos amenazaron con botar lágrimas pero gracias a Dios me controlé. Edward abrió la caja que tenía la apariencia de un estuche para guardar anteojos y quedó mirando lo que había en su interior con una expresión de total asombro.
— ¿Esto… esto… es tuyo? —Me sonrió cuando yo asentí, no podía hablar, la emoción que sentí en ese momento me dejó paralizada—. ¿Está totalmente confirmado? —Le puse "play" con el control remoto del DVD y comenzó a verse el video de la ecografía, dio la vuelta a la mesa y me abrazó tan fuerte que toda esa alegría y emoción en ese abrazo también estaba en el aire.
Pasaron sólo tres días desde que Edward supo que estaba embarazada y ya me tenía muy consentida, pero al despertar aquel día, comenzaron las náuseas y los mareos, menos mal que mi marido ya se había ido a trabajar cuando desperté, sus nervios me habrían alterado más.
Era tan incómodo que cualquier cosa que ingería acabara como desecho, con Matt no había sido tanto, pero la felicidad de estar embarazada era tal que no me importaba si tenía que soportar estas cosas durante un tiempo.
Todas las cosas mejoraron después que le conté la noticia de mi embarazo a Edward, cualquier posible distanciamiento que pudo habernos afectado, era solo un momento de oscuridad que fue totalmente opacada por la luz que comenzaba a tener nuestras vidas.
Esa misma tarde, organicé una reunión familiar en mi casa aprovechando que mis papás habían llegado a San Francisco de visita, obviamente mi hermano sabía cuál era la razón por la cual quería que estuviéramos todos juntos, pero sabía que él no diría nada antes de que yo diera la feliz noticia tanto a mi familia como a la de Edward. En tamaños siempre han sido muy dispares, porque mis padres fueron hijos únicos, a eso le sumo a mi hermano mayor Andrew, su esposa Caroline, una latina con la misma profesión que él tenía y mis dos pequeños sobrinos, Kathy y Nick de catorce meses de edad. En cambio, Carlisle, mi suegro, tenía más familiares en Europa, de donde proviene; Esme, la madre de Edward, tenía una hermana que sus padres habían adoptado, Carmen, quien estaba viviendo en Alaska con parte de su familia; los hermanos de Edward eran dos, Alice y Emmett, que estaban emparejados con Jasper y Rosalie Hale respectivamente.
—Hola mi amor —dijo Edward cuando llegó de su trabajo y después de darme un beso—, ¿cena familiar? —preguntó después de ver más puestos colocados.
—Sí, ya es hora de que sepan la noticia. —Sonreí al ver cómo le brillaban los ojos.
— ¿Cuál es el menú de hoy? —Olfateó el aire, pero no se encontró con ningún olor a comida preparada.
—Eh, creo que vas a tener que ayudarme con eso, no me he podido acercar a la cocina más que para sacar unas galletas saladas, es lo único que he podido comer, las náuseas hicieron acto de presencia hoy. —Miró mi vientre, se arrodilló y le comenzó a hablar.
—Mi pequeño, no hagas que tu mamá se sienta mal ¿sí? —Me dio un beso donde se alojaba nuestro bebé—. Pórtate bien, al menos cuando yo no esté para cuidar de ella.
Yo me puse a llorar, era incontrolable que la emoción que tenía la pudiera canalizar, era algo que lo veía venir pues con nuestro primer bebé estuve emocional durante todo lo que duró el embarazo.
—Shh, todo está bien mi amor, no llores.
—Es que… no lo puedo controlar. —Sonreí a medias.
—Yo prepararé la cena, no te preocupes, anda a descansar, te avisaré cuando todo esté listo.
En la habitación quería descansar, era una idea muy tentadora pero decidí ponerme linda, Alice me mataría si no estaba con un vestido acorde a una cena familiar, pues le encantaba sacar fotos en cada una de ellas. No me gustaba ser el centro de atención pero en ese minuto era inevitable, todo se centraría en mí, mis emociones y mi estado de salud.
Todos llegaron puntualmente a las ocho y media de la tarde, me encontraba demasiado nerviosa, más si le sumamos que al bajar desde el dormitorio al primer piso estaba todo tan oloroso a mariscos pues Edward había preparado un ceviche, que tuve que ir directo al baño, entonces mi amado esposo me preparó arroz blanco para que pudiera cenar algo decente.
—Hola, hola —dijo Alice cuando entró con la cámara lista, pero se detuvo al verme—. ¿Estás bien, Bella? —Yo asentí suavemente, con el temor de volver a marearme—. Estás pálida —acotó, mientras venía hacia el sillón donde estaba medio recostada.
—Es solo que hoy me desperté con náuseas —le contesté justo cuando mi hermano entró a la sala, Alice no entendió aunque mi hermano me miró pidiéndome disculpas, sabía que se lamentaría por no haberme dado nada para este tipo de molestias, pero para mí no era un síntoma que me afectara mucho.
Edward me ayudó a pararme e irme a sentar a la mesa mientras mi madre y Esme servían lo que había preparado Edward, aunque mi marido me sirvió un poco de arroz blanco pues no iba a arriesgar la salud y el bienestar mío y del bebé.
— ¿Qué tienen que decirnos? —Fue Alice la que preguntó—.Porque créanme que me he dado cuenta de todas las miraditas que se daban durante la cena.
—Les tenemos una noticia con Bella. —Mi mundo comenzó a dar vueltas, no fue bueno cargar con toda la porción de arroz a mi frágil estómago y en cuanto Edward terminó de decir esa frase me paré y fui rauda al baño.
—Yo voy —dijo de inmediato Andrew mientras se encerraba en el baño conmigo—. Ya Bells, ya está —me dijo cuando todo lo que pudiera haber tenido como alimento ya no estaba en mi organismo.
—Estoy bien. —Me paré demasiado brusco y me vino un potente mareo, pero estaba firmemente agarrada del lavamanos.
Cuando salimos todos estaban en la sala, Andy me llevó cuidadosamente hacia el sillón donde también estaba mi Edward y toda esa preocupación que se hacía notar en sus ojos se disipó levemente cuando me vio.
—Como dije, Bella y yo les queremos dar una noticia —respiró profundo y continuó hablando—: es algo que nos ha emocionado mucho, sobre todo desde que lo compartió conmigo. —Alice lo paró.
—O dices de una vez qué es lo que sucede o me veré en la obligación de enojarme contigo.
—Alice, tranquila —le dije—, es solo que Edward está tan feliz que quiere transmitir a todos ese sentimiento.
—No te preocupes Bella, la cosa es que algo sucede y me invaden las ganas de saber qué es.
—Les pido un favor, sólo miren el televisor—terminó Edward antes de que comenzara a reproducirse el video.
Mi suegro lo entendió al mismo tiempo que Caroline, me miraron a mí y entendieron todo mi malestar anterior, Rosalie fue la que interrumpió el silencio deseándome lo mejor, así como cada una de las personas que estaban en nuestro hogar. Aunque sin duda me quedé sin palabras cuando Edward llegó con un pequeño paquete, eran unos zapatitos de recién nacido y mis lágrimas hicieron acto de presencia mientras mi madre me abrazaba. Esos zapatos los había comprado Edward hace tres años y cuatro meses para nuestro angelito, de seguro ya había encontrado la caja donde puse todo esto, nunca me dijo nada.
Todos se habían ido, mi hermano me dejo una receta para unos medicamentos especiales para los malestares que estaba sufriendo, Edward los fue a comprar mientras yo me iba al dormitorio a descansar. No me percaté cuando llegó porque el cansancio me dominaba y me encontró en el sillón durmiendo, pero al igual que yo Edward estaba muy feliz, el brillo de sus ojos ante pequeños cambios que me ocurrían me lo dejaba muy claro.
Me levanté temprano aquel lunes para ir a mi trabajo, tenía que entregar el informe médico que me daba baja por maternidad al ser un embarazo "de alto riesgo". El bebé estaba muy bien de salud realmente, pero al tener antecedentes de aborto no podía seguir trabajando, o al menos no podía trabajar si quería que todo funcionara perfectamente.
Cuando volvía a casa me dio antojo de comer helado de naranja, entonces pasé a mi heladería favorita que quedaba muy cerca de mi casa, Swensens Ice cream que se ubica en Hyde St. con Union St., desde pequeña había sido amiga de los hijos del dueño que antes vivió en Forks y eran amables conmigo, cuando los vi, los saludé amorosamente.
—Hola don José. —Él me sonrió y me hizo señas para que me acercara.
—Hola Bella, tiempo sin verte. ¿Qué sabor quieres hoy? —me preguntó sin preámbulos y con el antojo que tenía solo contesté:
—Ando con antojo de helado de naranja. —Me ruboricé, no acostumbraba a que me regalara un helado, pero era tal mi antojo que era una necesidad de comer y llevar al menos dos litros a casa para tener de reserva.
—Will, prepara helado de naranja en el pote de dos y medio para llevar, es un regalo para Isabella —gritó desde la puerta, le agradecí con la mirada pues no me cobró por ello—. Ahora cuéntame, ¿de dónde proviene tanto antojo?
Me brilló la mirada antes de responder: —Don José, el milagro sucedió, estoy embarazada. —Me abrazó y no pude seguir conteniendo mi emoción. Definitivamente estuve muy sensible, pero lo único que esperaba era poder controlarlo aunque sea un poco
—Te lo dije, te lo dije, te lo dije, Dios no te dejaría sola, me encanta como brillan esos ojos, no hagas fuerzas, tienes que comer bien, mira que para regalonear con helados y dulces al futuro bebé está este viejo.
En ese momento el empleado que había mandado a buscar el helado me lo trajo, además de una copa con helado de naranja y salsa de chocolate. Me sentía tan feliz, don José siempre ha sido un hombre esforzado que nos consentía con helados, batidos y dulces, me había visto crecer y estuvo conmigo siempre, él es tan creyente que cuando perdí a mi bebé nunca faltó una palabra de aliento que no me dedicara, siempre le estaría agradecida.
Cuando llegué a casa vi un auto extraño, era pequeño pero de un llamativo azul eléctrico. Me bajé cuidadosamente del vehículo, no quería tener mareos, pues pese a los medicamentos a veces me movía bruscamente y tenía que sujetarme de algo de inmediato si no quería terminar en el suelo; abrí la puerta y escuché a varias personas conversando en la cocina, me dirigí hacia allí.
—Hola. —Levanté las cejas para que Edward me dijera quiénes eran, pues no los había conocido.
—Hola mi amor, ellos son Kate Denali, mi prima, y su novio Garrett. —Ahí caí en cuenta de quiénes eran. Cómo no los había visto desde mi matrimonio no me había habituado a verlos, no como a la hermana de Kate, Tanya, que estaba haciendo un postgrado en L.A., y nos visitaba regularmente.
—Oh, hola, ¿cómo están? —les pregunté mientras guardaba el pote de helado en el congelador.
—Nosotros estamos súper bien, gracias. —Me sonrió con los ojos llenos de curiosidad. Sabía por lo que estaban acá, nadie pudo guardar la noticia, Esme de seguro había llamado a su familia.
— ¿Qué quieres preguntar Kate? —Fui directa ante la mirada aprensiva de mi marido que estaba incómodo por algo. —Te conozco, esos ojos brillantes están muy expectantes.
— ¿Es verdad que por fin estás embarazada?
—Sí, casi como un milagro. —Cuando lo confirmé los ojos se le pusieron mucho más brillantes y Garrett la abrazó, no estaba entendiendo nada—. ¿Qué sucede?
—Lo que sucede es que Kate confirmó que tiene poco más de un mes de embarazo. —Me quedé muda, fui a abrazarla pues sabía que a ella le habían diagnosticado un problema intrauterino irreparable que provocaba la imposibilidad de que fuera madre, ese día llegué a una gran conclusión: Los milagros existen.
Espero que hayan disfrutado con el capítulo, quiero agradecer a todas las personas que le han dado una oportunidad al fic, quiero hacer una mención especial para tres personas, Mimi, mi beta; Cata (baisers ardents), una gran escritora y autora del fic Dos Caras contra el fuego, y por último para Saha Denali quien ha sido la primera persona en comentar.
Cariños.
