Muchísimas gracias por sus comentarios n/n Los primeros dos capítulos fueron ideas de un momento y no creí que fueran a tener tan buena aceptación. Gracias, en serio :D… Este cap. igual que el anterior, se me ocurrió de cualquier cosa y en esto terminó… Pensaba subirlo aparte, pero creo que puede seguir bien la línea de este.
No tengo idea si añadiré más viñetas luego, pero si quiero aclarar que son capítulos totalmente separados entre si. Sólo eso, creo. XD…
Gracias por leer.
Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi, los cuales utilizo sin ningún ánimo de lucro.
Ella y él
III
Técnicas en la cocina.
—¿Estás lista para tu práctica, Akane?—. Cuestionó, Ranma, cuando ambos se encontraron frente a frente, en la entrada de su lugar de prácticas. Los dos venían vestidos para la ocasión, con sus gi de entrenamiento. Porque, de alguna manera peculiar, esta sería una sesión de destreza.
—Bueno… no estoy muy convencida de que seas tú quien me enseñe—. Murmuró la muchacha de mirada dudosa, aunque algo le decía que su prometido podía serle de mucha ayuda.
—Dale con lo mismo —Se sulfuró el artemarcialista, sin embargo, estaba de buen humor y de un tiempo para atrás, cualquier palabra que salía por su boca, trataba de pasarla antes por un filtro—. Ya te dije que lo veas como una forma de compensarte por ayudarme a estudiar y aprobar los exámenes de ayer. Además, puede que seas torpe, pero eres una torpe muy tenaz.
Akane frunció el seño en un gesto asesino, más rápidamente su aura de batalla se decantó a nada y sus facciones se relajaron.
—Si esto no funciona, o te burlas de mí, voy a partirte tu mandarina en gajos—. Esbozó sonriente, adentrándose en el área de entrenamiento.
—Claro, como tú digas—. Enfatizó con sarcasmo, yendo tras de ella, mientras se repetía mentalmente "¡Marimacho violenta!
El lugar de prácticas estaba tan reluciente, como siempre, y tal como habían planificado los chicos, en este momento la pieza se encontraba vacía.
Akane pasó a la parte central del lugar, mientras que Ranma se quedó a unos dos metros de distancia de ella; cerca, para no perder de vista ninguno de los movimientos femeninos, y lejos, lo suficientemente alejado del rango de peligro,
—Bien, vamos a comenzar —Habló el pelinegro, modulando su voz lo más formal posible—. Será algo sencillo, pero primero necesito que te relajes.
El azabache observó asentir a su aguerrida prometida. Akane bajó ambos brazos y los subió hasta el centro de su cuerpo, como si estuviera orando, todo ello, mientras tenía los ojos cerrados y aguantaba la respiración. Luego, fue despegando y bajando sus miembros, a la vez que iba soltando el aire suavemente. Este proceso lo repitió un par de minutos.
—Perfecto—. Añadió al verle con la energía enfocada en el cometido.
—¿Qué sigue?— Inquirió con curiosidad.
Durante la relajación de Akane, Ranma tomó un detalladísimo manual de instrucciones, y se detuvo en la que le pareció perfecta para comenzar con su nueva aprendiz.
—Primer paso: enciende la estufa, coge un sartén, toma el frasco de aceite con tu mano derecha, coloca el brazo a tres palmas de distancia de la sartén y gíralo treinta grados hacia dentro durante cuatro segundos —Ranma miró la incredulidad de Akane y añadió una orden—. Hazlo.
Akane obedeció al pie la orden, a pesar de que estaba segurísima de que las cosas se cocinaban mejor echando el frasco de aceite entero.
—Hay que dejar que el aceite se caliente. Vamos por las papas —Dijo él—. Serán dos patatas, pero comienza con una.
La muchacha fue y volvió a toda prisa del refrigerador, de donde sacó las verduras. Dejó una, a un lado de la tabla de picar, mientras que la otra la colocó en esta.
Akane tomó el cuchillo machete más grande de toda la cocina, pero dos dedos masculinos detuvieron en pleno vuelo el ataque a la patata.
—Espera —Interrumpió, sereno. Le estaba costando no reírse, en serio—. Es como en las peleas, tienes que mirar a tu oponente para saber cómo atacarlo. Imagíname peleando con el idiota de Kuno; con una patada está fuera, ni siquiera necesito una de mis técnicas especiales con ese bobo.
—¿No puedes enseñarme sin estarte adulando, cierto? —Mencionó Akane— Pero puede que tengas razón—. Dejó a un lado el pesado cuchillo y tomó uno cuya hoja de acero era tres veces más pequeña que la anterior.
Ranma sonrió por su buena decisión. Con ello evitaría que las verduras picadas salieran volando, tal si fueran disparadas por un arma.
—Es parte de mi atractivo —Añadió, pecando de petulante—. Ahora, quiero que te fijes muy bien en lo que tienes sobre la tabla. Ya no es una papa, es un tablón de los que rompes todos los días en tu entrenamiento. Quiero que visualices el centro y la partas.
—De acuerdo—. Ella estaba ya demasiado concentrada como para ponerle atención a su enaltecimiento. Miró al amarillento bulto en la mesa y tomó aire antes de dar una rápida estocada, justo a la mitad.
Parado frente a ella, del otro lado de la barra de comida, Ranma depósito en el mármol el libro de recetas y tomó dos tenedores.
A partir de ahí, él se concentró en pasar al centro los pedazos de patatas con los cubiertos, hasta que las dos legumbres quedaron reducidas a perfectos cuadros.
"Algo falta" Pensó el hijo de Genma mientras observaba lo que llevaban hecho. "¿Qué sería?" En fin, cualquier cosa sin importancia, se respondió.
No acaba Ranma de abrir la boca para felicitarla, cuando esta ya había traído un arsenal de verduras más, entre tomates, lechuga, cebolla, chile y cualquier cosa que se encontró en el frigorífico.
—¿Qu-qué haces?—. Balbuceó.
—Creo que esto le añadirá un toque especial—. Con total naturalidad, le respondió la muchacha.
—No puedes hacerlo si yo no te lo dicto—. Le replicó el chico de la trenza a consciencia.
—Pero, Ranma —La peliazul puso cara de enfado—. No sabes de trucos de cocina. Este tipo de cosas es lo que le da el toque original a las recetas.
—Y el motivo por el que te salen fatales —Añadió con burla—. Recuerda lo que me enseñaste en las ecuaciones, cuando hay que dividir, sólo hay que dividir, ninguna operación más.
Akane terminó aceptando a regañadientes y echó todas las legumbres traídas a una bandeja, dejando la tabla sólo con las papas curtidas.
Tal como lo venía haciendo, Ranma le fue dando instrucciones acerca de el vaciado en el sartén, la cantidad de sal, y hasta pasaron a la preparación de los huevos sin mayor inconveniente.
La peliazul los echó en una pequeña vasija y el pelinegro acotó la cantidad de vueltas, la presión de la fuerza con que debía batirlos y el tiempo que debía pasar para que las papas estuvieran bien fritas y así poder añadirle los blanquillos.
Hubo otra feroz discusión sobre los "elementos de decoración" del guisado, no obstante, terminaron siguiendo los lineamientos de la sencilla receta.
—¡Se ve genial! Suspiró la peliazul, muy alegre. Cogiendo el plato para salir de la cocina hacia el comedor.
—Se ve comestible —Susurró Ranma, caminando a su lado. No sabía qué, pero notaba que el platillo no estaba del todo bien— Te lo dije, así me enseñaron a mí. El viejo tiene unas ideas muy raras, pero dan resultado.
Los prometidos llegaron ante la mesa, donde Genma y el patriarca de los Tendo les esperaban.
Ambos adultos se echaron miradas de desconfianza entre si, sin embargo, sabían que Ranma le había ayudado, así que tenían un grado de confianza para probarlo.
—¡Akane! ¡Está perfecto para ser tu primer guiso de entrenamiento! —Soun lloriqueó de felicidad en el hombro de su hija, una vez que probó un poco de la comida—. ¡Serás una buena esposa!
—Papá, no exageres—. Rezongó la menor.
—¡Ja! ¡Lo sabía! —Gritó el ojiazul, con el ego arriba—. Conmigo, hasta Akane puede aprender a cocinar.
—Bueno, hijo, no lo han hecho nada mal —Habló el padre de Ranma, acomodándose los anteojos mientras pasaba un bocado de los blanquillos con papas—. Pero la próxima vez, deja de cegarte con tus dones de cocina y no te olvides de la técnica del quitado de cáscara.
"Las cáscaras de la papa" Ranma se sonrojó a más no poder, mientras que Akane le miraba con una enorme sonrisa en sus labios, tanto por lo bien que se portó, como por el "imperdonable" descuido de el pelinegro. Después de todo, era ella la aprendiz, ¿no?
O-O-O
