POR: CLAUDIA MEDINA

MEMORIAS DE UN ELEVADOR

CAPITULO 3

Lo vi, como en otras muchas ocasiones, la miraba mientras ella no se daba cuenta. Yo podía verlo que muchas veces se detuvo a muy corta distancia para tocar su cabello rizado, o se acercaba para olerlo; me imagino que era un olor muy agradable porque hasta cerraba los ojos para disfrutarlo. Admiraba su perfil, esa pequeña nariz y su gesto de niña. Después ella se sentía observada, volteaba y le regalaba una sonrisa sincera, abierta, complacida que hacía que sus ojos brillaran aun más. Era entonces que él tomaba su cámara y le tomaba una foto.

-¿Cuándo dejarás de hacer eso Al?- decía Candy con una mezcla de falsa molestia y agradecimiento a su nuevo amigo. Desde el día del desmayo por no llamarlo de otra manera, iniciaron su amistad. Él la llevó al pent-house y la ayudó, le invitó un licuado de fruta para hacerla sentir mejor y que comiera algo, claro después del as mil veces que ella se disculpó por el incidente. Candy pudo concluir que el rubio trabajaba para el dueño de ese piso, ya que se movía como Pedro por su casa. La acompañó a su departamento y ella le abrió las puertas de su hogar porque había algo en él que le daba confianza, sentía que lo conocía de hacía tiempo atrás. Además algo que le gustaba es que desde un principio fue lo suficientemente cruda en su honestidad, de que si eran otras sus intenciones no tenía ninguna posibilidad dadas las circunstancias y él con su característica paciencia, aceptó dejarlo todo solo en una buena amistad.

Al sonrió travieso, levantó las cejas dos veces rápidamente antes de volver presionar el botón de la cámara

-Cuando estés fea, dejaré de tomarte fotos, ni modo es lo que tienes que pagar por estar tan bonita

-¿Bonita? ¿Yo? Si sobre todo por mi sexy figura- dijo en tono amargo tocándose su abultado vientre de casi 6 meses de embarazo.

-Las mujeres embarazadas son las más lindas…y tienen su sex-appeal- contestó Al riendo al dirigir su vista al escote de Candy que para entonces su busto había aumentado el volumen.

-Eres un pervertido- le dio un golpe con lo que traía en la mano.

-Ay – se quejó y se sobó con la mano-al momento que soltaba la risa. Candy lo vio, parecía un ángel, su ángel de la guardia como secretamente le decía, su amistad había sido un remanso a su decepción más que dolor por la traición de Anthony, porque su hijo era el resultado de un gran amor que aunque solo hubiera sido de su parte. Había decidido tenerlo y sacarlo adelante ella sola. Ahora era su razón de vivir, muchas veces, entró en mi cabina y hablaba con su bebé.

De Anthony, no quería siquiera recordar su nombre. Si un día volviera, yo lo dejaba encerrado toda noche y apagaba el ventilador. Solo Annie lo sabía, ni Tom, ni su tía Pony sabían de su embarazo menos de la relación que tuvo. Así que cuando Al y ella tocaron el tema del papá del bebé, ella solo contestó "¿Cuál? Ese hombre no merece ni siquiera ser recordado". Mi bebé es mío y de nadie más. Su corazón estaba en plena recuperación gracias a su hijo, pero no estaba dispuesta a enamorarse nunca más. "Solo existe el amor como lo conozco ahora, entre tú y yo bebé", le decía.

¿Annie va a ir contigo a la consulta?

No, su jefe está algo loco con unas cosas que tienen que entregar.

Si gustas puedo acompañarte… ¿a qué hora es?

A las 12:00, en la hora de mi comida, pero gracias, puedo ir sola

Bueno, sino puedo ir contigo entonces, mi segunda invitación incluye una cena con un plato grande de naranjas y piñas…y te he de contar que he hecho nuevas amistades…que precisamente son chefs mexicanos y pude conseguir…chile en polvo.- dijo dueño de la situación. ¡Ándale, con esa! jaque mate. Candy no se iba a negar a eso.

Candy abrió los ojos y pasó saliva, se había hecho adicta a ese plato por su amiga Lupe, su compañera en pediatría. "Diablos", pensó, "esta amistad con Al está siendo algo peligrosa, está empezando a conocerme muy bien".

-OK, pero yo invito lo que haya en el refri.- contestó sonriendo.

Yo abrí mis puertas en la planta baja y Al dejo el paso a Candy. La observó y enfocó la mirada para asegurarse de haber visto lo que creyó. El pantalón blanco de Candy estaba manchado de sangre.

-¡Candy!- la detuvo del brazo- espera, tu pantalón está manchado, vamos inmediatamente al hospital más cercano, bajemos al sótano, por el carro.

Candy se asustó, se llevó ambas manos a su vientre y se recargó en mí tratando de calmarse, un miedo frío la abrazó. No podía perderlo, no a su bebé. El brazo de Al la cubrió

-Tranquila, todo va estar bien, vámonos.

-Tomemos un taxi, tu jefe te va a regañar

-Eso no importa por ahora, lo que importa es el bebé- dijo con voz suave. Aunque desde aquel día de su accidente no había manejado. Estaba impávido de miedo, pero la situación lo ameritaba, era la vida del bebé o su miedo. Vio la cara de su amiga y estaba pálida, quería parecer fuerte pero el miedo se reflejaba en su rostro.

Horas después entraron de nuevo, ya era de noche. Presionaron el botón para subir, abrí mis puertas y Al casi la cargaba no quería que tuviera el menor esfuerzo.

-Ahora directo a la cama, señora bonita.- dijo autoritario pero con voz suave.

Sonó un celular, Candy lo contestó era Annie al parecer.

-¿Cómo? ¿Pero porque?- está bien- solo no vayas a decir nada Annie – cuídala mucho, y me saludas a Tom.- colgó y guardó de nuevo el teléfono en su bolsa. – Era Annie Tom le habló para decirle que mi Tía Pony se puso algo enferma, pidió verme pero le dijo que yo no podía salir del hospital, así que ella se va ir a Lake Wood, para ver como está.

-Y tu tía no sabe de lo de…

Candy movió la cabeza negándolo y viéndola a los ojos.

-ok, me quedaré en el sofá, no te puedes quedar sola, no debes moverte de la cama.

-No puedo aprovecharme de ti, tu tienes que trabajar..

-Y quien dijo que no lo iba a hacer, pero por lo pronto, estaré contigo toda la noche- dijo al encorvarse a la altura de sus ojos, después se alargó a toda su altura y agregó- muchas, morirían por eso, así que disfrútame nena, suena sugestivo ¿verdad? Te llevaré directo a la cama y me quedaré toda la noche- dijo al reír con sus ojos y apretando los labios

-Está bien, Al, ya me has seducido.- dijo al reír y después quedarse seria a punto de llorar-gracias- y le plantó un beso en la mejilla. Se quito las lagrimillas de las mejillas y pasó saliva.-gracias por tu amistad…- quiso cambiar de tema- ¿Cómo es que conoces al doctor David Lieberman? Te hablando con él a través de la ventana.

-Candy- suspiró, tenía que decirle-hace unos meses tuve un accidente en coche, en realidad hoy fue la primera vez que manejé desde entonces, estuve inconsciente, de hecho no recuerdo algunas partes de mi vida, pero una persona era constante en mis sueños.

-¿Quién? ¿Tu mamá? ¿Tu papá? ¿Alguien especial para ti?

-De hecho las personas, importantes si... pero siempre eras tú...

-¿YO?- preguntó abriendo los ojos como platos.

-Tal vez no recuerdas, pero fue lo primero que te dije ese día que nos conocimos, que tú eras la chica de mis sueños, no era una frase hecha para conquistar, realmente aparecías en mis sueños.

Candy quedó muda de la impresión. Después de un pequeño momento de silencio

-Pero el doctor Lieberman es cardiólogo, yo lo conozco, también trabaja en el Memorial
General Hospital.

Yo abrí mis puertas y antes de salir al dijo

-Bebé, mami y el tío Al vamos a cuidar de ti, así que te vas a portar bien ok?- abrazó de nuevo a Candy para ayudarla a cruzar mi dintel.