+STAGE 03: REVELATIONS+

Contigo en mi cabeza, vagué por la ciudad lo que restaba del día, prácticamente.

Quizá fue culpa o remordimiento, pero... tal vez habías dicho eso sólo porque te parecía pesada, que no se te había ocurrido mejor manera que humillarme así y darme a entender que no querías tener nada que ver conmigo, que únicamente era la chica de al lado que ofreció su hospitalidad y que tú solamente rechazaste para no darme falsas esperanzas.

Entonces no tenía por qué estar enojada contigo si ese fuera el caso, tenía que ser lo suficientemente adulta como para aceptar que eras parte de mis fantasías y que solamente imaginé las repetidas veces en que me viste tras la ventana, sólo porque me cautivaste desde que pisaste esa misma calle y porque a mí me robaste el corazón con ese andar que tenías.

Claro que llegué a esa conclusión unas cuantas horas después de mi partida, porque lo primero que se me pasó por la cabeza fue insultarte hasta que no pudiera más y dejar que entre la rabia sucumbieran mis lágrimas de dolor, para olvidarme que tú me habías hecho una cosa así a mí y que me habías dejado malparada en todo sentido de la palabra.

Sinceramente me lastimaste tanto pero tanto con eso, que confundí mis sentimientos hasta el punto en que casi me envenené y por poco olvidé por qué ansiaba poder acercarme a ti, por qué razón quería llegar a ti de una manera especial y por qué razón no aguantaba ni un segundo sin ver tu rostro.

Recordé que me atraías de una manera prácticamente inhumana, que más te deseaba a medida en que más me rechazabas y que mi cuerpo pedía desesperadamente un poco de tu piel de arena, tanto que quizá el sentimiento llegó a volverme loca y así me convertí en tu vigia con tal de ganarme tu amor.

Sólo después me di cuenta de la manera en que te afectó, sólo después comprendí que había sido una molestia para ti y que por eso no tuviste más opción que atacarme con ese par de palabras, que a mí me mandaron de vuelta a mi lugar original y me alejaron de ti de una manera que pretendí no remediar.

PORQUE SABÍA QUE, ME ODIABAS.

Así, consiente de lo que yo representaba para ti y de lo que tú representabas para mí, decidí volver a casa.

Tenía que hacerle frente a la situación como una mujer adulta, no podía andar por los rincones llorando como una nenita y andar dando lástima para que te compadecieras de mí, sino que tenía que reconocer que yo también había hecho mal y que yo también no debí hacer hecho lo que hice.

Por eso mismo ni pensé en escaparme en esa oportunidad, cuando me asomé por casa apenas bajó el sol tras mi espalda y me di por enterada que él había salido de la obra en marcha, por lo que sólo quedaba la escalera aún apoyada contra el tejado y un tú obviamente a la interperie.

Te habías sentado en el primer escalón con una pose prácticamente de "malo", tus brazos caían sobre tus piernas como si estuvieran quebrados y tus manos colgaban de tus rodillas como tendiendo de un hilo, junto con tu cabello que ahora inexplicablemente estaba revuelto y tus ojos que se camuflaban entre la oscuridad como los de un asesino.

Y sin embargo me volví a sentir atraída por ese aspecto tuyo, tanto que quizá avanzé sin pensar en detenerme y me quedé frente a ti cuando mi cuerpo dejó de temblar, ante tu presencia que delirantemente me sacudió el alma y que achicó mi corazón hasta el punto en que casi dejó de bombear.

Era tan espeluznante pero tan real lo que me hacías sentir, que mi miedo desapareció para traerme desesperación y así salieron de mi boca unas palabras prácticamente sin pensar, sólo porque quizá confundí tu imagen de "chico rudo" e interpreté que no eras más que un pequeño pidiendo ayuda.

ANTE MIS OJOS, CLARO.

-¿Puedo?-dije, señalando tu torso

En realidad, no me respondiste, pero... interpreté la especie de seña que me hiciste de la mejor manera, bajaste la cabeza como si no tuvieras nada que decir al respecto y así yo me puse chiquita a la altura de tus rodillas, para poder alcanzarte con mis brazos de porcelana y así estrecharme contra tu pecho de una manera que encontré hiriente.

Realmente te sentías tan frío como te veías, tu piel se asemejaba a algo que casi raspaba y cada uno de tus huesos parecía estar peligrosamente congelado, cosa que te hizo temblar por el contacto con el calor de mi cuerpo y que tu respiración se acelerara de una manera obviamente natural.

Sin embargo yo sentí algo desesperante que rugió dentro mío, esa necesidad de quedarme contigo hasta que me cubriera la helada y que tal vez a ti se te diera por envolverme entre tus brazos, para intercambiar conmigo una especie de velada romántica y así ponerle fin a esta relación que parecía a distancia.

Quizá por eso fui capaz de escucharte murmurar algo como eso, un juego de palabras que hasta pareció hacerte daño y que llegó a mis oídos para golpearme de una manera hiriente, tanto que ni reparé en lo que se ocultaba dentro tuyo y ni me di cuenta de los secretos que guardabas en algún rincón de tu interior.

NUESTRO PRIMER SECRETO.

-No siento nada-murmuraste, entre dientes

Realmente me lastimó escuchar algo como eso salir de tu boca, pero... en ese entonces no me di cuenta de lo que quisiste decirme, me hice la idea que quizá yo no era tu tipo y que por eso no te hacia absolutamente nada estar cerca mío, interpretando que nuestra distancia era sólo cuestión de tiempo y que de alguna manera iba a poder hacer que me quisieras de verdad.

Exactamente por eso no me desprendí de tu pecho, me apreté contra ti como queriendo adherirme y deposité mi oído sobre el lado izquierdo de tu torso, para después cerrar los ojos casi por instinto y dibujar previamente una sonrisa en mis finos labios.

Quizá fue porque inexplicablemente la escalera crujió o porque mis pies prácticamente patinaron contra el cesped, pero... me pareció no escuchar absolutamente nada que proveniera de ti, no escuché ni el más minimo sonido que viniera de tu sangre bombeando y siquiera pude distinguir alguno de los miseros latidos de tu corazón, por lo que me transporté a un estado inmediato de negación y me dispuse disimuladamente a escuchar una vez más.

Pero volvió a pasar exactamente lo mismo de antes, no sentí nada parecido a un tambor retumbando contra tu pecho y siquiera el intercambio de sangre entre tus venas, cosa que terriblemente me paralizó así nada más y trague saliva apenas fui testigo de algo así de escalofriante.

Y sin embargo mi miedo fue creciendo a medida en que pasaron los minutos, volví a quedarme cara a cara con el vacío dentro tuyo y así traspasé las barreras de mi imaginación de manera sobrenatural, tanto que me pareció imaginar que te reíste en mi cara y que prácticamente tus dientes amenazaron mi chiquito cuello.

Igual estaba inmóvil frente a algo como esto, siquiera pensé que algo así fuera posible de alguna manera y que fueras tú el que ahora parecía no vivir, o quizá vivir de una forma que "esta ignorante yo" no podía entender y que te juzgó dentro de su cabeza como si fueras alguna especie de especimen.

Obviamente me había dejado estática una noticia como esta, me había quedado pegada a ti tratando de convencerme de que no era cierto y volví a prestarle atención a tu vacío de una manera desesperante, tanto que ni reparé en todo el tiempo en que pasé ahí a tu lado y en que no encontré excusa alguna para poder explicarme lo que estaba viviendo.

SÓLO SUS BORROSAS PALABRAS.

-Él no puede darse cuenta si le tienes miedo o algo. Y si realmente le tuvieras miedo, tampoco te odiaría por eso-

Claramente eso se sumó a mi estado de negación, tanto que quizá me sacó del lugar que había tomado para justificarte y desató mi miedo de una manera aterrorizante, hasta el punto en que prácticamente me quedé en blanco y mis labios temblaron contra tu ropa casi inhumanamente.

Y que tú estuvieras ahí, prácticamente inmóvil... no me hizo sentir mejor en lo absoluto, al contrario interpreté que no podías defenderte de mi acusación imaginaria y que ya no había nada que pudieras decirme para remediar esto, para cambiar el hecho de que me habías compartido tu secreto y que eso iba a hacer que me perdieras aunque quizá no quisieras tenerme.

Sin embargo fue mi cuerpo el que empezó a temblar así nada más, cuando tu respiración prácticamente se camufló en tus pulmones y tu piel volvió a rasparme de la misma manera en que lo había hecho al principio, dejandote a merced lo que pudiera ocurrir entre nosotros y con este destino que ahora mismo había decidido que nos tocaba separarnos.

Entonces yo no pude controlar la respiración ni un segundo más y así me alteré casi al borde de un ataque de asma, tanto que mis manos empezaron a soltarse de tu espalda y fui separandome de ti con un temor que me deboraba el alma, a lo que te dediqué una última mirada en mi intento de escapar y fue tu ojo de vidrio el que me vio con odio en esa noche de revelaciones.

-¿¡Qué...?-me separé, aterrada-¿¡Qué es eso?-

-Ya te dije-respondiste, bajo-No siento nada-

-¡No creí que lo dijeras en serio!-volví, sobre mis pies-¿¡Qué es lo que te está pasando?-

-¿Que él no te lo dijo?-me viste, a la cara-Yo nací así-