Capitulo 3
"Era diferente a todas... Las doncellas de su pueblo, taciturnas y sombrías,
apenas dirigen
la palabra a un semejante, y se ocultan en sus cuevas al verte pasar; ella sin
embargo,
disfrutaba recorrer el bosque, preguntando sobre la vida edain, no quería dejar
pasar nada
por alto y reía desenfadadamente ante algunas de nuestras costumbres. De todas
sus virtudes,
la paciencia parecía ser la que más me impactaba. Podía desempeñar cualquier
tarea con
extrema lentitud, gracilidad y belleza. Era como los árboles del bosque,
majestuosos y
eternos. Solía mirarme con curiosidad como si yo fuese un animalito salvaje que
se posara en
su sombra. Cuando esto ocurría, podía sentir cómo toda la paz del mundo caía
sobre mí."
-¿Y has entrado a su aldea?
-No es propiamente una aldea, es una porción de bosque en la que viven separados
unos de
otros. Solo se reúnen para sus ceremonias secretas.
-¿Y has participado?
-¡Son secretas, Amûrath!
-Dicen las leyendas que los elfos avari tienen poderes mágicos y obtienen sus
energías de la
noche.
-¡Tonterías!
-Hablo en serio, sería muy buena idea que te congraciaras con ellos. Una alianza
con los
elfos oscuros nos convendría mucho. Sí, hermano mío, serás el embajador de Dír
ante los
elfos.
"Pero a veces toda su calma se desvanecía. Aparecía en ella una pasión que no
encontré nunca
en ninguna mujer mortal. Cuando se alzaba sobre mí en el lecho y su pelo me
rozaba el cuerpo
era como si un ejército se dispusiera a atacar. Y cuando lo hacía era para
vencer. Solían
iluminársele los ojos en medio de aquella pasión tan rara en un inmortal,
acostumbrados
siempre a disponer de todo el tiempo"
-¿Casarte con una doncella avari?
-Sería una buena forma de cerrar la alianza.
-No, para eso están los nobles.
- Amûrath, yo soy noble.
- ¡Eres mi hermano y no permitiré que te comportes como una concubina!
- Pero yo la amo...
- Aquí no importa lo que sientas tú, no puedo permitir que termines siendo un
juguete en
manos de una elfo. ¿Cuánto crees que le durará el embullo, ciencuenta años?
Apenas
envejezcas y pierdas toda tu virilidad te dejará abandonado en el bosque.
- Me casaré con ella, digas lo que digas.
- No lo harás. Nunca lo consentiré ¡Y me debes respeto, más por ser tu hermana
mayor que por
ser tu reina!
- Entonces no habrá alianza con los elfos oscuros.
- ¡Sí que la habrá!
- Pues penetra tú la niebla para hablar con ellos.
"Sobre la magia de los elfos debo decir que no todo eran habladurías. Percibían
la fuerza
del mundo, escuchaban al bosque y sabían controlar sus propios dones. Una
especie de poder
antiguo y sobrenatural parecía emanar de ellos, aunque aseguraban que dicha
fuerza yacía en
todo, desde el mortal hasta los grandes arbustos. Con el tiempo pude ver que
estaban en lo
cierto. Comencé a mirar dentro de mi interior con mucha más astucia que antes.
Pude entonces
percatarme de lo ciego que había estado hasta esos días. Dentro de mí se
albergaba un
potencial que superaba incluso a aquellas bellas criaturas inmortales que
reposaban durante
el día y mantenían sus horas de vigilia durante la noche."
" Kyelepê me enseñó no solo a percibir mi poder interior sino que también me
enseñó a
usarlo. Incluso llegó más lejos. En las noches a su lado aprendí a palpar
aquella magia que
brotaba y se mezclaba con la satisfacción de amarla... incluso algunas veces
toqué el poder
oculto dentro de ella. Podía sentir como esa luz no percibida con la vista
rodeaba su cuerpo
desnudo mientras me sumergía en un mar oscuro, insondable, pero siempre en
calma. Hay
pequeñas cosas, que aunque muera, siempre llevaré conmigo"
-¿Cómo te atreves a darme órdenes? Aunque seas mi hermano eso no te da derecho
a...
-Silencio, hermanita, ya has hablado bastante durante tu existencia. Sólo quiero
el trono de
Urd, eso es todo.
-¡Infame malagradecido, te hemos alimentado toda una vida para que ahora me
exijas mi
puesto! No solo eres un hombre, sino que además eres un inútil. No cuentas con
nada para
lograr una disidencia mediocre entre los Urdar.
-Te he mentido todo este tiempo.
-Era de esperar, Hoarmûrath.
-Sí. Existe una alianza con los elfos oscuros del sur, yo la hice. No, déjame
hablar a mí.
Hice una alianza con los avari, pero la hice yo solo, nunca en el nombre de Dír
o de las
tierras de Urd, sino en el mío propio. Y si no me entregas el trono, mí ejército
atacará sin
compasión.
-¡No eres más que un mal...! - incapaz de ver otra salida a su cólera, respondió
con un
fuerte golpe a mi rostro; ello no me hizo ceder terreno.
-Por cierto hermanita, relacionándome con los elfos he aprendido algunas cosas
que tú
llamarías hechicería. Te sorprenderás mucho ante mis progresos. Ni siquiera
tendré que usar
las manos para matarte.
El temor brilló en los ojos de Amûrath, delatándola.
____________________________________________________________
Comentarios: Saludos a Lothluin, que me está subiendo el EGO de manera
sorprendente, muchas
gracias, hace rato que venía dándole vueltas a este fic junto con mi esposa y al
fin ella me
convenció de empezarlo. A carichan, te debo muchísimo por tus ayudas, así que
espero que
disfrutes bien el fic, que en parte es fruto de tu esfuerzo también.
"Era diferente a todas... Las doncellas de su pueblo, taciturnas y sombrías,
apenas dirigen
la palabra a un semejante, y se ocultan en sus cuevas al verte pasar; ella sin
embargo,
disfrutaba recorrer el bosque, preguntando sobre la vida edain, no quería dejar
pasar nada
por alto y reía desenfadadamente ante algunas de nuestras costumbres. De todas
sus virtudes,
la paciencia parecía ser la que más me impactaba. Podía desempeñar cualquier
tarea con
extrema lentitud, gracilidad y belleza. Era como los árboles del bosque,
majestuosos y
eternos. Solía mirarme con curiosidad como si yo fuese un animalito salvaje que
se posara en
su sombra. Cuando esto ocurría, podía sentir cómo toda la paz del mundo caía
sobre mí."
-¿Y has entrado a su aldea?
-No es propiamente una aldea, es una porción de bosque en la que viven separados
unos de
otros. Solo se reúnen para sus ceremonias secretas.
-¿Y has participado?
-¡Son secretas, Amûrath!
-Dicen las leyendas que los elfos avari tienen poderes mágicos y obtienen sus
energías de la
noche.
-¡Tonterías!
-Hablo en serio, sería muy buena idea que te congraciaras con ellos. Una alianza
con los
elfos oscuros nos convendría mucho. Sí, hermano mío, serás el embajador de Dír
ante los
elfos.
"Pero a veces toda su calma se desvanecía. Aparecía en ella una pasión que no
encontré nunca
en ninguna mujer mortal. Cuando se alzaba sobre mí en el lecho y su pelo me
rozaba el cuerpo
era como si un ejército se dispusiera a atacar. Y cuando lo hacía era para
vencer. Solían
iluminársele los ojos en medio de aquella pasión tan rara en un inmortal,
acostumbrados
siempre a disponer de todo el tiempo"
-¿Casarte con una doncella avari?
-Sería una buena forma de cerrar la alianza.
-No, para eso están los nobles.
- Amûrath, yo soy noble.
- ¡Eres mi hermano y no permitiré que te comportes como una concubina!
- Pero yo la amo...
- Aquí no importa lo que sientas tú, no puedo permitir que termines siendo un
juguete en
manos de una elfo. ¿Cuánto crees que le durará el embullo, ciencuenta años?
Apenas
envejezcas y pierdas toda tu virilidad te dejará abandonado en el bosque.
- Me casaré con ella, digas lo que digas.
- No lo harás. Nunca lo consentiré ¡Y me debes respeto, más por ser tu hermana
mayor que por
ser tu reina!
- Entonces no habrá alianza con los elfos oscuros.
- ¡Sí que la habrá!
- Pues penetra tú la niebla para hablar con ellos.
"Sobre la magia de los elfos debo decir que no todo eran habladurías. Percibían
la fuerza
del mundo, escuchaban al bosque y sabían controlar sus propios dones. Una
especie de poder
antiguo y sobrenatural parecía emanar de ellos, aunque aseguraban que dicha
fuerza yacía en
todo, desde el mortal hasta los grandes arbustos. Con el tiempo pude ver que
estaban en lo
cierto. Comencé a mirar dentro de mi interior con mucha más astucia que antes.
Pude entonces
percatarme de lo ciego que había estado hasta esos días. Dentro de mí se
albergaba un
potencial que superaba incluso a aquellas bellas criaturas inmortales que
reposaban durante
el día y mantenían sus horas de vigilia durante la noche."
" Kyelepê me enseñó no solo a percibir mi poder interior sino que también me
enseñó a
usarlo. Incluso llegó más lejos. En las noches a su lado aprendí a palpar
aquella magia que
brotaba y se mezclaba con la satisfacción de amarla... incluso algunas veces
toqué el poder
oculto dentro de ella. Podía sentir como esa luz no percibida con la vista
rodeaba su cuerpo
desnudo mientras me sumergía en un mar oscuro, insondable, pero siempre en
calma. Hay
pequeñas cosas, que aunque muera, siempre llevaré conmigo"
-¿Cómo te atreves a darme órdenes? Aunque seas mi hermano eso no te da derecho
a...
-Silencio, hermanita, ya has hablado bastante durante tu existencia. Sólo quiero
el trono de
Urd, eso es todo.
-¡Infame malagradecido, te hemos alimentado toda una vida para que ahora me
exijas mi
puesto! No solo eres un hombre, sino que además eres un inútil. No cuentas con
nada para
lograr una disidencia mediocre entre los Urdar.
-Te he mentido todo este tiempo.
-Era de esperar, Hoarmûrath.
-Sí. Existe una alianza con los elfos oscuros del sur, yo la hice. No, déjame
hablar a mí.
Hice una alianza con los avari, pero la hice yo solo, nunca en el nombre de Dír
o de las
tierras de Urd, sino en el mío propio. Y si no me entregas el trono, mí ejército
atacará sin
compasión.
-¡No eres más que un mal...! - incapaz de ver otra salida a su cólera, respondió
con un
fuerte golpe a mi rostro; ello no me hizo ceder terreno.
-Por cierto hermanita, relacionándome con los elfos he aprendido algunas cosas
que tú
llamarías hechicería. Te sorprenderás mucho ante mis progresos. Ni siquiera
tendré que usar
las manos para matarte.
El temor brilló en los ojos de Amûrath, delatándola.
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Comentarios: Saludos a Lothluin, que me está subiendo el EGO de manera
sorprendente, muchas
gracias, hace rato que venía dándole vueltas a este fic junto con mi esposa y al
fin ella me
convenció de empezarlo. A carichan, te debo muchísimo por tus ayudas, así que
espero que
disfrutes bien el fic, que en parte es fruto de tu esfuerzo también.
