Pff, ya estoy convencido de que esto de escribir no es lo mío, ¡solo miren cuanto tardo en actualizar!

Bueno, he tenido muchos problemas a medida que avanzo con el fanfic, en mi cabeza no deja de rodar ese pensamiento: ¿Que tal si no les gusta? ¿Los decepcionaré a medida que suba más capítulos? ¿Debería cambiar mi idea principal de querer poner a mi pareja favorita?

No sé, no sé, no puedo dejar de cuestionármelo, tengo miedo de que se lo tomen mal. Pero por ahora, sigamos con esto:

¿Alguna vez han pensado en que hay después de la muerte? ¿Será que si reencarnamos en una vida futura? ¿Existe una vida o incluso un mundo más allá de la muerte?

Las preguntas serían interminables, ya que hay un sin fin posibilidades y jamás podremos responderlas hasta que nos llegue la hora, sin contar que nadie a regresado de la muerte como para responderlas.

Justamente me planteaba estas preguntas en el momento en que vendría aquella afilada cuchilla contra mi cuello, solo era cuestión de segundos para que pudiera describir la verdad. Esperé paciente, sabiendo que no habría una salida y que una vez fuera cortada la soga, no habría vuelta a atrás.

Pero, por alguna extraña razón, no sentí el contacto frío del metal, ni dolor alguno por mínimo que pudiera ser, tampoco escuché el roce de la cuchilla. ¿Tan rápido es la muerte que sigo sintiéndome vivo? ¿Es tan rápido, que no sientes ningún dolor?

No, lo que pasaba es que no había muerto. Seguía ahí, confundido mientras intentaba ver a mi alrededor, pero me era casi imposible moverme. Pese a aquello, sentí el miedo en el ambiente, gritos de asombro y terror que se esparcieron por el lugar, pero lo que sobresalía entre todos los ruidos fue el grito desesperado que resonó por todo el lugar:

—¡NO DEJEN QUE ESCAPE!

Y entonces lo vi todo:

Las flechas caían de entra varias direcciones, sobre los tejados habían varios arqueros que apuntaban a nuestra dirección.

Luego, a mi alrededor, vi que varios guardias se encontraban en el suelo, soltando algún pequeño gemido de dolor mientras intentaban extraer alguna flecha que se había clavado sobre su piel, algunos en un brazo o pierna, pero ninguna herida era mortal, podría asegurar.

Luego, igual de sorprendidos pero sin perder el control, el resto de los guardias acudían para socorrer a sus compañeros heridos a la vez que otros rodeaban a la multitud aterrada de los ciudadanos que corrían en todas direcciones soltando varios tipos de exclamaciones, algunos chocando contra otros y tropezando, ninguno siendo ayudado.

Por último estaban los pocos que... Corrían en mi dirección

Alzaban sus armas y escudos decididos a atraparme a toda costa, y fue cuando reaccioné y comencé a correr, pero para mí gran sorpresa, no estuve solo, pues alguien había aparecido y me había tomado del brazo sin dejar de correr.

A pesar del alboroto y que comenzaba a alejarme, por un segundo divisé a un par más de guardias que rodeaban a la princesa mientras se retiraban, seguro a buscar un sitio seguro ya que no paraban de repetir: "¡Protejan a la princesa, a toda costa!

Sentí como si el tiempo se detuviera para mí, no lograba salir del asombro, observando a mi alrededor intentado convencerme de que aquello era irreal, pero no pude dejar de moverme, de correr siendo arrastrado y guiado por un desconocido. Me sorprendía como es que podía seguir en movimiento luego de haber pasado tanto tiempo preso, posiblemente se debiera a la adrenalina, pero eso no impidió que un mal presentimiento me azotara.

Solo avanzaba a toda velocidad como podía, siendo principalmente motivado también por el deseo de vivir, un deseo que hace días casi perdía por completo y que ahora que tenía una oportunidad de hacerlo me había azotado con fuerza. Fue, de alguna manera, sorprendente, podía correr a pesar de mi estado, miraba la velocidad con la que dejaba atrás pequeñas casas, algunas tiendas y callejones, así como a los guardias que nos seguían el paso, lo cual de alguna manera me aterraba pero al mismo tiempo me alegraba. Eso sí, un paso en falso y nos atraparían.

Pero el joven que seguía sujetándome para impedir que cayera jamás se detuvo, parecía conocer perfectamente el camino y los atajos para que saliéramos más rápido de ahí, y yo no podía estar más que asombrado e intrigado por él, ya que no lograba ver su rostro entre tanto movimiento. Aunque mis prioridades eran otras en esos momentos.

Seguía escuchado los gritos atrás, los pasos pesados de los guardias que si cargaban armaduras para protegerse de las flechas que le seguían, pero su paso era más lento que el de nosotros... Al menos así fue hasta que comencé a sentir el cansancio extremo.

Mi compañero notó, tuvo que aminorar el paso sabiendo que detrás se aproximaban cada vez más los guardias, pero no parecía preocupado, juraría que hasta sonreía. Segundos después descubrí el por qué.

En los tejados seguían aquellos hombres encapuchados que habían estado atacando en la plaza principal, nos habían seguido por entre las alturas y logré ver cómo todos arrojaban con fuerza hacia el piso algo que no logré ver con claridad, mi vista comenzaba a nublarse y sentía cada vez más pesadas mis piernas y brazos... No podía rendirme ahora.

Estaba huyendo, podría vivir si salía de esa, podría buscar al verdadero culpable (empezado con Yuga) y demostrar que habían estado equivocados, podría hacer todo lo que tanto había querido estas últimas semanas...

Todos se volvió entre gris y blanco, humo que me hizo toser ante aquel desagradable olor, no podía ver muy lejos de mí... Eso serviría de distracción a los guardias.

Quien me acompañaba siguió tirando de mí para sacarme de ahí, yo solo seguí su paso como pude mientras escuchaba los gritos y golpes de las flechas contra la armadura de los guardias. Estarían ocupados un buen rato.

Exhausto, y tratando de respirar con normalidad, ambos nos ocultamos luego de haber corrido por lo que me había parecido una hora. Luego de esa seguro no podría correr más. Tomamos un camino cada vez más estrecho y de ahí nos dirigimos con cautela a una zona de grotesca apariencia, con casas mal hechas y la mayoría abandonadas. Me pregunté qué habrá sido de quienes me ayudaron, y, sobre todo, por qué lo hacían.

Y no fue hasta que nos adentramos a una de aquellas casas vacías cuando nos detuvimos que mi oportunidad para saber lo que sucedía. No desperdiciaría esa oportunidad.

Me dejé caer al suelo entre cajas y barriles empolvados de madera muy vieja, un poco más de tierra no me haría daño. Luego observé con más detalle al joven que me acompañaba.

Era alto, más que yo, seguro debía tener entre los veinticinco años. Ciertamente usaba un traje inusual, solo los había visto viejos libros de leyendas sobre guerras en otro reino lejano. Consistía en varias prendas ligeras que sin duda no eran para el combate, la mayoría eran de colores oscuros, que variaban entre el azul y rojo, con pequeñas piezas de armadura de cuero en las muñecas y hombros. Aunque llevaba una corta capa negra que seguro no era parte del conjunto. La cara del joven estaba casi completamente cubierta con una especie de pañuelo casi del mismo color que todo el traje, con bordados grises y una capucha que solo dejaba a la vista unos ojos rojos, como el de muchos Loruleans que habitaban la ciudad.

Había sido muy rápido y ágil, quizás no haya prestado tanta atención por la movida pero sí que lo noté, así que no podía ser su primera vez haciendo algo como esto, eso sin contar que conocía la ciudad muy bien (considerando que es enorme).

El dolor en el pecho no se hizo esperar, mi poca condición física durante los últimos... Meses quizá, comenzaba a hacerse notorios. Al menos, si volvían a atraparme, podría morir sabiendo que aún había quienes creían en mi aquí en esta ciudad tan injusta..., pero eso significaría una cacería de para ellos.

Hablando de mis "salvadores", aquel sujeto sólo vigilaba con cautela por la ventana rota y escuchaba atento por si alguien se aproximaba. Fuera quien fuera, debería agradecerle luego de lo que hizo hoy, si llegaba a salir de esta.

Pero mis ánimos bajaron al escuchar el escándalo de los guardias gritando órdenes y corriendo muy cerca de donde nos encontrábamos, era cuestión de tiempo de que llegaran aquí y...

—Toma —una voz tranquila salió del joven que estaba conmigo, interrumpiendo mis pensamientos. Parecía extender una especie de... ¿Botella?

Por el aspecto de su contenido (oscuro, espeso y seguro de un mal sabor y olor), dudaba que pudiera ayudarme mucho, al menos que lo que pretendiera fuera provocarme nauseas, de eso no había duda. Lo tomé aún así, sabiendo que tendría que aceptarlo por haberme salvado, después de todo, por algo lo había hecho.

—Bébelo —ordenó sin elevar la voz, observándome con interés. Por unos momentos logré ver sus oscuros cabellos que sobresalían bajo la capucha, además de su piel morena.

Quise preguntar sobre dicho contenido, no podía confiar demasiado en él, pero sólo hizo una seña para que lo bebería, lo cual terminé haciendo. No habría diferencia si moría ahí o en frente del pueblo.

En cuanto lo probé, instintivamente quise escupir, pero él tomó el frasco y me obligó a tragarlo con brusquedad. Era repugnante, ardía como el fuego y su amargo sabor se quedó impregnado en mi garganta, estuve por escupir o vomitarlo en varias ocaciones, pero no pude, era demasiado fuerte y no me soltaba. ¿Acaso eso era una especie de veneno?

—¿Qué... Qué demonios era esa cosa? —dije una vez que me incorporé e intentaba olvidar esa extraña sensación ardiente. Él se había alejado varios metros siguiendo con su vigía.

—Elixir de vida —susurró como si no fuera la gran cosa —tenemos que irnos ya, me lo agradecerás después.

Lo increíble fue que a los pocos minutos, comencé a sentirme con mayor energía y el dolor de mis brazos y piernas comenzaban a disminuir.. Diría que era mágico, pero probablamente se trataba una sustancia de dudosa procedencia...

Me levanté, realmente me sentía mejor, y sin previo aviso, el joven se alejó corriendo por uno callejón, dejándome atrás. Por supuesto que lo seguí, aunque seguía sin conocer su nombre y sus verdaderas intenciones, pero igual no tenía muchas alternativas en ese momento, ya que era seguro que ese chico conocía mejor la ciudad que yo.

Seguimos corriendo durante varios minutos, evitando a los guardias que gritaban sin parar, a lo lejos escuchaba como preguntaban a quien quiera que encontraran sobre nosotros. Por fortuna no nos topamos con nadie, quizás aquel muchacho los evitaba, lo cual me daba la idea de que había estado estudiando todas las calles de la ciudad durante horas antes del rescate.

Ya no se escuchaban las exclamaciones de los soldados, si acaso a la distancia, por lo que debíamos estar ya muy alejados y por supuesto, a salvo por el momento. Cuando pensé que quizás recorreríamos media ciudad para luego salir de ella, se detuvo en una esquina y aún con cautela, se dirigió hacia la puerta de una pequeña casa de entre todas las que habían alrededor. No notaba nada extraño en ella, pero parecía ser su hogar. ¿Significaba entonces que ahí nos quedaríamos?

No sabía sin pensar en ello como algo bueno o malo, ya que enseguida me hizo señas para que entrara y tiró de mi hacia dentro de la oscura casa. Casi caigo por tal acto, y no pude decir palabra porque logré ver cómo ponía un dedo sobre sus labios (que estaban aún cubiertos) diciendo así que guardara silencio.

Pero la cosa no terminó ahí, si no que me indicó que lo siguiera a lo que parecía el sótano, entramos luego de que levantó la rejilla. Si ya de por sí era oscuro, ahí estaba completamente negro, pero él ya estaba preparado y había sacado una linterna de aceite, la cual encendió con facilidad.

Dentro estaba todo cubierto de polvo y mohoso, olía la humedad y en las esquinas y pequeños rincones habían telarañas. Debía ser una especie de almacén o bodega, porque habían muchos barriles apiñados, algunas cajas, herramientas y más. También logré ver un montón de pergaminos amarillentos agrupados sobre una caja de madera oscura, por su aspecto debían llevar bastante tiempo ahí.

—Ya hemos llegado.

Fueron las únicas palabras pronunciadas por el muchacho, antes de que una persona encapuchada se revelara ante la luz. Quizás estaba libre de la condena, pero tenía un mal presentimiento de esto...

Y hemos terminado por hoy, espero les haya gustado este capítulo, aunque sinceramente a mí no me agradó del todo. Si hay algún error o parte mal redactada, no duden en decirlo.

Me despido por hoy y ¡hasta el próximo capítulo!

(O sea en una eternidad más)