PORQUE HAY AMORES…
By DARLA ASAKURA
CAPITULO III
HONRAR SU MEMORIA…
¡Porque hay lazos irrompibles y amores interminables!
Sus ojos puros se posaron en mí, justo cuando pretendía salir por la puerta. El solo saberme el blanco de esa mirada, bastó para detenerme por completo, pues ella no dijo nada.
- Tengo que…- sentí que le debía una explicación.
- Acabas de volver.- me hizo ver con su dulce voz.
- No se trata de una misión esta vez, sino de algo mucho más importante.- traté de explicarle.
- Tan importante es, que no puedes quedarte ni un segundo en casa… Sai, debes descansar.- pude ver claramente el reto en su reflejado en su mirada, aun cuando su voz era igual de suave que siempre, esta vez no iba a ceder, estaba enojada.
- Las personas que quiero son lo más importante para mí, que ellos estén bien es primordial.- le dije, utilizando un tono algo áspero.
No podía quedarme allí sin hacer nada¿cómo podía dormir¿descansar?... sabiendo que cada minuto que pasaba ellos se hundían más, que lentamente caían en un abismo tan profundo, que ya no podría alcanzarlos.
- Debo entender entonces, que a mí es a quien no quieres.- me dijo ella, con una sonrisita triste. La miré sin entender sus palabras.
- Pero… ¿de qué estás hablando, Hinata?- la indiferencia en mi voz, desapareció de golpe. Ella parecía tan triste.
- Día tras día, te veo salir a realizar las misiones más peligrosas, solo. Ni siquiera me dejas acompañarte. – empezó a decir la Hyuuga en un hilito de voz, quise interrumpirla pero ella no me dejó.
-Es a mí a la que le toca quedarse aquí, pensando, esperando… Rezando para que no te pase nada malo, porque vuelvas con vida. Es a mí a la que le toca verte partir a esas misiones suicidas, con la incertidumbre carcomiéndome el alma, al no saber si esa será la última vez que te vea.- había tanto dolor en sus palabras, que no sabía que podía decir para sosegarla un poco… yo no sabía que le importaba tanto, yo no sabía que la hacía sufrir.
- Porque a ti ya no te importa si vuelves o no, ya no Sai.- me expuso mirándome a los ojos y sentí la imperiosa necesidad de hablar.
- No digas eso, Hinata.- le pedí, visiblemente extrañado por aquella afirmación de su parte.
- ¿Por qué no?, si es cierto.- hizo una breve pausa, antes de continuar.- Todos en la aldea lo saben. Tsunade-samma… mis compañeros… Los escucho siempre comentando, como es que después de la muerte de Sasuke, haces hasta lo imposible por unirte a él.- remató ella, sin levantar la voz.
- Eso no es verdad.- le negué también en voz baja.
- Claro que lo es, Sai. Y por eso me duele tanto, porque sé que es verdad.- me restregó ella, con la voz temblándole de ira y sin dejar de mirarme.
- No fue mi intención herirte.- quise hacerle entender.
- Pero lo haces, Sai.- me dijo y vi como las lágrimas rodaban por sus mejillas, y también como ella al percatarse, las limpió como pudo.
- Lo siento, Sai. Yo no soy nadie para impedirte realizar esas misiones, pero no puedo seguir esperando que llegue el día, en que finalmente decidas dejar de ofrecerte a la muerte. – la escuché decirme con voz entrecortada y sentí que el corazón se me oprimía, sin creer del todo lo que sucedía.
- Te preparé algo de comer.- fue lo último que me dijo, antes de tomar su abrigo e irse.
Yo me quedé allí, en el mismo lugar, como clavado al piso del apartamento, sin palabras; mirando como dejaba ir, lo único que aun le daba sentido a mi vacía vida.
Los días comenzaron a pasar lentamente, más lento que de costumbre, era tan extraño para mí estar más de tres días seguidos en Konoha; pero no iba a pedir más misiones, tenía una mucho más importante que realizar…
Sabía que Tsunade-samma no me llamaría, llevaba mucho tiempo tras de mí, intentando convencerme para que me tomara algunos días de descanso. La ausencia de Hinata en mi vida, hacía ésta más difícil y triste; Sakura hacía hasta lo imposible por evitarme y la búsqueda incansable de Naruto, me mantenía en un constante agotamiento físico, pero las noches eran lo peor… era en esas largas noches, cuando era totalmente consciente de la inmensa soledad que me rodeaba, cuando anhelaba más mi pasado, cuando extrañaba más la presencia de quienes fueron mis únicos y verdaderos amigos, y especialmente la de ella… de la chica a quien amaba, de quien iluminaba mis días con sus dulces sonrisas, con sus delicadas caricias, con sus cuidados. Me di cuenta de lo mucho que la amaba y de que nunca se lo dije… ¿Cuánto daño le hice?
El viernes en la noche, llegué exhausto a mi apartamento, decidido a tomar una ducha y meterme rápidamente en la cama. Me reí de mi mismo, últimamente intentaba irme a dormir lo más temprano posible; extrañamente ponía más en practica los consejos de Hinata, en ese entonces, que cuando se hallaba a mi lado, supuse que quizá la echaba demasiado de menos.
Al sentir el aguar recorrer mi piel, me sentí un poco más renovado, me envolví una toalla a la cintura y salí del baño con el cabello húmedo pegándose a mi cara; al dirigirme a la habitación noté la ventana abierta y recordé lo mucho que a ella le gustaban las noches como esas, con luna llena. Así que luego de cambiarme, me subí al tejado con la seguridad que Hinata también estaría observando la luna esa noche y con la esperanza de sentirla un poquito más cerca de mí.
La luna estaba en pleno esplendor, tres o cuatro estrellas le acompañaban en la cúpula negra, de aquel majestuoso cielo. Cerré los ojos, sintiendo el fresco de la noche, golpear mi rostro y de repente una melodía muy conocida para mí, comenzó a retumbarme en algún rincón olvidado de mi cerebro, dando pie a una rara idea para que comenzara a formarse en mi mente.
Tan sigilosamente como pude, llegué hasta el lugar desde donde podía acceder a la ventana, que sabía le pertenecía a la mayor de las hermanas Hyuuga; me trepé cal pequeño balcón, cuyos ventanales amplios daban a la habitación de Hinata, me pareció muy raro no hallarla afuera, contemplando aquella luna que majestuosamente brillaba en lo alto, iluminándolo todo, tal vez tenía algún tipo de compromiso familiar. Me sentí un poco decepcionado, porque a lo mejor no tendría oportunidad de verla.
Sin embargo, al primer intento de emprender mi camino de vuelta a mi morada, los ventanales se abrieron de par en par, y yo refugiado entre las sombras logré ver la inconfundible silueta de la chica, quien salía al balcón con intenciones claras de disfrutar un poco de aquella noche. Estaba bellísima, ni siquiera la luna, podría habérsele comparado, llevaba el largo y negro cabello recogido y vestía un kimono lavanda con hermosas flores blancas, algo sencillo, pero que la asemejaba a una reina.
Hinata se detuvo súbitamente y se giró a verme, al notar mi presencia.
- Sai…- pronunció bajito mi nombre.
- Hola.- fue lo único que pude articular.
- ¿Qué haces aquí?- me preguntó, manteniendo una distancia prudente entre los dos.
- Yo… recordé que te gustaban las noches como esta.- dije, dubitativamente.
- Ah, eso.- dijo ella a manera de respuesta, un tanto desganada, fijó su vista en la luna luego.
- Hinata…- le llamé.
- ¿si? – respondió ella, sin mirarme, al parecer no quería hacerlo.
- La verdad es que se me ocurrió algo, y pues… quería saber tu opinión al respecto.- le dije, captando su atención de inmediato.
- Adelante.- me instó ella a hablar.
- Bueno… no sé si sabrás, Sasuke, Sakura, Naruto y yo, solíamos ir al bar Ichiraku luego de cada misión que cumplíamos, para celebrar…- por un instante no supe como continuar.
- Lo sé.- asintió la muchacha, levemente con la cabeza.
- Este… desde que Sasuke murió, ninguno de nosotros ha sido el mismo.- continué brevemente.
- Eso también lo sé, Sai. – dijo, haciéndome blanco completo de su mirada.
- Pues el caso es que, se me ocurrió que tal vez, debería hacer algo especial mañana en el Ichiraku.- dudé nuevamente, la idea antes me había parecido buena, pero ya no estaba tan seguro.
- ¿algo como qué?- me preguntó, bastante intrigada.
- A él le gustaba cantar…- dije con naturalidad.
- No lo sabía.- respondió ella, acompañando sus palabras con una extraña sonrisa.
- Pues sí. Había una canción en especial… le gustaba mucho. Y creí, que tal vez sería bueno, no sé…- comencé a dudar otra vez.
- ¿Sí?- me urgió ella, con su dulce voz y una mirada expectante posada en mí.
- Cantarla una vez, por él… como un pequeño homenaje.- terminé, esperando su reacción.
- Tú no cantas.- me aseguró, haciendo gala de lo bien que me conocía.
- Lo sé.- murmuré con una mueca de burla, que sabía, ella comprendería perfectamente.
La chica sonrió abiertamente entonces.
- Dime Sai¿por qué harás esto ahora?- me interrogó, verdaderamente interesada en la respuesta.
- Creo que… es una forma de decirle al mundo, de demostrarle a todos, que no me he olvidado de él.- hice una breve pausa, sin saber como continuar, pero las palabras acudieron solas a mi boca.
- Que las cosas que él hizo, no fueron sepultadas con su cuerpo. Que debemos tenerlo presente… A él y a todos aquellos que sacrificaron su vida, por el bienestar de esta aldea, de nosotros.- concluí y quedé al pendiente de lo que ella pudiera decirme.
- Honrar su memoria, eso es lo que quieres.- supuso acertadamente.
- Eso. Será mañana a las 8:00 pm.¿puedo contar contigo?- pregunté, disimulando mi ansiedad como pude.
- Allí estaré.- me confirmó, y sentí un gran alivio.
- ¿Sai?- me llamó, al tiempo que me miraba con ternura.
- ¿Has hablado con Naruto-kun?- preguntó con un hilito de voz, Hinata. Negué con la cabeza y la miré tristemente.
- Lo he buscado por todas partes, pero no he podido dar con él.- comenté clavando mis oscuros ojos en los suyos.
- Shino-kun me ha contado, que a eso de las 6:00 am. Cuando sale ha recolectar nuevos insectos, le ha visto varias veces de pie frente al epitafio.- expuso la chica de ojos claros, con suma amabilidad, esa que la caracteriza aun.
- Tal vez quieras probar, encontrarlo allí mañana.- terminó sugiriéndome.
- Hinata yo…- susurré al tratar de acercarme, pero ella fue más rápida y se alejó de mí, haciendo ademanes de volver a su habitación.
- Me esperan abajo.- sentenció con algo de aspereza.
- Suerte con lo de Naruto-kun. Nos veremos mañana.- Volvió a hablar atropelladamente, entrando a su habitación sin esperar respuesta y cerrando los ventanales tras ella, cuando vio que no estaba dispuesto a marcharme sin hablar.
Yo me quedé allí de pie, por segunda vez… viendo como desaparecía de mi vista, como la dejaba ir, de nuevo; para después, recargarme en los ventanales cerrados y perderme un instante en la luna, evocando su imagen.
- Yo… solo quería decirte, que tú has sido mi fortaleza; que si no hubieras estado a mi lado todo este tiempo, estaría más perdido de lo que están Naruto o Sakura, probablemente estaría muerto. Solo quería decirte que lo único que me daba fuerzas para concluir una misión, era saber que regresaría a Konoha y volvería a verte, que no me hallo sin ti.- musité quedamente aun contemplando la clara luna, que me bañaba con su luz.
- Yo lo único que de verdad quería decirte, era: TE AMO. Gracias Hinata-chan.- agregué después de una pausa, para marcharme luego, ignorando que del otro lado de los ventanales, en el interior de la habitación y apoyada en una pared, con los ojos cerrados en un vano intento por contener las lágrimas, ella escuchaba todo lo que estaba diciendo.
Al día siguiente, muy temprano, tal y como ella me había dicho, encontré a Naruto allí, de pie, con los ojos azules clavados en la gran piedra, donde se hallaban grabados los nombres de todos esos ninjas caídos en batalla.
- Mi nombre debería estar ahí.- me dijo, al percatarse de mi presencia en el lugar.
Yo solo guardé silencio, viendo como aquel par de ojos azules se detenían en tres de aquellos nombres; los nombres de las personas más cercanas a él, el de su padre primero, luego el de Sarutobi, Sandaime de la Hoja, y por último, en el de que quien fuera su primer y mejor amigo: Uchiha Sasuke.
- Dicen que si hablas con el corazón, ellos aun pueden escucharte.- dije, para llamar su atención.
- Los muertos no escuchan.- respondió con sequedad, sin voltear a verme.
- En ese caso, tampoco los vivos… necesito que me escuches Naruto. Que lo hagas tú, ya que Sakura no quiere hacerlo.- expuse un poco mi frustración.
- Bien por ella. ¿Qué tienes que decir, Sai?- me preguntó con hastío, girándose hacía mí y resignado a tener que escucharme.
- Acabo de volver de la Niebla. Mientras estuve allá, algo bastante extraño me sucedió…- comencé, esperando que tal vez, al contarle aquella vivencia, él pudiera entender lo que quería decirle.
- ¿Ah sí¿qué?- me interrogó con falso interés.
- Logré recordar como era tener amigos, amigos incondicionales… amigos de esos que te levantan, si te tropiezas y caes.- murmuré quedamente. Él me observó con un dejo de burla, bailando en sus pupilas.
- Pude recordar, como solíamos ser antes… como las sonrisas de Sakura lo iluminaban todo, como siempre andabas de broma y de buen humor, hasta que llegaba Sasuke y comenzaban una de sus tontas discusiones o se enfrascaban en una de esas competencias sin fin, por saber quien de los dos era el mejor, y como yo…- él me impidió que continuara.
- ¿Como tú eras el centrado¿el maduro a la fuerza?… ¿el mediador? – expuso el rubio en tono burlón.
- Esos días se fueron Sai y no volverán.- acabó Naruto, robándose mi falta de emoción.
- ¿Y que hay de tus sueños, Naruto?, querías demostrarle a Sasuke, a todos… que podías ser el mejor ninja de esta aldea.- recé de forma impasible, viendo como mis palabras no parecían surtir efecto.
- Ibas a ser el mejor Hokage de todos y ni siquiera Sasuke dudaba de eso. Te casarías con Sakura, quien sería una gran doctora y juntos pondrían un nuevo centro médico para shinobis… y luego, tendrían una niña, a la que llamarían Yahiko…-seguí con mi narración.
- Basta.- Naruto me detuvo, sus ojos antes inexpresivos, ahora refulgían por la ira contenida.
- No quiero escuchar una sola palabra más.- ordenó rudamente.
- Está bien, puedes sacrificar tus sueños, pero ¿por qué los de él?- sentencié.
- Sasuke deseaba que nos mantuviéramos unidos en las buenas y en las malas, amigos tanto en vida como en muerte… más que amigos, hermanos de sangre.- le restregué en tono indiferente, aun cuando sentía que tenía las emociones a flor de piel. Naruto volvió a sumirse en un silencio absoluto, pero le vi cerrar las manos con fuerza.
- ¿Qué crees que pensaría Sasuke, si se enterara que tras su muerte te volviste un cobarde¿qué te dejaste morir en vida… ah¿qué crees que te diría?- seguí arremetiendo en su contra, pero él continuaba como ausente.
- Hoy a las 8:00 pm. Haré algo especial en el bar, para honrar su memoria… tristemente pensé que podías ayudarme.- Naruto no reaccionó en lo absoluto, así que supuse que ya no había nada más, que yo pudiera hacer por él y comencé a alejarme.
No obstante al darle la espalda, recordé que existía algo que aun me hacía falta decirle, por lo que me detuve un instante.
- Tú no tienes la culpa de la muerte de Sasuke, pero si de lo que ha sucedido tras ella… Sakura aun te ama, no dejes ir la última oportunidad que tienes de ser feliz. Yo ya lo hice.- comenté y un dejo de dolor apareció en mi voz al hacerlo.
Lo miré por última vez y no pude evitar que una sonrisita irónica, se formara en mis labios.
- ¿Estás seguro que esto es todo lo que puedes dar, usuratonkachi?- le pregunté en tono burlón, para luego seguir mi camino, sin esperar respuesta alguna.
- Él tiene razón, dobe.- una voz a espaldas del chico rubio, le sacó completamente de su letargo.
- ¿Sasuke?- preguntó él, pensando que su mente ya le estaba jugando demasiadas malas pasadas, cuando al darse vuelta pudo ver la silueta del moreno, salir de detrás de la piedra, que él antes contemplara.
- Sí, soy yo… pero tranquilo, no te estás volviendo loco y tampoco soy un fantasma.- terminó de forma rápida y breve el otro.
- Pero… ¿cómo..? - empezó a decir el ojiazul.
- ¿Es posible?, pues no lo sé. Tal vez porque lo necesitas.- murmuró quedo.
- Ya es hora de que despiertes, Naruto. Sai ya lo hizo, ahora te toca a ti.- declaró el Uchiha en voz baja.
- ¿De qué hablas?- volvió a hablar el rubio, bastante perdido.
- ¿Qué de que hablo?- el moreno emitió un largo suspiro.
- Fue mi elección, creí que con mi decisión le estaba regalando a Konoha al mejor de sus Hokages, que después de mi muerte ustedes tres se volverían aun más unidos, que Sakura y tú vivirían para ser felices. Me estás haciendo quedar mal, Naruto.- dijo en un tono bastante despectivo.
- ¿De qué rayos se trata todo esto?- gritó el chico de ojos azules, mirando a su alrededor, en busca de la persona responsable de aquella ilusión tan real, porque debía ser una ilusión.
- De hacerte entender que no eres culpable de nada. Ahora… ¡Sal del hueco donde te metiste! – ordenó igual que siempre, sus ojos brillando son desafío.
- ¿o es que no eres capaz de dar más, usuratonkachi? – agregó con sumo sarcasmo y sonrió luego con suficiencia, para perderse tras la gran piedra.
- Sasuke…- susurró el otro, al verlo desaparecer ante sus ojos.
Aquel par de ojos Jade, recorrían cada centímetro del vasto recinto en el que descansaban los restos, de las personas que lamentablemente habían dejado de existir, cuando una voz a sus espaldas le hizo sobresaltarse.
-Deberías entrar algún día.- retumbó en sus oídos, la dulce voz de Hinata Hyuuga.
- Me asustaste.- se limitó a responder la pelirosa, volviéndose a ver a la morena.
- Es que te he visto varias veces ya… Nunca pasa de este punto. – le explicó Hinata, con una sonrisa.
- No tengo nada que hacer allá dentro.- comentó secamente Sakura Haruno, dispuesta a marcharse.
- Sasuke no va a regresar, porque te niegues a aceptar su muerte.- repuso la otra, suavemente.
- Tú no sabes nada de Sasuke.- se encargó de hacerle la chica de cabellos rosas y ojos verdes, sumamente enojada.
- Pero si sé mucho sobre Sai.- le contestó la Hyuuga.
- Él solo quiere recuperar a sus amigos.- musitó con ternura, mientras que la otra muchacha optó por callar.
- Ya no ríes, Sakura… pero tampoco lloras. No puedes continuar así.- expuso la hermosa chica de ojos blancos, mirando a la aludida con dulzura.
- No sé si lo sabes, Sai organizó un pequeño homenaje para Sasuke, es hoy en...- Hinata se vio cortada por la otra chica de repente.
- Lo sé, me dejó una pequeña nota de invitación, esta mañana en mi casa.- repuso la chica de ojos verde jade.
- Tal vez debas…- comenzó la morena.
- No iré.- sentenció Sakura con voz gélida, Hinata la miró directamente a los ojos.
- Tú eras la más inteligente del grupo, Sakura. Así que, píensalo.- terminó la chica de cabellos negro azules con un susurro, antes de dar vuelta y entrar al campo santo.
Los sábados eran los mejores para el bar Ichiraku, pues la afluencia de gente en el establecimiento era mayor, ya que buena parte de los shinobis y kunoichis de Konoha, habían regresado de sus misiones para entonces y a Tsunade le gustaba que descansaran el día siguiente, salvo algunas excepciones, por supuesto; aun así no pude dejar de sorprenderme al encontrar el lugar casi a reventar. Me abrí paso con algo de dificultad, para dirigirme al sitio en el que se encontraba el dueño.
- No me digas que programaste una fiesta, y no me avisaste.- comenté con voz fría e impersonal.
- ¿Cómo así?, creía que la idea era tuya, todos han venido a escucharte cantar.- respondió el aludido, mirándome de soslayo.
- ¿Qué?- alcancé a decir, antes de escuchar la tímida vocecita de Hinata.
- Lo siento Sai-kun, le comenté a Tsunade-samma lo que querías hacer, pero me parece que se emocionó "un poquito".- me dijo la chica de ojos opalinos, sonrojada debido a la pena.
- No te preocupes Hinata-chan, entre más gente venga, mejor.- le dije tomando una de sus manos y llevándomela a los labios, para depositar un beso en ella.
- Solo espero que me salga la voz.- comenté como si nada, al ver que la chica en cuestión se tornaba más roja, después de mi gesto.
- Hinata-chan…- aproveché el momento para alejarla del bullicio y tratar de decirle, lo que había dejado de decir el día anterior.
- Ayer antes de que te fueras, yo quería…- comencé a hablar pausadamente, pero…
- Mira, Sakura-chan.- soltó ella un gritito de sorpresa, al ver a la pelirosa cruzar el umbral de la puerta.
- ¡Cómo?- exclamé, antes de seguir la mirada de la chica frente a mí, para encontrarme con un par de hermosos ojos color verde jade y quedar completamente en blanco.
Notas de la Autora:
Bueno hasta aquí el tercer capitulo de esta historia, el próximo será el último.
Gracias a todo aquel, que se toma la molestia de leer lo que escribo.
Darla Asakura
