Secreto a voces
FullMetal Alchemist no es de mi propiedad.
Se miraron con los rostros cercanos por varios segundos. Las respiraciones repentinamente pausadas, cuidadosas, el aire caliente de sus exhalaciones chocar contra la piel opuesta. Winry dejo sus dedos recorrer los contornos del rostro de Edward, cayendo hasta sus hombros.
Edward movió los labios para tratar de formular una oración que nunca salió de su garganta, mas cuando reacciono por fin, tomó un mechón del cabello rubio de la muchacha y lo llevó tras su oreja.
— No sirvo para estas cosas — Confesó, en voz baja, para que solo ella lo oyera — Lo siento.
Edward estiró sus dedos hasta la nuca de Winry y ella se dejo guiar hasta la boca masculina. Suave, un roce, apenas un movimiento. Los ojos cerrados, apretados con timidez, mientras se separaban en un suspiro complaciente.
¿Cuánto maldito tiempo llevaban esperando por eso?
El rubor, un sonrojo llamativo, no se hizo esperar. Pero Winry debió pronto prestar atención al estofado que hervía en su punto perfecto a sus espaldas. Ella apagó las hornallas y dejó reposar el contenido de la olla.
— Yo, uhmm — Ed dudó, nervioso. — Esto…
Winry tomó aire, sintiendo su carácter resurgir y una amplia sonrisa retornar a su rostro. Ella era un Rockbell, y ella iba de frente más allá de la pena y el pudor. La mujer se giró, mirándolo a los ojos y le enseñó su sonrisa.
— Ed, me gustas.
Ambos compartieron una sonrisa, una mirada y una pequeña risa. Se rieron de sí mismos, de una confesión tardía y casi forzada, pero al mismo tiempo libre e inusual. Sintieron la imperiosa necesidad de retomar el contacto, esta vez con más fuerza, más animo y menos temor.
Winry servía los platos de estofado, luego de que Edward pusiera la mesa, y lo encontró otra vez luchando consigo mismo en la silla, mirándola fijamente. Ella dejó los platos sobre la mesa, escuchando como Alphonse cerraba la llave del agua caliente en el piso superior.
— ¿Qué? — Preguntó ella, acomodando la sal.
Edward mantuvo sus ojos dorados, brillantes, en ella cuando respondió.
—Yo también, Win.
Ella tardo un momento en comprender a que se refería, se sonrojó a pesar de que lo había supuesto y había sido ella quien se había confesado, en primer lugar. Con una sonrisa, dos te quiero y un estofado fue como comenzó su inusual noviazgo.
Para cuando lo dieron a conocer, algunos días más tarde, Pinako exclamó que ya era hora, Alphonse los felicitó de corazón y todo Resembool giró los ojos.
Aparentemente, lo suyo había sido un secreto a voces.
Sí, algo que no podían decir, y que todos comentaban. Ellos lo habían negado u ocultado bastante tiempo, mientras los otros especulaban sobre cuando se confesarían. Era más, todos lo conjeturaban antes de que ellos reconocieran el sentimiento.
Sí, pues, era una tontería, pero a veces lo implícito debía decirse, los secretos confesarse, y los besos darse.
Winry tomó la mano de Ed entre las suyas, la que antes había sido de metal, y reconoció que eso debía pasar.
Era algo que había estado destinado desde siempre, antes de que cualquier persona reparase en ello, y que la vida había querido pudiera darse. Edward acarició su rostro y le besó la frente.
Un par de palabras susurradas entre ellos, despacio, suavemente.
Edward era para Winry, y Winry para Edward. Punto. Porque era un secreto que todos podían ver. Un secreto a voces que, al fin y al cabo, nunca fue un secreto.
