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En la cabaña del guardabosques, la chica Tendo comenzó a recuperar el sentido, sus párpados se resistían a abrirse pero su estómago le demandaba alimento, no recordaba la última vez que había comido. Lentamente abrió los ojos, se encontraba desorientada, el lugar en el que estaba le parecia familiar pero no lograba reconocerlo, se incorporó con lentitud, le dolía el cuerpo, al parecer sufrió algún tipo de accidente a juzgar por los vendajes que la cubrían.

-Me alegra que ya estés despierta, Akane-

Dirigió su rostro hacia el origen de la voz, era un hombre bastante atractivo de hermosos ojos azules… ojos azules… ojos azules.

-Gracias-

-Te encontré en medio del bosque lastimada y te traje a casa, ¿Tienes hambre?- le habló él mientras le acercaba un plato con sopa.

¿A casa? ¿Su casa? ¿de los dos? La chica sintió cómo le retumbaba la cabeza por el esfuerzo de recordar.

-Si, gracias… eh…-

-Creo que te lastimaste un poco al caer – le sonrió afablemente- pero no te preocupes, pronto estarás mejor. Soy Shinnosuke-

Ese nombre se le hacía conocido mas no recordaba mucho, sin embargo, la familiaridad con la que le hablaba, su manera de referirse, sus modos, todo la llevaba a concluir que ese hombre debía ser cercano a ella, sintió pena de no poder recordarlo pero no quiso herir sus sentimientos.

-Discúlpame, aún estoy un poco confundida- dijo ruborizada interrumpiendo sus pensamientos ante la intensa mirada del joven.

-Eres hermosa- contestó él al verla- ya te dije que no te preocupes, estarás bien, ahora lo importante es que te repongas. Volveré en un momento-

El chico salió dejando a la joven sumida en una profunda confusión, más no tardó en retornar.

-¡Oh, Akane! Estás aquí- la joven no entendía por qué su sorpresa si acababa de salir- Será mejor que descanses, allá afuera parece que comenzará a llover.

La chica asintió, en realidad aún se sentía cansada y la cabeza le punzaba, tal vez el reposo le traería a la mente los recuerdos que perdió.

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Ya habían pasado casi tres días desde que estaba en casa con Shinnosuke, cada vez se acostumbraba más a su compañía, aunque aún la confundía el que olvidará todo tan pronto, exceptuándola a ella. No pudo más con la curiosidad y se decidió a preguntar.

-Discúlpame, Shinnosuke- el chico la miró penetrantemente- a mi… me cuesta trabajo recordar las cosas aún, tal vez recupere la memoria poco a poco, pero ahora, hay una duda que no me deja… ¿tú y yo… estamos casados?-

-A decir verdad… no lo sé- suspiró el joven- tampoco lo recuerdo, solo sé que me agrada estar mucho a tu lado… demasiado… y al parecer eres lo único en mi vida que no olvido…yo… yo.. te amo-

La chica estaba sumamente turbada, no sabía si también amaba al joven, aunque le quedaba claro que no le era indiferente.

-Yo… lo siento, no sé si tengo los mismos sentimientos hacia ti- pronunció mientras bajaba los ojos apesadumbrada- aunque… lo que sí sé es que por lo menos me gustas-

Esas simples palabras hicieron brillar el rostro del guardabosques.

-Eso ya es un avance- sonrió de hermosa manera- no sé si estamos casados, realmente me gustaría recordarlo, pero mientras alguno de los dos lo hace ¿te gustaría que lo intentáramos?-

-¿Qué? ¿cómo?- repuso confundida la chica.

-Sí, seamos una pareja de casados- dijo triunfal él- vamos a intentarlo ¿quieres?-

Akane lo dudó por un momento, más al ver esos profundos y emocionados ojos azules sintió que algo en su corazón se acomodaba.

-Sí, hagámoslo- dijo sonriendo bellamente.

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Llevaba una semana siguiendo a Ryoga a través de ríos, montañas, prados y veredas, la situación comenzaba a cansarle.

-Oye, no tengo tiempo para perder y ya llevamos una semana sin llegar a ningún lado ¿De verdad sabes dónde está Akane?- gritó cansado el joven Saotome.

Deja de fastidiar, Ranma!- le contestó molesto el aludido- deberías agradecerme que estoy ayudándote, ya que tú no tienes ni idea del paradero de Akane-

-Al parecer tu tampoco ¿a dónde pudo haber ido que en la semana que llevamos viajando no la hayamos alcanzado?-

-Bueno… la verdad es… que… lo olvidé- dijo con un hilo de voz.

-¿¡QUE?! Y tienes una semana haciéndole al tonto y perdiéndome, no debí confiar en ti- decía Ranma mientras se acercaba amenazadoramente al joven Hibiki.

-¡Espera, espera! Por lo menos aprovechaste este tiempo para reflexionar en tus acciones ¿No?- dijo riendo nerviosamente el otro al ver en riesgo su integridad física- además, en realidad esperaba recordar el nombre del lugar al verlo.

-¿Y por qué no lo dijiste desde un principio?- bufó el joven de ropas chinas- hubiéramos dejado de perder el tiempo andando a lo tonto y nos enfocaríamos en los lugares posibles-

-Lo siento, lo siento- dijo apesadumbrado el muchacho de camisa amarilla.

-Bien… no gano gana golpeándote hasta cansarme, así que mejor, intenta recordar cómo se llamaba a donde se fue Akane- habló iracundo Ranma.

Ryoga se rascaba la barbilla esforzándose en hacer memoria.

-¿Era un lago? No… ¿Una cueva? No, tampoco… algo de la naturaleza…-

-¿Un mar? ¿Un río? ¿un bosque?- intentaba ayudar el chico Saotome.

-¡Eso! ¡Se fue a un bosque!- gritó triunfal el chico de amarillo.

-¡Genial! Ahora solo hay que buscarla en unos cuantos cientos de bosques que hay en Japón- pronunció sarcásticamente el otro.

-Bueno, es mejor que nada ¿No?- siguió pensando- ¿Ryogawa? ¿Ryuzaka? ¿Ryuzengawa?-

-De casualidad ¿No era Ryugenzawa?-

-¡Sí! ¡Eso! ¡Ryugenzawa!- gritó de alegría el chico perdido.

Genial! Ahora solo estamos justo el otro extremo del país, nos tomará por lo menos otros tres días llegar ahí- dijo bastante furioso el guerrero de la escuela Saotome al recordar al habitante humano de ese bosque.

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Akane se encontraba sentada en un tronco al exterior de la casa admirando las estrellas, estaba bastante tranquila y podría decirse que ¿feliz?. Ese lugar le brindaba paz, y por alguna extraña razón, la compañía del hombre a su lado la reconfortaba.

Shinnosuke la sacó de sus cavilaciones.

-El baño está listo, puedes ocuparlo si quieres-

-Muchas gracias-

Se levantó y se dirigió a la parte trasera del hogar donde se encontraba el sencillo baño al aire libre; con cuidado se desnudó, se lavó y se introdujo en el bote lleno de agua caliente; después de disfrutar un rato ahí se dispuso a salir, tomó la toalla cercana y se cubrió lo mejor que pudo, al levantar la mirada se encontró con la de Shinnosuke, estaba parado casi frente a ella apenas cubierto con otra toalla a la altura de la cintura.

-Dis… discúlpame, olvide que estabas tomando un baño- e inmediatamente se dio la vuelta apenado.

-Es… espera- alcanzó ella a pronunciar- no tiene nada de malo, es decir, quedamos en que lo intentaríamos ¿no?-

Ella misma se sorprendió de haber tenido el valor de decir lo anterior, pero los últimos días habían hecho que se sintiera a gusto con él, quizás con el tiempo e intentándolo llegaría a amarlo.

Él se giró, se puso frente a ella, lentamente se acercó y posó su mano en el fino rostro, delicadamente comenzó a acercar sus labios a los femeninos hasta que sintió el dulce toque de la boca de Akane sobre la suya. De repente, sintió un tremendo golpe que lo mandó directo al bote lleno de agua, del que salió empapado y sin toalla; parado junto a Akane se encontraba un chico de cabello negro trenzado observándolo con furiosos ojos ante una atónita chica.

-¿Qué… qué crees que le haces a mi esposo?- dijo la mujer mientras corría al lado del muchacho agredido.

-¿Tu esposo?- gritaron alarmados los dos jóvenes recién llegados.

-¿Te encuentras bien?- le interrogó mientras examinaba su rostro.

-Si, es solo que me tomaron desprevenido. ¿Quiénes son y qué es lo que quieren?- dijo dirigiéndose a los recién llegados.

-Explícate ¿Cómo que tu esposo?- la interrogó el chico de camisa roja sin quitarle los ojos de encima a ella, ignorando completamente al hombre desnudo.

-Él… él es mi esposo… creo -dijo dubitativa la joven, pues los ojos azules del intruso la hacían sentir inquieta.

-Eso no es cierto ¡no es cierto!- elevó la voz el interrogador- Tú eres mi prometida ¡mía! ¿Entiendes?- se acercó amenazadoramente.

-Pero… pero… ¿Por qué me siento tan bien a su lado si no es mi pareja?- dudó ella.

De repente, la chica se tomó la cabeza ante un insoportable dolor que súbitamente la atacó, desvaneciéndose en el acto.

-¡Akane!- gritaron al unísono los tres varones.

Shinnosuke alcanzó a sostenerla entre sus brazos antes de que cayera al piso, la cargó y la introdujo a la casa, siendo seguido de cerca por los otros chicos.

Recostó a la bella mujer en el único futón del hogar, cosa que no pasó desapercibida para Ranma pues si Akane llevaba un tiempo viviendo ahí implicaba que tenían el mismo tiempo durmiendo juntos. Estaba a punto de ajustar cuentas con el dueño de la casa cuando una anciana voz se escuchó desde la puerta.

-¡Ya regresé!-

Al girarse todos vieron al ya conocido abuelo de Shinnosuke ingresando al hogar.

-¿Y tú quién eres?- le interrogó inmediatamente el nieto.

-Siempre me olvidas ¿por qué?- lloraba el venerable anciano- soy tu abuelo y acabo de regresar de un viaje de quince días ¿por qué no puedes recibirme como me merezco?-

-No lo creo, si así fuera lo recordaría- afirmó muy seguro de si mismo el aludido.

-No me extraña- refunfuñaron los invitados.

-¡Hola de nuevo, jovencitos!- saludó amable el viejo al percatarse al fin de su presencia- ¿ahora que los trae por aquí?-

-Venimos por Akane- dijo Ryoga señalando a la jovencita aún inconsciente en la cama- al parecer ha habido una confusión y cree que está casada con su nieto-

-¿De verdad? ¡qué felicidad! Al fin tendremos a una mujer en casa, tendré bisnietos, seré respetado- decía soñadoramente el hombre mayor.

-¡Pero eso no es cierto! Ellos no pueden estar casados- gritó ofuscado el joven Saotome.

-¿Por qué no?- intervino la jovencita recién despertándose.

-¡Porque tú eres mi prometida!-

-¿Tu prometida?- ella lo miraba incrédula- y si soy tu prometida… ¿por qué estoy aquí con él y no contigo?- retó la chica.

-Pues… pues.. por qué…-

-Porque lo descubriste engañándote- dijo con naturalidad Ryoga- entonces lo abandonaste y llegaste aquí.

-¡Yo no la engañé!- intentó defenderse Ranma.

-Si eso es cierto, entonces estoy mejor aquí sin recordarte- reflexionaba la jovencita.

-¿Sin… recordarme?- habló extrañado Ranma.

-Bueno, lo cierto es que… yo… no recuerdo mucho de quien era o de mi pasado- confesó ella- desperté aquí hace unos días, me sentí tan a gusto que asumí que este era mi hogar-

-Eso no te da derecho a besarte con cualquiera- repuso molesto Ranma.

-Pues por lo que entiendo tu fuiste el primero que fue infiel- añadió suspicaz ella.

-¡Que no te engañé!-

-Yo diría que sí cuenta como engaño- apuntó Ryoga.

-¡Tú no te metas!- gritó el muchacho Saotome.

-Akane, yo te amo, por favor, quédate conmigo- intervino al fin Shinnosuke.

-Shinnosuke… - suspiró ella- lo cierto es… es… que no siento ese tipo de amor por ti, lo siento, de verdad lo intenté pero… no- repuso Akane.

-¿Ves? Ella quiere estar conmigo- sostuvo Ranma jactancioso.

-Con respecto a ti – se dirigió Akane a él- no creo eso de que seamos prometidos, en realidad, me eres totalmente indiferente.

El guerrero Saotome sintió un profundo dolor en su pecho ante la respuesta de Akane. Jamás esperó perderla de esa manera. Durante un momento su alma se le fue al suelo, pero como el guerrero necio que era no iba a dejarlo así.

Se dirigió a ella, la levantó jalándola del brazo y la cargó mientras le hablaba.

-Necesitas ver a un médico de inmediato, nos vamos-

-¿¡Que te pasa?! ¡Suéltame!-forcejeó la mujer.

Con habilidad logró separarse de Ranma, le encaró y le plantó una sonora cachetada.

-¡Pervertido!-

-Pero si…- y quedó la frase en el aire.

Inmediatamente todos los presentes se giraron hacia la pared al tiempo que se sonrojaban profusamente, hasta ese momento todos cayeron en cuenta de que la sabana que cubría a la chica se había caído y seguía desnuda.

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Akane no deseaba irse de Ryugenzawa por más que intentaron convencerla los chicos, por lo que aceptaron la forzosa invitación del abuelo a quedarse ahí por lo menos esa noche.

La cena transcurrió sin mayores contratiempos, solo podía sentirse la iracunda aura que rodeaba al joven Saotome cada vez que los chicos que se habían creído esposos se dedicaban ciertos gestos amables y hasta cariñosos, situación que no pasó desapercibida para Akane pero que solo hacía crecer su incertidumbre y sus dudas.

Terminados los alimentos, la mujer decidió salir a observar el hermoso cielo estrellado que la llenaba de confort y tranquilidad. Escuchó crujir unas ramas y se giró para ver al intruso, topándose con el muchacho de camisa roja.

-Hola- saludó tímido.

-Hola- contestó amablemente Akane, aunque su sola presencia la hacia sentirse turbada.

-No debí tratarte de esa manera, por favor, discúlpame… me presento, yo soy Ranma y… y… somos amigos, a pesar de todo.

-Ranma… Ranma… en realidad no te recuerdo, lo siento- contestó algo apenada.

-No te preocupes, no es importante- mintió- pero quería hablarte sobre ti-

-¿Sobre mí?-

-Sí… sé que todos podemos parecerte unos extraños, pero lo cierto es que te apreciamos de una u otra manera. Entiendo que te sientas tranquila en este lugar, aunque no sepas la razón, pero me gustaría pedirte que nos acompañaras antes de tomar la decisión de quedarte aquí. En Nerima está tu familia, tu padre y tus dos hermanas, además de tus amigos y tu vida. Te propongo un trato, si regresas con nosotros y una vez que hayas estado en tu casa sigues sin recordar o sin querer quedarte allá, yo mismo te acompañaré aquí para que rehagas tu vida-

-¿En… serio? ¿Respetarás mi decisión?-

-Lo juro por mi honor de guerrero-

-Me gustaría ver a mi familia, tal vez así logré recordar algo… está bien, acepto el trato, saldremos mañana mismo a Merina-

-Es Nerima- la corrigió algo decepcionado el joven-

-¡Oh! Perdón- bajó tristemente los ojos ella.

Se veía tan linda, tan frágil, tan tímida que la sola idea de perderla hacía que el corazón de Ranma se estrujara.

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A la mañana siguiente, ya estaban los chicos listos para salir rumbo a Nerima.

-Akane ¿Puedo hablar contigo un momento?- le llamó el joven guardabosques.

-Por supuesto- respondió apartándose para tener un poco de privacidad.

Ranma veía atentamente todos y cada uno de sus movimientos, sentía al demonio de los celos apoderarse de él.

-Akane, verás… quiero agradecerte por estos bellos días a tu lado, de verdad me hiciste muy feliz, y aunque no tuve la fortuna de que fueras mi esposa, quiero que sepas que yo estaré esperando tu regreso.-

-Shinnosuke…-

-No quiero presionarte, sé que tienes que aclarar tu mente, sólo quería que lo supieras- concluyó tomándola del rostro y depositando un dulce beso en su mejilla.

-Es hora de irnos- bramó el joven Saotome mientras sentía su sangre hervir.

El gesto de la chica era de preocupación y tristeza mientras se despedían del abuelo, él al notarlo le dijo quedamente.

-No te preocupes por él, lo más seguro es que olvide lo que te dijo en cuanto te vayas-

-¿De… de verdad?-

-Sí, siempre ha sido así, si quieres regresar eres bienvenida, si no, entenderé, vete tranquila, linda Akane-

-Gracias, abuelo- le susurró con una lágrima recorriendo su mejilla mientras le abrazaba al despedirse.

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Ranma estaba furioso, por lo que caminaba al frente de los otros chicos tratando de calmarse; Akane tenía un lío en la cabeza, razón por la que estaba bastante distraída; Ryoga iba tratando de seguirlos para no perderse.

Por su descuido, la chica dio un traspié que por poco la manda al piso, sin embargo, por la rápida reacción de Ranma, terminó segura entre sus varoniles brazos; levantó lentamente la cabeza para encontrarse con unos hermosos ojos azules que la miraban preocupados… ojos azules… ojos azules…

-¿Te encuentras bien?-

-Sí… gracias- respondió bastante sonrojada.

De un movimiento él le quitó la mochila y se la colocó en su propia espalda.

-Traes mucho peso, será mejor que pongas más atención en el camino, de por sí ya eres bastante torpe-

Estaba por contestarle bastante enojada cuando él entrelazó sus dedos con los de ella, podía sentir su preocupación auténtica, su tacto era cálido, suave a pesar de sus rudas manos, reconfortante, la hacía sentir protegida.

Caminaron así un largo rato, sin decir nada, a ambos les sudaban las manos, ese hombre hacia sentir nerviosa a Akane pero no sabía por qué, de repente, ella volteó esperando ver al otro chico, más ya no había nadie allí.

-Oye- dijo tímidamente- tu amigo ya no está.

Fue hasta ese momento que Ranma se percató de la ausencia de Ryoga.

-Se ha de haber perdido el muy tonto… no te preocupes, siempre le pasa… y por alguna extraña razón siempre logra encontrarte- dijo lo último entre dientes.

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En otro punto de Japón, un joven caminaba en dirección contraria a Nerima.

-Espero que aproveches el tiempo, Saotome, porque si ella no logra recordarte no tendré compasión y la conquistare a toda costa- decía un decidido Ryoga.

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La noche se acercaba peligrosamente, comenzaba a hacer frío y los ruidos del bosque eran cada vez más siniestros. El joven se percató de los involuntarios temblores en la mano de ella, al parecer aunque no tuviera memoria sus miedos seguían ahí.

-Será mejor acampar, aún queda camino por recorrer y se está haciendo noche, así descansaremos- dijo seguro él.

Ella asintió. El muchacho comenzó a disponer de lo necesario para colocar la tienda, la jovencita no quería ser un estorbo, así que comenzó a reunir la madera para la fogata. Prepararon ramen instantáneo y comieron en silencio, cada quien en sus cavilaciones, sin embargo, ciertos ojos azules no dejaban de ver cada tanto la figura de esa bella mujer iluminada por las llamas.

-Ranma- dijo ella- ¿Podrías contarme sobre… mi?-

-¿Qué quieres saber?-

-Pues… qué me gusta, qué se me da bien, qué no se me da, cómo es mi carácter… cosas así-

-Pues te gustan mucho las artes marciales, de hecho eres heredera de una de las dos únicas escuelas de combate libre que existen en el mundo, se te dan muy bien, aunque soy de la idea de que te falta practicar más. Lo que no se te da, es la cocina, lo has intentado por años pero nomás es algo que no es lo tuyo. Tú carácter… pues… por lo general eres muy dulce, atenta, servicial, cuidas de los demás, de hecho, la mayoría de la preparatoria te considera bastante atractiva por todas tus cualidades.

-¿En serio? ¿Soy popular?- dijo emocionada.

-Pues… sí, en realidad, aunque nunca te has dejado llevar mucho por eso.-

-Menos mal que no soy una chica engreída- dijo esbozando una de sus dulces sonrisas - ¿Y… como fue que nos enamoramos y comprometimos?- preguntó nerviosa.

-En realidad… el compromiso nos fue impuesto por nuestros padres, como yo soy el heredero de la otra escuela de combate libre, siempre quisieron unir ambas y desde antes de nacer lo acordaron.-

-¡Ah- contestó algo desilusionada- entonces no fue nuestra decisión, eso quiere decir que... ¿Nosotros… no nos amamos? – dijo algo turbada.

Él comenzó a reír nerviosamente, sin proponérselo Akane había tocado un nervio muy sensible en el guerrero.

-¿Entonces?- preguntó bastante interesada en continuar el tema.

-Pues… hemos pasado muchas cosas juntos, somos buenos amigos, nos protegemos entre nosotros, vamos juntos a la escuela, vivimos en la misma casa… - evitaba contestar directamente.

-Pero no nos amamos- le interrumpió Akane pensativa.

-Pues… pues… - y siguió riendo nerviosamente- creo que estamos algo cansados, será mejor que vayamos a dormir, aún nos queda por lo menos medio día de viaje.

-Esta bien- respondió ella bajando los ojos, dirigiéndose a la tienda e introduciéndose en ella.

-Soy un idiota, no cabe duda, era el momento perfecto… ¡Qué estúpido! Si sigo así lo único que lograré es que se quede con el tonto de Shinnosuke- se reprendía mentalmente él mientras disponía su saco de dormir junto a la fogata.

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Levantaron el campamento y continuaron su viaje, cuando Ranma intentó tomarla de la mano ella rehusó el contacto.

-Gracias, pero puedo yo sola, solo pondré más atención en el camino- dijo mientras una sonrisa adornaba su rostro.

-Como quieras- respondió ofendido él.

Cuando estaban a punto de llegar a su destino, Akane jaló un poco la manga del chico para llamar su atención.

-Ranma… ¿Hay algo más que deba saber antes de llegar a casa?-

-Pues… verás… - dudó el chico- hay… hay… un trío de chicas que les gusta hacerse llamar mis prometidas, ¡Yo no tengo nada que ver con ninguna! Pero… a ellas les da… por… por… meterse conmigo y contigo-

-¿Tantas prometidas tienes? ¡Vaya! Entonces… - dijo pensativa- si tienes más chicas de donde elegir ¿por qué fuiste a buscarme?-

-Pues… verás… ¡es una cuestión de honor! ¡sí, eso! Es mi deber cuidarte y protegerte- sostuvo firme él.

-Honor… deber… ahora entiendo… Gracias por ser sincero, Ranma. – concluyó con una triste sonrisa.

El chico solo atinó a asentir con la cabeza mientras retomaban el camino hacia el Dojo Tendo.

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-¡Ya llegamos!-

Se escuchó desde la entrada la voz del joven Saotome. Todos los miembros de las familias corrieron para ver parados en la puerta a los chicos que habían estado esperando.

-¡Mi bebé! ¡Mi bebé! ¿dónde has estado, hija? ¿por qué dejaste aquí a tu pobre padre?- lloraba Soun Tendo mientras abrazaba aprensivamente a la mujer.

-Yo… yo.. pues…- no atinaba a decir nada.

-Tío Soun, hay algo que debe saber… Akane perdió la memoria- mencionó afligido Ranma.

-¿¡Qué?! ¿¡Cómo fue eso posible?! ¡Ranma! ¿por qué no la cuidaste? Era tu deber…- empezó a reclamar el patriarca.

-Señor Tendo… papá… disculpa, pero no es obligación de Ranma cuidarme- le interrumpió la hija menor- fue un accidente. Y por lo que sé, creo que soy más feliz ahora sin memoria- y sonrió.

Todos quedaron impactados con la declaración de Akane, la primera en reponerse de la sorpresa fue la adorable Kasumi.

-Bueno, ya habrá tiempo de solucionar eso. Me presento, soy tu hermana mayor, Kasumi Tendo, ella es tu otra hermana Nabiki, papá, Tío Genma y tía Nodoka. Y a Ranma ya lo conoces ¿verdad?- dijo mientras señalaba a cada uno mientras los nombraba.

-Sí, un gusto- respondió la pequeña mientras hacía una reverencia.

-Ahora pasa, nos falta mucho para ponernos al día, más tarde será mejor que vayas a ver al doctor Tofu, solo para que te revise ¿de acuerdo?- repuso amablemente Kasumi sin dar tiempo a objetar mientras la introducía a la estancia para continuar la plática.

-¡Vaya, ex-cuñadito! Parece que ahora sí estás en problemas- dijo Nabiki a Ranma mientras seguía a los demás.

-¿A qué te refieres?- le respondió hosco.

-Pues parece que a esta nueva Akane no le van a poder imponer el compromiso- dijo mientras le guiñaba un ojo y se retiraba para unirse a los demás.

El joven se quedó clavado al piso donde estaba, sumido en sus pensamientos.

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Después de tener una amena y larga charla donde le narraron a Akane su vida, sus vivencias y las de su familia, Ranma entró en la estancia bastante serio.

-Akane, ven, vamos a ver al doctor-

-Pero me siento bastante bien, no creo que sea necesario- objetó ella animada.

-¿Cómo puedes sentirte bien si no tienes recuerdos? – sostuvo áspero.

-Pero…-

-Vamos, Akane, es bueno que te revise- interrumpió Kasumi con esa velada forma de ordenar.

-De acuerdo- se levantó y se dispuso a seguir a Ranma.

Ya en la calle, tomaron el camino al consultorio de la manera usual, iban muy callados y hasta incómodos. Al llegar donde Tofú, el chico puso al tanto al doctor de lo sucedido a Akane, por lo que procedió a auscultarla minuciosamente. Después de haberle hecho varias pruebas, se dirigió a ambos jóvenes.

-Pues a nivel corporal no tienes nada de que preocuparse, solo ligeras lesiones que ya están sanando. Sobre tu mente pues… tampoco hay nada físico que te impida recordar-

-¿Qué quiere decir, doctor?- interrumpió el silencio el joven Saotome.

-Pues… que no encuentro evidencia física para la amnesia de Akane… Más bien parece que ella es la que no quiere recordar- sentenció serio el aludido.

Eso fue un golpe bajo para Ranma ¿por qué no quería recordar? ¿acaso no quería recordarlo… a él?

-Gracias- dijo serio.

Tomó de la mano a Akane y la sacó de ahí, no fue si no hasta tres cuadras después que se detuvo y la encaró.

-¿Por qué?- preguntó consternado.

-¿Por qué qué?- replicó ella sin entender.

-¿Por qué no quieres recordar?-

-No… no… no es algo que haga a propósito- repuso ella tímidamente.

-¡Pues eso no es lo que dijo el doctor!-gritó desesperado.

-¡Sé lo que dijo el doctor, también estaba ahí!- contraatacó ella.

-¿Entonces por qué no me recuerdas?-

-¡Tal vez es mejor no recordar a un malhumorado, gritón y tonto hombre!-

-¡Si, claro! Seguramente estás mejor sin mi-

-¡Pues aunque no lo creas estaba bien antes de que llegarás al bosque!-

-¡Con tu idiota supuesto esposo guardabosques, cierto?-

-¡Sí! ¡Él por lo menos me trataba bien, no me gritaba y me quiere!-

-Pero tu a él no lo quieres- sentenció duramente él.

-No… En realidad no, no como él espera- respondió en voz baja.

-¿Sabes por qué?- dijo muy serio Ranma- no puedes amarlo porque… tú ya lo estás intentando con alguien más.

-¿En serio? ¿Sabes quién es?- preguntó intrigada la mujer.

-Pues… este… verás… yo… sé que…-

-¡Hola, Akane!- saludó Kikujiro.

-Hola… Eh…- intentó recordar el nombre del chico la aludida.

-No te he visto desde el baile, veo que ya perdonaste al inepto de Saotome, ¡Vaya que eres tonta!- dijo con desprecio.

-¡No la insultes!- respondió amenazante el joven mencionado.

-Solo digo la verdad, no puedo entender que te haya perdonado después de que te vio con otra en brazos-

-¡Cállate!- le soltó iracundo Ranma.

-¿Con otra?- repitió sorprendida Akane.

-¿Acaso se te olvidó tan pronto lo que viste? ¿A Ranma besando a Ukyo y diciéndole que la amaba?-

-¿Qué la amaba?- repitió pensativa la chica.

-¡Te dije que te callaras!- gritó Ranma al tiempo que le propinaba un tremendo golpe que dejó sin aire a su oponente.

Akane retomó su camino lentamente, alejándose meditabunda de los muchachos. El joven de camisa china sujetó por la ropa a Kikujiro con agresividad.

-¿Qué se siente que te arrebaten lo que más quieres, Saotome?- alcanzó a decir justo antes de comenzar a reír burlonamente.

-Ni siquiera vales la pena- contrarrestó el chico de ojos azules mientras lo soltaba con desprecio.

Se dirigió a alcanzar a Akane, a quien encontró sentada bajo un árbol de cerezo observando el atardecer.

-Hola- se acercó con timidez.

-Hola- ella le respondió- ¿no es hermoso?-

-Sí, definitivamente- repuso él mirándola a ella en vez de al horizonte.

-Ranma… ¿Hay algo que quieras decirme?- le interrogó la mujer.

-¿Yo? ¿Cómo que?- repuso bastante nervioso el chico.

-No lo sé… alguna razón por la que QUIERA recordarte-

-Pues… pues… porque eres mi prometida-

-Pero de un compromiso que no decidimos, no sé si eso sea una razón suficiente- contestó más que nada para sí misma.

-Nuestra palabra está empeñada, es una cuestión de deber- dijo seguro Ranma.

-¡Oh! Ya veo- se quedó meditabunda unos momentos- será mejor volver a casa ¿no crees?-

-Sí, es lo mejor- confirmó el joven intrigado por la serenidad de aquella mujer.

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Había pasado una semana desde el regreso de los chicos al Dojo Tendo; todos se la habían pasado muy animados conviviendo y recordando viejos tiempos con Akane, quién se encontraba encantada pasando el tiempo con todos, bueno, casi todos; el joven de cabello trenzado se obstinada en evitarla, se la pasaba entrenando en el Dojo, aunque siempre estaba pendiente de donde estaba y qué hacía, en la medida de lo posible rehuía estar más tiempo del necesario en la misma habitación que ella, además de estar todo el tiempo malhumorado y serio.

-Ranma, ¿puedo hablar contigo?-

-Dime, mamá- respondió cortante.

-Hijo, iré al grano- y suspiró- con esa actitud solo estás logrando alejar a Akane.

-¡Ni quien quiera estar con ella!- respondió cortante.

-¿Estás seguro?- contraatacó la matriarca- antes de que ella tuviera amnesia estabas bastante animado a su lado… le obsequiaste el dije de magnolia que guardaste por tantos años con mucho recelo; no sé qué pasó en la fiesta que los marcó tanto, pero si la amas debes luchar por ella.

-Ella es la que no quiere recordarme- dijo sombríamente.

-¿Y qué has hecho tú para que ella te recuerde? Sólo te la has pasado rehuyendo, enfréntala como un hombre.

Él seguía expresando solo enojo en su rostro.

-Lo que hacemos o dejamos de hacer tiene consecuencias, hijo, sólo espero que después no te arrepientas- finalizó con tristeza la mujer y se fue.

El guerrero siguió en el Dojo hasta entrada la noche.

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Al día siguiente, la familia intentó tenderles una trampa a los más jóvenes, como siempre; todos salieron a hacer distintas diligencias, dejando a ambos chicos solos en casa durante casi todo el día.

Ranma estaba en la estancia recostado leyendo un manga y comiendo dulces, Akane arribó a la habitación con un par de tazas de té y se sentó frente al televisor, le acercó una de las bebidas al chico y se dispuso a ver un programa.

Había pasado más de un cuarto de hora y para su sorpresa él no se había ido, seguía ahí mismo leyendo. Pasados un par de minutos la chica movió rápidamente la mano para interceptar un caramelo que justamente se dirigía a su cara cortesía del joven lector.

-Al menos no has perdido tus reflejos- dijo fingiendo desinterés mientras lanzaba otro en dirección al pecho de ella.

-Parece que no- repuso la mujer apretando los puños.

Él siguió lanzando varios caramelos que ella seguía interceptando con facilidad.

-¡Basta! Déjame ver mi película-

-¿Para qué? Tendrás pesadillas y va a ser mi culpa por no haber evitado que vieras el tonto televisor-

-Eres un engreído- habló al tiempo que elevaba la mesa para lanzarla contra su interlocutor, quién la esquivó sin esfuerzo.

-¡Vaya! Esa es la Akane que conozco ¿quieres pelear?- repuso al tiempo que se ponía en posición de guardia el menor de los Saotome.

-¡No quiero pelear! ¡Sólo te golpearé!- gritó mientras se iba contra él atacándolo con toda su fuerza.

Ranma esquivaba los golpes con habilidad, haciendo que creciera la furia de la chica y que se empeñara más en alcanzarlo; terminaron en el techo de la casa, sin embargo, la muchacha dio un mal paso que ocasionó resbalara, provocándole una inminente caída, cerró los ojos esperando impactarse contra el piso, pero en su lugar, sintió unos varoniles brazos rodeándola protectoramente, fue una sensación conocida, ese aroma, ese calor, podía sentir el acelerado corazón del chico. Aterrizaron con suavidad , más no rompieron el contacto inmediatamente, cuando ella intentó separarse él le dijo con ronca voz

-No, por favor, quédate un poco más así-

Ella no hizo el mayor intento por separarse, solo disfrutó esa calidez que él emanaba, lo segura que se sentía en sus brazos. Pasados unos momentos, él aflojó el agarre y lentamente se alejó.

-Toma, esto es tuyo- dijo al tiempo que extendía el brazo entregándole a Akane algo- lo encontré el día que te fuiste de casa, sé que te gustaría recuperarlo, te lo regaló… alguien que te ama-

-¿De verdad?- habló mientras observaba lo que sostenía en sus manos- ¿sabes… quién me lo dio?-

-Te toca a ti descubrirlo- le dijo mientras se alejaba de ahí con las manos en sus bolsillos.

-Pero… pero…-

-Si realmente quieres saberlo, lo recordaras - fue lo último que le dijo.

Akane se quedó en el patio observando a contra luz la cadena que le había entregado Ranma con un hermoso dije plateado en forma de gardenia con una perla en su centro, para cuando quiso preguntarle más, el chico ya había desaparecido.

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Espero esten disfrutando la historia, gracias a tod@s por el apoyo que me han brindado, actualización pronto.