Disclaimer: Star Trek no me pertenece.

Nota: Aquí el segundo capítulo. Spock no es medio vulcano porque aquí los vulcanos y humanos no se conocen, no sintieron curiosidad de conocer más acerca del espacio que les rodeaba pese a saber que existía algo más.


2. Vulcano.

Había llegado la noticia a Vulcano de que en el sistema binario de al lado los humanos estaban indagando. Era una especie subdesarrollada que se abrazaba a sus emociones como si fuese lo más lógico, pero no era culpa de ellos no haber descubierto aún la necesidad de aplacar los deseos del corazón, pese a que su mundo iba a romperse si continuaban así.

Los humanos (seres a los que no prestaban mayor atención) habían ido con sus naves a investigar, recolectando pruebas sin prestar atención al Sistema Vulcano. No les importaba, siempre que no les molestaran y se marcharan nuevamente a su planeta.

Pero Spock mentiría si dijese que no sentía curiosidad científica por esa raza, y los vulcanos nunca mienten. Por ello jamás hablaba ni saca el tema, lo esquivaba como si no existiese, como si no significase nada para él. Mas a veces algo en su interior, la parte más primitiva y salvaje que aún guardaba, sentía que había algo más en las estrellas, algo que le incitaba a esperar más de ellas y su resplandor.

La noticia de una tormenta lejana les llegó sin mucho afán, pues lo que les importó fue el hecho de que una nave humana se precipitaba contra la órbita vulcana con una rapidez demasiado elevada para su capacidad. Era una nave de exploración necesitada de una estación por lo que o estaba abandonada, extraviada o algo más había pasado. Una desgracia tal vez.

Spock vio, desde la casa de sus padres, como la nave en cuestión entraba al planeta, maniobrando para evitar estrellarse contra el desierto que era Vulcano. Pasó por encima de la vivienda alarmantemente cerca, frenando atropelladamente para evitar la colisión inminente. Al final una nave humana había aterrizado en su jardín, derruyendo un muro del patio que tan eficientemente ejercía su función.

Sin pensarlo dos veces, pese a que aquello era muy impulsivo, salió al patio para investigar la nave y lo que esta tendría. No en vano era un científico consagrado de la Academia de Ciencias de Vulcano, el mejor de su promoción. Su padre salió tras él, tratando de brindarle sentido común, mas con una frase simple logró salir.

—Es lo correcto ir a investigar posibles amenazas.

Jim saltó al terreno finalmente, calculando la densidad de la gravedad y a la velocidad que podría moverse mientras la puerta tras él se cerraba. No parecía muy distinto a la Tierra en cuanto a densidad y movimiento, por lo que solo le quedaba esperar que el ordenador de la Enterprise pudiese decirle que era un terreno factible para el ser humano.

Un hombre de una edad similar a la suya salió a su encuentro, tendría sus mismos números de años vividos o tal vez un poco más, pero no mucho. Era alto y atlético, parecía un humano normal de no ser por las orejas puntiagudas y las cejas extrañas (por no hablar de ese horrible corte de pelo, eso debería estar penado). Suspiró suavemente, observando como el otro alzaba una ceja perfectamente arqueada mientras le observaba.

Tras él había otro hombre que debía ser su padre, con el mismo peinado incluso. Una cosa era que no tuviesen estilo ni imaginación para diseñar naves variadas, como los coches de la Tierra, otra que carecieran de sentido común, porque esos peinados eran... mejor dejarlo en que eran alienígenas y no tocar más el tema.

Los hombres intercambiaron rápidas palabras en un idioma desconocido (que le sonaba a élfico o algo así). Parecían discutir acerca de algo que no terminaba de entender, con tono neutro y rostros inexpresivos que no aclaraban si hablaban del tiempo o de algo personal. No sabía que decían, aunque estaba seguro de que se trataba de él.

El dispositivo de su muñeca sonó, avisándole de que el aire era compatible con su sistema respiratorio. Bajó la pistola lentamente, quitándose el casco ante la oscura mirada del alienígena frente a sí. Jim se aclaró la voz, clavando sus inmensos orbes celestes en el ¿hombre? (Porque esperaba que fuese un hombre).

Spock miró al humano, siguiendo sus movimientos lentos mientras descubría su rostro y comenzaba a calcular la edad del individuo, cuya geometría facial le dotaba del verosímil ideal de belleza establecido por la raza humana (lo había leído en la Academia de Vulcano). Pronto el joven comenzó a hablar, clamando su atención descaradamente, pues era evidente que se dirigía a él personalmente.

—Soy el Capitán Kirk de la Enterprise, pertenezco a la división de exploración de la NASA y vengo en son de paz. —Explicó no muy seguro de que le entendiesen, mas aún así no tenía otra alternativa, lo único que podía hacer era hablar.

Sacudió la cabeza, sonriendo al alienígena que había captado su atención. Guardó la pistola en el cinturón, mientras el joven parecía alarmarse ante su demostración de sentimientos. Pero no era culpa de Spock, pues los vulcanos rechazaban los sentimientos.

—Pero mejor dime Jim ¿Cómo puedo llamarte? —Preguntó mientras jugaba con el casco.—Siempre puedo llamarte Elfo o Don Tazón, pero eso causaría confusión con tu padre. —Río suavemente, ante el asombro del moreno.

¿Por qué era tan expresivo? Spock se encontraba alarmado por la demostración gratuita de sentimientos e ilógica. Aún así quería saber más, necesitaba conocer algo más del humano. Porque algo le decía que o se alejaba del humano o caía sin remedio, no sabía a donde solo que no habría punto medio.

Jim suspiró suavemente. Dios, se sentía tan estúpido en ese momento. Tamborileó con los dedos sobre el casco, tan nervioso que no sabia que hacer a continuación.

El alienígena dijo algo que no entendió, tal vez tratando de consolidar una comunicación entre ellos, porque Spock era incapaz de comprender el idioma tan primitivo que usaba. El Capitán mantuvo la compostura, tratando de idear una forma de entablar una comunicación, finalmente la encontró, dirigiendo una mirada iluminada por su idea al alienígena (que aún no sabe como se llama). Spock analizó esa chispa tan rápido como pudo, desconcertado por el color de aquellos ojos que tan pocas veces se veía en Vulcano.

—Jim. —Dijo señalándose a si mismo, esperando una respuesta de su interlocutor.

Pareció causar efecto, pues los ojos oscuros brillaron con compresión.

—Jim. —Repitió señalándole, recibiendo una inmensa sonrisa por parte del tal Jim, lo que le indicó que había provocado una reacción en el individuo.

Aún no sabía si la reacción causada era positiva o negativa. Lo que sabía era que le provocaba una sensación cálida en el costado (los vulcanos tienen el corazón en el costado y no en el pecho como los humanos), y le gustaba esa sensación.

—Shin'tagai. —Dijo lentamente pero ante la duda del rubio salió por la tangente, ya que no parecía poder pronunciar su nombre sin salir herido en el proceso. —Spock. —Se señaló a sí mismo.

Jim le comprendió entonces, no sabía qué era eso de Shin'como'se'pronuncie, tal vez su nombre o un trabalenguas alienígena para romper el hielo. Pero Spock le gustaba más, era fácil de pronunciar y le sonaba bien a la hora de pronunciarlo.

—Spock. —Repitió con una sonrisa llena.

De pronto no se sentía tan solo.

El padre de su alienígena, de Spock quería decir (porque no tenía ningún interés en él ni nada por el estilo) le dijo algo. Parecían volver a enzarzarse en una discusión causada por él, sobre todo porque su nombre sonó un par de veces, aunque seguía dudando que pudiesen discutir sin mostrar sentimientos. Por otro lado le gustaba que Spock dijese su nombre, por muy extraño que sonase.

Spock por su parte mantenía un debate con su padre, exponiendo los puntos a favor y en contra del humano. Él apoyaba la idea de que hacer una unión mental con el humano para poder entenderle era lo más apropiado y lógico, porque el humano parecía incapaz de entender su idioma y él dudaba tener la paciencia suficiente como para aprender su vasto idioma (Jim sonreía mucho y eso le distraía). Sarek, su padre, auguraba que lo mejor sería avisar al Alto Consejo Vulcano para que el espécimen humano "Jim" fuese estudiado e interrogado allí, en un lugar donde sus extrañas e impulsivas acciones pudiesen ser controladas.

Jim dio un par de pasos al frente, alarmando a los alienígenas ante su movimiento repentino. Pero Spock parecía estar enfadado con su padre (no sabía como pero lo sabía), no quería causarle problemas familiares simplemente por haber destrozado su jardín. Debía arreglar ese detalle, no era la mejor forma de empezar una relación de ningún tipo.

—Spock. —Llamó, mordiéndose el labio inferior lleno de dudas.

¿Estaría metiendo la pata?

El vulcano miró a su padre una última vez antes de decirle: "pienso hacerlo" sin necesidad de palabras de por medio. Haría la conexión mental necesaria para entablar una comunicación con Jim, accediendo a la parte del cerebro dedicado al aprendizaje de lenguas. Una vez allí podría transferir los conocimientos básicos del lenguaje humano para poder comunicarse sin problemas y así comprenderle... comprender su raza.

Spock se acercó a él, susurrando su nombre tan suavemente que los bellos de la nuca se le erizaron. "Concentrate Jim" Se dijo inmediatamente, no queriendo que su mente le traicionase pensando en cosas en las que no debería pensar en situaciones como esa.

Estaba entrando en contacto con una raza alienígena, no podía dejar que sus hormonas se pusiesen ha hacer de las suyas.

El vulcano, aunque aún no sabe qué es exactamente, alzó una mano frente a él mientras se acercaba, diciendo algo en aquel idioma que no comprendía. Jim frunció el ceño, sin terminar de entenderle, sin embargo no se apartó ni hizo amago alguno de tomar nuevamente su arma, confiaba en Spock, además el idioma que hablaba sonaba muy sexy... concentración.

La mano de Spock se colocó sobre su rostro, acariciando suavemente su mejilla a medida que subía por el. Jim dejó escapar un suave suspiro al sentir el calor que emanaba, maldiciendo internamente ese gesto involuntario. El alienígena puso los dedos en lugares concretos, pese a que él no comprendía que no era un simple acto arbitrario. Pero era un desconocimiento razonable, ya que los humanos no han evolucionado para conectar sus mentes con otras especies (ni con la propia).

Una descarga llenó su cuerpo, mientras sentía una presencia ajena inundar su mente. Una mente serena y fuerte nubló sus sentido, al mismo tiempo que notaba unas manos invisibles manosear su cerebro con una parsimonia que debería estar penada o algo por el estilo. Era una especie de cacheo mental o un símil, logró pensar, mas no era molesto, era cálido.

De pronto una voz, la voz de Spock sonó en su cabeza.

Estás en Vulcano, eres el primer ser humano que llega a este planeta.

Jim ahogó una exclamación de sorpresa, llevando sus sentimientos por el vínculo sin ser consciente de ese hecho, llenando la mente de Spock de sus emociones explosivas.

《¡Joder!, eres como el profesor Xavier. pensó no muy seguro de que le entendiese ni siquiera sabía si también podía hablar con él a través de la mente.

Un sentimiento de incertidumbre le llenó. Pestañeó perplejo, ¿Acaso sus sentimientos se habían conectado también? ¿Le estaban llegando las sensaciones que le provocaba a Spock? ¿Pasaría a la inversa también?

Él no era telépata o vulcano como Spock, por lo que no entendía del todo cómo iban las cosas cerebrales pero algo en su interior le decía que sus mentes encajaban realmente bien. Spock, asombrado, descubrió que la mente de Jim era compleja y llena, lumínica. El corazón del vulcano tembló, pues había comprendido de pronto la importancia del humano para sí mismo.

Era un peligro.

La mano de Spock fue separándose lentamente del rostro de Jim, emitiendo una leve caricia en su rostro que no desagradó a ninguno de los dos.

—Spock... —Susurró lenta y suavemente, agarrando la muñeca del vulcano.

El contacto directo era algo íntimo, muy íntimo, pero no quiso separarse de aquella cálida sensación que le invadía pese a que las alarmas vulcanas se habían disparado en su cabeza.

—Jim, el contacto en los vulcanos no es como en los humanos...—Le susurró, viendo como lentamente Jim soltaba su muñeca.

El Capitán se aclaró la garganta ante la atenta mirada de Spock. Quería decir, preguntar, investigar… quería hacer tantas cosas que no sabía por dónde empezar. Lo único seguro era que se sentía lleno, era como si al fin hubiera encontrado aquello que le había empujado a ir hasta las estrellas, al espacio. Tal vez, pensó, ese era el significado de su vida, esa era la razón por la que tanto había luchado incansablemente.

Spock.

—¡Mi tripulación!—Exclamó de pronto, asustando… captando el interés del vulcano (porque los vulcanos no se asustan). Casi se le había pasado por alto todo lo que había pasado.—¿Tenéis herramientas? ¡Espera! ¿Hay más vida aliení… vida a parte de Vulcano y la Tierra?

Spock miró sorprendido a Jim, que irradiaba energía de pronto, pese a que sus cálculos demostraban que debería estar cansado. Pero era un humano, su humano, la raza más ilógica de las que se tenía constancia.

—Hay más vida a parte de los terrícolas y los vulcanos.—Respondió, viendo el brillo de emoción en los ojos de Jim.—Pero creo que es un tema a discutir después de tu descanso, pareces exhausto y no sería lógico no atender tu salud.

Jim rió de pronto, llenado Vulcano de una emoción tan cristalina que resonó por todo el planeta. El verde corazón de Spock se encogió lleno de emoción ante aquella muestra de alegría. Aquel humano no era bueno para los ideales vulcanos, pensó, pero algo en su interior quería ignorar aquellas doctrinas ¿sería a causa de la unión mental con Jim?

—Spock, relájate.—Recomendó Jim sonriendo dulcemente, solo para él.—Entraré con mucho gusto a tu casa, siempre y cuando me prometas contarme todo sobre Vulcano, a cambio yo te hablaré de la Tierra.

—Me parece justo.—Cedió tras replantearse el justo intercambio de información.

Y Spock y Jim entraron en la vivienda vulcana, bajo la atenta mirada de Sarek que había tenido que admitir que el humano no era peligroso, aunque realmente lo era con toda aquella cantidad de sentimientos que traía. Tan dispuesto a mostrarlos, tan sinceros que temía que arrastrase a su hijo Spock con ellos, alejándole de la lógica completamente y conduciéndole a las penurias pasadas que su raza había tenido que pasar para llegar hasta donde estaban.

Mas hay acciones que no se pueden parar o evitar, puesto que Spock y Jim habían conectado, de una forma más allá del entendimiento humano, más allá de la comprensión vulcana. Sus mentes y corazones unidos, como si un lazo de estrellas les hubiese unido para toda la eternidad.

Y tal vez así había sido.

Continuará...

Se admiten dudad, quejas, sugerencias, opiniones... El capítulo tres lo subiré en un par de días.