Disclaimer: La historia original y personajes pertenecen a J. K. Rowling

Comentario de Autor: Muchas gracias por el review SimpleFerd, ¡esas cosas siempre dan ganas de escribir más y más!

Amigos y Sangresucia

Era un día bastante corriente por los pasillos de la escuela de Hogwarts de magia y hechicería. Las lechuzas llegaban por las enormes ventanas del Gran comedor dejando cartas y paquetes a sus destinatarios y los alumnos de cada casa estaban sentados en sus respectivas mesas.

Slytherin, a la izquierda de todo, distanciaba bastante de la rojiza mesa de Griffindor, lo que impedía a un joven mago pálido y arisco comunicarse con una de sus pocas amigas en el lugar.

Severus Snape desayunaba su habitual cuenco de gachas regadas con leche y acompañadas con algo de té mientras lanzaba miradas impacientes hacia la gigantesca puerta del recinto.

El chico no era de los alumnos más madrugadores, de hecho la mayor parte de los estudiantes estaban ya montando follón en la amplia sala, incluso el grupo incordio número uno cuyos miembros se hacían llamar "Merodeadores".

Sobre todo el ególatra de James Potter y el creído de su mejor amigo Sirius Black estaban gritando, saltando, riendo de forma estentórea y molestando a todo aquel que pasaba a su alrededor para llamar la atención de toda la sala, como siempre. Remus, que debía poner un poco de orden, pues era el más calmado de los cuatro y había sido nombrado prefecto, siempre hacía como si no escuchase y se enfrascaba en su desayuno o en sus deberes sin acabar. Menuda ayuda. Y no hablar de Pettigrew… Ese no tenía ni vergüenza estando con aquellos tres. Seguro que ni siquiera eran de verdad sus amigos y solo lo aguantaban por hacerse los buenos.

Pero a pesar de que aquella escenita siempre conseguía enervar los ánimos del azabache, no era a ellos a quien prestaba su mayor atención. La persona que tomaba como la más importante del comedor no había hecho presencia aún y el chico empezaba a preocuparse.

¿y si está en la enfermería? Quizás el estúpido de Potter le haya gastado una de esas bromas pesadas… No, claro a Lily no. Si está pirradito por ella. Siempre con ese tono de "Evan, ven" "Evans, que cara pones" "Evans" "Evans" El muy estúpido…

Farfullaba el chico mentalmente mientras daba vueltas a su desayuno sin llegar a probar bocado.

Entonces apareció aquella que tanto esperaba. Lily llegaba corriendo, abrochándose la túnica y colocándose el pelo. Estaba bastante roja por la vergüenza de haberse quedado dormida y haber venido corriendo desde la torre de Griffindor sin parar.

Nada más recorrer medio pasillo, la chica giró la cara hacia la mesa de Slytherin y buscó a su amigo para dar los buenos días con un gesto. Severus, que ya había dibujado una tímida sonrisa en su cara al verla llegar en aquel estado, levantó una mano con timidez, a lo que ella respondió rascándose la cabeza y mordiéndose el labio inferior como si se excusara.

Una vez la chica se sentó, el jaleo que armaba el estúpido griffindor de corbata mal puesta y pelo revuelto se dirigió directamente a ella. Pero Snape prefirió ignorarlo, pues sabía que se enfadaría y acabaría reprochándole algo empezando así una discusión de las de siempre que a Lily tanto le molestaban. Además, a la chica tampoco parecía importarle demasiado aquel incordio.

Pero cuando el pálido se dispuso a retomar su desayuno, una mano golpeó su hombro mientras su dueño ponía cara de asco.

-Ahí está otra vez esa sangre sucia… No sé que está uscando mirando hacia aquí... Se creerá muy zorrona poniendo esos morritos y yendo de borde.

El comentario hizo arder la sangre del joven Snape que se levantó como el rayo y lanzó el bol de gachas directa a la cara del que acababa de hacer aquel comentario.

La acción trastornó no solo a los chicos de la mesa verdi-plateada, sino a la sala entera; alarmando incluso a los profesores que allí estaban.

El Slytherin que había sido atacado estaba tirado en el suelo maldiciendo a su agresor, pero este ahora lo apuntaba con su varita.

-Vuelve a decir algo como eso y practicaré contigo los conjuros que tantas ganas tienes deber en acción, Avery-. La ira silenciosa de aquellos ojos opacos aplacó la rabia de su compañero de casa, quien se levantó solo del suelo, rechazando con brusquedad la ayuda de una chica de su misma mesa..

-Si solo es una… - Avery bufó mirando alternamente la mirada de Snape y su varita apuntándole y luego se dio la vuelta. –¡Vete al infierno y púdrete con su sangre! ¡Pensé que estabas de nuestra parte!- Aún grito el mortífago en potencia mientras se iba, girando la cara de vez en cuando.

Sus palabras no cayeron en saco roto para el paliducho que quiso dirigirse a él y fue agarrado por otro de sus compañeros de mesa.

-¡Ya está bien! –Gritó el director de larga barba con menos reproche del esperado. –Este pequeño incidente debe darse por concluso o no me permitiréis acabar mis preciados huevos revueltos… Pediría por favor a vuestro querido prefecto que acompañase al joven Snape a tomar el aire mientras espera a que acabe mi desayuno.

Albus Dumbledore, director de Hogwarts desde 1946, hablaba siempre con voz calma y bastantes pausas, lo que hacía que el reproche –o castigo en este caso- no pareciese tan horrible. Así, sus palabras consiguieron calmar un poco a un Severus que, volviendo la cara hacia la mesa de Griffindor, se encontró con la mirada de una preocupada Lily mientras, al salir del comedor, escuchaba los coros de "Snibelus apestoso, te las has cagado. ¿Esque la grasa te ha colapsado el cerebro?"

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El joven esperó al director en la entrada del castillo, frente a las escaleras de piedra, custodiado por el prefecto de su casa. En cuanto el anciano llegó, el prefecto se retiró a su orden.

-Hace un día maravilloso, Severus. Ven conmigo a dar un paseo, haz el favor.

-Tengo clase de encantamientos ahora mismo, señor -Sentenció el chico sin mirarlo a la cara. El anciano se acarició la barba y respondió:

-No te preocupes. He hablado con la profesora McGonagal y te permite saltarte su hora. Pero solo por esta vez, claro ó el director con una sonrisa. El chico encogió los hombros y siguió al viejo profesor.

Maldita sea, por aquella estúpida discusión con el cabeza hueca de Avery había perdido su tiempo de hablar con Lily. Además había armado un escándalo y tenía que tragarse la charla del director. No es que Dumbledore no le cayese bien, pero se le hacía un poco repetitivo a veces, y más en momentos como aquel en que no se encontraba de buen humor.

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Director y alumno salieron a caminar a los terrenos del colegio. A lo lejos se veía a Hagrid, el guardabosques, recolectando madera junto a su choza acompañado por su perro Fang. Hacía buen tiempo y corría una brisa agradable, por un momento Snape pensó que el cómodo silencio que habían mantenido desde la entrada se alagaría hasta que acabase la hora de encantamientos, pero por supuesto no fue así.

-Menudo tortazo le has dado a tu compañero. ¿Cómo era su nombre? Ah, Avery, cierto. Casi le dejas la nariz tan bonita como la mía ó el profesor, divertido. Severus se limitó a mirar los terrenos del castillo sin responder.

-Debió hacer algo bastante grave para que actuases así. Según lo que sé de ti, no sueles actuar de esa forma… -El director se dispuso a continuar, pero el Slytherin lo miró con ceño y habló al fin.

-Llamó algo horrible a una buena amiga. No voy a permitírselo -Respondió con tono grosero.

El director tardó un rato en retomar su discurso y cuando habló lo hizo arrastrando las palabras, como siempre.

-Te refieres a Lily Evans, ¿no es así? Sí, se os ve realmente unidos, al igual que a ti y a tus compañeros de Slytherin. Pero Lily es hija de muggles, ¿no? Eso tiene que disgustar a tus compañeros… ¿No es vuestro grupo el que siempre está metiéndose con esas cosas?

Severus frenó en seco y miró a Dumbledore con disgusto. En sus palabras se percibía un matiz cínico que el director sabía colocar muy bien en sus discursos.

-A mí no me importa lo más mínimo que Lily sea hija de muggle. Y si a ellos les importa ya ha visto que… -El director interrumpió al muchacho asintiendo.

-Está claro que no te importa cuando te pasas la mayor parte de tu tiempo con ella, pero parece ser la excepción a tu regla. No he visto que trates muy bien a otros alumnos de familia muggle de la escuela y menos en presencia de tus camaradas. Fíjate, si ni siquiera le habías comentado a Avery la buena relación que tenías con la gríffindor. ¿Qué era? ¿Te ayudaba con las clases de herbología o era cualquier otra excusa?

El muchacho no dejó de mirar con rencor al director de Hogwarts ante sus palabras cada vez más serias. Sin mayor respeto siseó y contestó:

-Déjeme en paz. Usted qué sababrá de cómo trato o no trato a nadie. Además, no soy de los más problemáticos, ¿verdad? Claro, será que nadie quiere ver más allá de lo que hacen los malditos Slytherin… -Y se dio la vuelta dejando al profesor a sus espaldas.

Dumbledore no se movió, pero continuó hablando.

-Nadie dice que James Potter o Sirius Black sean un ejemplo de comportamiento y la prueba está en que se pasan media vida castigados en salas separadas. Pero ellos se lo toman con humor… Por cierto, parece que se te dan bien los encantamientos.

El chico cesó su marcha de nuevo y, tras pensárselo un poco, se volvió para ver al profesor. Después asintió sin más.

- También se te dan de maravilla las pociones, ¿cierto? Sería una lástima que desperdiciases tu talento en malas empresas solo por estar cegado de rencor.

Albus sonrió al acabar su frase y luego se dio la vuelta en dirección a la cabaña de Hagrid.

-Será mejor que vuelvas a clase o después tendré que oír muchas acusaciones por despreocupacióon -. E hizo un gesto con la mano, ya de espaldas al joven, dando su charla por terminada.

Severus no había sabido qué responder al director de Hogwarts. Sus palabras, siempre intrincadas y misteriosas, hicieron que el chico se sintiese observado y descubierto. Quizás algo de remordimiento rondó su cabeza antes de volver a clase.

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Al entrar de nuevo en el castillo, el Slytherin se encontró con los preocupados ojos verdes que lo habían escrutado en su partida del comedor.

-¿Te ha puesto algún castigo? ¿Qué ha pasado con Avery? Estabas muy… Tus ojos daban miedo ó la chica acercándose a él.

Severus dudó en responder, pero aquella mirada sincera en la que siempre encontraba comprensión le facilitó la confesión.

-Dumbledore no me ha castigado. Solo hemos… hablado un rato. En cuanto a Avery, es un idiota, a veces dice tonterías y estaba harto.

La pelirroja buscó los ojos del chico moviendo un poco la cabeza, pues el moreno la había bajado un poco al tiempo que dirigía la vista hacia un lado.

-¿Nada más? … Ni siquiera con James te pones tan…

-Me pondría peor si dijese algo malo sobre ti -. No pudo evitar soltar Severus mientras la miraba con fijeza.

-¿De mí?

-Te llamó… Te llamó algo muy insultante, ¡y no le voy a dejar volver a hacerlo!

La chica, tras unos segundos, entendió a lo que se refería su amigo. "Sangresucia" No era la primera vez que alguien se lo decía, pero ella siempre ignoraba ese tipo de cosas.

Sonriendo con timidez, puso una mano en el hombro del chico.

-Gracias, pero no quiero que te metas en esos problemas por tonterías así.

Snape, queriendo decir muchas cosas pero callando como todos aquellos años, asintió a la chica y la acompañó por el pasillo hasta la siguiente clase. Ambos jóvenes se perdieron entre un torrente de recuerdos en espiral hasta que el director de Hogwarts volvió a su propia mente.

-¿Se encuentra bien? –Preguntó el hombre de negro que estaba frente al anciano.

-Sí, sí. Por supuesto. A pesar de estos años, aun puedo usar bastante bien la oclumancia… -Respondió el más viejo, acomodándose en la silla de su despacho.

-¿Por qué quería ver ese momento? –Se interesó el profesor de pociones.

Albus Dumbledore se demoró en responder, pero al final contestó:

-Porque tenía una espinita clavada. No tenía muy claro si hice bien o mal en no castigarte ese día, Severus-. Sonrió el director, consciente de que había vuelto a soltar uno de sus comentarios desconcertantes.