Nota de autor: aquí les presento el tercer capítulo de esta historia, intentando mejorar los problemas que han surgido en los primeros dos capítulos.

Gracias a los que me han dejado un comentario, ojala continúen apoyando esta historia con sus observaciones.

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— ¿Se puede saber que carajos están haciendo ustedes dos? —grita Luna casi histérica.

Claro que la habían sorprendido. Como se iba a imaginar que al bajar a los camarotes inferiores, se encontraría con la hija del capitán y a la nueva esclava agarradas del cabello, y gritando groserías en al menos un par de idiomas.

—Victoria, sepáralas—ordena Luna. Ninguna de las dos combatientes se dieron cuenta en qué momento había llegado una joven de unos veinte años, extraordinariamente bella, con una larguísima cabellera rubia rojiza. Lo que sorprendió mas a Rose fue la extraordinaria fuerza que tenia la joven, pues sin ningún problema las separo como si hubieran sido un par de gatos callejeros.

—Ayúdame a llevarlas a mi camarote—le indica Luna.

La joven tenía la fuerza de un peso completo, y sin hacer apenas esfuerzo las llevo a la fuerza hasta un camarote de buen tamaño, casi del doble del que habían estado compartiendo las cuatro esclavas. La cama era grande, seguramente para dos personas, lo adecuado para un matrimonio, en las paredes había muchas fotografías, de lugares extraños y de personas interesantes seguramente, pero ninguna de las dos jóvenes estaban de humor como para interesarse en los adornos o en el mobiliario. La joven de la gran fuerza las obligo a sentarse juntas en la cama, mientras que Luna se sienta en una silla.

—Déjanos solas querida, creo que se pueden comportar durante un rato.

— ¿Estás segura? —pregunta Victoria, un tanto preocupada.

—Claro, creo que ahora deberían de recapacitar sobre el hecho de que si hubiera sido el capitán el que las hubiera encontrado, ahora estarían siendo azotadas y no hablando conmigo.

Ambas se imaginaron en dicha situación, con muy diferentes resultados, la hija del capitán sintió verdadero miedo, mientras que Rose, volvió a ponerse totalmente roja, imaginándose una situación bastante intensa.

—Si necesitas ayuda háblame—dice Victoria antes de salir.

—No te preocupes—durante algunos momentos guardaron silencio, bajo la mirada de Luna, quien tenía cierta expresión de decepción en el rostro—Debo decirles que esperaba más de ustedes dos.

—Ella empezó—dijeron al mismo tiempo, de modo bastante divertido para Luna.

—Esto no tiene ningún caso—cansada—, ¿saben por qué las traje a las dos aquí?

—Porque nos peleamos.

—No, esa es la razón por las que las trajeron a la fuerza, la razón por la que quería que vinieran es para que obtuvieran cierta información.

— ¿Sobre qué?

—Que les parece el porqué la joven Rose se encuentra con nosotros.

—Creo que las razones son obvias—dijo la pelirroja.

—No Lily, ni por asomo son obvias, creo que lo primero es que vean ciertas fotos—les dice mientras toma un viejo álbum fotográfico. El cuan en realidad no era lo que parecía, pues eran fotos electrónicas, que al abrirlo formaban imágenes holográficas con movimiento.

Ninguna de las dos jóvenes podía imaginarse que podía haber en esas fotos que pudiera explicar la situación que estaban viviendo.

—Este álbum se lo pedí prestado al capitán, a él no le apetecía prestármelo, pero comprendió la importancia de que conocieran lo que está pasando. Pensaba decírselo de uno por uno, pero hasta el momento solo tu hermano Al ha sabido comportarse. Bueno, lo primero es que deberían de conocer a cierto grupo de personas, que fueron muy unidos hace unas décadas, y que seguramente nunca se imaginaron que se terminarían separando. Conozcan a los "bastardos sin gloria".

Era un holograma muy bueno, de buen tamaño y definición, en el cual se podía ver a cuatro jóvenes, que por el modo en el que estaban vestidos, debían de llevar poco tiempo de haberse graduado de la academia de oficiales de la confederación. Aparentemente acababan de salir de una tienda de tatuajes, en donde los cuatro se habían hecho el mismo diseño en el brazo derecho, en donde decía bastardos sin gloria, encima de un escudo y tres espadas. Se veían realmente alegres, haciendo expresiones de rudeza para la cámara. Eras dos hombres y dos mujeres, de izquierda a derecha, la primera era una joven muy delgada de bello rojo lacio, luego estaba un joven de cabello negro y ojos verdes, que tenía un brazo por encima de la pelirroja, luego seguía una castaña mas voluptuosa que su compañera pelirroja, y por ultimo un chico muy alto pelirrojo de ojos azules.

Las dos jóvenes se veían confundidas, pues no terminaban de comprender porque la mujer les enseñaba esa fotografía.

— ¿Es que no los reconocen? —un poco decepcionada—, realmente deberían de ser mas observadoras, a Albus le costó medio minuto reconocer a la mitad de ellos.

Un poco ofendidas, ambas vuelven a ver el holograma con más atención. A Rose se le hacía muy conocida la joven castaña, pero era ridículo, no podía ser ella. Su madre, nunca se tatuaría nada, y mucho menos se comportaría de ese modo.

— ¡Son mis padres! —dice Lily con verdadera sorpresa.

—Diez puntos para la señorita Potter—dice Luna bromeando.

—Ella no puede ser quien creo que es—asegura Rose.

—Tal vez si tal vez no. En realidad creo que es como si hubiéramos conocido a dos personas diferentes. Tú creciste con el coronel Granger, la mejor estratega de la confederación, y la fría militar que se ha impuesto en la milicia con puño de hierro. Pero yo a la que conocí fue a Hermione, la joven que se preocupaba por sus amigos, y que soñaba con un futuro mejor para todos los ciudadanos.

— ¿Nuestros padres eran amigos? —pregunta Lily, bastante impresionada.

—Claro que sí. Los mejores de hecho, cuando estaban en la academia, fueron los mejores. Jóvenes prodigios, todos estaban seguros que ambos llegarían a generales tarde que temprano.

— ¿Mi madre estudio con ellos? —dice Lily intrigada.

—Un par de años por debajo, como yo.

— ¿Y quién es él? —pregunta Rose.

— ¿No lo reconoces? —Luna, bastante sorprendida.

—No, lo siento.

—Es tu padre, Ron Weasley.

Claro que ella sabia como se llamaba su padre, pero en realidad nunca había visto una foto de él, había fallecido cuando ella era demasiado joven como para recordarlo.

—El mejor ingeniero que he conocido en mi vida, de hecho el diseño básico de la tormenta de fuego fue idea de el—dijo Luna con mucha nostalgia.

Todo se debía a la mala relación que tenia con su madre, desde que había entrado a la academia no había vuelto a hablar con ella. Pero ahora se estaba enterando de cosas que ella nunca se hubiera imaginado. De pronto se sintió como una ladrona, que estaba robando los más profundos secretos de su madre.

— ¿Hermione nunca te hablo de tu padre?

—No hablo mucho con mi madre, pero cuando era niña le pregunte varias veces, pero creo que le dolía demasiado como para hablar sobre él.

—Que triste—con sinceridad—, tu madre siempre fue una joven muy seria, pero tu padre la podía hacer reír a carcajadas con sus payasadas, eran una gran pareja—dice cambiando la pagina, para que saliera otra imagen.

En el holograma se podía ver a las dos mujeres de antes, aunque unos años más grandes, se podía ver que ambas estaban embarazadas y que seguramente pronto darían a luz.

—Ginny estaba embarazada de tu hermano Al, y Hermione de ti. Tu madre estaba realmente asustada con la perspectiva del parto, pero Ginebra intentaba tranquilizarla, pero ella también estaba asustada, a final de cuentas era solo su segundo embarazo.

—Ellas se querían mucho—dice Rose, impresionada por la expresión de su madre.

—Eran casi como hermanas. Eran como una gran familia. Aunque en realidad si lo eran, a final de cuentas, Ron y Ginebra si eran hermanos de sangre.

— ¿Qué? —dijeron ambas sincronizadas.

—Claro, es que ustedes aun no se dan cuenta, que ustedes son primas.

Ninguna de las dos sabía que decir.

—Creo que ahora te debe quedar más claro porque el capitán te compro. Tal vez se haya peleado a muerte con tu madre, pero sigues siendo la hija de su mejor amigo, y sobrina de su difunta esposa, obviamente no iba a dejar que te vendieran a algún burdel o a algo peor.

Por alguna razón, Rose empezó a llorar. Sus sentimientos estaban desbordados. Acababa de ver la primera foto de su padre. Era como si acabara de recuperar una parte de su vida. No supo en qué momento Luna se había acercado a ella y la había abrasado.

—Mi niña, no sé qué te ocurrió, pero quiero que sepas que estas en casa, se que debes extrañar muchísimo a tu madre, pero no creo que podamos regresarte a ella, al menos de momento. Mientras tanto aquí tienes familiares, aunque tu prima intente arrancarte el cabello.

De pronto de las bocinas del sistema cerrado de la nave, escuchan la voz de la chica que las había separado.

—Luna, se que este no es buen momento, pero te necesitamos en el puente, nos encontramos con una tormenta de meteoritos, y el capitán quiere atravesarla.

—Pero esta zona, no tiene tormentas.

—Ese es parte del problema—le contesta.

—Mierda—maldice—, voy para allá. Lo siento mucho chicas, pero realmente tengo que ir, de todas maneras ya cubrimos lo más básico que quería explicarles—les dice antes de salir casi corriendo de su camarote.

Durante algunos minutos, ambas continúan viendo las fotos holográficas que les habían prestado, sin saber muy que decirse entre sí.

—Creo ambas nos debemos algunas disculpas ¿no crees? —dice Rose.

—Ciertamente me he comportado como una idiota, lo siento mucho.

—Yo tampoco reaccione bien, creo que fuimos muy orgullosas.

—Lo siento mucho, tu debiste de estar asustada, y yo no te ayude, la verdad es que estaba preocupada por mi padre.

— ¿Pensaste que intentaría matarlo, para escapar?

—Cruzo por mi mente, pero en realidad, con todo respeto solo a tu madre se le ocurriría acercarse tanto para intentar matarlo. Pero la verdad me preocupaba más algo mucho más sutil.

— ¿Cómo qué?

—Mira, desde que mi madre falleció, mi padre no ha tenido una buena compañera. Sé que ha tenido cosas de una noche, pero nada más, y realmente he insistido con el de que debería de encontrar una nueva esposa. Cuando te trajo, pensé que le había dado algún tipo de flechazo por ti, y que tu solamente fingirías quererlo para tener una mejor vida, y eso no es lo que el se merece, realmente creo que tiene derecho a ser feliz de nuevo.

—Creo que tienes razón, supongo que en tu lugar también me hubiera preocupado mi padre, aunque en realidad nunca lo conocí.

—El tío Ron, creo que hubiera sido agradable conocerlo. Mi madre me conto que había tenido seis hermanos, por desgracia no tenemos notica de ninguno de los demás. Pero por desgracia, los Weasley tienen la mala costumbre de irse demasiado pronto.

—Tienes razón.

— ¿Te das cuenta de que seguramente solo nos dijo la mitad?

—Yo diría que mucho menos de eso, dos amigos como ellos no se vuelven mortales enemigos solo porque si—concuerda Rose.

—Ciertamente, ¿te das cuenta que si no hubiera ocurrido lo que se que haya ocurrido, hubiéramos crecido juntas?—le dice Lily—seguramente hubieras ido al mismo grupo que mi hermano en la escuela.

— ¿Y tú con el mío?

— ¿Tienes un hermano?

—Si, menor que yo, Hace años que no hablo con el—con tristeza.

— ¿No tienes buena relación con tu familia?

—No es que sea buena o mala, sino que simplemente no existe. Cuando era pequeña veía a mi madre una vez al mes, y cuando entre a la academia perdí casi todo contacto con ella. A mi hermano y a mí, nos criaron niñeras, en casas separadas, tampoco nos veíamos mucho.

—Que triste. La persona de las fotografías no parece alguien así.

—Ni el chico de al lado, parece el pirata más temido de la galaxia.

—Supongo que la vida da muchas vueltas.

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—Déjame ver si te entendí, ¿la chica pelirroja de pechos grandes es tu prima? —dice Teddy bastante impresionado.

—Según tía Luna, si, aunque yo no he hablado con ella—sin distraerse de su trabajo.

Ambos jóvenes se encontraban hablando en la zona de motores de la nave. Teddy no trabajaba en esa área, pero a Albus era casi imposible sacarlo de los motores. Desde que Al había perdido sus piernas, utilizaba una pequeña plataforma flotante, que controlaba con su propia mente, gracias a la cual podía tener acceso a lugares que cuando tenía sus piernas le era imposible. El mayor problema radicaba en que sus piernas se habían llevado también su alegría, ahora solo se dedicaba al trabajo. Teddy tenía la costumbre de visitarlo con cierta frecuencia, aunque muchas de sus platicas de hombres, terminaban siendo monólogos de su parte.

—Y el capitán la compro, no sé si es la chica más afortunada de la galaxia o todo lo contrario.

— ¿Por qué dices eso?

—Porque por un lado la salvo de terminar en un burdel u otro lugar peor, y por el otro extremo, la trajo a una nave, que puede explotar cualquier día.

—Oye, yo me encargo de que eso no suceda.

—Ya lo sé, pero tú y yo sabemos que no es el lugar más seguro para vivir.

—Mientras no salga a misiones, la tormenta de fuego es la nave más segura del universo. Y si no desciende a los planetas también estará a salvo.

—Supongo. ¿Y las demás chicas? ¿También son tus parientes?

—No, por lo que me dijo mi tía, las vendieron un solo paquete. Aparentemente mi padre pago una pequeña fortuna en las chicas.

—El nunca escatima en gastos, pero no es como si importara tanto, nos recuperaremos en un par de atracos. ¿Qué dices? ¿Te nos unirás en el próximo atraco?

—No creo que sea de mucha ayuda.

—Si no empiezas a salir de esta sala, un día morirás debajo de un motor.

—Ya se murió parte de mí, supongo que ya hice la mitad del trabajo.

—Carajo Al, cuando te pones así es imposible hablar contigo.

Habían sido muchas las pláticas sobre ese tema, pero no salían de eso. El chico había perdido desde la mitad del muslo hacia abajo, y si hubiera querido le hubieran puesto prótesis mecánicas que no se hubieran notado, pero el había preferido la plataforma voladora.

—Chico necesitas ayuda, supongo que no de mi, pero deberías buscar ayuda.

—Tu vida tampoco es perfecta Teddy ¿o me dirás que tu relación con Victoria es muy normal?

— ¿Y qué es lo que se supone que hay entre Victoria y yo? —indignado.

—Creerme, lo último que quiero es hablar sobre tu vida con esa chica.

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Aunque las salas de la tormenta de fuego eran de buen tamaño, los pasillos por lo regular terminaban siendo de un tamaño más bien reducido. Definitivamente no era un lugar hermoso, desde ningún punto de vista, la decoración estaba basada en tubos de enfriamiento y cables eléctricos. No tenía ningún estilo, no como las naves de la confederación que tenían la apariencia de hospitales. La palabra más fácil para describir el exterior de la nave, era "intimidante", el gran mascaron era de color negro, con algunas junturas color rojo, y en ambos lados gran escudos dorados con un león, el escudo de armas de la antigua familia de Gryffindor, ahora aportado orgullosamente por el capitán Potter, también conocido como corazón de león.

El puente desde donde se controlaba a la gran nave, era bastante amplio, tenía una forma de medio ovalo, el cual estaba dividido en dos niveles, en el nivel superior estaba la misma entrada al puente, el asiento del capitán y el control principal, en el segundo nivel, estaba el control secundario, además de los demás paneles de control, desde donde se controlaba desde las comunicaciones y lar armas de la nave.

—Esto no está bien capitán, nuestro sistema de navegación está dañado—dice Luna, mientras monitoreaba la nave.

— ¿Victoria, qué opinas? —le pregunta el capitán, a la joven rubia.

—Lo siento mucho capitán, pero tía Luna tiene razón, ni siquiera lo había notado—bastante avergonzada.

—Normalmente no es demasiado importante para viajar, pero esta es una nave de guerra capitán, no podemos arriesgarnos.

El capitán era uno de los mejores pilotos que se podían encontrar en la mayoría de las ligas de planetas, además que Luna también estaba en la nave, y era una piloto casi tan buena como él, pero aun así eran humanos, no podían estar constantemente vigilándolo todo para mantener la nave a salvo. Tenían que mantener los instrumentos en óptimas condiciones.

—Nos tendremos que desviar un poco—dice Harry—, vallamos al basurero.

—La última vez que fuimos, los muchachos se embriagaron y fueron expulsados de la luna. Esta vez no los podemos dejar bajar de la nave.

—Claro que no bajaran, definitivamente no—estremeciéndose al recordar todos los problemas que habían causado sus hijos en aquella ocasión.

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Para las cuatro esclavas, la vida en la tormenta de fuego era bastante agradable, al menos en comparación con la idea que tenían sobre su futuro. Ninguna había sido violada ni puesta a trabajar picando piedra. Llevaban alrededor de una semana viajando por el especio con aquella extraña tripulación. Luego de que Rose le contara a sus compañeras, sobre lo que había averiguado sobre el pasado que había entre sus padres y el capitán de la nave.

—Muy interesante—dice Angelina, quien al ser la mayor, se había vuelto una especie de líder del pequeño grupo—, eso te pone en una situación muy especial. Además de que explica muchas cosas.

— ¿Muchas cosas? —pregunta intrigada.

—Él porque el capitán nos compro, y aun no se ha acostado contigo, ni con ninguna de nostras, sea de paso.

—Por Dios Angelina.

— ¿Llevamos aquí casi una semana, y me dirás que no has pensado en el de esa manera? —dice Alice, con cierto humor.

— ¿Recuerdan que es mi tío?

—Pero no de sangre—argumenta Katie.

— ¿Por qué siempre que hablamos, terminamos hablando de sexo? —dice Rose exasperada.

—Una respuesta física al subidon de adrenalina que vivimos hace unos días—dice Alice, con tono cerio—, eso siempre altera las hormonas, algo que nuestra edad no ayuda.

—Sin olvidar que tenemos unos cinturones de castidad—les recuerda Angelina, con sarcasmo.

Las tres jóvenes se habían hecho amigas muy rápidamente. Mientras que Rose se sintió un poco segregada, lo peor era que estaba acostumbrada a esa sensación, todo provenía de una posible incapacidad para entablar amistades. Era horroroso como si las situaciones fueran diferentes, ellas se hubieran vuelto amigas, pero a ella seguramente ni siquiera le hablarían, solo la obligada cercanía las hacia entablar esta relación.

Como aun no sabían muy bien en que eran buenas las muchachas, lo primero que se le había ocurrido al capitán fue ponerlas a trabajar en la limpieza de la nave, no sería muy bien pagado, pero era un inicio.

—Mañana llegaremos al basurero—les dice el capitán a la hora que se reunieron para comer.

Para sorpresa de las esclavas, los miembros más jóvenes de la tripulación se alegraron de la noticia, exceptuando a Albus, que parecía bastante indiferente. Probablemente no comprendían el porqué le entusiasmaba tanto Lily la perspectiva de visitar un basurero.

—Quiero que ustedes dos me escuchen atentamente—les dice muy serio, apuntando a Lily y a Teddy—, si vuelven a buscar pelea, si causan el mas mínimo conflicto, les aseguro que el castigo que les hare pasar será algo que no olvidaran en toda su vida.

—Soy hija del pirata más buscado del universo ¿Qué se podría esperar de mí? —dice Lily bromeando.

—Lo que se puede decir, es que debes de obedecer lo que te digo, a menos que quieras sufrir las consecuencias—como siempre que amenazaba, las personas lo escucharon muy atentamente, sabiendo que eso era una promesa.

Era obvio que el ser hija del capitán, no hacía más fácil la vida a la joven en aquella nave. A pesar de las amenazas el amiente seguía siendo bastante bueno, sobre todo cuando el capitán procedió a repartir dinero. A rose le parecía un ritual traído directamente del pasado, pues en la mayoría de los planetas de la confederación ya no existía el papel moneda, mucho menos monedas de metal, y ahora el capitán estaba repartiendo bolsas de monedas, una para Lily y otra para Teddy, su sorpresa fue muy grande cuando también les dio una a cada esclava, aunque eran sustancialmente más pequeñas.

—Son el pago de sus sueldos por su trabajo en esta semana. Les adelante el de la próxima, deberían de comprar ropa adecuada cuando bajemos a tierra. No es mucho dinero, así que sean prudentes.

Aparentemente el capitán se seguía sintiendo un tanto incomodo al hablar con las jóvenes, las mantenía bastante alejadas, y la verdad era que Rose tenia sentimientos encontrados al respecto.

— ¿Qué es el basurero? —le pregunto Rose a Lily, cuando la visita en su camarote después del trabajo. El camarote de la joven era un lugar bastante femenino, había logrado con su decoración que pareciera mas la habitación de una casa que el camarote de una nave espacial, el gran oso de peluche del tamaño e una de ellas que ocupaba una de las esquinas seguramente le daba un aire aun mas hogareño.

—Es un lugar bastante interesante, antes era un cementerio de naves especiales y de todo tipo de maquinas, lo cual lo termino volviendo un lugar perfecto para conseguir piezas de naves. Es una pequeña luna bastante escondida, gracias a lo cual se volvió perfecta para el comercio, así que se ha vuelto un lugar ideal para comerciar.

Seguramente la palabra más indicada hubiera sido traficar, en lugar de comerciar, pero Rose no quería iniciar otra discusión con su recientemente descubierta prima. Estaba ansiosa de una verdadera amistad profunda.

—Yo nunca había visto una moneda como esta—le dice mientras observa detenidamente una de las monedas.

—Es oro, Rose, y tan valioso como pesa. Fuera de la confederación los créditos oficiales electrónicos no valen mucho, así que es más bien normal que usemos estas monedas. De hecho a donde vamos, el dinero electrónico no vale nada, necesitas metálico.

—Cuando tu padre, nos compro, pago electrónicamente.

— ¿Te imaginas como se vería cargando cincuenta mil monedas?

—Tiene sentido.

—Lo que no creo que tenga sentido es que, sea legal comprar esclavas, y no sea legal comercial en los planetas fronterizos.

—Dímelo a mí—con sarcasmo—, ¿tú sabes de algún modo de quitarme esta cosa? —le pregunto refiriéndose a la joya que adornaba su espalda.

—Déjame verla—le dice acercándose.

Lily se sentó atrás de su nueva amiga para poder ver mejor dicho adorno, para poder verla, Rose tubo que desabrochar su traje de trabajo, que hasta el momento seguía siendo su única pieza de ropa.

—Es muy bella—le dice Lily, recorriendo con la punta de los dedos la espalda de la joven.

—Solo la vi una vez y no era un buen momento.

—Seguro que mi tío Neville te puede dar una opinión mucho mas experta—le dice con pesar—, pero la verdad es que no creo que sea posible retirarla, tal vez pueda ser desactivada, pero sería peligroso.

—Ya me lo esperaba, supongo que quería saber si tu sabias algo.

—Lo que se, es que estos juguetes son muy caros.

— ¿No lo usan todos?

—Claro que no, no desperdiciarían algo así en una mina. Estos son pensados para chicas a las que no quieren dañarles la piel.

—Que suerte—con sarcasmo, volviendo a cerrar su traje.

—Dime Rose, ¿hay alguien esperándote en tu planeta? —le pregunta intentando cambiar de tema.

—Mi madre, mi hermano—un tanto dubitativa, pues llevaba tanto tiempo sin verlos, que dudaba si ya se hubieran dado cuenta de que no estaba.

— ¿Un novio? ¿Algún fornido oficial de la flota?

Ni de cercas, no era como si a ella no le hubieran gustado los hombres o que ella no hubiera sido del gusto de sus compañeros, pero el problema era que simplemente nunca había tenido el tiempo suficiente como para entablar ese tipo de relación.

— ¿O tal vez novia? —mal interpretando el silencio de Rose—, no es que a mí me importe, si esos son tus gustos yo no tengo ningún problema.

—No, no es eso, es que me quede pensando, en que en realidad no hay nadie que me este esperando. ¿Y tú? ¿Tienes novio?

—Vivo en una nave espacial con mi familia, es realmente complicado conocer personas nuevas.

—Ciertamente, ¿y el chico del cabello azul?

— ¿Teddy?, no negare que tuve cierto enamoramiento de él hace unos años, pero digamos que duran muy poco cuando convives tanto tiempo con esa persona, en el mejor de los casos es un hermano mayor.

— ¿Y tu hermano tiene a alguien?

— ¿Albus?, antes él y James salían a divertirse cada vez que llegábamos a un planeta, y si hiciera caso a los rumores, estuvieron con más mujeres de las que pueden contar. Pero desde lo de su accidente ni siquiera quiere salir de la nave—a Rose le hubiera gustado saber más al respecto, pero pudo ver en el rostro de Lily que no era buena idea indagar al respecto.

— ¿Quién es James?

—Cierto, tu aun no lo conoces, es el mayor de mis hermanos, también formaba parte de la tripulación hasta hace un año.

— ¿Se retiro?

—Todo lo contrario, ahora capitanea su propia nave, claro que no es tan grande como la tormenta de fuego, ni de lejos.

—Tu padre ha de estar orgulloso.

—Lo está, pero no l va a mostrar, realmente están muy enfadados.

— ¿Tu padre y James?

—Si, la verdad es que a mi hermano nunca le a sido fácil seguir ordenes, por eso siempre estaba peleando con mi padre, hasta que un día las palabras llegaron demasiado lejos, y termino yéndose de aquí.

— ¿Sigues en contacto con él?

—Yo sí y Al también, pero ni mi padre ni James tienen ganas de hablar entre sí.

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Según lo que Rose comprendía, eran pocos los planetas a los que llegaba directamente la tormenta de fuego, para cosas más simples, viajaban en uno de los dos cargadores que tenían. Al final las personas que permanecerían de guardia en la tormenta de fuego, serian Albus, Luna y la joven Victoria. La despedida entre la joven rubia y el chico de pelo azul fue un tanto incomoda, era como si ambos hubieran querido acercarse más, pero que al final no se habían atrevido. La joven Victoria llamaba mucho la atención a Rose, lo primero es que era simplemente espectacular, era como ver a una modelo de ropa interior viviendo esa nave, y el mero hecho de que pudiera tener una cabellera hasta la cadera y en ningún momento parecer despeinada la intrigaba (en ocasiones la indignaba), lo segundo era que obviamente la chica estaba loca por Teddy, lo único que no hacía era desgarrarse la ropa para llamar su atención, pero el chico parecía casi hasta asustado. Era obvio que aquella nave tenía muchos secretos por descubrir.

—Yo iré a comprar las piezas que necesitamos—les dijo el capitán cuando bajaron—, Neville tu también tienes cosas que comprar ¿verdad?

—Así es, estamos bajos en algunas medicinas.

—Lily, a ti te encargo que acompañes a las muchachas, y a ti Teddy te encargo que cuides a las cinco.

—Yo no necesito que me cuiden—dice Lily.

—Y a ustedes cuatro les encargo que no dejen a estos dos hacer nada estúpido—entre broma y en serio.

Era una ciudad pequeña, que a las esclavas les recordó mucho el planeta Taika, aunque en este lugar el comercio principal no era el de los esclavos, sino el trafico de piezas para naves y de casi cualquier cosa que pudiera ser traficada, era impresionante la cantidad de dinero que cambiaba de manos casi constantemente, ya fuera por una nave, por fruta o por un arma, todo podía ser comprado y vendido en ese lugar. Las cuatro muchachas continuaban vistiendo sus trajes enteros, curiosamente Lily también vestía uno parecido, solo que ella lo llevaba abierto y amarrado con las mangas en la cintura, cubriendo su pecho con un top negro. Casi inmediatamente después de que el capitán y el doctor dejaran a los jóvenes solos, Teddy abandono a sus compañeras a su suerte.

—Cobarde—dice Lily después de ver que el chico de pelo azul había desaparecido.

—Acompañar a cuatro chicas a comprar ropa no a de ser muy divertido para el—dice Angelina sonriendo.

—Supongo que sí—dice resignándose— ¿ustedes habían viajado antes en una nave espacial?

—Yo piloteaba una—le dijo Rose.

—Si, pero me refiero a un viaje largo, a pasar un par de meses sin bajar de la nave.

La respuesta de las cuatro fue negativa, algo que a final de cuentas Lily ya se estaba imaginando.

—No quiero parecer mandona ni nada por el estilo, pero quiero darles algunos consejos—era obvio que desde la pelea que había tenido con Rose, estaba haciendo todo lo posible para tener una mejor relación con las demás jóvenes.

—Pequeña Lily—dice Angelina con tono amable—, estaríamos muy agradecidas con tus consejos.

Angelina seguramente solo era unos tres años mayor que Rose, lo que hacía que le llevara unos cuatro a Lily, pero desde que se había acostumbrado a la nave, había desarrollado un carácter maternal hacia sus compañeras, algo que seguramente ya era parte de su personalidad, pero que por lo que habían vivido no habían tenido tiempo de notar.

—Lo primero que deben de comprar son baúles.

— ¿Baúles?

—Son como maletas de madera más grandes, son muy útiles en viajes largos, sobre todo cuando alguien duerme en una habitación compartida y que no tiene espacio para armarios. Sirven para la ropa y todas las demás cosas.

El carpintero que se los termino vendiendo les hiso un buen precio por haber comprado cuatro, e incluso les gravo las iníciales a cada una de modo gratuito. Angelina estaba demostrando ser una negociante de cuidado. Cuando salieron del establecimiento estaban bastante conformes con sus compras, sobre todo porque habían gastado menos de lo que esperaban.

—Otra cosa que les recomiendo comprar, son libros.

— ¿Libros? —pregunta Katie.

—Así es, aunque no lo crean mucho del asunto de ser pirata es esperar, así que es agradable tener algo que hacer aparte de mirarnos las caras.

Al final entre las cuatro cooperaron para comprar una caja con libros variados, era más bien como una maleta mediana, aparentemente eso no era muy raro, pues muchos viajeros intergalácticos intercambiaban entre si maletas similares al terminar su viaje, para así tener algo nuevo que leer. Rose era una lectoría apasionada, pero aun así nunca había visto un libro de papel, le parecía extraordinario que en u n lugar tan lejos de la civilización tuvieran ese tipo de privilegios. En la pequeña librería en laque habían entrado, Lily también hiso algunas compras, pero también escogió algunos fascículos para sus compañeras.

— ¿Una recomendación especial? —le pregunta Rose muy curiosa al notarlo.

—Confía en mi Rose, las noches en el espacio pueden ser muy frías y solitarias, y estos libros las harán más pasables—con una sonrisa picara.

Rose comprendió el doble sentido de las palabras de su prima y no pudo evitar que se le subieran los colores al rostro, al imaginarse las historias que vendrían en esos libros. El tercer lugar que visitaron era para comprar ropa. Este lugar era mucho más grande que los últimos dos, era un mercadillo con montones y montones de ropa, donde tenderos la promocionaban como si fuera fruta o pescado. Sin que pudieran evitarlo, terminaron separadas entre tanta gente, aunque no estaban muy lejos, sería mucho más rápido así comprar lo que necesitaban.

Un par de pantalones y algunas camisetas, ropa muy funcional, era lo que Rose estaba buscando y lo que había comprado hasta el momento. No fue sino hasta que llego a un lugar donde un vendedor con muy buen ojo le ofreció un vestido color verde manzana.

—Ese color te quedaría genial—le dijo Lily, quien se acababa de acercar.

—No es que vaya a ir a un baile ni nada por el estilo.

—Pruébatelo.

En una tienda de los planetas centrales de la confederación, ni siquiera hubiera sido necesario, lo hubieran hecho por holograma, y así hubiera sabido cual era lo que mejor le quedaba. Pero aquí lo tendría que hacer a la antigua. El vestido era a la rodilla y sin mangas, con un escote recto que acentuaba sus atributos más evidentes. La tela era sencilla, un vestido digno de una novela rosa.

—Se lo compramos—dijo Lily al ver a su prima vestida así.

Lo último que fueron a buscar fue la ropa interior, algo importante para las esclavas, sobre todo porque llevaban sin usar esas prendas desde que habían sido capturadas, porque seguramente el cinturón de castidad no contaba. Rose había escogido prendas muy sencillas, pero rápidamente Lily la llevo a donde vendían prendas mucho más atrevidas.

—Esto es ridículo—enseñándole una prenda de color rojo a Lily.

—Tienes razón, eso sería redundante con tu tuno de cabello—quitándoselo y enseñándole un conjunto negro.

Estaban discutiendo de ropa, cuando escucharon que alguien estaba hablando sobre el capitán de la tormenta de fuego.

—Escuche que corazón de león está en la ciudad—le dijo una mujer con apariencia de bandida a otra mujer.

— ¿Enserio? —Muy sorprendida—, ojala llegue a mi burdel—con una franqueza que sorprendió a Rose.

—La mitad de las mujeres lo estarán intentando convencer que pase la noche con ellas, será una competencia dura—dice a tono de broma la bandida.

—Mientras que la otra mitad ya se ha de haber rendido de intentarlo. Todos hemos escuchado los rumores de él.

—Solo mitos.

—Escuche que secuestro a una de las generales del imperio, y que la poseyó hasta que juro ser su esclava por toda la vida.

—Una general del imperio, tres de la confederación, y al menos cuatro reinas y no sé cuantas princesas—le dice la bandida con humor—, lo he visto y es muy bueno, pero no exageres. Es un mito andante.

—Yo solo he visto en los carteles de se busca, y tiene cara de los que els gusta amarrarte. Y no olvides a las embajadoras, escuche que una ladro un mes después de que la dejo.

—Leyendas urbanas de mujeres locas…

No terminaron de escuchar el resto de la conversación, pues habían huido a pagar lo de la ropa que ya llevaban.

—Solo leyendas ¿Verdad? —pregunto Rose, totalmente roja.

—Claro que si—igual de roja que su prima, era obvio que escuchar esas historias sobre su padre no era para nada agradable—, como cuando dicen que la tormenta de fuego puede destruir un planeta, o que somos cazadores de cabezas.

— ¿Antes habías escuchado cosas parecidas?

—No tan gráficamente, la verdad es que estoy segura de que fue mi hermano quien conto esas cosas, supongo que para heredar la fama—no muy convencida.

—En el informe que tiene la confederación sobre tu padre, lo acusan de ciertas prácticas con sus prisioneras.

—Exageraciones, se perfectamente que mi padre está lejos de ser un santo, pero nunca violaría a nadie, eso te lo aseguro—, se que tuvo una aventura con una general imperial, pero eso de que la hiciera ladrar es una estupidez.

—Claro que sí.

Rose también estaba segura de eso, el capitán no era un violador, pero de lo que n estaban tan segura es de que esas historias no fueran al menos en parte verdaderas. Ya reunidas con sus compañeras terminaron de comprar algunas cosas personales, pero necesarias, como cepillos para el pelo y ese tipo de cosas. Pero Rose tenía una última cosa que quería conseguir, y para su suerte o consiguió muy cercas. Se trataba de un traje de piloto, era un modelo muy diferente al que había usado en la confederación, pero a final de cuantas, si quiera volver a pilotear algo necesitaba uno. Antes había usado un traje parecido al que tenia ahora mismo, solo que de su talla, el cual la aislaba del frio y de las fuerzas g que había en una nave de combate. Aunque en efectividad este nuevo traje era igual, en apariencia era muy diferente. El anterior estaba básicamente creado por tela resistente y floja al cuerpo, el color era según la compañía la que pertenecían, pero este nuevo era mucho más pequeño, era de una tela parecida al látex, pero que estaba fundida a una red de alambres casi invisibles que le daban las cualidades necesarias para un piloto. El traje la cubría del cuello a los pies, y se le pegaba como si fuera una segunda piel, sin dejar nada a la imaginación, el diseño era como un traje de baño de color verde oscuro, mientras que las piernas y las mangas eran de color negro.

—Te queda muy bien—le dijo Angelina, quien la había acompañado, mientras las demás entraban a otra tienda.

—No se parece en nada a mi antiguo uniforme—cubriendo sus pechos con sus brazos.

—Tienes un complejo con tu cuerpo Rose—le dijo Angelina, quien seguramente la comprendía, por tener físicos similares—, se lo que sientes, pero no puedes dejar que tu vida gire alrededor de tu apariencia.

—El capitán no me tomara enserio, si me veo así y le digo que quiero volver a pilotear.

—Si tanto te afecta, creo que tengo una idea—con una sonrisa comprensiva.

De entre sus propias cosas, Angelina toma lo que parece ser una chaqueta de piel color café, al etilo de torero, dejando al descubierto su cintura. Rose no sabía muy bien su la chamarra disimulaba o lucia mas su físico, pero al menos se sentía mas cómoda, lo suficiente para irse vestida de esa manera de la tienda. Rose había gastado todo su dinero, exceptuando una sola moneda, la cual terminaría convirtiendo en collar.

— ¿Ya acabaron? —les pregunto Teddy, que de pronto había aparecido, cargando algunos paquetes.

—Conseguimos algunas ofertas—le comenta Alicia.

—Me alegra.

— ¿Cuánto tiempo tardaste en abandonarlas?—le pregunto el doctor Longbottom quien había llegado jalando una plataforma flotante con un montón de cajas.

—Como tres minutos—le contesto Lily.

—Eso me imaginaba—sonriendo indulgentemente— ¿le compraste algo bonito a Victoria?

— ¿Qué se le puede comprar a una chica como Victoria? —un tanto exasperado, en opinión de Rose. Aunque ambos estaban hablando en un tono para que no los escucharan, Rose estaba muy cercas.

—Lo que sea que venga de ti, estoy seguro que le gustara—comprensivamente—, ¿entonces no le compraste nada?

—De hecho si, algunos discos de música antiguos, no se para que los pueda usar, pero aun así se los compre.

—Por Dios, niño, con tantas inseguridades no llegaran a ningún lado.

—El problema es que no podemos llegar a ningún lado—mostrando lo mucho que le afectaba todo el asunto—, en omentos pienso que hubiera sido mejor irme con James.

— ¿Tanto odias a Victoria?—era la primera vez que sonaba enfadado.

— ¿Odiarla?, si así fuera mi vida sería mucho más fácil.

— ¿Fácil? Sí, pero mucho más triste, piensa realmente en como seria tu vida si no la volvieras a ver, y pon todo en una balanza.

—Lo intentare—no muy seguro.

La expresión que traía el capitán cuando se reunió con ellos en uno de los numerosos bares de la zona, no deparaba nada bueno.

—No traes buena cara, Harry—le dijo Neville cuando se sentó con ellos.

—Es porque no tengo buenas noticias—le contesta con tono frio.

— ¿Que ocurre, capitán? —le pregunta Teddy.

—Tengo malas noticias—dice Harry—, según Luna hay una pequeña flota imperial está acercándose.

Rose nunca había visto ni siquiera a una persona que hubiera estado en el imperio, pero sabía lo terribles que podían llegar a ser, así que no le sorprendió mucho la expresión de sus compañeros.

— ¿Nos buscan a nosotros? —dice Lily.

—No lo creo—dice Harry—, no han descubierto la tormenta de fuego, pero eso no es importante…

— ¡Los confederados, vienen los confederados! —entra alguien al bar gritando la alarma.

Eso era lo que el capitán temía, terminar en medio de una batalla.

—Vámonos de aquí—les dice el capitán—, tenemos que salir de aquí antes de que el caos se desate.

Poco a poco las personas iban escuchando la alarma, aunque por lo que iban escuchando nadie sabía muy bien quién era el que se estaba acercando. Había rumores contradictorios. Según iban recorriendo las calles de la pequeña ciudad el caos empezaba a aumentar, había gritos e insultos, los comerciantes intentaban recuperar la mayoría de sus mercancías, aun no llegaban al puerto cuando empezaron a ver la naves espaciales despegando. Por suerte el capitán ya había subido lo que el había comprado a la nave espacial, solo faltaban las cosas de ellos.

—Deja la nave y a las mujeres y tal vez los dejaremos vivir—de pronto escuchan a sus espaldas.

Eran tres hombres con grandes armas de fuego, no eran soldados ni siquiera bandidos profesionales, eran simples ladrones, seguramente acostumbrados a lidiar con simples mercaderes, era como si un perro callejero medio muerto de hambre, intentara pelear contra un lobo de la montaña. El que parecía el líder ni siquiera vio cuando Ted saco un cuchillo de su cinturón, mucho menos cuando este término volando certeramente hasta su cabeza, los otros dos colleron casi inmediatamente debido a disparaos del revólver del capitán.

—Terminen de subir sus cosas—les dice el capitán, guardando su revólver.

Rose era una experta tiradora, cuando patrullaba tenia la practica pistola de rayos oficial que les daban a todos los pilotos. Un arma silenciosa que dejaba a las personas paralizadas, nunca había escuchado un disparo de un arma de fuego en persona, solo los había visto en las cintas de entrenamiento, su arma ni siquiera tenía culetazo, realmente la había dejado impresionada como sus compañeros habían eliminado a esos tres bandidos.

—Rose apresúrate—le dijo Lily, mientras intentaba amarrar las nuevas cajas que traían.

—Ya voy—reaccionando.

Cuando terminaron de asegurar la carga, todos los pasajeros se sientan y se abrochan los cinturones de seguridad, este sería un viaje movido y serian indispensables. Rose y Lily terminaron sentadas hasta atrás. Estaban despegando cuando vieron la primera nave imperial. La cual empezó un bombardeo contra la ciudad.

—Por Dios, que están haciendo—dice Rose bastante asustada.

—Resolviendo un problema con los indeseables—le dijo Lily, igual de enfadada que su prima.

—Pero son solo civiles.

—Creo que eso es parte de lo que les enfada—apretando los puños—, los locales seguramente se esconderán bajo tierra, pero los demás están en grandes problemas.

La Firefly en la que volaban no tenía armas integradas, era un simple cargador que usaban para pasar desapercibidos. Esto se volvió un problema cuando tres pequeñas naves de casa los empezaron a seguir. Era gracias a la habilidad del capitán, que seguían volando en esos momentos, pudieron ver a varias naves que habían intentado abandonar la luna caen como simples insectos. Lo que casi los derriban fue una especie de misil, era casi como una torre de metal que termino clavándose en el suelo.

— ¿Qué era eso? —pregunto Lily.

—Spikes—le contesta Teddy desde un poco más adelante.

A lo lejos pudieron ver otras torres como esas, de las cuales empezaron a salir esporas del tamaño de pájaros desde la punta de las torres. Cuando al fin lograron salir de la atmosfera, vieron que los rumores de que los confederados venían en camino, también eran ciertos, desde el otro lado del planeta una flota de buen tamaño se aproximaba a pelear contra los imperiales. Para gran decepción de Rose, se dio cuenta que la flota confederada no estaba en lo mas mínimo interesada en defender a la luna (que en teoría formaba parte de la confederación), ella pudo leer la estrategia y lo que vio no le gusto, esperarían hasta que terminaran el trabajo con la luna y entonces atacarían con todo. Los perseguidores de la Firefly se encontraron en problemas para seguirlos, pues se encontraron en combate contra naves exploradoras de la confederación.

—Tormenta de fuego a la Firefly, ¿me escuchan?—escuchan por el radio.

—Aquí Firefly, ¿Qué ocurre Luna?

—Mas malas noticias, capitán, la flota imperial solo es un señuelo, el grueso de sus tropas está rodeando la luna para atacar a los confederados.

—Prepárense para salir de aquí, esta no es nuestra batalla—le dijo el capitán.

La tormenta de fuego era una fragata de ataque que podía rivalizar con las naves insignias de cualquiera de las dos ligas de planetas, pero aun así no estaban en condiciones de pelear contra una flota completa, y daba la coincidencia que era enemigo declarado de ambos ejércitos. Las maniobras que tuvo que utilizar Harry para poder atravesar la batalla fueron bastante impresionantes para Rose, en su opinión solo había un puñado de pilotos en la confederación que hubieran podido hacer algo así con un simple cargador como en el que estaban volando.

La tormenta de fuego se había mantenido fuera de la batalla, gracias al potente campo de distorsión que poseían, con el cual lograban hacerse prácticamente invisibles, pero esto no funcionaria si la batalla seguía extendiéndose hasta el lugar en donde estaban. Hasta donde Rose sabia ninguna nave del tamaño de la tormenta de fuego había usado antes un campo de distorsión para volverse invisible, incluso naves pequeñas tenían problemas para lograrlo durante mucho tiempo, pero aparentemente estas leyes no se aplicaban a aquella legendaria nave. Debía ser un sistema muy especial pues los cargadores no traían este sistema integrado, esperaba poder averiguar más en el futuro.

El aterrizaje en el hangar fue extraordinariamente suave, considerando que eran dos naves en movimiento. Cuando llegaron, el primero en bajar del cargador fue el mismo capitán, quien casi como una sombra se movió rápidamente para llegar al puente de mando. En el timón encontró a Luna, quien al solo verlo se aparto para dejarle el camino libre, entonces ella baja a sentarse a uno de los puestos de control de la nave.

—A sus puestos de batalla—les dice el capitán.

El chico de cabellos azul se sienta en otro de los centros de mando del piso inferior, mientras que la chica pelirroja corre a la sala de motores a ayudar a su hermano. Como las cuatro jóvenes no tienen u puesto fijo para ese tipo de situaciones, y nadie tiene tiempo para decirles que hacer, permanecen de lado izquierdo de la sala, viendo todo otra vez de la gran ventana.

La sala de controles no era como ninguna que Rose hubiera visto antes, sobre todo el timón de navegación principal. Era un aro de madera con varias aristas, en un principio no supo identificarlo, no fue sino hasta que recordó una de sus visitas a uno de los museos de su planeta natal, era el timón de un barco antiguo. No entendía como podía navegar una nave tan complicada como la tormenta de fuego, con ese tipo de timón, pero por lo que veía era realmente complicado.

— ¿Qué hacemos, capitán? —le pregunta Luna.

—Preparen los cañones, les daremos algo en que concentrarse, para que se alejen del basurero.

Era un suicidio, pero por el tono de voz del capitán, no parecía estar dispuesto a cambiar de opinión.

—Señor, el basurero esta perdido—le dice Victoria—, las esporas de los imperiales fueron esparcidas.

—Vimos cuando caían, y si son lo suficientemente listos habrá ido bajo tierra, o abran escapado. No importa los pocos que sobrevivan, si les damos una oportunidad abra valido la pena.

Estaban ablano de vidas humanas, en un solo día una bulliciosa aunque pequeña luna, había visto el final de sus días. Aunque ninguna de ellas comprendía exactamente que eran las esporas imperiales, pero sabían que el final les había llegado a esas personas. Algunas de las cuales eran francamente desagradables, mientras que otras los habían intentado asaltar, en resumen era un nido de ladrones y asesinos, pero eso no hacía que nadie, ni siquiera dos potencias como las que estaban peleando en ese momento tuvieran el derecho de aniquilarlos.

Para poder desplegar el poder de la nave tuvieron que quitar el campo de distorsión que la convertía en invisible a la vista y a los radares.

—Cañones listos—informa Teddy.

—Fuego— ordena el capitán.

El poder de fuego de la nave era realmente impresionante, desde la gran ventana pudieron ver como una de las naves imperiales era casi partida por la mitad con una sola de las descargas de la batería de cañones. Con una rápida maniobra viran a estribor para enfrentar de lado a la flota de la confederación, al encontrarse de lado pueden utilizar la totalidad de los cañones. Gracias a los campos de fuerza de protección de las naves de la confederación pudieron resistir en buena medida el ataque de la tormenta de fuego.

Fue una batalla rápida pero bastante concisa. La intención del capitán no era acabar con ambas flotas sino simplemente alejar la batalla del basurero. Los disparos de cañón que empezaron a recibir de parte de ambas flotas empezaron a hacer mermar los campos de fuerza que protegían la nave, lo suficiente como para que empezaran a sonar las alarmas y la sala de control empezó a iluminarse de rojo.

—Preparen los motores para máxima velocidad—les dice por radio a sus dos hijos,

—Estamos listos capitán—le contesta Lily por la radio.

—Aceleren a toda potencia.

Ambas flotas intentaron alcanzar la velocidad de la tormenta de fuego, pero no tardaron demasiado en dejarlos atrás. Cuándo los instrumentos de vigilancia de la nave, les indicaron que ya ninguna otra nave los estaba siguiendo, el capitán ordena que la nave regrese a velocidad de crucero.

—Alégrense chicas—les dijo Luna—, acaban de sobrevivir a su primera batalla espacial.

La expresión de Luna indicaba todo lo contrario a sus palabras, aunque era cierto que había sobrevivido a innumerables batallas, ver la destrucción de personas inocentes como las que habitaban en el basurero, era algo a lo que nunca llegaría a acostumbrarse. Las cuatro jóvenes habían llorado, no les avergonzaba, acababan de morir cientos de personas que no tenían nada que ver con la política intergaláctica, incluso la joven rubia llamaba Victoria había llorado, no había ningún rastro de expresión de dolor más que las lagrimas que atravesaban su rostro. El joven de cabello azul empezó a maldecir, seguramente demasiado rudo para expresar ningún tipo de sensibilidad. El único que no obtuvo ninguna reacción fue el capitán, quien solo siguió mirando la inmensidad del espacio enfrente de él. A final de cuentas él era el capitán Potter.