Disclaimer: KKM no me pertenece, así como ninguno de sus personajes.
Adv: Fuerte contenido dramático y mucho gore (*0*). ¿Yaoi? Tal vez más adelante. Y con Yuuri de uke, sí señor.
Adv2: La autora tiende a desvirtuar los textos en los que habla personalmente como, por ejemplo, la primera advertencia u.u
Capítulo 02 Resumen
Gran Shimaron planea atacar Caloria. Los soldados de Shin Makoku, bajo el mando del Maou, se dirigen hacia el país aliado para asistirlos en la batalla. Yuuri despierta, luego de veinte años de sueño y se entera por Murata de los acontecimientos sucedidos durante su ausencia.
Capítulo 03: Se desata la ira del Maou.
-¡El enemigo!
El desesperante grito de un soldado explorador sorprendió a sus compañeros, bruscamente. La base militar, ubicada a pocos kilómetros de la capital, hizo sonar la señal de alerta. Rápidamente, un escuadrón entero se posicionó rodeando el edificio. Arqueros en las murallas, infantería en la retaguardia y caballería a vanguardia. Ese era el último bastión de milicia antes de la capital, y esos hombres lo defenderían a muerte.
El ejercito enemigo no tardó en hacer aparición. Los doblaban en número; pero los habitantes de Caloria no se dejarían intimidar. Tenían en claro que, probablemente dejaran sus vidas en aquel sanguinario encuentro; mas también sabían que su deber era proteger el país y evitarle a los invasores el acceso a la capital.
-¡A la carga! –gritó uno de ellos.
-¡Vamos! –acompañaron algunos más
-¡Por Flurin! –insistió el primero.
-¡Por Flurin! –repitieron.
-¡Por Caloria!
-¡POR CALORIA!
Sabían que aquella motivación, era un grito de muerte. Y se llevarían su lealtad directo a la tumba.
-Mi señora, la base del oeste ha sido tomada. Los hombres han caído.
-Oh no –se lamentó sinceramente la gobernadora, al borde del llanto.
-El enemigo está en camino –agregó el hombre.
-Lo siento –Wolfram apoyó su mano en el hombro de la, alguna vez joven, Flurin.
-Hecka…
-Esta vez, nosotros los protegeremos –agregó con firmeza y se alejó, caminando hacia sus hombres.
El Gran Sabio se encontraba recluido en su habitación. Hacía horas que el silencio reinaba allí. Su mirada estaba fija en el ventanal. Vacía.
-Shinou…
Sí. Shinou lo había ignorado, una vez más, como era costumbre. Pero, ahora, no se lo perdonaría.
-¿Cómo pudiste?
Sentía su pecho oprimido y un nudo en la garganta. Sabía que esas emociones nada tenían que ver con él. Probablemente, el dolor que experimentaba, fuera causado por los sentimientos del verdadero Gran Sabio, de Janus y de todas las reencarnaciones que se encariñaron con aquel hombre. Y, aunque odiara admitirlo, él también sentía una atracción extraña por el rey original. Tal vez, sus viejas memorias hubieran ayudado. No lo sabía. Lo cierto, era que ahora, las emociones entrelazadas, demandaban una respuesta urgente.
-¿Cómo pudiste? –repitió, sin penarlo, y una lágrima se deslizó cuesta abajo por su mejilla- Abandonar así a tu pueblo y…abandonarme…
Las palabras dolían. Sobre todo, porque él sabía que era el único que podía oírlas. Sí, eso era. Shinou, su Shinou, se había esfumado. Quizá su alma estuviera todavía, en algún recóndito lugar del mundo. Esperando a reencarnar, una vez más. Quizá, un día, volverían a encontrarse. Quizá…
-Murata, ¿puedo pasar? –la voz de su amigo resonó tras la puerta.
El morocho secó sus lágrimas y tosió apenas, tratando de aclarar su voz, sin que Yuuri lo notara.
-Adelante, Shibuya…-no hubo caso, su voz se quebró en la frase. El vigésimo séptimo Maou, ingresó al cuarto con preocupación y, al verlo de frente, corroboró sus sospechas
-¿Estuviste…?
-Parece…que los sabios también lloramos, de vez en cuando –trató de sonar jocoso. Aunque, para el otro, eso era humor negro y de muy mal gusto.
-Es por Shinou, ¿no? –agachó la cabeza.
-No te sientas culpable –le dijo amable- Aunque traté de detenerlo…así es él.
-Yo…lo siento…lo siento mucho –levantó la mirada llena de lágrimas.
-Shibuya…
-No quería que esto ocurriera. No quería que él desapareciera. Murata… -pronunció el nombre de su amigo en tono suplicante.
-No es tu culpa –recalcó.
-¡Atención! ¡En guardia!
La voz del mazoku de tierra sonó más rígida que nunca. Los soldados se posicionaron según lo planeado. La capital de caloria había sido evacuada de civiles y se había transformado en una arena de combate. Flurin se había negado a retirarse con los ciudadanos. Ella quería estar ahí. Aunque más no fuera para apoyar moralmente y desearles suerte con la mirada cristalina.
Wolfram se encontraba montado a caballo, al frente. A su derecha, Conrad; a su izquierda, Gwendal; junto al castaño, Yozak; junto al moreno; Günter; detrás de todos, el resto de los soldados.
-¡Gran Shimaron a la vista! –gritaron los exploradores que retornaban a toda velocidad.
-Aniue, Günter –miró a su izquierda; Gwendal asintió con la cabeza, Günter sonrió- Conrad, Yozak –volteó; Conrad sonrió amablemente; Yozak le guiñó un ojo. Miro al frente- Gracias a todos por apoyarme.
-Hecka…-dijo el peliplateado.
-Lo harás bien –agregó el moreno.
-Estaremos contigo –se sumó el castaño.
-Y expulsaremos a ese enemigo, sin vacilar –finalizó el pelinaranja.
-Lo haremos –frunció el ceño –Hoy conocerán el verdadero poder de Shin Makoku…-y se lanzaron al combate- "¡Yuuri!"
-Aquí tiene, Hecka –Effe depositó una taza de té sobre la mesa, frente a Yuuri.
-Ah, gracias, Effe –contestó, no muy animado.
-Y para usted también, Gecka –agregó Lasagna, imitando a la pequeña.
-Gracias.
Murata cogió la taza y la llevó a la boca. Sopló un poco y sorbió el té. Luego, fue deliberadamente imitado por el ex maou.
-Entonces…-dijo Yuuri, bajando la taza- Todos en la Tierra creen que estoy muerto…
-Así es. Aunque allá no haya transcurrido tanto tiempo –depositó la taza en el plato- Deberías regresar a verlos.
-¡No puedo hacer eso! Todos aquí están sufriendo. Y para más, es por mi culpa. De ninguna manera puedo abandonarlos ahora.
-Shibuya –comentó tranquilamente- No hay realmente nada que puedas hacer aquí. Al menos, no hasta que von Bielefeld-kyou regrese.
-Aun así, no puedo irme.
-Como digas –volvió a tomar el té- Por cierto, ¿te pusiste al tanto de la situación?
-Esa era la razón por la que te buscaba. Sé que todos los hechos están perfectamente explicados en aquel libro. Sin embargo, prefiero que tú me lo expliques.
-Ya veo. ¿Qué más quieres saber?
-Por ejemplo, qué ocurrió una vez llegamos a Pequeño Shimaron.
-¿No te lo dije ya? Gran Shimaron invadió Pequeño Shimaron, sin previo aviso. Sus fuerzas militares superaban en número a las del Rey Saralegui. Beries-san fue asesinado. Saralegui, secuestrado. Tú agotaste tu maryoku y caíste inconsciente. Y todos te trajeron aquí.
-¿Qué sucedió en ese tiempo?
-Mientras dormías, Gran Shimaron puso un rey en el trono de Pequeño Shimaron. Conquistó algunas otras ciudades humanas. Intentó atacarnos, aunque sin éxito…
-¿Sólo eso?
-¿Te parece poco? –enarcó una ceja.
-N-no, yo…lo que quiero decir es que…-balbuceó, suspiró para calmarse y prosiguió- Contado así, no parece que hubiera pasado tanto tiempo.
-Shibuya. Desde que asumiste la responsabilidad de ser el Maou, estableciste tus ideales de paz y amistad con los pueblos humanos. Siempre estuviste abierto al diálogo y rehuíste la guerra. Cuando todos pensaban que estabas loco, nos demostraste muchas veces que podías hacerlo. Despertaste lealtad en todos tus súbditos y los convertiste en amigos. Incluso lograste que von Voltaire-kyou, se resignara a la guerra y que von Bielefeld-kyou dejara sus prejuicios hacia los humanos. Todo eso, lo hiciste con tu buena voluntad y tu valor. Sin embargo, esta vez, la situación es diferente. Gran Shimaron está bajo el mando de un hombre malvado y tú no puedes creer que sólo dialogando lograrás la paz. Toda ingenuidad tiene sus límites, y la tuya debería probarlo ahora. Nada es como antes, Shibuya. Nada lo será ya. Si vas a quedarte aquí, tendrás que pelear. Ahora ya no hay otra salida.
-Murata…
Los ojos del soukoku se abrieron de par en par. Cada palabra salida de la boca de su amigo, se le clavaba al pecho, como una estocada mortal. Todo lo que decía el sabio que él debía hacer, era lo contrario a lo que su ética le indicaba. Aun así, Wolfram, Conrad y todos sus amigos, estaban dando su vida en Caloria, por seguir aquella creencia. Eso significaba, para Yuuri, que debería enfrentarse, nuevamente, ante la guerra y la violencia de sus seres queridos, y demostrarles que siempre existía la salida pacífica. Pero, ¿con qué derecho?
-¿En verdad…tu crees eso?
-Sí –el de lentes fue rotundo.
-Pero…¿no crees que podemos buscar otra solución?
-No esta vez.
-Pero…
-¡Shibuya!
Ken se puso de pie, rapidamente. Era hora de hacerle entender a su amigo de la Tierra, que gobernar un reino no era cosa fácil. Y, si bien con anterioridad, él le había demostrado cosas deslumbrantes que se podían lograr con buenas intenciones; en este momento, se necesitaría más que eso, para vencer.
-Por veinte años, Shin Mazoku y Gran Shimaron, se han enfrentado a muerte. Ellos derrocaron a Saralegui, asesinaron a Beries-san y te dejaron inconciente. Y aun así, tienes la inocencia de creer que con diálogo solucionarás las cosas. Eres increíblemente compasivo. Pero déjame decirte algo. Allí en Caloria, von Bielefeld-kyou, se está esforzando por defender a nuestros aliados. Y si tú te vas a quedar en posición neutral, sin considerar a esos hombres nuestros enemigos, entonces estarás dándole la espalda a él y a todas las personas que luchan por sobrevivir.
-M-Murata…-balbuceó incrédulo.
-No siempre todo puede ser color de rosa, Shibuya. Y, lamentablemente, te toca aprenderlo de la peor manera. Piénsalo. Shinou no dio su vida por ti para ver como te quedas sentado, rezando porque todos seamos buenos amigos.
El sabio dio por finalizada la charla, secamente. Se retiró sin mirar atrás, dejando a un atormentado morocho en la sala de té. Esto había ido demasiado lejos. Sabía que se había dejado llevar, impulsado por el resentimiento de la pérdida de Shinou, sumado al hecho de que cualquiera de sus amigos podrían morir de un segundo a otro sin enterarse él. Realmente era la primera vez en muchos años, que perdía así los estribos.
Suspiró. El ave que indicaba los sucesos venideros, sobrevoló el castillo con su habitual grito "mal augurio".
-¡Excelencia! –el soldado se interpuso entre el enemigo y Gwendal, justo cuando el filo de su espada estaba a punto de asestarle. En su lugar, recibió el golpe, que le perforó el omóplato y lo atravesó hasta el otro lado.
Probablemente, este sería el quinto hombre que el mazoku veía morir, salvándolo, en esta batalla. Asimismo, muchos otros soldados enemigos, habían dado su vida por sus superiores, de la misma forma. Los segundos en los que vio desvanecer el cuerpo de su aliado, bastaron para que su espada cortara el cuello del rival.
-¡Aniue! –vociferó Wolfram, alertando de la presencia de otro hombre, tras él. El moreno pudo percatarse lo suficientemente pronto como para girar, pero no para esquivar de lleno la estocada. Su costado estaba herido. La sangre que brotaba salvajemente, se confundió por un momento con las llamas que manaron de las manos del rubio, carbonizando al enemigo. Los gritos de dolor, sonaron como música para los oídos de los guerreros. El combate continuaba su rumbo.
-No…te...desconcentres, Wolf…ram… -el castaño articuló las palabras con dificultad, mientras frenaba la espada de otro gladiador.
-Los mataré…¡los mataré a todos!
-No…-trató de razonar el de ojos ambarinos.
-¡¡¡MIRA LO QUE LE HICIERON!!! –semejante ofensa al Hermano del Maou, no podía ser pasada por alto. Y Wolfram se los iba a demostrar.
-Hmm…Wolfram von Bielefeld…Sigue igual de impulsivo que antaño.
Un joven hombre de, aparentemente, la edad de Wolfram, gesticuló una sonrisa algo siniestra. Se encontraba en lo alto de una colina. Suficientemente apartado, como para que nadie pudiera notarlo; pero suficientemente cerca, como para oír los metales silbando en el aire y chocando, y los gritos más potentes.
-Hecka…si me permite un consejo, no es conveniente que nos presentemos tan próximos al sanguinario escenario de la guerra –dijo un hombre, vestido de soldado de alto rango.
-No he pedido tu consejo y, de todas maneras, haré lo que me plazca.
-Mis más sinceras disculpas por mi insolencia –hizo una reverencia.
-"Después de todo, no hay manera de que yo pueda salir mal parado" –y acentuó su sonrisa.
Aquel encuentro bélico se extendió por largas horas. Ambos ejércitos rebosaban de soldados, al comenzar; pero, ahora, estaban diezmados. Era cuestión de tiempo, hasta que se decidiera el destino final de Caloria. Y, sin embargo, Gran Shimaron llevaba la ventaja numérica.
-"Esto no va bien…si seguimos así" –el peliplateado dirigió una fugaz mirada a Wolfram. Estaba luchando fervientemente y no parecía agotado, sino todo lo contrario. Cualquier enemigo que se enfrentaba a su espada, terminaba desangrado en el suelo, o envuelto en llamas y retorciéndose de dolor.
-"Wolfram se está descontrolando" –pensó el castaño, quien desde que todo inició, no se había separado ni una vez de su lado.
-"Deja de utilizar tu maryoku" –a duras penas, Gwendal lograba mantenerse en pie. Pero su vigor se reactivaba cada vez que un humano se colocaba frente a él.
Todo parecía estarse pudriendo. Lo único que iluminaba aquel infierno, eran las llamas del majutsu. El resto de los magos, humanos y mazokus, habían caído.
-¿Flurin? –el castaño rogó a todos los cielos, haber visto mal. Mas cuando giró, ya era demasiado tarde. Los soldados de Gran Shimaron, habían traspasado las líneas de defensa y se dirigían a toda velocidad hacia la gobernadora de Caloria.
-¡Mátenla! ¡Es ella! ¡Es su líder! –gritaban como lobos hambrientos.
-¡Ahhh! –la peliceleste gritó, al sentirse apresada por detrás, por las formidables manos de un hombre robusto.
-¡Flurin! –por primera vez, Conrad se alejó del lado de su hermano y salió corriendo a toda velocidad hacia la mujer.
Cuando se percató del escándalo, el rubio creo un muro de fuego delante suyo. Dio media vuelta y corrió, con la esperanza de que llegaría a tiempo.
-¡Hecka! –rogó desesperadamente, con lágrimas en los ojos. Pero fue demasiado tarde. Tras gritar ese nombre, sintió cómo se contraían sus músculos y las lágrimas se deslizaban de sus ojos. Todo se estaba oscurenciendo. Algo filoso reposaba en su pecho y dolía…dolía mucho.
-¡FLURIN! –el grito de Conrad alertó a todos los ajenos a aquel incidente. El muro de fuego se desvaneció. El rubio se petrificó ante la escena, sin querer creerlo. Pronto, todo alrededor estalló en fuego. Los asesinos de Flurin se convirtieron en cenizas, instantáneamente; pero ni una llama la rozó siquiera a ella.
-¡Rápido, traigan un médico! –ordenó Conrad, al llegar al lado de la mujer.
-¡Retrocedan! ¡Retrocedan! –el mazoku de tierra tenía un mal presentimiento, acerca de esto. Sería mejor ser cautelosos.
-¡¿Hecka?! –Günter miraba incrédulo el paisaje rojizo a su alrededor. Parecía el mismísimo inframundo. Y, entonces, Wolfram era el mismísimo demonio.
-¡Oh! ¡Mira eso! –una chispa de placer se encendió en los ojos del hombre en la colina –Increíble, Realmente increíble…-comentaba maravillado.
-¡Hecka! ¡Tenemos que salir de aquí!
-Oh sí…esto podría ser peligroso, ¿verdad? –aunque, a juzgar por su tono, no sentía eso en absoluto.
Dio media vuelta, con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Sus gafas brillaron.
-¡Retirada! –el ejército de Gran Shimaron comenzó a retroceder. Las llamas los estaban consumiendo como si fueran la cosa más inflamable del mundo.
-¡Wolfram!
-¡Hecka!
Todos le gritaban, con la esperanza de llegar hacia él. Pero su ira no parecía querer detenerse y era incluso mucho mayor que la que Yuuri había mostrado antaño.
-"¿Este es el verdadero poder del Maou…?" -Conrad se preguntaba, con los ojos abiertos de par en par- Para, Wolfram…Detente…-las llamas comenzaban a consumir la ciudad, aunque el enemigo se hubiera retirado- ¡BASTA, WOLFRAM!
El castaño salió disparado hacia su hermano menor. Esquivando los cadáveres y el fuego alrededor. Instintivamente, deseaba protegerlo. Sabía que, en mayor o en menor medida, terminaría perjudicado. Y temía que en mayor.
-Murata…¿puedo hablar contigo?
Habían transcurrido dos días, desde que el vigésimo séptimo Maou, despertó de aquel largo sueño de veinte años. El Sabio y él, habían mantenido una discusión, bastante subida de tono; debido a sus choques de ideales. Sin embargo, Yuuri no había dejado de pensar, ni un segundo, sobre lo ocurrido y sobre quién llevaba la razón en su postura. Finalmente, había llegado a una conclusión. Y pensaba expresarla y defenderla, le gustara o no, a quien tenía en frente.
-¿Sabes? He estado pensándolo mucho. Todo el tiempo, desde la última vez. Me he preguntado cuál es la postura que debería tomar. Qué es lo correcto. Lo que mi fe me indica que debo hacer. Al final he tomado una decisión –lo miró a los ojos.
-Te escucho…-dijo el de gafas, sospechando lo que vendría a continuación.
-Yo…no voy a pelear –Murata suspiró- Quiero decir, no seré yo quien inicie los conflictos. Y ante toda agresión, responderé pacíficamente. Además si eso no funciona, invitaré al rey de Gran Shimaron a tomar el té. O algo que nos permita conocernos más –esta última sugerencia, le pareció ridícula a su amigo- Y si aun así no funciona…trataré de arreglarlo de alguna otra manera. Porque ¿sabes qué? Shinou dio su vida por mí. Lo sé y lo siento. Pero pienso que si decidió devolverme a la vida, es porque me conocía y sabía que yo buscaría otra manera de solucionar las cosas. Y entonces…yo…
-¡Hecka, Gecka! –una de las criadas irrumpió en la habitación, con lágrimas en los ojos y temblando.
-¡¿Qué ocurrió?! –indagó el sabio.
-¡Wolfram, Gwendal y los demás han regresado! –Annisina irrumpió en la sala- ¡Deberían venir de inmediato!
Todos corrieron hacia la entrada del castillo. En el vestíbulo, estaban Conrad, Yozak y Günter. Al llegar los soukokus, todos se giraron hacia ellos y abrieron los ojos como platos. Allí, frente a sus narices, la vívida figura del rey de antaño. Su Majestad, Yuuri Shibuya.
-Yuuri… -dijo Conrad, apenas en un susurro.
-¡Wolfram! –el morocho abrió la puerta de la enfermería, bruscamente. Se coló en la habitación, sin importarle las miradas atónitas de todos los demás. Se acercó a la camilla, en donde Gisela estaba curando a Wolfram con majutsu. Este yacía con los ojos cerrados y una expresión seria y adulta en su rostro.
-¿He-Hecka? –Gwendal le dirigió la palabra desde una silla, al otro lado de la enfermería; pero él hizo oídos sordos. Sólo le importaba Wolfram.
-¿Qué le pasó? ¿Qué tiene? ¿Por qué está inconciente? –preguntaba a velocidad luz.
-Agotó su maryoku…-anunció en tono sombrío, el soldado.
-¡¿Qué?! –recién entones, se giró hacia él- Tú también estás herido.
-Wolfram se arrebató. En plena batalla. Liberó su ira, como tú lo hacías cuando eras el Maou. Las llamas consumieron todo. No discriminaban entre aliados y enemigos. Conrad Arriesgó su vida para detenerlo. Pero…
-¡Pero Conrad está bien! ¡¿Por qué Wolfram no?!
-Hecka, tranquilícese. No puedo concentrarme –reprendió la peliverde.
-Vaya vaya…si esta era la idea de Shinou, mejor ni se hubiera molestado…-el sabio de burló desde la entrada- Se despierta Shibuya y se duerme von Bielefeld-kyou.
-¡MURATA! –escupió Yuuri, asesinándolo con la mirada.
-¿Qué es lo que te dije, Shibuya? Si piensas seguir tratando a esos hombres como si nada, las cosas se van a poner realmente feas aquí.
El muchacho apretó puños y dientes. Tenía deseos de asestarle un puñetazo a su amigo; pero este no era el momento y, además, no es que tuviera demasiadas razones para hacerlo. En lugar de eso, se propuso a sí mismo calmarse. Volteó a ver al rubio. Su piel estaba pálida y notó que su uniforme estaba teñido en sangre y tenía rastros de cenizas. Eso le daba una idea de lo cruel que había sido la batalla; ya que, en ocasiones normales, Wolfram jamás dejaría que le mancharan el uniforme.
-Por cierto. Estabas a punto de contarme sobre tu decisión. ¿Cuál era?
-Yo…-dijo, sin separar la vista de su prometido- No lo sé…
Ohaio!!!
No creo haber tardado tanto en actualizar, ¿o si? Lo cierto es que ahora estoy muy atrasada con mis otras historias u.u Buenop, espero poder ponerlas al día muy pronto.
Repito que probablemente estén odiándome porque no hay nada romántico en este capítulo. Pero les prometo poner algo tierno en el próximo capi. La historia no tendría sentido si Wolfram se duerme otros 20 años xD
De lo que sí no pueden quejarse esta vez, es de la acción. Aparece un personaje nuevo: El hombre de la colina, muahahaha. Además, matan a la pobre de Flurin. Es que como es humana, ya estaba muy vieja (?). Además, sirvió de excusa para que Wolfy despierte su lado Maou y los ase a todos a la parrilla =D Y encimaaaa…vemos cuál va a ser la trama central de la historia (Yuuri y su complejo de "hay que ser buenos").
Últimamente, me encariñé mucho con Murata. Él siempre está ahí, para solucionarle la vida a Yuuri! (Aunque en mi fic sea demasiado OOC. Imagínense, le lleva la contraria a Yuuri y llora por Shinou! *0* Eso sí que no pasaría nunca en la historia real, ne?). En fin. Ahora sí, los dejo. No los aburro más.
Gracias por todos los reviews que me dejan. A partir del próximo capi voy a comenzar a responderlos.
Nos vemos pronto. Se me cuidan! Chuu!
Shiko.
