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Hola. Ya estoy aquí de regreso. Gracias por los comentarios, todos se toman en cuenta para tratar de mejorar. Saludos.

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Capítulo 3. Y cuando parece estar más oscuro…

Chicago. 1915.

De regreso en chicago las cosas eran muy distintas, Archie y Paty se habían ido a Florida cosa que la alegraba mucho pues sabía que la abuela Martha con su interminable energía y amor por la vida podría ayudarlos a sobrellevar la angustia de no saber cuando volvería Stear, lo único que le entristecía era lo cambiada que veía a Annie, ahora parecía una mariposa social que más le recordaba a Eliza que a su querida amiga de la infancia. Cuando finalmente creyó que en su vida las cosas volvían a la normalidad un incidente con los Leagan termino por dejarla sin trabajo en el hospital y aunque en un principio le entristeció lo injusto de la situación terminó por agradecer que las cosas hubieran salido de esa manera, en la Clínica Feliz del Dr. Martín, pudo darle un sentido a su vida, tratar con esos niños le agradaba más que trabajar en el hospital pues sabía que estaba ayudando a las personas que más lo necesitaban y que no podían permitirse la atención medica en los grandes hospitales,

Después de mucho tiempo Candy volvió a sentirse feliz, ayudar a otros resulto la terapia que necesitaba para empezar a superar su tristeza.

– ¡Albert estoy de regreso en casa!, que bien huele – dijo Candy mientras seguía a su nariz hacia la cocina.

– Veo que como siempre llegas con hambre – respondió en rubio.

– ¿Puedo ayudar en algo?

– Puedes poner la mesa, la comida esta casi lista.

– ¡Qué bien!, muero de hambre.

– ¿Qué harás el día que llegues a casa y no haya preparado la comida Candy?, ¿Cocinaras tu algo? –pregunto el rubio un poco en broma.

– Después de llorar amargamente, seguramente terminaríamos comiendo sándwiches, no quiero que termines envenenado – respondió la pecosa sin nada de vergüenza.

– Deberías tener más fe en tus habilidades Candy – respondió Albert.

– Tengo toda la fe que puedo pero soy realista.

– Comamos antes de que se enfrié – dijo Albert mientras pensaba que dentro de poco tendría que abandonarla, solo esperaba que en cuanto todos estuvieran arreglados Candy aceptaría mudarse a la mansión Andrew con él y los chicos (ya había empezado a hacer arreglos para localizar y traer de regreso a Stear), deseaba poder cuidarla y ayudarla como ella lo había hecho con él todos estos meses en los que no pudo recordar quien era.

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Houston. 1915.

– No puedo creer la actitud de Terry, se que le dije muchas veces que mandar a Susana al diablo, pero esperaba que lo hiciera de frente, no huyendo – Karen se paseaba como loca por la estación de trenes agitando la pequeña nota que le había dejado Terry.

Lo siento,

No volveré a New York.

Felicitaciones Julieta probaste que siempre tuviste razón, ¡Soy un maldito cobarde!

Dejo en tus manos la decisión de decírselo a alguien o dejar que lo deduzcan solos.

Romeo "El cobarde"

– ¡Y ahora que hago!, supongo que de menos le aviso a Robert, aunque no tendría porque, la gira ya terminó y hasta que empiecen a montar una nueva obra no tiene por qué dar cuenta de sus actos – se decía a sí misma – Espero con lo de "decírselo a alguien" te refirieras a tu madre, porque lo que es a Susana sino la veo en la que me resta de vida se me hará poco tiempo – siguió.

– Debí saber que algo andaba mal con él, ¡MALDICIÓN! – grito, dando una patada al aire, casi alcanzando a un chico que pasaba con su maleta.

– ¿Te pasa algo? – le preguntó el chico.

– ¡Eres estúpido!, ¿O qué?, ves a una chica molesta lanzando patadas y ¿Te detienes a hacerle la plática? – le contestó.

– Haciendo amigos cariño – se acerco Charlie (actor que interpreta a Teobaldo) rodeando su cintura con un brazo.

– ¡Suéltame!, ya te dije que no te me acerques, tu loción barata me molesta – sacudiéndose su brazo de encima mientras veía como el otro chico se alejaba.

– Definitivamente disfrutare este viaje – dijo con burla – Ayer en la noche lo vi salir con su maleta, así que creo que viajaremos tu y yo solos.

– Corrección tu, yo, Robert y su esposa.

– ¿No supiste?, Martha convenció a Robert de que se quedaran unos días más, parece que se hizo muy amiga de la esposa del gobernador, así que como dije seremos solo tú y yo – mientras hacia un gesto invitándola a subir al tren.

– No puedo contener la emoción – respondió, deseando haber regresado con el resto de la compañía de teatro en lugar de permanecer unos días más en la ciudad para asistir a una cena en casa del gobernador – Supongo que no tiene caso que me apresure a volver a New York, siempre puedo visitar a mis amorosos padres, seguramente mi padre apreciara mi visita, después de todo mi madre estará tan ocupada criticando cada decisión que he tomado que lo dejara en paz, incluso eso debe ser mejor que aguantar a este pesado – pensaba mientras finalmente abordaba el tren, decidida a bajar en la próxima ciudad.

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New York. 1915.

– ¿Qué significa que no volvió?, dijiste que solo se retrasaría unos días, pero que volvería ayer con el resto de la compañía teatral – pregunto molesto el duque.

– No sé lo que pasó, lo único que pudo averiguar mi contacto es que el productor de la obra junto con su familia se quedaron en Houston unos días más, pero que su hijo y dos actores más estaban volviendo a la ciudad.

– Bueno y entonces por qué aun no ha vuelto.

– Lamentablemente no lo sé, solo volvió un actor de la compañía. Yo creo que su hijo probablemente se quedo en algún lado con la otra actriz.

– No me interesan tus suposiciones, te pago para que me mantengas informado de lo que hace mi hijo, no para escuchar tus ideas.

– Lo siento.

– Tampoco me interesan tus disculpas, ¡Ve a averigua donde esta mi hijo, con quien y que está haciendo! – despidiéndolo.

Realmente le habían molestado las palabras del investigador, no le agradaba que se diera a entender que su hijo podía estar disfrutando de unos días de esparcimiento con la Srita. Klasse, si bien no era la primera vez que escuchaba un rumor sobre la posible relación de su hijo con la también actriz hasta la fecha los había desestimado, ahora en cambio sentía la necesitaba hablar con Terrence para poder aclarar toda la situación, no quería empezar a realizar ningún movimiento innecesario, hace ya un mes había llegado a New York solo para enterarse que su hijo estaba de gira y no volvería pronto, aunque en realidad no estaba en sus planes ponerse en contacto con su hijo tan pronto llegara a la ciudad, la espera ya lo empezaba a molestar. Siendo un hombre muy meticuloso durante este tiempo se dedico a recopilar toda la información posible (después de todo la información es poder) sobre todas las partes involucradas en esta historia, actualmente poseía un informe muy detallado sobre la vida y actividades tanto de Srita. Susana Marlow como de su madre y también de la Srita. Candice White Andrew, así como de toda su familia. Ahora solo le restaba esperar a que su hijo decidiera volver a la ciudad.

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Bloomington Illinois. 1915.

Después de haber estado decidido a buscarla y hablar con ella no había sido capaz ni siquiera de llegar a la ciudad en la que su ángel blanco vivía, llevaba varios días instalado en un pequeña pensión de la ciudad, aunque realmente solo llegaba a dormir la borrachera antes de salir nuevamente a ahogar sus frustraciones en el bar más cercano, en los raros momentos en los que estaba sobrio se dedicaba a inventar alguna estrategia para acercarse a ella, hasta la fecha todas sus ideas le parecían absurdas y sin probabilidades de éxito, y lo peor es que se estaba quedando sin dinero y sin ninguna idea de que camino podría tomar su vida.

– ¿Porque debe ser todo tan malditamente complicado?, ¿Acaso solo mi única opción es presentarme en tu departamento y secuestrarte? – rió al imaginar a Candy gritando y pataleando y a Albert sacándolo a golpes del departamento – Si tan solo Albert me recordara probablemente podría convencerlo de ayudarme, pero como están las cosas no creo que lo haría – dijo con un gesto de disgusto.

Decidido a empezar a actuar de manera diferente se ducho y arreglo para salir a buscar un empleo, pues si de algo estaba seguro era de que si se presentaba ante Candy como estaba en este momento lo único que conseguiría seria que ella lo mirara con lastima y desprecio y eso si no podía ni siquiera pensarlo, mil veces prefería no verla a presentarse ante ella en estas condiciones.

Después de vagar por la ciudad encontró una pequeña compañía de teatro (teatro ambulante, pero al final teatro) y después de una pequeña charla y audición con él dueño consiguió un trabajo él cual al menos temporalmente le permitiría permanecer en la ciudad. Al salir del lugar reía al imaginar lo que todos pensarían de que la gran promesa del teatro de Broadway estuviera trabajando en una carpa de actores ambulantes.

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New York 1915.

Al recibir el telegrama de Karen, Eleonor había estado feliz al imaginar que su hijo buscaría a Candy y que esta vez no permitirá que la felicidad se le fuera de las manos, tal era su deseo de que su hijo fuera feliz que había hecho caso omiso a las misivas que Susana le enviaba solicitando que le permitiera visitarla en su casa, o invitándola a la suya para tomar el té, la veterana actriz sabia que el motivo de esa solicitud era preguntar por el paradero de Terry.

Aun cuando Eleonor estaba inmensamente agradecida con la Srita. Marlow por haber salvado la vida de su hijo, no podía evitar resentir el que el pago por ese aparentemente desinteresado acto fuera la libertad y la felicidad de su hijo Terry. Nada de lo que su hijo pudiera decirle la convencería de que había elegido a Susana sobre Candy, no cuando sus ojos contaban otra historia, no cuando su sonrisa se había ido con la pecosa.

Una madre conoce a su hijo, y ella sabía que Terry y Candy habían creído que podrían renunciar a su amor en nombre de la gratitud que sentían hacia la actriz, mientras que Susana que decía amar a su hijo, en el nombre de ese amor lo había encadenado a ella mediante la culpa. Eleonor sabía que siendo ellos tan jóvenes y no podían entender que el amor no era algo que pudiera darse o quitarse a voluntad y que con sus acciones ellos tres se estaban condenando a una vida de infelicidad y amargura (si lo sabría ella que ya lo había vivido).

Sin embargo al paso de las semanas sin recibir ninguna noticia de Terry empezó a preocuparse por lo que se comunico con unas amistades suyas en Chicago y les pidió que de manera muy discreta le informaran sobre las actividades de Candy y si es que su hijo se había puesto en contacto con ella, al enterarse de que nadie había visto ni oído nada de su hijo, decidió comunicarse con Candy y preguntarle si sabía algo sobre Terry, grande había sido su sorpresa al recibir la respuesta de Candy donde le decía que no sabía de él desde que se despidieron en New York.

– ¿Dónde estará Terry? – se preguntaba Eleonor – ¿Si no es con Candy dónde puedes estar? – dijo mientras preparaba su maleta decidida a salir a buscarlo.

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Cuando Terry le informo que se iría por varias semana de gira decidió que para cuando él volviera ella le daría la sorpresa de verla de pie por sí misma, estaba decidida a ser la misma Susana de antes, tomaría las riendas de su vida en sus manos, volvería a ser la chica alegre que fue y lograría que se enamorara de ella y finalmente olvidara a esa Candy. Con eso en mente lo había despedido con una gran sonrisa diciéndole que le alegraba mucho que estuvieran teniendo tanto éxito con la obra, solo le pidió que le escribiera de vez en cuando para que al menos a través de sus cartas pudiera vivir un poco del éxito de la obra, lo que ella en realidad quería era que el no olvidara que era gracias a ella y a su sacrificio que él podía disfrutar del éxito y el aplauso del público, no podía permitir que el olvidara que le debía la vida, y que esa deuda lo ligaba a ella de por vida.

Ahora sin embargo cada vez estaba más desesperada pues en todo el tiempo de la gira Terry solo le escribió una vez y fue una pequeña nota en la que básicamente solo le informo en que ciudad están y que todo iba bien con la gira. La fecha en la que se supone volvería fue semanas atrás y él aun no se había presentado a verla, cada día envió a su criada a su departamento y cada día la respuesta había sido la misma, él aun no regresaba, cuando intento comunicarse con su madre ella había hecho caso omiso de sus misivas, de hecho le dijeron que estaba fuera de la ciudad por lo que sus últimos recados ni siquiera los recibieron en su domicilio, en el teatro solo averiguó que después del último día de la gira Terry había partido sin despedirse y sin decir nada a nadie.

Cada día que pasaba estaba más frustrada pues la terapia parecía que no avanzaba, por más que se esforzaba decidida a salir de esa maldita encierro el destino parecía decidido a mantenerla atada a esa silla de ruedas.

– ¡Maldita Candy seguro está con ella! – pensaba llena de ira – ¡Ella juro que nos dejaría ser felices!, si tengo que hacerlo, llorare y suplicare para que ella se vaya de nuevo, tiene que entender que he perdido demasiado por él, ella me lo debe, los dos me lo deben, ¡No permitiré que se burlen de mi!

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Princeton Illinois. 1915

Después de casi dos días en ese maldito tren su estado de ánimo era por decir lo menos sombrío, Al llegarle las noticias de donde y en qué condiciones se encontraba su hijo Richard Grandchester, descarto todos los planes que había hecho. Decidido a traerlo de regreso con él fuera por las buenas o por las malas, estaba preparado para hacer los sacrificios necesarios para enderezar el desastre que su hijo había hecho con su vida – Así eso signifique ganar tu odio, no permitiré que arruines tu vida – se dijo con gran determinación – Si te deje venir a América fue para que fueras feliz y alcanzaras tus sueños, no para que hicieras de ti mismo un hazmerreir – pensaba muy molesto mientras bajaba del tren. Si había algo que el duque no podía perdonar era un espíritu débil y eso era lo que su hijo había demostrado tener. Si bien no había podido dar a Terrence mucho amor en su niñez, si se aseguro que fuera consciente de quién era y cuál era su lugar en el mundo, como hijo de un duque debía mantener siempre presente que ellos eran nobles, estaban destinados a mandar sobre la vida de otros, merecían obediencia y respeto. Siempre dijo a sus hijos que un aristócrata debía caminar con la cabeza en alto sin mostrar ninguna debilidad aun cuando se dirigiera hacia la guillotina, ese es el orgullo y el temple que siempre mostró y enseño a sus hijos a mostrar ante cualquier situación.

– Ahora entiendo que me equivoque al dejarte venir, aun eres demasiado joven e inmaduro para saber lo que quieres en la vida Terrence, aun no eres un hombre, solo eres un chiquillo que al verse superado por los problemas huye – pensaba ya dentro del carruaje.

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A pocos kilómetros de donde se encontraba el duque una linda chica rubia salía de un hospital con un semblante muy preocupado en su rostro, después de haberlo buscado por muchos días aun no tenía ni una pista de donde podría estar Albert, lo que más le preocupaba eran esos repentinos desmayos que tenía, no era bueno para él regresar a su vida de trotamundos cuando aún no había recuperado del todo su salud, además ella se había acostumbrado a tenerlo cerca, era como un hermano mayor para ella, alguien que podía reconfortarla con buenos consejos, que nunca la juzgaba y que siempre estaba ahí para darle un abrazo cuando lo necesitaba. Cada vez que entraba a algún hospital o clínica un miedo muy grande se albergaba en su corazón, era extraño cuan ambiguos eran sus sentimientos, por un lado deseaba encontrarlo y por el otro temía que le dijeran que estaba ahí y que estaba herido o algo peor – ¿Cómo pudiste hacerme esto Albert?, ¿Acaso no pensaste que estaría muerta de preocupación al no saber de ti?, ¿Como pueden ser los hombres todos unos malditos inconscientes que dejan a las personas que los aman tan fácil y sin ningún remordimiento? – dijo pensando en Stear, Albert y él.

Varios día atrás había recibido un telegrama de la madre de Terry en la que le preguntaba si había visto o escuchado hablar de su hijo, le pedía comunicarle cualquier cosa que supiera de él pues hace semanas no sabía nada de Terry.

– ¿Cómo puede una chica estar tranquila con todos estos problemas rondándole? – se preguntaba a sí misma – ¡Te extraño Albert!, por favor vuelve, cualquier problema que tengas podemos solucionarlo juntos – decía al viento mientras seguía caminando por las calles muy preocupada – Y por si fuera poco tengo que cuidarme del indeseable de Neil, como es posible que aun no haya entendido que lo quiero lo más lejos posible de mi – pensaba Candy – ¿A quién quieres engañar Candy?, lo que a ti te tiene tan intranquila es ese telegrama de la madre de Terry – se regaño la pecosa - ¿Cómo pudo haber desaparecido Terry?, ¿Realmente abandono New York, el teatro y a Susana?, ¡No lo entiendo!, ¿Qué diablos pasa por su cabeza?

A lo lejos vio un grupo de personas entrando en una pequeña carpa, decidió acercarse en caso de que Albert pudiera estar ahí, o que alguien lo hubiera visto. Después de todo ya había preguntado en casi todos los establecimientos cercanos.

Cuán grande fue la sorpresa de Candy al entrar en esa carpa – ¿Y ahora qué hago? – se preguntaba la pecosa mientras veía a la última persona que esperaba encontrar en ese lugar.

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Bueno hasta aquí este capítulo. Saludos.