Konnichiwa! Bueno, a pesar de que son miseria y compañia la gente que deja reviews, voy a continuar (:

Espero que os guste.


Capitulo 3:

-¡Matthew! - gritó el francés cuando entro en el bar. Arthur arrufó las cejas pero abrió la boca sorprendido al ver que aparecía un chico rubio que se parecía mucho a...

-¿Alfred?- murmuró sorprendido el inglés. Tanto Francis como Matthew miraron a Arthur quien estaba confundido.

-No... Me llamo Matthew, soy el hermano de Alfred.- se presentó el chico.- ¿Como es que lo conoces?

-¿Y quien es Alfred?- preguntó el francés sintiéndose excluido.

-Mi hermano.

-Mi ex-novio.- contestó el inglés bajando la cabeza. El francés y Matthew se quedaron con la boca abierta.

-Oh... Bueno, vayamos a sentarnos a una mesa.- dijo el francés rompiendo aquella tensa situación. Arthur asintió con la cabeza y los dos se fueron a una mesa al lado de la ventana. Arthur se mordía el labio con un gesto nervioso mientras que el francés jugaba con sus propios dedos.

-¿De que conoces a Matthew?- le preguntó Arthur a Francis. Este levantó la vista y le miro.

-Bueno, vino a buscar empleo aquí así que nos hicimos amigos.

-¿Esto es tuyo?- dijo el inglés mirando como era el café. Típico parisino y acogedor, estaba bastante lleno así que el café tenía éxito. - Oh... Lo siento, no me he fijado en como se llamaba.

-Se llama "La rue de Paris". - dijo el francés con una sonrisa. - ¿Sabes por que le puse este nombre?

-Porque... ¿Te gusta París?- probó el inglés. Francis negó con la cabeza.

-Mi madre siempre había querido tener un café, pero nunca pudo y siempre decía que le pondría este nombre. Así que se lo puse.

-¿Tu madre está muerta?

-¡Non! Está vivita y coleando en un pueblo del sur de Francia.- rió el francés. El inglés bajo la vista avergonzado de haber dicho tal cosa.

-Lo siento.- murmuró.

-No pasa nada, me he puesto muy melancólico, normal que te imaginarás que estaba muerta.- le excusó el francés. Los dos se sonrieron levemente cuando Matthew se les acercó.

-¿Que deseáis?- les preguntó.

-Yo un café au lait ¿y tu?- pidió el francés.

-¿Un té?

-¿Cual?

-¿Tenéis Earl Grey?- Matthew asintió y apuntó el pedido, marchándose con una sonrisa. - ¿Sois buenos amigos?- le preguntó el inglés al francés. Francis asintió y le sonrió apoyando su cabeza en su mano.

-Es muy buen chico.

-El contrario de su hermano.- masculló Arthur. Francis alzó las cejas. - Me vine aquí París cuando él me dejo. - le explicó.

-¿Por que lo hizo? Eres hermoso.- coqueteó el francés. Arthur no pudo evitar sonrojarse pero aún así miro acusador al francés.

-Dijo que ya no me quería más, eso es todo. Sospecho de que había alguien más, pero no lo se.- suspiró el inglés y miro el francés quien tenía una cara de decepción.- ¡¿Pero que esperabas?! ¿Una ruptura dramática? Pues siento decepcionarte.- masculló el inglés. Francis rió y miro como Matthew se acercaba con lo que habían pedido. Le dieron las gracias y empezaron a tomar cada uno de sus respectivas bebidas, mientras ambos miraban por la ventana. Podía ver la gente pasear por fuera, algunos caminaban con prisa mientras otros se tomaban su tiempo mirando cada escaparate. La ciudad de París se empezaba a adormecer y había más poca gente por las calles, el viento frío del invierno se hacías más notorio a aquellas horas, y parecía que la temperatura de la ciudad había bajado unos cuantos grados.

-Dicen que esta noche lloverá.- comentó el francés.

-Espero que no...- musitó el inglés.

-¿Y eso? ¿No llueve todo el tiempo en tu país?

-Sí, no es con la lluvia que tengo problema pero es que hace tanto frío que seguramente no sería lluvia si no nieve y odio la nieve.- le aclaró.

-Oh... Pero si París nevado es hermoso.

-Sí, pero no me gusta, cuesta de moverse con la nieve y todo se colapsa. Es horroroso.

-No sabes apreciar la hermosura de las pequeñas cosas Arthur, debes aprender a ver las cosas de otro modo.- le aconsejó Francis. Arthur entrecerró los ojos y puso morros.

-Que sabrás tú... Ni siquiera me conoces.

-Seguramente te conozco más yo que algunos de tus amigos. Dime ¿Quien conoces aquí en París?- le preguntó el francés antes de dar otro sorbo a su café. El inglés resiguió con sus dedos los dibujos de la humeante taza de té y tumbó la cabeza a un lado.

-A ti.- contestó secamente.

-¿Nadie más?

-Nadie más.

-¿Cuanto hace que estás aquí?- el inglés subió la vista y después suspiró empezando a murmurar por él mismo.

-Pues mas o menos, unos cuatro meses.- contestó antes de dar un sorbo al té. El francés entreabrió la boca y alzó las cejas.

-Pues hace bastante tiempo ya, eres muy insociable.- rió el francés haciendo que el inglés se molestará.

-Quizás sí.- se resigno Arthur. Francis suspiró y negó con la cabeza.

-Te oí hablar francés con tu cliente, ¿Por que me dijiste que no lo sabías hablar?- le preguntó el francés. El inglés se mordió el labio y se sonrojó.

-Mi francés... Es muy malo. Me sale mucho acento.- murmuró. El francés rió y asintió con la cabeza.

-Se tiene que reconocer que sí. Tu acento es horroroso.

-¡Eh! ¡Tu también tienes un acento horroroso en el inglés!

-Eh, tranquilo chèri, a mi me gusta tu acento.- le canturreó el francés mientras le agarraba de la barbilla y le guiñaba un ojo. El inglés se sonrojó y apartó la mano del francés.

Francis pagó la cuenta a pesar de las quejas del inglés, y salieron del café. Francis no dijo nada, le cogió la mano a Arthur y empezó a caminar arrastrándolo detrás suyo. Arthur se dejo ir de la mano del francés pero continuo paseando a su lado. El inglés no tenía ni idea de dónde iban, pero sin saber porqué, confiaba en aquel estúpido francés, quizás incluso más de lo que había confiado en Alfred. Caminando lentamente el inglés se fijo que habían llegado en el mismo parque dónde se conocieron. Alzó una ceja y miro el francés, pero este continuaba andando tranquilamente. Le siguió hasta que el francés se sentó en un banco y tocó el sitio que quedaba a su lado para que el inglés se sentase allí. Arthur se sentó y puso sus manos en los bolsillos del abrigo que llevaba.

-¿No es romántico?- comentó el francés. Arthur no pudo evitar sonrojarse ante el comentario y la situación. Si que lo era, en el parque solo quedaban dos parejas que caminaban bajo el cielo sin estrellas de París, pero aún así nada quedaba a oscuras, por algo la llamaban la ciudad de las luces.

-Idiota, sería romántico si estuviéramos con la persona que amamos.- espetó el inglés. El francés rió, se acercó un poco al inglés y le acarició la mejilla.

-Yo lo estoy.

-¡Nos conocemos de hace un solo día!

-¿Y? Me conozco suficiente para decir cuando estoy enamorado.- discutió Francis. Arthur verdaderamente estaba sorprendido por haber encontrado una persona como Francis, un estereotipo exacto de como la gente pensaba que eran los franceses. Arthur rió.

-Eres idiota.

-Sí, un idiota enamorado.

-¿Quieres dejar el temita?- se quejó el inglés, un poco incómodo.

-Hablame en francés, vamos.- le pidió Francis. El inglés le miro extrañado.

-¿P-por?

-Me gustaba como sonaba en tu boca. Vamos, dime algo.- le pidió el francés. El inglés negó con la cabeza mientras sacaba las manos de los bolsillos y cruzaba los brazos, como si fuera un niño pequeño con una rabieta. - Oh vamos, chèri.

-¡¿Crees que no se lo que significa esa maldita palabra?!- se exasperó el francés.

-¿El que? ¿Chèri? ¿Que pasa con ella?

-Pues que no es normal que me lo digas a mi.

-¿Y eso?

-Pues, prácticamente no nos conocemos. No es normal, al menos para mí, no.- se quejó el inglés, levantándose. El francés cruzó las piernas y sonrió.

-Para mi lo es. Se lo digo a todo el mundo.- Arthur sin querer, sintió que una punzada de celos y dolor le atravesar, sin saber la razón, cosa que le molestó aún más. Apretó los labios haciendo que fuesen una fina línea y se giro hacía el francés.

-Me vuelvo a casa.- gruñó el inglés.

-¿Dónde vives? Te puedo llevar en coche, lo tengo aparcado delante del café. - el inglés negó con la cabeza.

-Voy en metro. Tengo que volver a la librería.- musitó el inglés nerviosamente.

-Oh vamos, amour, deja que te lleve.

-¡De acuerdo, de acuerdo! Serás molesto...- gruñó. El francés sonrió triunfante antes de volver a tomarlo de la mano. El inglés se zafó del agarre y cruzó los brazos durante todo el trayecto, avergonzado de las acciones del francés. Durante el trayecto en coche el inglés se limitó a mirar por la ventana las luces de la ciudad, como la gente que quedaba se iba a su casa. Unas minúsculas gotitas de agua empezaron a caer, haciendo que el inglés frunciese el ceño. Una vez llegaron el inglés salió rápidamente del coche para refugiarse de la lluvia dentro de su librería, abriéndola tan rápida como pudo. El francés le siguió y cerró la puerta detrás de él. - ¿Por que entras?- le espetó el inglés.

-Ah, creí que te querrías despedir de mi.- dijo el francés con inocencia. - Y me darías las gracias por hacerte pasar una tarde fantástica.- el inglés alzó una ceja y después de sacarse el abrigo dejo ir una risa socarrona.

-Tarde fantástica..- musitó. El francés se acercó sigilosamente por detrás y le abrazó. Arthur se sobresaltó y se quitó el inglés de encima tan rápido como pudo.

-¿No quieres que te lleve a casa?

-No, no, quiero hacer unas cosas aquí. Tu vete.- musitó el inglés con nerviosismo. El francés asintió, se acercó a Arthur y le dio un beso en la mejilla haciendo que el último se sonrojará.

-Au revoir, chèri.


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