Un mal amanecer


El sonido del timbre la despertó. Se incorporó de golpe y su cuerpo reclamó ante repentino movimiento, así que en lugar de levantarse presurosa decidió mantenerse quieta unos momentos más. Se desperezó estirando los brazos y cuello, en el cual sintió un dolor que la hizo soltar un gruñido; consecuencias de quedarse dormida en el sofá. Su mirada enfocó lo que había en la mesita frente a ella y no pudo evitar fruncir el ceño. La botella de whiskey con no más de un trago en su interior reposaba sobre la mesa, a su lado dos vasos de boca ancha vacíos; por un momento creyó haber sido ella quien tomó todo ese alcohol, pero desechó la idea al ser consciente de que de haberlo hecho un horrible dolor de cabeza se sumaría a sus dolencias típicas de un incómodo sueño.

El timbre volvió a sonar y esta vez sí se levantó de un brinco, había olvidado que alguien estaba en la puerta. Caminó hasta la entrada y cuando estaba a punto de abrir miró de reojo su reflejo en el espejo ubicado justo en el pequeño vestíbulo. No le sorprendía que luciera tan mal. Su cabello era un completo desastre, la cinta que usaba para atarlo en un despreocupado moño se había enredado entre los mechones y al intentar sacarla parecía que sólo conseguía enredarla más. Su piel estaba pálida y sin vida y si bien no era de usar mucho maquillaje, hubiera querido tener un poco para cubrir las oscuras ojeras bajo sus ojos. Su ropa no ayudaba tampoco, estaba totalmente arrugada y no recordaba haberse cambiado desde que recibió la horrible noticia hace tres días.

El timbre sonó por tercera vez y Hermione se llevó la mano al pecho y contuvo la respiración al ser tomada por sorpresa, de nuevo había olvidado que alguien había tocado. Dejó de pensar en lo mal que se veía, después de todo no esperaba que otros esperaran que se viera muy vivaz después de lo ocurrido, y abrió la puerta.

Un hombre moreno esperaba del otro lado, con cabello negro casi a rapa, vestido tan formal como siempre con uno de aquellos trajes italianos que solía presumirle y con esa sugerente mirada verde limón que aparecía siempre que tenía una mujer frente a él, a la cual, esta vez, le faltaba la sonrisa tan seductora que completaba su "táctica Zabini para llevar mujeres a la cama". La ausencia de esa sonrisa era más que entendible, ella no era la única que sufría la pérdida de sus amigos.

—Te ves horrible —dijo Zabini.

—Gracias, Blaise, siempre he dicho que eres encantador —dijo Hermione, sarcástica.

El moreno sonrió un poco, aunque incluso esa sonrisa parecía llena de tristeza. Hermione se hizo a un lado y le indicó que pasara.

—No lo tomes a mal, pero, ¿qué haces aquí? —preguntó Hermione, cerrando la puerta y mirándose en el espejo, intentando de nuevo sacar la cinta de su cabello— El… funeral es en dos días y siendo sincera no tengo ánimo de ver a na… —dio un fuerte tirón, pero sólo logró lastimarse al arrancar un par de cabellos— ¡Mierda! —exclamó harta.

Blaise rodó los ojos, sacó su varita y apuntando a la castaña murmuró un hechizo que desenredó su cabello, liberando de paso la cinta. Hermione lo miró agradecida y soltó un suspiro, se sentía demasiado cansada para recién haber despertado.

—Estoy aquí por varias razones —comenzó Blaise—. La primera, bueno, para salvarte del monstruo en tu cabeza —Hermione rodó los ojos—, la segunda, para cerciorarme de que Draco y tú no se han asesinado y la tercera, porque Draco me avisó anoche que necesitaban un abogado.

Hermione tardó menos de dos segundos en armarse toda una idea en la cabeza, idea que iba contra el rubio. Sin decir nada, la castaña frunció la nariz y los labios y sus manos se cerraron en puño; Blaise supo lo que se avecinaba al verla así. Hermione subió la escalera dando fuertes pisadas, el moreno iba tras ella.

En el primer piso estaba la amplia estancia con una elegante sala, alrededor seis puertas; Hermione sólo sabía que había detrás de dos. Primero se dirigió a la habitación de Albus para revisar si seguía dormido, después abrió otras dos puertas: una era una sala de entretenimiento, idea de Harry seguramente, y la otra una sala de diseño, de Pansy, por supuesto. Cuando llegó a la puerta del dormitorio de sus amigos se detuvo, su mano en el pomo, no fue capaz de girarla y entrar; Malfoy no estaría ahí así que no había razón para revisar. Una de las dos puertas restantes se abrió y el rubio salió, luciendo tan bien como siempre parecían lucir las serpientes. Incluso recordaba lo bien que se veía Pansy estando ya en su octavo mes de embarazo.

—Zabini —dijo Draco a modo de saludo.

Hermione al escucharlo dejó de lado el recuerdo de su amiga y fue directo al rubio.

— ¡Eres un idiota! —gritó la castaña.

Draco se vio realmente sorprendido al escucharla, ¿qué mierda había hecho ahora?

Hermione iba dispuesta a golpearlo, tenía magia, sí, pero estaba segura de que nada se sentiría mejor que un puñetazo en su aristocrática cara, igual que en tercer año. Sin embargo, antes de que cualquier golpe fuera lanzado, Blaise la detuvo interponiéndose entre ambos.

—Bueno, ya que estamos todos aquí… ¿por qué no bajamos para hablar sobre el asunto más importante de todo esto y, de paso, preparamos algo de desayunar? —dijo Blaise.

Hermione lo miró, el moreno creyó que terminaría siendo él quien recibiera el golpe, pero, después de una mirada de odio hacia Draco, la castaña dio media vuelta y bajó por las escaleras rumbo a la cocina. Blaise miró al rubio y éste sólo se encogió de hombros.

—Está loca —dijo Draco, después camino pasando junto al moreno y siguiendo el mismo camino que la chica.

Zabini soltó un largo suspiro, todo sería más difícil de lo que imaginó. El sonido de un plato rompiéndose en la cocina seguido de gritos por parte de ambos lo hizo soltar un suspiro aún más largo. Todo iba a ser muy, muy, muy difícil.

Cuando el moreno llegó a la cocina Draco y Hermione estaban de pie, cruzados de brazos y queriendo matar al otro con la mirada, en esquinas totalmente separadas. Había platos y vasos rotos cerca de ambos, además de las manchas de ¿comida? en sus ropas y cabello.

— ¿En serio? ¿Comida? ¿Se atacaron con comida? —soltó Blaise, comenzando a estresarse por la actitud tan infantil y ridícula de sus amigos.

— ¿Preferías que fueran maldiciones? —dijo Draco, sacando su varita y limpiando su cabello y ropa. Hermione hizo lo mismo, pero sin decir nada.

—Siempre creí que los primeros meses de un matrimonio eran los mejores, pero ustedes no llevan ni un día juntos y ya quieren matarse —dijo Blaise, sentándose en una de las sillas altas de la gran isla en el centro de la cocina.

—Si lo ves desde una perspectiva más general… —se escuchó una voz entrando a la cocina— siete años de peleas en Hogwarts más cuatro años desde entonces… —Theodore Nott hizo acto de presencia y se sentó junto al moreno—, serían como once años de un mal matrimonio.

— ¿Cómo entraste? —preguntó Draco, ignorando lo que había dicho.

—La puerta estaba abierta —respondió Theo, encogiéndose de hombros y tomando una manzana del frutero sobre la barra.

—Vaya, Granger, si alguien quisiera venir y llevarse a Albus por la fuerza no se lo pones nada fácil —dijo Draco, cargado de sarcasmo.

—Pues tal vez habría puesto atención en cerrar la puerta si tú no me hubieras molestado a los dos minutos de haber despertado —recriminó Hermione.

—Yo ni siquiera estaba ahí cuando despertaste.

—Peor aún, eres tan molesto que no hace falta que estés presente para fastidiarme.

— ¿Y puedo saber que se supone que hice para molestarte? —preguntó Draco, cruzándose de brazos.

— ¡Eso! —exclamó Hermione, señalando a Zabini.

Blaise abrió la boca y llevó una mano a su pecho, entre ofendido y divertido. A decir verdad, las discusiones entre esos dos siempre lo divertían.

—No es nada contra ti, Blaise, pero no me parece que Malfoy tome decisiones sin consultarme —dijo la castaña al ver al moreno ofendido.

—Descuida, Granger, sé que me amas, pero gracias por aclararlo —Blaise sonrió ampliamente y guiñando un ojo se levantó para dirigirse al refrigerador en busca de comida.

Hermione rodó los ojos, pero sonrió, después de cuatro años trabajando juntos en el Ministerio ya estaba acostumbrada a los comentarios del moreno.

—Entonces, ¿por qué te molestas si estás tan feliz con Blaise? —recriminó Draco.

—Porque también soy parte de esto —comenzó Hermione—. Albus también está bajo mi custodia y cualquier decisión que se tenga que tomar con relación a él será tomada entre ambos.

—Tú no puedes representar este caso porque estás muy involucrada personalmente, así que supuse que el abogado que podía ayudarnos era Blaise —explicó Draco—. Siendo uno de mis mejores amigos y compañero tuyo, creí que era la decisión que se tomaría.

—Claro que es la decisión que se iba a tomar —aseguró Hermione.

— ¡¿Entonces por qué mierda me reclamas?! —explotó Draco, esa mujer lograba sacarlo de quicio demasiado rápido.

— ¡Porque no lo acordamos antes! —replicó ella.

Blaise y Theo, divertidos con la discusión, parecían mirar un partido de tenis moviendo su mirada de Draco a Hermione y de regreso.

— ¡Mas bien porque eres insoportable!

— ¡Y tú un malcriado!

— ¡Y tú una estúpida loca!

— ¡Y tú un desgraciado egocéntrico!

Draco la apuntó con su varita rápidamente, Hermione lo imitó. La sonrisa se borró del rostro de Nott y Zabini.

Varitas en alto.

Hechizos naciendo en sus labios.

Blaise y Theo queriendo detenerlos.

¡Ahhhhhhhhhh!

El chillido de Albus se escuchó desde el piso de arriba. Todos voltearon hacia la entrada de la cocina. Draco y Hermione guardaron sus varitas y ella se encaminó a la entrada para ir en busca del pequeño. Ninguno dijo nada hasta que la mujer desapareció por las escaleras, incluso estaban conteniendo la respiración temiendo que algún movimiento en falso los convirtiera en blanco de la varita de la castaña.

—Esto será mucho más difícil de lo que creí —dijo Blaise, sacando un par de huevos del refrigerador. Después comenzó a buscar un sartén para preparar un omelet.

Draco se dejó caer en una de las sillas y se llevó las manos a la cabeza, desesperado por la situación. ¿Cómo mantendrían a Albus con ellos si no eran capaces de estar en paz en el mismo lugar por dos minutos?

Theo le tendió una petaca que sacó del interior de su saco. Draco la tomó sin pensar y le dio un trago, enseguida sintió el raspón del alcohol en su garganta, era vodka, aunque uno muy fuerte, no era amante del vodka, pero la noche anterior se había terminado la botella de Whiskey de Fuego. Dio otro trago y sintió un mareo, ¿qué clase de vodka era ese? Frunció el ceño y se fijó en su amigo, no lo había notado al entrar, pero Nott parecía… ¿ebrio?

—Nott —lo llamó, pero Theo parecía perdido en sus propios pensamientos—, Nott… ¡Theo! —exclamó, golpeando su hombro.

El ojiazul reaccionó y centró su mirada en el rubio. Sus ojos estaban rojos y cristalinos, los cerraba con fuerza y volvía a abrirlos rápidamente, además de fruncir el ceño, como si no pudiera enfocar lo que estaba frente a él; clara señal de que había tomado más de lo debido. Zabini depresivo aparecía en su punto más alto de ebriedad, Malfoy era extremadamente sincero y Nott… Nott se volvía grosero, muy grosero, pero antes de llegar a ese punto venía la mala visión.

— ¿Por qué mierda estás tan ebrio? —preguntó Draco, un tanto preocupado, pues sólo lo había visto así una vez.

— ¿Qué por qué mierda estoy tan jodidamente ebrio? —repitió Theo, aun tratando de enfocar al rubio— Te diré porque estoy tan jodidamente ebrio —una sonrisa se formó en su rostro, Draco se preocupó aún más—. Estoy tan ebrio porque… ven —Theo se inclinó hacia Draco—, ven —repitió, como si no quisiera que nadie más lo escuchara, el rubio rodó los ojos y se acercó—. Estoy ebrio porque… —murmuró cerca del oído de Draco, éste el olor de alcohol llegó hasta su nariz— ¡voy a ser padre! —gritó.

Draco se alejó por el repentino grito y se llevó una mano al oído.

— ¡Maldita sea, Nott! —recriminó Draco.

— ¡¿Qué?! —se escucharon dos gritos más.

Blaise miraba a Nott con incredulidad. Hermione había vuelto y traía al pequeño Albus entre sus brazos.

— ¿Cómo que vas a ser padre? Yo creía que tú…

—Sí, Granger, lo sé, lo sé, lo sé —dijo Theo, asintiendo varias veces con la cabeza, al menos el alcohol no afectaba su dicción—, por eso tomé una de las botellas de ese horrible vodka polaco que mi maldito padre solía tomar cada que… bueno… siempre —trató de tomar la petaca de las manos de Draco, pero éste se lo impidió.

—Por Salazar, Theo, no vas a tomar más —dijo el rubio.

— ¡Hey! ¡Dámela! —exclamó Nott, queriendo alcanzar la petaca.

Malfoy se lo quitó de encima y se alejó de él, fue hacía el fregadero y vació lo que quedaba de vodka.

— ¿Qué está pasando, Theo? —preguntó Blaise, dejando el omelet preparándose solo en la estufa.

— ¿Que qué está pasando? —repitió el ojiazul— Pasa que mi puta novia, la muy puta —dijo con hastío, ya comenzaba con las groserías—, me fue infiel, sí, la maldita perra cogió con otro algún malnacido que la dejó embarazada y la maldita de mierda me dijo que yo era el jodido padre, ¡¿cree que soy idiota?! —gritó, golpeando la barra con fuerza.

Albus comenzó a llorar, asustado de ver a su siempre tranquilo tío Theo así. Hermione trató de calmarlo.

— ¿Ella no lo sabía? ¿No le dijiste que tú…? —preguntó Draco.

— ¿No es malditamente obvio que no? —dijo Theo.

Albus seguía llorando así que, viendo que Nott no se calmaría pronto, Hermione salió de la cocina. Malfoy y Blaise eran sus mejores amigos, tal vez estando sólo ellos dos lograrían tranquilizarlo.

—Está bien, Theo, esa mujer es una maldita hija de perra, pero ya terminaron así que no ha…

—No he terminado con ella —aclaró Theo.

— ¿Qué? —soltó Draco.

—No la voy a dejar ir tan jodidamente fácil, es una perra desgraciada que cree que puede hacer lo que mierda quiera conmigo y verme la maldita cara de estúpido, ¡pues no es así! —exclamó Nott— La ramera va a sufrir —su voz era extrañamente peligrosa.

—Theo, tranquilízate, ¿de acuerdo? —pidió Blaise.

— ¡No! ¡¿Qué no lo entiendes?! —Theo gritaba, pero no se había levantado de su lugar, por suerte no era un borracho agresivo— La maldita puta perra me engañó y como no sabe que yo soy completamente infértil quiere aprovecharse, es… es…

La llama en la estufa se expandió, quemando por completo el omelet, debido al repentino ataque de magia inconsciente de Nott.

— ¡Joder, Nott, arruinaste mi desayuno! —reclamó Blaise, apagando el fuego con un Aguamenti.

Pero Theo ya no lo escuchaba, había terminado de descargar su cólera con esa explosión de magia y cayó dormido sobre la isla.

—Vaya, nunca lo había visto tan molesto —dijo Blaise.

Draco estuvo de acuerdo, ni siquiera cuando había recibido la Marca Tenebrosa, única ocasión en que lo había visto tan borracho, había estado tan enojado. Aunque dudaba que el engaño de su novia fuera la única razón por la que había tomado tanto. Sintió una punzada en el pecho y un nudo en su garganta al pensar en la otra posible razón: Pansy.

—Al menos ya llegó a un nuevo nivel de ebriedad, magia involuntaria para después quedarse dormido —dijo Blaise.

Y Draco también estuvo de acuerdo con eso.