Cóodigo azul
3: ¿Qué vamos a hacer?
La sensación de "ahora o nunca" le vino poco después de la charla con Todoroki.
¿Qué más iba a esperar? Quizás algo pasaba en la semana de prácticas y terminaba sin poder decirle nada. La incertidumbre era algo que detestaba, y que le hacía perder concentración. Necesitaba dejar en claro el terreno que estaba pisando antes de poder seguir con su existencia.
Por eso, apenas salió del ciudado de Recovery Girl, aún algo adormilado, buscó a Aizawa. Al verlo el pico de adrenalina le dio algo de lucidez, y lo dijo de pronto, antes de arrepentirse.
-¿Aizawa-sensei?
El susodicho se detuvo, y por un segundo no se movió.
-¿Sí, Midoriya?- preguntó, dándose a medias la vuelta.
-¿Podría hablar de algo con usted?
El adulto entrecerró los ojos.
-¿Es urgente?
-Es... - sus ojos bajaron hacia su brazo, sin poder evitarlo -Sí. Por favor- agregó, speranzado.
Aizawa pareció suspirar con cansancio.
-Ven, Midoriya- dijo, y lo llevó hacia una sala vacía.
.-.
El muchacho lo sabía.
Aún había algunas posibilidades más allá de la obvia, pero quizás no era lo que sospechaba. Nervioso, intentaba no mirarlo o no saber cómo empezar. Aizawa esperó por un tiempo, viéndolo moverse con inquietud, hasta que decidió romper el silencio.
-Midoriya, tengo cosas que hacer. O me dices lo que quieres decirme o nos veremos en clase.
-¡S-sí!- le salió algo más fuerte de lo que pensaba, y se tapó la boca con una mano vendada. Luego miró hacia un costado -Es sobre... su marca, señor.
Ah, ahí estaba.
-Cuando sucedió lo de la USJ... vi que tenía una en el brazo.
-Y si nadie lo sabe es porque quiero que así continúe- lo miró, serio, y con voz firme -Mientras menos sepan de mí, mejor será- Midoriya no era de los que chuchicheaban, comentando sobre la vida amorosa de otras personas -¿Qué pasa con eso?
-Señor... yo... quería preguntarle... No, aún no- cerró los ojos y se llevó una mano al pelo enmarañado de rulos verdes -Yo... sé quién tiene la otra marca. E-es decir...
-Lo mejor que puede pasar es que la persona con la marca idéntica nunca lo sepa. Este mundo no es para todos, Midoriya, ya has visto algunos de sus peligros en la USJ- el otro lo miró, miró las vendas, y luego bajó la vista hacia sus manos.
-Lo sé, señor... Es sólo que... yo ya lo sé.
Silencio.
Nervioso de parte de él, a la espera de parte del adulto.
-Muéstrame evidencia o vete.
Fue ahí donde empezó a sonrojarse.
-Oh, Midoriya- dijo, tapándose la cara con la mano menos herida.
Escuchó el ruido de la silla, y después el deslizar de telas. Espió por entre los dedos de su mano y vio que algo asomaba por debajo de la ropa interior del muchacho, que se la levantaba para dejársela ver completa. Algo verde y blanco. Aún algo rojo, le estaba mostrando su marca. Una idéntica a la propia. Por debajo del hueso de la cadera, sobre la rodilla y en un sitio poco público, pero no de los peores.
Cuando vio que él lo había visto, volvió a cubrirse y a arreglarse la ropa, nervioso y sonrojado.
-Señor... ¿qué vamos a hacer?
-¿Qué esperas, un trato preferencial?
El sonrojo desapareció de repente, y su mirada se clavó en la suya, sorprendido.
-¡N-no!- dijo, rápido.
-Pues bien, porque no recibirás ninguno. Eres mi alumno y yo soy tu profesor. No eres siquiera un novato y yo soy un profesional. Eres un menor y yo soy, por mucho, mayor de edad. No tengo interés en tener nada con alguien que ni siquiera puede usar su particularidad sin romperse algo. Y por cómo te sonrojas cuando te habla una chica, ni siquiera has tenido una relación antes.
-N... no- dijo, sonrojado y con la cabeza gacha.
-Tú vivirás tu vida y yo viviré la mía, hasta que al menos dejes de causar problemas y no te rompas cada vez que usas tu particularidad. A partir de ahora, eres mi alumno y yo tu profesor, y nada más que eso, ¿has entendido?
-S-sí señor.
-¿Quieres preguntar algo más?
-No señor.
-Entonces, vete y deja de hacerte pedazos. Bastantes problemas tengo ya.
.-.
Siendo honesto, no sabía qué esperaba.
No es que estuviese buscando besos y abrazos, pero tampoco que el rechazo fuese tan directo y aplastante. O algo parecido al rechazo, porque él mismo no había propuesto nada, y nada buscaba con su alma gemela. Que no quería nada con él. Tenía tan pocas ganas de salir a la calle que entró en una sala vacía y se sentó frente a una de esas mesitas como las del área de descanso. Y era su profesor, un adulto, héroe profesional que basaba parte de su éxito en que no se supiese casi nada de su persona. Genial. Qué dúo excelente que hacían.
¿Lo había sabido antes, había visto la marca de Izuku en algún momento? Por más que siempre la mantenía oculta, era Erasehead. No sabría decirlo, porque estaba tan cubierto de vendas que no le era posible ver su expresión. Y su voz había sido firme, dura, directa. Sin lugar para dudas. Casi que comprendía su lógica, casi, pero igual le... la palabra no era dolor, ni pérdida, porque era algo que nunca había estado, pero igual le hacía notar su desagradable presencia.
¿Qué había esperado?
¿Que la situación fuese fácil?
Se miró hacia el pantalón, al sitio que cubría su marca. ¿Para qué servían, entonces? Empezó a sacar cuentas. A sus cuatro años, Aizawa debería rondar los dieciocho, más o menos. Era insano. ¿Qué habría pasado si se hubiesen encontrado en esos tiempos? ¿Habría cambiado algo lo que acababa de pasar?
¿Y qué esperaba, qué esperaba, qué suponía que había que esperar?
-¿Midoriya?
La voz lo sobresaltó. Miró hacia su dueña, y vio a Uraraka, algo mejor que la última vez que la había visto y con ese aspecto de haber pasado por Recovery Girl.
-Ah, hola- dijo, sin saber qué hacer -¿Estás mejor ahora?
-Sí, aunque algo cansada. Pensaba que te habías ido a casa ya.
-N-no. Había... algo que tenía que hacer... antes- dijo, bajando la mirada, sintiendo que su temblorosa y falsa sonrisa se esfumaba como hielo al sol.
-Si quieres, tengo dos orejas libres.
La sonrisa se hizo algo más amplia, algo más genuina.
-Se trata de... de mi alma gemela.
-¿La encontraste?- preguntó, yendo hacia él y sentándose a su lado.
-Sí... pero hay... hay cosas que a él no le...
Suspiró, intentando que no le goteasen los ojos.
-No quiere nada conmigo. Él es... un adulto, un héroe profesional, es parte del personal y... y controla mucho mejor su particularidad.
-Y pues claro, hombre. Lo acabas de decir: es adulto. Tuvo mucho más tiempo para dominar su particularidad. ¿Qué esperaba, que tú tuvieses su mismo nivel enseguida, así nomás? Y eso sin contar con lo que mencionaste de haber descubierto la tuya hace poco...
-Sí, supongo- sorbió por la nariz y un pañuelo de tela apareció en su campo de visión. Era rosa pálido. Lo tomó, agradecido, y se limpió la nariz -Es que... no sabía qué esperar, ¿sabes? Y... y me hizo acordar... tantas cosas.
Hizo silencio y la muchacha esperó, sin decir una palabra.
-Papá se fue de casa poco después que descubriesen que no tenía la cantidad de articulaciones adecuadas para tener particularidad- dijo, de golpe -Según mamá, habían sido una serie de cosas, y si no hubiese sido por eso habría sido por otra, pero... vi cómo le cambiaba la cara cuando se enteró que no tenía ninguna. Ni telekinesis ni respirar fuego ni nada. Y después aceptó que lo trasladasen a las plataformas petroleras chinas. Nos envía dinero todos los meses, pero nada más. Antes le mandaba cartas contándole cómo iba mi vida, pero luego dejé de hacerlo. Nunca respondía. Su viejo correo electrónico cerró, y cambió su número de teléfono. Y fue... difícil aceptarlo, Uraraka. Darme cuenta que fui la última gota en un vaso lleno de decepciones. Y ahora él no quiere saber nada de mí, más allá de lo que... de nuestras funciones. Es como un eco.
-Midoriya, para ahí mismo.
Levantó la cara, húmeda y llorosa.
-Mira, si ese hombre, cualquiera de los dos, no sabe apreciarte, allá ellos. Eres demasiado adorable para esa gente, que no te aprecia por todas las cosas buenas que tienes. Y lo bueno que eres. ¿Que aún no dominas tus habilidades? ¡Pues claro! Que nadie nace sabiendo, mírame a mí que aún me mareo al usarlo. Si no quiere nada con un menor, mejor. ¿O acaso sería buena gente alguien que busca a quienes no han cumplido la mayoría de edad? ¿Esa persona disfruta abusando de su poder?
-Er... no de esa forma.
-¿Y te parece que una relación entre un menor y un mayor de edad va a ser equilibrada?
-No...
-Mejor que te haya dicho que no-Midoriya, no llores, por favor-mejor, digo, porque demuestra que no es malo. Desagradable sí, pero no malo. Ha habido casos horribles que terminaron muy mal. Y él parece no querer ser así.
-C-creo que... tienes razón...
-Además, trabajas duro y tienes empuje. ¿No has visto a tu alrededor? Toda el aula siente tu energía y hace más porque tú les recuerdas que pueden.
Uraraka dijo más cosas, pero Izuku no las escuchó. Su voz se volvió un suave murmullo que lo sumió en un sopor más agradable de lo que pensaba que podría lograr.
.-.
Era su suerte.
Era su suerte y si Hizashi decía algo le iba a borrar su particularidad sin dudarlo. Al azar. Por una semana. Captó enseguida al verlo que mejor ni preguntar. Sólo le pasó una taza de té con pajita y se ocupó de lo que pudo para hacerle compañía pero no agotarlo mentalmente. Zorro astuto.
-Si se requiere, tengo dos orejas disponibles- dijo, en algún momento.
Aizawa gruñó un sí y siguió tomando su té a sorbitos.
Ese niño atolondrado lo iba a llevar a la tumba.
Él o su protector.
Suspiró con cansancio. ¿Qué iba a hacer Toshinori cuando se enterase? Con lo sobreprotector que era para con ese muchacho, casi se sorprendía de saber que no eran almas gemelas. O quizás habría sido demasiado cruel, pensó, siendo que a él no le quedaba mucho tiempo. De héroe o de vida, por cómo sangraba por la boca con más frecuencia. No quería ni imaginar cuánto iba a llorar Midoriya cuando al fin pasase.
-Si Toshinori quiere hablar conmigo, dile que no estoy- Hizashi lo miró, sin decir nada, y luego de unos segundos asintió.
Zorro astuto.
.-.
No dolía tanto.
Tanto.
Era cuestión de hacerse a la idea que no era conveniente, a su edad, ponerle demasiadas ilusiones. Tenía mucho que hacer antes que concentrarse en... lo que sea que fuese. Lo que no sabía que esperaba. Algo. Eso.
Así que dejó su angustia esa noche en su almohada, y al día siguiente se sintió mejor. No bien, pero mejor. La vida seguía. No se le podía agradar a todo el mundo. Tampoco es que quisiera, porque nunca lo iba a lograr. Era mejor concentrarse en las cosas que podía obtener, como ver qué era lo que Gran Torino quería de él. Por lo que Toshinori le había dicho, le iba a hacer mucho bien el pasar su práctica con él. Así dejaba atrás cosas poco agradables.
Necesitaba volver a ponerse en movimiento.
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Para su absoluta falta de sorpresa, Midoriya se encontró metido en medio de un problema, uno del que había salido vivo por suerte y por sus amigos. Aunque no lo iba a amonestar: bastante tenía ya con haber enfrentado al asesino de héroes y casi morir. Aunque a veces quisiera meterle algo de sentido común en esa cabeza atolondrada. ¿Por qué no podía usar su poder de análisis para buscar alternativas menos... que lo pusieran en menos... que no fuesen tan suicidas?
Si aún no se había decidido a irse, si aún quería ser un héroe, lo menos que podía hacer era no morir, o casi, en cada intento. Casi solicitó ser quien lo examinase, pero después lo pensó mejor. Yayorozu y Todoroki también tenían cosas que mejorar, y el mejor para ellos dos era él. Y tener a los dos chicos problema juntos lo iba a llevar a hacer cosas de las que después se iba a arrepentir. Que él no era ya un adolescente. Que All Migth se ocupase de su niño dorado.
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Era como intentar hablar con una pared.
Una pared que no dudaba en golpearlo cuando las cosas no salían como él quería.
Tapándose la nariz dolorida con las manos, Izuku observó a Katsuki, quien le devolvía la mirada, enfurecido. Ir solo es un suicidio, y los dos lo sabían, pero él creía que tenía una oportunidad si él, Deku, no estorbaba. Si se quedaba atrás. Mirándole la espalda hasta desaparecer en la lejanía.
Era una estupidez.
No estaban en secundaria baja, su actitud no serviría en el mundo real, y pondría en peligro a inocentes. ¿Por qué no lo veía? ¿Por qué se empecinaba en ser... a quién le recordaba? A alguien tan centrado en llegar a la cima que el resto no le importaba. Ni el precio que tuviese que pagar, él o quienes le rodeasen. No era estúpido, pero sí...
-Endeavour- dijo, bajando las manos de su cara.
-¿Qué dices, imbécil?- preguntó el otro, mirándolo con fastidio.
-¿Acaso quieres ser como él?
La pregunta pareció haberle clavado al piso, porque dejó de moverse, y su mirada cambió. La furia dio paso a algo que no era usual en Katsuki, algo tan extraño que Izuku tardó en reconocerlo.
Repugnancia.
Miedo.
-Porque esta actitud es la que él tendría en estos casos. Una sola forma de hacerlo. Sin nadie que "usurpe" tu mérito. Pero no quiero quitarte nada, Bakugo. Yo sólo quiero que los dos aprobemos, y para eso la colaboración y cooperación es indispensable. ¿Por qué te autosaboteas? ¿Acaso él te parece un modelo a seguir?
Los brazos le temblaban, haciendo que sus muñequeras-granada moviesen el líquido en su interior.
-Bakugo, solos y separados nos derrotarán. Hagamos lo más sensato, ¿quieres?
.-.
Hizashi seguía sin decir nada al respecto de él, Aizawa.
Lo que decía de él, Hizashi, era otro tema.
-Sabes que nunca pensé que ibas a ganarme- le dijo, mientras el resto del personal docente se retiraba para prepararse para los exámenes -O a obtener la tuya antes.
-No es nada positivo para mí.
-¿En serio? Por cómo te comportas, parece otra cosa, pero bueno, no es que te conozca desde hace... ¿cuánto ya? ¿Veinte años?
-Quince.
-Quince años. Y sé que no te expresas con palabras. Por eso hacemos tan buena pareja: nos compensamos. Un sol de sonido y un agujero negro que elimina particularidades.
-Lo haces sonas más épico de lo que es.
-Sabes que es épico. Somo épicos. Aunque tenemos nuestras formas personales de demostrarlo, esos chicos confían en ti. Vi lo que hiciste con Yayorozu. No eres de hielo ni de piedra. Tienes tu corazoncito, aunque lo escondas bien. Y les haces bien a tus alumnos.
-Alguien tiene que prepararlos para que no se encuentren de cara con el mundo real.
-¿Y acaso lo de la USJ no lo fue? Si eso no fue épico de tu parte, hombre, nada lo es.
-Hubo heridos.
-Y podría haber habido muertes, pero no, sólo un par de adultos y un alumno herido. No es perfecto pero era lo humanamente posible.
-Y luego me darás un café con bombones de gatitos- se echó hacia atrás en la silla, mirando hacia arriba.
-Bueno, es que si están frente a ti, no hay racionalización que valga. Además, no son sólo una cara bonita, sino que son sabrosos. Y adorables. Y eres más soportable cuando hay cosas felinas cerca.
Se le pasó por la cabeza un par de orejas de gato negro saliendo de una enrulada cabeza de cabellos verdes. Se llevó una mano a la cara, tapándose la mirada, avergonzado.
-Y ya sabes, hay dos orejas disponibles de mi parte si las necesitas- terminó Hizashi, sonriendo.
.-.
La vida seguiría.
Era un acostumbrarse a una versión nueva de su antigua existencia, con muchos cambios pero algunos pilares centrales: eran lo mismo de antes pero en otro nivel. Su objetivo, de todos modos, nunca había sido encontrar a su alma gemela, sino el ser héroe. Ser un heredero digno de su ídolo de la infancia y la actualidad. No el buscar... ¿pareja, compañero, novio? Dudaba que alguien lo viese de esa manera.
Después de todo, el resto de la clase era genial. Hasta Mineta, que no parecía ser su idea de héroe, había demostrado que era capaz de ser asombroso, astuto, creativo. ¿Pero él? A veces se sentía como si le estuviese quitando el sitio a alguien que se lo merecía más, como Shinsou o Shiozaki. Hasta sabía de qué héroes podrían ser compañeros, ¿pero él? Se sentía tan distunto a veces que no sabía por qué le permitían seguir allí.
Y más sabiendo que, a veces, sobraba. O no ocultaban que sobraba, como cuando quedó solo para la prueba de valor en el bosque. Aizawa-sensei se había llevado a quienes reprobaron el examen a un aula, para repaso, y no era que le importase, o que debiese importarle, pero el ir solo casi anulaba el propósito de la prueba de valor.
Sólo esperaba que no pasasen más cosas problemáticas en el campamento.
.-.
El concentrarse sólo en él perjudicaba al resto de sus alumnos.
Era como si fuese un director de orquesta, escuchando sólo el piano y dejando de evaluar al resto de forma justa, para que evolucionasen y se preparasen para el futuro. Midoriya no iba a tener trato preferencial, no iba a arriesgar las vidas del resto por él. Y el muchacho parecía comprenderlo. Al menos había dejado de esquivar su mirada, o de mirarlo de forma extraña. Quizás no fuese tan problemático ahora, pero seguía siendo fuente de problemas.
Como cuando lo vio hecho pedazos, literal y metafóricamente.
Con sus brazos a la miseria, llorando sin consuelo porque Bakugo había sido secuestrado. Le contó todo lo que pudo, calmándose como pudo, y Aizawa sintió que había fallado. Les había fallado a ellos, a sus familias, a la sociedad entera. Sus alumnos de nuevo habían resultado heridos, Midoriya de gravedad, Bakugo había sido secuestrado y, por lo que averiguó, podrían haberse llevado a más.
Cuando llegaron las ambulancias, pidió que lo sedasen para que le doliese menos. No aclaró qué. Sabía que tenía días de hospitalización por delante, y con suerte no se metería en problemas. Sanaría sus heridas. Se recuperaría mientras él iba a por Bakugo. Dejaría todo en manos de profesionales. Se interesaría en otra gente. No haría locuras.
Debió haber sido más listo que eso.
