La obra crepúsculo en propiedad de Meyer.

A todas las preciosas damas que me leen y que me han dejado comentarios, muchas gracias, son fabulosas. A las lectoras fantasmas, mil y mil gracias.

Esta historia me divierte.

Inglaterra, un lugar donde situar historias es mágico.

A mi beta Lady Ginette, quien últimamente posa para el cielo un millón de gracias.

FALSAS APARIENCIAS.

3

¿Qué diablos fue eso?

Edward se quedó mirando como Lady Swan corría huyendo de él, la situación le pareció de lo más ridícula y soltó una carcajada.

Estas mujeres tontas.

Pero no supo el porqué el beso sensual que ésta le había dado le pareció…prometedor.

Vaya, puede que no sea un maldito témpano de hielo después de todo.

Si, él sabía que las mujeres inglesas, sobre todo las de la alta sociedad tenían una extraña obsesión por el sexo; es decir a favor o en contra. Rogó porque la tonta Lady Swan fuera de las segundas, así podría al menos disfrutar el acto de enseñarle a disfrutar del placer. Durante sus años de libertino, había tenido una que otra amante, la cual en sociedad y frente a todos aparentaba ser alguien con alma monástica, pero después que les levantaba la falda, y toda esa estúpida cantidad de tela, las cosas cambiaban. Descubrió que muchas eran una locas obsesas por el sexo y que eran capaces de hacer cosas que seguramente la fina moral inglesa no permitiría, bueno, de dientes para afuera.

Fue un placer para él descubrir como ellas descubrían lo que eran capaces. No había límites ni medidas: Gritar, arañar, chupar y rogar por más puede que Lady Swan me sorprenda.

Esperó dos minutos, se arregló la impecable casaca y se propuso hacer que Isabella Swan en algunos meses, quizás dos estuviera bajo su cuerpo desnudo para escucharle decir Oh Mister Cullen quiero más…sería bastante divertido, el resto del trato no le importaba por ahora, después le haría la vida imposible a la pobre tonta y el trato estaría cumplido. Mister Edward Cullen en ese momento no medía las implicaciones éticas y morales que esto le traería, no, no quería pensar, no quería recordar el rostro de su padre mirándolo de manera severa y decepcionada. Tenía que pensar en el dinero, en su posición social y en el hijo bastardo de su hermana.

Entró de nuevo al salón de fiestas, la buscó como águila al acecho y allí estaba protegida por la tonta de Lady Catherine quien lo odiaba más que cualquier cosa en la vida. La mujer lo conocía muy bien, pues era la mejor amiga de la insulsa Lauren y ésta sin recato le contó todo lo que él le hizo, sonrió, pues seguramente los detalles sobre lo ocurrido en la alcoba de la mujer habían ocupado todo el tiempo de chismorreo de la simple Lauren Mallory Ojala que le haya contado sobre el tamaña de mi maquina…rió cínicamente vieja urraca, apuesto que no sabe que es un orgasmo si la mujer no fuese tan fea él le habría dado el gusto de enseñarle sobre la petit morte.

Se acercó lentamente a las dos mujeres, Isabella lo miraba con ojos parpadeantes, gesto que Edward Cullen equívocamente confundió con timidez; lo que no sabía era aquel gesto era la manera como Lady Swan demostraba no su confusión sino su deseo salvaje y caliente.

- Es una lástima que no podamos bailar Lady Swan.

- No sé bailar Mister Cullen- si sabía y lo hacía muy bien. Años hacía que en los salones de fiesta de Paris su tarjeta de baile estaba siempre copada.

- Yo le enseño, soy buen maestro- y su tono mordaz les hizo saber a las dos mujeres que no se refería al vals.

Lady Catherine trató de llevarse a la chica de allí, ese pervertido, malvado y… y divino hombre no pondría las manos sobre ese pobre corderito de Isabella Swan… ¡Dios! La mataría, si era verdad lo que escuchó de la boca de Lauren Oh Catherine…me moría, me moría con ese animal dentro de mi ¡Horror! Los hombres y "eso" ¡que vulgar! Tomó a la chica del brazo, pero Mister Cullen se interpuso ante la urraca.

- No me quite el placer de conversar con Isabella- dijo su nombre de manera suave, cosa que hizo que la chica gritara en su interior- No sea malvada Lady Catherine- se acercó suavemente a la mujer y le susurró – no la voy a pervertir no a la vista de todos – La mujer se pasmó y sin quererlo le dio una sonrisa tímida a ese hombre. Edward sonrió dulcemente, si, Edward Cullen maestro en seducción, una risa coqueta, su voz de seducción y la más fiera abadesa estaría pidiendo piedad.

Tomó a la chica del brazo y de manera cortes la llevó al sofá. Ésta trató de zafarse, pero él no lo permitió. Lady Catherine estaba envuelta en una extraña ensoñación y no supo que decir, solo vio a Isabella Swan mirarla con ojos de suplica, pero ya era demasiado tarde Edward Cullen respiraba a su lado, mejor dicho respiraba en su cuello.

- Besa usted muy bien Isabella.

No tienes idea, beso maravillosamente, eso fue un mero ensayo Mister Cullen ¡Diantre! ¿Qué estoy pensando?...

Se llevó la mano a su pecho y apretó el último de los botones con fuerza y volteó para darle la cara, ella sintió como una de las molestas varillas del corsé se le enterraron de forma dolorosa.

- Se lo dije Mister Cullen, no se acerque a mí, no sé que pretende, se lo dije, yo…

- Si, usted es mala, lo escuché- la mueca graciosa, diciéndole a ella que no le creía.

- ¿Qué pretende Mister Cullen?

- Conocerla a la manera bíblica Milady.

- Ya lo hace.

- No, no la conozco.

La piel de Isabella ardiendo desde hacía una hora ahora, definitivamente se quemaba.

- Su manera de hablar es indecente y me fascina.

- Yo creo Lady Swan, que usted como yo estamos hartos de la muy decente manera de hablar de los ingleses.

Hasta la coronilla.

- Es decir Mister Cullen ¿Qué no gusta de la poesía?- ella trataba de desviar la conversación.

- ¡Dios! Milady…amo la poesía, pero no con todo el sopor estúpido y pomposo como se recita en los salones de té, es fastidioso y arruina la gracia de un poema, nosotros los británicos escribimos magníficamente, pero no sabemos leer, toda esa pasión, ese fuego y ese ardor arruinados por la tontería... "Mira esta pulga, y mira cuan pequeño es el favor que tú, cruel me rehúsas; me pico a mi primero; luego a ti. Y en esta pulga tú sangre y la mía se han confundido- la voz perfecta y su respiración sobre ella- ¿puede qué hay en tal hecho, pecado, vergüenza, o perdida de la virginidad? Pero este insecto disfruta sin matrimonio, y el muy consentido con nuestras sangres se atiborra. En cambio tal cosa no se no es permitida a nosotros"- Él recitó el poema más sucio, vulgar de toda la literatura inglesa: "la pulga" poema sobre el sexo y el disfrute, poema prohibido y que todos en Inglaterra se sabían y que disfrutaban a sus anchas- John Donne ¿no es maravilloso? Él sabía lo que el dichoso insecto era- y soltó la carcajada.

Isabella estaba que corría a beber todo el vino que allí había, ese hombre y su voz hablando del pecado y el placer prohibido ¿qué podía ser más excitante que eso?

- Me gusta más Keats.

- No mienta, apuesto que se lee todos esos poemas sucios en su alcoba y se pregunta que quisieron decir esos idiotas poetas y sus muy sucias metáforas- y tomó su mano y pasó uno de sus dedos por el centro de su palma.

¡Dios! Ayúdame… quiero besarlo de nuevo.

Un recuerdo fugaz de un chico de piel aceituna que la besaba en un viejo establo mientras que ella reía por todo el poder que tenía sobre él hizo que el deseo desaforado por besar a Edward Cullen se perdiera. Supo que no podía mostrarse frente a ese hombre como una niña tímida porque ese supuesto sobre ella, hacía que el creyera que ella alentaba su galanteo descarado y maravilloso. La "princesa encantada" respiró y dejo salir a la caprichosa y malvada chica de esa época, unas palabras para desalentar a todo hombre molesto que se le acercaba. Aunque en ese momento se le quería lanzar a Edward Cullen y pasar su lengua por su perfecta barbilla.

Lady Isabella levantó su cara y se puso su máscara de indiferencia.

- Si lo que pretende Mister Cullen es seducirme, no pierda el tiempo conmigo, no soy una niña de dieciocho años que se desmaya frente a su lenguaje provocador, yo ya pasé por eso, cuando le dije en el jardín que soy mala no es por alentar su seducción hacia mi, lo dije porque usted no me interesa, su cara bonita me aburre y sus modales de niño perverso me son indiferentes- El rostro de Mister Cullen cambió de manera abrupta- y si lo besé fue porque quizás estaba demasiado aburrida- se paró del sofá las telas de seda de su vestido color malva sonaron – yo no soy su tipo de dama- le dio la mano- fue un placer Mister Cullen- pero no pudo evitar hacer lo que iba a hacer, se inclinó un poco hacía él- sí…Mister Cullen leo poesía prohibida en mi alcoba y en francés.

Dio dos pasos y se alejó, se moría por voltear hacía él no mires, no mires Isabella Swan…no mires y no, no lo hizo. Corrió hacia su padre.

Si Lady Swan hubiese mirado, habría observado la cara de burla y de estupor de ese hombre.

Vaya, vaya…con Lady Swan ¿con que es una invitación a la cacería? Mi deporte favorito.

Pero a pesar de la burla y del cinismo del primer momento, ese leo poesía prohibida en mi alcoba…y lo besé porque estaba demasiado aburrida lo llenó de una serie de incógnitas, además de sentir su orgullo herido ¿cómo se atrevía a decir que él la aburría? ¿Ella? Que seguramente no habría tenido un día divertido en su vida. De pronto se vio casado con esa mujer, unos días, unos meses, quizás un año; la posibilidad era repugnante tendré que soportar su orgullo, quizás en verdad no guarda en su interior una mujer de verdad, es como dicen todos una roca pero aún así el beso mordelón, las misteriosas palabras sobre su maldad y la lectura prohibida en su alcoba eran algo….algo ¿inquietante? ¡No! Edward Cullen, la odio…esto lo hago por mi, por mi hermana y por el bebé…esta mujer no podrá conmigo, es solo el primer paso, el primer paso.

Se paró y fue hacia los enorme balcones de la enorme casa en Chelsea Street y de sus bolsillos sacó su pitillera de oro que seguramente tendría que empeñar; prendió un cigarrillo mientras bebía una copa de coñac…miró el Londres oscuro y frío, él amaba aquella ciudad y su aire de crimen no me iré de aquí nunca, pertenezco a este lugar y ni Alistair Sinclair, Tania Denalí y la socarrona Lady Swan podrán conmigo Por un momento pensó en que hubiese sido mejor ser el hijo de cualquier fulano y no tener que soportar todas las idioteces con que tenía que lidiar, al menos siendo un don nadie sin un penique en el bolsillo no tendría que responderle a nadie y no sentiría la culpa de saber que en ese momento su padre Carlisle estaría revolcándose en la tumba porque su hijo estaba a punto de enlodar el nombre del hombre más bueno y digno que existió en toda Inglaterra.

Perdóname Padre…algún día seré el hijo que hubieras querido que yo fuera, perdóname papá, por favor.

Pero la imagen de Lady Swan subiéndose a su impresionante carruaje le dijo a Edward Cullen que quizás lo que le haría a la pobre mujer lo condenaría para siempre.

Estaba desesperada por irse. Le rogó a su padre que se fueran y éste no tuvo más remedio.

Se subió al coche y lo vio en el balcón, fumaba ¡Que belleza! Los ojos verdes no se le despegaban ¿qué quiere ese hombre? ¿Volverme loca?... ¡Que calor!

- ¿Te ocurre algo Isabella?

Ella tosió.

- Nada padre.

- Pareces nerviosa.

- No, sólo tengo calor.

Charles Swan la miró de forma extraña ¿calor? Si era una de las noches más frías del año. Pero no dijo nada, su hija era un ser extraño y él no era bueno leyendo a las mujeres, para Charles Swan las damas eran seres que se movían en un mundo diferente al de él. Amaba a su hija, no tanto como hubiese amado a un chico, pero en fin….Había sido educado en un mundo en que demostrar afecto era sinónimo de populacho.

El carruaje emprendió el camino hacia Kensington.

Llegaron a la casa, una enorme propiedad, la mejor de toda la calle.

Isabella se lanzó sin esperar que uno de los sirvientes la ayudara a bajar. La sirvienta abrió la puerta.

- Buenas noches Milady.

- ¡Alice!- ella gritó.

El ama de llaves, Alice Brandon salió al encuentro de su ama. Era mayor que Isabella solo por tres años, era una mujer hermosa, pequeña, culta, pero con un gran defecto: nació pobre, cosa que la condenó como toda mujer inglesa sin dote a ser o institutriz, ama de llaves, mucama o prostituta. Su madre la esposa de un vicario le enseñó a leer y a escribir y su padre a hablar en francés y a leer latín. Cuando contaba con dieciocho años conoció el amor de su vida, pero éste un niño rico en decadencia y con unos padres que lo presionaron hasta el cansancio y él asfixiado por las rígidas normas sociales no tuvo más remedio que casarse con otra mujer. Al morir sus padres se empleó como institutriz de varias niñas de clase alta, pero la experiencia fue desagradable y humillante. Finalmente tuvo la suerte de conseguir trabajo como mucama de Charles Swan. Durante años aprendió el pequeño y sutil secreto de toda la servidumbre inglesa, ver, oír y callar. Cuando la vieja ama de llaves murió ella tomó su lugar, además ayudó el hecho de que Lady Swan gustó de ella y en secreto rompieron la vieja norma de que entre el amo y su sirviente no era posible ningún tipo de calidez. Dicha norma se rompió por completo un día cuando Alice escondida en una cortina lloraba, ya que su amor, el único hombre que ella amaría para siempre estaba sentado en la mesa con su esposa, cenando y hablando con Charles Swan. Isabella la descubrió y Alice asfixiada por el dolor le contó que Sir Jasper Whitlock fue su amante. Meses después la misma Isabella pudo comprobar que aquel hombre de modales perfectos, la amaba igual y que se consolaba con verla cada vez que visitaba a su padre en Kensignton. Pero al ver el sufrimiento de su amiga, Isabella, hizo que Alice nunca fuera la encargada de recibir y atenderlo. Sir Whitlock comprendió lo que ocurría y un día se atrevió a preguntar por ella, la contestación de Lady Swan fue dura: Le recomiendo Mister Whitlock que no pregunte por mi ama de llaves, hace años tomó una decisión sea hombre y aténgase a las consecuencias los ojos azules de aquel la miraron seriamente Yo sé lo que hice, no debe ser tan dura en juzgarme Lady Swan, nosotros sabemos en que clase de teatro ridículo nos movemos, dígale que la amo y que no hay día en que no piense en ella Jasper se atrevió a hacer algo que ningún hombre de su condición social haría y mucho menos frente a una mujer: hablar de sus sentimientos y de su deseo carnal me muero por tocarla una vez más, al menos sus manos Lady Swan no contestó nada, tan solo sintió lástima por ambos. Le contó a Alice la extraña conversación y se sorprendió al escuchar a su ama de llaves decir un día Isabella él tuvo la posibilidad de pelear por mí y no lo hizo, ahora es demasiado tarde, si un hombre ama una mujer debe ser un guerrero y él decidió no serlo Y nunca Alice Brandon volvió a hablar del tema.

Para ambas mujeres la amistad se tornó en un espacio de libertad. Isabella descubrió que su ama de llaves era una mujer picara, divertida y para nada amargada y Alice supo que Lady Swan era alguien cálido y amable, salido de lo común entre la aristocracia inglesa y sobre todo una mujer que nunca juzgó su pasado, porque Alice presentía que su ama tenía también el suyo, solo era mirar los maravillosos y sugestivos vestidos que guardaba en los armarios, sobre todo el rojo; además del cuadro que ocultaba en su habitación en Forks. Un cuadro donde la mal llamada solterona de Londres posaba de la manera más lasciva del mundo.

- ¡Alice!- Isabella corrió escaleras arriba, las enorme e interminables escaleras de caoba.

Abrió la puerta de manera violenta, la ama de llaves la siguió.

- ¿Qué tienes?- Vio a la mujer tratar desesperadamente de quitarse el vestido de manera infructuosa.

- ¡Quítame todo esto! No puedo respirar.

Fue hacia ella y empezó a quitarle pieza a pieza, vestido, fondo, polizón, corsé, miriñaque. Al final ella solo con un fondo pareció respirar con tranquilidad, soltó su melena y se sentó en la enorme cama de su enorme habitación.

- Hoy estas más caprichosa con la ropa que todos los días Isabella.

- Sabes que odio todo esto ¿cómo se supone que una viva metida en todo esta cantidad de tela?

- ¿Sería más fácil andar desnuda?

- ¡Por favor! Al menos sin algo que me apriete y sofoque tanto.

- ¿Qué te ocurre? ¿Fue más difícil el teatro hoy?

- ¡Espantoso! Todos hablando cosas tontas, Lady Weber y sus sales, la cantidad de cubiertos en la cena, yo tosiendo como una tonta y ¡ese hombre!

- Dile a tu padre que odias eso.

- ¡Por Dios Alice! Él no me escucharía, nunca lo hace, mi padre solo quiere que yo pretenda todo el tiempo y no puedo más con eso, quiero irme a Forks, no quiero volver en meses, quiero irme.

- No puede Milady.

- ¿Hasta cuando voy a tener que aguantar? Quisiera ser otra persona.

- ¿Quién? ¿La chica del cuadro?- Alice levantó la ceja divertida.

- La extraño Alice, extraño a esa mujer.

- Haz que vuelva.

- No puedo, no puedo.

- ¿Por qué?

- No la conoces, no la conoces.

- Eres tú Isabella.

- Si, yo, pero no la puedo traer de regreso.

- Milady, usted tiene una ventaja.

- ¿Qué ventaja?

- Es rica, la excentricidad es algo que a los ricos se les permite, en nosotros los pobres es un pecado.

- ¡No! ese hombre haría mofa de mi, le contaría a todos.

- ¿Lord Sinclair?

- Si, él me odia y mi padre no soportaría el escándalo.

- Algún día se sabrá Isabella.

- ¡No!

- Se sabrá.

Lady Swan bajó la cabeza de manera resignada.

Esa noche, primera vez en siete años había deseado con fuerzas volver a ser joven y no tener miedo a divertirse. Los ojos verdes de Edward Cullen la invitaban a jugar.

Xxx

En su casa Edward Cullen estaba planeando como acercársele a Lady Swan.

Se moría por ir a jugar y meterse en la cama de una linda damita, al menos ir a la casa de Esme Platt y divertirse un poco hablando con ella, pero no podía y lo odiaba, pues con el plan de dar caza a la solterona de Isabella tenía que cuidar su reputación, tan solo esperaba terminar con el plan y volver a su vida de libertino desaforado, porque, no, no señor, no renunciaría tan fácil a eso. Todos los grandes caballeros de Inglaterra lo hacían, el no sería la excepción. Lo que más le fastidiaba era guardar su apetito sexual, ¡Diablos! Era joven y potente, adoraba acostarse con una mujer, era bueno en eso, se enorgullecía de atontar a las mujeres y hacerles gritar ¡viva la reina! Si la vieja urraca supiese, seguramente le daría una medalla por llevar el honor de la hombría inglesa muy alto ¡Ja! Pensó en Lady Swan soy mala Mister Cullen ¡Por todos los santos del cielo! ¿Qué concepto de maldad puede tener la buena Lady Swan? ¿Toser demasiado? ¿No ir a misa un domingo? ¿Mirar una imagen de ese libro divertido que corría de mano en mano por todo Londres en el que se hablaba del muy divertido acto de pecar y que en la India era casi sagrado?. Si, pobres solteronas preguntándose ¿cómo se hacía aquello? ¡Tonta mujer! Sin embargo se llevó una de sus manos a los labios, pero inmediatamente lleno de impaciencia pensó ¡necesitas una mujer! ¿Estás pensando en el beso de esa solterona? ¡Diablos! Si, porque aquel beso le supo a gloria almíbar y miel. Agitó la cabeza y borró la imagen inmediatamente ¡Idiota! La falta de una mujer te hace pensar cosas sobre esa cosilla ridícula.

Seguramente la moral de la solterona era tan estricta que cualquier insinuación la haría huir ¿cómo se conquista una mujer como esas? Se preguntaba ¿qué cosas le gustaban? ¡Oh por favor! No, tenía que hacer el drama ridículo y cursi sobre el caballero galante que solo deseaba poseer la mano de la dama en cuestión ¡Que imbecilidad! Odiaba esa filosofía cursi y melodramática. Niñas tontas suspirando por hombres asexuados y soporíferos que recitaban poesía religiosa y que decían: "Tú eres la mujer de mi vida" y para colmo guardaban un mechón de su cabello en un relicario.

La enorme casa estaba vacía, ya no podía pagarle a la servidumbre y su hermana Rosalie era la que limpiaba la casa y hacía la cena. Ella tenía sus manos quemadas y el alimento le quedaba horroroso, además con casi cinco meses de embarazo no podía moverse demasiado. Su amante Emmett un grandulón estúpido, según Edward, se escabullía de la casa de su ama y trataba de ayudarle a la mujer en las cosas de la casa. Su hermana lo amaba como una loca y el tontón parecía que también, pero ambos estaban concientes de las pocas posibilidades que tenían. Su hermana lloraba en las noches; ella creía que su destino y el de su hijo serían terribles, un hijo bastardo, el padre un sirviente y su hermano el canalla más grande de toda Inglaterra. Rosalie que puso aspirar a casarse con el mismo nieto de la reina y simplemente fijó sus ojos en un tal Emmett Mcarthy.

Edward pateó una silla, tomó algo de coñac y se sobrepuso a sus escrúpulos. Si, iba a enamorar a Lady Isabella Swan.

Le escribiría una carta, una carta donde él expresaría los puros y dulces sentimientos que ella le provocaba, soltó una carcajada burlona. Tomó la tinta y la pluma y puso la primera línea.

Mí querida y respetada Lady Swan…

En ese momento tocaron la puerta.

- ¿Quién a esta hora?- fue a abrir, nunca en sus veintinueve años había abierto una puerta. La sorpresa era harto fastidiosa- ¡Tania!- si, ahora la mujer le repugnaba, es más y para su sorpresa ella nunca le fue muy agradable, se hizo su amante porque ella igualaba su perversión- ¡Que agradable sorpresa!

- ¿De verdad querido?- ella sonrió, tenía un vestido negro con un insinuante escote.

- No, pero soy educado.

Ella fue hacía él y lo quiso besar.

- Me extrañas, lo sé.

No, no la extrañaba, extrañaba las fornicadas interminables, pero nada más.

- No- la miró con burla.

- ¿Puedo pasar?

La voz de Rosalie desde la escalera dijo:

- ¡No! una mujer como usted no entra a mi casa.

La mujer de furioso pelo rojo enfureció.

- ¿Una mujer como yo? No soy la que lleva un hijo sin padre en su vientre.

Edward enfureció.

- ¡Fuera!

- No, quiero hablar contigo sobre Lady Swan- miró a la rubia Rosalie, a quien siempre envidió por su belleza – y si usted Rosalie no me permite, mañana, la noticia de su preñez correrá por todo Londres.

Rosalie pateó el suelo, pero no tuvo más remedio y corrió escaleras arriba.

- ¡Nunca! ¡Jamás! Le hables así a mi hermana.

- No seas sensible querido, eso no te queda bien- caminó hacía la oficina privada.

- ¿Qué quieres?

- Saber como te va, Alistair y yo estamos impacientes- Los ojos azules observaron de manera impaciente a su antiguo amante -¿algún progreso?

- No quiero que me presionen.

Ella juntó sus manos enguantadas y una mueca juguetona se dibujó en el rostro perfecto.

- No me digas… ¿aún no la tienes comiendo de tu mano? Me sedujiste a los dos días de conocerte querido.

Edward se le acercó y sonrió de manera clara y juguetona.

- Eso es porque tú eres fácil cariño- Tania levantó su mano para abofetear al hombre, pero éste detuvo el golpe y de manera tierna beso los dedillos de la mujer- Shiii…Vamos Tania, no te enojes- y de manera perversa mordió uno de aquellos dedos largos envueltos en hermosos guantes de gamuza. Ella soltó una carcajada, volteó y se topó con la carta, es decir con el encabezamiento.

- ¿Le escribes? Nunca me escribiste a mí, querido.

- Nunca le he escrito a nadie, ni siquiera a mi madre.

Tania tomó la hoja entre sus manos.

- Mi querida y respetada Lady Swan ¡Que tierno!- puso la carta sobre la mesa y se sentó en una pequeña silla- quiero escuchar más.

- Vete de mi casa.

- No, Alistair necesita pruebas, escuchar como redactas la carta será una de ellas- Además te voy a dar dinero para que mantengas tu imagen de caballero unos días más.

- No quiero tu dinero.

- ¡No seas tonto! Después devolverás todo esto cuando te cases con la solterona, no es un regalo es un préstamo, no te sientas tan ofendido, no es hora Edward Cullen de tener escrúpulos…vamos querido escribe ¿no te sientes retado? Esa mujer y su moral de hierro, vamos Edward es jugar, eres un apostador, juega a ganar, si ella no te excita, que te excite ver cómo su moral y buenas costumbres caen frente a tu seducción.

Sí, eso era, a lo único a lo que un tahúr no podía negarse era a ser retado.

- Todo o nada- su perfecto rostro hizo un gesto mordaz.

- Eso es querido…todo o nada.

Tomó la hoja entre sus manos y se aprestó a escribir. Por un momento cuando el hombre hermoso escribía la carta, el rostro de Tania Denali se transformó sin que él se diera cuenta en una mascara de profundo odio.

Maldito…no sabes en lo que te estas metiendo.

- Querido escríbele una carta cursi, seguramente le va a encantar, a las solteronas aburridas les encanta eso… ¡la mataras!

Una expresión burlona en Edward Cullen se aprestó a escribir. Cambió el Mí querida y respetada Lady Swan por:

Mi dulce y tímida Isabella…

Si, seguramente ella se desmayaría.

Oh que equivocado estaba.

Is not it delicious?

Divina crueldad británica….

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