Capitulo III.

Inframundo. Un lugar horrendo, oscuro, caliente como el interior de un volcán; Cientos de criaturas habitan estos sitios, reunidas todas ellas ante una cámara con puertas de hierro y fría piedra.

Wyatt Mathew Halliwell, el primogénito de una poderosa estirpe de brujería, el chico nacido de una profecía antaño escrita; el doblemente bendecido, se encontraba en ese momento sentado en uno de los bancos de la cámara principal. Estaba meditando qué hacer, cuando de repente se levantó, serio y furioso.

- ¡¿qué ha sido eso! – Gritó - ¿lo habéis notado?

- ¿notar? –Dijo una voz a sus espaldas- notar el qué mi señor

- Ese….poder – contestó – se está haciendo más fuerte…puedo notarlo.

- ¿Chris? –preguntó la figura, que ahora se acercaba a Wyatt.

- No….-sonrió- ni siquiera mi hermano sería capaz de tener tanto poder acumulado.

- ¿Entonces…?

- No lo sé. No sé de dónde proviene, solo sé…-giró sobre sus talones, dirigiendose al hombre de la oscuridad –…que debe ser mío, cueste lo que cueste – amenazó.

La figura asintió con la cabeza y desapareció como la nada. Wyatt era ahora el señor de los demonios. El cómo había llegado hasta allí, todos se lo preguntaban. Había sufrido la muerte de todos sus seres queridos por culpa de demonios: su padre, su madre, sus tías…las embrujadas. Habían acabado con la mayor fuente de magia blanca que existía. Siempre había querido vengarse de los demonios…y esta sed de venganza, terminó consumiéndolo. Llegado el momento Wyatt ya no pudo distinguir el bien del mal, y solo buscaba conseguir más poder. Irónicamente, sus propios poderes lo consumieron.

Tras la muerte de su familia, Wyatt quedó a cargo de su hermano Chris, pero al contrario que él, Chris no quería vengarse. Sabía que la venganza no llevaría más que a su propia destrucción, y así se lo intentó hacer ver a su hermano mayor…pero ya era demasiado tarde. Wyatt empezó a negociar con demonios y otras criaturas oscuras, hasta que terminó siendo otra persona distinta. Chris ya no lo reconocía. Llegaría el momento en que ambos hermanos deberían enfrentarse, y Wyatt quería estar preparado; no iba a permitir que el estúpido de su hermano pequeño le arruinase lo que en tanto tiempo le costó conseguir: un poder que nadie igualaría, un poder ante el cual todos se rendirían. Un poder absoluto.

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- Jenny… ¿qué haces? ¡Ahí no hay nada!

Jane se había movido hasta aquel lugar de su visión, y estaba palpando las maderas del tejado, en busca de algo, que solo ella sabía que debía haber.

- Tiene que haber…tiene que haber…-repetía en susurros una y otra vez. Sam se acercó a ella y la miró extrañada. Le tocó el hombro y le dijo:

- Jane…no sé lo que ha pasado antes, pero obviamente estás muy cansada para pensar con claridad. Tal vez deberíamos…

-¡NO! No estoy loca ¿sabes? – Le gritó – Mamá guardaba aquí algo, la he visto y…

-¿mamá? jane, ¿Cómo has podido verla si…?

- he tenido una visión, ¿vale, he tocado ese colgante y la he visto ¿De acuerdo? – Sam se agachó para coger el colgante que su hermana le señalaba. Era plateado, con incrustaciones de jade verde. Era muy hermoso, y Sam tuvo la sensación de no ser la primera vez que lo veía.

–Oye…-continuó Jane, descansando, y frotándose la cara- no hace falta que me creas…es solo que…-suspiró- ultimamente han pasado tantas cosas raras que…necesito saber si esto es cierto, o solo son imaginaciones mías Sam...¿Lo entiendes?

Sam la entendió perfectamente. En cierto modo, ella también sentía lo mismo. Asintió levemente y se dirigió al lugar donde su hermana se encontraba. Apoyándose en aquel viejo tejado, Sam ayudó a su hermana a buscar lo que fuera que buscaba. Jane sonrió y continuó buscando.

-¡Ay! – se quejó Sam

- ¿qué pasa, Sam? – preguntó Jane, al oir a su hermana.

- Pues...que me he cortado – contestó, mirandose el dedo

- ¿te has cortado? – Dijo jane, interrogativa - ¿Cómo?

- Con esa punta de ahí... ¿quién la habrá dejado así? ¿No pensaban que alguien podría hacerse daño?

- Sam…-continuó Jane, asombrada - eso no es una punta… - en una de las doradas maderas que adornaban el techo, había una especie de interruptor manual. La punta se movía hacia delante y hacia atrás, dejando a la vista…

- ¡¡Un hueco! – Gritó Sam, realmente parecía pasárselo bien - ¡¡se ha abierto el techo Jane!

- ¿Abierto el te…?- Jane giró la cabeza bruscamente, para ver el lugar que sam señalaba. Tras su cabeza, una madera se abría como si se tratase de una cámara oculta destinada a guardar secretos. Ambas observaron fijamente su nuevo descubrimiento, y tras unos segundos, jane introdujo sus manos en aquella especie de armario. Su sorpresa no fue menor que la de Sam.

- ¡¡Un libro! ¡¡Jenny! ¡Tenías razón!- empezó a chillar Sam, demasiado sorprendida para guardar un secreto, y repitió: - ¡¡un libro!

Jane no sabía qué hacer. Sabía que aquella visión había sido real, pero no podía créerselo. Ahora que su descubrimiento demostraba con creces que era cierto, tenía que asumirlo todo, y rápido. Sam ya se le había adelantado. El libro desapareció misteriosamente de las manos de Jane, para pasar a las de Sam, que tras sentarse en aquel suelo polvoriento, comenzaba a abrirlo.

- ¡¡Sam! ¿Pero qué estás...?- empezó a decir Jane -…haciendo… - jane quería discutirlo con su hermana antes de hacer nada, pero algo la detuvo. Sam había abierto el libro por la página que venía marcada. Posiblemente, fuera la última página que el anterior dueño de aquel libro había visto o leído; sin embargo lo que vieron en ese momento hizo que se sorprendiera aún más.

- Sam…-susurró jane, nostálgica –…esa es la letra de mamá...

Sam miró a su hermana, y luego al libro. Sin pensarlo un momento comenzó a leer.

En un mundo en que todo es blanco o negro, el equilibrio debe mantenerse mediante fuerzas que superan con creces todo lo que hubiésemos pensado.

La magia existe para mantener ese equilibrio, equilibrio que brujos y brujas de nuestra familia han mantenido, arriesgando para ello, hasta sus propias vidas. Estos poderes que se nos han otorgado, son maravillosos dones, dones que debemos utilizar para que el equilibrio del bien y del mal se mantenga intacto con el paso del tiempo.

Estoy más que segura que vosotros, futuros miembros del linaje Cory, sabréis usar ese poder tan sabiamente como todas las demás generaciones de esta familia lo han hecho.

"Solo cuando el hombre vive por el prójimo, comienza a vivir de verdad"

El resto, deberéis descubrirlo vosotros.

Sam hizo una pausa, para digerir todo aquello que estaba revelando aquel misterioso libro. Jane, si no estaba tan confundida como Sam, poco le faltaba. Se miraron a los ojos, y volvieron la vista al libro, para continuar leyendo, pero algo las detuvo. Unas luces azules empezaron a revolotear por la buhardilla, hasta que se fusionaron y tomaron la forma de una persona…

-¡Hola! – saludó. Y ellas se quedaron mudas. No sabían como reaccionar ante tantas cosas que ese día le habían pasado.