(La historia no me pertenece es propiedad de Kelly Oram y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 2.

Sólo pase una noche en el hospital, pero aun así llegue a casa con un dolor de cabeza ardiente. Entre el dolor y los analgésicos, estuve bastante fuera de mi durante mas de dos días. No estaba segura de cuanto tiempo había estado entrando y saliendo de mi conciencia, pero cuando me desperté la ultima vez supe que estaba realmente despierta y que iba a seguir así.

Mi habitación era amplia y bien iluminada dado que mi ventana se encontraba abierta, pero la luz hizo que mi cabeza doliera como un hijo de ya-sabes-qué. Tire mi brazo sobre los ojos y alcance al lado de mi cama, donde siempre tenía una de esas cosas para alcanzar. Normalmente la uso cuando dejo mi dispositivo de juego en la mesa de noche, o se me cae uno de mis caramelos, pero hoy la use para agarrar mi persiana.

Conmoción cerebral o no, tenia una excelente coordinación de ojo-mano, y solo un poco de agarre, me sumergí en la oscuridad total. -¡Oye! –protesto Ángela inmediatamente.

La voz de Ángela no es lo que quieres oír cuando te estás recuperando de una conmoción cerebral. -¡Fuera de mi habitación! –gemí, ya que realmente no tenia la energía para gritar.

-De ninguna manera. Tienes una vista mucho mejor que la mía.

-¿Vista de qué?

-El chico nuevo está jugando dardos en su garaje.

-¿Dardos? ¿Quién juega dardos?

Ángela levanto las persianas de nuevo. Hubiera protestado por la acción, si no hubiera escuchado lo que dijo. -¿A quien le importa? Lo hace sin camisa.

Me levante de la cama, encontré un par de gafas de sol oscuras, y empuje a un lado a Ángela para echar un vistazo. Justo cuando mire, el chico nuevo movió su muñeca y envió un dardo justo al centro del blanco. Sonrió para si mismo mientras cruzaba el garaje y admiraba su objetivo, entonces tomo su camisa. Me preocupaba que fuera a ponérsela de nuevo, pero en lugar de eso, la utilizo para limpiar el sudor de su rostro y comenzó un alto consumo de la botella de agua.

-Esto es incluso mejor que Grey's Anatomy –suspiró Ángela, dejándose caer sobre mi cama cuando él desapareció en su casa.

-Se ha ido. Puedes irte ahora –le dije, empujándola fuera de mi camino para poder recostarme.

Puse las mantas por encima de mi cabeza, pero Ángela les dio un tirón hacia atrás. –Levántate y vístete –me dijo-. Vamos a ir allá.

-¿Qué?

-Vamos mientras sepamos que está en casa.

-¿Por qué tengo que ir?

-Tienes una excusa para ir allí. Yo no.

-¿Qué excusa?

-Duh. Quieres saber, al menos, el nombre del chico que te salvo la vida.

-¿No te dijo su nombre? ¿Acaso no pasaron horas coqueteando en sala de espera mientras me encontraba inconsciente?

Me reí cuando Ángela frunció el ceño. Al parecer, la respuesta a mi pregunta era negativa.

¡Cállate! Él nunca tuvo la oportunidad. Tan pronto como llegamos al hospital, dejó que te llevaran adentro y luego dijo que se tenía que ir.

-¿Sólo nos dejó en el hospital?

Pensé que eso era extraño, pero Ángela no concordó. –No es como si pudiera haber hecho otra cosa. Ellos no lo hubieran dejado volver con nosotras, porque ni era de la familia.

-Aun así. ¿Dejo a dos chicas solas en una sala de emergencia y ni siquiera se quedo para ver si estaba bien?

-Vas camino a ser egocéntrica, Candy.

-Eso no es lo que quiero decir. Hay algo muy extraño acerca de ese tipo.

Ángela finalmente perdió a paciencia conmigo y empezó a dar golpecitos con el pie, junto a mi cama. –Mueve tu perezoso trasero ahora mismo o me veré obligada a sentarme aquí contigo todo el día.

Ugh. Ella lo haría. No tuve más remedio que arrastrarme de la cama.

Cuando me levante, Ángela entrecerró sus ojos hacia mi. –Nada sucio. No jeans con agujeros, y absolutamente ninguna sudadera de hockey. Cuando estés vestida, voy a peinar tu cabello de como que podamos cubrir esas puntadas desagradables. Gracias a Dios que el corte es bajo, de otro modo tendría que afeitarte la mitad de su cabeza.

-¿Quieres darme un descanso? Mi cabeza está golpeando otra vez –me queje-. Y no se trata de la conmoción cerebral.

-Soló date prisa –espeto Ángela y cerro la puerta al salir.

Bajé la persiana de nuevo para poder cambiarme, y no es que lo estuviera buscando ni nada, pero noté que el chico nuevo había reaparecido en su garaje. Examino el dardo que seguía atascado en el objetivo, y luego saco algo se su bolsillo trasero. Lo lanzo tan rápido que ni siquiera vi el cuchillo hasta que se clavo en el centro del blanco, en el punto exacto en el que el dardo haba estado momentos antes.

No había sonrisa en su rostro mientras admiraba su objetivo esta vez. Sacó el cuchillo del objetivo y luego tan rápido como la primera vez, lo arrojo de nuevo. La acción fue tan rápida que me tomo un minuto para averiguar dónde aterrizo. Pero entonces vi un maniquí en la esquina del garaje, balanceándose en el lugar y con el cuchillo clavado en su garganta.

Con un suspiro, velozmente me agache fuera de la vista desde la ventana. Salté hacia atrás tan rápido que me golpeé la parte trasera de mi cabeza contra la puerta del armario, justo en la maldita herida, y grite como si no hubiera mañana.

-¿Qué está pasando aquí? –pregunto Ángela, irrumpiendo en mi habitación, una vez más. Me echo un vistazo y su ceño se frunció un poco más-. ¡Ni siquiera estás vestida todavía!

-Ángela –susurre, tirando de ella fuera de la vista de la ventana-. ¡Él está loco!

-¿De que estas hablando?

-¡El chico nuevo!

Ángela se soltó de mis manos y miro por la ventana. –No hay nadie allá afuera.

Ella tenía razón. Mire de nuevo y él ya había vuelto a entrar, al parecer, llevándose también el cuchillo. –Tenía un cuchillo. Lo tiro en ese maniquí. Degolló a esa maldita cosa. Alcanzo el punto muerto, como si pudiera hacerlo con los ojos vendados.

Ángela puso los ojos en blanco y luego saco el frasco de pastillas con receta de mi mesita de noche. -¿Cuántos de estos tomaste?

-No estoy drogada con analgésicos, idiota.

-Suenas como si lo estuvieras.

Ángela soltó un gemido frustrado y me empezó a tirar fuera mi habitación. -¡No voy a ir allí! .protesté.

-¡Muy bien! –gritó Ángela-. ¡Se una perdedora! Iré por mi cuenta.

-¡No puedes ir ahí! ¿Y si apuñala tu garganta después?

Ángela se cruzo de brazos y me dio el más malvado desprecio. –Entonces puedes culparte de mi muerte, porque me has hecho ir allí sola.

Se precipito fuera de mi habitación y pude oírla trotar sobre todos y cada uno de los escalones. Luego azotó la puerta del frente. –Ángela –la llame desde mi ventana con un silbido.

La mirada que me dio, m fue suficiente para saber que no iba a escucharme. Cuando empezó a dirigirse por el camino, mis ojos se centraron de nuevo a la casa del otro lado de la calle, y entonces, naturalmente, se abrieron paso hasta su ventana. Las persianas estaban bajas, pero algunas grietas se encontraban abiertas, y podía jurar que vi una sombra de pie detrás de ellas.

¿Qué se suponía que debía hacer? No podía dejarla ir allí sola. El tipo era un psicópata. Primero mato al perro de los Haskins, ¿y ahora era un experto en lanzamiento de cuchillo? –¡Ángela, espera! ¡Muy bien! Iré. Sólo… espera.

-Diez segundos –me grito.

Me pude la primera camisa que encontré, y que no tenia el numero de nadie en ella, ignore los agujeros no solicitados en mis jeans, y luego, con cuidado, tire de mi pelo en una cola de caballo. No me importaba si mis putos de sutura quedaban a la vista. Ángela rodo los ojos cuando me vio, pero no dijo nada, excepto-: Te tomó bastante tiempo.

-Te odio –m queje, para luego dirigirme al otro lado de la calle con mi hermana, en contra de mi buen juicio, buscando cumplir con el nuevo vecino.

Aviamos llegado a su buzón de correo cuando un coche hico sonar la bocina detrás de nosotras. Extendí una mano para agarrar mi cabezo palpitante mientras que Ángela se dio la vuelta para saldar a la compañía inesperada. No tengo ni idea de cual de sus tropecientos admirados masculinos estaba en el coche, pero unos de ellos bajó la cabeza por la ventana y dijo-: Ang, nena, todos vamos al parque para disfrutar del fútbol frisbee. Teddy y Alex están trayendo una barbacoa.

Ángela miro con nostalgia atrás, hacia la casa del chico nievo. Suspiro y luego se metió en el coche sin ni siquiera una segunda mirada hacia mi. Pude escuchar su grito de alegría mientras el coche se alejaba a toda velocidad. Suspiré también, pero el mío era un suspiro de alivio.

Toda aquella terrible experiencia me dejo particularmente agotada, y mi cabeza se sentía palpitante. Sobre todo porque me había golpeado de nuevo. Me dirigí a casa negándome a mirar por encima del hombro hacia la casa detrás de mi, me metí directamente en la comodidad de mi cuarto oscuro. Me trague una de las pastillas en mi tocador, encendí mi ventilador, me desplome en la cama y espere a que los analgésicos me dejaran inconsciente.

No se cuanto tiempo dormí, pero cuando me desperté, fui asaltada por la luz del sol otra vez. –Vamos Ángela, dame un descanso –gemí, tirando mi brazo sobre los ojos.

Tome la cosa para alcanzar de nuevo, y con tanta facilidad como lo había hecho antes, bajé la persiana. Estaba a punto de gritarle a Ángela que saliera de mi habitación, cuando una extraña voz rompió el silencio. –Ahora eso fue casi tan impresionante como tu puntuación más alta en el Skateboard Pro 2000*. He estado tratando de vencerte por tres horas y no siquiera pude acercarme.

Baje la mirada para ver una figura en sombras, tendida en mi puff jugando con mi X-box y, bueno, ¿Qué otra cosa podría hacer? Grite tan fuerte como pude. Solo que cuando lo hice casi logro que mi cabeza estalle, así que no fue tan impresionante y se convirtió en un gemido con bastante rapidez.

-¿Sabes, Candy? –dijo con otra sonrisa el desconocido, cuya voz de repente parecía muy familiar-: Vas a crearme un complejo si continuas gritando así cada vez que nos encontramos.

Me sentí como si estuviera que temer por mi vida, pero incluso en el cuarto oscuro podía verlo sonreír hacia mi desde debajo de esas pestañas por las que Ángela hubiera matado. Ese rostro debería ser ilegal.

A medida que continuaba tendida, hipnotizada por su belleza, su sonrisa se volvió un poco ladeada. -¿Te sientes bien? –preguntó- parecías mucho mas… -busco una palabra y la soltó- …locuaz, antes.

Poco a poco, el recuerdo se di mismo golpeando mi cabeza, se reconstruyó. A pesar de que era casi imposible apartar la mirada del chico magnifico que había venido a mi rescate, tiré de mi brazo hacia atrás sobre mis ojos. –Estaba conmocionada –jadeé-. Mi cerebro se encontraba revuelto. Lo que he dicho no cuenta.

-Lamento escuchar eso –dijo entre risas-. Me gustaba la idea de ser hermoso.

Estaba tan contenta de que mi brazo seguía cubriendo mis rostro, por que podía asegurar que el habría tenido el placer de verme sonrojar. Nunca le había dicho a un chico que pensaba que era bien parecido antes, pero como el no fingía que no lo había dicho, yo no veía la manera de negarlo. –Estoy segura de que ya lo sabes –murmuré.

Casi tuve un ataque al corazón cuando mi brazo se levanto de mi cara. No lo había oído levantarse, ni siquiera había notado cuando se sentó en la cama, pero mi nuevo vecino me sonreía desde distancia alarmantemente cercana. –Sigue siendo bueno saber que piensas así –dijo con una voz que ningún hombre había utilizado alguna vez para dirigirse a mi, como el terciopelo y las hormonas mezcladas. Temblores se lanzaron a través de mi, y no creo que el no se diera cuenta de mi reacción.

Se sostuvo sobre mi por un minuto, mirándome tan intensamente a los ojos que causo que mi corazón hiciera cosas extrañas en mi pecho. Cuando trague saliva, su sonrisa se ensanchó. –Terry Grandchester –dijo con brillo en sus ojos azules.

-Terry –suspire de forma automática, y luego un segundo más tarde fui capaz de recuperar mi cabeza. Un poco. Soné sin aliento, pero me las arregle para expresar mi preocupación principal-. ¿Qué demonios estás haciendo en mi habitación?

Se sorprendió bastante por mi pregunta, tanto como para devolverme mi espacio personal, pero suficientemente divertido como para no irse lejos. –Deberías se agradable conmigo –dijo, sin dejar de sonreír. –Te salve la vida.

Era más fácil concentrarse cuando él ya no estaba justo allí. Empezaba a tener mi confianza. -¿Y eso te da derecho de entrar en mi habitación y tratar de batir m record Skateboard Pro 2000? Lo cual, para que sepas, nunca va a suceder.

Ahora que podía respirar de nuevo, empecé a sentarme, sin duda, podría haberlo conseguido por mi cuenta, pero en el momento en que me moví, Terry se levanto de un salto. –Ten cuidado. –Ahueco la almohada para mi y suavemente me ayudo a inclinarme un poco. Cuando me encontraba situada pregunto-: ¿Estás bien? ¿Necesitas que te triga algo?

Sacudí la cabeza incredulidad. Ningún hombre jamás había hecho algo así por mi antes. Quiero decir, los J habrían venido a hacerme compañía y todo, si pudieran, pero aun así hubieran hecho piedra-papel o tijera para ver quien tenía que ir abajo a conseguir los refrescos.

-¿Qué te pasa? –pregunto Terry, riéndose de la expresión en mi rostro.

Negué con la cabeza y dije lo primero que se ocurrió. –Has matado a Bruno. –Extraño, lo se. Pero de ninguna manera iba a admitir lo que realmente iba mal: que me volvía loca que me trataran como a una niña.

Terry reprimió una sonrisa y de dejó caer de vuelta en mi puff. –Él trato de matarte primero –argumento a la ligera.

No podía creer su respuesta. Era tan cruel. ¿Cómo podía ser tan indiferente a tomar la vida de un perro grande y tonto, pero realmente dulce, y totalmente inocente?

-¡Se emociono al verme! –le grite, olvide que hacerlo sólo me causaba dolor. Tuve que bajar mi voz de nuevo, pero fue probablemente algo bueno, porque de repente estaba un poco sofocada-. Fue mi culpa. Siempre me quito el casco antes que los patines. Bruno no trataba de hacerme daño. ¡No le haría daño a nadie!

-¿Cómo iba yo a saber eso? –replicó Terry-. Estoy en mi cuarto, oigo gritar "¡No!" y miro por la ventana justo a tiempo para ver que un gran pitbull te golpea contra el suelo. Sangrabas por todas partes, y el ataco tu cara.

-¡Lamia mi cara! Y no es un pitbull.

-Lo que sea –Terry rodó los ojos hacia mi-. El perro está bien, de todos modos. Me sorprendió. Estuvo rompiendo mi patio trasero antes de que regresara del hospital.

-¡Bruno no ha muerto? –Eso me hizo sentir mucho mejor.

-Por supuesto que no. ¿Qué clase de persona crees que soy.

-No sé que tipo de persona eres. No te conozco. Lo que me recuerda. ¿Qué haces en mi habitación?

Pensó en no responder a mi pregunta de nuevo, pero luego se encogió de hombros. –Tu hermana te dejó. No creo que debas estar sola en tu condición.

¿Mi condición? Tengo dolor de cabeza. No soy una inválida. No necesito una niñera.

-Candy. –Su voz hizo sonar lo que dije como algo absurdo-. No me dejaste otra opción. He estado muriendo por que vengas a presentarte desde el día en que me mudé. No fue amable de tu parte probarme como esta mañana. Subiste todas esperanzas y luego te diste la vuelta y regresaste a tu casa.

-¿Qué? –jadeé.

-No se como funciona aquí, pero en California, es habitual que la gente vaya a darle la bienvenida a sus nuevos vecinos.

-Mi mamá te llevo galletas el primer día que llegaste aquí –le dije confundida.

-Si, tu madre. No me importa ella.

-Ángela se acerco allí para invitarte a su fiesta en la playa el otro día.

-¿Fiesta en la playa? –pregunto, distraído. Ahora lucia confundido.

-Michigan está rodeada de agua por tres lados –le dije-. Puede que no tengamos olas, pero tenemos un montón de playas.

Terry frunció el ceño. –Las playas son inútiles son olas.

-No es mi punto. –Aunque concordaba. No era una gran fan del agua. A menos que estuviera congelada, por supuesto-. Me enteré que te encontrabas en casa cuando ella se acerco, y no respondiste a la puerta.

Sus ojos brillaban con sorpresa y le tomó un minuto antes de que pudiera responder. Me di cuenta de que sólo había admitido que lo espiaba, pero, por suerte, parecía estar más preocupado porque lo hubiera atrapado.

-Tal vez me estaba lavando el cabello –ijo finalmente, luchando contra su sonrisa.

-¿Soplaste a Ángela?

No pudo contenerla más. –Tal vez.

-¿Eres gay o algo así?

Me alegre de ver que mi comentario suavemente lo molestaba. –No todo el mundo es gay de California –me informo.

-Soplaste a Ángela –repetí-. Nadie sopla a Ángela.

-Ella no era la hermana que esperaba que viniera a verme.

¡Qué!

-¿Yo? –Me reí para ocultar mis nervios repentinos-. Por favor.

-Tu hermana es ardiente –admitió Terry, no con verdadero entusiasmo-. Pero ella lo sabe.

-Oh, ¿así que quieres decir que es como tú?

Había sido algo malo para decir. Terry se puso muy tranquilo de repente. Entonces, después de un minuto, dijo-: ¿Quieres que me vaya?

Algo sobre el chico me inquieto, pero la idea de el dejándome, sorprendentemente, hizo que mi estomago crujiera. –No lo sé –le dije con sinceridad. Tenia la esperanza de sonar casual. No quería que el supiera que me entusiasmaba y asustaba.

Me sonrió de nuevo, pero estaba menos seguro de alguna manera, creo que tenía miedo de que en realidad pudiera echarlo. Me relaje un poco, pero no sabia que decir, así que esperé a que hablara.

Se levanto del puff y en su lugar se sentó en mi tocador, tomando entre sus manos la única foto enmarcada que guardaba en la habitación. Era una foto de Jesse, Jack, Josh y yo, todo nuestro equipo de hockey. La nariz de nariz de Jack sangraba, a Jesse le faltaba un diente, y Josh, cuyo ojo se veía morado e hinchado, me llevaba en sus brazos. Pero todos sonreíamos como si hubiera sido el mejor día de nuestras vidas.

Me encantaba ese cuadro. Terry parecía disfrutarlo también. Lo estudio durante unos minutos con una sonrisa en su cara, y con el tiempo se volvió hacia mi. Señalo al chico que me sostenía y me dijo-: Este es Josh, ¿cierto?

-Um, sí. –Me sorprendió-. ¿Cómo lo sabes?

-Sólo una suposición. De todos estos tipos, parece ser el que tienes las nueves mejores puntuaciones detrás de la tuta en Skateboard Pro 2000.

No pude evitar sonreír ante eso. –Ha estado obsesionado con batir mi puntaje durante casi un año. Nunca lo hizo, sin embargo. Si alguna vez lo hace, voy a tener que superarlo diez veces más y limpiar su nombre complemente fuera de la lista.

Terry miro la imagen un poco más y luego levanto los ojos mientras preguntaba-: ¿Es tu novio?

-¡No! –jadeé, demasiado horrorizada por la idea de sonrojarme ante la pregunta. Señale la foto y dije-: Era el único lo suficientemente fuerte como para llevarme a casa ese día. Un niño en el equipo contrario me había dado un golpe bajo. En realidad, me desgarró un ligamento del tobillo. –Volví a sonreír al recordar la lucha que causo-. Como puedes ver, los chicos no son demasiado amables con eso. Bajé, y ni siquiera sabia que me encontraba herida antes de que comenzaran los puñetazos. Fue uno de los mejores momentos de la historia del hockey callejero.

Terry sonrió ante la historia y señalo hacia la imagen de nuevo. -¿Qué pasa con estos tipos?

-Jesse y Jack –le aclare cuando los señalo-. ¿Qué pasa con ellos?

-¿Alguno es tu novio?

Oírlo decir la palabra novio fue igual de sorprendente la segunda vez, y esta vez me hizo sonrojar. No porque estuviera interesada en Jack o Jesse. Salir con cualquiera de los J hubiera sido como salir, no necesariamente mi hermano, pero sin duda un hermanastro o primo. Me sonroje porque me daba vergüenza que aquel desconocido estuviera preguntándome sobre m vida amorosa, algo que, por supuesto, no tenia.

-Ninguno de ellos es mi novio.

Trate de sonar molesta en lugar de asustaba como estaba, pero era obvio que no funciono porque Terry puso la imagen hacia bajo y regreso a mi cama. Su sonrisa se volvió ligeramente divertida y arrogante. -¿Eso significa que no tienes novio?

Lo miré con los ojos entrecerrados, pero aun así descubrió la verdad. Me miro un momento y luego pregunto-: ¿Alguna vez has tenido novio?

Me sonroje de nuevo. Incluso más que antes. Mi silencio respondía a su pregunta. Creo que esa era la reacción que Terry esperaba, ya que se inclino muy cerca. Instintivamente trate de alejarme de el, pero al ver que yo me hallaba en la cama, y el bloqueaba mi escape, lo único que podía hacer era hundirme en la almohada.

-Me pregunto… -dijo cuando yo ya no podía hundirme más. Apoyaba mi espalda otra vez, ignorando la incomodad que la presión causaba a mis puntos de sutura. Se inclino completamente sobre mi, atrapándome entre sus manos y flotado con los brazos extendidos directamente encima de mi. Sus ojos seguían burlones, y sin embargo, me quemaban de forma casi salvaje, mientras me miraba.

Cuando volvió a hablar, fue con un susurro. Un aterciopelado y suave susurro, peligroso. -¿Alguna vez has sido besada, Candy?

Tome una respiración profunda y luego la sostuve mientras la sangre se retinaba en mi rostro. Quede congelada, completamente aterrorizada por este hermoso chico y lo que parecía que estaba a punto de hacer.

Cuando Terry se inclino y se llevo una de sus manos a mi cara, me estremecí tan violentamente que lo sobresalte. En lugar de besarme, que es lo que estaba bastante segura de que quería hacer, se sentó de nuevo y susurro-: Está bien. Relájate. –Aparto el cabello de mis ojos, y luego corrió el dorso de sus dedos a lo largo de mi mejilla-. Cuando estés lista –Sonaba como si fuera una promesa.

-Creo que me gustaría que te vayas ahora –dije en voz baja cuando por fin pude recuperar el aliento.

Terry sacó su mano de mi, sus ojos estudiando los míos, pero la sonrisa se quedo en su rostro. –No seas una extraña –dijo, y luego desapareció por la ventana.

Escuche durante su retirada, pero no hizo ningún sonido. Cuando estuve segura de que se había ido, corrí hacia la ventana y la cerré con llave- luego, paseé por la casa e hice lo mismo con todas las ventanas y las puertas también.

*Skateboard Pro 2000: videojuego.

Continuara…