CAPITULO 3

AMARIEL

Nada de esto estaba sucediendo, nada de esto era cierto. Tenía miedo, era imposible de negar y sentía su mano temblar en el mango de la espada. Dolía todo dolía. Se había debatido para llegar al lado de su hermano pero decir que era sencillo luchar con los orcos era imposible. Y más este tipo de orcos, de antiguo linaje si es que se pudiera decir de esa manera. Venían de Gundabad junto con sus wargos que habían sido criados en la fortaleza y entrenados para resistir largas jornadas. Pero cuando se encontraban tan cerca de poderse dar un festín eran lo más viciosos y desagradables de la tierra.

Por eso, no era sólo verse superada en estatura por sus enemigos sino también por sus horrendas bestias que acudieron prestas para desgarrar y mutilar. Amariel fue arrastrada por sus ropas por uno de esos seres y tuvo que patear para lograr que abriera la boca y no la embarrara contra un árbol. Miró hacía arriba y los dientes del wargo estaban a escasos milímetros de su rostro, clavó su espada por debajo de su mandíbula y el sangrado fue tan abundante que quedó completamente bañada en sangre.

Se levantó a toda prisa, el wargo la había alejado por lo que tuvo que correr para regresar a dónde se estaba realizando la batalla. Los enanos peleaban bien, por un segundo se quedó mirando fijamente a Thorin, su manejo de la espada era perfecto y era tan fuerte. Hubiera querido que su hermano tuviera esa fuerza pero no era posible, ni siquiera tras haber sobrevivido y renacido, la fuerza física no estaba de su parte. Por eso estaba ahora tirado en un charco de sangre protegido por Fili y Kili que soltaban golpeas a derecha e izquierda para evitar que se le acercaran.

Se abrió paso hasta ese lugar a base de golpes pero sus piernas las sentía frías, la parte baja de su abdomen la sentía vacía y el miedo de llegar y encontrar que su hermano ya no estaba vivo le causaba una imposibilidad para concentrarse adecuadamente. Así fue que recibió dos heridas de cuidado en el brazo izquierdo y pudieran haber sido fatales sino fuera porque dos enanos la ayudaron en el último segundo; un enano sin cabello en la cabeza y el enano de la gorra chistosa. Quería agradecerles pero no tuvo tiempo, se lanzó de nuevo en pos del lugar dónde Fili y Kili seguían defendiendo el cuerpo de su hermano.

Para cuando lo tuvo enfrente ya no sentía fuerza alguna, se arrastró con mucho trabajo y logró levantarse para evaluar el daño, la herida del abdomen era una cosa horrenda y la sangre había salido a borbotones. No había color en su rostro, el tacto frío en su piel. Los ojos se le llenaron de lágrimas a Amariel, no podía creer que estuviera sucediendo aquello, después de todo iba a acabar antes de empezar. Jamás serían familia, jamás.

Thorin estaba a su lado, Thorin la sostenía y trataba que dejara de gritar. Amariel no se había dado cuenta de que estaba gritando, su mano izquierda apretaba con fuerza la ropa de su hermano y la derecha tocaba su cara.

Un cuerno sonó a la lejanía. Los orcos comenzaron a retirarse entre los árboles, habían sido muy mermados y cuando los caballos comenzaron a llegar corrieron todo lo que pudieron pero la mayoría cayó bajo las espadas de los elfos. La sorpresa había pasado, los elfos se habían reagrupado y estaban echando a los orcos de su valle.

Amariel vio pasar a los elfos, todos se movían con rapidez, pero para ella ya nada tenía sentido, la vida se le estaba escapando. No era que fuera a morir si su hermano moría, sabía que eso no pasaría de aquella manera, era simplemente que sin él, todo se derrumbaría. No había manera de perderlo dos veces, de que sobrevivir a semejante vacío sin que su vida dejara de cobrar sentido. Era difícil de creer que Isil le hubiera dado su vida para que muriera de aquella manera.

Sintió que la levantaban, Thorin depósito a su hija en los brazos de uno de los hijos de Elrond, aquel que lo miraba como si su sola presencia lo insultara. Él sabía la razón pero no quería pensar en ello en ese momento, no con su hija en shock y su hijo en las puertas de la muerte. Otro elfo recogió a su hijo y lo depositó en la silla con el otro hijo de Elrond; ambos salieron a todo galope para intentar salvar la vida de Andu.

-Abre los ojos pequeña –dijo una voz que parecía susurrar en su oído. Amariel intentó obedecer pero la luz a su alrededor le lastimó la vista y volvió a cerrar los ojos.

-Tienes que ayudarme pequeña, tu hermano se está rindiendo –dijo la voz y ella hizo todo lo posible por abrir los ojos y levantarse pero lo que vio a su alrededor sólo la confundió. Estaban en un bosque dorado que parecía cantar por el sólo hecho de existir. Era un lugar hermoso pero Amariel sentía que cambiaba a cada segundo hasta convertirse en el bosque oscuro y extraño en el que había crecido.

Caminaba de la mano de una elfa alta, hermosa y poderosa. Causaba en Amariel un sentimiento de desolación tremendo. Ella había visto tanto, había vivido tanto y a pesar de eso, seguía en pie, seguía luchando y moviendo las piezas eternas de lo que debía suceder. Su mente era muy fuerte, sus pensamientos eran intrusivos y cuando le dedicaba una mirada, la hacía estremecer.

Llegaron hasta un claro pequeño entre los árboles, bañado por la luz de la luna. La elfa soltó su mano y Amariel siguió caminado hasta quedar al lado de Isil. La media elfa le sonrió, como siempre hacía, viéndose exactamente igual a como siempre se había visto ante sus ojos; alta, de piel extremadamente blanca y cabello plateado como la luz de la luna. La vida de esa media elfa estaba unida a la de su hermano y por lo mismo se hincó para sostener su mano, para tocar su frente y para tratar de que reaccionara y despertara.

Pero Andu no estaba respondiendo. Amariel alzó la vista y vio que a lo lejos estaba Erebor, su destino, terrible pero imposible de negar.

Amariel se encontró de repente inclinada sobre su hermano, tomado su cabeza entre sus manos y acariciando sus mejillas con sus pulgares.

-No es tiempo hermanito, no es tiempo –dijo casi como súplica. Debía reponerse de aquello, debía regresar una vez más para acompañarla. El camino iba a ser terrible, se iban a enfrentar a secretos y medias verdades pero si todo podía ser superado, ese destino, Erebor, podría ser lo más parecido a un hogar que pudiera tener.

THORIN

Los habían acostado en la misma habitación pero separados, Elrond le había dicho que Amariel simplemente estaba durmiendo y buscando la manera de ayudar a su hermano, que ella no estaba herida de consideración, aunque se había apresurado a curar las heridas de su brazo para que no se infectaran.

Por el contrario, Andunariel había perdido demasiada grande, su abdomen tenía una herida larga y profunda y sus órganos eran mantenidos dentro de la cavidad por unas vendas, de otra manera se habrían desparramado. Thorin cerró los ojos, aquello era una herida de muerte, estaba viendo a su hijo morir.

Se sentó a su lado, cerca de su cabeza, donde no estorbada el movimiento de los elfos que lo estaban atendiendo. Lo tocó con sus dedos, suavemente, tan sólo rozando la piel de sus mejillas con sus pulgares, sentía que aquello era un movimiento natural, que podría tranquilizarlo de esa manera.

-Hace muchos años llevamos a mi sobrina a Mirkwood, es media elfa como bien sabes y en aquella ocasión a pesar de toda nuestra experiencia, sufrimos un ataque de orcos que acabó realmente mal. Milagrosamente Galaphian no murió aquel día ni por los orcos ni por las arañas del bosque.

Thorin cerró los ojos tratando de no sentir dolor por haber escuchado el nombre de ella, Galaphian. El elfo que le hablaba, era el otro hijo de Elrond, Elladan, quien no lo veía de tan mala manera. La verdad Thorin si tenía razones para no venir a Imladris pero no iba a ser algo que confesara ante el mago o el resto de sus compañeros. Era algo que sólo Dís podía recordar pero que había sido tan considerada al no mencionar.

-La segunda vez que acompañamos a alguien a Mirkwood tampoco tuvimos mucho éxito. Era una mujer de gran porte, como aquellas que habían vivido en Númenor, una mujer que a mi padre le recordaba mucho a su hermano, Elros. Ella estaba embarazada y a pesar de que mi padre le ofreció en incontables ocasiones que se quedara ella no aceptó.

Thorin tenía unos deseos intensos de salir de ahí pero no lo haría porque sus hijos estaban tratando de recuperarse, de lograr un milagro. Pero si por él hubiera sido habría callado al elfo que parecía empeñado en hacerlo recordar momentos amargos en su vida.

-De igual manera sufrimos un ataque de orcos que parecía tan bien orquestado que lograron aislarla y casi matarla. Jamás había visto a alguien pelear con tal valentía, esa mujer era peligrosa porque estaba defendiendo a sus bebés.

Sus bebés. Aquellas palabras para Thorin eran dolorosas. Pero el dolor que él sentía no podría ser jamás igualado porque lo que había vivido y sentido Idris al ser expulsada de su hogar y luego al estar al borde la muerte aún embarazada.

-Tal vez no entiendas por qué te digo esto, pero tú estabas ahí cuando las cosas sucedieron, cuando ella te dio la espalda para ir por Nimidriel y ayudar a nacer a Isil. ¿Entiendes ahora por qué no podía estar contigo?

El elfo no lo miraba y Thorin agradecía que no lo hiciera. La verdad no lo entendía pero en parte era algo que tendría que valorar. De haber sido las cosas diferentes y haber permanecido al lado de Galaphian, entonces jamás habría conocido a Idris y sus hijos aquí presentes no existirían. Pero habría sido tan hermoso, haberse quedado con ella, con ese primer amor al que si pudiera ser sincero, jamás olvidó.

-Galaphian salvó a la hija de Nimidriel del incendio de Dale. Isil fue criada en Mirkwood y se convirtió en la mejor sanadora de la tierra, aún mejor que mi padre. Cuando Idris entró en Mirkwood embarazada, herida, sangrando y con sus hijos en peligro; fue Isil quién los salvó. Y cuando Andunariel murió a los 10 días de nacido, fue Isil quien ofreció compartir su vida con él para traerlo de nuevo aunque tuvieron que pagar un gran precio.

Thorin pensó en las palabras del elfo. No había dejado de tocar la cara de su hijo y conforme pasaba el tiempo lo sentía un poco más cálido. Aunque tal vez se engañaba. Pero ¿cómo podría haber sido lo que pasó con Galaphian lo que debía de pasar? Era casi lo mismo que pensar que la llegada de Smaug era algo inevitable, que la destrucción de Erebor estaba marcada previamente. Las imágenes de la media elfa dentro de la Montaña, salvándolo del destino cruel que le tenía reservado Smaug; de la elfa muriendo por el fuego del dragón, aparecieron súbitamente y fueron terribles. Aquel fue el momento en que se había dado cuenta de lo insensato que había sido por amar a alguien como ella, no eran las diferencias físicas, no era lo obvio. Era que el hecho que al amar a alguien así se había condenado a sufrir.

Y después había hecho lo mismo, una vez más. Amar a Idris había sido estúpido pero lo hacía con tal intensidad que jamás habría podido negarlo. Sin embargo, la había rechazado en el peor momento de su vida y ahora, gracias a eso, tenía a su hijo muriendo.

-¿Un gran precio? –preguntó finalmente Thorin. Elladan suspiró, se le veía cansado, lo cual era algo inesperado en un elfo; pero las últimas horas habían sido intensas para todos los habitantes del Valle y a pesar de que los hijos de Elrond estaban acostumbrados a batallar con los orcos, la angustia de tener a toda su familia en peligro parecía demasiado. Y luego claro el hecho de los enanos y de que su hermano, una vez que todos estuvieron a salvo, parecía dispuesto a echar a Thorin y a cualquiera que quisiera defenderlo. Elrohir tenía todos los motivos correctos para odiar a Thorin, había confiado en él aunque todo en su ser le dijera que no debía hacerlo; había creído en el amor que decía tener por Galaphian y la había dejado permanecer a su lado. ¿Para qué? Para verla pasar por los peores y más horrorosos momentos de su existencia que casi la condenaron a morir.

Elladan miró al enano. No debía olvidar que para él, Galaphian estaba muerta, calcinada por Smaug mientras intentaba salvarlo. No debía olvidar que fue lo que Legolas y Thranduil dijeron a los enanos refugiados en Mirkwood y lo que estos transmitieron a Thorin. Y así había sido y hacía sería, él no debía cambiar aquello.

-Sí, un gran precio –Elladan recordaba aquello, para él parecía prácticamente como si hubiera sido ayer aunque hubieran pasado 23 años. Después de la horrible manera en que habían llegado a Mirkwood y de la forma en que Idris había traído a sus hijos al mundo, a través de una herida de espada en el abdomen; permanecieron a la espera de lo que fuera a suceder, ambos hermanos sentían la desgracia avecinarse y ni el mejor sanador de la tierra podría cambiarlo.- Isil le dio su vida a tu hijo es lo primero que debes entender. Mientras ella viva él vivirá y mientras él viva, ella lo hará.

Thorin pareció algo sorprendido. Veía a su hijo recuperar algo de color en el rostro y poco a poco recuperaba la esperanza, ¿esto era de lo que hablaba el elfo?

-No te confundas Thorin hijo de Thráin, –acotó Elladan porque sabía que el pensamiento del enano creería como muchos que aquello significaba que el medio enano y la media elfa (Andu e Isil) vivirían el tiempo de un elfo- tu hijo vivirá el tiempo que se supondría viviría al ser un naugrim y un humano. Isil renunció a su vida para regresar a tu hijo de la muerte, para darle una oportunidad y ambos está unidos por esa razón.

THRANDUIL

Le avisaron en cuanto ella comenzó con dolores terribles en el vientre. La encontró doblada sobre sí misma y gritando por el dolor que era lo más intenso que había sentido en la vida. Su hija estaba tirada en el piso de su habitación y sin embargo nadie había podido levantarla, se debatía en contra de las manos de quienes habían tratado de ayudarla.

Su hija, la que no podía tratar como tal aunque no fuera un secreto que lo era. Su hija, a la que perdería sin remedio en poco tiempo, en un suspiro. ¿Cuánto viviría el naugrim al tener sangre dúnedain? Había intentado averiguar cosas de Idris, de su pasado. Lo más que logró fue saber que su alma condenada a vagar por la eternidad en la tierra fue salvada por el fuego de Erebor. Pero Idris había sido alguien noble en Númenor, Thranduil estaba casi seguro de que descendía directamente de Elros y la fuerza con la que había combatido a Sauron en aquellos tiempos lo probaba.

Si los dúnedain vivían más años que los humanos normales y si ella tenía sangre pura dúnedain, ¿cuántos años significaban al combinarse con la sangre naugrim? Thranduil sabía que los años que fueran iban a ser tan pocos que la vida de Isil sería inmensamente corta.

Pero verla sufrir era demasiado. Sabía que aquello pasaría, la primera vez que siendo un niño no mayor de dos años Andu había tenido un pequeño accidente, el dolor lo sufrió ella de igual manera. Después cuando cazando arañas había sufrido una herida de consideración, ella sufrió el dolor. Thranduil montó en cólera de manera tan espantosa que pocas ganas le quedaron a Nogo, el hijo de Galaphian, de seguir llevando a los hijos de Idris en sus patrullajes en el bosque. Pero cuando se fueron, cosa que no podía evitar, dejaron Mirkwood para vivir en Imladris; Thranduil temió lo peor.

Ahora sabía que había tenido razón y no tenía idea de que estaba pasando pero Andunariel debía estar al borde de la muerte para que su hijita estuviera presa de esos dolores que no dejaban que ni siquiera pudieran levantarla del piso.

Cuando se tranquilizó y su corazón volvió a latir con normalidad pudo recostarla en su cama y no tuvo mucha más opción que esperar. No estaba solo. Galaphian estaba con ella sobre la cama, sosteniendo su cabeza, Legolas tenía su mano entre la suyas y Nogo permanecía de pie junto a él. Aquella familia extraña que tenía no era lo que pensó que sería. Nada era como debía pero estaba bien, aunque no podía obviar el hecho de que dos hijos de Thorin eran parte de esa familia y que por lo menos uno de ellos causaría terribles estragos en su vida.

Isil abrió los ojos y Thranduil sintió que el alma le volvió al cuerpo, estaba bien, su hijita estaba bien.

-Estuvo muy cerca …

Galaphian la abrazó con fuerza y así permanecieron un buen rato. Thranduil se sintió aliviado, no había sido este el día en que la perdería pero debía estar alerta, algo estaba sucediendo en Imladris, algo que le concernía y que no podía obviar.

AMARIEL

Explicar cómo era posible que su hermano se pudiera recuperar de una herida tan extensa con la simple voluntad de Isil estaba sencillamente fuera de su capacidad. No lo entendía y ningún sanador de la tierra era capaz de lograr aquello, sólo Isil. La media elfa compartía mucho con Amariel, provenir de una familia rota, haber sido criada en Mirkwood y sobre todo, su hermano. Isil podría curar a su hermano a pesar de la distancia si él no se daba por vencido. Aunque casi lo hacía, no podía negar que una parte de él se quería dar por vencido porque aquel lugar dónde estuvo el día que murió, era un buen lugar. Quería regresar a ese lugar, olvidar el dolor y la tristeza y simplemente dejar de ser.

Pero Amariel sabía que su hermano no era un cobarde y que sabía que lo necesitaba para seguir adelante, que no podría mantenerse en pie sin su presencia. Pero más que otra cosa, no iba dejar que su muerte causara la muerte de Isil, porque eso era lo que sucedería, al morir su hermano lo haría de igual manera la media elfa y sería inevitable en cierto punto pero no era aún el momento.

Galadriel la había regresado a la habitación en Imladris donde todos parecían atender a su hermano y por un segundo se sintió sola. Entonces sintió sus manos tocando su cara y por un instante tan corto que pareció parte de un sueño, sus labios estuvieron sobre los de ella.

-Fili –susurró.

-Princesa.

El corazón de Amariel se detuvo. La miraba sin poder expresar nada, había estado ahí, cuidándola, desde el instante que había regresado los hijos de Elrond cargando con sus cuerpos inmóviles. Había estado ahí porque la amaba y porque a pesar de que todos trataron de sacarlo no lo permitió. Se había quedado ahí a pesar de las miradas extrañas que le dedicaron los hermanos enanos. Y había tomado su mano que se sentía tan fría y había esperado sin perder jamás la esperanza de que ambos despertaran y pudiera dejar aquel horrible día atrás.

Y ella había dicho otro nombre.

-Bilbo –dijo ella y sabía que lo había lastimado y que lo había hecho irreparablemente.


Pido una sincera disculpa por la larga espera, de verdad me ha dado mucho pena hacerlo pero simplemente no fluía, estaba tan concentrada en el fanfic de Sherlock que aunque ya sé que pasa con todos los personajes y los puntos de la historia no los lograba escribir.

En este punto recomiendo con vehemencia leer Eryn Lasgalen, la historia de Galaphian y el extraño multi ángulo amoroso con Thorin, Legolas, Smaug (si, Smaug), Thranduil y la humana Nimidriel. Tremenda locura que escribí allá pero los personajes y las situaciones que se derivan de ese fanfic están en relación con este. Como Isil, la hija de Thranduil y Nimidriel que crían Galaphian y Legolas. O Nogo, el hijo de Galaphian y Thorin (del que no tiene ni la más mínima idea de que existe). Así que pues, es un fanfic que se considera finalizado.

Y bueno, hoy me salió lo cruel con Bilbo... soy una maldita.

Comentarios bienvenidos.