¿Por qué no comentan? T-T
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El Slytherin y la Gryffindor.
Capcher III: Quiddith.
Harry es de esos compañeros de cuarto por los que temes despertar, verte al espejo y ser victima de él. Pero como todo compañero que a llevado cinco años con él, aguantándolo y conociéndolo, no haces nada más que caer y, con el paso de los años, irlo aborreciendo.
Harry es un diamante en bruto. Es bueno en el fondo pero tienes que conocerlo del todo como para darte cuenta. Sin embargo también es de los chicos que guardan sus sentimientos para si mismo y interponer barreras ante todos. Se va acumulando de todos esos extraños sentimientos hasta que se convierte en una extraña bestia. No tuvo una buena infancia pero obtuvo mucho amor cuando llegó a Hogwarts. Sus tíos no lo querían, sus padres nunca estuvieron con él, a sido el elegido y también, sobre todo ello, fue asignado a Slytherin.
Evita a todos pues nadie le da la oportunidad de soportarlo, no es sólo su culpa, también es nuestra…
May, por su parte, fue la única que le abrió su corazón por primera vez en el tren de la estación. Tenían los mismos gustos en cuanto a dulces, así que Harry - como todo caballero - le obsequió toda clase de ellos. La rana de chocolate hizo que por primera vez hicieran tacto con sus manos. Ya que ambos querían comerla. Harry la tomó con una sonrisa y, con un gesto amable, le entregó el trozo más grande…
Y creo que ser su único amigo y compañero de habitación, ayuda mucho a comprenderlo y entender el por qué de sus actos.
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-Creo que Drew tiene razón, Ash.-Comentó el castaño parando su caminata, al acabar de oír el relato de hace unos segundos.
-No, ¿Harry Potter con corazón?, ¡Si claro!-Agitó su cabello mientras le retiraba su mirada a su primo; un puchero aniñado invadió sus labios.-Sólo porque es un Slytherin no significa que tenga que ser duro con May…-
-Ash… estás en todo lo correcto.-Aludió el esmeralda tomando en su mano la perilla del salón de Defensa contra las artes obscuras.-Draco y yo lo queremos, pero claro… jamás se lo demostramos; como ambos vivíamos de pequeños con nuestros tíos sin amor lo comprendemos del todo, pero aún así no lo soportamos…-Después de un silencio incomodo, entraron al salón.
-Cambiando de tema…-Comenzó Gary tomando su lugar.-Espero que hallas hecho tu tarea, Ash. O sí no el Profesor Snape no te dejará estar en el partido…-
~ O ~
El viento contra su rostro, agitando sus cabellos de una forma rebelde; sus ojos cerrados y sus brazos abiertos incrementando su alegría encima de esa escoba. Casi olvidaba que estaba en medio de un partido. Miró hacia abajo, su equipo ese día no recibía la suerte necesaria como para ganar. Últimamente nadie quería entrenar, pese a que su capitán había sido el rumor de la semana; de una manera que no les ayudaba. Mejor dicho empeoraba. Había sido el que había insultado a la hija del Ministro…
Su mirada se concentró en el capitán del equipo enemigo; que yacía cargando el balón rojo, esquivando con agilidad a los integrantes de Slytherin. Con una sonrisa.
¿Por qué?, se preguntaba. Intentó buscar; entre los jugadores, los maestros, el cielo, el público. Y ahí estaba, la castaña apoyándolo con una sonrisa y ambas manos en su pecho; con un suéter rojo con franjas amarillas. Esa día había echo demasiado frío, pese a que estaban cerca del invierno.
Entre-cerró los ojos, fulminándolo a distancia, se aferró a su escoba con ambas manos y bufó por lo bajo. Susurró entre dientes:
-Ketchum…-Sin más que decir comenzó a dirigirse a toda velocidad hacia el aludido. Como próximo movimiento pasó a estar al lado del Ketchum - como solía llamarle - y, más que nada, concentrarse en perjudicarlo.
-¿Qué tratas de hacer?-Le preguntó, con una mano sosteniendo la Cuafo, y la sobrante sosteniéndose con su escoba.
-Algo que debí hacer hace años…-Contestó, sin importarle que estuviera apunto de estamparse con el poste de uno de los aros.
¡Y Harry se coloca a un lado de Ash!, ¿Qué tramaran los de Slytherin? Se escucharon las narraciones de Dawn, creyendo lo peor. Apretaba entre sus delicadas manos el micrófono, con el rostro delicadamente rojo por el frío de esa tarde. Todos los maestros se pararon aturdidos de sus asientos, pensando al igual que la azulada.
Al igual que May, que derramaba lagrimas al ver que ambos peleaban por su culpa. El tema de esa mañana no lo quería recordar, nunca debió confiar en su mejor amigo. Por ella, estaba a punto de terminar en el hospital…
Al estar apunto de chocar con el poste lo esquivó con facilidad, se alzó hasta llegar al otro lado del aro, esperando que el capitán llegara e intentara lanzar el balón. Se incorporó devuelta a una posición correcta. Sonrió de lado al ver que su plan había funcionado y de un bolsillo oculto en el reverso de su capa sacó su varita. Estaba apunto de quebrantar las reglas, cuando…
-¡Alto!-El estadio completo calló. Sólo eran ellos tres, nadie más importaba, nadie significativo los miraba.
Ninguna mirada valía la pena; sólo la de ella.
Llorando ahí, con el entrecejo fruncido y las manos aferrándolas a la barda que separaba a los jugadores de los espectadores. El tiempo pareció escapar de sus manos y ser controlado por una persona que por el momento no importaba. Pero, con un simple parpadeo, de la varita del Slytherin salió disparado un rayo. Llegando directamente al pecho del Gryffindor. Haciéndolo caer de su escoba por el desequilibrio…
Fin del Capítulo III
