-Capítulo II: El santuario del bosque -
Ya había llegado al primer camino. El correcto era el que poseía la marca de la diosa del coraje, Farore. Navi inmediatamente identifico aquel símbolo. Tres lunas en forma de cuartos menguantes de tamaño decreciente hacia el centro, y en la parte donde no alcanzaba a cubrir el cuerpo de las lunas se encontraba un círculo, completando el símbolo.
– ¡Link! – Dijo la pequeña hada – El camino debe ser este – señala dando vueltas alrededor de un arbusto con la anterior descripción.
–Muy bien, Navi – Expreso Link ante la hadita – Yo te seguiré porque la verdad no entiendo mucho sobre todo este asunto. Cuando se trata de cosas sobre Hyrule no sé nada. El Gran Árbol Deku… bueno él nos contaba historias y nos daba clases sobre la historia de este mundo, sin embargo – Link guardo silencio y entristeció.
–No pienses en el Gran Árbol Deku de esa manera Link. Tenemos que seguir adelante, así lo hubiera querido él – Navi también sonaba melancólica.
Link miro hacia el pasadizo, parecía uno normal así que sin miedo se adentro en este. Pero en cuanto comenzó a caminar una ráfaga de viento parecía absorberlo y en un segundo tras de Navi y él unos arbustos le cerraron el paso para regresar. El ambiente comenzó a ponerse tenebroso.
Los miedos más profundos de Navi se proyectaban en todo su esplendor, pero como siempre fue capaz de concentrarse y saber que aquello eran simples ilusiones.
Por otro lado, Link, observaba con temor imágenes de todos sus amigos, a quienes apreciaba, a los lados, todos sufriendo y pidiendo ser salvados.
–Yo… – Ni siquiera articulaba palabra alguna, sentía inconscientemente que era su culpa, por haberlos abandonado, pero en su mente se decía así mismo que eran puras mentiras.
Con forme avanzaba veía cosas más raras. Si bien había soportado lo otro, lo que venía era aún más duro.
–Link – Escucho entre los arboles del sendero, una voz masculina – Link – Repitió una voz, ahora femenina.
– ¿Quién…? – Pregunto el chico observando a su alrededor. A unos metros, detrás de él, se encontraban dos figuras humanas, paradas y sujetos entre ellos.
No pudo reconocerlos, eran totales extraños para él. De nuevo hablaron ambos –Link – dijo la mujer – Mi querido Link…
–Sabíamos desde un principio tu destino, hijo nuestro – Quedo de piedra al escuchar "hijo" ¿Era acaso que estaba frente a sus padres?, aquellos que nunca conoció y que por el tiempo entendió que era un hyliano abandonado…
– ¡¿P-padre, madre? ! – Dijo a lloras, con una expresión adolorida –Esto… ¿Esto es verdad?
Navi no parecía reaccionar con peligro, pero sugiero a Link seguir su camino – No hay tiempo que perder, Link.
–Pero… – cerró sus ojos, tratando de desaparecer aquello que observaba.
Navi continúo hablando –Sé que deseas con todo tu corazón saber más de tus familiares, pero no es hora, la princesa Zelda podría peligrar.
Link guardó silencio, al volver a mirar atrás ya no había nadie – Tienes razón… no… no hay tiempo que perder.
Al fin veía el verdadero final del sendero, aquel sendero obscuro de los mismos arcos del santuario y que aunque hermoso, se veía siniestro, lleno de trucos sucios para los débiles.
Por fin, ya había parecido una eternidad, habían llegado hasta la primera parte del santuario. A simple vista se notaban arcos de piedra, el símbolo de la diosa Farore y la marca de la trifuerza. Link saco un sonido de sorpresa ante aquella hermosa construcción que parecía de fantasía.
–Para encontrar la pista, debemos internarnos hasta el punto medio del santuario.
– ¿En serio? Pensé que sería difícil – Dijo Link confiado, entonces el hada soltó una gran carcajada – ¿Por qué ríes, Navi? –Pregunto Link extrañado, posando sus brazos en la cintura.
–Bueno, Link, ¿es que acaso no sabes lo grande que es el santuario? –Le niega con la cabeza – Era de suponer, pues sí, parece ser un espacio pequeño, pero para pasar al punto medio debes resolver un acertijo… quiero decir, ¿A caso piensas que las pistas para llegar a la princesa iban a estar en bandeja de plata? Sí así fuera, Ganondorf lo hubiera podido resolver.
–Entiendo –comentó Link – Quiere decir, entonces, que Ganondorf no pudo pasar más allá de este punto.
–Exacto, es porque en su interior yace un maligno enemigo que en su momento tu antepasado enfrento, con un sello, que los antiguos sabios pusieron. El bosque de Farone se le está prohibido, es incapaz de entrar a este santuario aunque él quiera.
Link no dijo nada. Sólo se preguntaba sobre lo dicho por Navi ¿Un ante pasado? No entendía si se refería a un pariente de hace tiempo, o a si mismo encarnado en alguien que salvo el día. Link prefirió no preguntar y enfocarse en lo principal por lo que iban.
–Bien, ahora que estamos en esta parte del bosque me siento tranquila – revoloteo acercándose a la edificación de piedra. Link observaba con tal expresión confusa, aquel enorme lugar.
Sobresalía el color gris de las piedras y el verde del musgo que lo cubría. Sobre las piedras había inscripciones o símbolos y a los alrededores se notaban muchas estatuas de mujeres.
Pero no sólo encontraba satisfactoria tal vista, sino que el sonido de calma tan sólo de la naturaleza del bosque tranquilizaba todas las fibras de su cuerpo, haciéndole sentir una tranquilidad que no sentía desde que salió del bosque Kokiri hacía más de siete años.
Encontraba exquisito el santuario, de no ser porque no venían a apreciar nada, sino a encontrar pistas para saber dónde se encontraba la princesa.
Entonces Link sacudió la cabeza, saliendo del trance que había puesto aquella sensación del lugar.
–Link, la entrada se encuentra cerrada todavía – anuncia el hada, mirando hacia una puerta enrome de color gris, pues se trataba de piedra cubriéndola.
–Habrá que encontrar una llave o un interruptor que nos deje pasar. Vamos a ver si hay algo que nos de alguna pista para ver qué hacer.
Así mismo empezaron a buscar algún tipo de inscripción, cartel o señales que indicaran hacer algo especial para abrir o derribar la puerta de piedra. Tal como dentro del Gran Árbol Deku, la cueva del Rey Dodongo, o dentro del venerable Jabu-Jabu. Este último le hizo recordar una desagradable sensación con respecto a lo que había visto dentro, sin contar que aún tenía pequeñas pesadillas sobre el monstruo dentro de éste.
Paso un largo rato, el santuario era grande más allá de los arcos de piedra. Revisaron cada estatua, hasta que Navi, con su siempre perspicacia, encontró la respuesta.
-¡Aquí! ¡Aquí hay algo, Link! – Gritó a todo pulmón haciendo reaccionar al joven de sus pensamientos.
Corrió hacia donde el hada y luego vio que en uno de los pilares se escondían unas letras. Era hyliano común. Tal vez dejado a propósito en claves sólo para el conocimiento de Link
De hecho, comenzó a reír con aquellas frases bobas que veía entre memorias infantiles. Lo que enfado poco a Navi. Al notar aquello, Link insistió en que se tranquilizara. Tenía sus motivos por los cuales reír desenfrenado ante aquellas palabras en la estatua.
Un recuerdo de su tierna infancia junto a Saria lo hizo sonreír de oreja a oreja.
"–En el cielo resplandeciente, como el reflejo del agua incandescente… yace un poder capaz de derretir hasta el hielo más frio… – Comentaba una muchachita con apariencia de niña, de cabello verde, algo corto y que de distribuía en sus hombros perfectamente.
– ¿Y eso que tiene que ver con lo que estamos viendo? –Preguntaba el niño pequeño, de unos seis o cinco años mirando acostado boca abajo, admirando junto a la otra niña un pequeño charco de agua que simulaba ser un pequeño lago, tal vez uno grande para los insectos
–Muchas cosas, Link. Hay un lago lejos de este lugar que se llama Lago Hylia, ahí reside ese poder. Mira, aquello que ves se reflejado se llama sol…
– ¿Y el sol que tiene que ver con lo que estamos haciendo? – Volvió a cuestionar con un tono que hacía gracia a la muchachita.
–Estamos viendo algo maravilloso… ¿sabes que el sol algunas veces deja caer en un lugar muy lejos de aquí flechas mágicas que inundan de calor lo que tocan? Sólo hay que dispararle con una en el alba, y así podrás tener el poder en muchas de tus flechas. Pero veo que tu cara sigue confusa… algún día estará al alcance de tu entendimiento…
–Tampoco entendí eso ultimo Saria, mejor toca la canción de siempre…
–Claro Link… –Respondió con una enorme sonrisa a la petición del pequeño, este sonrió de felicidad al escuchar la tonada…"
En la inscripción decía lo siguiente: "Tan sólo en la alegría de un infante, encontraras la verdad para entrar a este sagrado lugar…"
–Mmm… – El muchacho tomó su barbilla. Sabía perfectamente a que se refería, su alegría estaba justo en aquella niña que cada día alegraba su vida en la niñez – Entonces, lo que tenemos que hacer es entonar la canción de los bosques ¿Cuál es la canción de los bosques?
Navi parecía toparse una mano contra la frente al escuchar a Link decir aquello.
–Es la canción que Saria te enseño – le dice divertidamente – Ay Link…
– ¡Ha, ha! Caíste ¿De verdad creíste que lo olvidaría? – El muchacho sacó la ocarina que Saria le entrego, tan sólo consto de unos segundos para escuchar esa hermosa melodía tan recurrente que su amiga, encantadamente tocaba sin cesar, pero ahora interpretada por él frente a la enorme puerta de piedra.
De repente, frente a ellos comenzó a temblar la tierra, la puerta cayó al suelo y esta formó una escalera perfectamente alineada. Ambos quedaron perplejos y anonadados, sobre todo Link. Una vez abierta se miraron entre sí y entraron al santuario, la primera parada.
Este estaba cubierto por musgo, estaba un tanto obscuro y se encontraba medio húmedo por el suelo. Las paredes se encontraban con diferentes inscripciones y diversas palabras en un lenguaje desconocido para Link, todo esto un poco visible gracias al destello de luz que irradiaba Navi.
Poco a poco llegaron hasta una cámara hexagonal donde la puerta se cerró tras de Link, poniéndolo alerta. No era la primera vez que eso pasaba, por lo que no se sintió tan atemorizado como las primeras veces.
Un montón de antorchas se encendieron alrededor de la sala y frente a Link apareció una figura de un hombre encapuchado que se le acercó.
–Mi nombre no tiene importancia, joven elegido entre tantos para culminar los designios de las diosas. Pero debes saber que te encuentras frente al primero de los antiguos sabios. El antiguo sabio del bosque – dijo este, sosteniendo en una mano un extraño báculo – Joven que has llegado hasta aquí. Si deseas avanzar deberás enfrentarte a innumerables pruebas para probar tu valía como el héroe. Una vez que hayas terminado, podrás dirigirte sin demora hasta la ubicación de aquel ser amado que has perdido.
Las mejillas de Link enrojecieron, tratando de ocultar aquello de "ser amado" que tanto le ponía nervios. Espabilo cuando recordó que no era tiempo para eso. Zelda podría estar en peligro.
–Pero antes de pasar a la primera pista, deberás enfrentarte a una prueba que muestre tu valor. La única pista que te ofrezco para derrotar a tu próximo enemigo será la siguiente "Si enfocas tu vista más allá de lo visible, la pupila te ofrecerá la respuesta" Tan sólo el viento sabrá guiarte, muchacho. Suerte.
En un intento desesperado por tocar al viejo en clemencia de que esperara, Link cayo en cuenta que sólo era una túnica negra con arena. Aunque el báculo quedo tirado en el suelo. El muchacho lo tomó entre sus manos y luego Navi revoloteó sobre este.
– ¡Link, Link! Será mejor que no se te ocurra hacer tonterías con esto que tienes en las manos. Es un objeto importante que pertenece a los antiguos sabios. Es quizá esta una pequeña prueba y por eso te lo han encomendado.
– ¿Será? – Dijo Link confundido – ¿Y para qué sirve? – Preguntó hacia Navi, con la espera de una respuesta.
–Pues lo llaman Báculo del Dominio, tal vez controla algo. Lo que no se bien es el qué – Respondió con su siempre aguda voz.
Apresurados por conocer la utilidad del objeto, les cayó de sorpresa que una puerta a su lado izquierdo se abrió para dar paso a una larga galería con la misma decoración que la anterior sala.
Había antorchas puestas dentro de un aplique o forja metálica que lo sostenía, con un diseño diferente a la de la sala anterior. Mientras que este era mucho más sencillo, el de la sala hexagonal tenía un adorno del símbolo de la familia real en color dorado, aunque bastante desgastado y la base era de piedra.
Se abrieron paso en aquella tenue luz del pasillo. Había algunas goteras de las cuales caían pequeñas gotas de la humedad sobre las mejillas de Link, y una que otra rata pasando por el suelo a gran rapidez entre túneles que habían hecho con el desgaste de las paredes en el tiempo que habían residido ahí. Sorprendentemente parecía un calabozo más que un santuario, pero como bien dijo Navi, no iba a estar todo en una bandeja de plata.
Se notaba como la naturaleza derruía cualquier cosa que intentara sobreponerse ante ella, y la convertía tan sólo en algo más de sí misma.
Ambos escucharon un ruido. Caminaban con bastante cautela por miedo a pisar algún interruptor trampa o encontrarse con algún enemigo. Entonces comenzó lo más duro. A Link se le daba bien ser cauteloso, pero por alguna u otra razón siempre terminaba teniendo algún conflicto que le impedía seguir con aquel sigilo.
No hubo más opción que tratar de pedirles a las diosas que todo saliera bien.
–Aquí vamos –Anuncio Link determinado –Esto es simple como siempre lo ha sido.
Siguió caminando en aquel largo pasadizo hasta toparse con una sala circular que parecía más bien una arena. Había hasta unos cuantos asientos que le hacían pensar aquello a Link. El suelo tampoco era piedra si no arena y grava húmeda, y un tanto llena de moho.
Algunas plantas también habían tomado posesión de algunas partes del suelo. A pesar de que la habitación estaba oscura, gracias nuevamente a Navi se logó ver un poco de lo que había, pues se encontraba inspeccionando la zona.
Cuando se dio cuenta que sólo estaba eso en la habitación, aviso con prisa a Link. Aún con esa aparente paz, ambos tenían un mal presentimiento. Tan sólo tenían que girar a la derecha y estaría otra puerta hacia otra habitación, pero conociendo ese tipo de lugares, sabía que no sería nada bueno entrar a ese sitio.
Pero no había de otra…
Link se internó con la guardia en alto, sacando su espada y escudo al frente determinado a protegerse de lo que estuviera acechándole. Si, de esa forma se sentía, como si estuviera siendo la presa de algún animal salvaje.
No hubo alguna señal de peligro. Unas antorchas se encendieron cuando se internó más en la habitación. Estas también estaban sostenidas por apliques metálicos, tan sencillos como los del pasillo anterior.
Una vez comprobó que al pisar el centro de esa arena no pasaba nada, se dirigió hacia la puerta. Se detuvo a unos centímetros para comprobar si pasaría algo, pero nada.
–Bueno, esta vez no vamos a… –Su pie se hundió lentamente hasta que la baldosa pisada hizo "¡Clic!" –Genial… – La sien le sudo nervioso.
De inmediato una reja se cernió sobre la puerta evitando la salida hacia la siguiente galería. Link se dio una cachetada mental. Se sintió estúpido por olvidar los pequeños detalles como aquel.
Aunque espabilo rápidamente, se dio cuenta que tras él no había nada. Estaba completamente vació. Suspiró hondo aliviado, pero de pronto las antorchas se encendieron con más fuerza. El suelo comenzó a moverse, como si estuviera tambaleándose. Link no lograba mantener el equilibrio del todo y cayó al suelo de espaldas. Poco a poco aquella capa de arena y grava dejaba paso a cinco extrañas figuras sobresalir.
Dos de ellas estaban completamente inmóviles. Tenían un agujero por el medio, parecían ser dos estatuas que se mantenían serenas. Su aspecto parecía de un caballero en posición de guardia. Cabe destacar que sobre las manos poseían una espada que al parecer era de acero o parecido.
Por otro lado, las otras tres figuras eran dos mujeres con un báculo sobre las manos y el tercero era un caballero, pero este no era nada parecido a los que podría haber en la ciudadela, o en los cuentos del Gran Árbol Deku.
Sobre su cabeza, en su casco, parecía haber una marca que atemorizo a Navi al instante. Pronto, el muñeco despertó abalanzándose contra Link a gran velocidad.
A pesar de que el Link la esquivó con rapidez, la embestida había sido tan violenta que retumbo la sala fuertemente al chocar con la pared.
Link no dudo en tomar su espada y sacar el escudo en mano. Aquel caballero quizá ni estaba predestinado a ser el contrincante, debido a la marca de la tribu Gerudo sobre la frente de su casco.
Navi rápidamente daba consejo a Link.
–Por nada del mundo dejes que te pegue. Estoy segura de que sólo bastara con un golpe para dejarte fuera de combate –Anunció con temor en el aire. Link sólo siguió su indicación.
El muchacho se cubrió una y otra vez los golpes del enemigo. Pero pronto comenzó a notar las abolladuras. Ese escudo estaría por romperse pronto. Y con menos del tiempo predispuesto, el muchacho escuchó el crujir de su escudo en un instante, y en segundos como se quebró en dos.
Rodo hacia la derecha esquivando el golpe mortal del caballero negro con aquel enorme mandoble. El joven sudo de la sien con nervios. Corrió al otro extremo de la sala esperando que su cabeza ideara un plan que rozara lo infalible.
Aunque en principio lo considero una posibilidad, se empeñó en encontrar un punto débil en alguna esquina de su armadura. Quizá si hubiera un pequeño pliegue que dejara al descubierto su cuerpo. Aunque tuviese una cota de malla, su espada era fuerte, aunque no sabía hasta qué punto.
Link intento llegar en la guardia baja del caballero. Había sido él mismo la carnada, dejándose aparentemente descubierto, pero sólo aparentemente.
El rubio esbozó una sonrisa de victoria cuando postro la punta y más de la punta en ese pliegue que tanto se había esforzado en encontrar, pero lo único que obtuvo fue un mal sabor de boca. El caballero no se inmuto nada, es más, tan sólo echo a reír como si de cosquillas se tratara y dio una fuerte patada al frágil muchacho que únicamente rodó a unos metros de distancia. Como si su espada no fuese nada, la rompió en dos sin esfuerzo alguno, con doblar esa abertura.
Navi voló hasta donde se había precipitado y trató de despertar sus sentidos, pero Link estaba sumamente adolorido, el aire se había salido de sus pulmones con esa patada en el pecho. Se retorció hasta el punto de sacar sangre de su boca, y maldijo mirando su lento acercamiento.
En ese mismo instante, sintió que una voz le llamaba en la lejanía. Una voz joven, pero no demasiado "Joven que has sido elegido por mi mano y los designios de las diosas… que el miedo no nuble tu astucia, ni merme tus fuerzas. Busca la salida en lo que se te ha encomendado…" También lograba percibir que hablaba con una entonación dulce y generosa. Algo en esa voz le traía nostalgia, aunque nunca la había escuchado.
Cuando la voz ceso, una fuerza de voluntad, un enorme anhelo de vivir, llenó el cuerpo de Link, y sin dilación esquivó los siguientes golpes que el caballero negro intentó asestar contra su cuerpo.
Rápidamente sacó el Báculo del Dominio y suspiro hondo.
–Qué esto sirva, por el amor de todas las diosas – Pensó en el instante. Corrió hasta quedar frente a una de las estatuas de caballero con aquella enorme espada de acero – ¡Responde a mi voluntad! –Gritó gimoteando un poco el rostro.
Entonces, y sin esperarlo de ninguna manera, él y Navi presenciaron como una esfera de luz color verde olivo salió disparada haca el cuerpo de uno de los caballeros. Inmediatamente una luz del mismo color inundo todos los detalles que rodeaban aquella estatua.
Link movió su mano confundido y Navi se percató de que el caballero de piedra también.
– ¡Link! ¡La estatua! – Señaló el hada revoloteando sobre esta.
Link sonrió con esperanza y entonces comenzó a mover el báculo como si estuviera usando la espada. Con uno solo de los golpes destrozó parte de la armadura. La espada era mucho más fuerte de lo que él creía.
– ¡Eso! –Gritó emocionado. Con premura destrozó uno de sus brazos y sorprendentemente no salió nada de sangre. Seguro era obra de una armadura poseída o algo por el estilo. Conociendo la cobardía de Ganondorf, el no estaría ahí, estaban seguros – ¡Vamos!
La armadura se abalanzo contra Link, pero este se cubrió con la espada del caballero de piedra, retuvo el tajó hasta presionar y zafarse. El mandoble pesaba, pero debido a que Link la controlaba con aquel pequeño báculo, era pan comido hacer otro movimiento.
Cuando terminó de romper totalmente la armadura del caballero, este se deshizo del resto y lanzó el mandoble hacia el rubio. Este rozó un brazo de Link peligrosamente. Alguna que otra gota de sangre recorrió su hombro. Pero ni así detuvo su partido. Link seguía con la misma expresión.
Más golpes resonaron en aquella amplia habitación hasta que la victoria sonrió para el rubio. La espada atravesó al caballero negro sacando sólo niebla oscura y roja, para después desaparecer.
Ahora sólo la agitada respiración del joven llenaba los oídos de Navi. Muy al pesar del hada seguían encerrados, pero a salvo.
–Eso fue peligroso – Dijo Link – Pude haber muerto…
Su confesión parecía lastimarle. Algo que siempre le había carcomido es que jamás tuvo algún maestro que le enseñara a blandir la espada como lo haría un experto. Nunca hubo tiempo. Su vida, desde aquel día de la caída de Hyrule, se trataba de huir de un lugar a otro y buscar incidíos de Zelda.
Pronto se dio cuenta de una cosa ¿De verdad era capaz de postrarse enfrente de Zelda con ese aspecto tan… flacucho? Era obvio que no. Si para ella fue un héroe de pequeño, tan sólo lo fue por recibir la piedra espiritual. El Gran Árbol Deku le había encomendado esa misión por ser el único en poder salir del bosque, eso era más que seguro.
Link suspiró con melancolía, pero eso no detuvo su motivación. Por poco caía de nuevo en una negación del pasado, pero no era lo correcto.
Él no llegó por casualidad al bosque Kokiri, algo debió llevarlo hasta ese punto. Quizá si hubiera escuchado a esos hylianos en el bosque ¿Aunque que podía ser real en la espesura de esa niebla? Tal vez si el Gran Árbol Deku le hubiera mencionado que era un hyliano y la forma en la que había terminado en el bosque junto a los demás Kokiri, ahora mismo no estuviera cuestionando nada.
Navi se percató de lo pensativo que estaba su compañero, y como si supiera leerle la mente se abalanzó contra una de sus mejillas, abrazándola con fuerza. Link sintió la calidez de Navi y se lo agradeció.
Regresando a su mente el presente santuario, Link examino la sala. No encontraba nada que fuese una respuesta. Lo único que había de importante en el sitio eran esas estatuas. Pensaron algunos largos minutos hasta que Link se percató de algo.
Uno de los caballeros tenía el emblema de la familia real de Hyrule. Mientras que el otro no tenía nada. Y entre las estatuas, una de las mujeres sostenía una daga bajo la pantorrilla. Eso sólo le daba muchas respuestas que podrían o no podrían ser, así que siguió buscando.
Para su buena suerte, no tardo en tirarse al suelo exhausto y al mirar al techo encontró algo interesante.
"Antiguamente, la sacerdotisa y el héroe no fueron si no hylianos comunes. Pero el tiempo pasó. La sangre de la diosa que dominaba a la sacerdotisa se convirtió en la regente de su pueblo, entonces se le conoció como el Reino de Hyrule. Pero todo reino tiene conflictos, como cualquiera. Aquellos que conocieron la leyenda de la trifuerza lucharon hasta tratar de alcanzarla, pero las diosas se lo impidieron y forjaron un espejo capaz de llevarse todo a un crepúsculo eterno.
Juzgar más allá de las apariencias era indispensable en ese momento. No podías dejarte llevar por la hermosura de una joven que era aparentemente alguien buena. Pero hasta los caballeros caían por aquel encanto en sus garras.
Había tan sólo uno que no se dejaba engañar, pues tenía el dominio en sus mano…"
–Link… ¡Link! – Gritoneó Navi preocupada. El hyliano se había absorbido totalmente por una visión. Y es que sobre el techo parecía narrar una cruenta guerra con algunas imágenes, como la de hacía unos años, la Guerra Civil, pero la narración había sido nuevamente por aquella misteriosa voz en el aire.
Ignorando ese hecho y al hada, se acercó hasta el caballero hyliano y destruyó la estatua de la mujer de la daga con un solo golpe.
–Muy bien – Dijo Link mostrando seguridad.
Tras haber destruido la estatua, movió una palanca que estaba dentro de esta hacia la derecha, donde estaba la otra estatua de la otra mujer. La puerta se abrió frente a ellos.
– ¿Cómo es que tú…? –Navi no daba crédito al muchacho. Lo había resuelto todo el solo.
–Instinto – menciono este taciturno, impropio de Link.
Algo empezaba a carcomer a Navi. No sabía qué, pero Link estaba escondiéndole algo, y lo iba a averiguar. Pero ahora tenían que seguir avanzando hacia el centro del santuario.
Después de todo, sentía que el tiempo estaba agotándose.
Continuará
