Entre la Espada y el Hielo
Historia 3
Era Sengoku
Pedido por: JDayC
Palabras: 2278
Rating: T (sugestivo e implica temas complicados)
Resumen: En Japón feudal, es común la enemistad de clanes y el uso sucio para lograr sus cometidos, el honor desaparece, pero también puede ser usado como venganza contra el enemigo.
Disclaimer: Frozen de Disney, ni sus personajes me pertencen, simplemente los uso para el desarrollo de un argumento sin fines de lucro
El sonido del agua cayendo sobre el bambú cortaba el silencioso ambiente que reinaba en la casa del clan Arendelle. No era para menos ante los últimos hechos ocurridos dentro de aquel hogar.
Anna, la menor del clan, se encontraba en una habitación con un té recién servido y unos dangos* que amablemente Gerda le había entregado en busca de tranquilizarla. Tal vez en una ocasión distinta pudo haber pasado eso, pero en la actualidad las cosas no podían ser amenizadas con dulces.
Sentada de rodillas, observaba el humo del té verde salir silenciosamente de la taza de cerámica. Giró su rostro, haciendo que su kimono verde esmeralda con detalles dorados se moviera suavemente en dirección a una de las murallas que la separaba de la otra habitación.
Sentía rabia e impotencia ante lo que había del otro lado sin poder hacer algo al respecto.
Detrás de la muralla, habían dos sirvientas que se encargaban, con peines y telas en las manos, de arreglar a la joven en su interior.
Elsa, la hija mayor del clan, se mantenía resuelta a como la estaban vistiendo, su imperturbable mirada cerúlea no mostraba expresión alguna, mientras mentalmente recordaba los acontecimientos que la había llevado a tal momento.
Arendelle tenía graves problemas con el clan del Sur, quienes lideraban unas islas de aquel punto cardinal. No sólo tenían aquel espacio estratégico, sino que también amplia ubicación para navegar en el mar y la posibilidad de sacar productos de este mismo, consiguiendo ampliar su poderío ante las alianzas hechas gracias a los hijos del gran daimyō*, dejando al último de sus trece hijos dirigiendo las tierras por la actual condición enfermiza de quien lideraba el clan,
Todos sabían de los rumores que existían del decimotercer hijo. Era uno de los más parecidos al gran señor al cual estaba reemplazando, no sólo en su porte de juventud, también en la manera en que administraba las tierras y en su gran avaricia.
Los ataques del Sur fueron mayores y duros en relación a los que su indispuesto padre había efectuado al clan de Arendelle. El último de aquella dinastía había cortando los caminos y saboteando cada posible alianza que aquel pobre clan podría crear. Cercando cada vez más, como un escorpión en un anillo de fuego, al padre de las chicas. Este último, tuvo que entablar una conversación con el nuevo daimyō por el bien de su existencia y la tranquilidad de su gente.
El nuevo señor no iba a dejar su brazo a torcer y Arendelle tenía mucho que perder, el señor pelirrojo hizo su jugada.
- Podemos dejar de pelear, Adgar- comentó el señor del Sur- No nos conviene estar enemistados ante la grave crisis del país: los señores se pelean entre ellos destruyendo a la gente y sus familias. Mi clan a logrado abrirse a nuevas tierras gracias a los tratados con clanes, fusionándose con nosotros.
Adgar lo miró seriamente evitando aquel dolor punzante que aparecía en su estómago antes de hablar.
- Señor Hans- comentó con tranquilidad- No es necesario que siga comentando lo que todos sabemos. Hay guerras en todos lados y sus ataques no nos han ayudado a la protección de mi gente.
Hans sonrió con leve prepotencia.
- Si usted quiere llegar a un trato, dígalo sin rodeos, no quiero perder más tiempo.
El pelirrojo tomó con suavidad la taza de cerámica con el té verde que se le había ofrecido para dar un ruidoso sorbo.
- Para que Arendelle deje de ser atacado por los de Sur, sugiero una alianza en donde ambos clanes se unan como una familia.
Los ojos de Adgar se abrieron de golpe. Comprendiendo la gravedad de aquellas palabras.
- ¿Desea que entregue a una de mis hijas en matrimonio?
- Así es- confirmó el señor del Sur.
- ¿Quién sería la persona con la cual se uniría?
- Lo tiene frente a sus ojos.
Adgar apretó fuertemente sus manos sobre su kimono negro para evitar mostrar el enfado que comenzaba a apoderarse de él. No podía conceder que una de sus bellas flores se uniera a un ser tan detestable, pero rayos. ¿Qué podía hacer?
El mismo quería buscarle un prometido a sus dos hijas. Elsa era la que más repelía la idea del matrimonio y Anna lo único que esperaba era vestirse con un traje de novia y beber el sake ceremonial, pero no deseaba cumplir su capricho de esta forma, era muy inocente para ser parte de este acuerdo.
Con un suave asentimiento, tuvo que ceder.
- Con gusto le entregaré la mano de cualquiera de mis dos hijas- susurró vencido Adgar.
- Deseo a la mayor- concretó Hans- Me han llegado rumores que es la viva imagen de una yuki onna* - Los ojos del pelirrojo brillaron con una intensa malicia- Alguien con esas características es muy atrayente, será una gran compañera de por vida, generará respeto y me ayudará a tener una preciosa descendencia.
La noticia había sido comunicada por el padre a sus hijas. Elsa quedó en estado de shock y Anna gritó furiosa al permitir que su hermana mayor fuera una moneda de cambio. Destruyó la habitación lanzando platos, mesas y llorando desconsoladamente. La misma Elsa tuvo que tranquilizarla hasta que fue muy tarde en la noche.
Elsa volvió al presente observándose en un espejo que las doncellas le acercaban.
- Se ve hermosa, señorita- dijo una- Parece una princesa.
El kimono ceremonial blanco se mezclaban con su pálida piel. Su cabello había sido tomado en cintas blancas y decorado con flores. Su rostro fue decorado con líneas rojas sobre sus ojos y sus labios pintados en tono carmín con un delicado pincel, sus mejillas embrochadas con tonos rosados creando un rubor mentiroso.
Se veía preciosa y la misma novia admitía eso. Pero se detestaba ante la razón de estar vestida así en aquel momento.
Las doncellas se retiraron dejándola a solas por un rato.
A los pocos minutos, la joven sintió el sonido de la puerta abrirse. Anna había entrado con los ojos clavados en ella sin una expresión determinada. La mayor conocía esa actitud: Buscaba hacerse la fuerte para no querer derrumbarse en ese minuto.
Para las dos era muy complicada la situación.
- Anna- susurró Elsa buscando romper el incómodo silencio creado.
La pelirroja se acercó a ella, en silencio y la abrazó, la mayor correspondió ante este gesto.
- Esto… no es justo hermana- comentó la Anna tapando su rostro entre las telas blancas de la novia
- Lo sé- afirmó la rubia cerrando sus manos sobre la cabeza de la pelirroja en una suave caricia- No deseo unirme a alguien de esta manera, pero es por el bien común… estoy tratando de asimilarlo.
Había mucho en juego: su familia y la integridad de quienes vivían bajo el brazo de la administración de su padre. No quería esto. Pero la felicidad común era más importante que la suya en este momento.
- Pero… - comentó Anna en un suspiro- No sabemos bien de que puede ser capaz el clan del Sur y ese hombre… me asusta Elsa.. he escuchado cosas horribles del menor del clan… temo que te haga algo.
Elsa respiró suavemente, entendiendo el miedo de su hermana. No quería estar aterrada o asustar a Anna más de lo que debía. Conocía muy bien la reputación de aquel hombre que nunca había visto.
Que ironía pensar que estaría unida a él por siempre.
- No permitiré que me haga nada- concluyó Elsa, levantando con sus manos de porcelana el mentón de su hermana- Anna, querida- le rogó- Deseo que hagas algo por mí.
La rubia acercó sus labios a la oreja de su hermana comentando algo en susurros. Los ojos de Anna se abrieron y un leve temblor apareció en sus ojos ante cada frase que su hermana le regalaba.
La novia se separó de la joven del kimono verde, esta alzó su vista encontrándose con la mirada zafiro de su hermana mayor.
- Por favor… - suplicó Elsa haciendo que sus ojos brillaran de pena.
Anna asintió con angustia ante todo lo que su hermana había compartido con ella. Sin dejar de mostrar miedo y tristeza ante lo que fue susurrado en su oído.
- Confía en mí- terminó de decir la pelirroja.
En el templo sonaban las campanas.
En el altar se respiraba un aire denso, que era cortado por la presencia de la novia que parecía relucir con su vestido blanco. El señor del Sur no dejaba de verla de reojo y la joven podía sentir los penetrantes ojos verdes del que sería su marido inspeccionándola indebidamente.
El sake fue servido y bebido tres veces por el señor del Sur, entregándole la taza a la joven sin apartar sus ojos. De manera suave y tratando de esconder el miedo que le recorría por sus venas; la joven tomó el primer sorbo y el segundo. Terminando con el tercero, convirtiéndolo en una mujer fiel y obediente a aquel perverso hombre.
El matrimonio había sido efectuado.
Encontró los ojos de Anna observarla mientras era llevada al carruaje que la conduciría a su nuevo hogar, en las tierras del Sur. Podía ver el son de tristeza en su rostro, no la culpaba. Con la mejor intención, le regaló una última mirada a su hermana con una delicada sonrisa, antes de comenzar a moverse.
Los sirvientes hacían reverencias a la llegada del señor y su esposa, dejándolos caminar por los pasillos. El pelirrojo guió a su mujer a una habitación. La nueva señora de la casa se encontró con una sala abierta, con las ventanas que daban al jardín principal. Se podía oír el sonido del agua caer por la caña de bambú. Tenía un aroma agradable a jazmín por el incienso prendido.
- ¿Es de su agrado?- comentó el pelirrojo sacando de sus pensamiento a la joven
- Es agradable, si, se lo agradezco- susurró la joven sin querer verlo.
- Me alegro, es lo menos que puedo hacer por la persona que será mi compañera.
Las palabras le incomodaron a la rubia y más al sentir los pasos sobre la madera acercándose hacia ella.
Las manos del pelirrojo rozaron las mangas de su vestimenta, alertando su proximidad a la recién desposada joven.
Instintivamente, la rubia se movió evitando un mayor acercamiento, generando un leve risa grave en la boca de su marido.
- Es demasiado tímida, mi señora- comentó divertido el señor del Sur- Conozco su recato, es algo que muchos señores hablaban cuando iban a visitar a su padre, así como su sobrenatural belleza.
La joven agradecía que el velo se mantenía sobre su rostro, evitando mostrar el leve rubor de incomodidad que aparecía en sus mejillas.
- Ahora es la señora de un daimyō- proclamó el pelirrojo- Y espero de usted una compañera fiel por toda la vida y pueda entregarme lo que más deseo.
- Pensé que la unión con las tierras de mi padre era su objetivo- susurró la joven- ¿No era lo que buscaba?
- Es verdad- asintió el señor – Pero no puedo administrar yo solo las infinitas tierras que poseo y más en medio de guerras con otros señores, debo mostrar que mi estirpe será invencible.
Los dedos del señor tocaron una de las cintas que decoraban el kimono blanco llevándoselas hacia su rostro y rozando con su boca la fina tela.
- Haremos una bella descendencia, mi señora- afirmó el pelirrojo- Serán fuertes como mi gente y extravagantes como la dueña del vientre del cual saldrán.
Elsa respiró agitadamente ante aquella afirmación, su corazón comenzó a latir con fuerza y sus pies temblaron sabiendo que le esperaba.
Hans soltó la cinta, sus pasos lo dirigieron hasta la puerta de salida.
- La dejaré a solas un tiempo- comentó el pelirrojo- El viaje fue largo y se que no está acostumbrada a ellos.
Hizo una reverencia a la joven dejándola sola.
Elsa, al sentir los pasos alejarse, sus piernas se le hicieron débiles, cayendo en el tatami* que cubría el piso.
Se abrazó a si misma, buscando reconfortarse ante todo lo que estaba pasando para luego negar con la cabeza, tratando de pensar que todo era un sueño, que no estaba en aquellas tierras desconocidas, lejos de su hogar, sin su familia, amigos o gente de confianza y con un hombre que ha sobornado a su padre para tenerla prisionera en aquella gran casa.
Se arrodilló, respirando ruidosamente quitándose las ideas y templando su mente.
Se quitó el velo de su rostro y la primera capa de su traje de novia, dejándola con un kimono blanco de seda y permitiendo que aquello que guardaba tan celosamente entre sus ropas viera la luz del día.
Anna fue muy valiente en buscar la kaiken*, aquella pequeña hoja filosa acompañada de cuerdas escondidas a su petición.
Tomo las finas fibras, para atarse las piernas, no permitiría quedar deshonrada en ningún momento.
Acto seguido, desenvainó el cuchillo, mostrando su filosa hoja que le devolvía el reflejo de sus ojos azules. Por un momento, recordó a su hermana en el momento de contarle su plan, la echaría de menos pero no podía permitir que su honor fuera destruído.
Blandió la kaiken, apuntando hacia su cuello, dispuesta a hacer el jigai*. Debía hacerlo antes de haber sido desposada, quería deshonrar a aquel hombre y todo su clan. Sería su venganza por su avaricia y poner en jaque a su familia. Pensar que el volvería y la encontrara muerta le generaba una luz de esperanza.
Respiró suavemente y acercó con rapidez el filo a su cuello.
Lo último que escuchó al caer fue el sonido del bambú tocar nuevamente el suelo.
Diccionario
Dangos: Dulce japonés a base de arroz.
Daimyō: Soberano feudal japonés
Yuki onna: "Mujer de Nieve" ser de la mitología japonesa. Mujer alta y hermosa de cabello largos que suele usar un kimono blanco.
Tatami: Alfombras de paja que servían para decorar las habitaciones japonesas, se siguen usando.
Kaiken: Pequeña daga que tanto hombre y mujeres del mundo samurai podían portar. Como Elsa era hija de un señor feudal, Anna debió robarla entre la pertenencias de alguno de ellos.
Jigai: Nombre que se le da al suicidio femenino. Las mujeres del antiguo Japón, si eran mandadas a suicidarse o hacerlo para seguir a su señor o no caer en manos del enemigo debían atarse las piernas para no caer con ellas abiertas y no sentirse deshonradas y con la kaiken cortar su cuello, seccionando la arteria carótida.
¡Hola a todos y gracias por leer!
Creo que muchos quedaron extrañados de este final ¿verdad? Si, bien trágico. Lo siento por Elsa, pero este AU me llamó a generar un final así. Ella es muy honorable y de seguro haría esto ¿qué opinan? JDayC me dio esto de crear un fic basado en la "Era Sengoku" de Japón y me puse a leer mucho sobre esta época en la medida que podía. Se desvió un poco de lo que creo que quería ella (me dijo que quería vestido a los protagonistas, pero más de la trama nunca supe…) Así que luego de investigar un poco la idea de un matrimonio y lo del suicidio se me hicieron muy interesantes.
Como siempre gracias por el apoyo y espero sus comentarios por cualquier cosa.
Antes de irme, les dejo un adelanto de, posiblemente, mi primer intento de terror y sin editar de un fic con el Prompt "Ouija" de HoeLittleDuck.
Mientras estaba en el bus que la llevaría a la casa, no pudo evitar abrazarse a sí misma ante el frío que sentía por su cuerpo, podía sentir unos suaves dedos recorrer su hombro, no tuvo que adivinar quien era su invisible acompañante. Se volteó a ver por la ventana, tratando de quitarse la idea de su mente observando el paisaje de la ciudad y su propio reflejo.
Odió hacerlo.
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Reviews Anónimos:
Ari: Que bueno que te haya gustado :)
¡Nos vemos pronto!
