Hola!! Bueno gracias a todos por leer mi fic y en especial a los que dejaron su review. Igual digo todo eso de que los personajes de la historia no son mios y bla bla bla. Gracias de nuevo!

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Si Lisa Cuddy hubiera podido tener un día para no tener que salir de su casa, hubiera elegido ese. De solo imaginarse encontrarse con él, la invadía un sentimiento de ira y tristeza. Se duchó, vistió, desayunó y se fue al hospital. Ahora le importaba llegar temprano para asegurarse que él no estuviera ahí. Caminó con paso rápido desde la entrada a su despacho, mirando el suelo, para que nadie mirase su rostro con evidentes signos de haber llorado y haber pasado una mala noche. En cuanto se sentó, se dispuso a trabajar para mantener su cabeza ocupada.

No salió de su despacho, lo único que hizo fue firmar expedientes, responder algunos mails de benefactores e ir al baño, hasta que sintió gruñir su estómago. Miró la hora, las 13:45.

No quería salir de su despacho. No quería arriesgarse a toparse con él. Después de unos minutos, no pudo seguir ignorando a su estómago, y le pidió a su secretaria que le fuera a comprar un sándwich a la cafetería.

Al rato, no fue su secretaria la que volvió con su pedido, si no el doctor Wilson.

- ¿Puedo entrar? – Dijo él con la cabeza asomada por la puerta.

- Ehh – se levantó y se quedó al centro del despacho - Claro, pasa.

El doctor entró, le dio una bolsa con su pedido y se sentó junto a ella en el sillón. Se quedaron en silencio, mientras ella comía lentamente. Cuando terminó, el oncólogo se decidió a hablar

- Lisa, ¿Qué te pasa?

- Nada, James

- ¿Cómo que nada? – Se quedó mirándola un momento, y antes de seguir, le tomó una mano - Lisa, ¿Qué pasó en casa de House?

- No… no quiero hablar de eso – Su voz sonaba triste, aguantando las ganas de llorar. Suspiró, y dejó que Wilson la abrazara. Ya no se pudo contener y dejó que las lágrimas bajaran por su rostro. Cuando se soltaron, se secó las lágrimas, y se lo dijo;

- Le dije la verdad – Wilson se sorprendió, pero trató de que no se notara, sabía cual era esa verdad – Sentía que debía decírselo. Pero obviamente…. Mi verdad no era la misma que la suya.

Wilson sabía a que se refería perfectamente. Le vino una gran ira contra su amigo. ¿No podía haberle dicho lo que sentía en realidad? ¿Prefería dejar que ella sufriera a abrirse de una vez?

- Lo siento, Lisa – No sabía que decirle para reconfortarla, y volvió a abrazarla. Sentía que sus lágrimas mojaban el hombro de su camisa.

- ¿Por qué no podía enamorarme de alguien como tú? – Dijo Cuddy. Wilson, en su momento, también había pensado en eso, y tenía su respuesta más que clara.

- Porque cuando me conociste, ya estabas enamorada de él, desde Michigan – Al parecer sus palabras no le agradaron mucho a la decana, pero sabía que tenía razón. – Lo siento Cuddy, pero tengo que irme.

Cuddy se soltó y murmuró un "gracias", pero que Wilson alcanzó a escuchar. Salió de la oficina de su jefa, y sintió que el enojo volvía a él. Hablaría con él antes de irse.

Como todos los días, el doctor Greg House llegaba tarde, pero hoy no se había llevado ninguna regañada por parte de su jefa, y sabía perfectamente por qué. Subió a su despacho. Ninguno de los miembros de su equipo estaba ahí. Prefirió bajar a hacer unas cuantas horas de clínica para no forzar a su jefa tener que venir a regañarlo. Sabía que no quería verlo, y como un acto más humano, prefirió respetar eso.

En esos momentos, prefería no encontrarse con su equipo, o con Wilson. Entró a la clínica y tomó uno de los expedientes. Aburrido. Una niña con tos y fiebre. Cuando se dirigía a la consulta, no pudo evitar mirar hacia dentro del despacho de su jefa. Solo por unos segundos, la vio sentada, concentrada en su cerro de papeles a firmar. En el fondo, quería entrar ahí, pedirle perdón y decirle las mismas palabras que ella fue capaz de decirle la noche anterior, pero sabía que no podía. Se resignó y se fue a la consulta.

En todo el día no hizo más que pasar consultas y comer algo en la soledad de su oficina. Por mucho que lo intentara, no lograba sacar de su cabeza todo lo pasado con la decana. En todo el día, por su mente pasaban los recuerdos desde Michigan, pasando por lo de su pierna, las veces que estuvo cerca de morir. Cuando le dispararon, cuando se electrocutó, las veces que falló su corazón tratando de recordar el accidente de Amber. Cuddy, pensó, siempre estuvo con él. Y él no era capaz de pronunciar dos palabras, dos palabras que se las había dedicado a otra mujer, pero que ahora debían llegar al corazón de ella. Ni con Stacy sintió tan fuertemente la necesidad de decírselo, pero no podía, hacía demasiado tiempo que esas palabras no pasaban por su boca sinceramente como para ser pronunciadas.

Cuando su turno acabó, decidió quedarse un rato en una de las consultas. Cuando el sueño estaba por vencerlo, su amigo, James Wilson entró tempestivamente.

Cuando ya estaba por irse, Cuddy tomó el expediente de uno de los pacientes del doctor Wilson para devolvérselo, autorizándolo para la operación que pedía. Hacía unos momentos, lo había visto entrar enojado en una de las consultas. Cuando iba a entrar, se quedó helada. Escuchó la voz de House hablando con el oncólogo adentro. No quería verlo, así que prefirió esperar a James afuera.

- ¿Se puede saber lo que te pasa? – Wilson entró bruscamente y se paró al lado de la camilla en la que estaba tendido su amigo.

- Si es porque te saqué dinero sin pedir…

- No, sabes muy bien a que me refiero – Puso sus manos a la cadera y le miró desafiante. Él se levantó y se quedó en frente de él. Wilson, viendo que no haría nada, completó el mismo su frase - ¿Cómo dejas que Lisa se quede así?

House se tragó una pastilla y se quedó en silencio.

- ¿Cómo puedes dejar que sufra innecesariamente? ¿Tanto te cuesta decirle lo que sientes? ¿No puedes dejar de ser tú por un segundo y ser sincero? ¡Está echa pedazos por algo que no es verdad!

- ¿Qué?

- ¡OH, por favor! Todo el mundo sabe perfectamente lo que sientes por ella. No puedes dejar que se valla abajo. Tú empezaste esto desde que te acostaste con ella. Ahora termínalo – Wilson cada vez subía más el tono de su voz

- ¡Hey! ¡No me vengas a decir tú lo que tengo que hacer! ¡No es tu problema! – House se veía irritado, pero a la vez se le notaba que estaba afectado por todo esto.

- ¡ES MI AMIGA Y MI COLEGA TAMBIÉN HOUSE! – El oncólogo ya no resistió las ganas de gritar, y dejó a su amigo un poco aturdido - ¡COBARDE! ¿CÓMO PUEDE COSTARTE TANTO ADMITIR ALGO TAN SIMPLE? ¡LA AMAS!

- ¡OYE…!

- ¡TIENES QUE DECIRCELO! ¡NO PUEDES DEJARLA ASÍ!

- ¡¡CÁLLATE WILSON!!

-¡¡¡ADMITE QUE LA AMAS!!!

- ¡¡¡¡¡PUES CLARO QUE LA AMO!!!! –Explotó definitivamente. La ira del doctor hizo que tirara su bastón con toda su fuerza contra la pared, dejando una marca. Wilson se quedó helado, House siguió - ¡¡CADA MALDITA CELULA DE MI CUERPO GRITA SU NOMBRE, NO AGUANTO SIN VERLA EN TODO UN DÍA, NO SOPORTO LA IDEA DE QUE AHORA ME ODIE, SERÍA CAPAZ DE DARLE VEINTE HIJOS CON TAL DE VER SIEMPRE SU SONRISA EN SU ROSTRO, Y CUANDO SIENTO SU MANO EN MI NO NECESITO LAS MALDITAS VICODINAS!!

Wilson estaba atónito. Nunca pensó escuchar ese tipo de palabras salir de la boca de su amigo. House se sentó en la camilla, apoyó los codos en sus rodillas y afirmó la cabeza con sus manos. Wilson se sentó a su lado mirando la pared blanca.

- ¿Y tanto te cuesta decírselo? – Wilson abandonó su tono frustrado por el de un consejero matrimonial.

- Pues…- House levantó la mirada, y el oncólogo vio sorprendido los ojos vidriosos del nefrólogo- Si, si no ya lo habría echo.

- House, no se cómo, pero tienes que decírselo. Ella tuvo el valor de hacerlo y no puedes ser tan cobarde. Ya se lo has dicho a otras mujeres. ¿Por qué con ella te cuesta tanto?

-Porque… - a House le temblaban las manos. Wilson tenía que aprovechar su lapsus emocional – Porque nunca he amado a alguien tanto como a ella.

Wilson estaba atónito, pero trataba de no demostrarlo. El hecho de ver a House, el malvado, insensible y miserable doctor House a punto de las lágrimas por una mujer, era demasiado extraño.

- Dile – Y sin más, el oncólogo se paró y se fue. Por suerte, no se dio cuenta de que la decana del hospital estaba al otro lado de la puerta, llorando con una leve sonrisa en sus labios. Era imposible que con tamaños gritos no hubiera escuchado. Su corazón dañado se sentía reconfortado. Pero no totalmente, necesitaba que se lo dijera a ella, directamente.

Se asomó por la puerta abierta y vio a House sentado en la camilla. Su corazón latía fuerte, y se decidió a entrar.

House seguía en la misma posición en la que lo dejó Wilson. Cuando escuchó la suave voz de Lisa atrás suyo, no pudo evitar estremecerse.

- Hola Greg –

House se paró de un salto y quedó mirándola de frente, cada uno a un lado de la camilla.

- Ya te escuché, House – Un sonrisa aparecía en sus labios mientras rodeaba la camilla. Llegó al frente de él y lo quedó mirando fijamente a los ojos. Solo había pasado un día sin verlo, ¡Pero como extrañaba esos ojos!

House no sabía que decir ni qué hacer. Lo único que se le antojaba era decirle de una vez que la amaba y besarla de nuevo.

- Lo que le dijiste a Wilson, ¿Todo es verdad, cierto? – El corazón del doctor latía a mil por hora. Y se decidió a ser sincero por una vez en su vida

- Si, Lisa, era verdad – En los labios de su Lisa apareció la sonrisa más linda que jamás él hubiera visto. Y Cuddy decidió hacerle caso a lo que su corazón tanto pedía. Acarició suavemente su rostro y lo atrajo hacia ella, se puso en punta de pies para tratar de compensar la diferencia de estatura y le dio un tierno beso. Para ninguno de los dos existía nada más. El la abrazó con toda su fuerza contra él, y ella jugueteaba con su cabello. House se separó un momento y la miró directamente a los ojos.

- Te amo – Por fin esas dos palabras salían de su boca para albergarse en lo más profundo del corazón de ella. Lisa le regaló de nuevo esa hermosa sonrisa que a él le encantaba, y sus labios volvieron a fundirse en un profundo beso lleno de amor y cariño.

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Nota de la autora: Todavía me falta subir un capítulo, pero es olo para darle un final gracias por leer!!