Ranma 1/2 es propiedad de Rumiko Takahashi.
Escribo sin recibir ni un peso, y preguntándome qué llevaré mañana de lonche.


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COMIDA CHINA PARA LLEVAR

03.
Más Vale Ir Bien Comido...

El olor dulzoso de las salsas y el calor agradable de los fideos en el tazón me están volviendo loca. Suspiro, sí, el olor a comida -sin importar su estilo ni procedencia- es el olor más delicioso del mundo... sobre todo cuando te estás muriendo de hambre. De fondo hierve la plática de los pocos clientes y la voz de mi familia se pierde entre las campanillas del mostrador al tener un platillo listo para hincarle el diente. Parece que Ranma y yo nos estamos retando en terminar primero el plato de arroz frito con camarones, pero en verdad sólo estoy comiendo así de rápido porque ya quiero probar los fideos. No hay sentimiento más hermoso que sentirse pleno. Kasumi nos hizo el favor de pedir arroz frito y fideos tradicionales para nosotros aunque no estuviésemos aquí, así que cuando llegamos no sufrimos la tortura de ver a todos comer mientras esperábamos. Amo a mi hermana. Aunque toda mi atención en estos momentos esté en que el contenido de mi plato se deshaga en mi boca, la amo.

— Mhighah nahdah mhaf — Escucho la voz llena de comida de Ranma a mi lado, me parece increíble lo que quise hacer momentos antes de despertar a este engreído, ¡tan pocos modales que tiene! Me trago rápido lo que tengo en la boca para responderle, no soy tan maleducada como él.

— Cierra la boca cuando comas, Ranma, y hazlo más despacio. — Le regaño. — No son competencias. — Le escucho pasar la comida con dificultad. Entiendo que su padre suela quitársela siempre, pero este no es el caso. Ya casi todos han terminado de comer y nosotros apenas estamos comenzando, así que está seguro.

— Mira nada más... — Dice con voz más clara... así que eso significaba lo que había intentado decirme en su idioma cavernícola — La que quería llegar directo. ¿Dónde están tus modales, sabes que se mastica la comida?

— Claro que la mastico. — Gruño, a medio camino de probar los suculentos fideos... ¿Por qué siempre encuentra los peores momentos para desconcentrarme? — Tú eres el que se pasa todo como manguera sin disfrutar lo que come. — Procedo a seguir comiendo. ¡Están deliciosos!

— ¡Cómo me habla de mangueras el hoyo negro! — Lo ignoro. Estos son los mejores fideos que he probado en mi vida. — ¡No puedo permitir que hayas terminado el arroz antes que yo!

Apenas así se calla. Comiendo. No me importa quién acabe primero qué, de hecho, él ni debería tener tanta hambre. Pero bueno... qué importa, mi estomaguito ya está menos gruñón y le ha gustado todo lo que le he dado, hasta está más calmado. No siento tanta urgencia para deglutir, mis ojos al fin pueden despegarse del hipnotizante vaivén del vapor que exhala el caldo y empiezo a admirar la decoración del lugar. Los sonidos atragantados de Ranma pasan a formar parte del ambiente sencillo y austero, apenas 4 mesitas donde cabemos 4 personas en cada una... excepto la mesa a lado de nosotros frente a la minúscula ventana ya que ahí está sentada mi familia, todos apretados como sardinas enlatadas sólo para dejarnos a Ranma y a mí solos. Como si así mágicamente nos fuéramos a fusionar como dos clases de queso sobre una pizza... no saben cuánto me desesperan estos intentos tan infantiles de "tenernos juntos" por la fuerza.

Detrás de nuestra solitaria mesa de la esquina hay un pasillito que va a dar al sanitario. A un lado de éste se encuentra el mostrador y, oculta por una cortina roja, la cocina, de donde se escapan el calor y los aromas. En las otras dos mesas al lado derecho de la puerta tienen a más personas: tres mujeres jóvenes de lentes y cabello corto que comparten un mismo plato inmenso parecen pelear como gatos hambrientos por el mejor trozo de carne... ¿De dónde sale gente así? Al lado de su mesa están dos extranjeros toscos con cabello de espigas de trigo cayendo pesadamente sobre sus amplias espaldas y sus cuadradas mandíbulas.

Me es imposible no preguntarme de nuevo... ¿De dónde sale gente así? ¿Nos veremos nosotros igual de raros?

Volteo a ver a Ranma, o lo que alcanzo a ver de él ya que tiene empinado en la cara el tazón de fideos... supongo que es inútil preguntarme eso de la gente, estoy rodeada de personas igual de raras.

Intento concentrarme de nuevo en mi comida pero esos hombres se ven tan curiosos... están vestidos con chaquetas y pantalones de cuero negro, pegados a sus cuerpos como las redes en los jamones. Llevan también cuero con picos de metal en las muñecas. Lucen iguales a esos tipos rudos de película de occidente, de los que van estirados sobre motocicletas enormes e incómodas, y que siempre ofrecen un paseo heroico sobre sus ruidosas batidoras a las típicas mujeres que se cargan dos melones transgénicos en el pecho. Pecho. Eso me recuerda... ¿Dónde estará el maestro?

— Ranma. — Lo llamo sin verlo, debe tener la nariz metida en el tazón todavía. — Ranma. — No quería, pero volteo hacia donde está.

— ¿Mgmhe? — Me pregunta con ojos malhumorados y mejillas rebosantes, por sus labios se escurren indiscretas algunas gotas de caldo.

— Primero pásate eso, no quiero saludar a la comida de tu boca de nuevo. — Cierro los ojos y escucho en cámara lenta el fluir sonoro de cada fideo por su garganta. Dioses. ¿No puede hacerlo de forma más silenciosa?

— ¿Qué quieres? — Se escucha el clack del tazón sobre la mesa. Abro los ojos y su aspecto de ardilla desaparece, ahora me recuerda a una calaverita de azúcar, con las cuencas hundidas, ennegrecidos y la expresión taciturna.

— ¿Sabes dónde está el maestro? — Mi voz suena muy cansada. Ranma parece buscarse algo entre los dientes con la lengua.

— Ya ni lo recordaba. No tengo idea, no recuerdo haberlo visto en la camioneta... tal vez el viejo o tu padre lo aventaron por la ventana mientras dormíamos. Mucho mejor para nosotros. — Se levanta pesado de la silla y se estira un poco.

— ¿A dónde vas? — Escucho a mi voz preguntarle.

— ¿Eh? — Suena extrañado, pero rápidamente tuerce la sonrisa. — Voy a pedir otra cosa más. — Se palpa el estómago — Ese arroz y esos fideos fueron una broma para mi estómago. Que tú estés a dieta porque estés gorda no significa que yo deba limitarme — Esquiva con burla el cuenco vacío de mi arroz y se aleja.

Es un maldito. No estoy ni gorda ni a dieta, y aunque lo estuviera, qué le importa. Ya lo quiero ver a la edad de papá, no siempre disfrutará de las bondades de la juventud de no engordar - lo dicen tanto los adultos que debe ser verdad - De seguro parecerá una papa pelona como tío Genma.

Qué más da. Me termino los fideos, suspiro aliviada y mi cuerpo de mantequilla se funde aletargado y complacido en el respaldo de la silla. Ahora sólo resta una pequeña siesta hasta que lleguemos al hotel y mi estamina estará restaurada. O eso espero. Unas lagrimitas sazonadas con sal de mar escapan de mis ojos de la satisfacción de encontrarme con el estomago feliz cuando esucho la voz de papá.

— Akane, Ranma, ¿ya terminaron?, los estamos esperando.

— ¡¿Qué?!, — Pregunta Ranma atizado — ¡Pero eso no fue nada! — La queja de mi prometido me parece de lo más graciosa.

— Si vas a pedir algo más, ponlo para llevar, hijo. — Dice tía Nodoka mientras se levanta de la mesa junto con mi padre y Kasumi. — Nos adelantaremos, estaremos esperándolos en la camioneta. — Tío Genma y Nabiki les siguen, pero ésta me lanza una mirada curiosa antes de salir por la puerta. Tramará algo, la abusiva. Espero que no haya visto la posición tan comprometida que teníamos cuando dormíamos en la van... cuánto agradezco a los Dioses no darles el poder de leer la mente al ser humano, Nabiki lo explotaría de un millón de maneras.

Suspiro y me levanto también, el dolor de cabeza se ha ido y en su lugar mi estómago brinca de júbilo, como mis labios, sí, es hermoso sentirse pleno. Estaría de maravilla si los ojos no me pesaran más de cuatro kilos de camote.

Paso al lado de Ranma, sostiene el menú como si fuera el libro más preciado que tuviera en la vida.

— Te veo en la camioneta, 'kane. — Me habla aún dándome la espalda, ni siquiera con la lucidez de un cadáver sus instintos disminuyen. O tal vez me vio ponerme de pie y no me di cuenta.

— Está bien. — Le respondo. Cada vez me siento más cansada, la fatiga se está dando un festín con la poca energía que me queda. Cruzo la cortina de bambú y lo primero que veo son las motocicletas monstruosas de los extranjeros. ¿Y las mujeres de anteojos cómo llegaron ahí? No les vi los pechos, de seguro esos las trajeron, como lo supuse...

Papá, mis tíos y mis hermanas suben al auto mientras platican. No me interesa saber su tema de conversación, quiero sentarme y dormirme. Una hora y media más de viaje, seré un bulto de patatas sólo ocupando espacio. Ah, pero, ¿no es eso mucho tiempo?, y no fui al sanitario, me comporté como un lobo hambriento abalanzándose sobre la presa. Será mejor que aproveche, no vaya a ser que no pueda dormir con gusto por sentir alguna urgencia. Me recargo sobre la puerta deslizante y me asomo por la abertura.

— Ya regreso, no tardaré, debo ir al sanitario. — Hago un comunicado para todos.

— Está bien, Akane. — Me responde tía Nodoka — No tardes.

— ¿De verdad vas al sanitario o sólo quieres volver para estar más cerca de ya sabes quiénes? — La pregunta de Nabiki destila jarabe amargo de malicia.

— ¿De qué estás hablando?

— Te vi, no les perdías la vista de encima a esos extranjeros. — ¡Así que eso era!, ¡Por eso me lanzó aquella mirada! No sé si sentirme aliviada, o mortificada, o...

— Qué estás tratando de decir. — Exclamo sin subir la voz. — Sólo los veía por raros, no intentes meter cizaña.

— ¿Y qué Ranma no es un raro también? — Contesta ella con otra pregunta.

— No tiene que ver una cosa con la otra. — Digo alejándome de la puerta. ¡Esa Nabiki!, si no es Ranma, es ella. ¿Será tan divertido molestarme?

Cruzo de nuevo la cortinita de bambú. Ranma sigue en el mostrador con cara de berenjena. Sí que se están tardando con su pedido, ¿Qué demonios encargó? Se me queda viendo y su rostro me parece más aburrido y harto, su mirada me está reprochando en lugar de su boca. Sé que quiere saber.

— Voy al tocador. — Le anuncio al pasar junto a él, camino al pasillito de al lado.

— No te pregunté nada. — Se voltea como si no quisiera verme.

Es un idiota. Nabiki y él. Son unos idiotas. La puerta del baño es de una madera tan vieja y descuidada que luce como corteza de coco, no cede para nada, hasta parece que está cerrada del otro lado... Oh. Qué vergüenza. Olvidé tocar primero para saber si estaba ocupado... Lo hago, y nadie responde. Entonces sólo está dura. Jalo de nuevo, parece moverse, tengo que poner algo de fuerza para abrirla y otro poco para cerrarla. Dioses, está tan pequeño aquí, la gente hasta podría lavarse las manos mientras están sentados en el excusado. Bien. A lo que vienes, Akane. Al menos está limpio y no huele mal.

Uhm... La puerta no abre. ¿Se atoró el cerrojo? No puede ser. Giro la perilla varias veces, pero no pasa nada, se siente más floja que el palito de madera en una paleta que se va derritiendo.

— ¡Disculpen!, ¡La puerta del baño se atoró! — Grito. Escucho la voz de Ranma y no entiendo ninguna de sus palabras, el sonido está muy minimizado por lo grueso de la madera. Después de tocar la puerta durante un momento ya no se oye nada del otro lado, ¿qué no me oyeron?

— ¡RANMA! — Debe estar ahí. — ¡RANMA! — No me responde.

Me acompaña la gotera de la llave del lavabo, me va a volver loca, ¿ya cuanto tiempo tengo aquí?

— ¡DISCULPEN!, ¡NO PUEDO SALIR!

Nada.

No quería hacerlo, pero tendré que tumbar o forzar la puerta. Opto por forzarla, no quisiera que le cobraran a papá el costo de esta cosa... alguien debería tener cuidado y arreglar pronto esta cerradura. La giro con fuerza, una y otra vez. Me parece increíble que nadie se dé cuenta de que estoy aquí. La giro con más ahínco, se desprende como fruto de árbol y se abre.

¡Al fin!

Del otro lado una mano gigante y con vellos rubios sostiene la otra parte de la perilla. ¡Demonios, la rompí! Escondo los brazos con el pedazo de metal en mi espalda, y veo hacia arriba, porque es tan alto... es obvio que es uno de los hombres rubios con barbas de escoba, su cara parece que la trazaron con regla y sus ojos azules me observan admirados, como si no esperase que se rompiera la perilla... espero que no sea un pervertido.

— Con permiso. — Le digo tímidamente mientras me escabullo al lado suyo. Espero que Ranma no me haya visto... no dejará de molestarme en todas las vacaciones. Veo que ya no está en el mostrador, debieron de entregarle ya la orden. La mujer china me ve raro, como si me hubiera robado algo... ¡oh, la perilla! Todavía la tengo en la mano. Me acerco al mostrador y la acomodo sobre éste.

— Su perilla del baño estaba averiada y no tuve de otra más que romperla para salir. ¡Qué nadie me escuchaba! — La mujer bajita de mejillas de naranja me taladra con sus ojos almendrados como si me odiara.

— Perilla bien antes usted, no problema. Cubrir costo, favor.

— ¡Pero fue su culpa por no darle mantenimiento! estuve atorada dentro y nadie me ayudó. No tuve de otra. Deberían poner más atención.

— Costo, favor.

— ¡Antes no tumbé la puerta!, no cubriré nada, deberían poner al menos un aviso o algo.

— Costo, favor.

— Uff... espere un momento.

Tendré que ir por papá y arreglar este malentendido. No puede ser que estas cosas me pasen a mí, ¿qué nadie más fue al baño?

Salgo y... estoy más sola que un frijol. Veo las dos motocicletas negras de los vikingos esos y un pequeño auto viejo unos metros más adelante. No está la van. No está mi familia. No me esperaron.

¡Qué significa esto!.

Veo las marcas de la van sobre la tierra, me recuerdan a las veces en que he pasado el dedo por el betún de un pastel, a sus bordes las hierbas están aplastadas y puedo ver hasta las huellas de pisadas en el suelo más blando, ¡se fueron sin mí!

No puede ser.

Se fueron.

Me dejaron aquí.

¿Cómo es posible?

Escucho a mis espaldas una voz con marcado acento repitiendo sin cesar "costo, favor.", pero sólo forma parte del sonido ambiental.. Mi mente está en blanco. Esto no puede ser. ¿Si me voy corriendo los alcanzaré? No tengo ningún mapa... otra opción es esperar a que regresen, o marcar al hostal. Esto es tan estúpido, ¿de verdad está pasando? Debe ser una broma, de muy mal gusto. ¡Debió ser Nabiki!

Regreso y abro la cortinita lo suficiente para asomar la cabeza. Ahí está la mujer, con su delantal amarillo y su cabello recogido, repitiendo hasta el cansancio "costo, favor." Estoy sudando hielo.

— Escuche. Me ha dejado aquí mi familia. ¿Tiene algún mapa?, ¿Un teléfono?, ¿Un directorio?

— Costo, Favor, primero. ¿Pagará el costo? Dañado propiedad. Usted debe pagar la costo.

— ¿El costo? Bien. Bien. Está bien. Le pagaré "El Costo". ¿Cuánto sería?, ¡Necesito rápido un mapa!

Los ojos de la mujer brillaron más que un sartén lustrado en aceite.

— Seguir yo.

Y se fue, supongo que quiso decir que la siguiera, y eso hago. Cruzo la puerta cuando los vikingos pasan a un lado mío para dirigirse a sus motocicletas. ¡No! ¡No necesito un mapa! ¿Y si ellos me llevan? Nos desviamos a la izquierda, así que si van hacia esa dirección... ¡Alcanzaré a la camioneta! ¡Eso haré! La mujer está detrás del mostrador y está tomando algunas cosas. ¿Pero qué hace?, ¿No quería que le pagara? Será mejor no desperdiciar el tiempo, me doy la vuelta para salir y ya no están los extranjeros voluminosos. ¿Cómo es que se fueron tan rápido? Me sostengo del marco de la puerta, haciéndome la idea de que tendré que caminar después de todo. Volteo a la izquierda y ahí siguen las tres mujeres atacando otro plato inmenso de comida... qué asco. Ni siquiera yo con hambre comí con esa desesperación.

La encargada tiene un montón de cosas sobre el mostrador. Un peine muy usado, perfumes, una pala, un saco de dormir, algo de ropa... un momento, ¿Qué hace?

— Escúcheme. No tengo tiempo para juegos. ¡Dígame cuánto le pagaré!, ¡Necesito también un mapa!

— Un momento favor.

Está metiendo todas sus cosas en una mochila de viajero. Cada vez me siento más desesperada, esto es una inmensa estupidez. ¿Qué no se dieron cuenta que no estoy ahí? A ver, Akane. Piensa en esto. No. No puedo pensar. El dolor de cabeza está regresando y siento la ansiedad arañarme las costillas. Terminaré llorando del estrés.

— Listo. Usted cubrir costo ahora. Tome. — Me extiende una parte de su delantal, todavía puesto. ¡Quiere que la cubra!

— Dije que le pagaría, no que le reemplazaría. Tengo dinero, puedo pagar la cerradura, no es necesario ponerme a lavar platos ni nada.

— Seguir reglas. Usted aceptar cubrir costo. En ningún momento costo es dinero.

La agarraré a golpes. Hago fuerza en el puño, no pienso que sigan jugando conmigo.

— ¡Cómo que costo no es dinero!, ¡Cubriré el costo, pero con dinero!

— Aquí no ser así. Usted trabajar hasta cubrir costo.

Dioses, esto debe ser culpa de Nabiki. Ni siquiera me tardé tanto en el baño. No tengo ganas de discutir, creo que aceptaré, después de todo debo esperar a que regresen... o pueda encontrar yo misma el teléfono y el directorio.

— Está bien. Debo esperar de cualquier modo. ¡Pero no me quedaré ni un minuto más de lo debido cuando vengan por mí!

La mujer me sonríe con una sonrisa muy parecida a la de Shampoo y me extiende de nuevo su delantal sin quitárselo. Lo tomo y me da un escalofrío, siento que he firmado un contrato con el diablo. La mujer se quita el delantal y me lo pone. Todavía tengo en la mano el pedazo de delantal que había tomado.

¿Qué demonios es esto?

La mujer china no tiene rasgos chinos. Parpadeo un montón de veces, hasta podría irme volando. Me tallo los ojos, y me arden todavía más de lo que hacían. ¿Por qué me doy cuenta hasta ahora que la "mujer china" del mostrador no era china, sino japonesa? De cabello largo, oscuro y no corto; de porte atlético y no común; de piel cremosa y no horneada... Esto debe ser parte de la broma. No puedo articular palabra, estoy impresionada. La chica me sonríe, me da una palmada en el hombro y se va dando brinquitos.

No me dijo qué es lo que se supone tengo que hacer. No ha hablado con la persona encargada, ni siquiera entró a la cocina a avisar... Tengo que hablar con quien esté a cargo. ¡Es una injusticia!, Debí pensarlo mejor antes de aceptar esto. Me siento estúpida.

Pasó hacia la parte trasera del mostrador y quedo frente a las cortinas rojas. El aire caliente me sopla en la cara y siento nauseas. Comí poco pero fue suficiente, no se me antoja ya nada más de comida. Despejo un poco la cortina con una mano y el aire a chuletas calientes se escapa volando, me va a dejar horrible el cabe-

¿Qué le pasó a mi cabello?

¿Cuándo me puse una cofia?

La jalo para quitármela, pero no puedo. ¡Parece que la tengo pegada!

Un espejo. Necesito un espejo.

Busco en los cajoncitos debajo de la caja registradora algo que me ayude a verme. Sólo hay papelitos, unos lápices, una revista de la farándula del siglo pasado, y... ¡Mis manos!, mi piel es diferente. Es... es amarillenta.

Corro al baño, la puerta áspera está totalmente abierta y se ve el espectáculo minúsculo del sanitario. Entro al cuartito apretado y me veo en el espejo.

La mujer china de facciones idénticas a quien me dio el delantal imita la expresión de sorpresa que estoy haciendo frente al espejo.

Y mi grito es el sonido agudo despedido por las ollas de presión.

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Continuará...


Papa pelada. Cara de berenjena. Melones transgénicos.

He estado ocupada, y cansada, y cansada, y ocupada. La verdad ya lo tenía escrito, intenté alargarlo un poco, a petición, y decidí cortarlo ahí. ¡Si parece que no tiene sentido, el siguiente capítulo todavía está más raro! Pero todo tiene una explicación... todo. Hasta porqué Ranma se comió el desayuno de Akane.

Critikal, Geral (aka Guest), marilole, Sav21samydeanspn, Aoi Frey, zabitamt1975, Anyca y April Starlight; les agradezco los favoritos y los comentarios. La pereza no me gana, lo que me gana es el sueño haha, estoy aprovechando que en estos momentos el sueño está lejos de mí, porque después llega, y se apodera de mi consciencia. Me da satisfacción saber que se les hace una historia divertida, y que se apega a la personalidad de los personajes en el manga. Hahaha como Akane ya no tiene hambre, las descripciones serán un poco diferentes.

¡Hoy prepararé sopa con dashi! (dashi es un consomé japonés hecho con bonito seco [un pescado, así se llama, bonito, y está bonito.]) Para mi lonche en la oficina, esta crisis...