3era Parte: If you never try, you never know
Pov Bill
Amanece con lentitud, puedo ver como los rayos del Sol penetran cuidadosamente de entre las rendijas de las persianas, al notar que te pegaban directamente a los ojos y que eso podría perturbar tu sueño, me levanto con cuidado y cierro las ventanas, haciendo que la habitación se suma nuevamente en la oscuridad. Tengo la sensación de que, a pesar de estar dormido, notaste mi corta ausencia, ya que apenas intento volver a mi antiguo estado, tus brazos me aprecionan contra ti. Esto es insano, descabellado, una completa demencia, pero sin dudarlo, es una preciosa locura con la cual estoy dispuesto a correr riesgos.
No quiero ni puedo librarme de tu abrazo, se me hace tan confortable, el remedio ideal para los destrozos visibles de la noche anterior. Aún no logro entender cómo pudiste olvidarte de mí con tanta facilidad, los minutos de tristeza absoluta que pasé por ti fueron devastadores, ahora al menos sabes cuanto te aprecio, nunca encuentro la oportunidad justa para recordartelo.
Con pereza puedo sentir como te mueves, creo que ya despiertas por lo que decido responderte el abrazo. Abres los ojos con cierto gesto de desconfianza y curiosidad, pero son rápidamente reemplazados por una sonrisa al verme ahí. Jamás había pensado cuan lindo te ves por la mañana, quizás sea esa una de las razones de tanto éxito con las mujeres, estoy considerando seriamente seguir tus pasos.
Nos dirigimos a la cocina para desayunar algo liviano, quizás podríamos salir a algún lado, extrañamente estas de buen humor. El día se presta para estar recostado bajo el cristalino cielo horas y horas, creo que es a lo que deberíamos destinarle todo el tiempo que sea posible, hace semanas que no tenemos oportunidad de hablar con el otro tan seguido como lo hacíamos en el pasado.
Te comento la idea que cruza fugazmente mis pensamientos y sin pensarlo dos veces, asientes con una sonrisa impresa en tu rostro. Tras limpiar y "disfrazarnos" para no ser reconocidos, subimos en mi automovil, te dejo conducir a ti y puedo sentir como la melancolía de tu Cadillac estrellado se apodera de ti. No hablamos de nada en particular, ya la ocasión se daría para discutir cualquier asunto que creamos conveniente.
Sin más preámbulos, me hablabas maravillas de aquella muchacha con atributos extravagantes que conociste ayer por la noche, no creo lo que mis oídos me transmiten ¿Acaso mi cerebro estará decodificando erroneamente? Hacías gestos obsenos con tus manos imitando sus curvas perfectas, por mi expresión de aburrimiento deberías saber que no me interesa, a menos que haya ocurrido algo interesante. Jamás lograré entender el porqué de tu obstinada conducta, por más que sea tu hermano y deba fingir que me interesa toda la degradación que tengo la desgracia de oir.
La tarde cae junto con mis párpados, tu historia se había prolongado más de lo previsto, pero aún así, luego de un evidente bostezo que no pudo ser discimulado, levantamos las cosas y caminamos con lentitud hacia nuestro hogar. Tengo un mal presentimiento, a medida que cruzamos calles y la noche se precipita sobre nosotros, la culpa comenzaba a crecer dentro de mí sin razón aparente.
Traspasamos el umbral de nuestro hogar, al encender las luces un par de ojos recayeron y noto por fin que Tom había olvidado avisarle a mamá. Ahora la comprendo cuando en el pasado decía que éramos terribles por hacerla preocupar tanto, debo decir que está en su derecho, mi hermano había sido bastante irresponsable al olvidarse de ella. La saludo, me marcho a mi habitación, no tengo las suficientes fuerzas como para soportar gritos y discusiones, será mejor que duerma, no es en lo absoluto tiempo perdido.
No puedo lograr conciliar el sueño, me temo que ya es tarde, la discusión reina en el ambiente y las quejas de mi madre son más coherentes, fundamentadas e histéricas que nunca. También no puedo negar que el estúpido de mi hermano lo merecía, pero escuchar el regaño que tenía que soportar me destrozaba, era demasiado para mí. Cuando finalmente soy conciente que la realidad ya no me importa, el más profundo sopor se encarga de mí, soy incapaz de reaccionar.
No entiendo que ocurre, la última palabra que escuché antes que caer rendido fue un grito proveniente de nuestra madre y ahora todo descanza con una fúnebre tranquilidad. Intento moverme con lentitud, aún mis músculos no están del todo lúcidos, pero cierta fuerza desconocida me lo niega, bajo vagamente mi mirada y siento como un par de brazos me amarraban fuertemente. Extraña los viejos tiempos, lo conosco lo suficiente como para no saberlo. Sería incorrecto no preguntárselo, ya que yo también los echo de menos.
Pensamientos agridulces concurren a mí, toda nuestra infancia marcada a fuego vuelve a resurgir de las cenizas, de las espezas telarañas tejidas por el presente y me influye a rememorar cada mañana, tarde y noche que juntos hemos pasado. Atrapado entre sensaciones ambiguas, dolor y felicidad, Tom se despereza mientras con dificultad intento centrar mi mente en la actualidad, debo olvidar aquellas desveladas madrugadas que pasé a su lado y a su espléndido cuerpo. No me será fácil, pero el simple y agrio recuerdo carcome mi mente.
Debe estar recordando lo mismo que yo, mientras un escalofrío se apodera de él, me suelta con una delicadeza que creía impropia de su persona, no me atrevo a voltear. El contacto cesó por escasos instantes, nuevamente comenzó a acariciar mi torso desnudo al notar que me encontraba despierto, debido a un involuntario movimiento de cabeza. Estamos cayendo nuevamente en las tentadoras garras del pasado, no quiero hacerlo otra vez, no quiero que lo permita.
Sin dudarlo un mínimo instante, se aferra a mí con mayor intensidad y fuerza, una serie de temblores me sacuden, temo por él y por mí, me invade el miedo sin razón alguna. Siento su respiración jadeante a pocos centímetros de distancia de mi cuello, mi sangre se convierte en hielo, soy incapaz de reaccionar. La tenacidad de tus caricias se intensifica, los latidos de mi corazón aumentan desproporcionadamente al sentir una de tus manos bajar con lentitud por mi pecho, llegando al límite con mi boxer, con el cual comienza a jugar. No lo permitiré, no, no lo haré.
