Harry se quedó quieto. Sabía bien de quien se trataba, pero no podía creer que estuviera ella ahí

-¿Cómo pudiste entrar? Se supone que los de otra casa no se saben la contraseña de aquí

- Romilda me ayudo un poquito - Susurró con melosidad - quiero estar contigo, amor

-Te tienes que ir, lo nuestro terminó hace tiempo- Dijo Harry, volteándose para quedar frente a frente con Cho Chang

-Cariño, no lo hagas difícil- Musitó Cho mientras tiraba a Harry a la cama- Sólo disfruta el momento… sabes que me deseas, más que a esa pelirroja

-Pero yo amo a Ginny… y… y no quiero tener nada contigo - Comentó muy malhumorado el morocho. Como pudo, se levantó de la litera y avanzó con pasos apresurados pero silenciosos a la puerta – tienes que irte, no quiero más problemas

- ¡Por favor! - Cho se acercó peligrosamente a Harry -… mira, me iré al extranjero, y esta es la forma en que quiero despedirme de ti

-No puedo engañar a Ginny… además tu tien…- La oriental lo calló de una manera muy poco prudente. Atacó sin temor alguno los labios del chico

Actuando de manera veloz, prosiguió a quitarle la remera. Pero, oportunamente, las firmes manos de Harry reaccionaron por instinto. Cuando empujó a Cho, esta tropezó con el baúl de Neville… despertando al que menos hubiera deseado Harry

- Que diablos…- Como si fuera un niño chiquito, se talló los ojos con las dos manos, y al distinguir a la escena tan acalorada que protagonizaban Harry y Cho, empezó el verdadero show - ¡¿QUE ESTÁ PASANDO AQUÍ?

- Cállate Ron, o vas a despertar a todos- Unos cuantos murmullos se escucharon por toda la estancia – no te preocupes, esto es un simple malentendido

- ¿Crees que soy un niño al que le puedes mentir tan descaradamente?... ¡no soy estúpido, Potter! – Dijo Ron, bajando un poco el volumen de la voz - Harry James Potter, la vas a pagar muy caro – El pelirrojo caminaba hacia Harry, con claras intenciones de asesinar a alguien - ¿Cómo pudiste engañar a mi hermana?

- Yo no la he engañado, te digo que no pasó nada… tú díselo Cho- Se defendió el chico

-¡Defiéndete tú!... si serás imbécil

- Ron, por favor. Deja que Cho te explique… yo no he querido – El ojiverde estaba perlado en sudor, mientras que en su mente pasaban claras imágenes de su muerte

- Lamentablemente es cierto, yo estaba esperando a que llegara Harry… pero el muy rejego no se dejó- Expuso la muchacha con mueca de berrinche y los brazos en jarra

-¿Lo ves? No me atrevería a engañar a tu hermana- Habló mientras se sentaba el morocho, aliviado por la explicación de Cho

Los tres se quedaron en un silencio incómodo, cada quien con sus propias cavilaciones. Hasta que ella lo cortó

- Bueno, no tengo nada que hacer aquí… nos vemos Harry – Se despidió Cho, con un tono muy cantarín

Los dos amigos se quedaron viendo por un rato que pareció eterno. Pero para el pelirrojo fue difícil mantener esa conexión, ya que sus parpados pesaban cada vez más

-Potter, espero que no le hayas sido infiel a Ginny – Balbuceó Ron entre las cobijas – Voy a confiar en tu palabra

Y como tenía tanto sueño, Morfeo lo apresó rápidamente. Al minuto siguiente, ya estaba roncando. Pero ese no era el caso de su mejor amigo, Harry Potter

Agradecía a Merlín, que nadie más hubiera despertado, pero también lo maldecía por todo lo que había pasado. Tumbado en su cama, daba vueltas y vueltas al asunto, ¿Cómo le iba a decir a Ginny lo que había pasado?... Y, tratando de convencerse a sí mismo, se dijo que en realidad, no había pasado gran cosa. Al último, optó por no decirle nada a su novia.

A la mañana siguiente se levantó con mucho entusiasmo, pues era sábado, y eso significaba que Ginny y él, pasarían un tiempo juntos en Hogsmeade.

Se colocó lo primero que encontró en su baúl; unos jeans oscuros, con una playera blanca y unos tenis deportivos.

Bajó al gran comedor, esperando encontrar allí a su linda pelirroja, pero ni señal de ella. Sólo vio a los dos tortolitos de Ron y Hermione que platicaban animadamente al tiempo que desayunaban

- Dijo que te estaría esperando en el lugar que acordaron anoche – Respondió Hermione cuando Harry le preguntó por el paradero de Ginny

Caminó por los, ahora, solitarios pasillos del castillo, pues unos alumnos apenas estaban desayunando y otros ya habían partido hacia el pueblo. Y de repente, la vio. Estaba de espaldas, recargada en la pared, y Harry comprobó una vez más, que esa chica brillaba igual que una estrella.

-Hola amor, ¿Cómo estas?- Saludó el morocho dándole un pequeño beso en el pedazo de cuello que se asomaba por la cortina de su cabello

- Bien - Contestó secamente la chica al darse la vuelta

- ¿Te sucede algo? Porque te noto algo distante

- No tengo ningún motivo para estarlo, Harry – Musitó ella, clavando su mirada acaramelada en la fría pared – Será mejor que nos vayamos

En el camino a Hogsmeade los dos iban tomados de las manos. Pero Ginny no habló mucho, articulando que ese día había amanecido con dolor en la garganta. Al llegar al pueblo, se dirigieron rápidamente a "Las tres escobas", para agarran un poquito de calor. Entraron y se sentaron en uno de los asientos más alejados de la multitud, para tener un poco más de intimidad.

- ¿Sabes? Hoy en la mañana, platiqué con Romilda Vane – Mencionó Ginny, cuando daba un vistazo por la ventana – Me dijo cosas muy interesantes

El ojiverde se removió en su asiento, incómodo. Decidió que la mesa era más entretenida que los ojos de su novia, por lo que dejó clavado sus ojos en la rústica madera. Y así pasaron varios segundos, hasta el muchacho se empezó a hartar

- Existe tanta paz, que me cuesta creer que esta es la realidad

- Me gustaría que Fred formara parte de la realidad que ahora disfrutamos nosotros – Musitó la pelirroja con voz queda

- Forma parte de nuestros recuerdos, Ginny – Su mano acarició con ternura la mejilla de ella, trasmitiéndole amor – Y hay tantos, que uno ya no sabe que hacer con todos ellos – La amarga sonrisa que surcó los labios de Harry, fue a parar también en los de Ginny

-Tienes razón, pero muchos son amargos

- No lo tienen que ser, ninguno. Porque todas esas experiencias nos ayudan a crecer y a aprender - Harry decidió fijar su vista en la carta

- Entonces ¿Volverías con Cho? - dijo la muchacha mientras le dirigía una mirada curiosa a su novio – Es un ejemplo – agregó rápidamente

- No porque te tengo a ti – musitó el joven con jovialidad – Es muy sencillo

- Pero ¿No quisieras sentirla nuevamente cerca?... esa sería una experiencia que te ayudaría a aprender ¿no?

- Creo que cierta personita está celosa – bromeó alegremente Harry, tratando de zanjar el tema de Cho

-¿Tendría algún motivo?

- Por supuesto que no- dijo Harry un poco nervioso, mientras recuerdos de la noche pasada se aglomeraban en su cabeza. Menos mal que Ginny no sabía Oclumancia

La chica sólo asintió de manera cabizbaja, y al suspirar vagamente, no pudo evitar que una traviesa lágrima saliera de su ojo

- Harry… no quiero que me mientas – ahogándose con sus propias palabras

- ¿Te encuentras bien? – preguntó preocupado el joven mago

- Romilda me lo dijo todo… eres tan… ¡eres un mentiroso! – masculló ella con la mayor acidez que pudo

-¿De que me hablas? – Harry estaba cada vez más confundido

-Dijiste que me amabas y luego…. Y luego te acuestas con otra, con Cho – las mejillas de Ginny estaba encendidas y sus ojos comenzaban a anegarse en lágrimas – Mejor me voy

Ginny se levantó velozmente, no sin antes dirigirle a Harry una mirada despectiva y helada. Algunas personas se quedaron viendo el paso de la joven, para después observar al chico, atentos a sus movimientos. Harry, una vez salió de su asombro, siguió a la pelirroja.

-¡GINNY, ESPERA!- gritó el ojiverde mientras corría por el sendero empedrado, atrapando apenas a Ginny por el brazo

- Me cansé, Potter. No más. No seré esa estúpida Ginny que pedía simplemente tu amor… nunca más me vas a pisotear. Ya no quiero las sobras que dejó anoche Cho.

- Acaso… ¿Sabes lo que sucedió anoche?

- Sí – fue la clara respuesta de la pelirroja, desafiando a Harry con la mirada – Sé lo que Cho y tú hicieron después de que yo… después de que te dijera cuánto te amaba… me largó

Ginny hizo ademan de alejarse, pero Harry la volvió apresar con sus reflejos de buscador

-¿Qué?... ¿Q-quién te lo dijo?

-Romilda Vane- contesto Ginny, luchando por detener los silenciosos sollozos

-Pero…

- Cállate – interrumpió la Weasley – Hasta aquí llegamos. Esto… ¡ESTO SE ACABÓ! – rugió con determinación Ginny, al tiempo que se distancia del pobre muchacho