Hola de nuevo. La votación, ésta vez, tuvo como ganadora a Rainbow Dash.


Y era un día distinto. Al principio fue un día cada año, después cada seis meses, después cada mes, hasta que al final, cada semana. A la salida del entrenamiento con los wonderbolts volaba con soltura por el aire una pegaso, nada peculiar, su uniforme, su melena con los colores del arcoíris, sus ojos violetas, su pelaje celeste, salía con una moral elevada de los cuarteles para pasar por un lugar distinto a Ponyville, le robaba unas cuantas horas antes de ir a reunirse con sus amigas.

Muros blancos, tejas rojas, torres de cuatro pisos, un edificio cúbico con telas blancas que cubrían la totalidad de un jardín florido. Estaba a bastante distancia del palacio de las princesas, pero en Canterlot, a fin de cuentas. Algunos cuantos ponis se reunían cerca, ella bajó del cielo para acercarse a las puertas de madera rojas que tenían unas figuras de metal con dos ondas de bronce clavadas y las tocó con su casco. Se abrieron.

Un olor peculiar manaba por el aire, fragancias dulces, amargas, incluso cítricas y otra completamente penetrante. El lugar era más una abadía sin toda la carga que los unicornios le dieron en el pasado… era un lugar donde los ponis podrían quedarse todo el tiempo que deseasen para lidiar con sus cuerpos.

Cada paso fue breve, la yegua se dirigía hasta el jardín, el espacio era amplio, los muros de la abadía tenían dentro un amplio campo verde, ni bien atravesó la puerta de madera pudo apreciar el césped cortado a la perfección; las flores que crecían cerca eran una forma más de darle a la vista un deleite propio, los colores, la calidez, el espacio amplio que fácilmente podía compararse al de un estadio conformaban un lugar pacífico.

Quizás por eso ningún allegado de Rainbow Dash pensaría que pudiera frecuentarlo; claro que, todavía menos sabían qué era precisamente. Todo ahí estaba destinado solamente a algo tan fútil como esa belleza atribuida al cuerpo y por lo general desdeñada.

En ese lugar no existían espejos. La luz blanca que se filtraba por cientos de metros de una tela blanca que se sostenía mágicamente en el aire mantenía todo bajo la discreción suficiente, nunca se sabía cuándo un pegaso podría pasar por los aires. Pero, además, unas cortinas bajaban del aire para dividir el jardín en tres, dos alas dispuestas para los ponis, de las cuales salía varios sonidos que daban testimonio del placer que tenía lugar dentro; y un camino hacia el otro extremo de la abadía. Allí, se mantenían abiertas dos puertas guindas abiertas de par en par, era la única construcción con techo de la misma y sus decenas de habitaciones eran usadas activamente por los visitantes.

No tardó en encaminarse hacia ella.

El piso de madera de la casa de retiro presentaba algunos muebles, un cántaro de agua, un tapiz de bienvenido; pero lo que realmente buscaba estaba en el fondo del corto pasillo: un baúl con unas máscaras blancas, sin nada peculiar más que unas aberturas para los ojos y que cubrían apenas la mitad de su rostro. Se puso una, volviendo sobre sus pasos, frenó antes de salir por la puerta al jardín nuevamente y viró a la derecha; era una sala, con el título de Catarsis en una placa de madera sobre el marco de su puerta.

Tenía una chimenea, las ventanas tenían plena visión de una parte del jardín; pero nuevamente las cortinas evitaban encontrar algún poni fuera.

La luz blanca apenas dejaba recovecos a la obscuridad. Ese lugar era el perfecto, era su favorito después de todo. Era buena suerte que estuviese vacío.

Bastó con ponerse la máscara para que su melena adquiriera un color negro y su pelaje, así como su Cutie Mark, perdieran sus colores hasta transformarse en un blanco insípido. Recordó la primera vez, no se pudo creer el cambio que un poco de magia inofensiva podía hacer.

Ahora solo debía esperar a que un poni ingresase. Observó por la ventana, sentándose en un sofá de caoba con tapizado de terciopelo rojo. A veces debía hacerlo por horas, a veces era inmediato.

Y de entre todos los lugares de esa abadía, esa habitación era la única que frecuentaba… había probado los otros sitios, pero ninguno de ellos, en especial el jardín, podía darle lo que anhelaba más profundamente. Solamente aquella.

Entonces oyó que alguien ingresaba en la habitación, cerrando las puertas. Esperó un buen tiempo antes de darle su atención.

Así como ella, el corcel que acababa de entrar, llevaba la máscara que transformaba su melena y su pelaje. No importaba quién fuera… y a él no le importaba quién fuera ella. Lo único que podía reconocer era el marrón de sus ojos y éste a su vez el magenta de los de la pegaso.

Con premura, él se acercó para tocar la máscara con uno de sus cascos, cerrando los ojos y de inmediato, la magia de ésta transformó la melena de Rainbow, así como su pelaje.

Sus crines se rizaban hasta unirse perfectamente en un peinado regular, formando un tuvo homogéneo que se posicionaba detrás de su cuello; algo no muy diferente pasó en las de la cabeza. Con una precisión, se enfilaban para curvarse y caer a un lado de su rostro; sin formar un flequillo, se enrulaban de forma perfecta. Separaciones elegantes que las crines creaban en su peinado una melena articulada de dos perfectas porciones, pronto ésta adquirió un uniforme color índigo. Al mismo tiempo, su pelaje, que siempre estaba reseco, grueso, quebradizo y opaco pasó a un blanco casi puro, brillante, sedoso, suave y saludable, cambiando ligeramente los tonos blancos de éste.

Sus ojos alcanzaron a atisbar, de revuelo la Cutie Mark falsa que aquella magia pintaría… se trataban de tres gemas azules. A ver su cola con un diseño similar al de su melena; fue que Rainbow Dash pudo darse una idea de la yegua en la cual aquel desconocido deseaba transformarle.

No puso un casco sobre la máscara del corcel; en lugar de ello, se limitó a quitársela y en su sorpresa por haber perdido todo anonimato que ésta le proveía estuvo a punto de recogerla; pero la voz de la yegua pronto acudió en su encuentro. "Quiero verte… eso es todo." Incluso pudo adquirir la voz de la yegua… una a la que no le faltaba un toque de elegancia y glamour y que conocía bien.

Él era un poni de tierra, sus ojos, su cola y su melena compartían el mismo tono de marrón; mientras su piel de un champán claro; su semblante era propio de un corcel sencillo. Aunque la yegua sabía a la perfección que el perfume que llevaba se correspondía con Canterlot, algo raro, pues el corcel tenía dos dientes delanteros algo prominentes y unas pecas blancas en sus mandíbulas.

No necesitaban más presentación.

Por supuesto, la yegua debía empezar. Para ello, Rainbow decidió iniciar levantando su cola con lentitud y meneándola en el aire para que el corcel percibiera el olor de las fragancias que llevaba.

Era pues, un corcel sencillo, todo lo que necesitaba podía tenerlo sin juegos previos; por lo cual sus cascos subieron la parte superior de su cuerpo por sobre el sillón dejando listo su palpitante miembro que solo anhelaba explorar las profundidades de la yegua, trató de empujar a la yegua para que se echara y así tener acceso a su intimidad, lográndolo, pero teniendo una respuesta muy diferente de la que esperaba.

Ella negó con la cabeza y sonriéndole pícaramente; con un movimiento veloz de cabeza, logró que su melena regresara a su lugar. El corcel parecía apenado; pero bastó con su expresión para relajarlo.

"Cariño, no quiero que termine tan rápido" no se acostumbraría a la voz de esa yegua. Pero si era lo que el corcel deseaba, no se opondría por una pequeñez como esa.

En silencio, el corcel parecía ponerse más rígido, apenas logró moverse unos centímetros con el contacto suave de los cascos de la yegua para bajarlo del sillón. Primeramente, se incorporó, acercando su rostro al corcel y así, pudo darle un beso; sin dejar de avanzar, logrando que el corcel se moviera hacia tras al ritmo que ella le imprimía.

Cuidando de no tropezar, el poni se concentraba en sentir los labios secos que contactaban con los suyos, Rainbow no tardó en tratar de explorar la boca del corcel, hallando en ésta una textura rasposa en la lengua, evitando asimismo los dientes prominentes en el macho. Éste se dejaba hacer, impresionado por la hembra que no dejaba de mantenerlo en movimiento.

Con lentitud, llegaron a la pared de la habitación. El choque de los flancos del corcel contra ella fue evidente, pues tuvo un pequeño sobresalto. La yegua se separó, solamente para echar una pequeña risa por lo que había sucedido. 9

"¿Es tu primera vez aquí o me equivoco?" tomando una afirmación de cabeza como respuesta; ella se limitó a posar sus patas delanteras sobre los hombros del corcel, de tal forma que su melena pudo ser olida por aquel sin necesidad de inclinar su cabeza, con la sonrisa de quien se sabe vencedora, Rainbow Dash impuso presión sobre la espalda de su incauto compañero. "Siéntate, te voy a relajar" El dulzor de las palabras de la yegua tuvo más efecto que cualquier aplicación de fuerza.

Un corcel no era difícil de complacer, el lugar era preciso e identificable con la misma certeza de poder señalar el sol o la luna. Pero los ojos de la yegua y una sonrisa entre apenada e impresionada pronto reaccionaron ante lo que observó al inclinar la vista.

"Cariño, que bien que esperaste" agregó mientras su casco se dirigía al pene erecto del corcel; solo sentir las venas prominentes de éste era ya una promesa "porque me habrías destrozado por completo" con una pasión encubierta, la yegua estuvo a punto de sufrir un antojo. "Anda, dime por qué viniste aquí"

"Me dijeron que en éste cuarto tratan con la pena" Le respondió el corcel. Su voz era bastante sosa, pero al menos no la entonaba con fuerza ni lentitud innecesarias… aunque la recordaba haberla escuchado en algún lado.

"Pues, no te han mentido" Rainbow Dash observaba atónita el mástil del corcel; éste era demasiado grande para entrar en la media. Por primera vez, se sintió algo intimidaba; cómo se suponía que pudiese albergar todo eso en su interior.

Pero al mismo tiempo, de él manaba un olor penetrante, no podía ignorarlo. Tragó algo de saliva antes de bajar su cabeza y saludar con un beso tierno… "Déjamelo a mí" dicho esto, la hembra abrió su boca para tratar de darle uno de los placeres más gratos. Sin embargo, no estaba acostumbrada a manejarse con semejante envergadura; sus dientes chocaron con la sensible carne; no la podría abarcar si no lo tomaba enserio. Abrió más su boca, casi hasta el límite y finalmente la cabeza de aquel miembro pudo ingresar; su saliva de inmediato se derramó, sus labios abrazaron pronto el diámetro completo del mismo.

"hme ju nomge" Escuchó el corcel, no pudo comprender absolutamente nada "¿Qué?". Por un momento, la yegua abandonó la empresa para poder hablar.

"Cuál es tu nombre cariño" Habló antes de volver a su tarea. "Hayseed" especificó el mismo.

Pero pronto el macho perdió la voz. Pues sintió la húmeda caricia rasposa y flexible que bajaba a través de su buna dota; en el proceso, la yegua trataba de abarcar toda el área posible, haciendo que su lengua bajara como si se tratase de un espectáculo de un tubo. Los movimientos de la mismo pronto sofocaron las penas del corcel que se limitó a sentir lo que la yegua le proporcionase.

Con prontitud. El aliento de la yegua registró su bajada amplia, coincidiendo con el momento en que sus cascos delanteros tomaran aquellas esferas medianas y poco proporcionadas en relación con el pedazo de carne que disfrutaba y por qué no decirlo, la incitaba a saltar sobre el corcel y si era posible, violarlo sin compasión alguna.

Pero eso lo podía hacer cualquier día con cualquier poni; ella era una Wonderbolt y era Rainbow Dash…

Mientras volvía a subir con un gusto al sentir las venas prominentes latir con mayor ímpetu mientras más ascendía por aquella torre, solo podía saborear el sabor algo amargo, pero por sobre todo salado y penetrante, no tenía palabra precisa para describirlo, era un sabor que simplemente se imprimía por sí solo, con una contundencia tal que nada importaba que aquel miembro tuviera otro uso más allá del placer. Entonces al pasar por el "aro" del miembro de cada corcel, regresó la cuestión importante que tendría relevancia en todo el acto.

¿Podría hacer ese trabajo en su totalidad? Al diablo; era Rainbow Dash, podía con todo.

Tenía sus estrellas bien merecidas. Al llegar a la cúspide, tomó aire, se tranquilizó tomando esos dos amuletos de la suerte que tenía en la base de aquel gran mástil y recibió la punta de éste con su lengua.

Una vez más, alojaba esa cabeza insospechada en tamaño por la mayoría de las yeguas. Tal vez era común ver en ponis de tierra un tamaño sobresaliente. Pero aquello era una exageración. Ni siquiera Big Mac tenía una tercera pata trasera como aquella.

Ahora todo debía hacerse con cuidado, bajó unos pocos centímetros, presionó sus labios; pero algo de saliva se le salía por los costados, no podía atender todos los detalles de la operación;

"Unghh Rarity" Expresó por fin el corcel con el placer acariciando su voz. La dureza en la boca de Rainbow pareció incrementarse.

La escena en sí podría ser una anécdota graciosa; pues, evidentemente complacía al corcel y también ella disfrutaba de aquel reto. Pero en realidad no debía haber pasado de unos pocos centímetros de distancia de aquella cabeza gigantesca.

"No tortures tanto tu boquita" Dijo con algo de piedad el corcel, su voz sosa solo hacía la escena más graciosa pues, bien podría pasar por un poni falto de inteligencia. En particular porque Rainbow sentía que los músculos de su cuello y mandíbula pronto se resentirían.

Pero en un último esfuerzo, el muchachón recibió una exploración más profunda de la boca de la yegua; definitivamente no iría a una garganta profunda; pero al menos podía darle un pequeño recorrido. Rainbow presionó con fuerza sus labios para torturar al intruso al tiempo que procuraba que éste no llegara a su úvula; lo último que deseaba era que el rímel se corriera a causa de sus lágrimas, producto de las horcajadas que daría cuando la golpease.

Entonces su cabeza comenzó a subir, desalojando al intruso y bajó para volver a darle un hospedaje húmedo y caliente. Su fiel nariz daba una caricia adicional al sensible cuerpo del pene del corcel. Seguramente no pasaba de albergar una octava parte del mismo. No obstante, la respiración del corcel se aceleraba.

"Mi Rarity" expresó de pronto el corcel entre gemidos y algo que cerca estuvo de ser un bramido de placer.

Rarity… Rarity… Rarity… ¿Por qué debía ser ella?

Finalmente, cuando sintió que el corcel comenzaba a imprimir fuerza en unas mini embestidas que respondían a su instinto de insertar todo su miembro en ella; Rainbow paró y se separó de su ahora atacante peligroso.

"Quédate ahí" La voz de la yegua perdió toda dulzura para ser más directa, tomando aliento para incorporarse una vez más y separarse.

Era momento de que él le retribuyese de una vez por todas.

Esa magia podía cambiar el pelaje y la melena; pero con lo que jamás podría trabajar era con la forma de los cuerpos. Por eso, cuando se mostró frente al corcel con una mirada de lujuria y con los cascos delanteros y traseros perfectamente extendidos y levantando su flanco levemente al tiempo que lo ponía de lado sin dejar de mirarle, aclaró su voz. "¿Soy hermosa para ti?"

"Sí" Falto de inteligencia, o tal vez de pocas palabras. Pero ella no quería sencilleces en ese momento.

"¿Sí? ¿Eso es todo lo que puedes decir?" Rainbow lentamente le dio la espalda, bajando su cola para cubrir sus labios que ya comenzaban a humedecerse.

"Espera… eres tan hermosa como el sol"

"Nah. No lo dices de corazón" Recriminó la yegua comenzando a dirigirse a la ventana.

¿Qué yegua más extraña era aquella? Pero para mentes como las de Hayseed no existían dilemas si se los podía evitar; el problema era fácil de zanjar.

"Toda tú es perfecta; tus ojos, tus patas, tus crines… Quienquiera que seas"

"Ponme el nombre que quieras, pero dímelo" La mirada de esa yegua tenía una chispa propia, una energía que se irradió al corcel, como la luz blanca que iluminaba su bello cuerpo.

"Señorita Rarity, es usted la yegua más hermosa." Escuchó Rainbow de pronto; pero ni volteó para verle "No soy poeta, pero cuando la veo, sé que se inspiran en usted"

Con una sonrisa ya de cierta satisfacción; Rainbow Dash movió la cabeza con algún ritmo. "Ajá…"

"Y lo peor es que es más hermosa cada vez que la veo." Hayseed se levantó para acercarse a la distante compañera, sintiendo algo de frío alrededor de su intimidad a causa de la humedad que ella dejó atrás.

"Después te vi en Canterlot y arruiné tu conversación con esos ponis refinados" Lentamente, se acercaba, tratando de quitar su voz algo tediosa para ser lo más viril que podía ser. "Traté de hablarte en la Fashion Extravaganza; pero tu amigo me dijo que ya estabas comprometida." Al estar detrás de la yegua, algo le reprimió todo deseo de montarse sobre la yegua y poseerla… era un cuerpo diferente; completamente diferente al de Rarity.

"Pero desde entonces solo ha amentado tu belleza."

Rainbow Dash sonrió entonces de forma más sincera… "Dime más" exigió dándose media vuelta para ver al corcel.

"No tengo palabras, solo sé que quiero tenerte, aunque al salir de aquí nunca más nos veamos. Eres más hermosa… no tienes que pedir que te lo digan" El corcel mantuvo sus ojos fijos, esperando a Rainbow Dash.

"Entonces tómame" La dulzura y la lujuria se cruzaron en la voz de Rarity que esa magia emulaba en aquella yegua.

No lo dudó más, el corcel se dirigió hasta los cuartos traseros de la yegua, se levantó sobre el lomo de ésta.

"Solo no me partas por la mitad" Agregó Rainbow Dash con una sonrisa nerviosa al sentir cómo aquel miembro desproporcionadísimo con respecto al cuerpo de su dueño se movía al ritmo de los intentos del corcel por insertarlo. Grabe problema ciertamente; sentía los golpes torpes de aquella lanza alrededor de sus labios, en sus muslos, incluso, alguna que otra estocada al aire que terminó con un choque del tronco de la misma en sus muslos o vientre.

Pasó un rato hasta que finalmente sintió la cabeza que amenazó con empalarla con brutalidad, el temor se apoderó de la yegua.

"Espera… soy una dama, tómame como a una" Rogó la yegua; cerró los ojos, centrándose en no sentir la envergadura de aquella masa de carne que parecía ser impiadosa. Dividiendo sus labios bajos, hasta separarlos por completo; ellos no conocían ese tamaño, jamás lo habían albergado y el dolor llegó. La presión inminente, sumada a una sensación semejante a un desgarro interno llevaron a Rainbow a tratar de avanzar hacia adelante para quitárselo. Pero el corcel la tenía fuertemente sujetada.

"No te preocupes hermosa" Expresó el corcel observando las caderas bien torneadas de la yegua; así como sus hombros perfectamente definidos.

"Aah" Grititos de dolor se escurrían por los labios de la fémina; pero, a esas alturas ya debía haber ingresado todo el miembro de Hayseed. Entonces cometió el gran atrevimiento de mirar, bajando la cabeza a pocos centímetros del piso, la gran herramienta del poni de tierra. Ni la mitad de éste estaba dentro y ya sentía como si esa lanza fuese a atravesar su estómago.

Pero, centímetro a centímetro, la caricia rugosa y firme de aquel continuó invadiendo cada espacio, hasta el más recóndito fue alcanzado al ritmo lento y acompañado con una sonada de gemiditos de dolor y temor por parte de Rainbow que por un buen rato tembló.

"La tienes toda dentro" Expresó el corcel.

Con una actitud casi estoica, la yegua había tolerado el dolor que producían semejantes dimensiones. Pero sintió cómo se creaba un vacío en su interior cuando él comenzó a retirarlo. La velocidad aumentó en los próximos segundos, cuando el corcel volvió a ensartarla… Su interior retenía cuanto podía; sus labios se relajaban y comenzaban a extenderse para tragar toda esa carne; su clítoris ya parecía una piedra y sus cascos delanteros cedieron ante el peso compartido de los dos; así como la exquisita sensación que comenzaba a imprimirle cada centímetro de aquello de lo que ese poni debía estar orgulloso.

Ese cambio de posición era todo lo que ella podía hacer; pronto la bestialidad se apoderaría del corcel. Y ni bien pensó difusamente en ello si no es que simplemente temió por él o quizás lo aclamó; los cascos traseros del corcel se separaron; mientras sus cascos delanteros la tomaron por las caderas.

Usualmente ellos mantenían los cascos juntos, bastaba con eso para poder meter y sacar sus penes en ritmo y totalidad dentro de una yegua; pero Hayseed era una excepción, una tremenda excepción que los separó para tener una mejor maniobrabilidad.

Como si se tratase de un péndulo invertido, él pasaba de apoyarse en su casco más próximo a los cascos traseros de Rainbow, para hacerlo en el más alejado y entonces, como si realmente tratara de atravesarla, volvía a apoyarse sobre el más cercano al tiempo que su dote regresaba desesperado y lleno de los jugos de la yegua al interior de ésta última.

No… juraba que estaba tocando su estómago. Pero lejos del miedo, el dolor desapareció y solo quedaba aquella sensación de sus paredes siendo rozadas, a veces con descaro, a veces con delicadeza; pero, gran parte de éstas se sentían atendidas después de bastante tiempo. No todos los corceles podían llegar tan lejos.

Uno de sus cascos delanteros alcanzó su clítoris para darle pequeños golpecitos antes de comenzar a rozarla con la punta; mientras el otro le servía para apoyarse contra el suelo.

Lentamente, y como si de un martillar se tratase, el ritmo del corcel incrementaba. La lujuria comenzaba a flotar en el aire, percudida con el sudor de ambos cuerpos que se unían en una imagen tan erótica como memorable. Sobre todo, porque Rainbow Dash comenzaba a sentir la fuerza con la cual el corcel la embestía.

No bastaba con apoyarse en el piso, el cuerpo de la yegua avanzaba a medida que el corcel se satisfacía con su interior ya tremendamente atendido. El bombardeo del placer recorría todo el cuerpo de Rainbow Dash; sus cascos traseros juraban caer en cualquier momento y eran socorridos por la fuerza del poni terrestre que no soltaría las caderas de la yegua hasta que ambos tuvieran el placer tan anhelado.

Prácticamente se derretía a medida que sus profundidades sufrían de la intromisión del corcel. En un momento dado; llegaron unos temblores. El corcel sintió que su barra de hierro caliente era doblada ligeramente por el interior de esa yegua. Pero no fue suficiente para él.

El orgasmo anestesió a la yegua por completo y prácticamente no sintió cuando el corcel comenzó a imprimir más fuerza al péndulo invertido.

No eran palmas, sino golpes de mazos de carne lo que se podía escuchar por el vigor del corcel. Uno tras otro, la resistencia de Rainbow mermó y fue eventualmente arrastrada por el piso; sus cascos traseros hace tiempo que habían claudicado para ser arrastrados al ritmo del corcel.

Era una exquisitez, un momento infinito; la sensación carnal que parecía envolverla a medida que todo su momento en el paraíso tenía lugar; sus ojos apenas pudieron ver algo, su oído se deleitaba con escuchar el castigo de sus flancos; no había nombre alguno, era solo el placer encarnado.

Cuando su cabeza llegó a golpear contra la pared esa sensación comenzó a desaparecer.

Con potencia, el corcel prácticamente la tenía parada sobre sus cascos traseros, el cuello doblado contra la pared y su cabeza a un lado; sus muslos estaban a punto de adormecerse y ni qué decir de la totalidad de sus patas; había recuperado la compostura, solo para percatarse de que el corcel la mandaría de nuevo al cielo.

Pero Hayseed estaba en el punto máximo.

"Fuerte" Estuvo a punto de gritar Rainbow poco antes de sentir cinco embestidas donde toda la energía de su compañero fue agotada. Era alucinante… si Rarity le daba una oportunidad a ese corcel, no se arrepentiría por un buen rato.

El corcel, completamente cansado, cayó sobre el piso de madera para recuperar el aliento.

De más está decir que cuando aquel miembro salió, los labios bajos de Rainbow Expulsaron una gran cantidad del líquido blanco del corcel… la calidez del mismo la regocijaba en el interior, dejando una fuerte esencia que impregnó tanto su pelaje y cola como el ambiente.

Y es que… qué somos sino partes de un cuerpo, qué nos ata y nos libera, qué nos hace recorrer en el mundo. Qué hay de nosotros, sino éste conjunto de huesos, carne y sentidos al que tan poca atención solemos darle.

¿Qué hay más allá de eso?

La respuesta para Rainbow Dash era evidente… detrás de eso estaba Rarity, Fluttershy e incluso Pinkie Pie. Debía ser franca… todas sus amigas, todas menos ella.

Rarity, ese nombre no dejaba de girarle en la cabeza.

Ella era belleza, la representaba, la creaba, la mostraba. Estando cerca de ella, Rainbow Dash entró cada vez más en contacto con algo desconocido. Ningún poni se había atrevido jamás a decirle que era hermosa.

En ningún momento. Ni siquiera el hermano de Fluttershy se lo había hecho. Era estúpido pensar en él en ese instante.

Frente a Rarity qué era ella sino una yegua fea. Fealdad, una ausencia de belleza, pues nadie jamás podía reconocer eso en ella. Asombrosa, atlética, competitiva, y otros tantos adjetivos… mas nunca hermosa, nunca bella, nunca deseada. Sobre ella la mirada de los corceles jamás recayó, señalada además como una yegua que volaba hacia el otro lado.

No le gustaban los espejos… solo confirmaban sus sospechas y es que ella no estaba agraciada.

Solo en aquel lugar podía sentir que un poni se percatara de ella. Era un secreto inconfesable. Detrás de toda esa carencia se había criado una inseguridad que con el tiempo pudo romper toda amistad con el espejo, con el delineador, con los vestidos y con los ornamentos. Inútilmente tomaba sesiones de Spa semanalmente. Al volver al espejo debía afrontar el mismo hecho: no era hermosa.

En una piel fingida debía permanecer para sentirse hermosa, las palabras más dulces hacia ella se habían dado en el interior de aquella habitación. La próxima semana, regresaría sin falta para oír esas palabras que Rainbow Dash jamás recibiría, y para ser tratada como lo que era: una yegua.

Azulejo que eres botón más nunca flor

Viste una rosa blanca en el amor y en el telón

Compuesta por pétalos es tu belleza

SI quieres, córtate de raíz, florece con rareza

Pero si en silencio guardas tus colores

Marchítate pues en tus pesares


Me complace saber que cuento con el apoyo de algunos lectores y también me he ganado ya a un crítico con una casa de cristal ¿No es así Filomental? Les aclaro que Hayseed es canon. Aparece en el comic: micro series #3 y en el capítulo: La Crema y Nata de la segunda temporada de MLP:FIM.

Espero estar mejorando en esto de hacer Clopfics y bueno… solo quisiera decir que recomienden mi trabajo a sus colegas que gusten de la rikura y la zukulencia; nos vemos pronto socios y socias del Clop y no olviden votar por la siguiente yegua.