Capitulo 3—Esto es guerra
Tras jugar tenis durante unas horas, Sakuno se sienta en la banca exhausta, dado que hace mucho tiempo que no juega tenis y el chico que se encuentra frente a ella es demasiado bueno, que no es capaz de devolver las pelotas correctamente.
— ¿Realmente juegas tenis? ¿O lo decías para impresionarme? —Se burla el ambarino.
—Hablaba en serio, pero no soy tan buena.
—Así veo, aunque realmente me has impresionado...—Hizo una pausa para beber agua de su botella. —Hace tiempo que no veía a alguien jugar tan mal.
—Te dije que no jugaba hace un tiempo. —Gruñó.
—Dime algo, Ryuzaki. —Se acomodo su gorra. — ¿Existe algo en verdad en lo que eres buena?
— ¿A qué viene eso? —Bufó. —P-Por supuesto que lo hay. No me conoces del todo.
—Aún así, hay cosas que sé por el momento de ti que he podido notar, por ejemplo en tenis, claramente no eres buena. En cocina, tampoco es tu especialidad, porque le faltaba sal a la comida y el pan se quemó. En actuación...
—He mejorado, tienes que admitirlo. —Reprimió sus deseos de gritarle, no la sacaría de quicio.
—Como digas. —Suspiró. —Continúo, tampoco eres buena mintiendo y controlando tus emociones.
— ¿Porqué lo dices?
—Porque aún si dices que no estás interesada en mí, me miras del mismo modo qué lo hacen las demás y te interesas por mis películas.
—No es así. —Tomó su bolso para colgárselo al hombro.
—Ahora mismo, estás haciendo lo contrario. —Reprimió una sonrisa. —Porque intentas huir de mí y pretendes que crea en tus palabras, cuando ni siquiera me has mirado a los ojos para decírmelo.
—No estoy interesada en ti, Ryoma Echizen. —Lo fulminó con la mirada. — ¿Ahora sí lo crees?
—mmm tal vez. —Rió dejándola desconcertada. —Sí, debo reconocer que ahora sí has actuado bien. Pero no es suficiente.
Era tan engreído, ella no estaba interesada en él. Así que sin decir más, le dio la espalda y caminó de regreso al apartamento, no toleraba seguir escuchando como se burlaba de él. Sí lo que quería era que renunciara a la actuación, no le iba a dar en el gusto. Sí quería guerra, eso iba a tener. No iba a tener piedad.
A la mañana siguiente, cuando Ryoma se levantó, notando que hacía más frío de lo común, lo que era de extrañar teniendo en cuenta que aún no llegaban a Diciembre y faltaba todavía para esa fecha, se desplazó hacia la cocina buscando encontrarle alguna explicación. Entonces se percató que no sólo el aire acondicionado estaba en cero, también el piso brillaba como si hubieran ido los agentes profesionales del aseo a hacerse cargo. Por ello todo el apartamento estaba temperado cómo si estuvieran en la misma Alaska ¿Acaso se había averiado? Antes de responder a su pregunta, se sorprendió al identificar a la castaña llevando un pañuelo en la cabeza corriendo los doseles para que entrara el sol al salón.
— ¿Qué haces?
—Oh buenos días ¿Dormiste mejor ahora?
— ¿Dormir mejor? Esto es un tempano. —Bufó. — ¿Se ha averiado o has sido tú?
—Sea quien haya sido, deberías estar mejor. —Se burló la castaña. — ¿No decías que te molestaba el calor? Ahora si está temperado para ti, apto para el señor de las nieves.
—Entonces has sido tú. —Enarcó una ceja. —Eso me da pensar que sigues molesta por lo que te dije ayer ¿no?
—No es así ¿Cómo podría estar molesta por alguien tan insignificante como tú? —Dejó el pañuelo a un lado, luciendo su atuendo del trabajo y caminó hacia la puerta. —Por cierto, decías que no había nada en lo que era buena ¿no? Aquí tienes una.
—Sí, tienes razón. Descubrí en lo que eres buena, saboteando mis sueños. Pero esto no quedará así. —Caminó enfadado, pero entonces olvidó que el piso estaba tan resbaladizo que cayó de rodillas hacia ella.
—Bueno creo que no es necesario que te lo mencione, ahora has sido capaz de darte cuenta por ti mismo que el suelo brilla. —Controló sus deseos por reírse. —Nos vemos en el trabajo, sí es que eres capaz de levantarte. —Dijo, cerrando la puerta tras ella.
"Me vengaré, Ryuzaki." Pensó esa misma tarde, cuando notó que producto del frío había pescado un leve resfriado, claro que eso no acabaría con él, no faltaría por su causa. No sabía con quien se estaba metiendo, no permitiría que ella se burlara de él.
Esa misma tarde, como era su turno hacer las compras, decidió encargarse personalmente de los cuidados del cabello de la castaña, lo tenía tan largo que debía usar shampoo especial según había escuchado en una conversación con Tachibana. Por ello, en lugar de comprar la franquicia que deseaba, mezcló el bálsamo con laca lo que en lugar de hacer brillar su cuero cabelludo y mantenerlo liso, lo dejaría tieso. Como si se tratara de un demonio, esperaba con ansias que volviera a la casa a darse una ducha para ver como quedaría. Entonces sucedió, Sakuno llegó a las 7 en punto tras haber terminado con los ensayos y se dirigió al baño, para no parecer sospechoso anunció que saldría a entrenar, por lo que apenas terminó de ordenar sus cosas, salió por la puerta principal. Con el propósito de no estar presente cuando ella pegara el grito en el cielo.
La batalla duró más de lo que habían imaginado, después de que el cabello de Sakuno tuvo que ir a una peluquería para arreglar su cabello, buscó venganza contra Echizen entrando a su habitación para alterar algunas cosas, si bien le había prohibido que entrara a su dormitorio, él ya había violado esa norma con su shampoo. Así debía hacer pagar. Aunque habían prometido llevarse bien bajo el mismo techo y no estaban cumpliendo con ello, mucho menos podría hacer una alianza en el trabajo.
Una tarde, la directora le da al ambarino dos entradas al cine a libre elección para poder pasar un momento grato. Por lo mismo, el ambarino elige la película perfecta para que los dos se diviertan, pasando por alto lo que había sucedido esa mañana. Así que cita a la castaña a las 18 hrs en el cine y acepta pagar todo. Sakuno se sorprende ante tal invitación y le dice a Ann, con lo que ha hecho es extraño y sospechoso recibir eso de su parte, cuando debería odiarla. No sabe si ir o no, tiene un mal presentimiento sobre ello. Sin embargo, se encuentra con la directora en los camarines y acepta ir sólo porque fue sugerencia de ella.
La oscuridad de la noche se ha tomado el cielo, pero aunque le temía a la oscuridad y no soportaba las tormentas eléctricas, decide ir al lugar correspondiente. Ryoma la esperaba luciendo ropa casual, jeans negros y una camiseta azul marino. Su sonrisa maliciosa le generaba desconfianza, de seguro hay algo más tras la invitación de la directora.
—Por un momento pensé que no llegarías.
—Estuve a punto de no hacerlo.
— ¿Y qué te hizo cambiar de opinión?
—La directora.
— ¿Es eso o realmente querías verme? —Enarcó una ceja.
—Me basta y sobra con verte a diario. —Bufó.
No quería perder más tiempo discutiendo contra él, por ello haciendo caso omiso a sus burlas, le quitó su entrada de las manos y anunció que entraran, acabando con el asunto. Mientras más rápido terminaran con ello, más rápido podría finalizar la película. No obstante, cuando se sentó en la oscuridad de la sala junto al ambarino, se sintió extrañamente nerviosa, quizás porque nunca había estado con él a oscuras en una habitación como esa, sin embargo no quería pensar mucho en ello. "¿Sucede algo malo, Ryuzaki?" Le preguntó maliciosamente, ella negó con la cabeza, rescatando una palomita dulce del cesto para comer. Su corazón latía a mil y no entendía porque, no era sólo porque se encontraran solos, también porque sentía cosas extrañas al oír las palabras de él susurrando en su oído. Suspiró, no pensaría en eso.
—Por cierto ¿Qué película veremos? —Preguntó desviando todo con esa interrogante.
—Creí que habías leído la entrada antes de entregarla. —Se burló. —Pues, veremos "El misterio de los gemelos".
— ¿Qué clase de título es ese? —Enarcó una ceja, mientras bebía de su gaseosa.
—Deberías saberlo, es una película que está de moda. Es de terror.
— ¡¿Qué?! —Exclamó, tosiendo producto de su reacción la bebida casi escapaba por su nariz.
—Creí que la conocías, ha tenido buenas críticas. —Tomó una de las palomitas y las saboreó en su boca. — ¿Qué ocurre? ¿Le temes a las películas de terror? Ryuzaki.
—P-Por supuesto que no. —Se sonrojó, no les temía, más bien la aterraban y le impedían conciliar el sueño después de eso.
—Qué bien, porque dura 2 horas. —Susurró, acomodándose en el asiento.
Recordaba una vez en especial, cuando era niña y había visto una película que había alquilado su abuela creyendo que era para niños, porque salían payasos en ella, cuando en realidad...eran payasos asesinos. Después de ese episodio, había dormido con su abuela durante dos meses con la luz encendida y desarrolló una fuerte fobia tanto con payasos como mimos ¿Cómo él había descubierto ese secreto? ¿Acaso había leído en su expediente que jamás por ningún motivo haría películas de terror? Tomó aire, tratando de controlarse, pero apenas las luces se apagaron por completo dando inicio a la película, sentía como su corazón latía a mil. Intentó no mirar la pantalla y concentrarse en el libreto que debía memorizar, pero no podía. La película había comenzado y no podía escapar, porque él se había sentado precisamente alado del corredor.
— ¿Estás bien? Luces incomoda. —Le susurró en el oído.
—Sí ¿Y tú?
—Bien también, me atraen este tipo de películas.
—Ya veo. —Habló entre dientes, lo odiaba.
La historia no parecía tan mala como creía, se trataba simplemente de dos hermanos inseparables que vivían en una casa de campo, junto a un arroyo al que todos solían temer porque se decía que mucha gente había muerto ahogada en él. Esperaba que ellos no corrieran el mismo peligro, pero ¿Qué estaba diciendo? Era una película de terror, alguien moriría. Tenía que existir un antagonista. Para desviar su ansiedad, acercó su mano al cesto de palomitas para extraer una, a veces el dulce era lo único que lograba ahogar sus nervios. Por lo que sin poder controlarlo, comenzó a comer muchas sin parar, su corazón latía a mil, quería salir corriendo al escuchar la melodía tétrica que se encontraba en la escena. De súbito, sus manos se encontraron con las de él en el preciso momento que uno de los gemelos cayó al acantilado, dando un vuelco a su corazón. No sabía si estaba asustada por el acontecimiento de la película, o más bien por el hecho de que estuvo en contacto con sus manos por cerca de 2 milisegundos, porque reaccionó a apartarlas. El pequeño arroyo que todos creían que había, terminó siendo un acantilado sin fin. Quería gritarle que saliera de ahí, pero sabía lo ridículo que sonaría eso, tratándose de una película. "¡Hermano!" le gritaba el otro pequeño, viendo como el agua lo absorbía. Hasta que lo vio desaparecer en la oscuridad.
El funeral se llevó a cabo días después, Sakuno estaba tan sorprendida con los acontecimientos sucedidos que aún no podía procesar lo que había pasado. Se dirigió a mirar a Ryoma, él parecía calmado como si nada hubiera sucedido, estaba sin expresión alguna. Notó como a lo lejos, la sombra de una persona se proyectaba en el suelo, nadie podía verlo, sólo el niño podía sentir su presencia. Odiaba ese tipo de sensaciones de que alguien estuviera ahí, pero en verdad no hubiera nadie. Sólo rogaba que esa película no fuera tan terrible como otras. "Son sólo actores como nosotros" Se dijo a sí misma, no podía temerle a efectos especiales. Sin embargo, minutos después se olvidó de lo racional de la situación y se vio a si misma gritando al ver como el gemelo que todos habían enterrado salía del bosque y lo encaraba por no haberlo rescatado con unos ojos tan rojos que parecían ser de color sangre. Lo que no fue desapercibido por Ryoma que se rió a carcajadas de su reacción. "¿No que no le tenías miedo?" la encaró. La castaña se vio en la obligación de guardar su orgullo y ocultar su rostro en su hombro cuando vio como un payaso sonriente se apoderaba de la pantalla sosteniendo un cuchillo junto al gemelo malvado. Ante dicho acto, Ryoma la observó sorprendida temblaba como nunca lo habría imaginado, incluso aunque no podía verla en la oscuridad con claridad, le daba la impresión de que iba a llorar. Al final terminó viendo la película solo, considerando que ella cerró los ojos en gran parte de las escenas.
—Te odio. —Gruñó la castaña al llegar a casa.
—Pensé que habías dicho que no le temías a las películas de terror. —Se encogió de hombros. —Además ensuciaste mi ropa con tus llantos.
—No lloré. —Lo fulminó con la mirada.
—Claro ¿Y mi chaqueta qué? —La enseñó enfadado. —Más te vale que no me despiertes a media noche gritando, mañana tenemos ensayo de tango.
—No lo haré, adiós.
Tal cómo había predicho, la noche anterior no fue la mejor de Sakuno, quien no sólo sufrió todo tipo de pesadillas, sino que también sufría de paranoias de que un payaso malvado entraría en su casa.
Por orden de Aoi, tuvieron que tomar clases de Tango en paralelo al trabajo de aprenderse el libreto, pero siendo supervisado en el mismo edificio en el que se dedicaban a hacer la película. Ryoma era un excelente bailarín, incluso el instructor se lo recalcaba cada vez que cumplía con lo requerido. En cambio ella, cometía errores como pisar a su compañero, debido a que estaba cansada por la dura noche que había tenido. Según el maestro no se dejaba seducir por él como debía hacerlo. Después de estar horas ensayando, anunció que se iría para que en solitario pudieran practicar las lecciones y trabajaran en equipo.
—Vamos, Ryuzaki. Entrégate a mí. —Rodeó su cintura.
—Oh claro. —Sonrió pisándolo con fuerza, provocando que liberara un quejido. —Lo siento, no vi tu pie, lo juro.
— Aún sigues enojada ¿Verdad? —Torció el gesto, omitiendo el dolor que le había hecho sentir. —Digo, ya es demasiado ¿No crees?
—Ya te lo dije, Echizen-Kun. —Giró con él dejándose llevar por la canción, sintiendo el aliento en su cuello. —No tienes derecho a burlarte de mí.
—Lo tengo, ahora que somos compañeros de vivienda, he descubierto todas tus falencias. Así que en estricto rigor, no podrás seguir vengándote de mí. Sé tus debilidades, Ryuzaki.
—Aún no me conoces, te falta mucho para eso. —Gruñó, alejándose de él. —Estoy cansada. No quiero practicar contigo.
—Tenemos que hacerlo, nos agrade o no. —Caminó hacia ella decidido, escuchando como la melodía sonaba de fondo. —Terminemos con esto rápido, al menos yo no quiero perder el tiempo.
—Tampoco quiero hacerlo.
—Bien, primero que todo. —La tomó de la cintura con fuerza para atraerla hacia él. —Tienes que permanecer cerca de mí.
— ¿Eh? P-Pero esto...es demasiado. —Intentó liberarse sonrojada, su rostro estaba tan cerca del suyo que sentía su aliento y sus ojos la absorbían como un imán. Sin pensarlo, él volvió a atraerla con fuerza para mantener la postura. —Detente.
—Debemos estar así. —Tomó su mano izquierda con delicadeza hasta casi encajarla en sus dedos. —Ahora, mírame a los ojos. —Acomodó su otra mano en su espalda para sostenerla.
—Y-Yo...
—Hazlo, Ryuzaki.
—Está bien. —Se sostuvo de su hombro para poder deslizar sus pies con los suyos hacia un lado. Su corazón latía a mil.
—Ahora retrocede como si estuvieras huyendo de mí. —Le susurró al oído, erizando su piel.
Sakuno retrocedió y Ryoma la alcanzó con sus pies que iban en sincronía, entonces volvió a enredarse en sus brazos y giraron a los compás de la canción. Se sentía avergonzada, pero sabía perfectamente cuál era el siguiente movimiento. Por ello, tras haber girado, sostuvo el peso en una pierna y con la otra se aferró a su muslo acercándose más a él. Sus corazones latían como si fueran uno, Ryoma deslizó su mano por su cadera para sostener el peso hasta acariciar su muslo sin quitar su mirada de la suya, desde esa posición podían verse reflejados en los ojos del otro. La castaña descendió con delicadeza por su pierna hasta que finalmente bajó y se acomodaron. Él la giró para que sus miradas se apartaran y se aferró a su vientre, encontrándose con sus cálidas manos. No sabía porque, tenía deseos de besar su cuello y explorar sus curvas. Descartó esa idea de súbito para volverla hacia él, pero ahora incluso sus labios le apetecían. Sus rostros se acercaron con sigilo, no podía detenerse, comenzaba a desear a Sakuno Ryuzaki. Ella lo observaba nerviosa, quería hacerlo también, pero no sabía por qué.
— ¿Interrumpo algo? —Habló una voz tras ellos que apagó la música, se trataba de Kotoha llevando un obento. Al identificarla, ambos se apartaron avergonzados.
—No, sólo estábamos practicando. —Suspiró el ambarino, comenzaba a sudar. No sabía por qué había tenido esos pensamientos con ella. Él no era así.
—Qué bueno, te he traído el almuerzo. Me dijeron que te encontrabas aquí. —Sonrió Kotoha. —Había oído que Ryuzaki no bailaba bien, pero al parecer no lo hacen nada mal. Felicidades, Sakuno.
—G-Gracias. —La castaña estaba tan avergonzada que decidió caminar a tomar su bolso para salir de ahí. —Con esto, no creo que necesitemos otro ensayo. —Se dirigió a Ryoma. —Nos vemos.
Sakuno corrió en dirección a los camarines roja como un tomate ¿Realmente ellos estuvieron a punto de besarse?
Continuará...
