Hello a todos mis queridos lectores amantes del anime y el maravilloso mundo de Fanfiction :) Soy yo, su querido amigo VidelxGohan quien después de más de dos meses está de vuelta. Sí, lo sé, otra vez tardé jajaja. Ok ok no tanto como antes, pero de todas forma lo hice. Que excusa puedo darles… ay, no tengo ni idea XD. Mi vida ha sido una tormenta de acontecimientos. Ok exagero, pero si he estado ocupado (más que todo mentalmente), pensando y analizando tantas cosas que mejor ni les digo. El hecho es que no he tenido mucha inspiración y eso que tuve algunos problemas en la Universidad y tenía mucho tiempo para escribir, seré sincero con ustedes. Me disculpo con todos, seguramente me odian profundamente por tardar, que ni he vuelto a subir otra capítulo de mi otro fic a esta página, lo haré en los próximos días. Antes de leer quiero desearles una muy feliz navidad y próspero Año Nuevo 2016. Que todos sus deseos se cumplan y este año que comienza traiga muchas bendiciones para ustedes y sus familias. Yo espero seguir provocándoles infartos con las locuras que escribo jajajaja, nos leeremos en el 2016 sin inconvenientes. Ojalá y el capítulo sea de su agrado, regresaré en la próxima actualización que no se cuando diablos sea XD, solo espero que pronto y en fin… ¡A leer se ha dicho!

Ahhh rayos, ya se me olvidaba jajaja XD, los invito a echarle un ojo de nuevo al primer capítulo. Modifiqué algunas cosas relacionadas con las notas (más que todo los géneros) y el resto del episodio, aunque son muy pocas y no sé si se den cuenta.

Capítulo 3: Lágrimas de perdón.

Miles de soldados se desplazaban por un enorme pasillo de tamaño gigantezco, mientras densas luces de color rosa pálido alumbraban todo el lugar. Marchando a paso lento, se oía el sonido de sus piés en un compás bastante agradable. Pero eso era lo único bonito de una situación donde la sangre se derramaría en un tiempo aproximado. Los gritos de dolor pronto se escucharían, lo huesos crujirían… los débiles suplicarían piedad.

El agua se precipitaba desde el cielo en un torrente de lluvia helada, casi en el punto de congelación. Oscuridad y sombras acechaban como un demonio sanguinario en todos los rincones de la organización. Aquellos numerosos gladiadores, soldados, luchadores, de cualquier forma que pudiera llamárseles; ellos salían, cada uno vestido con armadura, casco, y en sus manos… el arma que se encargaría de derramar la sangre que su majestad proclamaba con lujuria.

Se detuvieron en un instante, aquella marcha diabólica sesó su escándolo. Todos formaron una enorme fila que se extendía por varios metros. El frío azotaba en esa noche marcada por una tormenta que no mostraba misericordia. Se oían los truenos, se veían rugir los rayos y relámpagos cual luz incandescente que cegaba las pupilas.

Al frente de todos reposaba tranquilamente una enorme nave con forma de cangrejo, esperando a ser tripulada para luego marchar velozmente hacia la región 102-HZ. Los solados, rectos y firmes, tan solo se disponían a observar a cierto individuo que se encontraba de primero en la fila. Este, luciendo una espléndida capa, esperaba ansiosamente la orden de su jefe. De su rostro no desaparecía una seriedad que lo caracterizaba como uno de los miembros más fieles del ejército de King Cold.

No por nada fue nombrado como comandante supremo, esto le otorgaba un puesto envidiable para cualquier soldado que ni en sueños podía anhelar algo de tal magnitud. Pero resulta que el tipo era fuerte, decidido, no dudaba en lo que hacía, y lo mejor de todo… no tenía piedad alguna con sus semejantes. Era sin duda la mano derecha del Emperador del Frío, su carta del triunfo, alguien con el que podía contar en cualquier momento, motivo por el cual… llegó a convertirse en el único miembro del ejército que se había ganado la confianza de su majestad.

Sus cabellos azabaches, tan negros como la oscuridad, chorreaban agua por todos lados, empapados en su totalidad al situarse a la merced de aquella tormenta de agua helada. Varios mechones se encontraban enredados en los dos cuernos que le sobresalían en la frente, por lo que suavemente, el comandante supremo los hizo a un lado… sonriendo de medio lado. No cabía lugar a dudas de que disfrutaría en grande, y todo por un simple capricho del Emperador.

La compuerta principal de la nave comenzó a abrirse, y de ella salió King Cold con los brazos cruzados, mostrando un mueca igual a la de su sirviente. Se situó al frente de este sin dejar de sonreír, sabían a la perfección de los acontecimientos que se avecinaban, así como también, el Rey del Frío estaba completamente seguro de que por fin encontraría la respuesta a sus más grandes incógnitas.

¿Existe el Shinai?

¿Qué clase de artefacto es?

¿Realmente es capaz de hacer lo que la leyenda presume?

El brillo se extinguirá… y el Universo se plagará de una infinita oscuridad.

Polvo de estrellas, o la estrellas vueltas polvo… ¿Qué frase es la correcta?

— Es hora de irnos — Afirmó con una voz retumbante. El otro asintió volviendo a su seriedad característica — Tu irás en esta nave, yo iré más atrás en una un poco más pequeña — Le dijo apartándose de en frente, como para permitirle el paso. Este caminó lentamente dedicándole una mirada de reojo, para luego penetrar en el enorme artefacto espacial seguido por los muchos soldados. La nave ChangLong fue tripulada en su totalidad, el panel de control se encendió, cientos de dedos comenzaron a moverse rápidamente machacando botones a diestra y siniestra.

Tamashi, el comandante supremo, solo se dispuso a observar el ambiente de afuera, dejaría que los demás hicieran su trabajo. Poco tiempo después, el sistema de arranque comenzó a escucharse. Bastaron unos cuantos segundos para que la nave empezara a ascender, deslizándose por los aires. La velocidad hizo que muchos solados se estremecieran sintiendo que subían cada vez más, pero Tamashi permaneció inmutable, como si nada estuviera ocurriendo. Al abandonar la atmósfera del planeta ChangLong, esbosa una media sonrisa que reflejaba maldad, viendo con sus ojos grises la inmensidad del espacio exterior, dirigiéndose a un infortunado planeta que sería arropado por una lluvia de destrucción masiva.

(…)

El pequeño guerrero semisaiyajin se desplazaba por los campos, saltando de roca en roca, sintiendo como el viento rozaba con sus frágiles mejillas y sus cabellos azabaches se movían alborotadamente. En su rostro llevaba una sonrisa, un gesto de felicidad. Así es, se encontraba feliz, alegre y contento. Pero no era un regocijo que se dejaba salir en gritos y risas, al contrario, él yacía muy apacible.

Sin detenerse, disfrutaba de la reconfortante tranquilidad de su hogar. Al deslizarse por los aires en cada brinco sentía como todos los miembros de su cuerpo se relajaban. Aquel pasatiempo podría parecer muy aburrido para cualquier otro niño de su edad; es decir... ¿Qué chiste tenía brincar de un lado a otro en un lugar al medio de la nada?

Para Gohan no lo era, le ayudaba a despejar la mente luego de sus largas rutinas de estudio. Según le dijo su madre aquel día lo tendría libre, por lo que podía salir y jugar en los campos. Esto lo sorprendió un poco, tal parecía que su progreso como estudiante era muy bueno ya que raras veces, Milk le ofrecía premios.

Rondaban las diéz de la mañana en los hermosos montes de la Montaña Paoz. Gohan se detuvo por encima de una pequeña colina. De inmediato cierra los ojos, respira profundamente permitiendo que el aire fresco del ambiente penetrara por sus pulmones. Todos los días realizaba ese pequeño ejercicio, que consistía en juntas ambas manos como si a fuera rezar. Se lo había enseñado su padre, y también su maestro Piccolo. Según ellos, servía para tranquilizar el espíritu y meditar la mente. Era como volverse uno solo con la naturaleza. Escuchar el sonido del viento, el como los árboles se movían por este mismo efecto, tambaleándose de un lugar a otro como si estuvieran borrachos. También el canto de las aves. Gohan no sabía por qué, pero daba la impresión de que estos conversaban entre sí. De vez en cuando oía cosas extrañas, casi imperciptibles para el oído humano, comprendiendo que habían muchos misterios en la naturaleza que aún no entendía. Tal era su fusión con el ambiente que terminaba por olvidar en donde se encontraba, la percepción de lo real e imaginario se nublaba. Poco a poco, millones de presencias aparecían en su campo de detección. El pequeño niño quedaba fascinado por los incontables seres vivos que se desplazaban por el planeta Tierra, más aún por todo el Universo. Esto le preocupaba un poco, ya no había un guerrero poderoso capaz de protegerla. Solo quedaba él... solamente él.

Luego de inhalar una buena cantidad de aire, Gohan lo dejó salir lentamente, resignado. Continuó en la misma postura sintiendo como el agradable calor del sol le acariciaba los hombros. El cielo era cubierto por pequeños borregos, la incandescente luz solar resplandecía en su totalidad.

— Papá... Señor Piccolo...

¡Goku!

Era un recuerdo…

¡Piccolo!

De aquel momento determinante, cuando su maestro se sacrificó con tal de salvar la vida de su padre, y como éste… fue consumido por la ira dando nacimiento al Guerrero de cabello dorado.

— ¡Gohan! — Alguien exclamó desde un lugar lejano, sacando al niño de sus pensamientos. Este, un poco confundido, abrió los ojos y bajó las manos. Inspeccionó el ambiente tratando de buscar al dueño de esa voz, fue entonces cuando elevó la mirada topándose con una criatura que se acercaba a su posición. Una sonrisa llena de ternura… fue expresada por el joven Son.

— ¡Gran Dragón! — Gritó sonriente.

Efectivamente, se trataba de aquella mítica criatura que hacía de la vida de Gohan… un mundo lleno de alegría y felicidad.

¿Pero cómo podía ser feliz?

Sus amigos se encontraban muertos, su padre ya no estaba con él.

La respuesta es muy sencilla: Gohan era un niño muy fuerte. Él sabía que ya no podía hacer nada al respecto, que por mucho que lo anhelara el pasado era imposible de modificar. Daría lo que fuera por tener a su padre de nuevo junto a él, porque lo extrañaba demasiado. En ciertas ocaciones la tristeza y el vacío llenaban su corazón, pero… ¿Es posible que el vacío, pueda llenar algo?

La respuesta a esta incógnita, puede resultar tan aterradora que quizás no quieran saberla.

A pesar de tantos prejuicios, de tantos prejuicios que hacen de la vida del semisaiyajin un desborde soledad, siempre están esos motivos por los que sonreír.

Un ejemplo muy claro de eso era aquel individuo que, batiendo sus alas para aterrizar, se acercaba lentamente hacia el niño. Este actúa de igual forma y también se le acerca, con una gran sonrisa, no cabía lugar a dudas de que la ternura era uno de los puntos fuertes que caracterizaban a Son Gohan.

A pesar de esto un sentimiento negativo aún permanecía, algo que de un momento a otro quebraba su corazón en pedazos y le obligaba a ignorar toda esa fortaleza que se planteaba.

— ¡Gran Dragón, tiempo sin verte! ¿Dónde estabas? — Gohan exclamó siendo consumido por la alegría, ya que imploraba a gritos aquella compañía que tanto deseaba. Cariñoso, camina para estrecharle en sus brazos, mientras el dragón de color morado saca su lengua y comienza a lamerle el rostro, causando risa en el chico — Gran Dragón, me haces cosquillas — Se quejó con diversión. Su amigo no dejaba de humedecerle el rostro, el otro no dejaba reírse.

La pequeña risa del joven Son pasó a un sin fin de carcajadas. Tanta era la diversión del muchacho que se tendió en el suelo siendo consumido por la risa, ya que el Gran Dragón comenzó a hacerle cosquillas en el abdomen levantándole un poco la camisa.

— Ya… — Decía casi sin habla, riendo sin parar — Ya Gran Dragón.

El dragón obedeció las palabras de su amigo y se detuvo, viendo como el niño jedeaba sonriente. Se quedó ahí con los brazos extendidos. Sus ojos azabaches observaban el cielo azul, el como las nubes blancas se desplazaban por este. Al verlo sonríe con ternura y cierra los ojos.

— Gran Dragón… qué tranquilidad tan apacible — Comenzó a decir — Parece imposible pensar que hace casi cinco años, el destino del Universo estuvo en juego, parece imposible pensar que… hace casi cinco años… ellos murieron — Finalizó desapareciendo su sonrisa. Abrió los ojos mostrándose serio, imaginando sobre los cielos el rostro sonriente de su padre. Una lágrima salió a través de su ojo izquierdo, goteando en la superficie rocosa. Pero no era una lágrima de tristeza, no, se trataba de algo más. La expresión que Son Goku llevaba en aquel rostro imaginario provocó que su hijo volviera a sonreír. Casi alcanzó a oír su voz, diciéndole que fuera fuerte, que ahora él era el hombre de la casa, el protector de la Tierra.

— Sí… papá — Asintió sintiéndose orgulloso de lo que decía.

— Gohan… vamos a jugar — Propuso el Gran Dragón. El semisaiyajin se levanta del suelo, para luego acariciar el rostro del que podría considerar, su mascota. Acto seguido monta en el lomo de este, y elevando la vista exclama:

— ¡Bién Gran Dragón… a volar por los cielos!

Entonces el dragón de color morado extiende sus alas y comenzó a ascender por los aires, mientras Gohan se aferraba debilmente a su cuerpo. Dichas alas eran batidas con agradable compás, en el cielo de la Tierra se dibujó una pequeña silueta, eran ellos dos que se deslizaban a través de él. Sus cuerpos resplandecían por la luz solar, pero esto no era un problema, mas bien era un hermoso regalo que la naturaleza le obsequiaba. La luz del sol… oh sí, ese eterno resplandor que aliviaba las penas y disipaba la oscuridad. Que extinguía cualquier dolor, que brindaba calor a todo aquel que fuera azotado por el frío… por el frío de la muerte.

Luz y calor es igual a Vida.

Oscuridad y frío es igual a Muerte.

Gohan encima del Gran Dragón voló hasta los confines de las Montañas Paoz, sobre los muchos campos que a esta constituían. Nuevamente aspiró ese aire que tanto le encantaba, con una pequeña sonrisa, no cabía duda… amaba su hogar.

Ya casi saliendo de las montañas, el niño supo que no debía alejarse demasiado ya que su madre iba a preocuparse. Bajando un poco la mirada se disponía a decirle a su mascota que regresaran a casa, pero en ese momento algo captó su atención. Se trataba de un objeto que volaba varios metros en la lejanía. Inspeccionando mejor, Gohan entendió que se trataba de un avión; sin embargo, se concentró en la persona que lo estaba pilotando.

— Bulma — Afirmó con seriedad y frunciendo el ceño.

Hace tiempo que no la veía, se preguntaba que motivos tenía para visitarlos a él y su madre. En su rostro de inmediato pudo notarse un cambio de humor, inesperadamente ya no se encontraba feliz. Su gesto expiraba molestia, enfado, pero sobre todo.… tristeza, mucha tristeza.

— Gran Dragón, regresemos a casa — Le ordenó y enseguida… el otro obedeció.

Aquel avión efectivamente se dirigía a su hogar, cuyos motivos ignoraba Gohan, pero que tal vez… toquen una parte muy profunda de su corazón.

Habría que avanzar muchos metros para averiguarlo, situarse justo en el patio de la casa de los Son. Allí se encontraba Milk colgando varias prendas en el tendedero, como realizaba siempre en su rutina. Su rostro denotaba tranquilidad, hasta que miró de reojo, para luego voltear el rostro y ver como el avión estaba muy cerca de su posición.

Este aterrizó en el patio, provocando que el viento soplara fuertemente y que el polvo se alborotara. Milk tuvo que cubrirse un poco el rostro, mientras que la ropa que estaba colgada se movía bruscamente. Luego miró con una sonrisa, la puerta comenzó a abrirse y de ella salió una muy buena amiga.

— Bulma, me alegra verte por aquí, tenía tiempo que no sabía de ti — Expresó la esposa del fallecido Son Goku.

La visitante, quien portaba una gorra que decía "Corporación Cápsula" se le acercó sonriente. Luego le brindó un cálido y tierno abrazo de amigas. Milk corresponde al detalle con una sonrisa.

— Hola Milk, siento haberme perdido así, pero las cosas no han sido las mismas desde hace ya un tiempo — Se disculpó mirándola directamente al rostro.

— Se a lo que te refieres — Contestó con la mirada un poco baja — Pero no tienes por qué disculparte, tal vez has estado muy ocupada.

— Pues… sí, se podría decir que sí — La mujer se ríe un poco — ¿Cómo han estado? ¿Y Gohan? — Preguntó curiosa.

— Estamos bien, Gohan salió a jugar por ahí, seguramente ya viene de regreso — Respondió Milk — Pero pasa, te serviré té.

Ambas entraron a la casa que se encontraba iluminada por el hermoso resplandor de la mañana. Ya se acercaban las once, así que Bulma había llegado a muy buena hora, dentro de poco Milk prepararía el almuerzo. De esta forma ella comería junto a la familia Son, al menos que… una persona no esté de acuerdo con ello.

La peliazul se sentó en un mueble de la sala, mientras Milk se dirigía hacia la cocina para preparar el té. Pasaron algunos minutos y la bebida estaba lista, por lo que la mujer sirvió dos tazas disponiéndose a regresar a la sala, donde Bulma la esperaba sonriente.

— Y dime... ¿a qué se debe tu visita? — Preguntó Milk para iniciar la conversación.

La persona allí presente tomó un sorbo del té. Sonrió débilmente, acto seguido suelta un suspiro y comienza a hablar.

— Tal vez suene tonto, pero he venido para obsequiarle algo a Gohan — Respondió Bulma. Ella sonreía, pero dicha sonrisa que tenía dibujada en el rostro no parecía totalmente sincera. Estaba cargada de un profundo pesar, como si realmente no quisiera sonreír. Era como un hermoso cuadro cuya pintura se distorsionaba por efecto de la lluvia, y esto pudo notarlo Milk.

— ¿Por qué dices eso? — Interrogó ella un tanto confusa — Es un detalle muy lindo de tu parte, de verdad te lo agradezco… ¿y qué le vas a regalar?

— Es que… seguramente no los acepte — Bulma añadió algo desanimada. De un bolso que llevaba colgando sobre el brazo derecho saca un par de libros, provocando que Milk sonriera — Encontré estos libros en la biblioteca de mi casa, tal vez le sirvan a tu hijo… no sé, solo quiero que…

— Bulma…

Milk se sorprendió por aquel inesperado cambio de ánimo. Luego de tomar los libros y colocarlos sobre una mesa se levantó de la silla para arrodillarse frente a su amiga. Entonces se dió cuenta de que ella estaba llorando. Así es, lloraba. No podía notar sus lágrimas debido a que tenía el rostro enterrado sobre sus piernas, pero oía que respiraba con dificultad. Bulma estaba mal, muy mal.

— Yo… yo no quería que… — Se quejó casi sin poder articular palabra alguna. Milk, quien todavía estaba arrodillada frente a ella sintió que se le rompía el corazón, porque sabía perfectamente que le acongojaba. Su presencia allí en su casa no era debido a esos libros. Sus motivaciones tenía un origen más profundo… mucho más profundo.

— Tú no tuvista la culpa — Intentó calmarla, pero solo logró que llorara con más fuerza.

— Yo solo quería que sobreviviéramos, estaba entre la espada y la pared. Gohan me imploraba a gritos que me esperara, que aún teníamos tiempo, pero yo tenía mucho miedo. El ambiente cada vez empeoraba más, estaba segura de que si no nos íbamos en ese instante moriríamos. Entonces… entonces lo hice, oprimí el botón, ya no podía estar más tiempo en ese maldito planeta.

¡Ya no puedo estar más tiempo aquí!

¿Qué estás haciendo Bulma? ¡Noooo!

Lo siento… Goku.

¡Noooooo! ¡Papá! ¡Papá! ¡Papaaaaaaaaá!

Ella necesitaba desahogarse. Por tal motivo, elevó el rostro dejando que su amiga observara aquellas lágrimas que bajaban por su hermoso rostro. Apretaba los dientes por la culpa y el dolor que sentía. Sin poder evitarlo se arrojó hacia los brazos de Milk, quien se encontraba sorprendida. No pudo hacer mas que permanecer callada y estrujarla con sus brazos, porque ella también se encontraba destrozada. Por dentro… el dolor la estaba matando.

— ¡Perdóname Milk, si hubiera esperado un poco más, Goku estaría con ustedes! ¡Perdónameeee! — Lo dijo con tanto dolor, como nunca lo había hecho. A la vez se sentía muy avergonzada, visitarla para aquello era muy tonto, no había pasado mucho tiempo desde su llegada y ya se encontraba llorando como una niña. Pero es que no podía evitarlo, la culpa estaba devorándola, como un animal salvaje que ataca a la carne fresca.

— Por favor, no te pongas así — Milk no sabía que decirle — Si continúas así, solo lograrás que yo también me arroje en un mar de lágrimas, y no quiero hacer eso; además, ya han pasado casi cinco años. Es mejor olvidarlo Bulma, Goku no hubiera querido que las cosas fueran de esta forma — Finalizó para intentar calmarla, y de alguna forma lo logró. Bulma detuvo un poco su desgarrador llanto, aunque las lágrimas no dejaban de salir. Necesitaba tanto de esas palabras, que una parte de su alma y su corazón poco a poco comenzaba a aliviarse.

— Gracias Milk, tú si entiendes — Agradeció separándose de su cuerpo. Con la manga del suerter que llevaba encima se limpió el rostro, luego sonrió un poco, aunque por dentro todavía se sentía horriblemente mal — Disculpa todo esto.

— No tienes por qué pedirme disculpas, entiendo como te sientes, pero mírame a mí, yo debería estar igual y aún así trato de ser fuerte. Deberías hacer lo mismo. Goku me hace mucha falta, no sabes cuanto, por las noches lloro sola en mi cama, pero frente a Gohan y mi padre… no quiero mostrarme así.

— Milk… te admiro.

— Será mejor que prepare el almuerzo, llegaste en buen momento, será muy lindo que almuerces con nosotros.

Bulma se quedó viéndola por unos momentos, fíjamente, admirada por la fortaleza de aquella mujer que tenía en frente. Su corazón no era ni la mitad de fuerte, todo a su alrededor era insoportable. Su vida se había sumergido en una soledad que no comprendía. Estar lejos de sus amigos era tan triste, más aún saber que nunca los vería de nuevo, que ellos estaban muertos. Todos, absolutamente todos estaban muertos. Al pensarlo, no pudo evitar apretar el puño con mucha fuerza.

Piccolo… ¿Por qué te moriste?

Pero en ese momento… se abre la puerta.

Y por ella entre la persona que no estaba muy segura de ver.

Él la observó de inmediato, dedicándole una mirada penetrante. Bulma sintió como dicha mirada se avalanzaba sobre ella, como un cuchillo afilado cuyo objetivo era clavarse justo en su corazón.

La seriedad en el rostro del muchacho no le gustaba para nada. Aquello la asustaba, ya no quería que las cosas fueran así. Era la maldita culpabilidad, ese sentimiento tan desagradable que carcome las entrañas. Ese maldito cáncer putrefacto. Si continuaba así, moriría. Su cuerpo se secaría, su belleza se esfumaría, y Bulma Briefs no quería eso.

— Gohan — Habló Milk antes que la peliazul — Mira quien vino a visitarnos, comeremos juntos y… — Trató de animarlo con una gran sonrisa, pero esta se borró al instante. Su hijo no le prestó atención a sus palabras, solo intentó ignorarla. Comenzó a subir por las escaleras con intenciones de ir a su habitación — ¡Gohan! ¿Qué no vas a saludarla? — Le gritó molesta, no podía creer que mostrara esa actitud.

— No — Frío, el niño de cabellos azabaches respondió secamente. Acto seguido abrió la puerta y se marchó de la vista de ambas mujeres.

— Pero… ¡Gohan! ¡Ven aquí muchacho! — Lo regañó muy molesta, sin conseguir nada. Más que enfadada se sentía confundida, no entendía por qué su querido hijo actuaba de esa forma.

— No, déjalo Milk — La detuvo su amiga fingiendo una sonrisa cargada de tristeza — ¿Puedo hablar con él?

— Sí… pero Bulma… — Ahora ella también se sentía culpable.

Bulma se levanta de la silla, mientras la otra intentaba detenerla con su mano. No estaba muy segura de lo que hacía pero necesitaba hablar con él. Lentamente subió cada escalón. Se detuvo frente a la puerta, tomando la perilla con sus femeninas manos. Por un momento dudó en abrirla, hasta que se armó de valor y lo hizo.

La habitación se encontraba llena de oscuridad. Pudo oír de inmediato que alguien lloraba, y era él, era el niño quien lloraba, pues nadie más se encontraba allí. El miedo irracional nuevamente le causó la escalofríos, esto provocado por la oscuridad y ese llanto que no le gustaba, no le gustaba para nada.

Eran gemidos de dolor y angustia, podía sentirse tanto sufrimiento en ellos. Bulma dió un par de pasos sin ver nada más allá de sus narices. De inmediato se vió consumida por el miedo, por lo que a pesar de no ver absolutamente nada, cerró los ojos y con sus manos comenzó a tantear en la pared con mucha desesperación.

El interruptor de la luz… el interruptor de la luz — Pensaba aterrada. Como si fuera una ola de viento, los minúsculos vellos de su brazo se erizaron producto de un horrible escalofrío que le llegaba a la espina. La sensación que experimentaba no era agradable, era nada más y nada menos que pavor… pavor por ese lugar sin luz.

Luego de casi tropezar y caer al suelo, por fin toca algo con sus dedos. Se trataba de un pequeño botón que al presionarlo, dejó que toda la habitación se iluminara. Bulma parpadeó unas tres veces seguidas, dos segundos después su corazón palpitante sintió un profundo alivio. El niño estaba tendido sobre la cama con su rostro fundido entre las sábanas.

Ella se quedó mirándolo con mucha culpa. Hizo varios esfuerzos en acercársele pero falló en su actuar. No sabía que decirle para consolarlo, para mostrarle que se sentía muy culpable. Con pasos torpes marcha hacias atrás recostándose en la pared, luego baja la mirada y cierra los ojos.

El llanto del chico se detuvo. Esto causó curiosidad en Bulma, quien elevó la vista para darse cuenta de que se estaba levantando. Aún no la miraba, pero ella sabía que solo estaba ignorándola. Notó que sus mejillas ardían por el color rojo, provocado por las lágrimas que bajaban sin detenerse a través del rostro del chico. La científica suspira resignada.

— Gohan… — Comenzó a hablar con voz temblorosa. Armándose de valor se le acerca con intenciones de colocarle la mano en la espalda; sin embargo, el infante rechaza inmediatamente tal detalle — Gohan… ¿por qué lo haces? — Preguntó. Se sentía herida y no hallaba la forma de terminar todo eso.

— Mejor vete — Haciendo la cara a un lado, Gohan contesta.

— Pero Gohan… — Insistió ella.

— ¡Que te vayas! — Exclamó con rabia y frialdad. Bulma se quedó petrificada, en su rostro podía notarse la culpabilidad y dolor que experimentaba.

Gohan se retiró brúscamente de la cama para dirigirse a la ventana. Apoyó los brazos en el marco abriéndola de par en par, deteniendo su mirada en los inmensos campos de la Montaña Paoz, sin saber que pensar. Era cierto que aún se encontraba verdaderamente dolido, pero en realidad no entendía que lo obligaba a actuar de esa manera. El misterio yacía en su corazón, pues una parte de él estaba consumida por el rencor, solo que se trataba de un rencor infantil y sin sentido, muy propio de un niño.

— Por favor vete, no quiero mirarte — Dijo con sinceridad, sin atreverse a ponerle la mirada encima.

Pero entonces escuchó unos quejidos. Sus ojos se abrieron como platos al entender que estaba pasando. Dudando en lo que hacía, voltea hacia atrás topándose con la peliazul incada en el suelo, con la cabeza gacha… y llorando desconsoladamente.

Al ver eso… un extraño sentimiento de culpabilidad invadió el corazón infantil de Gohan.

— No he podido dormir tranquilamente desde… desde que regresamos de Namekuseí — Comenzó a decir Bulma entre llantos — Han sido cuatro años de una angustia que me oprime el pecho. Gohan, entiendo… lo que tú sientes. Entiendo… que Goku era muy importante para tí, créeme cuando te digo que…

No pudo continuar, el nudo que apretaba en su garganta se lo impidió. Presa de la angustia se lleva las manos al rostro sin dejar de llorar, siendo observada por un confundido Gohan.

¿Confundido?

Es que no sabía que sentir. Nunca imaginó que ella se encontrara de esa forma, tan destrozada por dentro. Entonces lo supo, entendió de inmediato que durante esos años él no era el único que experimentaba un dolor interminable. Día tras día lleno su mente de pensamiento egoístas, proclamándose la única víctima de todas las desgracias ocurridas, cuando no era así.

Simplemente no dijo nada, no encontraba que palabra articular. Solo quería estar solo para torturarse en la soledad, en medio de su habitación oscura que aumentaban sus deseos masoquistas de seguir temiéndole a la oscuridad. Porque tal vez estar allí, en ese cuarto sin rastro alguno de luz, al cerrar la ventana su corazón sería devorado por un sin fin de sentimientos negativos que con el pasar de los años… terminarían por matarlo.

¿Pero realmente Son Gohan quería eso? ¿Deseaba ser consumido por la oscuridad?

La respuesta es una rotunda negación. Por supuesto que no. Era el dolor el que pretendía eso, el niño anhelaba ciertamente todo lo contrario, solo que el primero le cegaba la mente.

— Sabes… — Bulma volvió a hablar — Yo siento exactamente lo mismo que tú. Para mí hubiera sido maravilloso que todos regresáramos sanos y salvos de ese maldito infierno. Yo no quería que las cosas fueran así, mi intención era tan solo seguir viviendo, pero eso no quiere decir que no me sintiera horriblemente destrozada cuando… cuando presioné ese botón — Al decir esta última frase hace una pausa, como si esas palabras le taladraran el cerebro. De inmediato sintió como su cabeza le dolía, reviviendo de inmediato aquel momento, ese maldito momento. Su dedo índice presionando el interruptor que encendía los motores de la nave. Gohan gritando y llorando con desesperación, mientras el suelo se estremecía y el paisaje desoladamente aterrador de Namekuseí se alejaba. Ella cometió un error, estaba muy consciente de ellos. Si hubiera esperado tan solo un poco más su amigo estaría con vida. Luego derrotar a Freezer, él hubiera regresado con ellos — Lo lamento, lo estoy diciendo de verdad. Yo lo apreciaba mucho… ¿crees que él no era importante para mí? ¡Maldita sea! ¡Goku me cambió la vida!

Ya no lloraba, más bien eran gritos de dolor los que salían por su boca. Era tanta la rabia y frustración que comenzó a golpear el suelo para luego volver a llorar. No estaba segura si aquello era los más correcto, pero necesitaba desahogarse. Gohan solamente la observaba sorprendido, anonadado, con un cambio radical de humor. Pasó de estar enojado… a sentir lástima por la persona que tenía en frente. Ella se estaba humillando con tal de conseguir su perdón, y como si le leyera la mente, comenzó a decirlo.

— ¡Gohan, tan solo quiero que me perdones! — Suplicó dirigiéndole mirada, con esos ojos verdes impregnados en lágrimas — Yo lo quería mucho, Goku era como mi familia. A su lado todo se transformaba en alegría y esperanza, pero ahora su fantasma nos persigue llenando nuestras vidas de sufrimiento. Yo solo deseo que eso termine de una vez por todas, pues ya no tiene caso que sigamos atormentándonos por algo que no tiene remedio. Nuestra esperanza se rompió en ese instante cuando Piccolo murió, frente a nuestros ojos. En ese momento supe que la lucha había sido en vano.

¿Qué sucede? ¿Por qué Piccolo expidió sangre por la boca?

¡No puede ser!

Gohan… no me digas que…

¡Señor Piccolo! ¡Reaccione! ¡Usted no se puede morir!

No… no puede ser…

¡No! ¡Señor Piccolo! ¡Señor Piccolo! ¡Señor Piccolo!

Está muerto… Piccolo está muerto.

¡No digas eso! ¡Mi papá me lo encargó mucho! ¡Él no se puede morir!

Eso quiere decir que Yamcha y los demás…

— ¡El señor Piccolo también era muy importante para mí! — Exclamó Gohan al oír las palabras de Bulma — ¡Él no estaba aquí solo para mantener vivas las esferas del dragón! ¡Me enseñó muchas cosas y por siempre le tendré un profundo respeto! — Por primera vez, en varios minutos Gohan le dirigía la palabra. Lo que Bulma dijo realmente lo había lastimado, pues en Namekuseí murieron dos padres para él. Uno le dió la vida… mientras que el otro le mostró el verdadero sentido del amor y la amistad.

— Lo sé Gohan, solo estaba intentando encontrar una manera de explicarte lo que pienso, que lo que quiero es dejar de sentir — Añadió volviendo a bajar la mirada. Había dejado de llorar, pero su rostro aún se encontraba empapado y le ardía infernalmente. No oyó respuesta por parte del niño, la habitación se sumergió en un silencio sepulcral.

Bulma esperaba una respuesta, tan siquiera un suspiro, pero lo que obtuvo fue el silencio de Gohan. Al ver que no ganaba nada estando allí, se levanta, dispuesta a abandonar el cuarto, no sin antes dedicarle una última mirada.

— Gohan, él no volverá jamás, no puedes desperdiciar tu futuro pensando en lo contrario, o torturándote de esa forma que lo estás haciendo — Dijo con seriedad, quizás con demasiada, puesto que ella también tenía su orgullo y ya se había humillado bastante por culpa de un niño — Espero que algún día me perdones, cuando hayas madurado lo suficiente. Después de todo lo entiendo, a penas tienes diéz años y esto fue demasiado para tí… lo lamento — Finalizó ya decidida a retirarse, pero en ese momento, la voz del semisaiyajin la detuvo.

— ¡Bulma!

La mujer se detiene en seco. Cuando voltea, se topa con los suplicantes ojos de Gohan clavados en los de ella. La expresión de chico había cambiado en su totalidad, ya no era de rechazo, ni mucho menos de rencor, sino de tristeza.

— No hay nada que perdonar… ¡Por favor no te vayas! ¡No me dejes en la oscuridad! — Cuando dijo esto, sale corriendo en dirección a la científica, quien no podía estar más sorprendida por aquel inesperado cambio de humor. Una sonrisa cargada de ternura fue dibujada en sus labios cuando el pequeño guerrero la abraza fuertemente, como un niño que se aferra a un oso de peluche.

— Gohan… tú… — No sabía que decir, simplemente no lo esperaba.

Un alivio enorme se revolvió en su corazón, como si su alma literalmente resucitara. Los ojos llorosos de la mujer brillaron intensamente, y sin poder evitar que unas cuantas lágrimas volvieran a salir por ellos, le regresa el detalle con el doble de fuerza.

Lo abrazó como si fuera una madre, con mucho amor y compasión. Ambos lloraron juntos en medio de aquel abrazo sin pretender soltarse. Hace mucho que lo necesitaban, ellos dos eran los únicos que habían experimentado los horrores del planeta Namekuseí, así que se entendían perfectamente. Ahora Gohan lloraba como cualquier niño, con esa voz chillona que había heredado de su padre en sus años de infancia.

Ya no existía el rencor.

El perdón se reflejaba en esas lágrimas.

Pero era un perdón más profundo, ambos se habían perdonado a si mismos, dejando de lado el orgullo que solo se dedicaba a lastimarlos.

Bulma sonríe y sintió que de ese instante en adelante podría vivir en paz. Algo bueno le esperaba a ella y los que amaba, se encargaría de que eso se vuelva realidad. La luz del nuevo mundo brillará, una nueva época comenzará. Aprenderían a subsistir en ese lugar que desde hace cinco años, el dolor no les había permitido vivir.

Quería soltarlo por un instante y mirarlo a los ojos pero él no pretendía separarse de su cuerpo. Esto causo que se riera internamente, la felicidad nuevamente había regresado después de tanto tiempo. Cumpliría sus deseos, lo abrazaría hasta que él quisiera lo contrario.

Fueron dos minutos de silencio. El llanto se había detenido, entonces fue cuando Gohan se aleja un poco de Bulma. Esta se agacha y le coloca las manos en los hombros sonriéndole con ternura.

— Bulma, lo siento — Se disculpó Gohan con tristeza. La muestra de la vergüenza que sentía se mostró cuando bajó la mirada y frunció los labios. Al ver esto Bulma siente nostalgia y le acaricia los cabellos.

— Gohan… eres una ternura de niño, ¿lo sabías? — Le dijo viendo en sus ojos el hijo que aún no tenía — No puedes dejar que el rencor opaque eso, quiero ver esa tierna sonrisa llena de inocencia, vamos, desecha esa expresión de tristeza — Continuó. Poco a poco la luz regresó al rostro de Gohan, aunque no resplandecía en su totalidad — Así está mejor, se que muy pronto Milk y yo veremos a ese niño feliz y sonriente que tanto queremos.

— Bulma… — Trató de expresar el semisaiyajin.

— ¿Sí?

— ¡Te quiero mucho! — Esa fue una frase que desprendía amor y ternura, cariño que solo un niño puede ofrecer. Nuevamente Gohan la abraza, pero con más tranquilidad que antes. La paz regresó al ambiente tanto que ambos comenzaron a reír un poco, sintiendo una confianza que jamás habían experimentado.

— Yo también Gohan, yo también te quiero mucho — Le respondió con tranquilidad.

Ya todo había pasado, el corazón destrozado de Bulma poco a poco se estaba regenerando. Otorgándoles unos últimos segundos de abrazo incondicional, se aleja del niño no sin antes plantarle un dulce beso en la mejilla. Acto seguido se levanta y camina hasta la puerta, ya podía retirarse en paz, poco a poco las cosas regresarán a la normalidad.

Gohan se quedó de rodillas en el suelo. En su rostro había un leve sonrojo, solo que esta vez se debía al beso antes recibido, pues era su madre la única mujer que lo había hecho hasta ese momento. Se sintió raro, pero a la vez feliz, por lo que finalmente sonríe tal como Bulma esperaba.

— Hoy traje un par de libros que de seguro te gustarán — Dijo Bulma con la mano apoyada en el marco de la puerta — Mañana me gustaría que fueras a mi casa, tengo otro regalo muy especial que sin duda va a servirte de mucho, ¿sabes donde vivo, cierto?

— Sí, y gracias… Bulma — Agradeció sintiendo un poco de pena.

— No tienes que agradecerme, soy yo la que debe hacerlo, porque el día de hoy salvaste una parte de mí que se estaba muriendo — Se excusó la científica, dedicándole una sonrisa — Bien, le diré a Milk que te permita ir mañana. Oh, es cierto, almorzaremos juntos… ¿verdad?

— ¡Sí! — El niño asintió alegre.

Ese día algo había cambiado en el interior de Son Gohan. Algo que se encontraba muerto ha vuelto a renacer, se trata de esa ternura que siempre lo ha caracterizado. Viendo como Bulma se retiraba de la habitación, él se levanta con firmeza proponiéndose que desde ese momento todo cambiaría, y estaba en lo cierto.

Minutos más tarde, Milk se encontraba sirviendo los alimentos sin ocultar la enorme alegría que sentía, pues ver como su hijo había cambiado su actuar era un profundo alivio para ella. Las risas regresaron a la mesa en la casa de los Son, así como también esa confianza y paz que desde hace mucho no se respiraba en el ambiente.

Porque el amor es más fuerte que el odio.

Porque los verdaderos amigos son como la familia.

Y también… porque después de las lágrimas de dolor, vienen las de felicidad… y viceversa.

— Gohan, Milk… saben que provengo de una familia muy adinerada, así que pueden contar conmigo para lo que sea.

— ¿De verdad Bulma? Pero… yo no podría, eso sería una increíble molestia para ti.

— No te preocupes Milk, para mí, ustedes con como mi familia.

— ¡Gracias Bulma! ¡Eres una gran persona!

(…)

— ¿Dónde está el rey? — Preguntó un individuo con demasiada frialdad. Su víctima, quien se encontraba bañada en sangre tan solo respondió con agudos quejidos de dolor, producto de sus huesos rotos — ¡Contesta! — Insistió. Sin ningún escrúpulo le coloca el pié sobre la cabeza con intenciones de aplastársela lentamente.

— Agg… en… en el… castillo… — Como pudo respondió, escupiendo sangre por la boca. Su piel era de color azul claro, casi blanco. Encima llevaba una túnica de color rosa pálido, pero que se encontraba teñida en rojo — Por favor… se… lo suplico… no… me mate… — Lágrimas cristalinas comenzaron a salir por sus ojos, mientras rogaba por su vida; sin embargo, solo consiguió que su atacante se riera con desprecio.

— Ustedes no son más que porquería, basura, mierda, ¿por qué habría de tener piedad? — Esa fue la respuesta despectiva por parte del sujeto.

— Eres… un… hijo de… puta — Le dijo sintiendo su cabeza casi estallar.

— ¡Exacto! — Inesperadamente el otro se rió por el insulto — Pero hazme un favor… no me recuerdes lo zorra que era mi madre.

— Te… mereces el infierno — Ya casi no tenía aliento, estaba a punto de caer inconsciente.

— ¿Quieres que diga algo antes de escucharte gritar de dolor? — Interrogó sonriendo sádicamente — Yo no iré ni al cielo ni al infierno.

Al decir esas últimas palabras comenzó a presionar el pié con más fuerza, justo encima de la cabeza de aquella pobre y desafortunada víctima. Lo hacía con mucha lentitud, disfrutando de cada segundo. No logrando soportar el dolor, el otro empezó a gritar, cada vez con más empeño. Como el suelo del lugar donde se encontraban estaba hecho de un cristal muy resistente, no se rompió por la presión.

— ¿Te duele? — Preguntó divirtiéndose en grande, sin poder evitar reírse a carcajadas — ¡Vamos, imbécil! ¡En el Universo hay cosas más horribles! ¿Sabes lo que se siente que tu alma sea quemada hasta que no quede ni el más mínimo rastro de ella? ¡Esto que te estoy haciendo no es ni la tercera parte de eso!

— ¡Aaaaaaaahhhhh! ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh!

Los otros soldados que le acompañaban también comenzaran a reírse. Gritos de desesperación tan horribles salían a través de su boca, mientras pataleaba, golpeaba el suelo con sus manos, se retorcía por el dolor. El pié fue empujado hacia abajo con el doble de potencia y entonces…

La cabeza de la víctima estalló como si fuera una sandía.

Chorros de sangre y sesos volaron por los aires, cubriendo totalmente el zapato del atacante con una masa bastante asquerosa. Este separa el pié viendo como de aquella cabeza solo había quedado un montón de carne sanguijolenta. Pudo ver los ojos, los huesos, los dientes, y entonces sonríe de medio lado.

— Así que en el castillo, era de suponerse — Añadió levantando la mirada. Al frente suyo yacía un enorme palacio hecho de cristal puro, que brillaba por los pequeños rayos de un sol que se encontraba bastante alejado del planeta — Aunque pensé que ya sabía de nuestra pequeña visita y se encondería en otro sitio.

— Comandante… — Le habló uno de sus subordinados — Todos los habitantes del exterior han sido eliminandos, en realidad eran muy pocos — Culminó con una reverencia.

— Eso ya lo sabía — Respondió — La mayoría de su gente murió mientras se trasladaban.

— ¿Qué hacemos ahora?

— Eso es obvio, hay que dirigirnos hacia el eje central de los Yamari… ¡El palacio de la luz! — Exclamó señalando el enorme palacio de cristal.

Los soldados obedecieron. La enorme marcha de guerra comenzó desplazarse rumbo al palacio, dejando atrás un escenario de muerte y destrucción. El ambiente del planeta no era muy colorido, no estaba adaptado para la vida plena y segura. Debido a esto, la mayoría de los habitantes residían en cúpulas de cristal de mediano tamaño. A su alrededor solo había viento, polvo y árboles secos, mientras que el sol siempre estaba cubierto por nubes dejando pasar tan solo una pequeña parte de su luz

Pero en la situación actual era peor. Las cúpulas de protección fueron destruidas, absolutamente todas. Los cádaveres estaban esparcidos por los alrededores, muchos de ellos desmembrados, con sus entrañas chorreando los troncos de los árboles.

Los inocentes pagaron el precio por los errores de sus mandatarios, solo que ahora ellos también lo pagarían.

En los interiores del magnífico palacio estaba situado el trono real, donde el rey de los Yamari, raza distinguida por sus conocimientos sobre la luz y la oscuridad… yacía sentado con una expresión de mucha preocupación. Era un individuo de tendencia apacible. Vestía una hermosa túnica blanca decorada con pequeños fragmentos de diamante. Su cabello era largo, negro, abundante… y sobre él reposaba una espléndida corona hecha de oro y piedras preciosas.

— Nos encontraron, ¿cómo es posible? — Vociferó su majestad con la mirada encima de la inmensa puerta que daba al palacio real.

— Tanto que nos costó levantarnos de nuevo y ahora… todo está perdido… nuestra gente… nuestras familias… — Uno de sus consejeros cayó de rodillas.

— Alteza, con perdón de usted… pero yo le advertí desde un principio que engañar al Rey del Frío era un peligro muy grande — Otro consejero habló, se encontraba sentado en otra silla. El rey lo observó, bajando la mirada aceptando que después de todo sus palabras eran ciertas. No debió mentirles, solo que no tuvo opción, si un sujeto como él descube todos los secretos sobre el Shinai… el Universo estaría perdido. No importa que tanto lo torturen, el rey y sus súbditos se irán con ese secreto a la tumba.

— Nuestra raza va a extinguirse… y no vamos a poder evitar eso; sin embargo, voy a luchar hasta que mis fuerzas digan basta — Afirmó el rey con decisión.

Él y sus consejeros no eran los únicos en la enorme habitación. Allí se encontraban al menos dos doscenas de soldados armados con lanzas y escudos, pero el rey sabía que esa defensa sería inúltil al frente de las terribles fuerzas del Emperador del Mal. De repente, la puerta comenzó a estremecerse.

Ya habían llegado, estaban a un paso de dictar la sentencia final. Los soldados del rey marcharon hacia atrás con algo de miedo, pero se mantuvieron firmes, defenderían el honor de su raza hasta el último momento. Un rayo de luz atravesó la puerta para luego perforar el pecho de uno de ellos. Este gritó de dolor y cae al suelo sin vida, mientras sus compañeros observaban con horror.

Pero no fue solo eso. Acto seguido, un sin fin de rayos y ráfagas comenzaron a derribarlos uno por uno sin que pudieran hacer nada. El rey y sus consejeros no podían hacer otra cosa más que observar, consumidos por el pánico. Tanto era el poder los invasores que obligó a los soldados que quedaban a retirarse, permitiendo que la puerta cediera y se abriera totalmente.

Una cortina de humó inundó el salón. Se escuchó un gritó, luego un crujir de huesos, seguido de un chorro de sangre que dejó observarse. Diéz soldados que aún seguían con vida marcharon hacia atrás, entonces fue cuando un sujeto de masa curpulenta y armadura hizo acto de presencia, seguido de muchos más que le acompañaban.

— ¡Malditas escorias, estamos aquí para partirles el culo! — Exclamó una voz gutural. Se trataba de unos de los soldados invasores, quien era un tipo de aspecto desagradable. En su mano llevaba un arma, dispuesto a disparar a los que tenía en frente, pero fue detenido por su líder.

Las miradas del rey y el líder de aquella invasióm se conectaron. El segundo sonrió de medio lado, mientras que el otro hizo un gesto de desprecio.

— ¿Quién eres tú? ¿Qué quieres de nosotros? — Le preguntó sin rodeos.

— Mi nombre es Tamashi, Comandante Supremo de las fuerzas armadas de King Cold, y estoy aquí… para cobrar cierta deuda — Contestó tranquilo, ante la mirada furiosa del rey de los Yamari.