Silencios by Shiga san

Nicolas no necesita palabras para disfrutar del mundo. Sus silencios son mucho mas que una simple forma de vida. Para él es natural, hasta que Alex aparece en su vida. A partir de entonces, desea encontrar un modo de que sus silencios sean mucho mas que palabras para ella.

Nicolas x Alex

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Silencios

by

Shiga san

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El eco de sus pasos resuena una y otra vez por el callejón.

Nicolas espera, como un león enjaulado a que la mujer salga y le de una respuesta.

La que sea. Se conformará incluso con una negativa, pero que le diga algo de una maldita vez.

Mira la puerta trasera del local casi con odio. Mas pasos perdidos, otra vuelta… otra mas.

Está nervioso sin saber muy bien por qué.

Le duele la mandíbula de apretar los dientes y siente que ya no le queda saliva que tragar, que su garganta es un espacio árido por el que no pasará ni una pizca de aire hasta que esa mujer salga y le diga si puede conseguirlo.

Por fin, gracias a quien sea, Big mama aparece.

A sus ojos casi parece fastidiada, enfadada y al mismo tiempo compresiva con él… con los dos.

Para él esa mujer es lo mas cercano a una madre que ha tenido. Conoce su pasado, sus demonios y aún así nunca ha hecho nada por hacerle sentir mal; al contrario, se ha limitado a darle las armas para vivir junto a ellos con dignidad.

Jamás los trató como a niños aunque lo fueran cuando sin pretenderlo acabaron en la puerta de su negocio.

Trabaja, esfuérzate y sigue adelante, siempre.

Sus palabras quedaron a fuego en los dos, y así han vivido desde entonces.

Sin reproches, sin remordimientos, ganando día a día lo necesario para el día siguiente, y el siguiente… y el siguiente.

La mujer suspira a su lado, niega. Posa su mano enjoyada en su mejilla y le acaricia como si a sus ojos siguiera siendo el pequeño enclenque y frío que vio aquella primera vez, y no el hombre curtido y lleno de cicatrices que espera frente a ella.

Hay un pequeño deje de alegría, de orgullo en su mirada. Sonríe con una mueca altiva, asiente.

Pone en su mano una pequeña cajita de terciopelo negro y se excusa. Tiene trabajo, obligaciones; lo de siempre.

Nicolas asiente, camina en dirección contraria y se aleja del lugar con paso firme. Agradece, por supuesto, la ayuda de la mujer, aunque sabe que las lisonjerías no son buena recompensa para ella.

Los pasos que le separan de su hogar sirven para que piense en lo que está a punto de hacer. Bueno quizá no ahora mismo, no ese día en concreto, pero ya siente que ha dado un primer paso para conseguirlo.

Suspira.

Sus pasos se ralentizan y aprieta con cierta fuerza la pequeña caja en su mano.

En circunstancias normales todo habría sido distinto.

Alex y él se habrían conocido, quizá de un modo casual, presentados por amigos en común… o por cualquier jugarreta del destino.

Habrían salido unas cuantas veces; a divertirse, a cenar, al cine, a un acuario… una cita.

Tomaría su mano de manera despistada después de un largo paseo, incluso se aventuraría a besarla, solo un beso pequeño, corto, breve. Un sonrojo, una disculpa… un inicio.

Su historia se habría desarrollado de un modo casi adorable…

Pero ellos no eran esos.

Sus vidas no habían sido mas que un cúmulo de putadas, una tras otra.

Duros, desencantados de la existencia, curtidos en una guerra en la que no creían, en la que habían sido obligados a luchar sin saber por qué ni contra quien… Ambos, los dos, siendo peones de otras personas, crueles personas, que no adolecían ni una pizca de compasión para con ellos.

De algún modo sus vidas habían ido en paralelo, compartiendo actos crueles y sin sentido mientras los años se sucedían ante sus ojos hasta llevarles al punto exacto en el que se encontraban en ese instante.

Aquel día…

Para él la primera vez que la vio desde la ventana, sentada en aquellos breves y ocultos escalones. El callejón, frío, sus piernas dobladas…

Para ella cuando aquel pañuelo se posó en su pelo.

Quizá lo menos importante era eso, el primer encuentro, esa primera toma de contacto, esa consciencia ajena de la existencia de la otra persona.

Sea como fuere se habían encontrado y por primera vez en toda su vida Nicolas sentía algo muy parecido a eso que el resto llamaba "esperanza"; por que no, él también quería su porción de felicidad.

La visión de su hogar le hace ralentizar los pasos hasta hacerle parecer ridículo en su caminar.

Ve a Worick en la ventana, le saluda.

Sin saber la razón siente un extraño apretón en la boca del estómago al entrar en su casa y verla. El estuche en su bolsillo pesa una tonelada y la mirada burlona de su amigo pesa mucho mas.

El rubio sonríe de lado. Aunque no le ha dicho nada pero está seguro de que sabe a donde ha ido y lo que ha hecho y lo mas curioso de todo es que siente que tiene su permiso.

El teléfono suena y Alex contesta un poco confundida por la situación. Las miradas que se dedican esos dos siguen despistándola pero prefiere dedicar su atención a la persona que llama a lo que sea que están tramando esos dos.

De repente el tiempo parece ir mucho mas lento. Nicolas disfruta de la forma delicada con la que sostiene el teléfono contra su oreja. El gesto con el que mordisquea la punta del lápiz mientras le escucha, la manera en la que su cabello oscila mientras asiente una y otra vez sin pronunciar palabra alguna. Incluso cuando se inclina hacia delante, de pie tras la mesa para anotar los datos importantes le parece sumamente hermoso.

Alex levanta la vista y él se siente descubierto en su escrutinio. Camina despacio hasta la escalera y sube a la segunda planta, a su pequeño feudo privado.

Guarda con celo la pequeña caja; aún no es el momento. No está preparado para dar el paso y quiere creer que ella tampoco.

Aunque puede parecer lo contrario.

Días atrás iban a una entrega. Sencillo, limpio, fácil.

No hacía falta que Alex le acompañara pero aún así ella quiso hacerlo, necesitaba salir un rato… lo cierto es que no quería quedarse a solas con Worick. Desde lo que pasó en el callejón evitaba esa posibilidad, no por nada en especial, simplemente por que se sentía avergonzada de haber perdido el control de ese modo.

Aunque ambos sabían que no era culpa suya del todo, convinieron que no había necesidad de que Nicolas supiera nada del tema… cosa de la que ninguno de ellos estaba seguro.

Puede que fuera sordo pero no ciego y aunque no sabía que pasaba, si era consciente de que algo ocurría entre esos dos, y del mismo modo sabía que no era asunto suyo.

Negó en mitad de sus pensamientos al darse cuenta de que habían llegado.

La entrega era en una tienda cercana pero ni llegó a entrar.

Nicolas la mira, para decirle que es el sitio pero no hace gesto alguno para advertirle.

Alex mira mas allá de donde están ellos. En la calle central, mas allá del callejón lateral de la tienda algo llama su atención, tan poderosamente que camina hasta el límite permitido.

Nicolas la sigue, a cierta distancia.

Es una boda.

Una novia, blanca, radiante, sonriente, preciosa, disfruta de su felicidad entre carcajadas.

Posa para la cámara con su flamante y asustado recién estrenado esposo. Familiares y amigos a su alrededor, cómplices de sonrisas y poses tontas con las que pretenden divertir a los novios.

Nicolas no mira la escena de los novios, se centra en Alex y sus discretas reacciones ante lo que mira.

Sonríe, con una mezcla entre la dicha y la pérdida. Era como verla contemplar la felicidad siendo consciente de que a ella no le correspondía una vivencia de ese tipo.

Y es entonces cuando Nicolas se pregunta por qué no. La mira sonreír a la felicidad ajena y se pregunta por que ella no puede vivir eso.

Si hay alguien que merezca vivir el amor es ella. Solo contemplándola puede verla como una hermosa novia. Conoce su sonrisa, su preciosa sonrisa, y conviene en que sería un precioso complemento para un vestido blanco.

Quizá ninguno de los dos sueñe con una boda. Para ellos, dentro de su duro y terrible mundo, no es mas que una simple y estúpida pérdida de tiempo. Pero, ¿porqué no perder el tiempo en eso mismo? No pierden nada dedicando unas horas a ese quehacer… o un par de días.

Piensa, sin apartar la mirada de ella, que aún hay cosas por hacer.

La lógica de una relación le susurra insistente que un par de besos no establecen las bases para algo tan profundo como para acabar en boda… y luego piensa en las personas que se casan por impulso, como esas que despiertan después de una gran borrachera y descubren un dorado anillo en su dedo a la resacosa mañana siguiente.

Piensa en su vida, en la parte buena y mala de toda su existencia y en que esa mujer sería como una enorme bocanada de aire puro… si aceptara.

Alex vuelve a su lado. No se ha dado cuenta de que se ha alejado demasiado de Nicolas, aunque él no parece molesto por ese gesto, al contrario, parece realmente complacido con el simple hecho de mirarla sonreír ante la felicidad de otros.

Parada frente a él, espera.

Le mira, sonríe un poco avergonzada al verse descubierta.

Levanta su mano y le acaricia el rostro, ladea la cabeza, y se inclina.

Esta vez están en plena calle, sin Worick apareciendo de la nada para interrumpirles tras la puerta, sin miedos ajenos y sin prejuicios de ningún tipo.

Nicolas se permite un breve beso, el tacto de sus dedos en la mano femenina y tira de su cuerpo para acercarla a él. Un pequeño abrazo y unos pasos que les alejan, juntos y unidos por sus manos, hasta el destino de su trabajo.

Al fin y al cabo esa era la razón por la que habían salido…

El recuerdo de esa escena le lleva a sonreír para si mismo.

Deja su espada, contempla sus heridas, se asegura de que la cajita sigue ahí…

Sabe que Alex está abajo, y del mismo modo sabe que ella subirá en algún momento; esperará.

Solo tiene que esperar que eso suceda y encontrar la valentía que necesita para hacerle la pregunta…

… y esperar que ella no considere que está loco teniendo en cuenta su breve relación…

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Espero que hayáis disfrutado del capítulo.

Nos leemos en el siguiente

Besitos y mordiskitos

Shiga san