Capitulo 4.
Después de besarle, Matsumura se colocó a espaldas del chico y agachándose un poco, le abrazó por detrás. Kyrian estaba nervioso pero no tenía miedo, como las otras veces. Desde luego Dayu, a pesar de lo peligroso que podía resultar como asesino, no se podía comparar con el resto de presos que le habían tomado. Suavemente, Dayu retiró el pelo de la oreja de Kyrian.
- Pase lo que pase, no dejes de mirar a la cámara.
- Esa es… una petición extraña –intentó decir, ya que Matsumura había comenzado a lamerle el lóbulo. Sus grandes manos acariciaban el torso del muchacho, nadie había hecho eso. Al detenerse en los pezones, Kyrian gimió levemente, pero fijó su vista en la cámara, tal y como le había dicho.
- Buen chico…
Matsumura le besó de nuevo en los labios al decir esto, a continuación, sentados en el suelo, Dayu separó las piernas del muchacho, pero no le tocó. Iba despacio, tan sumamente despacio que Kyrian cada vez se ponía más nervioso, temiendo que entrasen en cualquier momento por la puerta para poner fin a aquello, sin embargo por primera vez, se vio sorprendido al desear que Matsumura no se detuviese. Aquel hombre sin duda, no era como el resto de los presos que allí se encontraban.
- Apenas si te he tocado, y ya estás excitado –susurró de nuevo en su oído.
- A… Acaríciame, por favor…
Lo dijo casi en tono de súplica. Dayu fijó entonces su vista en la cámara y sonrió maliciosamente. Sabía que probablemente solo llegaba la imagen pero no así el audio, pero los guardias nunca habían visto a Kyrian con ese gesto en su cara.
Muy despacio, la mano de Dayu se deslizó por el interior del muslo del muchacho, suavemente, provocando que todo el vello de su cuerpo se erizase. Luego para sorpresa tanto de Kyrian como de los espectadores, Dayu se puso delante del chico, recorrió con su lengua el mismo camino que había realizado antes con la mano.
- ¿Qué… qué vas a hacer?
Pero Matsumura no dijo nada, continuó lamiendo hasta que se introdujo el miembro en la boca, por completo. Kyrian se llevó la mano a la boca, pero Dayu impidió que ahogase ese gemido, apresándola.
- Mira a la cámara, y no te contengas –le recordó. Kyrian ahora estaba colorado como un tomate, se sentía avergonzado pero a la vez…
De nuevo Dayu prosiguió, lamiendo fervorosamente la masculinidad del muchacho, el cual no podía controlarse, nunca había sentido algo tan fuerte, era algo inexplicable, inhumano. De seguir así, no aguantaría mucho más.
Sin embargo, justo antes de estallar del puro placer que le estaba provocando, Dayu se detuvo y le levantó con suma facilidad, apoyándole ahora contra la pared, haciendo que le abrazase con las piernas a la altura de la pelvis. De nuevo cara a cara. Y en esa posición, le penetró suavemente. Kyrian arqueó la espalda y gimió de nuevo, sin poder controlarse. Dayu le tenía firmemente sujeto y apenas tenía que emplear fuerza, ya que en comparación con él, Kyrian era bastante más bajo y menudo de cuerpo. Pero no quería provocarle daño, por lo que sus movimientos, ahora ascendentes eran lentos y suaves. De nuevo le besó en la boca, buscando la lengua para jugar con ella.
- No aguanto más… Matsumura…
- Espera un poco, quiero que hagas algo –dijo sin dejar de embestirle.
Entonces Dayu tocó con una mano la cámara que estaba encima suya, cerró los ojos y los abrió de nuevo. Se colocó entonces de espaldas a la misma, haciendo que fuese el rostro de Kyrian lo único que viesen los guardias, en primer plano. Este cada vez gemía más fuerte, no podía contenerse, sentía que un momento a otro moriría del placer que le estaban inyectando. Tuvo que sujetarse a la cámara para no caer, mirándola fijamente, sus mejillas y su nariz estaban coloradas, un hilo de baba caía por una de las comisuras de su boca. Cerró los ojos con fuerza y los abrió.
- Dayu…
Le llamó por su nombre, el Ángel aumentó el ritmo. Entonces llegó el golpe de gracia, el sonido se abrió paso a través de la cámara que Dayu había tocado y llegó a todos los rincones de aquella prisión. Los guardias podían escuchar ahora de forma amplificada los gemidos de Kyrian, y no solo ellos, también los presos. Dayu había hecho que el sonido se escuchase por la megafonía de toda la prisión, donde se hizo el más absoluto silencio al escuchar aquello. Absolutamente todos, sorprendidos y atónitos, escucharon como aquel que llamaban "Pet" finalmente había sido domesticado, incluso llamaba a su dueño por su nombre.
- Lo ha conseguido –dijo uno de los presos observando los megáfonos- su compañero asintió despacio con la cabeza.
- Que hijo de puta con suerte –comentó otro.
Los guardias que lo habían observado, dejaron de mirar y uno de ellos se cruzó de brazos.
- ¿Qué opinas?
- Que ya tenemos al siguiente.
Más tarde, aquel mismo día, ambos se encontraban juntos en un rincón más apartado de la gran estancia interior que servía de zona de descanso. Era curioso que siempre que salían, el resto de presos no se les acercaban, o inteligente, según Matsumura. Había despertado aquel temor entre las paredes de aquella prisión, un temor que tenía su propio nombre. En aquel momento ya era tarde, y el lugar parecía abandonado, pronto les llamarían para acudir a las celdas. Kyrian descansaba recostado de espaldas sobre el cuerpo de Dayu.
- Estás loco Matsumura, ¿lo sabías? -indicó Kyrian con una sonrisa nerviosa.
- Es posible, pero... siempre digo la verdad.
- Dime, ¿por qué te llaman el Ángel de la Oscuridad? no me creo que haya sido solo por el número de muertes…
Dicho esto Dayu observó el lugar donde se encontraban, parecía sopesar la situación. Fijó su vista sobre todo en las cámaras de seguridad, al parecer se encontraban ahora en un ángulo muerto.
- Cierra los ojos -ordenó en un grave susurro.
Sin comprender, Kyrian así lo hizo. Creía que iba a besarle, pero en lugar de eso, Dayu tomó su mano y le hizo tocar algo que era muy suave al tacto. Al principio Kyrian creyó que se trataba del propio pelo de Matsumura, pero no, era algo más extraño, parecido a...
- ¿Plumas? -preguntó abriendo los ojos lentamente.
El muchacho se quedó totalmente atónito y sin habla. Unas grandes alas, de un plumaje negro, le rodeaban. Sin embargo, no mostró temor, para sorpresa de Dayu. Kyrian no apartó su mano y continuó acariciando aquellas suaves plumas. Luego observó el rostro del siempre inmaculado Dayu Matsumura.
- Joder… No es un simple apodo... Tuviste que pasar por un infierno, para llegar a esto.
- El mismo por el que tú estás pasando. Pero yo cuidaré de que el odio no te consuma, como lo hizo conmigo...
Dicho esto le besó en los labios de forma suave, dulce. El beso de un ángel. Y aunque Kyrian sabía que era más bien un gesto compasivo y que en realidad él era el reflejo de su anterior amante, no le importaba. En un sitio así y dadas las circunstancias, para él era más que suficiente.
- Entonces, ¿es verdad que puedes matar a alguien solo con desearlo?
- No es tan sencillo -indicó tranquilizándole.- Es más bien un estado mental al que es difícil llegar.
- Pues no lo entiendo, no se qué haces aquí. Con tu poder podrías ser libre y...
Pero Matsumura negó con la cabeza.
- Mi verdadera prisión Kyrian, está aquí dentro -dijo señalándose la sien.- No detrás de estos barrotes. Da igual donde esté, siempre seré un prisionero y siempre, sufriré mi condena.
Aquella noche ninguno podía conciliar el sueño, ambos se encontraban ya tumbados en sus respectivas literas, Matsumura arriba y Kyrian abajo.
- Háblame de él -dijo de repente Kyrian.
- ¿Te refieres a Seiya?
- Sí.
- ¿Por qué quieres que te cuente sobre él?
- Porque tuvo que ser alguien increíble. Creo que él te hizo cambiar, si no, no estarías aquí.
Una larga y profunda respiración resonó en la celda. Dayu estaba tumbado con las manos bajo su cabeza. Esperó unos segundos antes de hablar.
- Él era terriblemente adorable. Apenas hablaba, su rostro hablaba por él. -Dayu sonrió sin poder evitarlo- Ni siquiera podía mirarme fijamente a los ojos, era un manojo de nervios; a veces me cogía un mechón de pelo y de forma inconsciente jugaba con él, enredándolo entre sus finos y blancos dedos. Sin embargo había momentos, momentos en los que parecía transformarse...
- Pues entonces, no nos parecemos mucho.
- Tú hablas demasiado -dijo Dayu mientras se daba media vuelta. No podía ver como Kyrian alzaba lentamente su mano, tocando por debajo la cama donde el ángel descansaba.
- Mi ex... -comenzó a decir- estaba loco. Un día regresé al que había sido nuestro hogar. Estaba con otro chico y este actuaba de forma muy extraña. No te imaginas lo que ese depravado hacía en secreto.
Ahora Dayu escuchó atentamente. Kyrian respiró hondo y prosiguió.
- Ese maldito enfermo era cirujano. Aquel chico fue una de "sus obras maestras". Consiguió anularle la personalidad, le convirtió en un cuerpo sin vida que únicamente obedecía sus órdenes. Quiso hacer lo mismo conmigo pero conseguí detenerle. Le maté Matsumura, maté a ese bastardo, tuve que hacerlo, no solo para defenderme, sino para que no siguiese causando más daño. -dicho esto se tapó la boca con la sábana, ahogando el llanto.
- Entonces no deberías estar aquí -ahora Matsumura se asomó por un lado de la litera para poder ver a Kyrian, este se había dado la vuelta, cara a la pared, lloraba.
- Mierda... -susurró Dayu volviendo a tumbarse. Cerró los ojos con fuerza y los volvió a abrir, se sentó en la cama y bajó, para acostarse junto a él.
- En algo sí te pareces a Seiya, él también lloraba, continuamente.
- Es... un chico con suerte.
- No lo es, está muerto -susurró Dayu mientras acariciaba el pelo de Kyrian. -¿Y yo? ¿no me pareceré a tu ex, no? -dijo en tono de broma mientras le sacudía levemente la cabeza.
Este hecho provocó que Kyrian dejase de gimotear y diese una pequeña risotada, se dio la vuelta, aún con lágrimas en sus mejillas.
- Tú eres más guapo, y besas mucho mejor. -dijo mirándole directamente a los ojos. Matsumura sonrió.
- Eso, no lo pongo en duda.
- Eres un engreído -dijo Kyrian justo antes de besarle en los labios. Dayu le separó.
- Y tú eres un descarado -le besó ahora él con más intensidad.
- Nos van a oír... -dijo ahora Kyrian nervioso.
- Pues que se acostumbren. No pienso abandonar a "mi mascota".
Pasó una semana más cuando Dayu recibió una grata sorpresa. Uno de los guardias abrió la puerta de la celda mientras sonreía de forma jactanciosa.
- Tienes visita, Matsumura.
Al principio le costó un poco reaccionar. ¿Visita? ¿Quién podría ir a verle? Fuera de aquella prisión Seiya era todo lo que tenía y ahora… Pero todas las dudas se dispersaron de golpe cuando le llevaron ante una puerta y le hicieron entrar casi a empujones.
- Tienes quince minutos –anunció el guardia cerrando la puerta.
La habitación en la que se encontraba no era muy grande, había una mesa, un par de desvencijadas sillas y al otro lado una mugrienta cama. En esta última estaba sentada una mujer, la cual de inmediato se levantó al ver a Matsumura.
- Tú… -dijo este, sorprendido.
- Ha pasado mucho tiempo, Matsumura.
Aquella mujer tenía la misma edad de Dayu, su pelo era largo y negro como la noche, con un gran flequillo que llegaba hasta sus ojos, su mirada y su rostro estaban carentes de emoción alguna.
- Noriko Ayashi… -susurró ahora Dayu sonriendo maliciosamente.- No me esperaba esta visita, después de todo lo que ocurrió.
- Todo ocurre por alguna razón, y ahora estamos aquí. Supe que te habían trasladado de máxima seguridad por lo que en fin, decidí venir y… saludarte –titubeó.
Ahora Matsumura se cruzó de brazos, pasándose una mano por la barbilla. Conocía lo suficiente a Noriko.
- Eres una mentirosa. ¿Por qué estamos en esta habitación entonces?
- Ni idea, ellos creen que soy tu pareja o algo así.
Entonces Matsumura se quedó mirándola fijamente, con esos ojos que parecían atravesar todo lo que hubiese por delante, haciendo que el aire de la habitación se esfumase por completo. Noriko nunca cambiaba ese gesto neutral de su cara y sin embargo se había arreglado, su pelo brillaba, un maquillaje oscuro cubría sus ojos, sus labios eran rojos como el fuego. Un vestido corto de lolita cubría su cuerpo esbelto de metro setenta. Matsumura paseó su mirada devastadora por las piernas de Noriko, las cuales estaban vestidas con unos calcetines de un color blanco puro que llegaban hasta las rodillas. En los pies, sus zapatos negros de charol brillaban.
- ¿Qué demonios estás mirando?
- Si dices que solo vienes a verme, ¿por qué te has arreglado tanto?
Ahora Noriko se puso en pie y se acercó a él, miró hacia arriba para verle directamente a los ojos, sin pestañear siquiera.
- Eres un maldito arrogante, Matsumura.
Este la agarró fuertemente del pelo obligando a echar su cabeza aún más hacia atrás.
- Algún día, voy a cambiar ese gesto sin vida de tu cara, Noriko.
Esta se zafó y a continuación se sentó en una de las sillas.
- No me hagas reír. Ya veo que este tiempo aquí no te ha hecho cambiar en absoluto. Ahora dime, ¿qué tal es estar dentro de una prisión de verdad? ¿te has echado algún otro novio?
Matsumura se carcajeó, las preguntas de Noriko siempre habían sido directas. Pero en lugar de responder, fue directo al grano.
- Creí que no vendrías después de lo que hice con Seiya. Supongo que todo se alteró un poco ¿no? Tu gente se pondría nerviosa… pero como ves estoy aquí, y ya no resulto ninguna amenaza. Si quisiera podría haber escapado, pero de qué demonios serviría… estoy mejor aquí, al menos recibo otro tipo de castigo y sí, tengo a alguien, no se si llamarlo novio.
- Eso no hará que te ganes el cielo de nuevo.
- Vosotros, siervos de la luz, os creéis con derecho a todo. No tienes ni idea de todo por lo que he tenido que pasar…
- ¿Qué no tengo ni idea? –bufó Noriko- ¡Te respaldé aún sabiendo quién eras! He estado a punto de ser expulsada, ¿sabes? Todo porque al fin y al cabo tú fuiste mi…
No pudo continuar, Matsumura observó entonces atónito como el gesto de Noriko había cambiado levemente. Esta se ocultó el rostro bajo su largo pelo negro, ladeando la cabeza mientras hizo un chasquido con la lengua. Matsumura se sentó en la otra silla, frente a ella, en una postura provocadora.
- Creo que ya empiezo a comprender el por qué de todo este teatro.
Sin previo aviso Noriko se levantó y se dirigió a la puerta, estuvo a punto de golpear para que la dejaran salir cuando Dayu se puso en medio impidiéndoselo.
- ¿Por qué tienes tanta prisa? Vamos mírame.
Muy despacio, Noriko levantó la cabeza, su gesto aunque inexpresivo, resultaba ahora extraño, parecía a punto de querer explotar.
- Ha pasado mucho tiempo desde aquello.
- Ahora por lo menos ya somos adultos –razonó Dayu, el cual puso las manos a ambos lados del rostro imperturbable de Noriko. Se acercó despacio para besarla.
- ¿Qué crees que estás haciendo, Matsumura? Solo quedan cinco minutos…
Pero haciendo caso omiso, Dayu deslizó sus labios por el cuello de la mujer hasta llegar a su oreja, provocándola.
- Me sobran tres para hacerte mía –dijo justo antes de besarla de nuevo en los labios.
