Si tu me miras...
Capitulo III: "Al culmine"
Draco Malfoy se puso de pie súbitamente y ella retrocedió el paso que había hecho. ¿Porqué vacilar? ¿Porqué retener lo que sentía si era tan fuerte que le quemaba el pecho y le hacía querer dar un gran salto hacia el abismo? ¿Para que seguir fingiendo que no sucedía nada? Si cuando la miraba se le terminaba el aire y repentinamente se le olvidaba como volver a obtenerlo. Si luego ya no era ni siquiera un Malfoy, y ella no era Weasley... y más allá, ni siquiera eran dos personas, sólo querían ser una.
Ella tuvo un atisbo de miedo, como si volviera a los años atrás, temiendo de que la avergonzara o le insultara. Pero cuando él se acercó a ella y le miró a los ojos supo que estaba conociendo el alma de Malfoy, totalmente blanca llena de tachones y rasgaduras que esperaban ser curados.
- Yo...
Nunca se había escuchado titubear tanto en su vida y tuvo miedo de lo que iba ser capaz de decirle a ella. Él podía simplemente exponerle su alma, ¿pero cómo la recibiría?
- Yo quiero que te quedes conmigo.
Y tampoco había sido tan consciente antes de lo aliviado que podía llegar a sentirse si decía la verdad frente a ella.
- ¿C-Contigo? – se sentía estúpida repitiendo lo que él decía - ¿Porqué?
Él cerró casi por completo la distancia que los separaba y las ganas de sostenerla contra él le carcomían el alma, el deseo en su cuerpo se acrecentaba y la necesidad de protegerla nunca había sido tan gigante y tan clara frente a él. Ginny parecía frágil en ese camisón tan... pequeño, que le invitaba a hacerse dueño de todo su ser.
- Porque te siento tan mía, Ginny que no soy capaz de decirte todo lo que siento.
- ¿Me sientes tuya? ¿Y yo que? – le encaró.
Ginevra Weasley no pertenecía a nadie, no de la manera unilateral. Eso que ella había buscado por años, ahora lo necesitaba más que nunca y algo le decía, en su interior, que él era capaz de dárselo, por completo y en el camino, hacerla inmensamente feliz.
- Tu me tienes por completo, hace ya mucho tiempo...
- ¿Y por eso arremetías contra mi familia? – supo que le había herido pero necesitaba saberlo...
- ¡Fue una locura! Fue algo del pasado. Y esto que pasa ahora entre nosotros también es una locura, pero puede ser una verdad...
- ¿Qué quieres de mí? – dijo ella levantando el rostro altiva. Él se le acercó aún más, si eso era posible y casi sintió su aliento.
- Quiero protegerte y saberte mía... sólo mía.
La forma en que él pronunciaba esas palabras le producían escalofríos en todo el cuerpo, él la deseaba tanto como ella a él. Draco le estaba pidiendo demasiado poco y ella mucho a él, pero ambos eran capaces de entregarlo todo. El rubio quería adueñarse de ella, saberla solo suya y Ginny de alguna forma, era justo lo que quería. Entregarse por completo a sus brazos y arañarle la espalda de placer, entregarse a su mirar, a su susurrar, tener un nombre que pronunciar con ternura y amor. Un nombre que no fuera otro que el de Draco.
- Y tu... – murmuró Malfoy haciendo otro paso. El rubio podía sentir su respiración agitada en su rostro. Sus manos subieron por sus brazos y se posesionaron en sus hombros desnudos. Uno de los tirantes del camisón le acarició los dedos.
- ¿Qué sucedería si yo quiero ser toda tuya?
- Te haré el amor Ginevra y me entregaré yo también.
Siempre tan sincero. Ella sonrió.
- ¿me amas?
- ¿No te parece que haces demasiadas preguntas?
- ¿Y a ti no te parece que te has vuelto un cursi? – le peleó. Los ojos grises brillaron peligrosamente.
La carcajada de Draco la descolocó un poco y luego ella rió también. Era sin duda raro verse ahí en medio de la noche a ellos dos riendo. Más si tenían en cuenta todo el pasado que los había separado y puesto en contra. Sin embargo, ninguno de los dos pensaba en esos años mientras se miraban intensamente y se devoraban con la mirada.
- ¿Qué te parece a ti?
- ¿Qué cosa?
- De si te amo o no...
- No lo sé.
- Entonces descúbrelo.
Y tenerlo ahí con sus labios entreabiertos tuvo efecto en Ginny quien le rodeó inesperadamente el cuello con los brazos y le besó apasionadamente. Era tal como lo esperaba. Húmedo. Una lucha en la que ambos buscaban imponerse, pero a la vez, donde jugaban demostrar al otro cuanto sentimiento tuvieran en el alma. Donde se entregaban todo su amor. Ella le revolvía el cabello tal como lo había soñado siempre y él la sujetaba de la espalda aprisionándola más contra él. Besándola con deseo y furia. Con locura. Con amor, por supuesto.
El amor es una explosión. Estalla en lo más profundo de los corazones o quizás en lo más superficial, visible. Y cada uno lo descubre de forma diferente. Pero ellos lo sentían, palpitando aceleradamente, mezclándose junto a sus alientos, humedeciendo sus bocas de deseo.
Las manos de Draco subían y bajaban sintiendo la finura de la ropa que ella llevaba, sintiendo el estorbo del camisón mientras le acariciaba la cintura y la acercaba más a él.
- Ginny... – susurró él en su oído sintiendo como la boca de la pelirroja dejaba huella en su cuello. Le mordisqueó el lóbulo de la oreja y ella suspiró.
- hazme... el amor... – le pidió sintiéndose arrastrada por el deseo de ser de Draco.
El rubio la levantó en brazos volviendo a besarla con más deseo si eso era posible, mientras las manos de ella le rodeaban el cuello, marcando círculos imaginarios. Subió las escaleras con dificultad y entró en su cuarto, donde nadie más dormía. Ginny jugaba con sus cabellos y él se inclinaba para depositarla suavemente sobre la cama. La sentó a la orilla de esta y se retiró de ella para hechizar el cuarto. Silencio. Cerradura.
Ginny se fue empujando a sí misma hasta chocar contra el respaldo y él la siguió gateando retirándose la remera que llevaba y dejando también la varita un lado. Se sonrojó violentamente al verlo sacarse los pantalones y teniendo a la vista su delicioso cuerpo, su torso firme, sus bíceps... su...
Él se quedó en calzoncillos y comenzó su cacería, iría tras ella. Ginny se deslizó hasta quedar acostada y Draco se sentó pasando una pierna al otro lado de ella, sentado a horcadas de ella y le besó otra vez. Como sólo él era capaz de hacerlo. Sus manos recorrieron desde su estrecha cintura, su vientre hasta sus pechos y fue subiendo lentamente su camisón. Ginny quería descubrir a que sabía la piel de Draco mientras él, inclinado sobre su cuerpo, le había quitado la ropa y le besaba los hombros. Le succionó el cuello y le sacó quejidos de placer mientras mordisqueaba la zona hasta dejarle de otro color.
Sus manos firmes y masculinas rodearon sus pechos, dispuesto a arrancarle su nombre, y bajó su rostro aún sin recargar todo su peso en ella y estiró las piernas dejando que su intimidad rozara la de ella. Podía sentir palpitar el deseo de la pelirroja al igual que sus manos arañando su espalda cuando al fin sus labios rodearon sus endurecidos pezones y la prenda femenina cayó a un lado.
La sentía arder. Y suplicar porque no se detuviera. Alternaba sus atenciones entre un pecho y otro tratando de detener lo suficiente el calor que sentía su cuerpo, sus manos bajando a esa zona íntima llenas de pasión y de ganas de seguir adelante con ese juego. Sobre la prenda femenina fue acariciando esa zona mientras ella movía las piernas inquietas y le revolvía el pelo.
Ginny miró a sus ojos llenos de pasión, el gris se confundía con un celeste o quizás hasta podría haber visto rojo en él, como si estuviese a punto de cambiar de color. Sólo podía sentir placer mientras él iba quitando lentamente su última prenda y ella llevaba sus manos a su trasero. Draco se podría jactar traviesamente de él, pues era perfecto y así lo pensaba la pelirroja quien lo acariciaba descaradamente y lo acercaba más a ella. Quería sentirlo cerca, mucho más si era posible, y si no.. también. Lo escuchaba decir su nombre suavemente y abandonó sus pechos para besarle nuevamente la boca. Nunca se cansaría de que lo hiciera, sus lenguas danzaban un baile erótico y romántico a la vez. La jovencita subía y bajaba las manos, acariciaba su espalda, nuevamente sus glúteos, queriendo llegar más abajo y se detenía de pronto en su firme torso. Lleno de cicatrices que... Oh le gustaban un montón.
Y es que el amor era tan difícil de sostener entre las manos que se les escapaba de a montones cuando se entregaban totalmente a la otra persona.
- Oh, pequeña – soltó Draco cuando sintió su mano acariciarle en su intimidad, rodeándola a través de la ropa que aún tenía puesta y luego, inquieta, tratar de quitarle los boxers que le impedían conocerlo totalmente. – Oh, Ginny, tonta, te amo tanto.
Era una rara declaración de amor. Pero era SU declaración y a Ginny le pareció perfecta cuando acabó su tarea y giró sobre él para dejarle bajo su cuerpo. Él estaba listo, excitado y dispuesto a todo para ella. Pero la pelirroja quería jugar mucho más.
Le besó con desenfreno y una de sus manos fue hasta abajo rodeándolo, masajeando, tratando de que él volviera a besarla y dejara de gemir con fuerza. Sintió como él ponía ambas manos en sus pechos y comenzaba con movimiento circulares, ciñendo pero sobre todo sintiendo. Permitiéndose acercarla hasta su torso. Sus piernas se entrelazaron con las de ella. Sus manos recorrieron la suave espalda desnuda aferrándola hacia él, descubriendo la erupción que se llevaba a cabo en su cuerpo cuando Ginny le acariciaba el cuello o le susurraba al oído. Con simples gestos era capaz de todo por ella. Y lo había sido. Pero ahora lo era más.
Ella se arqueó sobre él y Draco pensó que moriría sintiendo esos movimientos sensuales y, que si Ginny continuaba acariciándole y besándole de la manera en que lo hacía no aguantaría por mucho tiempo las ganas de hacerla suya.
- Oh... Draco... – refunfuñó como una niña cuando el rubio volvió a tener el control de la situación. Abrió un poco las piernas y él se colocó en medio de ellas inclinándose a tomar una vez más sus pezones, a mordisquear y recorrer con sus manos su cuerpo desnudo y perfecto.
- Preciosa... preciosa...
- Oh, callate, hazme tuya de una vez... – le decía atropelladamente, totalmente llena de placer, y húmeda. Pues él había comenzado con movimientos sobre ella, copiándole lo que antes había hecho - ¡Maldito hurón!
Draco rió ante el apelativo y la besó mientras se introducía muy lentamente en su cuerpo. Muy suave. La pasión que estaba consumiéndose en él, se elevó a niveles extraordinarios, pero no debía ser brusco.
Ella no sintió dolor alguno. Y era virgen. Pero tampoco fue necesario decírselo. Parecía conocerla tan bien... y eso, sin duda, le gustaba. Draco veía más allá de ella y eso también era perfecto.
Se inclinó sobre ella y ambos comenzaron a moverse juntos, deliciosamente, extremadamente cómodos y felices. Extasiados. Para él verla a los ojos, observar el vaivén de su cuerpo era un estimulante perfecto, y saberla totalmente suya lo era más. Una mano en su nuca acercándolo y la otra en su torso eran increíbles. Mientras que él aún la sujetaba de la cintura y le besaba el cuello, o simplemente se acurrucaba en ella buscando protección y cobijo.
- Te deseo tanto... – le susurró a ella.
- Y yo te amo.
- Yo también te amo, Ginevra Weasley.
Por todos los cielos que tuvo deseos de llorar al escucharle decir eso.
Juntos llegaron al éxtasis, al culmine de todo pero ninguno de los dos dejó de mirar al otro, besándose con la mirada. Draco se quedó en su interior por minutos antes de tomar su varita y aplicar un hechizo a ambos, y ella le sonreía agradecida y le besaba los labios con suavidad.
Poco a poco fue quitándose de Ginny, sosteniendo su mano y cubriéndolos a ambos con una sábana. Bajo esta volvió a atraerla de la cintura y ella quedó sobre él apoyando sus manos en su pecho. Mirándose.
Le apoyó una mano en la nuca y la otra en la parte más baja de la espalda atrayéndola hacia él permitiéndole sentir como su cuerpo aún estaba cálido. A su lado, siempre lo estaría. La besó.
- Ginny... – le dijo separándose.
Nunca su nombre había sonado tan delicioso. Era hermoso verse reflejada en los ojos del rubio, sentirlo acariciar su piel y pudiendo escuchar su voz repitiéndose en su cabeza luego de hacer el amor. Era una sensación de eternidad. Y estaba seguro que él la compartía.
- ¿Qué pasa? – preguntó ella rodeándolo con sus brazos y recargando su liviano peso en él.
- si tu me miras así... no existen palabras...
Ella rió. Nada importaba. Nada, ni siquiera los once días, ni Voldemort, ni las batallas, ni Lucius tratando de vengar a una traidor. Si él le miraba así... nada importaba.
Si tu me miras...
FinSe acabó y ni yo puedo creer pero acá está el último cap.
Antes de decir otra cosa quiero agradecer profundamente a: patrais malfoy black, Adhara-16, Replika, Vivi-G Weasley, DaMI y impossibles. Todos ustedes me han hecho muy feliz con sus reviews.
A los que este final les impacienta, les cuento que tengo el epílogo, totalmente dedicado a mi amiga Aiosami que me sigue aguantando y siendo indulgente conmigo, así que se ha ganado mi cariño y ese capítulo. También se los dedico a los reviewers maravillosos que han estado ahí. Y les comento que acabo de empezar mi fic de los merodeadores, especialmente de Sirius y se llama: ¡Búsquenla! Si se pasan, lo leen, me dejan un mensaje, como siempre prometo responder.
¡¡Besos!
Sumire-chan
