Pequeños Milagros

Autor: Quetzalli

Resumen: Severus empieza a sospechar que su adorable hija está a punto de seguir los pasos del mayor desastre ambulante que ha conocido Hogwarts: Harry Potter. Sobre todo, después de una conversación muy interesante con Draco Malfoy.

Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.

Capítulo 3
Sobre las acromántulas blancas

Con el paso de los días, la euforia de la novedad fue dando paso a la costumbre, de modo que Josie había dejado de sorprenderse por todo lo que se movía en Hogwarts y empezaba a adoptar el castillo como su hogar.

Lo mejor de todo era que Sirius Black no había hecho una nueva aparición en la Guardería y el olvido había devorado su recuerdo lo suficiente para que ya no fuera el tema principal de conversación.

Lo malo es que Potter seguía siendo "genial" aunque Severus tenía la impresión que él era el más "genial" para su hija, lo que era un verdadero alivio, aunque permitiría que los Gryffindor organizaran una fiesta en el Aula de Pociones antes de reconocer que sentía algo parecido a los celos por "Harry", es más, se negaba a aceptar que "sentía" algo por el hijo de James Potter aunque hacía años que había dejado de verlo como tal.

Harry era muy diferente.

Lo veía todos los días en el modo con el que se comportaba con los niños, con todos, no sólo los de sus amigos y era bastante desconcertante saber que él, su odiado profesor de Pociones, era uno de sus amigos.

—Me gustaría que consideraran la posibilidad de que sus hijos tengan un "familiar" o por lo menos una mascota —dijo Harry a la reducida junta familiar que convocó en su oficina el primer lunes de octubre justo cuando el joven matrimonio Weasley-Granger y él pretendían recoger a sus hijos.

—¿Qué? —ladró Ronald con su total falta de diplomacia.

—Los mellizos no dejan de hablar del nuevo perro de sus abuelos y lo inteligente que es —explicó Harry como su fuera obvio—, han intentado enseñarle toda clase de suertes a Crookshanks, pero ya es muy viejo y es un gato. No falta mucho para que les pidan una mascota propia y deben estar preparados para saber que contestarán.

Los Weasley intercambiaron miradas preocupadas y algunas frases apresuradas bajo el arbitraje de Potter como si Severus no estuviera en la misma habitación que ellos.

Era algo molesto e irritante ser ignorado de ese modo, por un momento Severus consideró que ese comportamiento era parte de una venganza que esos tres habían tramado por todo el tiempo que él ignoro sus logros y criticó sus errores; después desechó ese pensamiento considerando que ya no estaba tratando con niños, sino con adultos.

—¿Puedo saber como me afecta esta discusión directamente? —interrumpió exasperado la lista de virtudes de algo llamado "Pig".

—Si los mellizos tienen una mascota, Josie querrá también una —dijo Harry como si fuera lo obvio— deben tomar esta decisión juntos.

Weasley giró el rostro hacia Severus del mismo modo en que lo haría un búho, su horror era tan claro que Severus hizo el genuino esfuerzo de no reír aunque risitas apagadas inundaron la oficina, Harry y Hermione no era tan buenos ocultando su diversión.

—Es sólo que no creo que los niños estén preparados para tener una mascota —concluyó Hermione después de una hora— ¡Ni siquiera estamos en casa lo suficiente para que yo cuide de Crookshanks!

—Cariño tu fuiste quien pidió no vivir en Hogwarts todo el año escolar, dijiste que era mejor para los niños…

—¡Y sigo pensando lo mismo! ¡Así aprenderán a respetar este lugar como un COLEGIO y no lo verán todo el tiempo como un parque de diversiones!

—Algo que todos agradeceremos —concluyó Severus en toda su gloriosa seriedad lo que inició un sonoro despliegue de hilaridad en el grupo.

—Bien ya nos divertimos, ahora volvamos al tema serio —interrumpió Harry apenas recuperó el aliento.

—Apoyo a Hermione, los niños aún son demasiado pequeños y no quiero un montó de baba de perro arruinando mis sillones —el modo en que Severus dijo Hermione fue casi natural, como si no hubiera pasado siete años gruñendo Granger despectivamente, algo que no pasó desapercibido por la bruja que le dedicó una sonrisa agradecida.

—¡Genial! Ahora se va a aliar con ella. ¡Estoy perdido! —vociferó Ron escandalizado—. Harry ayúdame a convencerlos de que tener una mascota ayuda a los niños a ser responsables.

Entonces Harry empezó a enumerar todas las razones por las que una mascota era una buena y una mala idea. Para Severus era sorprendente descubrir lo mucho y lo poco que esos tres habían cambiado mientras escuchaba un discurso cuidadosamente planeado para dejarlos exactamente como al inicio: con la decisión entre sus manos.

—O si lo prefieren puedo darle a los niños un sustituto temporal de mascota con lo que podrán monitorear lo preparado que están —concluyó Harry antes tres rostros atónitos—. Después de que pidan una mascota —aclaró.

—Pudiste empezar por eso y ¡nos dejaste sufrir todo ese tiempo! —protestó Ron acusadoramente.

—No preguntaron por otras opciones antes —se limitó a responder Harry con una sonrisa.

Así eran las cosas con Potter, todo lo que había sido de inconsciente y pretencioso lo había cambiado por un aura de misterio y sabiduría, como un reflejo de lo que fue Dumbledore.

Y los niños lo amaban.

La expresión en sus ojos lo delataba como un contador de fábulas. En cuanto los niños entraban a su territorio olvidaban a sus padres para adentrarse en un mundo donde la magia más poderosa era su imaginación.

Ante eso no había nada que alguno de ellos pudiera hacer.

Por eso tomaron la mejor opción: dejar que Harry hiciera lo que fuera que tenía en mente cuando los niños pidieran una mascota.

° ° ° ° °

—¡Papá! ¡Los pollitos cantan antes de salir del cascarón! —Severus alzó una ceja, y Josie continuó—: Harry sacó un huevo de la incubadora y se lo puso en la oreja. Después me dejó oír a mí. Dijo que el pollito estaba cantando y yo también lo oí.

Severus contuvo un gruñido, Harry les había informado que llevaría a los niños a los corrales que Hagrid tenía de gallinas. Lo último que esperaba era una declaración sobre el piar de los pollos no natos.

El último ataque de Potter.

Antes había estado la mención sobre lo difícil que era encontrar gatos atigrados azules machos y las acromántulas blancas. En especial las acromántulas blancas.

—Apuesto a que te gustan los gatos atigrados azules —había encontrado a Harry platicando a solas con Josie una vez que fue a recogerla después de que los mellizos se despidieran.

Ella asintió con la cabeza y un singular brillo en los ojos.

—Algún día, cuando tu padre considere que eres responsable, te regalaré uno.

Josie abrió los ojos aún más ante la mención del famoso gato.

—¡Ojalá sea macho! Recuerdo que papi dijo que no quería gatas.

Severus se había concentrado en analizar exactamente cuando había hablado él sobre no tener gatas cuando ese peligroso resplandor ocular alcanzó a Potter.

—Pues dile a tu papá que los machos valen... ¡Quinientos galeones!

—¡Quinientos! —repitió Josie mirándolo con ojos desorbitados.

—Los atigrados son muy escasos. Me he pasado casi toda la vida buscando uno y nada, pero trataré de encontrar uno para ti.

La sonrisa que le dedico Josie conmovió a Severus profundamente, era la misma que había dedicado a su madre cuando habían hablado sobre una mascota, el primer familiar para Josie, un gato macho, porque él no quería gatas que llenaran la casa con gatitos.

—Sí —añadió Harry ajeno a la sombra en la entrada de la enfermería—, los gatos atigrados azules son tan raros como las acromántulas blancas.

—¿Acromántulas blancas? —dijo Josie apretando con fuerza la orilla de su falda rosa.

—Andan por ahí, en algún sitio —explicó él—. Todo es cuestión de buscarlas bien, pero siempre en compañía de un adulto, lo mejor es tener siempre los ojos bien abiertos.

Severus consideró que las acromántulas blancas no era un tema de conversación idóneo para una niña de cuatro años, ¿pero quién era él para romper el encanto que Harry había creado?

Al parecer ese era el modus operandi de Potter. Ganarse el corazón de los niños a través de su fantasía.

Y lo peor de todo era que daba resultado.

° ° ° ° °

La primera salida a Hogsmeade representó un enorme reto. Severus y Hermione habían discutido el día que se designaron los turnos de guardia buscando cada uno eludir la responsabilidad para pasar el día con sus respectivos hijos.

Al final Harry se ofreció como voluntario justo antes de que ellos empezaran a lanzar monedas para decidir quien vigilaría niños ajenos.

Minerva sólo negó con un ligero movimiento de cabeza, lo que significaba que esa discusión volvería repetirse en algún momento.

De cualquier modo, Severus logró eludir el compromiso y después de agradecerle a Harry (¡a un Potter!) por su ayuda, se encontró planeando el día que su hija conocería el primer pueblo totalmente mágico de Reino Unido y a su más preciado ex alumno, Draco Malfoy.

Acompañados por el trinar de varias aves, bajo un cielo radiante y con los pies ligeros por la felicidad, padre e hija dejaron atrás la inspección que Filch hacía a los alumnos y se lanzaron a descubrir los misterios que aguardaban en Hogsmaede.

El recorrido ayudó a Severus a entender porque era tan difícil tratar de enseñar algo cualquier lunes posterior a Hogsmaede: era tanta la excitación que casi era palpable.

Junto a Josie entró al Emporio de la lechuza y compró toda clase de chucherías en Zonco. Se divirtieron tanto que desfalleciendo de cansancio, con los pies adoloridos, llegaron a un pequeño café casi en las afueras del pueblo donde los esperaba sentado en una mesa y rodeado por dos chiquillos que devoraban sendas copas de helado, Draco Malfoy.

—Me tomé la libertad de pedir antes de que llegaran —dijo Draco después de los saludos y presentaciones—, no tuve opción o seguirían brincando a mi alrededor y empezaba a marearme.

Severus se permitió una sonrisa ante la idea de un Malfoy adulto subido a una mesa lanzando desmaius a sus salvajes hijos.

—Yo los veo muy tranquilos y bien portados —comentó Severus sin apartar la mirada de los hijos de Draco, Leonard de seis años y Misty de cuatro, que platicaban amenamente con Josie.

—No te engañes —dijo Draco con un ligero estremecimiento—, fuiste tu quien nos enseñó a no confiarnos de las apariencias. Ya veremos que opinas de ellos cuando sean tus alumnos.

—Espero haber renunciado al puesto para entonces, esto es sólo temporal.

—¡Merlín, nunca creí que escucharía a Severus Snape mintiéndose a sí mismo! —exclamó Draco con su mejor tono melodramático—. Te encanta enseñar aunque lo niegues o de lo contrario no estarías aquí, habrías aceptado una de tantas ofertas que recibes a intervalos regulares.

—Hogwarts es un buen lugar para que crezca una niña —aceptó Severus—, algo muy distinto a Liberia o Durmstrang.

—Lo sé —concedió Draco entre cucharadas de su babana split.

—¿Y cómo se encuentran las señoras Malfoy? —decidió cambiar el tema de conversación Severus.

—Arrrrgggg, ¡tenías que tocar ese tema! Susan y mi madre parecen dispuestas a enloquecernos, los niños y yo estamos huyendo de ellas, por eso aceptamos tu propuesta.

—No puede ser tan malo —dijo Severus divertido.

—Están remodelando toda la casa para que convine con los arreglos al Salón que se hicieron para celebrar la presentación de Emily. ¡Por favor! La niña apenas va a cumplir un año de vida y ellas están alterando todo nuestro hábitat. Lo peor es que no pudimos traerla con nosotros.

—Deben estar encantadas ante la idea de que haya sido niña —agregó Severus recordando cuánto esmero había tenido Jodie en arreglar la casa para la presentación de Josie.

Quizás para ti sea una celebración frívola para presumir a nuestro tesoro había dicho ella entre luces de varita que movían muebles a diestra y siniestra. Pero es mucho más que eso y lo sabes, un bebé mágico que llega al año de vida siempre es motivo de festejo.

—Es más que eso —aceptó Draco bajando la voz para que los niños no lo escuchara—. Después de La Fiebre Puzzle no han dejado de agradecer porque los niños sigan con vida, Misty era la más pequeña, aunque pudimos perder a los dos. Por eso están locas por Emily, quieren que esta fiesta sea al modo tradicional antiguo para realizar todos esos conjuros de protección que dejaron de usarse. No queremos que nunca sufra nada parecido a esa pesadilla.

—Escuché que este tipo de ceremonias antiguas estaba de moda pero nunca pensé que tanto.

—Es más que una moda Severus, en verdad tememos por nuestros niños.

Se hizo un silencio entre los dos hombres, la última plaga había arrebatado tantas vidas que era lógico esperar el temor de la gente. Severus pensaba decir algo reconfortante, pero no podía encontrar nada que tuviera sentido.

—Nosotros casi atrapamos una —escucharon decir a Leonard orgulloso, seguido por una exclamación de júbilo y admiración de Josie.

Draco gruñó al pasar una mano por su rostro.

—Fue durante la temporada de apareamiento de las tarántulas —explicó— Leonard las confundió con acromántulas, un día escuchó que van en una gran procesión por el desierto y al día siguiente él, Misty y yo estábamos dentro de un domo mágico viendo pasar a esos animales.

La discreta risa de Severus distrajo un poco a Draco que no había notado lo tenso que estaba.

—¡No te burles! Deberías haberlos escuchado: "¡Tenemos que ir a verlas! A lo mejor encontramos la acromántula blanca".

Contemplamos todo desde la orilla mientras los niños contaban cada animal de esos que pasaba. ¡Hasta tenían un frasco etiquetado con la palabra "BLANCA".

Todo el tiempo estuvieron "a punto" de encontrarla mientras yo pedía porque no existiera semejante criatura porque no habría ningún poder que obligara a dejar la mínima rendija en el domo.

Severus no pudo más aguantar la sonora carcajada que golpeó a Draco en todo su orgullo.

—¡Anda, ríete!

—Draco, hay varios encantamientos que pudiste usar sin dejar la seguridad de tu domo bromeó Severus condescendiente.

—Espero que puedas recordar por los menos uno cuando llegue tu turno —atacó Draco—. Mis encantadores niños ya le deben haber dado el nombre del lugar por donde pasan las tarántulas a tu hija.

—No llevaré a Josie a cazar arañas blancas no importa a que raza pertenezcan —declaró Severus quizás con demasiada vehemencia. Había que reconocer que estar rodeado por arácnidos debía de ser escalofriante.

—Insistirá hasta que la lleves, créeme se de lo que hablo.

—Le diré a Potter que deje de meterle ideas raras a mi hija en la cabeza. Sólo a un demente se le ocurren semejantes cosas.

—O a un sanador muy listo que no ha dejado de investigar una poción para una enfermedad mortal —los ojos de Draco brillaron con suspicacia y malicia.

¡Cuánto había extrañado Severus esa mirada!

—¿A qué te refieres?

—Bueno, si yo estuviera creando una poción que incluye una gota de veneno de acromántula, me gustaría probar con una variante más poderosa —insinuó Draco como si fuera lo más obvio—. Picando la curiosidad infantil espera que la búsqueda de "Blanca" sea más sencilla. ¡Cualquier niño le llevará la acromántula cuando la encuentre como trofeo! Y ni siquiera tiene que matarla sólo... "ordeñarla".

La hipótesis de Draco era risible de tan ridícula, aunque había que reconocer que probable. Severus se imaginó a sí mismo estudiando el codiciado veneno de "Blanca" y aceptó que sería un reto interesante.

—De cualquier modo hablaré con él. No quiero que Josie siga los pasos de Hagrid, cuidando criaturas peligrosas a cada momento.

Draco sonrió con indulgencia, Josie claramente sería cazadora de acromántulas si en verdad lo deseaba y Severus estaría detrás de ella cuidándola como el dedicado padre que era.

° ° ° ° °

Harry recorrió la calle principal de Hogsmeade una vez mas, nunca sobraba un recorrido en busca de problemas, había que "estar en alerta permanente" como solía decir Moody.

Severus pasó a un par de metros llevando de la mano a Josie, al parecer rumbo a la heladería. El hombre estaba transformado, lucía una brillante sonrisa que alejaba de su paso a casi todos sus alumnos asustados ante la inusual visión.

Hermione aún seguía afuera de Zonco esperando a que Ron pudiera sacar a los mellizos, pero estaba a punto de perder la paciencia; con sólo abrir la puerta su familia sabría que era hora de irse.

Los niños iban y venían entre risas y algodón de azúcar que cambiaba de color cada treinta segundos. Cuando lo veían lo saludaban como siempre, aunque intentando ocultar sus dientes, a lo que fallaban miserablemente, pero eso era lo que Harry quería ver: dientes azules, rosas o verdes, pero ninguno rojo.

Lo usual.

Después de la Fiebre Puzzle había acordado con Honeydukes que el pagaría un porcentaje de los dulces de obsequio a los estudiantes, a cambo de que le permitieran agregar una poción reveladora que le permitiera identificar nuevos brotes antes de que la enfermedad se disparara. Hasta el momento había funcionado sin mayor problema y los alumnos seguían sin saber que la broma de obsequio era algo más que diversión.

Jennifer Boni, la joven cazadora de Gryffindor, cubrió su boca con ambas manos para ocultar sus dientes verdes en cuanto lo vio a Derek Bucay, el guapo guardián de Slytherin. Él la miró un segundo antes de dedicarle una completa rosa que la paralizó por completo, hasta que reaccionó y mostró su boca. Juntos rieron un rato y decidieron seguir paseando juntos.

Los dientes de colores habían sido un éxito. Harry tomó un par de fotografías más para Sirius.

Mas tranquilo decidió tomar una cerveza da mantequilla. Las Tres Escobas estaba a reventar pero Rosmerta lo guió hasta la barra donde un letrero flotante de "Reservado" apartaba su rincón favorito.

—¿Dientes de colores? En serio Harry creo que tu y Sirius están perdiendo el toque, empiezan a repetirse —escuchó una voz alegre a su espalda.

—¿Qué dices? ¡Es la primera vez que hacemos esto! —se defendió Harry haciéndose a un lado para que Remus se sentara junto a él.

—Se parece demasiado a la vez que tiñeron el cabello de todos los estudiantes —se encogió de hombros Remus aceptando la cerveza de mantequilla que Rosmerta servía en ese momento.

—Pero las reacciones fueron completamente distintas y tengo evidencia fotográfica que respalda mis palabras —afirmó Harry.

—Lo recuerdo muy bien, las niñas corrían gritando histéricas...

—Y los niños dejaron de reír cuando su cabello rizado en bucles les llegó a la cintura.

—¡Fue una locura! —concedió Remus riendo junto con Harry.

—Y pensar que Hermione y Severus pelearon por "convencerte" de cubrir la primera guardia cuando estabas brincando con la mano en alto para ofrecerte como voluntario —bromeó Remus entre sorbos de cerveza de mantequilla.

—Pelearán de nuevo en la próxima salida —profetizó Harry—, están divirtiéndose demasiado con sus hijos.

—¿No crees que ya es tiempo de avanzar? Severus es un hombre libre y su hija...

—¡Por favor Remus! Escuchándote cualquiera diría que esperaba la muerte de su esposa para lanzarme a sus brazos —lo cortó Harry intentando bromear para ocultar sus sentimientos, algo que era completamente innecesario porque Remus entendía.

Remus siempre entendía.

—Jodie falleció, ese es un hecho Harry. Tú lo amas, no estoy sugiriendo que corras a seducirlo, sólo que no te alejes demasiado y le permitas al hombre descubrir cuánto lo amas. Además me parece que tienes una pequeña aliada.

—¿Josie? No juegues Remus, sólo tiene cuatro años y no pienso utilizarla para llegar a Severus.

Remus sonrió con indulgencia, a veces era tan sencillo enredar a Harry. Había muchas cosas de las que no se percataba.

—Me parece que ella te eligió no tú a ella.

Harry estaba listo para contraatacar cuando entraron los Snape y los Malfoy; los niños jugueteaban entre risas, una imagen que Harry se descubrió conservando para la posteridad con ayuda de su cámara; los adultos los seguían charlando con calma, era una imagen sencilla pero llena de calidez, demasiado perfecta para ser cierta.

Entonces Remus rió.

No mucho, sólo un breve gorjeo contenido pero para el oído entrenado de Severus Snape debió de ser un sonoro estallido, a juzgar por el gesto adusto que llegó a su rostro y el paso apretado rumbo a la barra.

—¿Qué es tan divertido Lupin? —siseó molesto, demostrando que había cosas que nunca se olvidan y una risa merodeadora de burla hacia su persona siempre sería la misma.

—¡Nada! Es sólo que tu... ¡nunca pensé que serías víctima de Honeydukes! —intentó defenderse Remus.

—¿Qué? Lupin no tengo idea de que...

—¡Merlín! —exclamó Draco notando lo que era evidente para todos, que Severus tenía los dientes rosa brillante. Al instante tomó una cuchara cercana lo suficientemente brillante para descubrir lo que temía.

Sus dientes eran verdes.

Horrorizado cerró la boca y volvió la mirada al resto de la clientela de Las Tres Escobas y en especial a sus hijos.

Todos tenían los dientes en diferentes tonos de verde y rosa.

A Severus le tomó una milésima de segundo más descubrir lo mismo. Pero ya era demasiado tarde, todos los alumnos que sabían de las bromas de Honeydukes lo miraban fijamente, esperando que hablara para descubrir de que color se habían teñido los dientes del profesor de Pociones.

—Sólo es una broma de la dulcería Severus —dijo Harry con una sonrisa, sus dientes eran verde fosforescente. Incluso Remus ostentaba una dentadura rosa.

—¿Si sabes quien inició esto porque has caído en la broma? —gruñó Severus casi sin mover los labios, algo que no le costó ningún esfuerzo.

—¡Porque es divertido! Y porque sólo Honeydukes hace esto sólo con sus mejores dulces. Es... algo así como el legado de los gemelos Weasley.

Era extraño. Severus conocía bien al Lupin que había estudiado con él, al Lupin que había sido su colega por un año y al Lupin que había luchado a su lado. Este hombre era una mezcla de todos sin ser ninguno.

No alardeaba, no amenazaba y no luchaba. Sólo sonreía como un conocido inofensivo.

Y era él quien estaba armando un escándalo frente a medio colegio.

—¡Harry! Misty y Leonard casi atrapan una acromántula blanca —anunció Josie mostrando sus dientes rosas, aprovechando claramente que su padre había callado.

—¿En serio?

—Papá nos llevó a verlas cuando hicieron una marcha —presumió Misty con palabras verdes mientras Leonard se enderezaba para verse más alto ignorando que él también tenía los dientes verdes.

—No la encontramos porque había muchas negras, pero el año que entra atraparemos a "Blanca" —garantizó el pequeño Malfoy recordándole a Harry la determinación de su padre.

—Ustedes si que son valientes —dejo Harry sacando la varita de su bolsillo—. Y tienen un padre muy comprensivo, Malfoy en verdad te has ganado también esto.

Sin decir más hizo una floritura en el aire y apareció tres botones dorados con la leyenda "Cazadores de Acromántulas" en letras realzadas.

Leonard tomó los botones ante la mirada feliz de su hermana y la impávida de su padre, prendió uno a la túnica de Misty y otro a la suya antes de darle el último a Draco Malfoy que estaba más pálido que de costumbre.

—Tiene un encantamiento de protección —explicó Harry ignorando el hielo en los ojos de Mafoy—, si vuelven a hacer algo tan peligroso se formará una barrera a su alrededor, así estarán a salvo. Pero nunca vayan solos a cazar acromántulas ¿entendido?

Ambos pequeños aceptaron las condiciones y Malfoy tuvo que aceptar los botones. Recordaba que durante la guerra había corrido el rumor de que un encanto de protección de Potter podía detener varias maldiciones mortales.

Todo eso era algo que tenía sin cuidado a Severus, quien estaba demasiado ocupado en pensar en todas las cosas que le gritaría a Potter en cuanto regresaran al castillo, agregando a la lista el herir a su hija; Josie miraba con deseo los famosos botones y aunque calló, era claro que desea ser condecorada como una "Cazadora de Acromántulas".

—Es fabuloso que ustedes puedan hacer la investigación de campo —dijo Harry cuando los niños Malfoy se calmaron un poco— Josie y yo estamos concentrados en otra búsqueda igual de importante —anunció. Tanto Leonard como Misty miraron a Josie con un ligero tinte de envidia.

—¿En serio? ¿Qué hacen? —preguntó Leonard.

—Buscamos un gato azul atigrado macho —y Harry empezó un breve discurso sobre la rareza de dicho animal.

Derrotado Severus, relajó su postura, llegó a un mudo acuerdo con Draco y se despidió de Remus y de Harry recomendando ampliamente la nueva muestra de dulces de Honeydukes. Draco agradeció la ayuda en su cruzada contra las acromántulas y juntos, con sus hijos, siguieron a Rosmerta hasta el apartado que debió haber reservado Draco con varios galeones de anticipación.

Harry y Remus vieron alejarse al grupo, se sonrieron y callaron sus carcajadas con cerveza de mantequilla, parloteando sobre la cara que Sirius pondría cuando viera la foto de Snape y Malfoy.

Después de todo ser merodeador era muy divertido.

° ° ° ° °

Continuará

N/A: Espero que las Acromántulas blancas no les quiten el sueño . y también que no las olviden porque aparecerán en el futuro ¡¡¡Igual que yo!