Hola a todos, soy Lolichan y les doy la bienvenida a nuestro tercer capítulo. Que lo disfruten.
DISCLAIMER: Inuyasha y todos sus personajes son de Rumiko Takahashi.
CAPITULO III
CAMBIOS INESPERADOS
Era el amanecer del séptimo día y Kagura se dirigió hacia la habitación de Kagome. Con agrado observó a la pequeña despertar lentamente y abrir sus hermosos ojitos color chocolate hacia ella. Su mirada era intensa, dulce e inocente. La levantó y la vistió. Esa mañana recibirían a su nodriza.
Nazuna era una joven viuda. Su esposo había sido el capitán de los exterminadores al servicio del señor Hikawa. Hacía poco más de un mes que su esposo había fallecido durante la última incursión y eso la volvía una "protegida" de Hikawa. Pero Nazuna no deseaba ser mantenida por su señor, pues no quería que se rumoreara de ella en la aldea. Le había pedido trabajo y éste se lo había dado, aunque no le había aclarado de qué.
Llegó a las puertas del castillo acompañada de su pequeña hija Sango, de 4 años y de su bebé de 2 meses, Kohaku. Fue recibida por Kagura en la sala principal, lo que no dejó de extrañarle.
- Mi señora… - Empezó a decir al ver a Kagura, tomándola por una concubina de Hikawa, lo que le provocó gracia a la sacerdotisa.
- Antes de nada, debes saber que tu única señora y princesa es la que tengo en brazos… - Le dijo, con dulzura: - Y que es a quien debes servir de ahora en adelante.
Nazuna estaba desconcertada: - E-Entonces… Los rumores sí eran ciertos…
- ¿Qué rumores? – Preguntó Kagura, un poco incómoda.
- Se dice en la aldea que hace siete noches nació el hijo del señor y que por su nacimiento murió la señora. Pero no sabía que se trataba de una niña…- Dijo Nazuna, con cierta timidez.
Kagura, a pesar de su juventud, poseía una gran sabiduría y poder que le había sido conferido desde muy niña por una hechicera. Así que supo que la joven mentía por temor a represalias.
- No temas, Nazuna. Debes decirme la verdad sobre los rumores. Es importante, pues no queremos que la aldea, por miedo, se alce contra Hikawa.
Nazuna vió en esos ojos color rubí una bondad inusual. Y le confió:- En la aldea se dice que nuestra princesa ha sido maldecida y que su nacimiento ha traído la muerte y desgracia a nuestras tierras, desatando todo el poder de los demonios en sus manos. Que su padre la mantiene oculta, porque es un engendro deforme que a la vista de cualquier humano provoca tanto horror que es capaz de matar con tan solo verle los ojos. Que se espera la llegada de otro monstruo que la matará y nos librará de su maldición, liberando a nuestras tierras de su poder maligno.
Kagura sonrió. Desde que tenía uso de razón sabía lo que era ser discriminada por poseer poderes sobrenaturales. Y Kagome no sería la excepción. Pero en su caso, trataría que la princesa fuera amada y no temida.
- Nazuna… ¿Le temes a la muerte?- Le preguntó a la joven viuda.
Iba a responder que sí, pero algo en la mirada de Kagura le hizo responder con la verdad.
- No mi señora… No le temo.
- Si yo te dijera que puedes ver tu propia muerte… ¿Sentirías temor?
Nazuna lo pensó. Desde que nació había enfrentado a la muerte muchas veces y sus padres le habían enseñado que no era de temer. A veces, implicaba más un acto de piedad y amor una muerte tranquila, libre de dolor y sufrimiento, que una vida de esclavitud y agonía.
- No, mi señora… No sentiría temor.- Le respondió.
Kagura se acercó con Kagome en brazos, quien permanecía despierta pero muy tranquila. Nazuna se acercó y lo que vió la maravilló. Frente a ella estaba la niña más hermosa que había visto. Entonces… se vió en sus ojos… Y sonrió.
Comprendió de inmediato lo dicho por Kagura y se acercó al bebé, acunándola. Kagome, al sentir el olor del pecho de Nazuna, empezó a llorar. Durante todo este tiempo había sido alimentada con infusiones herbales, pero necesitaba leche y ése era su reclamo. Nazuna de inmediato lo comprendió y le ofreció su pecho, del cual Kagome empezó a alimentarse con avidez.
Kohaku, quien era sostenido por su hermana, también despertó. Pero a diferencia de Kagome, por ser un poco mayorcito, esperaría su turno. Nazuna fue llevada a la habitación cerca de la de Kagome para que se instalara.
Poco después de alimentar a la princesa, alimentó a su hijo, mientras Sango era llevada a la cocina para que desayunara. Ahí, Kagura se la presentó a Kaede.
- Ella es Sango. Es la hija mayor de Nazuna, la nodriza de la princesa. Hikawa ha decidido que el cargo de "Taijiya" sea a partir de ahora un título nobiliario, equivalente al de "guardaespaldas personal". Sango y su hermano Kohaku serán los "Taijiya" de la princesa. Así crecerán juntos y serán educados con ella. Recibirán instrucción militar de parte del capitán Totosai a partir de ahora. Trátala bien Kaede.- Se despidió de la mujer, quien amorosamente abrazó a la pequeña y le sirvió de comer.
Desde entonces, Kagome tuvo en su nodriza una madre amorosa y en sus hijos, el cariño de unos hermanos. Aunque la amaba sinceramente, la pequeña Sango no podía evitar sentir un poco de celos de la princesa, pues sentía que le quitaba el cariño de su madre y de su hermano.
Pasaron cinco años, durante los cuales Kagome no experimentó gran cambio más que el propio de los niños de su edad. Crecía y regalaba su sonrisa a sus seres amados. Su padre, su tío, su nana, su nodriza y sus dos "Taijiya", además de la servidumbre de confianza. Un día, el nuevo jardinero miraba desolado las rosas del jardín.
- "La princesa seguro me matará con su mirada demoniaca"- Pensó el joven. De pronto escuchó la voz de Kagome a sus espaldas.
- ¡Oh, mis rosas! – Dijo Kagome:- ¿Por qué están así? – Le preguntó al hombre, quien asustado mortalmente, se rehusó a verla, bajando la cabeza lo más posible.
- U-Una p-plaga, princesa. Perdóneme por favor. – Suplicó el hombre, sin verla.
Kagome pasó delante de él y vió las flores marchitas, cubiertas por un polvillo blanco. Con sus manitas tomó las hojas y las sopló, esparciendo el polvo. El hombre temblaba mientras observaba las manos de la niña. Al darse cuenta que se daba la vuelta volvió a bajar la cabeza.
- Le prometo conseguir rosas nuevas mañana, princesa. Mañana le sembraré un nuevo macizo de rosas.- Le dijo, aún asustado.
- No es necesario.- Le dijo Kagome, acostumbrada a que la nueva servidumbre no le viera la cara (ella creía que por respeto):- Sólo necesitan agua.- Dijo, mientras se marchaba hacia el palacio.
El hombre vió las plantas. Las rosas marchitas se habían muerto por completo, pudriéndose. En su lugar, había brotes frescos, recién nacidos. Lo que le hubiera tomado una estación, la princesa lo había logrado en unos minutos. Entonces el hombre desechó sus temores, comprendiendo el verdadero significado de la muerte. A partir de ése día, se encargó de difundir por la aldea el don de la princesa, alabando su dulce corazón y su bondad, a pesar de ser tan pequeña.
Los rumores cambiaron. Kagome dejó de ser considerada "maldita". Ahora los aldeanos creían que la pequeña tenía el poder de la vida y la muerte.
Una tarde, Sango y Kagome fueron a recoger fresas silvestres. Sango ya tenía nueve años y manejaba su "Hiraikotsu" con mucha destreza, además de otras armas, que le permitían proteger a su princesa y amiga. Kagome confiaba ciegamente en Sango, aunque a veces no se explicaba los arrebatos de furia que su amiga y "hermana" solía tener.
Recogían las últimas y empezaba a oscurecer cuando oyeron un gemido extraño. Las dos corrieron hacia donde provenía el gemido y encontraron a un pequeño cervatillo herido. Tenía una pata cercenada por una mordida. Probablemente había sido atacado por un lobo y escapado. Su muerte era inminente.
Sango envolvió la pata del pequeño animal, tratando de buscar cómo llevarlo al palacio. El animal sufría y se quejaba, provocando el llanto de Kagome, quien no soportaba escucharlo.
De pronto Kagome se acercó a él y le tomó la cabeza, acariciándolo:- No temas pequeño… Deja de sufrir.- Le dijo, con dulzura. Al momento, el animal fijó sus ojos en Kagome y se quedó inmóvil. Había muerto.
- ¡Nooo! – Gritó Sango, furiosa:- ¡¿Qué has hecho, tonta?! ¡Iba a llevarlo al palacio para curarle la pata y que se salvara! – Sin pensar, abofeteó a Kagome y salió corriendo en dirección al palacio… abandonándola.
Kagome se quedó en el suelo, sobándose la mejilla. No le dolía, pero le desconcertaban las actitudes de Sango. Vió al pequeño animal y se alejó de él, segura que llegaría pronto algún depredador guiado por su olor. Se arregló su capa y se dirigió hacia donde Sango había corrido pero… ya estaba oscureciendo.
Sango lloraba desolada en los brazos de Kaede. Desde que había llegado no había dejado de llorar sin dar ninguna explicación, por lo que Kaede no dejaba de preguntarle por Kagome y sólo respondía:- ¡Ella es mala! ¡Es mala! – Y volvía a llorar.
Kagome se encontraba cerca de un árbol. No sentía miedo pero sí frío. Entonces, recordó que su tío Moushin le había dicho que si se encontraba sola, que intentara llamarlo con sus pensamientos, a él, a su padre o a Kagura.
Pensó en su padre y consideró que la iba a regañar si se enteraba que habían salido solas al bosque. Lo mismo Kagura, así que se puso a pensar en su tío:- "Tíooo, tíooo"
Moushin se encontraba tratando de convencer a una cortesana de brindarle sus favores, cuando escuchó la voz de la niña en su interior:- ¡¡Kagome!! – Dijo.
Despidió a la mujer y se dirigió al altar para meditar y tratar de enlazarse:- "¿Kagome?"
- "¡Tío, te escucho!"- Le dijo la vocecita dentro de su cabeza.
- "¿Dónde estás Kagome? ¿No estás en palacio?" – Le preguntó, extrañado.
- "No tío, estoy en el bosque" – Volvió a decir la voz.
- "¿Y qué haces ahí? Es muy tarde"- Dijo Moushin, preocupado.
- "Es que… salí por fresas y me perdí"
-"¿Saliste sola?"- Inquirió, dudoso.
- "Sí" – Mintió.
- "Y supongo que Sango no fue contigo" – Le insinuó, provocándola.
Kagome no quería mentir, pero no quería que regañaran a Sango. Después de todo, el antojo había sido de las dos.
Al no escuchar respuesta, Moushin lo entendió:- "No temas Kagome. Iremos con tu padre a buscarte, sólo quédate dónde estás y no te muevas".
Kagome asintió, pero las corrientes de aire frío la hicieron estremecer. Se arropó con su capa y se sentó al pie del árbol a esperar.
Se hubiera quedado ahí de no ser que un estremecimiento la recorrió y un intenso dolor en su espalda la hizo arquearse. No entendía, pero se levantó, guiada por un olor muy atrayente.
De pronto escuchó rugidos y ruidos de batalla. Un demonio gigante atacaba a un joven. Con fuerza lo azotó contra el suelo, dejándolo inconsciente.
Kagome vió de lejos al joven y le llamó la atención la hermosa y larga cabellera negra y su ropaje rojo. De pronto notó que la enorme bestia se disponía a hundir sus garras en el cuerpo del muchacho, dispuesto a arrebatarle la vida de un solo golpe.
Kagome, sin saber cómo, supo que el joven aún vivía, por lo que corrió hacia él y por instinto, se arrojó sobre su cuerpo, tratando de protegerlo con el suyo.
La enorme bestia, al ver al pequeño cuerpo interponerse, trató de quitarlo, pero sólo consiguió desgarrarle la ropa, dejando desnuda su espalda, mientras Kagome escuchó un fuerte crujido.
Cerró los ojos, temiendo haber sido herida, pero lo que se había roto era el collar que Kagura le había dado desde que nació. Lo vió y sintió que se inundaba de una energía que emanaba de su espalda. Su corazón empezó a latir con fuerza…
La bestia preparó un segundo golpe y antes de asestarlo, un relámpago a la distancia le iluminó lo suficiente para notarlo…
Sobre el cuerpo de su víctima, se encontraban un par de enormes alas negras, extendidas en todo su esplendor, protegiendo el cuerpo del joven que antes se iba a devorar. Dejó caer el golpe preparado. Entonces, la pequeña se volteó a ver al demonio y clavó en él su mirada, llena de furia.
El demonio cayó pesadamente hacia atrás, emitiendo un alarido de terror. Había visto y experimentado su muerte al mismo tiempo.
- ¡Nooo! – Gritó Kagura, desde el Sanctorum. Corrió escaleras arriba, buscando a Hikawa y a Moushin. Los encontró a punto de salir junto con cuatro hombres más, con antorchas y armas, para buscar a Kagome.
Sango se encontraba con Kaede. Ya había terminado de llorar pero no hablaba. Aún estaba molesta con Kagome, por lo que Kagura se dirigió a ella.
- ¡¡ ¿Cómo pudiste abandonar a Kagome en el bosque?!! – Le preguntó, furiosa, a tiempo que abofeteaba a la niña. Nazuma llegó justo en ése momento.
- ¡¡ ¿Porqué le pega a mi hija?!! – Le gritó a Kagura:- Será la nana de la princesa pero eso no le da derecho…
- ¡¡Tu hija abandonó a la princesa a su suerte en el bosque!! Y por su culpa… - Reaccionó, volviéndose hacia Hikawa y Moushin, que la miraban sorprendidos, pues Moushin sólo había dicho que Kagome estaba extraviada:- ¡¡Deben ir rápido por Kagome!!
- ¿Qué ha pasado? – Le preguntó Hikawa.
- ¡Algo terrible! ¡Su poder ha despertado antes de tiempo! ¡El collar se rompió! – Les gritó, alarmada.
- ¡Pues hazle otro mientras volvemos! – Le gritó Moushin, mientras la lluvia fina empezaba a caer.
- ¡No entiendes! ¡Se ha encontrado su destino! – Volvió a gritarles, ahora interrumpida por un relámpago.
- ¿Qué quieres decir? – Le preguntó Hikawa.
- ¡Está con el híbrido!... ¡Y ha despertado su poder… Por salvarlo a él! – Concluyó, desesperada.
CONTINUARA…
¡¡FELICES FIESTAS A TODOS!! NOS VEMOS EN EL PROXIMO CAPITULO…
